sábado, 27 de noviembre de 2010

Capítulo 37: Menos da una piedra

- No. Te conocí en la fiesta.- respondió Nico.
- Pero te sorprendiste cuando me presenté.
- Sí, pero no fue porque te conociera. Simplemente quizás habría escuchado a April mencionarte y me quedé con tu nombre en el subconsciente.
- ¿Desde cuando la conoces?
- ¿A April? Pues… Desde los once o doce años. Coincidimos un verano en Viena y otro en San francisco.
- Entonces podrás contarme muchas cosas, ¿no?
- No- zanjó- Que sepa cosas de ella no quiere decir que te las cuente todas. Si ella no habla contigo, no soy quién para hacerlo.
- El otro día me dijo que contigo no hablaba de todo…
- Y no lo hace. Solo que he aprendido a leerle la mente- añadió riendo.
- Cuando me aconsejabas…
- Nada de eso- me cortó- Puede que pensara que hablabas de April, pero no lo daba por supuesto. Es más, en ningún momento te animé a hacer ninguna locura… ¿O sí?
En eso estaba en lo cierto. Él no me había incitado a hacer ninguna de las cosas que había hecho. Quizás incluso Nico trataba de advertirme a su manera.
- Y… ¿Por qué me dijiste que no era como las demás? ¿A qué te referías?
Nicholas se removió en el asiento inquieto. Tal vez aquel día dijera cosas que no debería haber dicho sin pensarlas antes.
- Es complicado, Cris…
- Se me dan bien las cosas complicadas- apunté.
- Es que no sé cómo explicarlo… En el tiempo que llevo con April, pues... Puede que haya hecho cosas que no son muy…
- ¿Normales?
- Ni normales, ni legales, ni siquiera…- no terminó la frase- Son cosas propias de ella.
- Pero con lo reservada qué es, sigo sin creerme que sepas estas cosas sin hablar con April de nada.
- Solo hablamos de lo que ella quiere. Si hacemos algo también es por que ella quiere. Esto va así. Lo que ocurre es que si por casualidad me entero de algo que le concierne, mientras no sea de su vida privada, pues le da lo mismo. Pero si le tocas la fibra de meterte demasiado en su vida o en cosas que no quiere compartir, entonces salta.
- ¿Qué es eso que busca?
Esta vez sí. Nico se recolocó bien en la silla, fijando sus ojos en los míos. Su rostro se contrajo duramente al mismo tiempo que su mirada se heló por unos segundos.
- Eso sí que no te incumbe para nada- añadió a la defensiva.
- ¿Por qué no? Quiero saberlo.
- Aquí no cuenta lo que tú quieras, así que mantente al margen. Y ni se te ocurra mencionar este tema con April, sino te enviará a la mierda, hablando en plata.
- No sería la primera vez…- dije suspirando.
- Cris, no la quieras de enemiga, enserio… Si lo que quieres es que te deje en paz, cánsala, haz que te odie si hace falta, pero por nada del mundo entres en su juego.
- ¿Sabes que todo esto que me estás contando, no me ayuda en absoluto? Es más, me estás pintando a una April que…
- Tal vez seas tú la quiere ver a una April distinta. Pero ella es así, no trates de buscar una razón porque no la hay.
Eso era imposible. ¿Acaso Nico me estaba diciendo que ella tenía diferentes caras? Por un lado no me extrañó si me ponía a pensar en el domingo que quedamos. Aquel día se comportó casi como una persona normal, pero en cuanto llegamos al Internado, volvió a ser la de siempre… ¿Era posible que mantuviera su propio yo atado, sin dejarlo salir nunca?
- ¿Qué piensas?- pregunto él.
- Ya sabes lo que pienso.
Nicholas se levantó definitivamente de la silla, dejándola de malas maneras y sentándose en el lado de la cama que momentos antes había ocupado Karol.
- Te queda solamente un año de estar aquí, créeme si te digo que ella se cansará mucho antes si le das lo que quiere.
- ¿Qué pretendes que sea? ¿Algún tipo de marioneta o algo?
- Si eres igual que todas, pasará de ti y tú podrás volver a lo de siempre. Eso es lo que quieres… ¿No?
- Sí… Claro que es lo que… Quiero- finalicé.
