martes, 21 de septiembre de 2010

Capítulo 34: Sorpresa

De vuelta a la habitación, me encontré con una agradable sorpresa: Lara se encontraba en perfectas condiciones y estaba colocando su ropa de nuevo en el armario.
- ¡Cómo me alegro de que estés bien!- dije mientras le abrazaba.
- No mientas, que Paula ya me contó lo mal que lo pasaste el día del apagón.
- No es verdad… Solo daba un pelín de mal rollo, eso es todo.
- Oye, ¿de dónde vienes con el pijama puesto?
- ¿Qué?- me miré- ¡Ah! Pues… Antes de que vinieras he salido a mirar una cosa.
- Pero si yo llevo aquí…
- ¡Bueno! ¿A que hace un estupendo día? Voy a darme una ducha y a buscar a Paula. ¿Te vienes luego a dar una vuelta? ¡No contestes! Dímelo cuando salga- añadí cortando su frase.
Entré cerrando la puerta con cuidado, acertando a oír unas palabras de Lara, las cuales no entendí. Me metí en la bañera y ahí estuve hasta que me despejé del todo. Mientras el agua caía por mi cuerpo, pensé en una manera de poder hablar con Paula sin que me echara a la primera de cambio. Iba a estar difícil, porque ella ya estaba cansada de mí, pero lo intentaría de todas formas.
De la ducha me caminé en dirección al espejo. Me quedé un rato observando mi reflejo, ojeándome de arriba a bajo. No sabía qué pretendía encontrar hasta que vi una pequeña herida en el labio inferior. La toqué tratando de recordar el momento exacto en el que April me había mordido. A mi mente acudieron distintas imágenes que se vieron interrumpidas por los golpes de Lara a la puerta.
- ¿Te falta mucho?
- ¡No, ya salgo!- le hice saber.

Salí dispuesta a arreglarlo todo con Paula, fuese como fuese, hablaría con ella y le haría entrar en razón. Justo cuando iba hacia su habitación, de la nada apareció April, encaminándose a las escaleras, preparada seguramente para irse. Se le veía algo abatida, enfadada… Dudé si acercarme o no, pues estaba claro que compañía en ese momento no buscaba.
- April…- le llamé- ¡April!
Ella se giró desganada, como si se hubiese topado con una gran molestia que no desaparece.
- Te he escuchado la primera vez, pero suponía que al pasar de ti pillarías la indirecta. Ya veo que no- añadió con frialdad.
- Veo que sigues igual que esta mañana.
- Pues si lo ves, no hace falta que te conteste, ¿no?
- ¿Dónde vas? Sabes que tienes prohibido salir. Al final te expulsarán.
- Dime una cosa… ¿Es necesaria esta conversación? Porque me resultas algo cargante. A veces pienso que eres más corta de lo que aparentas. No hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que lo menos que me apetece en este mundo es estar aquí hablando contigo.
Se giró para continuar su camino, pero le agarré cuanto apenas del brazo, haciendo que se girara.
- Sabes que lo que sea puedes…
- ¿¡Otra vez!? ¡Joder! ¿De verdad no te cansas de ir de buena todo el puto día? Que hayamos echado un polvo no significa que te conviertas automáticamente en mi paño de lágrimas. ¡No! ¡Déjame ya!
Dio la vuelta y en un momento bajó las escaleras, salió del internado y se montó en su coche. Me quedé un rato allí, pensando, hasta que decidí que sería mejor dejar de dar vueltas a las locuras de April. Fui a busca a Paula para que dejara de estar molesta.
- Paula, ¿tienes un minuto?
- No- zanjó.
- Vamos, ¿hasta cuando vas a estar enfadada conmigo?
- Hasta que tú vuelvas a ser tú.
- ¡Deja ya la tontería! ¿Quieres?
Entré cerrando dando un inmenso portazo.
- Vas a romperme la puerta- añadió con enfado.
- Paula, no tienes razón para estar así…
- ¿Qué no? No me haces ni caso, no me cuentas qué pasa, desapareces sin avisar, te largas a la ciudad… Escucha, ¿eh? ¡A la ciudad! Tú sola. ¿¡Y encima me dices que no tengo razón!? ¡Olé tus huevos, Cris!
Se levantó de la silla de golpe, mostrando la rabia que sentía.
- Bueno, tal vez… Sí tengas, un poco de… Razón. Perdona.- traté de excusarme.
- Ahora no arregla nada que me pidas perdón.- se sentó de nuevo- Solo quiero que todo sea como antes. Que seamos amigas.
- Lo somos. Somos amigas, pero no puedes pretender que te cuente cosas que no quiero o no… Te puedo contar.
- ¡Y volvemos al punto de partida! ¿Qué coño es eso que no ‘puedes’ contarme?
- Solo te pido que tengas paciencia… Por favor… Es que quiero estar segura de cosas de las que quizás nunca esté segura y todo se complica cada vez más…
- Tú fumas hierba, ¿verdad? ¡O te la inyectas en vena! Por que sino, te juro que no te entiendo. No hay por donde cogerte, Cris.
- Tú solo, dame tiempo. Solo eso. Hazme el inmenso favor.
Paula resopló moviendo una de sus piernas, nerviosa. Tardaba mucho en responder por lo que yo le daba por perdida.
- ¡Vale! ¡Como quieras! Pero como vea algo que no me guste, aunque sea una tontería, no te hablo en la vida… ¿¡Estamos!?
Me tiré a darle un abrazo que intentaba rechazar de todas las maneras posibles. Por fin, una cosa menos en la que preocuparme.
Quedamos con Lara para dar una vuelta por el bosque. Después de casi una semana encerrada, respirar aire limpio le haría bien. Dimos un largo paseo. Un paseo que se hizo ameno, apacible, entre risas. Fue como recordar la niñez, la primera vez que nos conocimos en aquel mismo lugar con tan solo doce años.

