jueves, 29 de julio de 2010

Capítulo 10: Y entonces llegó Karol

Nada más cerró la puerta, Paula entró gritando mi nombre.
- ¿Estás sorda o qué?
- Perdona, es que estaba… Limpiando.
- ¿Limpiando? ¿Ahora?
- Sí, ya sabes cómo soy de… Ordenada.
- Ya…
Paula observó la habitación de arriba a bajo.
- ¿Buscas algo?- pregunté en cuanto fijó sus ojos en el baño.
- No, que venia a por Lara, pero veo que se ha ido sin mí.
- ¿Ibas a ir con ella a la biblio?
- Sí… ¿Qué tiene de raro?
Reí pensando que lo decía en broma, hasta que me miró toda seria.
- ¡Ah! Que hablas en serio…
- Le pedí que me ayudara a encontrar un libro.
- ¿Cuál?
- Uno. Ya sabes, algo que pueda leer.
- Pues ya se fue. Aunque aun seguirá allí, así que igual la pillas.
- Sí, mejor que me de prisa.
Se dio la vuelta y no pude fingir el respirar tranquila.
- ¡Se me olvidaba! Eric me ha dicho que el domingo nos vamos a su casa a celebrar su cumpleaños, aprovechando el lunes de puente… Ya sabes, desmadre a lo bestia, alcohol y… ¡Sin padres! No podemos faltar, ¿eh?
- El domingo…- repetí yo.
- Eso he dicho. ¿Estás bien?
Entonces se escuchó un fuerte golpe proveniente del baño.
- ¿Qué ha sido eso?
- ¿El qué? Yo no he oído nada- me apresuré a decir.
- Juraría que venía del baño…
- ¡El domingo no puedo!- grité de repente.
- ¿Por qué me gritas?- me miró- ¿Y por qué no puedes?
- Es que… Es que… Tengo que quedarme para… Para…
- ¡Arranca de una vez, que me estás poniendo histérica!
- ¡Anna!- zanjé yo.
- ¿Anna? ¿Qué pasa con Anna?
- Que me ha pedido un favor y se lo debo.
Paula se quedó con cara de no haberse creído ni una palabra.
- Dile que otro día.
- No puedo.
- O yo me he vuelto tonta de golpe o tú eres anormal… Sea lo que sea hasta que no me lo aclares no me voy.
Otro golpe vino del servicio.
- Las cañerías- respondí al gesto de Paula.- Si me disculpas un momento, que tengo que ira a…
- ¿Al baño?
- Eh… Sí. Ya sabes… Cosas… Cosas que pasan.
Antes de que respondiera nada, abrí la puerta y me metí dentro. April tenía un gesto de estar pasárselo muy bien sentada en la bañera.
- ¿Pero eres tonta o qué?- le reproché- ¡Deja de dar golpecitos!
- El domingo eres mía. Era por si no lo recordabas.
Suspiré. Le miré a los ojos.
- La fiesta empezará sobre las once y se pondrá interesante sobre las doce. Además, si le digo que no, después del otro día me va a crucificar.
- Deberías aprender a no darle importancia a lo que piensen de ti.
- Quiero ir a esa fiesta.
- ¿Para ver a tú Eric? ¿Para estar con tu estupenda Paulita? ¿O para estar con los tres a la vez si se tercia?
- Es imposible hablar contigo, eres peor que una cría…
- Tú verás, pero como me canses, salgo de aquí pero ya.
- ¿Pretendes que esté contigo todo un domingo?
Ella sonrió.
- ¿Lo dudabas?
Me puse a cavilar. Para mis adentros sonreí y me levanté de golpe, cosa que extrañó a April.
- El domingo como tal termina a las doce- sonreí triunfante- Así que puedo ir a la fiesta.
Se me quedó mirando desafiante y por una vez, no dijo ni reprochó nada. Salí del cuarto de baño para decírselo a Paula.
- Las cañerías estas, que están muy viejas. Respecto a la fiesta, pues creo que sobre la una estaré lista.
- Bueno… Menos da una piedra. Pero tendrás que ir tú sola, que yo me voy con Bayron.
- ¿Con Bayron?- le pregunté canturreando.
- Y con Lara. Con Bayron y Lara. A veces pienso que tienes una idea equivocada sobre mí…
Paula me sonrió con la mirada. Se quedó un rato en silencio, como si dudara qué decir.
- Otra cosa…
- Qué.
- No quiero… Si puedes evitarlo… No le digas nada a ella.
Le entendí a la primera.
- No es tu fiesta. Es la de Eric.
¿Pero qué estaba diciendo? ¿Estaba defendiendo que dejara ir a la fiesta a April?
- Me da lo mismo. No la quiero allí.
Otro golpe sonó en el baño.
- Pero yo no puedo hacer nada. Quizás ni quiera ir.
- A ver si me entiendes… Que vaya o no, es lo de menos. Lo que no quiero es que tú y ella estéis en la misma habitación- Paula hizo una mueca al darse cuenta de cómo había sonado esa frase- Quiero decir… Que no me cae bien ya lo sabes. Pareces otra cuando está a tu lado, aunque esté a tres metros. Te comportas raro.
- Define eso de ‘raro’, porque no se la paranoia que os ha entrado a todos con la misma chorrada…
- ‘Raro’ como ahora, que te pones a la defensiva sin motivos- chasqueé la lengua- ¿O es que sí hay un motivo, Cris?
- ¿Qué motivo va haber?- la miré- Como tú quieras. De mi boca no saldrá nada, pero si se entera por otros medios y le da la gana de ir, no quiero que la montes. Solo pasa de ella, sino cojo y te dejo allí. ¿Vale?
- A la una en punto. Te esperaré cerca de la entrada.
- Ya, ya…
Paula salió de la habitación al mismo tiempo que me sentaba en el borde de la cama. No pasó ni dos segundos cuando se abrió la puerta del baño de un portazo y April emergió de él como un rayo. Intenté frenarla, pero no pude, tan solo pude gritar su nombre en viva voz para que se diera por aludida. Antes de que yo pudiera decir nada, sentenció:
- Tranquila, que no me verás en la estúpida fiesta de tu novio.
Y se marchó sin más. No la entendía. Por mucho empeño que pusiera, jamás entendería las reglas que ella misma se imponía. Sentí la necesidad de ir tras ella, pero al darme cuenta pensé que no sería una decisión acertada.

Sonó el timbre. Mientras me dirigía a clase pensando ‘Otra mañana que me quedo sin desayunar’, vi a Eric hablando con una chica. Supuse que se la estaría camelando para que se apuntara a su estupenda, entretenida y educativa fiesta. La chica me miró e hizo que Eric se girara hacia mí.
- Dichosos los ojos- le sonreí- Vendrás a mí fiesta.
- ¿Eso es una pregunta o una afirmación?
- Afirmación- moví la cabeza a un lado- ¿Pero sabes por qué es afirmación? Porque tienes que enseñarle a esta chica de aquí tan guapa mi mansión y en el proceso, hablarle bien de mí.
- Joer Eric, no hemos llegado todavía a nada… ¿Y ya me cambias por una más joven?
A la chica no le pareció buen chiste ya que cambió el gesto y arqueó una de sus cejas.
- No soy tan joven, ¿sabes? Aunque si es una alabanza por tu parte, te lo perdono- no supe qué decir, así que ella dio un paso con la mano estirada- Me llamo Karolina. Karolina con ‘K’. Pero tú puedes llamarme Karol.
- ¿Oyes? ¡Con ‘K’! Qué morbazo, ¿eh?- dijo Eric riendo.
- Ahmm… Yo soy Cristel. Encantada.
- Cris, ¿no?- me estrechó la mano- Te conozco. O mejor dicho, conozco tus apuntes que van rulando por medio internado- reí- Y también conozco tus marcas.
- ¿Tú corres?
- No, a mi me va más el rollo tranquilo. Soy la mejor tirando con arco.
- ¿La mejor de tu clase?
- No… La mejor del mundo- las dos reímos y Karol se me quedó mirando- Algún día si quieres, te puedo enseñar.
- Bueno… Ya que copias mis apuntes, lo veo justo.
- ¡En fin! Siento interrumpir esta charla tan… Divertida, pero hay que ir a clase.
- Se siente mal porque no hemos hablado de él- me susurró ella- Tienes razón Eric, habría que irse. Ya nos veremos.
- Eso espero, preciosa. Te buscaré en mi fiesta.
Karol tan solo sonrió y dijo adiós con la mano.
- Hay que ver como eres, no desperdicias una…
- Eso es cierto, hay una que se va a desperdiciar.
Tosió y le pegué un capón. Llegamos puntuales de milagro a otra clase aburrida.

lunes, 26 de julio de 2010

Tiempo Muerto

Debido a las vacaciones y otras cosas derivadas siento decir a la gente que me sigue que no podré subir el siguiente capítulo en unos días... Pero no os preocupeís que serán pocos, menos de nada! xD

Si teneís alguna duda o queréis hacer algún inciso, me podreís encontrar en el tuenti Emily Libre Albedrío