- Entonces sabes perfectamente lo que debes hacer.- me miró- No creas que te digo esto por fastidiarte ni mucho menos, pero ella es demasiado… Ella. Llevo desde los once años intentando entenderla así que imagínate el panorama.
- Pero no tiene por qué ser igual…
- Cris, no tienes que intentar entenderla. No sirve. Simplemente… No pienses. Así te irá mejor.
- Es muy fácil decirlo, tú al menos llevas algunos años con ella y puedes saber más o menos de qué va cuando le dan sus ataquitos…
- Ya… Bueno, seguramente no te gustaría estar en mi lugar la mayoría de veces.- añadió con algo de pena en sus ojos.
Me quedé callada. Él tan solo agachó la cabeza y así pasamos un par de minutos. Al final él se levantó sin dirigirme ni una sola mirada.
- Será mejor que me vaya, pronto sonará la alarma.- por fin me miró- Si necesitas cualquier cosa, lo que sea, puedes llamarme. Lo sabes, ¿verdad?
Asentí justo en el mismo momento en el que Nico se dirigía a la salida.

* * *

No se cómo, pero volví a dormirme. En esas horas pude dormir tranquilamente, lo que me extrañó enormemente. Ni una sola pesadilla asomó entre mis sueños. Nada de nada. Supuse que quizás tan solo fueron a causa de la fiebre o de algún tipo de virus y que ya estaba en perfectas condiciones. Julia no pensaba igual, así que me obligó a hacerme un análisis de sangre entre otras tantas pruebas para asegurarse de que ya estaba al cien por cien. Por suerte todo pareció estar en su lugar.

La hora del descanso apareció para la alegría de la mayoría de estudiantes. Todos se apresuraron hacia las salidas queriendo salir a despejarse bajo el cielo inmenso sin una nube de aquel día. April caminaba por el pasillo hasta que una voz a lo lejos le hizo detenerse. De todas maneras tenía que ir a su taquilla, así que mientras la figura se acercaba a ella, aprovechó para guardar algunas cosas.
- ¿Qué tal Nico?- preguntó sin tan siquiera mirarle- Ya que estás aquí, espero que dentro de un par de días estés libre, que necesito que me acerques a unos sitios.
- Yo no soy tu chofer. Si quieres un tour, contrata a alguien- respondió cortante.
- ¿Qué mosca te ha picado?- le miró con desgana- Tú por si acaso no hagas planes.
- ¿Te crees que voy a estar a tu disposición cuando a ti te de la gana?
April cerró de un portazo la taquilla. Los alumnos que pasaron por su lado se le quedaron mirando con curiosidad.
- ¿Pero qué coño te pasa, imbécil? Haz el favor de no tocarme las narices y hacer lo que yo te diga si no quieres que…
- ¿Qué, qué? ¿Eh? ¿Qué, qué, April? Dímelo, venga.- dijo acorralándola cerca de las taquillas- ¿Sabes qué? Estoy harto de seguirte en todo. A partir de hoy búscate a otra persona que manejar para tu propio provecho porque yo termino aquí y ahora. ¿Te queda claro?
Nicholas se separó de ella sin quitarle la vista. April no se inmutó, solo puso su cara de póker de siempre. Él se giró para emprender el camino pero una mano le agarró del brazo, frenándole.
- Al menos dime a qué viene ésta sublevación, ¿no?- pregunto de nuevo con sorna.
- Ese es tu problema, te lo tomas todo a broma- añadió Nico con algo de enfado- Tal vez deberías preocuparte por otras cosas, además de ti…
- ¿Como por ejemplo?- le increpó fríamente- No sé, dime el qué Nicholas… Parece que hoy tienes respuestas para todo.
- ¿Has ido a ver a Cris?
April fijó sus ojos en los de él antes de dibujar una media sonrisa en su rostro.
- ¿A Cristel? ¿Para qué iba yo a ver a Cristel?
- Eres increíble- dijo él soltando una risotada- Pero… ¿Qué esperaba que me dijeras? Es propio de ti hacer lo que haces…
- ¿Y qué es exactamente lo que hago?- quiso saber ella.
- La idiota, eso es lo que haces.
- Te estás pasando de la raya, Nicholas. Si fuera tú cerraría la boca a la de ya.
- ¿Crees que te tengo miedo? Nadie más que yo puede saber lo que eres capaz de hacer, pero aún así…- pegó un resoplido- Esta vez no, April. Deja de jugar, acaba de una maldita vez tu juego.