Llegamos al comedor en el que Bayron nos esperaba impaciente con la bandeja en la mano, sentado en la mesa. Sin embargo, sentía que fallaba algo. April no había regresado aún de su escapada. ¿Dónde estaría? Imposible de imaginar, seguro que perdida por ahí. Parecía que le agradara estar siempre desaparecida.
- Bueno, Lara, ahora que estamos sola me podrás contar qué tal, ¿eh?- dije subiendo las escaleras.
- No te entiendo.
- Ya, claro. Bayron ha sido muy amable contigo toda esta semana, ¿cierto?
- No sé, supongo. Lo normal entre amigos.
- Amigos, ¿no?
Ella se giró con una sonrisa dibujada en la cara.
- ¿Por qué no hablamos de ti?- preguntó.
- No me cambies de tema- le espeté.
- ¿Qué pasa entre Eric y tú?
- ¿Eric? ¿Qué pasa con él?
- Dímelo tú. No se siente con nosotros y apenas te habla. Es un tanto extraño.
- Báh, es imbécil.
- ¿Qué pasó?
- Nada, que el otro día se puso un poco idiota y Nico tuvo que…
- ¿Nico?- me miró- ¿Quién es Nico?
- Es el primo de Eric… Creo. Eso me dijo.
Lara se paró en seco y me miró con incredulidad en la mirada.
- ¿Nicholas? ¿Nicholas Harrys?
- Sí, ese mismo. ¿Le conoces?
- ¡Para no! ¿Sabes el fortunón que va a heredar? Por eso él y Eric se llevan a matar, porque el padre de Eric le ha dado la mitad de la herencia a Nicholas. Cuando Eric se enteró no le gustó nada. Esa es la razón de que no se traguen. Ahora entiendo por qué no te quiere ni ver, si estás liada con su primo, pues…
- ¿Quién ha dicho que estemos liados? No es esa la razón de que no me hable. Ni yo estoy segura. Déjale con sus tonterías que cuando quiera algo, ya vendrá.
Entramos en la habitación y empezamos a cambiarnos de ropa mientras yo le dejaba todos los apuntes para ponerse al día.

April llegó después de la cena, quizás algo más cabreada de lo que se fue. Tenía que relajarse, descargar tensiones… Se dirigió a una habitación, tocó a la puerta y de ella salió una chica rubia.
- ¿Puedo pasar?- preguntó con una de sus mejores sonrisas.

Karol bajó a cenar con sus amigos, como siempre hacía. Luego, se marchó a la biblioteca hasta que se cansó y se encaminó hacia su cuarto. Giró el pomo para abrirla, pero el resultado fue negativo, estaba cerrada con llave. Eso le extrañó, normalmente nunca la cerraban. Su compañera le abrió desde dentro, pero la mitad, no le abrió de par en par.
- Amy, ¿a qué juegas? Déjame pasar, anda…
- Esto… Karol, ¿te importaría venir un poco más tarde?
- ¿Por qué? Esta también es mi habitación.
- Lo sé, pero es que ahora estoy algo… Ocupada. Por favor.
Karolina se fijó en Amy. Iba con una camiseta de tirantes y le había abierto la puerta en tanga. Detrás de ella se escuchaba algo de jaleo. ¿Blanco y en botella?
- ¡Ah! Bueno, quizás pueda… Tardar- añadió.
De repente una figura morena de ojos azules con una botella de Vodka en la mano, emergió de detrás.
- ¿Por qué tardas tanto?- April miró a Karol- ¡Hombre! Cuanto tiempo, ¿eh? ¿Quieres un trago?
- Pues… No gracias.- contestó algo descolocada.
- Bueno, más para nosotras. Ale, adiós.
Acto seguido, April le cerró la puerta en las narices. Karolina se quedó enfrente de su habitación con la mirada perdida, asimilando lo ocurrido. Incluso se pellizcó para comprobar que no estaba soñando. Se encogió de hombros y se fue.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Capítulo 33: Serena