En fin... Que paseís buenas vacaciones! =D

viernes, 23 de julio de 2010

Capítulo 9: Provocación, tu nombre es April

Al día siguiente me desperté pensando en dónde había dejado los apuntes… Era triste que ese fuera mi primer pensamiento mañanero. Por lo que escuché, Lara estaba en el baño así que esperé que saliera buscándolos.
- Si buscas tus apuntes los tengo yo. Anoche los vi, así que mientras dormías les eché un vistazo. Espero que no te importe.
- No, que va… Pero porque eres tú.- Lara sonrió y empezó a vestirse- ¿Dónde vas a estas horas?
- Es que he de hacer unas cosas en la biblioteca antes de clase, sino luego no me dará tiempo.
- Ya que vas, podrías traerme un libro…
- ¿Cuál?
- Sorpréndeme.
Lara se fue y yo no tardé en arreglarme. Mi intención era bajar a desayunar, pero al abrir la puerta ahí estaba de nuevo. De buena mañana ya… ¿De dónde sacaba tanta energía?
- Parece que estemos conectadas, ¿eh?
No dije nada. Al no hacerlo, April se auto invitó a entrar.
- Bueno, al menos no nos molestarán.
- Lara está aun en…
- Tu compañera se ha ido hace tiempo.- dijo sentándose en mi silla- Además, se que tardará en volver… Si es que vuelve- añadió con una sonrisa maliciosa.
Le miré intentando abrir la boca para decirle todo lo que había decidido ayer, pero se ve que mis palabras estaban bien escondidas en el fondo de mi garganta.
- ¿Anoche me buscaste?
- Sí, pero como no te vi lo dejé estar.- me apresuré a contestar.
Ella me miró, moviendo la silla a un lado y al otro.
- ¿Y bien?
- No.
Ese ‘no’ salió sin ni siquiera esperarlo. Se levantó de la silla para ponerse a mi altura.
- No, ¿qué?
- Que no… Que no quiero.
Mi voz sonó como la de una niña que no quiere hacer una obligación.
- ¿Lo estás diciendo de verdad?- asentí con la cabeza- ¿He hecho algo?
- ¿Qué?
- Si he hecho algo… No sé, que te molestara o te incomodara.
- Toda tú me incomoda.- le espeté.
- Me refiero a si anoche… Hice algo que te molestó.
Empecé a pensar que ella me había visto escondida detrás de la columna y creo que mi pensamiento no estaba del todo equivocado.
- Eres libre de hacer lo que quieras, cuando quieras y con quien quieras…
- Entonces está todo bien, ¿no?
- Está todo perfecto.- finalicé.
April se acercó a mí caminando pausadamente, con sus ojos de nuevo fijos en los míos. Me cogió del antebrazo y me acercó hacia ella.
- No me toques- le dije intentando que me soltara- Te lo advierto…
Volvió a ocurrir. Sus grandes ojos azules se oscurecieron hasta volverse casi negros, con esa mirada que te incitaba a correr. Esa mirada que podía llegar a helarte la sangre.
- Me pregunto si tú gemirás igual que ella… O si el tacto de tu piel se podrá igualar a la suya. O si tal vez, tu boca, tus labios, podrán saciarme tanto como ella lo hizo anoche…
Esas palabras se clavaron en mi cabeza como estacas. ¿Qué pretendía conseguir con todo aquello? Me negaba a escucharla, pero mis oídos tan solo amplificaban cada frase que pronunciaba… Me sentía mareada y podía sentir mi sangre circulando por mi cuerpo a una velocidad de infarto.
- Es más, me gustaría averiguar si serías capaz de seguir mi ritmo, como lo consiguió ella ayer…
Cerré los ojos con la esperanza de dejar de sentir ese torbellino de sensaciones que no podía explicar. No era posible que todas esas cosas me las estuviera provocando una persona a la que no conocía absolutamente de nada.
- Cállate- dije en voz baja.
- Quisiera averiguar si también eres tan lista en otros campos donde alguien te puede llegar a superar con creces… Si podrías liberarte como ella lo hizo.
- Que te calles…- repetí en voz baja.
No, esto no podía estar pasando. Sabía que era una prueba, que tan solo era una estúpida prueba de April… Aun así, ¿por qué me sacudía un escalofrío al escuchar todo eso salir de su boca?
- Abre los ojos, Cristel. Pensaba que éramos amigas y que podía contarte mis cosas…
Me acercó todavía más hacia su cuerpo. Podía notar su respiración tan cerca de mí, que al final no sabía dónde empezaba la mía y acababa la suya.
- Si te molesta puedo dejarlo… Pero tienes que decírmelo.
- Déjame…
- No, así no…
De pronto me agarró de la cintura y me llevó hasta ella para luego tenderme poco a poco en la cama. Creía que la cabeza me iba a estallar, sentía un calor abrasante en todo mi cuerpo, en cada poro de mi piel.
- Dímelo… Quiero oírlo de tu boca. Quiero saberlo.
- No…
- ¿Por qué?
- Porque tiendes a degradar a las personas sin importarte sus sentimientos. Porque pretendes manejarlos según te convenga y yo no pienso engrosar esa lista…
April se puso encima de mí, me aferró las muñecas y me las subió lentamente hacia arriba mientras sus ojos no dejaban de observar cada reacción que me provocaba.
- Eso no tiene nada que ver… Y lo sabes. No es por eso que estés molesta o enfadada, ¿cierto? Es por algo más. Es fácil, solo admítelo. Tan solo dímelo.
- No hay nada más…
Hasta yo misma me asombré de lo creíble que parecí, pero ella no estaba dispuesta a rendirse sin conseguir lo que se había propuesto. April ya había comenzado su propio juego, y en sus juegos estaba acostumbrada a ganar.
Me apretó todavía más las muñecas.
- En ese caso… Puedo contarte más cosas. ¿Es lo que quieres? ¿Quieres que te relate paso por paso lo que ella me hizo? ¿O lo que yo hice con ella? Porque lo haré. Te lo contaré absolutamente todo: cada beso, cada suspiro, cada vez que gritaba mi nombre…
- Cállate…- volví a repetir con algo más de voz.
- …cada roce de su piel con la mía, cada mirada que ella me regalaba, cada espasmo que tenía cuando yo…
- ¡Basta!- le grité- Cállate ya…
Ella sonrió. Se acercó a mi cara hasta que apenas nos separaba unos centímetros.
- Si supieras de la misa a la mitad de lo que ocurrió esa noche antes de que nos vieras salir de su cuarto…
- ¡Para!… No quiero escucharte…
- ¿Y por qué no quieres escucharlo, Cristel? Dímelo.
- ¿Qué quieres que te diga, April? ¿Qué?- le miré algo cansada. Todo me daba vueltas- ¿Que me molestó? ¿Eso es lo que quieres saber? ¿Qué no entiendo por qué me dio un latigazo al verte con aquella chica? ¿Qué no puedo evitar sentirme extraña a tu lado? Pues sí, me fastidió enormemente… Ni te imaginas la sensación de vacío que aquello me produjo. Pero sabes lo peor… Que esto no tiene ni pies ni cabeza y aun así no puedo evitar que todo mi ser quiera estar cerca de ti. Yo misma no soy capaz de decirte que no quiero que me beses, porque no es así…
- No lo hagas.
April acercó sus labios a los míos y me besó con su fuerza característica que te transmitía puro fuego.
- Es que no lo comprendes… No soy así. Tú me haces ser una persona distinta capaz de traicionar a mi mejor amiga solo por ser tu juguete. Y no me gusta, porque después me siento como una mierda… Y cuando me siento así, tu desapareces, pero Paula no.
Ella se incorporó soltándome por fin de las muñecas con un gesto de fastidio en su rostro.
- ¿Qué te traes con esa? Estoy harta de que siempre la menciones.
- ¿Qué estás harta? Tu y yo no hemos tenido ninguna conversación normal hasta la fecha, así que no se de donde te sacas que siempre la menciono.
- No hace falta estar aquí años para saber que te habla demasiado de cerca y que aprovecha cualquier excusa para meterte mano.
- Estás como una cabra.
- Ya te dije que odio tener competencia…
- ¿Pero de qué hablas? Conozco a Paula de toda la vida. La conozco más que a ti.
April se revolvió incómoda.
- Eso todavía lo empeora más.
Me miró de nuevo. Poco a poco fue bajando otra vez hasta mi boca, cogiéndome una de las muñecas con una mano, mientras que la otra la mantenía en mi costado.
- ¿El qué empeora?- me atrevía a preguntar.
- Esas cosas me dan que pensar… Pienso que podría haberte tenido mucho antes, que Paula ha estado a tu lado más tiempo que yo, que…
- ¿Qué?- le increpé para que siguiera hablando.
Respiró. Sus ojos se tornaron más oscuros si cabía.
- Pienso que con que ella te dijera que no me vieras lo harías… Por eso tengo que hacer algo para retenerte. Por eso tengo que hacer que sin mí no puedas respirar, no puedas dormir. Que no puedas estar tranquila hasta que me veas. Que dudes si estoy o no con otra solo para estar en tus pensamientos. Que…
- Que te necesite.- finalicé yo- Eso es cruel.
- No he dicho que no lo sea.- sonrió- Hasta la fecha me ha funcionado bien.
- No puedes obligar a que alguien te quiera.
A ella se le escapó una carcajada.
- ¿Qué me quiera? Te equivocas, no así como funciona. Solo hago esto por diversión, me gusta conseguir lo que quiero.
- ¿Aunque por el camino dejes restos de lo que tú has destrozado?
- No es mi problema. Siempre voy de frente, avisando de lo único que espero.
- No puedes reprocharles que se enamoren o que se vuelvan locas por ti cuando tu misma lo provocas.
- ¿Lo provoco?- preguntó sarcástica.
- Si dices que les vas a bajar la luna con un lazo una y otra vez, sí.
- A ti no parece afectarte.
- Será que finjo bien. O que no espero absolutamente nada de ti.
- Intentas fingir bien. Pero por cosas como esta…
La mano que estaba en el costado se deslizó suavemente por debajo de mi camisa y di un respingo.
- … Por cosas como estas se que no finges.
Empezó a besarme y su mano se paseó a sus anchas por mi cuerpo hasta llegar a mi pierna, donde se detuvo. En ese instante escuché voces en el pasillo.
- ¡Mierda! ¡Levántate!
- Sino te he tocado…
- No es eso- las voces se hicieron más evidentes aun- Paula está en el pasillo.
- ¿Y qué?
- Quítate de encima.
- No.
- ¡Haz el favor!
- He dicho no.
Le pegué un empujón que hizo que se levantara sí o sí.
- ¡Joder! ¡Serás hija de…!
- Métete en el baño.
April me miró con cara de pocos amigos.
- Estarás de huasa.
- ¡Vamos!
- ¡Que no me da la gana! No voy a esconderme por nadie, mucho menos por Paula. Es más, me voy a quedar aquí para poder ver la cara de imbécil que pone cuando me vea aquí contigo.
Me acerqué a ella con paso firme.
- Tú tienes tus gilipolleces de querer tirarte a todas las tías y yo no quiero que Paula deje de hablarme, ¿estamos? O sino…
- ¿Qué? ¿Me estás amenazando a mí?- tocaron a la puerta- No lo creo, señorita Brais.
- April… Escóndete solo un momento. Un momento.
Volvieron a tocar a la puerta mientras ella dudaba y dudaba.
- Si lo hago… El domingo entero me le lo dedicarás exclusivamente.
- ¿El domingo?
- Eso he dicho.
Oí de fondo a Paula despedirse de alguien y abrir la puerta.
- ¡Vale! El domingo entero.
Se metió en el baño, pero antes de cerrar la puerta añadió:
- Yo solo te digo una cosa… Este es el primer sitio donde va a mirar.

martes, 20 de julio de 2010

Capítulo 8: ¿Sí o No?

El camino de vuelta se me hizo cuesta arriba. ¿Qué iba a hacer? Tenía la oportunidad de decirle que no y terminar con todo esto. Acabar con esto antes de que fuera a peor. Por otro lado… Había despertado tantas cosas en mí, que deseaba saber hasta dónde podría llegar. Quería explorar eso que April me ofrecía. Quería explorar eso que April provocaba con cada gesto, con cada mirada que me dedicaba. Inmersa en mí misma, yendo por los pasillos, me tropecé con Paula.
- ¿Llegas ahora?
- Hoy he salido más tarde.
- Son cerca de las nueve. ¿No te acuerdas que hoy venía tu padre? Hemos quedado con él a las diez. Como no espabiles no llegamos.
- ¡Mierda! Tú ves desayunando que enseguida bajo.
¿Cómo había olvidado lo de mi padre? Definitivamente April acabaría por volverme loca. Por suerte me dio tiempo de hacer todo, ya que cuando bajé, el coche de mi padre giraba en nuestra dirección.
- Cris…
- Dime.
- Nunca antes se te había olvidado algo así.-dijo Paula con voz de preocupación- Ayer ni siquiera me avisaste de que te ibas. No sé lo que te ocurre, pero sea lo que sea, no me gusta.
- Paula… No le des más vueltas, ¿vale? Ha sido un descuido de nada y lo de la fiesta… Me encontraba mal. No quería molestarte, así que me fui a dormir.
- ¿Eso es todo?
Dudé unos segundos.
- Sí, eso es todo.
No pareció convencerle la respuesta, pero antes de que pudiera reprocharme nada, mi padre bajó del coche. Nos saludó y nos llevó a comer, algo que solía hacer en cuanto tenía un hueco, para después finalizar el día comprándome cualquier cosa que quisiera.
Por el camino de vuelta iba pensando en mis cosas, distraída, mirando por la ventana.
- Me gusta tu colgante. ¿Es nuevo?- preguntó mi padre.
- ¿Qué?- había escuchado la pregunta, pero rezaba para que Paula no.
- El colgante. Cuando te traje no lo llevabas… ¿O sí?
Paula se giró y me miró el cuello al mismo tiempo que intentaba taparlo con la mano.
- Es que me lo han… Es un regalo- concluí.
- Espero que no haya sido del bribón ese de pelo rizado…
- Bayron, papá. Se llama Bayron y no, no ha sido él.
- Vale, ya me callo.
A Paula no le gustó nada la respuesta. Es más, se quedó con la mosca detrás de la oreja. Tanto se mosqueó, que ni me habló al llegar a la habitación pero claro está, no se iba a quedar así la cosa… Paula siempre se olía las cosas.
- Un regalo, ¿eh? ¿Y de quién si puede saberse?- preguntó.
- No sé… Me lo enviaron por correo- mentí- Iba en un sobre sin remite.
Paula dejó caer de un sonoro golpe unos libros encima de la cama.
- ¿Se puede saber qué te pasa? ¿Por qué me mientes? Ese collar lo vimos no hace ni dos días en el pueblo… Es mucha casualidad, ¿no?
- Son cosas mías.
- ¿Cosas tuyas? Perfecto… ¡Pues dile a esa ‘cosa tuya’ que cuando vuelvas a ser tú y abandone tu cuerpo la estúpida que se a metido dentro de ti, me llame!
- Paula. ¡Paula!
Se fue pegando un portazo. Era mi amiga, pero no podía contarle algo de lo que ni yo misma estaba segura. Estaba más que claro lo que ella me diría, lo que yo debería contestar, claro que Paula no había estado tan cerca de April, no le había mirado a los ojos, no le había besado… No sabía que ella podía influir en mí de esa manera. Fui a buscarla. No iba a contarle todo, solo iba a intentar que con lo poco que le contara se conformara.
- ¿Puedo pasar?- hubo silencio- ¿Puedo o no?
Ante su cabezonería, pasé y cerré la puerta. Paula estaba tirada en la cama, haciendo como que estudiaba, fui hacia ella hasta sentarme en un lado de la cama.
- Si has venido a contarme cualquier mentira, prefiero que te lo ahorres.
- Venía a contarte lo del colgante.
- Nunca antes te habías guardado nada par ti. Si lo has hecho será porque crees que debes de hacerlo, así que si no quieres decirme qué es, no lo hagas.- suspiró- Pero la verdad es que aunque no fuera todo, me gustaría que tuvieras la suficiente confianza como para contarme la mitad. O la cuarta parte…
- April- musité.
Paula se giró hacia donde estaba sentada.
- April, ¿qué?- me miró a mí y miró el collar- ¿Ella te lo ha comparado?
- Me lo ha dado.
- Es lo mismo.- se incorporó- ¿Por qué?
- No sé… Igual por lo de la enfermería. Ya sabes, me quedé con ella y… Eso.
Paula arqueó la ceja.
- No parece el tipo de persona que regale algo si no espera recibir algo a cambio…
Esa frase me hizo sentir un escalofrío.
- O igual sí. No la conocemos tanto.- repliqué.
- No me gusta.- se levantó de la cama- Nada.
- ¿El qué no te gusta?
- Ella. Tú con el regalo. La situación en general. Pero principalmente no me gusta ella.
- Haces un mundo de un acto insignificante.
- Un acto insignificante produjo el Big Band.
Acto seguido, la puerta de su cuarto se abrió. Paula esperaba que fuera su compañera, pero se encontró de frente con April. Al ver su cara tuve que mirar a la puerta pensando que sería alguien que no tenía que estar ahí. No me equivocaba.
- Hola.
April saludó desde la puerta con sus ojos fijos en los míos.
- ¿A ti no te han enseñado a tocar a la puerta?
- ¿Puedes venir, Cristel?
Paula me miró, supongo que esperando que le dijera algo, pero como vio que tardaba en responder lo hizo ella.
- Está ocupada conmigo. Fuera.
- Tenemos algo pendiente, ¿recuerdas?
Ella seguía sin prestar atención a Paula cosa que le estaba molestando bastante.
- Te repito que Cris se queda. Búscate a otra.
Al escuchar eso, April se giró hacia Paula y sin quitarle la vista de encima, me dijo:
- Entonces búscame cuando termines… Si es que tu guardaespaldas te lo permite.
Paula fue a replicarle, pero antes de que lo hiciera me levanté y le cogí del brazo al mismo tiempo que le negaba con la cabeza. Cuando levanté la vista, la puerta estaba abierta y ella ya no estaba.
- No se qué te traes con esa, solo te diré que no deberías mezclarte en sus asuntos.
Apartó el brazo de golpe. Se fue al baño mientras yo me senté en el borde de la cama, sopesando todos los pros, los contras… ¿A quién pretendía engañar? Solo encontraba contras: dejarme controlar, el qué dirán, perder mi amistad con Paula, perderme yo… Se acabó, ya no más. Me levante decidida a decirle a April que no, que no sería su juguete, que no quería que se acercara más a mí. Que definitivamente, no iba a empezar nada con ella.
La busqué por todo el internado. Ni rastro. A la hora de la cena intenté buscarla de nuevo sin éxito. ¿Eso sería una buena o mala señal? Pensé que cuando menos lo esperara me la encontraría, así que preferí centrarme en repetir mentalmente ‘no’, ‘no’, ‘no’… Como una idiota.