- No tengo ni la menor de idea de lo que me estás hablando.
- Sí lo sabes. Lo sabes de sobra.- ella se removió cansada en su sitio- Ya no solo por tu bien, también por el de ella. Déjalo estar.
- ¿Qué te pasa, Nico? Antes no ponías tantas pegas…- se acercó a él- ¿Qué te pasa? ¿Por qué no es igual? ¡No me digas!- rió- No me lo digas… ¿El pequeño Nicholas se ha enamorado? Ohhh, qué tierno. Es muy bonito, Nico, enserio, me parece estupendo. Pero ya sabes lo que dicen: ‘Yo la vi primero’- aclaró riendo.
Él pegó una manotada a la taquilla. Por suerte todo el mundo se había ido fuera, dejándoles completamente solos en medio de aquel silencioso pasillo.
- Vaya, sí que debe ser muy importante para ti Cristel… Para que te pongas de esta manera.- añadió sonriendo.
- De acuerdo. Por las buenas no da resultado…- sus ojos verdes buscaron los de ella- ¿Qué te parecería si se lo contara absolutamente todo a Cris? ¿Eso te gustaría más?
April emitió una especie de gruñido. Su mirada se volvió a tornar oscura.
- Antes te mato, ¿entiendes eso? Juro que te mato, Nico.
- ¿Por qué? Si es igual que siempre. Si siempre es lo mismo. ¿Por qué no?
- Mi vida es mía y mis problemas son míos, como se te ocurra compartirlos con alguien… Ya puedes empezar a correr y a esconderte…
- ¿Cuál es el problema? ¿Qué lo cuente o que se lo cuente a Cris?
- ¡Joder! ¡Que Cristel me importa una mierda!- chilló cogiendo del cuello a Nico- Pero como se te ocurra abrir la boca sobre mí o sobre lo que quiero, tendremos un serio problema tú y yo. ¿¡Lo entiendes o no lo entiendes!?- terminó gritando.
- Está bien, ya tengo todo lo que necesitaba.- dijo sonriendo.
April le miró con incredulidad, soltándole el cuello de la camisa. Él se alejó un poco dando unos pasos hacia detrás.
- ¿A qué te refieres con eso último?- preguntó un tanto enfadada.
- Son cosas mías… Solo mías- finalizó lanzándole una mirada.
- No intentes jugármela.- le amenazó.
- Tranquila- dijo él levantando las manos, rendido- Ni se me pasaría por la cabeza.
April le empujó para poder irse de su lado. Nico le siguió con la vista hasta que se perdió escaleras abajo, después sacó de su bolsillo el móvil y cerró la aplicación ‘grabadora de voz’.
- Sí tú no la dejas, haré que ella te mande a la mierda.- finalizó entre dientes, sujetándolo con fuerza.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Capítulo 36: No entiendo nada...

Las piernas me flaquearon sin llegar a fallarme del todo.
- Cristel si es una broma, no tiene gracia…- dijo April con seriedad.
- Yo… Es que… La cabeza me da vueltas- acerté a decir.
- ¿Lo dices de verdad? ¡Eh! ¿Me oyes?- preguntó otra vez.
Era obvio que no. Mi mente se teletransportó sola a un lugar desconocido para mis ojos. Perdí la noción del tiempo. Sin comerlo ni beberlo, me vi en medio de un bosque inmenso, delante de algo que no acababa de distinguir.
- ¿Dónde…? ¿Dónde estoy?- pregunté en alto.
- ¿Pero qué dices? ¿Estás desvariando o qué?
- No sé… Todo es extraño…- respondí cayendo poco a poco al suelo.
- Cristel, levanta… Déjate de tonterías y levántate. ¡Venga!- chilló.
- Es que no puedo… Este sitio lo conozco… ¿Por qué lo conozco?- pregunté algo asustada.
- ¿De qué hablas? ¡Mírame! ¡Cristel!
Caí redonda al suelo con los ojos cerrados. Lo veía. Veía frente a mí un claro más grande que el del internado. El cielo estaba oscuro a causa de las débiles gotas de lluvia que caían encima de mi cabeza. Un tumulto de gente alborotada se juntaba en el centro, profiriendo gritos los unos con los otros. Un chico joven de ojos claros intentaba calmar el griterío con palabras suaves. Una chica de ojos color miel, entonó un enorme chillido que el chico aprovechó para empezar a hablar.