La puerta se abrió con un sonoro estruendo y Nico pasó por la puerta con cuidado.
- Has tardado- dijo April.
- ¿Qué esperabas? Hablaba con Cris.
- ¿De?
- Cosas nuestras.
- ¿Vuestras?- increpó ella con un tono amenazante.
- Venía a hablarte de lo que he encontrado, no de Cris.
Ella se relajó sentándose en una de las sillas cubierta por una sábana blanca.
- Dime.
- Bien- sacó un papel- Me informaron de que el libro que buscas desapareció hacía siglos y que ha pasado por muchas manos. Muchísimas- acentuó- Corre el rumor de la maldición que conlleva tenerlo, leerlo e incluso hacer cualquier hechizo que contenga.
- Ve al grano- le incitó.
- Lo compró un coleccionista. Ese es el problema.
- ¿Cuál?- preguntó cansada de tanto misterio.
Nico sacó otro papel que desdobló bajo la atenta mirada de April.
- Mira la foto.
Ella le arrebató el papel para observar detenidamente la foto de un señor medio clavo, con dos ojos marrones grandísimos, nariz de elfo viejo y orejas diminutas.
- ¿Y bien?- preguntó él con una sonrisa.
- No sé quién es- le devolvió el papel- Deja las adivinanzas ya o…
- ¿Te has fijado en el escudo de la familia?
Ella cogió la foto de nuevo y se la quedó mirando. En efecto, detrás del señor se hallaba un escudo familiar con una ‘M’ grabada.
- ¿Magnamara? ¿De los Magnamara del siglo XV?
- XIV- rectificó- ¿No los recuerdas?
- El concepto de que por haber vivido más no quiere decir que me haya conocido a medio mundo, aún no lo entiendes, ¿verdad?
- Hoy estás perdida… ¿Qué pasa? ¿Eres como Sansón pero en vez de cortarte el pelo, te acuestas con Cristel y pierdes tu ingenio? La familia Magnamara englobaba también a la familia Aramada… ¿Te suena ahora?
- ¿Aramada? ¿Cómo Anahí Aramada?
- Su prole, para ser exactos.
- Así que cuando desaparecí, Fredderic y Anahí contrajeron matrimonio… De ahí que Alecc no quisiera que encontrara a Amber, su hija.
- Hijastra. Su hija, Felicia, murió en circunstancias desconocidas.
- Serena…- musitó.
- Anahí fue la que te dejó abandonada en el bosque la primera vez que te hirieron. Ella no te quería cerca de Serena, sabes que eran muy amigas.
- ¿Se vengó? ¿Cómo es que no me enteré?
- Amber ocupó el vacío de Felicia, se mudaron por miedo y ahí terminó todo. Hasta que más adelante nació Eiirin. Ella aceptó la herencia de los Magnamara siguiendo con el negocio de coleccionista.
- Pero el libro lo tenía Serena.
- No siempre… Cuando murió, todo cambió.
April se levantó de la silla algo molesta.
- Me apartó de su lado cuando no debía haberlo hecho.
- Causó problemas, estaba claro que ellos se encargarían.
- Hizo lo que tenía que hacer.
- Venga, si hasta yo sé que aunque fuera otra época, el ejercer magia negra tenía consecuencias.
- Cierra la boca, no estabas allí.
- Que tú estés perdida en el tiempo no creo que sea una buena señal…
- Por mi culpa Serena terminó así. Tengo que arreglarlo. Tienen que pagar.
- April… Eres consciente de que ella… Bueno… ¿Te utilizó en su beneficio?
Ella le fulminó con la mirada. Si las miradas matasen, Nico ya hubiera caído fulminantemente.
- Como vuelvas a insinuar una cosa así, te mato Nicholas. Acabo contigo lentamente y tiro tus restos al mar… ¿¡Lo has comprendido!?
- Perdona…
- Continúa investigando.
- Pero yo…
- No me apetece escucharte más. Guárdatelo para otro día y sigue investigando más a fondo.- contestó con una terrible frialdad en su voz.
- April…
- ¡Que te vayas, te digo!
Él obedeció. Antes de irse, le tiró un anillo.
- Toma, es lo único que queda de Jeremy Thomas Magnamara, el abuelo de Eiirin. Su avión se estrelló cuando consiguió la mejor pieza de su colección. Adivina cual.
Segundos después, Nico no estaba en la habitación. April agarró con desprecio el anillo contemplándolo, dándole vueltas.
- Serena… ¿Qué te hicieron?