No se presentó ni a la cena, con lo cual supuse que tendría que esperarme al día siguiente para decírselo. Paula se pasó toda la noche respondiéndome con monosílabos, así que como no me apetecía estar hablando con lo que parecía la máquina de la verdad con tanto ‘sí’, ‘no’ y demás, me fui a acabar uno de los trabajos que tenía.
Antes de ir a mi habitación decidí pasar por el cuarto de una de clase, a ver si me devolvía una hoja de apuntes.
- Pues menos mal que me lo has recordado, que sino me la quedaba.
Típico, encima de que dejas apuntes, la gente los tira por ahí… Por lo que tardaba, temía que tuviera que volver a escribirlos de nuevo. ‘Si es así, me la cargo’, pensaba para mí. Me puse a dar vueltas por el pasillo. Una de las puertas del fondo se abrió y de ella salieron dos chicas.
- Aquí tienes Cris. Lo siento, es que estaban debajo de todos los libros.
- No pasa nada.
‘No pasa nada… Me los llega a perder y…’ Mi pensamiento se quebró al ir a bajar las escaleras y ver dos figuras medio escondidas. De nuevo tuve la sensación. La sensación que me decía ‘ves a ver qué están tramando’. Pasé de largo, esta vez no quería saber nada.
- Ya que a ti te dejan salir, la próxima vez podríamos ir a algún sitio algo más… Íntimo. ¿Te parece?
- Me parece que ya veremos. No creas que eres el centro del mundo.
Esa voz… Parecía su voz. No, no puede serlo. Me acerqué sigilosamente. Seguía sin poder ver sus rostros. Me acerqué más hasta situarme detrás de una columna.
- Había pensado ir al cine o ir a un bar o algo así.
- Odio el cine y el gentío. Sobretodo el gentío borracho marrullero. Además, que paso del cine, yo tan solo me quedo a oscuras para follar. Y si me apetece.
- Pero…
- Que lo olvides. ¿Acaso te he prometido algo de eso? Respuesta: No. Por lo tanto no te debo nada.
La chica que estaba enfrente de la otra se dio la vuelta para irse de su lado. Entonces la chica número dos la agarró y la acercó a sí misma hasta que sus ojos se encontraron en la oscuridad.
- Está bien- las dos se fundieron en un beso- Prométemelo ahora.
- Estarás de coña...
April rió y miró hacia donde estaba yo.
- Por favor. Prométemelo.
- ¿Qué quieres? ¿Qué te lleve de la mano por un parque?
La chica bajó la vista hasta toparse con el suelo. Ella le levantó el rostro y le besó en los labios.
- Ya te llamaré.- resopló añadiendo- Lo prometo.
La chica sonrió. April tan solo se giró y se perdió pasillo arriba. No pude dejar de repasar esa escena durante el camino hacia mi habitación. De ninguna manera quería acabar como esa chica, aferrándome a una promesa vacía por completo, queriendo tener algo que de primeras sabía que nunca iba a tener. Estaba decidido.

lunes, 19 de julio de 2010

Capítulo 7: Clover

El aire me daba en la cara, impidiéndome respirar demasiado bien, pero daba igual, después de un rato corriendo ya ni lo notaría. Me prohibí pensar en el internado y todo lo relacionado con ello… Solo quería pensar en otras cosas o simplemente dejarme llevar por el olor mañanero del bosque, por el ruido de las hojas bajo mis pies, las ramas de los árboles bailando una canción silenciosa… Acabé en el claro en un tiempo record. Era precioso, sobre todo a esa hora, cuando el sol aparecía entre las ramas iluminando casi todo ese claro perfecto. Paula no quería venir conmigo, pues ella se lo perdía. Jamás vería algo así. Seguramente después de irme a la universidad, nunca vería un claro tan grande, iluminado y bohemio como este. Me senté en un tronco medio podrido que llevaba ahí desde que recordaba. Exhalé aire… Ese momento no lo cambiaría por nada. Entonces escuché el sonido de una pequeña rama al quebrase, pero pensé que sería un pájaro. Eso creía hasta que me giré volviendo a encontrarme con una figura por desgracia familiar. Resoplé dando a entender que nada más faltaba ella aquí.
- Eres un animal de costumbres, ¿eh?
- Y tú una acosadora profesional, ¿eh?- le reproché.
- Es lo que hace la práctica.
- ¿Sabes que podría denunciarte por acoso?
- Si la otra persona se deja, no es acoso… Pensaba que eras un diccionario andante.
- De todos los lugares en los que podrías fastidiarme, has escogido el peor.
- Ohhh… ¿Acaso este es tu rinconcito de pensar?
Me levanté molesta. Sí, era mi ‘riconcito’ y no me gustaba que estuviera allí.
- ¿Qué quieres?
- No preguntes lo que ya sabes.-giró sobre sí misma observando el paisaje- Te vi el sábado pasado por la ventana.- me miró- Tuve curiosidad.
- ¿Qué ventana? Tu ventana no da a la verja.
April fijó sus ojos en los mío y sonrió pícaramente.
- Una de las muchas ventanas.
Sentí algo extraño pasar de mi garganta hasta el estómago.
- ¿Ibas detrás de mí?
- No, aunque quisiera no podría ir a tu ritmo. Llevo un rato dando vueltas porque no recordaba exactamente a qué hora te vi.
- Claro, tendrías otras cosas en la cabeza.
Esa respuesta salió de mi boca sin pensarla.
- Algo así.- caminó hacia donde estaba yo- Anoche quería darte algo, pero como estabas demasiado acelerada decidí dártelo otro día.
- Ahora resultará que tienes escrúpulos…
- ¿Qué clase de persona crees que soy?
- Una muy molesta.
April dio unos pasos hacia delante al mismo tiempo que yo daba los mismos pasos hacia atrás.
- No voy a hacerte nada. Al menos nada que no quieras.
- Da igual, no quiero que te acerques.
- Te darás cuenta de que te estás comportando como una cría de doce años.
- Pues respeta que no te quiera cerca.
Ella tan solo rió y siguió caminando pausadamente hacia mí.
- Lo digo enserio…
- Sabrás que esto lo hace más divertido.
- April, lo digo muy enserio. Quédate ahí.
Para mi sorpresa, frenó.
- ¡Wow! Es la primera vez que pronuncias mi nombre.
- ¿Por qué no puedes dejarme tranquila? Seguro que puedes ir detrás de otra chica que se deje mangonear por ti.
- No lo dudes, pero ya te dije que a la que quiero es a ti. Soy honesta al decirte que hasta que no te tenga no voy a parar.
- Me revienta que te dirijas a mí como un objeto.
- A mí me revienta que tardes tanto en admitir que tú también quieres lo mismo.
- ¿Crees que todo el mundo baila a tu son? No quiero nada contigo. Ni contigo ni con nadie. ¡Joder! ¿Es que no lo entendéis o qué?
- Es fácil, demuéstramelo. Demuéstramelo no huyendo cada vez que me ves, ni poniéndote a temblar como un flan.
- Yo no tiemblo.
- Sí lo haces. ¿Crees que no me di cuenta?
- ¿Has pensado en la posibilidad de que pareces una psicópata?
Me miró e hizo una mueca.
- Esto está durando demasiado… Odio esperar.- movió algo que llevaba en la mano- Va contra mis principios el dejarte tanto campo para jugar. Todo sería más fácil sino te deseara tanto, pero es una cosa que no puedo evitar. Hacía tiempo que no encontraba a alguien como tú, alguien que de verdad me atrajera tanto, así que ten por seguro que no pienso frenarme porque estoy cansada de hacerlo.
Otra vez no… Mis piernas no reaccionaban y mis ojos no podían dejar de mirarla. ¿Por qué me costaba tanto esfuerzo el decirle que no y echar a correr? Eso es lo que quería hacer: echar a correr.
Inconscientemente caminaba hacia atrás mientras veía como April se acercaba más y más, haciendo que me chocara contra un árbol, sirviéndome casi en bandeja de plata. No tardó nada en llegar donde estaba y situarse justo delante de mí. Cada vez más cerca, yo sin saber qué hacer y mi cabeza con una sola idea que no quería escuchar.
- Si me dices que no lo haga, tal vez…
Me agarró de la cintura para apretarme hacia ella y me besó. Sentí vértigo. Sentí que todo mi cuerpo se estremecía. Sentí que ya era tarde y que me había metido en la boca del lobo, que a partir de ahora ella podría hacer lo que quisiera conmigo… Y ese pensamiento no me gustó.
Intenté no seguirle la corriente, pero April llevaba las riendas de todo aquello que ella misma había provocado.
- Quiero que seas mía… Únicamente mía.
Se apartó para enseñarme lo que tenía en la mano. En el momento en que su cuerpo se separó del mío, una extraña sensación me invadió. ¿Por qué me provocaba tantas cosas, si casi ni la conocía?
Abrió la mano y de ella calló un colgante en forma de trébol de color plata. El mismo que el día anterior había estado mirando con Paula en el pueblo. La miré extrañada.
- Te vi mirando el escaparate.
- Si tú no fuiste…
- Que no montara en el autobús con vosotros no quiere decir que no fuera.- sus ojos de mar miraron el collar- Me llevó una amiga.
De nuevo esa extraña sensación en mi estómago. ¿Qué pretendía realmente?
- ¿Sabes cómo se dice trébol en inglés?
Me miró expectante. Se le notaba que esperaba la respuesta.
- Creo que... Clover.
- Exacto. Clover--->C-Lover. She Lover. Que significa: Ella (es tu) amante. Eso quiero que seas Cristel. Quiero que seas mi amante.
Su cara ensombreció junto a sus ojos. Si antes ni siquiera brillaban, ahora parecían tan oscuros como la noche.
Esas palabras rebotaron en mi cabeza golpeándome como si fueran un martillo. No estaba segura qué quería decir con eso. No estaba segura de nada.
- Simplemente sin ataduras. No esperes nada de mí porque yo no espero nada de ti. Solo quiero sacarte de mi cabeza, solo deseo tu cuerpo pegado al mío… Quieras que no, las dos salimos ganando.- me puso el collar delante- La decisión es tuya. Pero te advierto que mi paciencia tiene un límite.
April lo desabrochó y me lo ató al cuello.
- Decide lo que quieras pero hazlo ya.
Me dio un beso que apenas rozó mis labios antes de darse la vuelta y empezar a caminar en dirección al internado.