- ¡Calmaos! ¡Sé que ansiáis que el consejo dé el visto bueno, pero sabéis cómo funciona! ¡Sin pruebas, no hay crimen!
- ¡Pero todos lo vimos! ¡Nos quemaron el granero con Remek dentro!- gritó un señor de unos cuarenta años.
- ¡Sed sinceros, no lo visteis! ¡Remek era idiota, seguro que estaba haciendo lo que no debía!- sentenció.
Contemplé la escena desde la lejanía en pie, tratando de reconocer alguna cara, pero no tuve suerte. Toda aquella gente era una extraña para mí. ¿Qué me estaba pasando? La cabeza empezó a dolerme más de lo normal. Me arrodillé en un esfuerzo de frenar el dolor. Cuando alcé la vista, el chico de ojos azules claros se arrodilló también para mirarme fijamente. Me cogió del hombro.
- Desaparecerá contigo si no le ayudas- dijo apenado.
Nada más tocarme, una luz cegó las imágenes prohibiendo que siguiera viéndolas.



Cuando logré abrir los ojos, pude ver algunas cabezas postradas ante mí. Me incorporé un poco, lo suficiente para que algunos me ayudaran a levantarme.
- ¡Cris! ¿Qué te ha pasado?- preguntó Paula asustada.
No contesté porque la voz la tenía escondida dentro de mi garganta. Apenas gozaba de equilibrio sin apoyarme en dos mesas a la vez.
- Tendría que ir a la enfermería a que la viera Julia- afirmó April tranquilamente.
- Será lo mejor- añadió Lara haciendo un gesto a Paula para que no dijera lo que pensaba.
- Como quieras- resopló Paula molesta lanzando una mirada de odio a April.
Bayron y Paula me llevaron como pudieron a ver a Julia. La clase se disipó con la llegada del profesor de matemáticas. April quiso salir de clase, venir con nosotros hasta la puerta de la enfermería, pero Lara no le dejó.
- ¿Qué crees que haces?- preguntó con cara de asco a Lara.
- Será mejor que te quedes aquí.
- ¿Por qué tú lo digas? Voy a ver a Cristel.
- De eso nada- Lara le miró- Ya has hecho bastante por ella.
- Tú a mí no me prohíbes nada, ¿entiendes?- contestó fríamente.
- Te explico…- Lara miró directamente sus ojos- O te quedas aquí por las buenas o te quedas aquí por las malas… Créeme si te digo que yo no soy ni Paula ni Karol. Puedo llegar a ser tu peor pesadilla, April, así que deja a Cris de una puta vez en paz.
April se inclinó con aire de superioridad hacia Lara, que le sostuvo la mirada hasta que ella abrió la puerta y desapareció por el pasillo. Eso sí, por el lado opuesto de la enfermería.
Lara respiró tranquila antes de ir a hablar con el profesor y contarle lo sucedido hacía unos minutos.

En cuanto Julia me vio aparecer, se quedó mirando a Paula.
- Vaya, vosotras sois un grupo propenso a los accidentes por lo que veo. Primero la señorita April Lemacks, después Lara Banks, ahora la señorita Cristel… - apuntó algo en una libreta- ¿Le guardo una cama, señorita Evans?
- Muy graciosa Julia, pero ¿¡podrías hacernos caso de una vez!?- preguntó Paula un tanto nerviosa.
Julia me guió a regañadientes hasta una cama en la cual me estuvo haciendo distintas pruebas para comprobar mi estado.
- Te veo bien, pero como me han dicho que has perdido el conocimiento, será mejor que te quedes aquí un par de días. ¿Te parece bien?
Asentí por asentir. Ciertamente aún no me había recuperado del trance, ni siquiera estaba segura de dónde estaba.

Al final me quedé un día y medio en observación. Aquella misma noche no pude dormir a causa de un sueño, casi pesadilla, que se repetía una vez, otra, otra… Daba vueltas en la cama con sudores fríos recorriendo mi cara. Me desvelé por lo menos tres o cuatro veces, así que al final me quedé despierta. Entonces recapacité mentalmente las imágenes del desmayo en clase. ¿Quién se suponía que era ese chico? ¿Por qué aquel lugar me resultaba tan familiar? ¿Y por qué ahora me pasaba eso? La cabeza me dio punzadas. Desistí en el empeño de encontrar una respuesta y por cansancio terminé por dormirme hasta el día siguiente.