sábado, 18 de septiembre de 2010

Capítulo 32: El Descubrimiento

Su voz casi retumbó por toda la estáncia...
- ¡Perfecto entonces! Nos veremos en breve… No, gracias a usted, caballero… Claro, que pase un buen día- cerró el móvil fijando sus ojos en los de ella- ¡April, tengo una estupenda noticia para ti! ¿Sabes aquello que andabas buscando? ¡Puede que lo haya encontrado! Increíble, ¿eh?- añadió guardándose el aparato en el bolsillo.
El chico se paró en seco cuando April se llevó una mano a la cabeza. Él le miró preguntándose qué le pasaba, hasta que miró hacia la cama y me vio a mí. Abrió los ojos de par en par.
- ¡Coño!- miró de nuevo a April- Digo que… ¿Esto no es el cuarto de baño del último piso?- decía caminando hacia atrás- Me he confundido… ¿Pero qué hago aquí? Siento el estorbo, misteriosas desconocidas a las cuales no conozco de nada.
- ¡Nicholas! ¿Quieres dejar de hacer el inútil? Ya has metido la pata, así que no trates de arreglarlo, ¡payaso!- gritó caminando hacia él.
- ¿Y qué se yo que estaría aquí contigo? ¡No soy adivino! ¿Vale?
- Esto… ¿Hola? Sigo aquí.- dije en voz alta.
- Nico, ya hablaremos.-contestó ella en tono de enfado.
- Pero es que… Es importante.
- Si me dejáis vestirme, me iré…- interrumpí.
Nico me miró de arriba a bajo. Ella le dio un golpe en el hombro.
- Sí… Mejor me voy yo. Lo siento, Cris, no sabía que tú y April… Em… Adiós.
Dicho y hecho, él desapareció de nuevo en la oscuridad de las empinadas escaleras. Me giré para mirarla. Ella en silencio me devolvió la mirada pero siguió a lo suyo.
- Conocías a Nico.
- ¿Preguntas o afirmas?
- Actuabas a través de él.
- ¿Preguntas o afirmas?- repitió otra vez- No te equivoques, Cristel. Él y yo solo somos socios.
- ¿No habláis de nada?
- De nada relacionado contigo, si es lo que preguntas. Tengo otras cosas en la cabeza.
- ¿Qué es eso que buscas?
- Nada.
- Nico mencionó…
- A ver, ese ‘nada’ significa que te metas en tus asuntos, ¿estamos? No quieras saberlo todo acerca de mí.
- Eso sería imposible- le repliqué.
- Me estás resultando algo pesada…-fijó sus ojos en los míos- ¿A qué esperas para vestirte?
Murmuré algo para mí mientras buscaba mi ropa. Terminé de vestirme antes que ella por lo que me fui directa hacia la salida sin dirigirle la palabra.
- ¡Ey! Te dije que te vistieras, no que te fueras.
- Me tienes harta. Y encima la culpa es mía por seguirte en tu estúpido juego. Al final siempre soy yo la que acaba recibiendo.
- ¿Por qué dices eso? Tengo que hablar con Nico, por eso te estoy dando prisa.
- Es tu manera de hacer las cosas. Lo odio.
- Bueno, puedes hacer las cosas bien, mal o al modo April… Por mi experiencia, mi modo es más efectivo.
- Que sí, que vale. ¿Me puedo ir ya?
- No.- dijo poniéndose una camiseta.
Caminó hasta mí y me cogió de la muñeca. Acercó lentamente sus labios a los míos.
- Te molestas por nada…-añadió a pocos centímetros de mi boca.
- ¿Por nada? Que utilices a alguien para que indague sobre mí, no es ‘nada’…
- Yo no sabía que tú y él os conocíais. Es más, si lo hubiese sabido, le hubiera dicho que se alejara de ti.
- ¿Por qué?
- Porque eres de mi propiedad.
Iba a recriminarle que no me tratara como si fuera un objeto comprado por ella, cuando me calló con un beso. Seguimos así hasta que su móvil volvió a sonar.
- Será mejor que conteste. Si ves a Nicholas dile que suba.- me di la vuelta para emprender el camino- Y Cristel… No te alejes demasiado hoy- finalizó guiñándome un ojo.

Bajé por el pasadizo y salí del despacho. Me di de frente con él, que esperaba sentado en un escalón, aferrado al móvil.
- April te busca- dije cortante.
Acto seguido continué mi camino hasta que Nico me frenó.
- Espera, Cris… Por favor.
- Tengo prisa.
- En serio, lamento mucho no haberte dicho que conocía a April. Pero entiende que es… Complicado.
- ¿Complicado el qué? Ahora comprendo la razón de tu sorpresa en la fiesta.
- Sí, claro. Cuando me dijiste que te llamabas Cristel tardé en ubicarte, pero entonces ya era tarde.
- Por eso me diste aquellos consejos… Sabías perfectamente de quién te estaba hablando.
- No, eso sí que no. Lo que hablé contigo se quedó entre tú y yo.
- Eres un chivo expiatorio…
- ¡Venga ya! ¿De verdad crees que le conté a April nuestras conversaciones? Dijera lo que te dijera estaba claro lo que iba a pasar.
- Genial, así que iba a hacer una estupidez y me dejaste hacerla. Eso no suma puntos a tu favor.
Paró de andar y yo con él.
- Cris… Me caes de puta madre, eres un cielo de niña, pero baja de las nubes… April gana. Siempre. Más vale que eso se quede grabado en tu cabecita.
- Dime entonces por qué te has sorprendido antes.
- Pues… Verás… Es que… Quizás no diera por supuesto que lo hicieras.
- ¿Qué no hiciera qué? ¿Acostarme con ella?
- Sí.
- ¿Por?
- Preguntas mucho. Principalmente. Además no eres… No eres como las otras.
- ¿En qué sentido?- pregunté confusa.
El teléfono de Nico le vibró en la mano.
- Mira, aplacemos esta charla para otro día, por favor. Te prometo que te responderé a lo que pueda. No quisiera que te hicieras una idea equivocada sobre mí.
- Para eso ya es algo tarde.
- ¿Entonces?
Giré la cabeza dando un resoplido. Moví la pierna sin darme cuenta antes de cruzarme de brazos.
- Está bien. Pero con la condición de que no le digas a ella que vamos a hablar.
- Gracias, Cris.
Se fue, pero a medio camino se dio la vuelta, me dio un beso en la mejilla por sorpresa y volvió sobre nuestros pasos para encontrarse con April.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Capítulo 31: Y la noche llegó...