domingo, 18 de julio de 2010

Capítulo 6: La visita al Pueblo

Me propuse por todos los medios el no dar juego a April, el tratar de que no me afectara su presencia ni siquiera que creyera que me preocupaba ni lo más mínimo el incidente del vestuario. Aunque lo hacía. Quería borrarlo de mi mente, pero no lo lograba. Era como si algo muy dentro de mí quisiera recordar cada gesto, cada sonrisa, cada mirada… No podía remediarlo.
Hubieron un par de accidentes más en los que ella se hacía la despistada o simplemente se metía donde no le incumbía. Por suerte pude sobrevivir hasta el sábado, que era el día en que Anna nos acompañaría al pueblo y tal vez, podría despejarme e incluso aclarar las ideas… ¿Pero qué tenía que aclarar?
Un autobús paró enfrente del internado. La gran mayoría esperábamos ese día, porque nos dejaban como ganado por el pueblo hasta que Anna se cansaba y nos obligaba a volver. Miré hacia todos los lados antes de subir. Ni rastro de ella. Me sorprendí suspirando tranquila. Y si por el contrario estuviera, ¿qué? No iba a pasarme todo el curso pendiente de las idas y venidas de una prepotente caprichos que se pensaba que todo el mundo podía caer ante su cara bonita. Espera… ¿Cara bonita? ¿Había dicho yo eso?
Al final el viaje fue mejor de lo que me esperaba. Lara, Paula, Byron y unos cuantos más nos fuimos a dar una vuelta: mirábamos tiendas, pasábamos por algunos parques desiertos, veíamos unas fuentes naturales… Paula y yo nos entretuvimos mirando una tienda de colgantes, anillos, etc Pero al final no compramos nada y decidimos buscar a los demás para ir a tomar algo. Cuando ya quedaba poco para oscurecer, Eric se unió también con nosotros.
- Esta noche podríamos organizar alguna cosa, ¿os parece?
- Yo me apunto.
- Paula, deberías acabar de hacer lo que tienes que hacer. No llevamos ni dos semanas y ya tienes deberes atrasados.
- Por si no lo sabéis, esa era la voz de mi conciencia.
Algunos rieron.
- Vamos Cris, deja a Paula que ya es mayorcita… Bastante mayorcita- apuntó Eric.
- A mí también me apetece hacer algo, pero ¿nos van a dejar?
- Parece mentira que no me conozcas Lara… Dile Bayron, explícale que cuando yo digo que vamos a hacer algo, lo hacemos.
- Eso es cierto- rió él.
- ¡Pues ya está! ¡Esta noche toca fiesta!- gritó Paula.
- Voy a invitar a más gente. En cuanto lo tenga todo preparado, os envío un mensaje con la hora y lugar.
Anna no tardó en dar la orden de subir al autobús, al parecer se había entretenido con unos conocidos del pueblo y ya llegábamos tarde a la cena.
- Supongo que vendrás Cris.
- Tengo cosas que hacer.
- No me vengas con tonterías que puedes hacerlas mañana.
Paula insistió tanto que acepté por no oírla. Cerca de las once de la noche, recibimos el mensaje de Eric: ‘Venid a la parte de detrás del internado, que nos vamos con la fiesta a otra parte’.
Al llegar vimos a unos cuantos esperando.
- Hay un hueco en la valla, así que iremos pasando para hacer la fiesta en el bosque. Tenemos hasta la una o así, que es cuando la directora hace la gamba por el pasillo y puede pillarnos. ¿Entendido?
Todos asentimos. Bayron ayudó a Eric a pasar las bebidas por aquel hueco. A mí no me hacía gracia estar en el bosque a esa hora y menos en esa parte del bosque que no conocía, pero por no escuchar a Paula, no dije nada. Conforme caminamos, fuimos viendo un haz de luz que correspondía a una hoguera hecha hacía unos minutos.
- Acordaos que hay que controlar que no haga demasiado humo o pueden descubrirnos.
Dicho esto, la fiesta empezó. Uno de ellos se trajo el coche para poner música y porque traía una nevera con hielos dentro. La gente bebía, contaba peleas con los padres, despotricaban contra los profesores… Todos reían. Sin embargo, yo no me encontraba tan a gusto. Sentía que no debería estar allí, que tendría que estar en otro sitio. Esa sensación me embargó casi toda la noche, hasta que en un descuido de Paula conseguí escaquearme entre algunos chicos y chicas que ni me sonaban.
- ¡Eh! ¿Dónde vas?
Eric venía hacia mí con el vaso en la mano.
- Me aburro.
- Bueno, pues demos un paseo.
- Déjalo, casi prefiero irme a mi habitación ya.
- Te acompaño hasta la verja…
- ¡Que no hace falta joder!- Eric se me quedó mirando un rato- Perdona, es que… Me duele la cabeza.
- No sé que es lo que te pasa, pero llevas unos días muy rara.
- ¿Por qué? ¿Por qué no entro a saco en tus chorradas?
- A parte de eso, porque llevas un par de días distraída.- Eric miró el interior del vaso- Mira, lo de la fiesta fue idea de Paula, me dijo que le ayudara… Quería animarte. Ni ella sabe qué te ocurre, pero últimamente pareces nerviosa.
- Pues no lo estoy. Solo es que no tengo ganas de fiesta.
Eric me miró a los ojos.
- Se que conmigo no vas a hablar estos temas… Es lógico y normal. Pero pensaba que las chicas hablaban de ellos con sus amigas…
- ¿De qué hablas?
- Venga, aunque no lo creas también me a gustado gente y también he estado preocupado por ello.
- Espera… A mí no me gusta nadie.
- Ya…- sonrió- No irás a decirme que te comportas como siempre, porque sabes que no es así. Estás en Babia incluso en clase, por no decir lo zombie que vas a veces por los pasillos. Todo eso es raro en ti.
- No sabes nada, así que mejor cállate.
Me di la vuelta, dejándole con la palabra en la boca. ¿Quién se creía para decirme cómo estaba o dejaba de estar? Estaba así porque sí. No era por nadie. No era por April. Simplemente andaba con la cabeza perdida, eso era todo. ¿Acaso no podía dejar de ser yo unos días? Todo el mundo intentaba que no me tomara tan enserio las cosas, que saliera más… Y cuando lo hago, ahora resulta que ‘estoy rara’ o ‘me gusta alguien’… ¡Pues no!
Me fui a mi cuarto, tan inmersa en mis pensamientos que en cuanto giré una esquina me di contra una persona, reboté y caí de espaldas contra el suelo. No sé por qué, pero lo único que hice fue cerrar los ojos. Estaba tendida en el suelo con los ojos cerrados, tratando de no pensar en nada, como si ese golpe tuviera la fuerza suficiente como para echar todos los malos pensamientos de mi cabeza.
Conseguí calmarme… Abrí los ojos y me incorporé en el suelo. Me pasé las manos por la cara, miré alrededor para ver si estaba el o la que me había empujado, pero no vi a nadie. No vi a nadie hasta que no me fijé mejor en la pared que estaba cerca de mí, en la cual sobresalían unas zapatillas.
- Pensaba que te ibas a quedar ahí toda la noche.
- Genial, ahora para acabar bien el día dime que has sido tú la del empujón.
- No, no he sido yo. Ha sido un chaval de primero o segundo con bastante prisa.
- Entonces qué haces ahí.
- Mirarte.
Busqué su rostro en la oscuridad del pasillo.
- Ahora mismo no estoy para tus locuras. Así que no me toques las narices.
Me levanté esperando en el fondo cualquier contestación o cualquier movimiento de April, pero no lo hubo. Ni tan solo hizo el amago de levantarse de la pared, por lo tanto seguí pasillo arriba, casi sin percatarme de que ya se había levantado y me seguía con su penetrante mirada.
Nada más llegué, me di una ducha de agua fría para relajarme, cosa que no funcionó. Estaba claro que aquel no había sido mi día, tan solo me apetecía borrarlo de la memoria… Me tumbé en la cama y me quedé dormida. No me di ni cuenta de la llegada de Lara hasta que a las cinco de la mañana sonó el despertador avisándome de que tenía que irme a correr. Necesitaba despejarme todavía más y seguramente el aire húmedo de la mañana quizás pudiera conseguirlo.

jueves, 15 de julio de 2010

Capítulo 5: Empezando el juego

Desde que ocurrió aquello, traté por todos los medios evitarla. La situación no era fácil, cada vez que la veía me estremecía y si pasaba demasiado cerca de mí, mi sangre circulaba por mi cuerpo a una velocidad no aconsejable a una adolescente de mi edad.
- ¿Te pasa algo Cris? Estás un poco rara…
Comentarios como esos hacían que olvidarme de las palabras de April fuera más complicado. ¿Jugar? ¿A qué exactamente? ¿Y por qué le daba tantas vueltas y no me atreví a pronunciar un rotundo ‘no’ en su momento?
A todo eso le sumaba la confusión que me provocaba… Si tan interesada estaba en mí, ¿por qué habían días que se comportaba como si la cosa no fuera con ella? Me saludaba como si tal cosa, hacía comentarios sin venir a cuento… Pero otros días podía notar sus ojos azules acechándome, encontrarme su mirada tan intensa en cualquier esquina y tal como aparecía, desaparecía.
Lo peor de todo era que seguramente hacía todo eso para llamar mi atención y yo caía como una tonta.