Una voz dulce despertó mi subconsciente y por lo tanto a mí. Me moví buscando una postura en la que no me doliera todo el cuerpo.
- Hey, princesa… ¿Cómo te encuentras?
Eric me miraba sentado en una silla. Hacía ver que sonreía aunque sabía que él esperaba una respuesta afirmativa a esa pregunta.
- Me duele todo… Pero estoy bien, gracias- contesté pasándome la mano por la frente.
- Me alegro. No sabes el susto que nos distes a todos, ¿eh?
- Ya, bueno… Fue solo un dolor de cabeza.
- Creo que fue más que eso, pero lo que importa es que estás bien.
Sonreí forzadamente. Eric bajó la mirada, quizás tratando de encontrar las palabras adecuadas para explicar su comportamiento todos esos días.
- Oye, Cris, quizás…
- ¿A que no te imaginas lo que me apetece?- él negó con la cabeza- ¿Recuerdas aquel libro que te regalaron por navidad? ¿El que me dejaste tantas veces para leer?
- Sí me acuerdo- rió.
- ¿Me lo traerías, por favor?- pregunté forzando una sonrisa en mi rostro.
- Claro, princesa.
En realidad lo que menos me apetecía era leer, pero sí estar sola. Era la mejor forma de ganar un poco de tiempo para pensar en cosas más importantes, empezando en averiguar el origen de aquellos sueños o de aquellas imágenes incesantes.
Eric se fue prometiendo que esa noche tendría el libro en mis manos, además de un
i-pod para escuchar música y no se qué cosas más. Lo único que pedí de verdad y porque sentí que lo necesitaba, fueron folios… Folios y un lápiz para poder expandir mi mente de otra manera en la que quizás me ayudaría más a ver las cosas desde otro ángulo. Dibujé todo lo que en ese momento acudía a mi cabeza. A veces tan solo podía conformarme con hacer dibujos de la enfermería, hasta que de nuevo un recuerdo golpeaba y volvía a enfundar el lápiz dispuesta a dibujarlo antes de que desapareciera. Por mucho que lo intenté, no conseguí nada. Apenas dibujé una especie de montaña, de bosque, un par de casas en la lejanía, un par de personas sin cara… En ese instante la frustración me invadió. ¿Cómo era posible que no supiera qué me sucedía? Algo había cambiado y de eso estaba totalmente segura.
Eric cumplió su promesa, incluso quiso quedarse. Por fortuna, y sintiéndolo mucho por él, Nico apareció haciendo que Eric se fuera enfuruñado. Él apenas se quedó un rato porque tenía una facilidad enorme para darse cuenta de cuando alguien sobraba… Así que no se lo tomó a mal. Me quedé de nuevo inmersa en la soledad de la enfermería, tratando de vislumbrar alguna cosa en mis dibujos, por tonta que fuera. Simplemente nada fue la respuesta. Otra vez.
Terminé cansada, con un dolor de cabeza tan grande, que nada más cerrar los ojos el silencio invadió mi mente. Eso fue al principio. Después los sueños volvieron con más frecuencia, acompañados de más dolor, de cosas sin sentido. Dormida, daba vueltas por la cama. Sudores fríos recorrían mi frente mientras quejidos afloraban de mi garganta. De nuevo aquel chico de ojos azules como trozos de cielo, me miraba atento a cada gesto. Cientos de personas iban y venían en medio de un pueblo desconocido a primera vista, rodeado de un bosque lo bastante grande como para perderte en él. Yo daba vueltas totalmente confundida alrededor de aquel lugar repleto de voces que retumbaban en mi cabeza. Nadie parecía darse cuenta de mi presencia, era como si estuviera viendo una película desde fuera, ajena a la vida cotidiana de aquellas personas.
- Es inútil seguir así… Tenemos que buscar una solución antes de que esto se nos vaya de las manos.
- ¿Y qué propones? ¿Iniciar una caza de brujas de la noche a la mañana?
- Sería lo propio. Sabes perfectamente quienes…
- ¡No! ¡No lo sé!- gritó el chico irritado- Axel, no podemos lanzar acusaciones al aire. Hay que ir con pies de plomo procurando no alzar mucho la voz. Derimea sabe lo que hace, esperemos a que haga efecto.