A la mañana siguiente desperté envuelta en sábanas, boca abajo. No me costó recordar ni dónde estaba ni la razón de estar ahí. Abrí los ojos lentamente, mientras mis oídos se iban despertando conmigo e iban reproduciendo en mi cabeza todos los sonidos que llegaban a ellas. Giré la cabeza emitiendo un bostezo y me coloqué boca arriba antes de empezar a desperezarme. Como era de esperar, April no estaba. Tampoco me sorprendió demasiado conociendo su carácter solitario. Me incorporé en la cama buscando un reloj o algo que se le pareciera, pero en vez de eso me topé con una figura que yacía en el saliente del ventanal. Salí de la cama para asomarme. Ella estaba sentada con los pies colgando, con los ojos cerrados a causa de los rayos del sol.
- ¿Qué haces ahí? Podrías caerte- le reñí.
- Joder… ¿Ya de buena mañana dando por culo?-preguntó toda borde.
- Imbécil- contesté metiéndome dentro.
Empecé a buscar mi camiseta y mi pantalón del pijama para irme. Esta vez me até las zapatillas. Mientras lo hacía, April entró cerrando la ventana.
- Son las seis. Igual todavía puedes ir a correr.- informó.
- No me apetece. Seguramente me quede debajo de la ducha un rato.
- ¿Qué piensas hacer hoy?
- Nada que tenga que ver contigo… Ayer tuve más que suficiente- le reproché.
Justo cuando iba a ponerme la camiseta, ella me la arrebató de las manos.
- ¡Eh! ¡Dámela!
- ¿Para qué? Vete así.
- April, que me lo des.
- No- dijo divertida.
- ¿Es que no puedes dar las gracias como una persona normal y ya está?
- ¿Las gracias? Te dije que te fueras. En vez de eso me diste la noche con tanto movimiento.
- ¡Eso es mentira! Yo no me muevo por las noches.
- ¿Te enseño los morados? ¿O por qué te piensas que he madrugado tanto? Si me has echado de la cama, literalmente…
- ¡No inventes! Di que no te gusta amanecer con gente y punto.
- También.
Nuestros ojos se encontraron y ella tiró la camiseta encima de la cama. Se acercó hasta mí con media sonrisa pícara dibujada en la cara.
- Además, no hay mal que por bien no venga… Ayer me di cuenta de algo…
Cogió mi cadera dándome la vuelta y obligándome a darle la espalda. Una mano rodeó mi cintura y la otra apartó el pelo de mi cuello para luego susurrarme:
- Me di cuenta de que cerca de la tira del sujetador, tienes una marca de nacimiento…
La mano que antes me había apartado el cabello bajaba ahora por mi espalda, haciendo que sintiera un escalofrío a su paso.
- ¿Dejas que la vea mejor?- preguntó en un leve susurro desabrochándome el sujetador.

Sus besos comenzaron en mi cuello. De mi cuello fueron hasta mi hombro y de mi hombro a mi boca. Nuestras lenguas se juntaron en un determinado momento en el que ella, como siempre, dominaba la situación. Me apresó con su cuerpo sin dejarme opción a negarme a nada, mi mente ya volaba en otra dirección, en la dirección que April quería. Jugó a morderme el labio inferior, a utilizarme como le venía en gana. De nuevo sentí mis pantalones caer suavemente por mis piernas al mismo tiempo que ella acariciaba mi muslo. Me llevó hasta la columna de la enorme cama apoyándome en ella. Se agachó lentamente besándome el estómago. Sus manos tal como iban venían recorriendo cada espacio de mi semidesnudo cuerpo. Al final terminé tendida en la cama, sintiendo un cúmulo de sensaciones a la cual más intensa que la anterior, notando sus besos por mi ardiente cuerpo, mezclando nuestro aroma, nuestro sudor, nuestros incesantes jadeos… Mi respiración se entrecortaba por momentos, cada vez que April ejercía uno de sus movimientos que me hacían encorvar la espalda o gemir entre espasmos que ella misma provocaba.
- Di mi nombre- me decía al oído- Dilo…
Ella controlaba todo… Me controlaba a mí, que era lo que principalmente deseaba. Por fin había conseguido lo que tanto ansiaba, por fin me había tenido entre sus brazos, pegada a su cuerpo, pudiendo hacer conmigo todo lo que quisiera sin que nadie se interpusiera en su camino. Después de esto… ¿Qué pasaría? ¿Seguiría deseando mi cuerpo? ¿Deseando poseerme de nuevo?
- Cristel, bésame con más fuerza…-susurraba.
Aceleró sus besos, sus movimientos. Ella me sumergía en mi propio universo lleno de placeres inimaginables. Sentía cómo me abrasaba la piel, cómo April ejercía ese control sobre mí, cómo su boca controlaba la mía… Tantas sensaciones en tan poco tiempo… Cada poro de mi piel se tambaleaba con tenerla tan cerca. Mis labios se contrajeron entre jadeos irrefrenables y ganas de besarla, que se hacían insoportables y difíciles de parar. Pero ella no me dejaba actuar de ningún modo.

No me hacía a la idea de cómo había llegado a aquello, algo que nunca antes hubiera imaginado, algo que, antes de que April entrara en escena, no hubiese pensado. Pero tampoco podía engañarme: me encantaba. Ella me estaba abriendo una puerta a la que yo, tal vez, no hubiera accedido meses antes.