- ¡C’mon Paula! Cámbiate ya que no llegamos a gimnasia…
- Siempre con prisas…
La clase de gimnasia casi de continuo consistía en lo mismo: de veinte minutos a media hora corriendo y después inventos de Gabriel que podían ocasionar que más de uno le entrara asma. Por suerte, ese día fue un poco ‘ligth’.
- Espera Cris, no te marches aun.- entró en su despacho y sacó unas hojas- Mira, aquí tienes la inscripción para la maratón y otra para… El triatlón, por si te apetece probar algo distinto.
- Gracias Gabriel… La verdad que el triatlón me apetecería hacerlo, pero no sé…
- ¿El qué no sabes? Seguro que lo harás perfecto. Yo puedo ponerte en contacto con un preparador muy bueno. Ya verás como los dejas con la boca abierta.- me dio un pequeño golpe en el hombro mientras sonreía.
- Lo pensaré.
Gabriel asintió y empezó a recoger todo el material.
Entré al vestuario vacío. Deducí que era tarde porque ya no había rastro ni de mochilas ni de voces, así que me di una ducha rápida, sin dejar de pensar en el triatlón. Era una oportunidad única, de aprender otras cosas, de conocer gente, de conocer también ese mundillo más a fondo. Tenía que hacerlo.
Cuando me abroché el sujetador, escuché un ruido que venía de fuera. ¿Tocaba a otra clase venir? Me levanté y me asomé para ver si era Gabriel o alguno de los más pequeños. No vi a nadie, así que entré de nuevo a terminar de vestirme. Nada más me volví a sentar en el banco, una figura apareció en la puerta, de cara a mí.
- ¿Qué haces aquí? Pensé que ya no quedaba nadie…
- Pues te has equivocado, estoy yo, así que vete.
April me observó de arriba a bajo, algo que me incomodó bastante. Lo debió notar, porque sonrió, diciendo:
- No, creo que me quedo.- dijo apoyándose en el marco de la puerta.
- ¿Puedes al menos cerrar la puerta?
Ella me miró extrañada.
- ¿Lo dices enserio?
- Esta puerta no, la de fuera… Los espejos reflejan lo de aquí dentro, no me gustaría que pasara alguien y me viera así.- le contesté todo lo tajante que pude.
Salió de mi vista para cerrar la puerta y en ese instante fui conciente que quizás me había metido sin quererlo en la boca del lobo. Opté por vestirme todo lo rápido que pude, pero April llegó antes. Caminó hacia mí hasta sentarse a mi lado.
- He visto salir a las demás… ¿Por qué te has quedado aquí sola?
- Me he entretenido.
- ¿Acostumbras a ducharte sin público?
- ¿A ti que más te da?
Me agaché para coger la camisa y en ese momento sentí unas manos sobre mi espalda. Di un respingo como acto reflejo y me giré… Otra vez sus ojos…
- ¿Qué haces?
- Relájate. Es solo que tienes la tira del sujetador mal colocada.
Estiré el brazo para comprobarlo. Ella se limitó a estirar los brazos sin llegar a tocarme.
- Está claro que yo tengo más experiencia a la hora de abrochar y desabrochar sujetadores sin mirar, pero creo que sería más cómodo para ti si te das la vuelta y te lo coloco enseguida…
La miré. Mientras dudaba, me perdí en su mirada… Esa mirada que sin razón, podía llegar a helarme. Un momento… ¿De verdad me lo estaba pensando? Reaccioné cogiendo la camisa con una mano, levantándome deprisa y poniéndomela con algo de torpeza, a la vez que decía:
- No hace falta. Está bien así.
Agarré la bolsa al mismo tiempo que me dirigí a la puerta precipitadamente. Fue entonces cuando April me apresó de la cintura y me empujó hacia la pared. La tenía de frente y mi cuerpo no reaccionaba…
- ¿Ibas a salir de aquí con la camisa desabrochada?- negué con la cabeza sin ser consciente. Ella se acercó más- Llevas tiempo huyendo de mí… ¿Te doy miedo?
- No…
- No, ¿qué? ¿No huías de mí o no te doy miedo?
Me pegué a la pared, como si aquel gesto me pudiera proteger de cualquier cosa que viniera ahora.
- Solo… Es incómodo.
- A mí me incomoda que trates de evitarme.- bajó una de sus manos hasta mi cadera- No me gusta que me ignoren… No me gusta que tú me ignores.
Su semblante se puso serio, pero sus ojos seguían fijos en los míos.
- Aparta…- tragué saliva- Apártate.
- ¿Me vas a obligar, Cristel?
- Si hace falta…
No sé cómo llegué a decir eso… Simplemente mi cabeza no acompañaba a mi cuerpo, ni siquiera a mis labios. Sentía a April tan cerca, que mi vista se nublaba y no llegaba a comprender la razón de no haberle dado un empujón ya para conseguir zafarme de ella. No lo había ni intentado... ¿Quién era esta chica que provocaba que todo mi ser sintiera un escalofrío solo con mirarle a los ojos?
- No entiendo por qué me llamas tanto la atención. No alcanzo a saber qué es eso que quiero de ti, pero me da igual… Lo quiero.-dijo apretándome aún más contra ella.
Me recoloqué en la incómoda pared sin dejar de preguntarme si esto estaba sucediendo de verdad. Conseguí fijar mis ojos en los suyos y sentí un calor que poco a poco iba invadiendo mi cuerpo. April sonrió. Pude ver como sus labio se acercaban lentamente a los míos… Traté de pararla frenándole con una de mis manos en vano, porque a la medida en que avanzaba, mis fuerzas, si es que me quedaban, se iban rindiendo ante ella.

La mano que tenía en mi cadera se desplazó hacia mi estómago, apartando parte de la camisa… Su tacto era templado. Vi como se mordía el labio inferior y pensaba si querría saber lo que estaría pasando por su cabeza. Me apretó más hacia ella, hasta que el espacio que antes había entre nosotras desapareció. Noté su aliento subiendo por mi cuello y frenándose en mi oído.
- Llegada a este punto comprenderás que… Siempre… Consigo… Lo que quiero- terminó con un susurro.
Se apartó de mí bruscamente.
- Ahora deberías abrochártela. No quiero que nadie te vea y disfrute de algo que aun no he probado.
Cuando se fue, me costó recuperarme unos minutos. Respiraba aceleradamente, aunque intentaba expirar e inspirar tratando de que el pequeño tembleque desapareciera. Para colmo, cuando por fin me fui a clase, noté que mi ropa estaba impregnada de su olor.
- ¿Usted también llegando tarde? Únase al grupo de la señorita Lemacks… ¿O es que ambas vienen de gimnasia?- preguntó molesto el profesor.
Me quedé parada, sin saber responder a esa pregunta.
- ¿A qué espera para ocupar su puesto?
Caminé hasta mi sitio en donde me aguardaba Paula. April estaba al final de la fila pero por mucho que bajé la cabeza para no encontrarme con ella, al final sucumbí a las órdenes de mi subconsciente… Otra vez. Simplemente me siguió con la mirada hasta que me senté en la silla. Mientras sacaba los libros, Paula se acercó.
- ¿De dónde vienes?
- Del vestuario.
- ¿Estabas con April?
Casi me caigo del lado de la silla intentando que el libro no llegara al suelo.
- No. Claro que no.
- Es que habéis llegado a la vez.
- Casualidad.
Abrí el libro y cogí un bolígrafo, el cual sin darme cuenta no paraba de mover.
- Oye… ¿Estás bien?
- Sí. Estoy… Perfectamente. ¿Por?
Paula se encogió de hombros, añadiendo:
- Nada, que estás un poco roja. Por eso lo preguntaba.

lunes, 12 de julio de 2010

Capítulo 4: Eric

Del susto un poco más y tiro la bebida encima de las palomitas. Eric empezó a reír, pero tuvo que parar porque la gente empezaba a mosquearse.
- ¿Acaso le he asustado, señorita Brais?- dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
- En una palabra te lo digo: estúpido.
- Solo ha sido una broma. ¿Qué tal el verano?
- Bien, como siempre.
- Umm… Me suena a… ¿Aburrido?
Le sonreí. Me devolvió la sonrisa y se acercó más a mí.
- Aun no me has contestado…
- ¿El qué?
- ¿Te vienes conmigo?- repitió de nuevo- Aquí hay mucha gente.
- ¿No tienes ninguna apuesta que ganar?
- Búf, este año anda mal la cosa… Las niñas son demasiado niñas o demasiado… Recatadas- añadió sacando la lengua- Además, tú me pones más.
- ¿Será porque soy la única que no ha besado el suelo por dónde pisas?
- Será…
Se acercó aun más, con sus ojos fijos en los míos.
- No será que…Eres bollera.
La coca-cola se me resbaló de las manos cayéndome casi encima y mojándole a él también.
- ¡Ala, venga! Que era una broma mujer…
- Sabes que no me gustan tus bromas.
- Si son muy divertidas.
- No- le corté y me di la vuelta para irme, pero me cerró el paso- Eric, no tiene gracia. ¿O eres de los que creen que cuando una chica dice ‘No’ quiere decir ‘Sí’? Déjame pasar.
- Quédate un poco. Solo un poco. Y te prometo que te dejo tranquila.
- Solo existe un modo de que me dejes tranquila y ni se me pasa por la cabeza.
- ¿Ves? Si hasta tú lo sabes. Soy un caballero, pregúntale a cualquiera. Además, ya es hora de que tu ‘papi’ deje de hacer el ridículo por tu ‘santidad’… ¿O no?
- Déjame en paz.
- Lo haría… Pero no puedo.
- Eric… Te lo digo muy enserio…
- Si me dices una, una sola razón que te impida hacerlo y yo me la crea, te juro que no me acerco a ti el resto del curso.
- ¿Cómo quieres que te diga que no me gustas? ¿En hebreo?
- ¿Ves? No tienes ni una sola razón, porque esa no se lo cree nadie.
- Te crees más de lo que eres.
- No. Me creo menos de lo que soy…- se arrimó un poco más a mí- Vale, se cuando me estoy poniendo pesado, así que te dejo en paz. Pero si quieres algo, no dudes en buscarme, señorita Brais- dijo sonriendo.

Intenté volver a lo mío, cogiendo las coca-colas, pero no hacían más que resbalarse de mis manos.
- Pues sí que…
Hacía un año que Eric no paraba de hacer eso… El caso es que no sabía si me molestaba o si me halagaba que un chico tan guapo, popular y esas cosas tratara de liarse conmigo.
- ¿Pero qué estoy diciendo?
- No me digas que ahora hablas sola…
Giré el cuello y vi a April a mi lado comiendo palomitas.
- Vaya, por lo visto no soy la única que espía conversaciones que no le atañen.
- Es que era más divertido esto que la película.
- ¿Te divierte reírte de mí?
- Bueno… Me reía de lo patético que resultaba él… Pero mentiría. Sí, me reía de ti.
- Agradezco tu sinceridad- le respondí, caminando ya hacia mis sitio.
- Espera un momento.
April dejó las palomitas, puso refresco en dos vasos de papel y se puso el cartón de las palomitas cerca de ella.
- ¿Qué vas a hacer?
- Suelta los vasos, cállate y observa.
Agarró un vaso, apuntó (o eso parecía) y se lo tiró a Eric a la cabeza. Antes de que este reaccionara, le tiró el otro. Cuando Eric reaccionó y empezó a cagarse en todos, le tiró la caja entera de palomitas, quedando todo pringado, con manchas y palomitas pegadas por todas partes, al igual que los pobres alumnos que habían tenido la mala suerte de sentarse a su lado.
- Ehhh… Mejor nos vamos.
April me arrastró con ella tirando de mi muñeca hasta que más o menos estuvimos bastante lejos de los ojos de los demás, pero lo suficiente cerca para escuchar los gritos insostenibles de Eric.
- ¿Por qué has hecho eso?
- ¿Y por qué no?- empezó a reír- No me digas que no te ha gustado. Ese imbécil se lo ha buscado.
Recopilé en mi mente todas las imágenes: la cara de Eric, el tropezón al intentar levantarse, su cara de no saber por dónde le venían los golpes… No pude evitarlo y reí con ella.
- La lástima es que los vasos eran de papel, así que no le habrán hecho gran cosa, pero ha estado bien…
- Sí…
- No creas que lo he hecho por ti. Simplemente quería jugársela.
- Como quieras.
Ella me miró y empezó a caminar, hasta que llegó a un punto en el cual, dándome la espalda, preguntó:
- A pesar de lo tonto que es ese chaval… ¿De verdad no te gusta?
- Eso no te incumbe- le respondí sin moverme.
- Solo era una pregunta, no te alteres. Es que me parece un tanto… raro.
- Puede parecerte lo que quieras, estás en tu derecho, pero ya te he contestado que no.
April se giró para contemplarme.
- No hace falta que seas tan borde.
- Habló el burro de orejas.
- Debería haber dejado que el tío te sobara un poco más.
- ¿No habías dicho que no lo hacías por mí?- le reproché.
- La verdad es que no parecía desagradarte mucho…
- ¿Pero a ti que te pasa? Estoy cansada de tu bipolaridad. No te pedí que me ayudaras, ¿vale? Si lo has hecho es porque has querido, así que no me vengas con cuentos.- grité mientras caminaba unos pasos- No sé qué coño quieres.
- ¿Sabes? Otra cosa que no me gusta es tener competencia- me miró una vez y volvió a mirar a la nada- Y si la tengo, me gusta tenerla en cuenta.
Aun no entiendo por qué aquel comentario me fastidió tanto. Caminé hasta donde estaba ella diciendo:
- Pues puedes estar tranquila, ya te he dicho que Eric no me gusta… Te lo regalo si quieres… ¡Todo para ti!
- Frena un poco…
- ¿O qué?
- Te caerás… ¿Por qué creías que me había parado aquí?
En efecto, al ir hablando no me había dado cuenta de los pasos que iba dando y justo debajo de mi pie, se encontraba un enorme boquete que me hizo perder el equilibrio. Me veía en el suelo cuando sentí un latigazo… April me había agarrado la muñeca, tirando de mí y apretándome contra ella.
- ¿Qué te ha hecho imaginar por un segundo que me refería a Eric, si apenas le conozco?- dijo sin quitarme el ojo de encima.
Aquel comentario me descolocó de una manera inimaginable. No podía apartar la mirada de sus ojos oscuros y mucho menos podía articular palabra. No podía sentirme así… No me gustaba sentirme así, como si fuera una marioneta en manos de alguien que solo quiere jugar. ‘Solo jugar’ me dije.
April me apretaba contra su pecho… Sentía que me ahogaba, que algo me aprisionaba la garganta y eso no era bueno.
- Suéltame…
Para mi sorpresa no vaciló al hacerlo, ni siquiera impidió que me deshiciera de ella. Nuestras miradas seguían cruzadas y yo seguía sin saber que hacer, qué decir… Sin embargo, podía ver en su rostro parte de la diversión que le causaba todo esto.
- Paula te estará buscando.
- Supongo…- me apresuré a decir a la vez que empezaba a caminar en dirección al cine. Pasé por su lado con algo de torpeza, y ella susurró con la voz justa para ser escuchada por mí:
- Esto solo es una pausa… El juego continúa. Mi pregunta es: ¿jugarás, Cristel?
Hice oídos sordos, aunque April sabía de sobra que me había hecho estremecer con esa pregunta.