- Derimea es estúpida. Cree que con la magia negra conseguirá derrocar a Gretta y tanto tú como yo sabemos que no. Si fueras listo sabrías que con tu hermana de nuestro lado conseguiríamos algo más.
- No metas a mi hermana en esto. Te dije que ella no es nada extraordinaria.
- Sola no, pero con Clara…
- Clara cree que puede cambiar su ser, pero pronto se dará cuenta de que todo es en vano. Derimea está en ello.
- No solo ella, también lo está Serena.
- ¿Quién?
- Ya sabes, Alecc… Serena le fue asignada la tarea de vigilar a tu querida hermanita.
- ¿Eso desde cuando? ¿Por qué nadie me dijo nada?
- Pensaba que lo sabías.
- ¿Quién se cree que es Derimea para seguir a mi hermana? Soy yo el que se hace cargo de ella. Si diera alguna señal de magia, ten por seguro que yo me encargaría de que fuera de las nuestras, no de las remilgadas de las brujas blancas.
- Lo sé, Alecc, pero tal y como parecen ir las cosas entiendo que Gretta vigile a los dos bando por igual. Alguna cosa anda mal y nos incumbe a todos, sino ella no asumiría tantos riesgos.
- ¡Mierda! Serena no me gusta un pelo, aunque sea de las nuestras. Hay algo en su mirada que…
No terminó la frase. El tal Alecc se giró hacia mí, contemplándome como si me viera, cosa improbable. De toda aquella conversación escuché el final, distorsionado. Palabras, frases sueltas había logrado entender, pero con eso no iría a ningún sitio. De pronto las imágenes se paralizaron como si alguien hubiese presionado el botón de ‘Stop’. Sin embargo, Alecc venía directo hacia donde estaba. ‘No, otra vez no’ pensé mientras él continuaba caminando. Se agachó frente a mí antes de decir:
- Para ayudar, primero tienes que comprender.
Luego una luz destellante abordó mis pupilas haciéndome retroceder. Abrí los ojos exhalando una enorme bocanada de aire al mismo tiempo que me incorporé como un rayo, atenta a cada sombra que parecía haber en la habitación. Empecé a temblar un poco mientras el sudor apareció de nuevo en mi frente. Cuando me relajé, volví a tumbarme pero esta vez no me dormí. Estuve despierta hasta que de nuevo pensé que la mejor manera de distraerme era dibujar, así que agarré el papel y me puse manos a la obra. Si es cierto que tal vez los dibujos no me ayudarían, al menos lograrían cansarme aunque fuera un poco. Me distraje tanto, que sin darme cuanta se hizo de día.
- Cristel, tienes una visita mañanera- anunció Julia.
Sin prestar atención asentí con la cabeza sin dejar el lápiz a un lado. No levanté la cabeza del folio hasta que no escuché a una voz hablarme.
- ¡Buenos días Cris! ¿Cómo te encuentras?- canturreó Karol.
Alcé la vista dejando a un lado tanto el papel como el lápiz.
- Estoy mejor, gracias- sonreí haciendo un gran esfuerzo.
- Me ha comentado Julia que no has pasado buena noche…- dijo un poco apenada.
- Sí, bueno… Es que me dolía un poco la cabeza.
Ella se sentó en un lado de la cama. Se fijó en los dibujos y alargó la mano para cogerlos.
- ¿Puedo?- preguntó.
- Sí, claro. Toma.
Les echó un vistazo en silencio. Yo la miraba con el lápiz en la mano, jugueteando nerviosamente con él sin ser consciente.
- Parece que te relaje pintar…- me tendió un folio en blanco- Puedes seguir mientras hablo contigo.- dijo sonriendo como siempre.
- Últimamente es como si lo necesitara… Hacía tiempo que no dibujaba tanto.- dije aceptándolo.
- ¿No te gusta?
- Sí, pero es como un hobby. La verdad es que dedicarme a esto no me gustaría demasiado.
- ¿Por qué? Lo haces fantásticamente. Si se te da bien y te gusta, no entiendo la razón de no querer dedicarte a esto.
- Para mí es como correr, querría dedicarme a eso, pero está claro que no puedo basar mi vida en un sueño, por decirlo así. Además, dibujar para mí es un divertimento, si pasara a ser una obligación con fecha y hora de entrega quizás dejara de gustarme.