Despertamos, o mejor dicho, desperté al cabo de un rato bastante largo. Después estuve reflexionando y haciéndome a la idea de todo lo que me había sucedido cuando sonó un móvil. Como no lo esperaba me sobresalté.
- Anda, pásamelo- dijo April soltando una risa.
Ella miró la pantalla de reojo antes de darle a ‘colgar’ soltando un soplido.
- ¿Es alguien de pelo rubio?- pregunté sin darle importancia.
- No… Es alguien de pelo pelirrojo, creo.- contestó.
- ¿Crees? ¿No estás segura de qué color tiene el pelo?
- Es que se lo cambia a menudo…
- Madre mía- dije riendo.
- ¿De qué te ríes?
- Nada, nada… Da igual.
April me lanzó una mirada antes de levantarse de la cama y empezar a vestirse. Iba a hacer lo mismo cuando de pronto se escuchó la vieja puerta cerrarse al mismo tiempo que una persona pasaba mirando hacia atrás, con el teléfono en la oreja.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Capítulo 30: Otra Vez Igual

April se extrañó de verme ahí, pero no dijo nada. Solo cogió su cuaderno, se tumbó en la cama y se puso a escribir, todo aquello en un sepulcral silencio.
Era tal la sensación de paz, que si agudizaba bien el oído, lograba escuchar la rozadura del bolígrafo con el papel. Reí al darme cuenta del escrito de April: ‘¿Deseas que te amen?’ Ella me miró a causa de la risa.
- ¿Deseas que te amen?- empecé a recitar.
Nunca pierdas, entonces,
el rumbo de tu corazón.
Sólo aquello que eres has de ser,
y aquello que simulas, jamás serás.
Así, en el mundo, tu modo sutil,
tu gracia, tu bellísimo ser,
serán objeto de elogio sin fin
y el Amor... un sencillo deber.

Aunque intentó esconderlo me miró con curiosidad.
- Edgar Allan Poe- sonreí- Un gran escritor, ¿no crees?
Cerró la libreta y la dejó encima de la cama junto al boli. Sin levantarse continuaba contemplándome.
- No sabía que te gustaran los poemas.
- Y no me gustan. Solo escribía.- contestó con desgana.
- ¿Cómo es que te lo sabes de memoria?
- Lo he copiado.
- ¿De dónde, si no tenías ningún libro en las manos?
- Estaba a medio terminar.
- No es cierto, lo has escrito desde el principio.
April se levantó de la cama. Dar explicaciones no le gustaba nada de nada. Mi vista continuaba presa del embrujo de la noche.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó ella molesta.
- No podía dormir.- giré la cabeza para encontrarme con sus ojos- ¿Y tú? ¿Nunca duermes o qué?
- No es asunto tuyo.
- Imaginaba que estarías de fiesta con tu amiga rubia.
- Ya ves que no.
- ¿Quieres que me vaya?- pregunté esperando alguna respuesta que me hiciera irme.
- Haz lo que quieras.- sentenció.
- ¿Por qué te comportas de esta forma?
- No me comporto de ninguna forma.
- Lo haces. Te comportas de una manera muy desagradable.
- Nadie te obliga a aguantarme.
- ¿En la cena no querías violarme?
- ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
- La cualidad que tienes para separar las cosas según te convenga, da miedo, ¿lo sabías?
- Cuando me acuesto con alguien no espero que esté ahí cuando me despierte. Mucho menos que me cuente sus problemas.
- ¿Tampoco te interesan los míos?
- ¿Has perdido algún apunte? ¡No, espera! ¿Se te han emborronado los deberes?- preguntó con ironía.
- Muy graciosa. Apúntate a monologuista.
Nuestro amigo el silencio incómodo hizo su aparición de nuevo. Dejé de mirar por la ventana dispuesta a irme a mi habitación, ya que allí no pintaba nada, tan solo parecía molestarla.
- ¿Dónde vas?- preguntó cuando me vio cerca de la puerta- Si te quieres quedar, con que estés callada, sobra.
- ¿Es tu manera de pedirme que me quede?
- No, ya te he dicho antes que hicieras lo que quisieras.- reprochó April.
- Pues eso hago: irme. A no ser que quieras lo contrario.- ella solo calló- ¿Quién calla otorga?- pregunté sonriendo.
April miró hacia un lado cruzada de brazos.
- Vale, lo dejaremos así.- dije riendo.
Caminé hacia ella hasta que nuestros ojos se cruzaron.
- ¿Estás bien?- pregunté ocultando mi preocupación.
- ¿Por qué no iba a estarlo?
- Te fuiste corriendo del comedor.
- ¿Y qué?
- ¿Ahora sí puedo tocarte? ¿Y acercarme a ti?
- ¿Eso quieres?
- No lo sé… ¿Me dejas averiguarlo?
- Luego la loca soy yo. Pues al menos la loca sabe lo que quiere y no está cambiando de opinión cada día.
- Refréscame la memoria. ¿Me quieres a mí?
- Sino tienes por ahí una hermana gemela- me agarró de la cintura y me atrajo hasta ella- Sí. Es a ti a quién quiero.
- Pero… ¿Y si yo quiero a otra persona?- pregunté.
- A ver si lo adivino… ¿Karol quizás?
- O Eric- añadí en un tono inocente.
- No hagas esto, Cristel.- advirtió.
- ¿Qué no haga el qué?
- Ponerme a prueba. No lo intentes, no me gustaría que acabaras mal…
- ¿Amenazas otra vez?
- Son hechos. Me conozco. Sé que si haces esto podría perderme... Así que no me induzcas a pensar esa clase de cosas, porque no terminará bien.
Sus ojos ennegrecieron un poco, y su penetrante mirada invadió mis pupilas. Se separó de mí y caminó hasta la mesita de noche, cuando llegó hasta ella dio de nuevo la vuelta. April se llevó el pulgar a la boca en un acto que aplacara o le distrajera de esas imágenes incesantes que golpeaban su cabeza. De pronto se pegó a mí y me empujó contra la pared al mismo tiempo que me daba un beso rudo y largo.
- ¿A qué viene este arrebato?- pregunté confundida.
- No es ningún arrebato, es lo que he deseado hacer desde hace tiempo… Entiéndelo, no lo puedo aguantar más.
- April…
- ¡No! Esto concluye aquí. Necesito que seas mía por fin, necesito poseerte en tu totalidad. No soporto ni un día más pensando con quién estás o dejas de estar.
- Yo no…
- Esto se ha alargado mucho… No resisto esta situación, te tengo día y noche en mi cabeza, y solo quiero controlarte, hacer que dejes a esa niñata que te gusta tanto… El simple hecho de imaginarte con ella me hacer hervir la sangre. Tan solo con el hecho de creer que te haya podido tocar antes que yo me supera. No voy a permitir que ella me gane. ¡No lo voy a hacer!
- Esto no es ninguna competición- contesté como pude.
- Es igual. Contigo todo es difícil. Y no quiero, no puedo apartarte a un lado, porque desde que bajaste de aquel coche fuiste únicamente mía. Aunque tú no lo supieras. Solo mía…
Apresó mi cadera mientras volvía a besarme. Estaba echa un lío… Ella me atraía hacia su cuerpo controlando cada movimiento. No podía hacer nada, estaba desarmada.
Sus manos en un par de movimientos se deshicieron de la camiseta, dejándome medio desnuda a la luz de aquella impresionante luna. Después le siguieron mis pantalones y cuando me quise dar cuenta, estaba en la cama, con el cuerpo de April cubriendo ligeramente el mío. Sentía su aliento recorrer mi cuello, frenarse en mi oído, bajar hasta mis labios. Notaba sus jadeos como parte de los míos, sin embargo, no podía evitar esa sensación que te dice que algo no va bien…