Capítulo 3: Un desgraciado... ¿Accidente? Segunda Parte

Oí un pequeño ruido y cuando entré, la vi intentando bajar de la camilla patosamente, ya que por lo visto no podía apoyar bien el brazo izquierdo.
- ¿Qué haces?
- Bailar un zapateado… ¿Tú qué crees?
- No deberías levantarte todavía.
- ¿Has estudiado enfermería o qué?
- No me hace falta, es de sentido común… Si sabes qué es, claro.
Esa respuesta hizo que April fijara sus ojos en los míos.
- Si te han dejado en calidad de niñera, puedes largarte porque no lo necesito.
Me acerqué a ella y le di un buen apretón en el brazo haciendo que lo apartara de golpe.
- ¡Joder! ¿Estás loca?
- Te sangra el brazo.
- ¿Y qué? No es nada, no es tan aparatosa como la de la ceja.
- Da igual, te lo tienes que curar.
Me dirigí al botiquín, luego a uno de los cajones y por último hacia ella. Le dejé en equilibrio encima de la camilla el agua oxigenada y el algodón para que ella misma se curara.
- ¿Eso es todo? Pensaba que ibas a curarme tú- dijo en tono sarcástico.
- Como ves no todos estamos a tu disposición.
Dije esas palabras caminando hacia una de las sillas y sentándome en ella. Se quedó un buen rato mirando la botella, hasta que al final decidió abrirla para verter un poco en el algodón. Intentaba doblar el brazo pero no podía y su cara reflejaba que le dolía, sin embargo seguía haciéndolo una, dos, tres veces. Al final de verla, se me escapó la risa porque era demasiado cómico.
- Yo no le veo la gracia- dijo con cara de asesina.
- Yo sí. ¿Por qué no pides ayuda, si tanto te cuesta?
- Porque no me cuesta… Es solo que…
- Te duele y al dolerte no puedes- reí- Dame el algodón- April me miró dubitativa- Vamos.
Ella estiró el brazo, dejando caer el algodón en mis manos. Alargué mi otro brazo para cogerla de la muñeca, mientras que con la otra me dirigía a curarle la herida, pero nada más cogerla, sentí su piel arder.
- Estás ardiendo…- dije poniéndole la mano en la frente como acto reflejo- Seguramente tengas fiebre. Ahora cuando vuelva Julia…
- No hace falta- respondió cortante- Estoy bien, solo necesito descansar un poco. Esos es todo.
- Pero…
- Te he dicho que no- su semblante se puso de un serio que daba miedo, así que no volví a decir nada, tan solo me limité a curarle el codo. De reojo la miraba… April tenía la mirada perdida en algún punto de la ventana. Ni siquiera se inmutó cuando terminé de curarla y volví a sentarme en la silla del principio.

No se cuanto estuvimos envueltas en el silencio… Justo en el momento en que iba a decir algo, Gabriel entró con Julia.
- En fin April… Todo está perfecto, así que cuando quieras puedes irte.
- Ehh, Julia…- dije ante la atenta mirada de April.
- Dime.
- Antes me ha parecido que tenía un poco de fiebre…
- Ah… Pues en un momento lo compruebo, no está de más asegurarse.
Julia le tomó la temperatura con un termómetro de mercurio de los de toda la vida, así que el proceso tardó unos minutos.
- No es nada, solo unas décimas por encima de lo normal. De todas maneras llévate un paracetamol y si te duele o te molesta te lo tomas.
Julia le ayudó a bajar de la camilla, la acompañó hasta la puerta y se despidió de ella.
- Será mejor que te eches un rato a dormir. Ya te haré un justificante. Cuando te encuentres mejor vienes a buscarlo. – April asintió con la cabeza- Hasta luego chicas.
Me quedé quieta en el pasillo… ¿Unas décimas? Eso era imposible, si cuando la había tocado su piel ardía como unas brasas a punto de apagarse… Cuando bajé de mi mundo, me vi sola en el enorme pasillo.
- De nada, ¿eh?- añadí al ver que April ya se había ido.
A la hora del recreo Paula esperaba un informe con todo lo ocurrido desde que ella se había marchado de allí. Aunque no lo demostraba, yo sabía que andaba algo molesta por no haberla apoyado en su teoría del desmayo ‘voluntario’, así que traté de quitar hierro al asunto y le conté casi todo lo que había pasado rápidamente. De todas maneras era un tema para hablar una vez, no diez, por eso procuré que Lara y los demás estuvieran presentes porque no iba a repetirlo dos veces.

El resto del día se presentó aburrido y normal como de costumbre. A veces me sorprendía pensando en cómo estaría April, si se encontraría bien, pero al darme cuenta, borraba esos pensamientos de mi cabeza.
Por fin la semana terminó… Aunque con la de deberes, exámenes y demás, daba lo mismo que fuese viernes o lunes. Como era costumbre Paula ya había organizado una excursión al pueblo la semana siguiente y por si fuera poco, una sesión de cine el sábado por la noche, con ayuda de algunos profesores.
Como siempre, el sábado por la mañana me desperté pronto para ir a correr. Gracias a Anna conseguí que me dejaran salir del internado y poder prepararme corriendo los kilómetros que quería, siempre hasta el claro del bosque y volver, ya que más allá de ese claro resultaba más peligroso el lograr ubicarte.

Llegó la noche del cine al aire libre. Anna se encargó de que nos dejaran traer palomitas y bebidas y con suerte a algunos mayores de edad, cerveza sin alcohol o como mucho, cerveza con limón. Pero tuvimos que pagar un precio: Anna eligió la película. Menos mal que dentro de lo estricta que era, podía ser tan cabra loca como algunos de nosotros, así que en referente a las películas se podía decir que llegaba a acertar cinco o seis de diez.
No todos fueron a verla, porque a por algunos venían sus padres, otros preferían la juerga en el comedor y otros se iban de fiesta, siempre y cuando tuvieran autorización. La verdad es que era bastante divertido estar bajo el cielo encapotado, queriendo llover, viendo una película, escuchando de vez en cuando a los árboles moverse de un lado a otro… Pero divertido de verdad era cuando se daban estas circunstancias y lo que veíamos era una peli de miedo.
- Oye Cris… ¿Te queda coca-cola?
- No, ¿por?
- Es que tengo la garganta… ¡Ah! ¡Ya se quién es el de la perilla!
De fondo la gente empezó ‘Shhhh’
- ¿Quieres que vaya a por bebida?
- ¿Qué?
- Que si quieres que… Va, déjalo. Ahora vengo.
Eso era lo peor de ver una película con Paula. Se quedaba empanada que no era ni normal. Había veces que se enfadaba porque soltaba un comentario o se ponía a hablar y yo no estaba.
Caminé tratando de no molestar demasiado, pendiente de no pasar por delante del proyector no fuera que saliera mi sombra. De sopetón, una sombra ocupó un momento la pantalla y me quedé quieta creyendo que había sido yo así que mientras oía como la gente gritaba ‘¡Ehhhhh!’ llegué a la mesa de las bebidas. No sabía exactamente como me las ingeniaría para llevar los dos vasos hasta allí sin derramarlos en la cabeza de alguien… Y sin que ese alguien se molestara demasiado. Entonces fue cuando noté unas manos agarrándome de la cintura y un susurro:
- ¿Te vienes conmigo?

domingo, 11 de julio de 2010

Capítulo 3: Un desgraciado... ¿Accidente? Primera Parte

Al día siguiente desperté sobresaltada por la alarma del despertador. Nunca antes me había sobresaltado… Respiré un par de veces antes de levantarme de la cama, repasando en mi mente lo ocurrido el día anterior y de repente sus ojos, su mirada, sus palabras irrumpieron en mi cabeza como un jarro de agua fría.
- Empezamos bien…
Me di la vuelta, me puse boca abajo y aplasté mi cabeza contra la colcha, como si así hiciera que mis pensamientos desaparecieran. En oídos sordos escuché a alguien entrar como un rayo, gritando.
- ¡Rápido, Cris! Dime qué coño son los senos y cosenos y si el problema te da menos uno… ¿Cris? ¿Aun estás así? ¡Venga! ¡Que tienes que ayudarme a repasar para hacer la estúpida prueba de todos los años!
- ¿Sabes Paula? Creo que han inventado una cosa nueva para que aprendas de una vez todo eso… Déjame pensar, creo que la llaman… ¡Ah, sí! ¿Estudio? ¿Repaso, tal vez?
- Muy graciosa… Vamos, ayúdame, porfa… Porfa… Porfaaaaaa…
- La libreta está encima de la mesa. Déjame ya, anda.
Paula se sentó en el escritorio con mi libreta en las manos, comparando resultados. Se hacía tarde, así que decidí levantarme, darme una ducha y vestirme, mientras que Paula me preguntaba cada dos por tres cómo se hacían las cosas.
- Eso está mal Paula… No se puede hacer una raíz negativa.
- Y yo que pensaba que era la calculadora que se había rayado con el ‘Math error’ ese…