- ¿Solo por eso quieres ser arquitecta?
- No, claro que no. Eso me encanta. Tengo hasta suerte de que sea una buena carrera.
- Sinceramente, no te entiendo nada…- dijo Karol extrañada- Yo sí quisiera estar toda la vida con el arco en las manos.
- ¿No tienes ningún plan B?
- Em… Pues… Algo así- añadió mordiéndose el labio.
Reí. Después de la mala noche que había pasado, me hacía falta desconectar un poco de la pesadilla, empezar a tranquilizarme, a darme cuenta de que las pesadillas eran solo sueños. Malos sueños.
- ¿Qué estás dibujando ahora?
- Pues…- miré fijamente el boceto antes de dejárselo a ella- A ti… Eres lo único que aun no… No había dibujado.- dije carraspeando.
Karol contempló el dibujo con su sonrisa de siempre pintada en la cara. Mientras, yo saqué todos los demás dibujos que había hecho de la enfermería, de la ventana, de la verja, incluso del claro del bosque. Se los enseñé para afianzar la razón de haberla dibujado.
- He hecho bocetos, dibujos, hasta remodelaciones de la enfermería entera- reí- Creo que necesito salir a tomar el aire- finalicé pasándome la mano por la frente.
- Me gusta… Me gusta mucho.- sus ojos se encontraron con los míos- Cuando lo acabes, ¿me lo podré quedar?
- Si es lo que quieres… Vale, ¿por qué no? Pero antes tendrás que esperar a que lo pinte.
- No hace falta, en blanco y negro también está bien.
- Me apetece pintarlo. Te quedará mejor si te pinto tus…- me callé para agudizar el oído.
- ¿El qué?
Por un instante había jurado escuchar un ruido, como una especie de susurro. Miré a un lado sin que ella se diera cuenta para terminar diciéndome a mí misma que solo eran imaginaciones mías.
- Cris, ¿pasa algo? De pronto te has callado… ¿Busco a Julia?
- No, que va. Solo creía haber escuchado algo.
- ¿Qué ibas a decirme?
Cuando fui a contestarle, Nico entró de sopetón en la habitación. Karol se sobresaltó al no esperarse a nadie a esas horas, ya que ni siquiera eran las siete y media de la mañana.
- Ups… Lo siento, creí que estarías sola.- dijo excusándose.
Le sonreí hasta que recordé que supuestamente estaba enfadada con él, así que cambié el semblante hasta estar seria del todo. Karolina sin embargo se lo quedó mirando, expectante.
- Pues cuando hayáis acabado de hablar, me avisáis.
- No hace falta, yo ya me iba- anunció Karol.
- Es innecesario, Karol. Nicholas puede venir más tarde, ¿verdad?
- Sí… Supongo que sí.- se rindió él.
- Tranquila Cris, de todas maneras tengo que hacer unas cosas antes de ir a clase.- se levantó pasando por el lado de Nico- Encantada de conocerte… Más o menos.
Hasta que ella no se perdió detrás de la puerta de la enfermería, él no se movió del sitio. Luego cogió una silla y se sentó del revés cerca de mí.
- No te voy a preguntar porque veo que estás mejor que la última vez.
- Pues sí- añadí desganada.
- Dios, no me hagas lo mismo que me hace April cuando se enfada conmigo, ¿quieres? Tengo suficiente con ella, no necesito imitadoras.
- Tiene fácil solución- dije mientras continuaba pintando.
Nico me lanzó una mirada junto a un suspiro antes de volver a entablar la conversación.
- Sabes a qué he venido… Nos quedó una conversación pendiente, pero si no quieres hablar, me marcho.
Hizo el amago de irse, levantándose, agarrando la silla para ponerla en su lugar. Se encaminó hasta la puerta. Dejé de nuevo el folio para mirarle, era cierto que teníamos algo de qué hablar… Resoplé.
- Está bien. Si me vas a contestar a lo que te pregunte, quédate.
- No te prometo nada- contestó con sus ojos destellantes fijos en los míos.
Dudé. Estuve dudando durante un par de minutos a causa de todas las preguntas que se me venían a la cabeza. Tuve que centrarme y elegir las que más o menos me interesaban más.
- ¿Me conocías ya?