Rozó su brazo con mi mano y pude comprobar todo el calor que desprendía su cuerpo. Como el día del desmayo, en la enfermería. Su piel quemaba como una llama.
- April… Ardes- dije con la respiración entrecortada.
Pero ella no oía mis palabras… Ella estaba absolutamente enloquecida, no escuchaba nada, no atendía a razones… Seguía su instinto jugando conmigo. Acarició bruscamente mi pierna hasta que en una de aquellas clavó sus uñas en mi muslo.
- ¡Ah!- grité… De nuevo su piel ardiendo- April… Para… Tienes que parar… ¡Para!- chillé consiguiendo que se incorporara.
Fijó sus ojos en los míos. Me miraba, pero yo sabía que andaba perdida. Esa mirada, esos ojos tan oscurecidos, no eran una buena señal. Nada más se separó me apresuré a ponerle la mano en la frente y a tocarle de nuevo el brazo.
- Estás ardiendo… Esto no puede estar bien. Tenemos que ir a la enfermería a que te vea Julia.
- No…- dijo con un hilo de voz- Se me… Pasará.
- Quemas. April, se podrías derretir un hielo con tu piel… Por favor.
Tragó saliva y se levantó precipitadamente de la cama, dirigiéndose al ventanal, el cual abrió lo suficiente para que entrara aire.