Nos pasamos medio desayuno repasando, incluso por los pasillos hasta llegar a clase, en la cual, como cabía esperar, los exámenes ya estaban preparados encima de la mesa. Los alumnos empezaron a entrar y a ocupar sus asientos. Como de costumbre, todo eran caras conocidas: unas más, otras menos. Normalmente las caras nuevas solían ser de los cursos inferiores.
Comencé a leer el examen mientras veía pasar la gente al lado de mi mesa. Paula se sentó delante de mí, quedando vacío el pupitre de detrás, rezando para que no se sentara el flipado que siempre me preguntaba algo, como si yo fuera una enciclopedia andante. Me ponía de los nervios. La profesora entró y pidió un poco de silencio, el cual no llegó hasta cuatro minutos después de su petición, haciéndome perder diez minutos de examen que luego los listos pedirían a la clase siguiente. Por fin repartió los folios y cuando nos los íbamos pasando, la puerta de la clase se abrió.
- Llega tarde, señorita…
- April.
- April, ¿qué mas? Porque usted tendrá apellido… ¿O no?
- Lemacks.
- Haga el favor de ocupar su asiento, señorita Lemacks. Ocupe el asiento de detrás de la señorita Brais.
April caminó pausadamente por el pasillo de la fila y yo intentaba no levantar la cabeza, mirar aunque fuese el folio en blanco, pero cuando pasó cerca de mí, su mano se paseó por encima de la mesa haciendo que inconscientemente alzara mis ojos y los posara en los suyos, cayendo en su trampa de atención y dedicándome una sonrisa medio triunfal por aquel gesto que había provocado.
- Idiota…- me dije en un susurro.
- ¡Bien señores, pueden empezar con su primer examen del año!
El examen en sí no tenía dificultad, además de que solo era una prueba para evaluar conocimientos o dicho de otra forma, no contaba para nota. Aun así, no podía entender porque estaba nerviosa… Pero no era nerviosismo preexamen, era otra clase de nerviosismo que en años anteriores no había notado. Creo que no pasaron ni veinte minutos cuando escuché la silla de detrás moverse y la figura de April se encaminó hacia la profesora para darle el folio, que para mi sorpresa, no estaba en blanco sino garabateado por las dos partes.
- ¿Ya ha terminado señorita Lemacks o es que no es de su gusto la prueba?- preguntó tajante.
- He terminado su súper examen de cálculo para cerebritos. ¿Puedo salir?- preguntó alargando la mano hasta dejar la hoja encima de la mesa del profesor.
- No, no puede. Vuelva a su sitio y espere a que suene el timbre.
- Es solo un momento… Es importante.
- ¿No cree que su cigarrillo mañanero puede esperar el resto de la clase?
Algunas risas sonaron en la clase, cosa que no pareció agradar a April.
- Verá, creo que no me ha entendido…
- No, señorita, la que no me ha entendido es usted, si le digo que vuelva a su sitio, obedece y se marcha y no le hace perder el tiempo a sus compañeros. No se pase de lista o tendré que dar parte a dirección. Ahora haga el favor de…
De pronto, sin venir a cuento, April se desplomó como si en el aula hubiese desaparecido la gravedad, cayendo redonda al suelo y dándose un sonoro golpe. Fue tan rápido que nadie alcanzó a ver si se había dado con el canto de la mesa o simplemente de cabeza contra el suelo. Todos nos levantamos para ver lo ocurrido, al mismo tiempo que otros ya se habían levantado e intentaban que abriera los ojos o al menos que pudiera levantarse por sí sola. Miré a la profesora la cual llevaba una cara que era todo un poema. De golpe entraron dos profesores alertados por el ruido: Anna y Gabriel, nuestro profesor de gimnasia. Éste la cogió en brazos y se apresuró a llevársela a la enfermería.
- Ehhh… Paula, Cristel y… Aiden. Venid conmigo.
Los tres salimos presurosos de clase detrás de Anna, que nos llevaba junto a Gabriel.
- No os asustéis, es solo para contrastar versiones de lo que ha ocurrido. Sabéis que tenemos que dar parte, así que preferimos no estar equivocados…- ninguno hablaba- ¿Y bien? ¿Me lo pensáis contar algún año o qué?
- Ha sido muy rápido- contestó Aiden- Yo estaba pendiente del examen cuando he escuchado un golpe y ella ya… Ya estaba en el suelo. He ido a verla con dos compañeros más antes de que se la llevara Gabriel y solo he visto que sangraba por la frente…
- ¿Eso es todo?
Aiden asintió.
- ¿No ha habido ninguna pelea, ni malas palabras ni nada?
- Ella solo quería salir fuera, pero la profe se ha cerrado en banda y no le ha dejado.- dijo Paula- Aunque creo que es puro teatro.
La miré… ¿Cómo podía decir eso, si seguramente tendría una brecha sangrante en toda la frente?
- ¿Qué te hace pensar algo así, Paula?
- No se… Es casualidad que el espacio dónde se ha desmayado sea bastante ancho, ¿no crees?
Anna no dijo nada, solo se limitó a mirar a Paula. Sin quitarle la vista de encima, me preguntó:
- ¿Y tú? ¿También crees que ha sido una obra bien interpretada?- me encogí de hombros- Vale… Podéis iros.- nos encaminamos a la puerta, pero antes de cerrarla, Anna añadió- Mejor… Mejor quédate un momento, Cristel.
Paula me dedicó una mirada y se fue junto a Aiden de nuevo a clase.
- Enserio. ¿Crees que lo ha hecho adrede? Sabes que si es así, hay que tomar medidas. Con estas cosas no se juega.
- Yo… Es que no puedo asegurar nada… Solo he visto que se ha caído con su propio peso y que… Se ha dado un buen golpe.
- Sí o no, Cristel. Solo eso: Sí o no.
¿Sí? ¿No? ¿Se había desmayado? Sí. ¿Aposta? No se… Alguien se desmaya adrede sin mesas de por medio, incluso con gente para frenar la caída, no se desmaya y se da de bruces contra lo que sea haciéndose una brecha en la cabeza… ¿O April sí que sería capaz de eso? Y si era así… ¿De qué otras cosas sería capaz?
¿Era mejor que la echaran? ¿Era lo mejor para April… Para mí? Pero… ¿Y si es lo que ella buscaba? ¿Y sí lo que quería era ser expulsada?…
- Cristel…
- No. No creo que lo hiciera…
Gabriel cortó la frase saliendo de la enfermería con la enfermera a su lado.
- Bueno, tan solo ha sido un susto y una bajada de azúcar. A todos nos puede pasar.- Julia me sonrió- Tengo que ir con Gabriel a dirección para dar parte que ha sido una simple bajada de azúcar… ¿Puedes quedarte un momento aquí Anna?
- Sí, claro.
Anna me miró.
- Uf… Qué mal rato… Si es que ya me lo decían ‘no te metas a magisterio que te van ha dar por todos lados’- reí- Um… Creo que he descuidado demasiado mi clase. ¿Podrías hacerle compañía a April?
- Pero yo tengo que…
- Recuerda que puedo obligarte…
Canturreó con la suficiente voz para que yo la escuchara.
- Qué remedio.
Anna se perdió pasillo arriba dejándome sola delante de la enfermería, pensando en si entraba, si me quedaba fuera o si tardarían demasiado en volver Julia y Gabriel. Decidí entrar, más que nada por si le volvía a pasar lo de antes… Si es que de verdad le había pasado.

sábado, 10 de julio de 2010

Capítulo 2: April

Subí hasta mi habitación para poner mis cosas en su sitio y por el camino me topé con mi compañera de habitación.
- Hombre Cristel, ¿cómo estás?
- Bien. Con ganas de regresar.
- Sí, cómo todos aquí- las dos reímos- Yo ya he deshecho las maletas, así que el cuarto es todo tuyo.
- Vale, ya nos veremos.
- Hasta luego.
Retomé el camino, pero a mitad, algo me hizo detenerme. Aparté la maleta a un lado y silenciosamente me acerqué a una de las habitaciones que estaba medio abierta. En ella se hallaba la directora y una chica la cual no conseguía ver bien.
- Ya sabes cómo va esto. Haz lo que te digan y compórtate, que cambias más de colegio que de bragas.- se escuchó otra voz de fondo, pero no lograba ver a la persona- Ya le he dicho a la directora aquí presente que no te deje hacer muchas tonterías, que paso de venir a buscarte otra vez, eh April?
- Que sí. Que prometo que me comportaré bien, no lloraré ni esas cosas. Ahora dejadme en paz de una puta vez.
- ¡April!- le reprimió la voz.
- Ups… Quiero decir, por favor.

De pronto una voz me sobresaltó con un ‘¿Qué haces?’
- ¡Shhhhh! Cállate…
Paula se puso detrás y retrocedimos unos pasos, pero la chica se giró y se quedó mirando por la rendija de la puerta antes de que la directora la cerrara del todo.
- ¿Qué pasa? ¿Quién era?
- Gracias a ti, no sé.
- Es que no sabía que tenías una vena cotilla. He visto la maleta en mitad del pasillo y pensaba que te había pasado algo.
- Parece ser que hay chica nueva en el internado. Aunque no viene muy contenta.
- Pues como todos… Todos somos pájaros encarcelados en contra de nuestra voluntad, para que luego digan que ser rico es ‘divino de la muerte’… ¡Pues hasta los dieciocho nanai, señores!
- ¡Baja la voz! Al final nos verán.
- ‘Tá bien. Enga que te ayudo a deshacer las maletas.

Entre una cosa y otra se hizo la hora de la cena y las dos bajamos hablando de todo un poco, distraídas. Cuando entramos al comedor, Paula empezó a mirar hacia todas las esquinas y mesas.
- ¿Qué haces?
- A ver si veo a la nueva. ¿Sabes cómo era?
En ese momento me vino un flashback. La chica miraba por la rendija, había fijado sus ojos en ella tratado de distinguir algo… Lo poco que había conseguido ver era sus ojos azules, el azul más oscuro que había visto nunca. Más oscuros incluso que el mar.
- ¿Eeeooo? Que si sabes cómo era o algo.
- No. No alcancé a verla.

Llegamos a la mesa y nos sentamos con el grupo habitual. Lara, mi compañera, contaba la caída de su hermano pequeño, explicando la brecha que se había abierto en la cabeza. Bayron contaba lo estupendo de su caballo ‘Dark’, los saltos que pegaba y lo buen jinete que era. Cada uno hablaba de sus cosas, reían, etc
- Cris, cuéntales a quién vistes entrenando.
- ¿Qué?
- Sí, ya sabes. El tío este que ganó las olimpiadas… Da igual, ya lo cuento yo por ti. Pues estaba aquí la dama corriendo sus kilómetros cuando se le acercó…
Mientras atendía como Paula relataba mi historia, noté que alguien se acercaba por detrás y me tocaba el hombro.
- Perdona que te moleste Cristel, pero Anna me ha dicho que si por favor podrías acercarte a su mesa que quiere hablar contigo.
- Claro, ahora voy.
Toda la mesa se me quedó mirando con la misma cara de incertidumbre que debía de tener yo. Fui a ver a Anna, que era nuestra tutora y profesora de literatura.
- Buenas noches. ¿Querías verme, Anna?
- Sí, ven conmigo.
Salimos fuera del comedor y me sentía más observada de lo normal.
- Puedes relajarte, no es nada de ti- dijo riendo- Simplemente es que creo que de todas estas hormonas con patas que comen como animales (algunos, no todos, tu no te chives, ¿eh?) eres de las más maduras. Lo sé, las comparaciones son odiosas, pero hay que ser realistas y si tu has sido elegida delegada, ha sido por algo, así que necesito que me hagas un favor.
- Dime…
- Es que verás, me han dicho que ha llegado una chica nueva, pero no me apetece mucho ir a buscarla… No por nada, es que después de cenar tengo que hacer unas cosas para el curso, así que había pensado que podrías hacerle ahora en un momento un mini tour por aquí cuando venga.
- ¿Cuándo venga?
- Sí, es que hasta mañana no empiezan las clases, y tenía que hacer no se qué trámites… Así que cuando esté aquí, te llamo, ¿vale? Bueno, de todas formas como soy tu profesora puedo obligarte, pero prefiero ir de buen rollo. Si lo haces puedo dejarte un par de asistencias negativas sin dar parte, por ser tú.

Sonrió y yo asentí con la cabeza pensando que hasta amenazando tenía esa facción y esa voz suave tan suya. En verdad daba un poco de miedo. Al cabo de un rato, Paula me señaló a Anna y me despedí de ella con un ‘madre mía’.
Anna me condujo hasta el ‘hall’, donde una chica de pelo azabache liso y largo hasta los hombros, esperaba de espaldas a nosotras.
- April, esta va a ser tu guía andante. Haz el favor de comportarte, ¿eh? Que de todos es la más normalita, así que no la estropees. Ala Cris, que tengas suerte.
Anna se dio la vuelta y se alejó, mientras pensaba para mis adentros si lo que había dicho era un halago o una forma de decir que yo era ‘aburrida’.
April me miró con una media sonrisa forzada en sus labios y pude observar que no me había equivocado respecto a sus ojos: eran tan oscuros que ni siquiera la luz de las lámparas hacían que destellaran ni un poco.
- Así que tú eres la del tour… Puedes ahorrártelo, ya me conozco el internado.
- Pero si acabas de llegar. ¿De qué lo conoces?
- De otras veces.
- Imposible.
- Bueno, quizás vine un día de puertas abiertas…
- Aquí no hay jornada de puertas abiertas.
La miré fijamente… ¿Acaso me estaba vacilando o qué? Ella se limitó a reír.
- Enserio, no me estoy quedando contigo. Aunque lo pones muy fácil.
- ¿Entonces por qué no lo has dicho antes?
- Porque quería saber a quién me traían para hacer el recorrido. Simple curiosidad. Pero ponme a prueba si no te lo crees, pregúntame lo que quieras.- su intensa mirada ganó a la mía- Lo que sea.
Me lo pensé varias veces, no estaba segura, igual era una broma o se estaba riendo de mí en mi cara, así que le pregunté dónde estaba la clase de química. Esa estaba bastante escondida.
- Sabía que empezarías por ahí. Está en el segundo piso, entre la ventana y la pared de ladrillo y enfrente de la barandilla con pegatinas.- miró mi cara sonriendo- ¿Sorprendida? Era muy sencillo.
- No, no lo era. Solo lo sabes si has estado aquí alguna vez.
- O suerte de principiante, según se mire…- caminó unos pasos hacia delante- Oye, ya que estás aquí, podrías acompañarme a mi habitación. Así no pierdes del todo el tiempo.
Abrí la boca para decirle que para qué quería que la acompañara, si ella ya sabía dónde estaba, pero eso sería contarle que en cierta forma, la había espiado.
- De acuerdo.
Me di la vuelta y la conduje hasta las escaleras que llevaban al pasillo. Me sentía un poco cohibida, ya que April iba detrás de mí, completamente en silencio, y podía sentir su mirada en mi nuca. Sentía como si me estuviera observando, como si cualquier gesto que hiciera, ella pudiera interpretarlo de alguna manera.
- Y… ¿Cuánto llevas tú aquí?
- Pues… Desde los doce años.
- Ajá, y en estos cuatro o cinco años… ¿Nadie te enseñó que es de mala educación escuchar detrás de una puerta conversaciones ajenas?

Me paré en seco. Me giré lentamente hasta que nuestras miradas se cruzaron.
- No era… No era mi intención.
April se había parado antes de formular la pregunta. Desde la distancia aparentaba un gesto algo serio que en parte, me heló... Yo no solía ser así de cotilla y seguramente eso es lo que en ese momento creería… ¿Qué estaría pensando de mí? Me sorprendí de aquel pensamiento… ¿De verdad me importaba lo que pensara?
Ella caminó con paso firme hasta donde estaba, sin bajar la vista ni un momento, y se colocó frente a mí.
- No eres muy silenciosa que digamos. ¿Querías saber algo en particular? Ahora me tienes aquí, de frente, puedes decirme lo que quieras.
- No era nada… No se ni porqué me paré. Supongo que me llamó algo la atención, ahora no recuerdo el qué.
- Ya… Sin embargo has decidido acompañarme a mi cuarto aunque sabías que ya había estado en él. ¿Es la primera vez que mientes o es algo natural en ti?- pronunciaba esas palabras con una tranquilidad increíble. Lo peor era que a mí no se me ocurría qué contestarle- Es más, apuesto a que sabías de sobra que era yo cuando Anna te dijo que me acompañaras, ¿verdad?
Mil cosas me rondaban en la cabeza, pero nada para rebatirle las verdades que había dicho.
- ¿No dices nada? Tal vez pensabas que era un sujeto de estudio o algo así. ¿O es que te he servido para subir la nota de tu estúpida media? Que sepas que yo no soy el mono de feria de nadie. Te aviso que no me gustan que me utilicen, sea de la manera que sea. ¿Te ha quedado claro?
- Para empezar, no creas que me ha hecho ilusión el tener que acompañarte, porque ya he visto lo idiota que eres. Si desde un principio hubieses dicho que no necesitabas que nadie te enseñara el internado, me hubieses ahorrado el perder mi valioso tiempo contigo, así que no vayas de prepotente cuando desde el principio me has dejado claro que querías saber quién te endosaban de guía. ¿O es que tú también sabías que era yo?
- Y si la respuesta a esa pregunta fuera afirmativa… ¿Qué?- añadió acercándose a mí- Acostumbro a utilizar a la gente que me apetece y que se presta a ello, lo contrario nunca, a nadie, le ha salido bien… Así que ten cuidado.
- ¿Eso es una amenaza?
- Tómalo como quieras… Si quieres te lo grabo en el móvil para que se lo enseñes a la directora con lágrimas en los ojos. Pero conmigo no juegues, o yo seré quien juegue contigo hasta que me canse. ¿Lo has entendido?
- ¿Sabes qué? Vete a la mierda.

Me separé de ella dándome la vuelta en dirección a mi habitación que estaba en el otro lado… ‘Una suerte’, pensé en ese momento. Ese pensamiento se vio interrumpido cuando noté como una mano agarraba mi muñeca, me acercaba a ella y me susurraba al oído:
- Lo pones muy fácil Cristel… Tienes carácter. Puede que nunca lleguemos a llevarnos del todo bien, pero torres más altas han caído…

viernes, 9 de julio de 2010

Capítulo 1: El Primer Día

Miraba por la ventana el estupendo paisaje que dejaba atrás de nuevo, o por lo menos si tenía suerte, hasta navidad. Otro curso empezaba en el elitista colegio en el cual mis padres me habían matriculado desde los doce años, con la misma gente de siempre y con los mismos profesores estrictos de siempre. Con miles de normas a seguir y con un millón de obligaciones por hacer… Pero a estas alturas, ya me daba igual. Tanto tiempo allí hacía que considerara aquel edificio como mi segunda casa.

- ¿Sabes qué, Cristy? Me dijo tu madre que han cambiado los uniformes.
- ¿Ah, sí? ¿Y qué han hecho? ¿Por fin han cambiado el rojo oscuro por granate? Espera, no me lo digas… ¡Han puesto bolsillos más amplios! Ya era hora, porque ahí no cabía ni un billete ‘arrepretujado’…
Mi padre me miró con una amplia sonrisa.
- No, creo que solo han mejorado el escudo o algo así… Aunque es bueno saber que no soy el único que piensa que tendrían que quitar el rojo oscuro por granate.
Reí con ganas. El viaje siempre era lo mejor de todo, tanto para ir como para volver, porque mi padre siempre trataba de hablar conmigo, ya fuera contándome cosas de su trabajo, interesándose por mis estudios o simplemente haciendo comentarios idiotas sin venir a cuento.
- Oye, y… Ya sabes…
- ¿Qué?
- Bueno… Pasas mucho tiempo en el internado… Y esas cosas.
- ¿Tratas de decirme algo en concreto?
- Supongo que ya habrás hablado con tu madre sobre… Esas cosas.
- Papá, si vas por ahí, ahórratelo por favor…
- ¿El qué? Si no iba a decir nada. Solo me interesaba por ti como el padre preocupado que soy… Y para saber sutilmente cual es el nombre del chaval al que tengo que partirle la cara por sobar a mi hija.
- ¡Papá!
- ¿Me lo vas a decir?
- ¡No!
Hubo un silencio en todo el coche, en el que escuché en un susurro ‘De todas maneras tu madre me lo contará’ al mismo tiempo que daba un giro y paraba enfrente de la enorme verja. Esta se abrió para dar paso al enorme Volkswagen negro en el que nos encontrábamos.

Llegamos al punto de encuentro por excelencia, en donde se encontraban coches de todo tipo, un montón de padres hablando de miles de cosas diferentes y por supuesto, medio alumnado contándose el verano tan estupendo que habían pasado.
- En fin, ya estamos aquí.- mi padre se quitó el cinturón y se quedó un momento quieto- ¿Sabes qué podríamos hacer? ¡Arrancar de pam el coche e irnos los dos solos a una isla desierta o a la playa! ¿Qué te parece?
- Que todos los años dices lo mismo y nunca lo haces… Y que no te pega decir ‘de pam’.
- Es cierto… Es que tu madre me mataría.- me miró- No es que le tanga miedo a tu madre, no. Yo soy un hombre y los hombres no tenemos miedo…-dijo sonriendo- Solo es que le tengo… Pavor. ¿Te acuerdas de aquel día que se me olvidó ir a la cena? Jamás había pasado tanto miedo… Creía que no volvería a ver a mi pequeña Cristy crecer…
- Papá… Cristy no. No aquí. No aquí nunca. ¿Vale?- dije fusilándole con la mirada.
- Me acabas de recordar a tu madre… Y eso no es bueno.

Ambos salimos del coche e inmediatamente mi padre entabló conversación con un matrimonio y yo aproveché para alejarme e ir a reencontrarme con mis compañeros.
- ¡Cris! ¡Eh, Cris!
Me giré de inmediato y ví a Paula corriendo hacia mí.
- ¡Uh! ¡Increíble! Te tengo que contar el verano de mi vida… ¿Y tu qué? ¿Dónde está tu padre? Quería saludarlo.
- Está allí, hablando como siempre.
- Luego le saludaré. Es que es muy majo. Mira, porque está casado que sino… Gr...
- ¡Dios, que es mi padre! Córtate un poco…
- Tsss… Ten un poco de respeto a tu madrastra, ¿quieres? A ver si voy a tener que internarte… ¡Ah, no! Que ya lo estás.- Paula empezó a reírse ella sola y me contagió la risa.
- Mira que estás mal de la cabeza.- añadí entre risas.
- ¡Hola chicas! ¿El verano bien?
- ¡Hey Bayron! Qué, ¿has follado mucho este verano?
- ¡Paula!
- Si es solo una pregunta… De verdad, que rancia eres a veces.
- Pues no te creas… Y eso que tengo un nuevo caballo, mejor que el anterior. Completamente negro, de ahí su nombre: ‘Dark’.
- Ya, bueno, nadie dijo que el ser guapo le acompañara la inteligencia para poner nombres.
- Muy graciosa. A ti no te pregunto, ya supongo que no habrás jugado al parchís.
- ¡Pero si el parchís es muy divertido! También se juega comiendo.
Los tres volvimos a reír hasta que una tos interrumpió las risas.
- Hola Paula. Hola… Tú- dijo mirando fijamente a Bayron- Cariño, me marcho ya que tengo que llevar a tu madre al aeropuerto. Ya sabes que tienes que estudiar, prestar atención y todas esas cosas que dice tu madre. Por mi parte con que de la habitación solo salgas para ir clase, suficiente.- de pronto se giró a Bayron- Oye, chaval… De hombre a hombre… Más te vale que a mi hija no le hagan nada o iré directamente a por ti y solo a por ti, y no quieras saber lo que puedo a llegar ha hacerte.
- ¡Papá, haz el favor!
Bayron tragó saliva y miró a Paula que se estaba descojonando viva.
- Tranquilo, señor… No le quitaré la vista de encima. ¡No! Quiero decir que la vigilaré… Bueno, más bien que… ¡Uy! Me llama mi hermano. Adiós Paula y… Cris…
- ¡Cómo mola, Señor Brais! Ojala mi padre hubiese dicho eso a los quince años…- yo la miré- Digo… Ups, creo que yo también me voy a poner las cosas en la habitación. Hasta luego.
Esperé a que Paula estuviera lejos y miré a mi padre.
- ¡Qué! Ese niño no te merece.
- Deja de espantarlos, que luego no me dirigen la palabra en todo el curso.
- Um… Entonces funciona.- él me miró con su sonrisa característica, miró a los lados y preguntó- ¿Puedo ya?
- Solo si prometes que después te vas.
- Ufff… Está bien.
Mi padre me abrazó con fuerza y me dio un beso en la mejilla.
- En serio, te cuidado y estudia. Si necesitas algo sabes de sobra que me cojo el primer avión y vengo aquí. Sea lo que sea.
- Lo sé papá. Gracias, en serio.
- Una cosa más.- se metió la mano en el bolsillo y sacó un preservativo- Toma, que se que no todo el monte es orégano.
- ¿Pero qué? ¡Que te van a ver!
- Cógelo.
- Papá, no necesito que… Quiero decir que en el caso de… ¿Crees de veras que es tan complicado conseguirlos o qué?
- ¿Ah, no? ¿¡Pero en qué clase de centro te hemos metido!? ¡Dios! ¡Esto no puede ser! Voy ha hablar con tu madre para sacarte de aquí y…
De un movimiento rápido, me guardé el condón en el bolsillo y empujé a mi padre hacia el coche.
- Vale, ya lo entiendo. Ya me voy… Que sosa puedes llegar a ser, hija mía. Porque tienes la misma mala leche que tu madre, que sino pensaría que te cambiaron al nacer…
Se metió en él, lo puso en marcha y antes de irse bajó la ventanilla para dirigirse a mí una última vez.
- No creas que te voy a dar el resto de la caja. Ese te tiene que durar por lo menos dos años más, hasta que ya no pueda prohibirte nada y te tenga que atar a la pata de la mesa para que no te vayas de casa. ¿Estamos?

Me despedí de él y cuando le perdí de vista, respiré profundamente y una sonrisa se dibujó en mis labios.

Hola! =)

Buenas a quién se pase por aquí! En breve iré colgando una de mis historias... He de decir que no es de las mejores que he hecho, pero no se por qué es la que quiero colgar primero. No hay explicación lógica, es así: me apetece. ¿Qué se le va hacer? No acostumbro a acabar las cosas, a ver si así lo consigo y aunque no sea del todo buena la termino.

Pues nada, ya colgaré el primer trozo!