Una ráfaga de viento inundó por un segundo la instancia. April seguía inmóvil delante de la ventana, observando la nada. El viento revolvía ligeramente su pelo azabache, el cual bailaba una danza silenciosa. Opté por levantarme también y acercarme a ella. Estaba de pie, quieta, con la cabeza apoyada en uno de sus brazos en el marco del ventanal, perdida en su mundo…
- ¿April?- pregunté en voz baja.
- Estoy bien. Ahora quiero estar sola- dijo en un tono autoritario.
- Ni en broma te voy a dejar aquí sola… Y menos con esa fiebre.
- Que estés o no aquí no soluciona el problema. Así que lárgate.
- ¿Entonces qué lo soluciona?
- Tú no- finalizó.
- Siempre haces igual, pero si te crees que por tratarme mal voy a irme, lo llevas claro.
Le agarré de la muñeca para obligarla a darse la vuelta. Era increíble, aún continuaba ardiendo, como si fuera la última brasa rebelde que se niega a apagarse en una hoguera. Enseguida se soltó de mi mano con un gesto de enfado.
- ¿Qué haces? ¡No me toques!- gritó.
- Necesitas ayuda.
- ¡Lo que necesito es que desaparezcas de mi vista!
Añadió sentándose en el bordillo de la ventana. Descansó su espalda en el cristal y agachó su cabeza mientras con sus manos cubría su cara. Era la primera vez en mi vida que sentía que no tenía la respuesta acertada. Tenía que hacer algo, pero no sabía ni por dónde empezar… Ella no se dejaba ayudar y a eso se le sumaba que aquella fiebre anormal no desaparecía.
Me agaché hasta ponerme a su altura.
- ¿Qué puedo hacer?- pregunté- Dime qué puedo hacer para que te baje la fiebre… Y lo haré. Pero por favor April, si no funciona, déjame llevarte con Julia. Te lo pido por favor.- dije casi rogando.
- No tienes por qué estar conmigo. Qué estés cerca solo empeora las cosas.
- ¿Dices que el estar así es culpa mía?- no contestó- ¿Es mi culpa, April?
- ¡Deja ya de hablar! ¡A ver si te enteras que no hace falta que me tengas lástima!
Apoyé una de mis manos en su rodilla. Pude notar cómo aquel grito vino acompañado de un acelerón de su corazón. Le latía a toda prisa.
- Mírame a los ojos…- alcé su cabeza hasta que mis ojos se encontraron con los suyos- Estoy aquí contigo, April. Solo contigo. Únicamente contigo, ¿de acuerdo? Y no me marcho no porque te tenga lástima, sino porque estoy preocupada por ti.
Besé sus labios ardientes en un intento de que reaccionara, para bien o para mal, pero que lo hiciera antes de que me preocupara ya de verdad. Apartó la cara bruscamente y se levantó dándome de nuevo la espalada.
- Esto no está bien… No funciona así- dijo en un susurro casi inaudible.
- ¿De qué hablas?
- Me cuesta… Respirar- volvió a susurrar.
Se agarró el estómago con ambas manos y flexionó su cuerpo poco a poco hasta que acabó de rodillas en el suelo. Desde donde estaba pude ver cómo brillaba su cara a causa del sudor. Ahora una gota le recorría un lado de la cara. Fui rápida a su encuentro sin saber qué podía hacer por ella. Le rodeé con mis brazos por detrás.
- April, tengo miedo…-le dije tratando de ser creíble- Tengo miedo de perderte.
Ella tan solo profirió un medio grito ahogado.
- Ni siquiera me conoces. ¿Cómo vas a tener miedo de algo así?
- No sé… Te juro que no lo sé, pero hay algo que me une a ti y no tengo ni idea de qué es… Me induce a estar contigo a pensar en ti a cada minuto. Me da lo mismo conocerte o no. Tan solo siento que me necesitas más de lo que haces ver…
- Hace tiempo que dejé de necesitar a… Alguien.
- Pero es que yo no soy ‘alguien’- contesté.
Le apreté más fuerte contra mí. Parecía que el ardor iba desapareciendo, aunque no del todo, sí un poco. Noté cómo le costaba tragar saliva y cómo su corazón se iba calmando al mismo tiempo que su piel dejaba de estar caliente.
- Cristel… Suéltame- ordenó.
- ¿Por qué?
- Hazlo- volvió a ordenar.
Me aparté de ella poniéndome de pie casi con un salto. Ella se levantó del suelo poco a poco, despacio, sin hacer movimientos violentos, bajo mi atenta mirada que no dejaba de examinarla de arriba a bajo por lo que pudiera pasar. Comprobé desde la distancia que ya respiraba bien, sin embargo, sus ojos seguían de un tono oscuro. Se pasó una mano por la cabeza, y respiró profundamente: estaba aún mareada.
- Para de mirarme así.- dijo molesta.
- ¿Cómo te miro?
- Como si te importara.- contestó fríamente.
Caminó pausadamente hasta la cama, dónde se tumbó con un brazo tapándole la cara y con una de sus piernas flexionada. Crucé mis brazos pensando en qué hacer: si quedarme, irme, hablarle, callarme… ¿Por qué era todo tan sumamente complicado? ¿Por qué April era tan sumamente complicada?
- No te quedes ahí plantada, si te quieres ir, vete. Nadie te obliga a ser mi niñera.- añadió desde la cama.
Llegué al otro lado de la cama y me senté de espaladas a ella. Desconfiaba de dejarla allí sola por si le pasaba otra vez… Además, recordé el sueño tan extraño que había tenido estando sola en la habitación, así que prefería quedarme en ese cuarto, si a April no le importaba, claro.
- ¿Puedo… Quedarme?- pregunté titubeando.
- ¿Tienes miedo de estar a solas en la oscuridad de tu habitación o qué?
- Algo así.
- No me gusta compartir cama- sentenció lo más tajante que pudo.
- Dormiré en el suelo- concluí.
- Vete a la mierda, Cristel.
- ¿No tienes más argumentos para rebatirme?
- ¿Sabes qué? Haz lo que te de la gana, pero no quiero oírte en toda la noche.
Me recosté en el lado izquierdo de aquella grandísima cama, intentando que mi brazo, pierna o cualquier otra extremidad no invadieran su espacio.
- ¿Seguro que ya estás bien?- pregunté.
- ¿Qué es lo que te he dicho? Apaga la puta luz y cállate.
- ¿En ese orden?
Ella pegó un bufido de cansancio y se dio la vuelta. La imité, pero hasta que no supe que se había dormido, no cerré los ojos.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Capítulo 29: Una noche de Locos

Regresé a la mesa con Paula dándole vueltas a lo que había ocurrido momentos antes.
- ¿Dónde te has ido a dejar la bandeja? ¿O es que la has limpiado tú misma?- preguntó Paula un poco mosqueada.
- Me he distraído…
- Vaya… ¿Por qué no me extraña? Últimamente es lo único que haces.
- Déjame, lo que menos me hace falta eres tú haciendo de mi conciencia.- le reprendí.
- ¡Tranquila, que me parece que yo no te haré de nada a partir de hoy!
Se levantó de la mesa y desapareció entre la gente bandeja en mano. Bayron se me quedó mirando.
- ¿Y tú qué? ¿También crees lo mismo que ella?- pregunté con algo de enfado.
- Yo… No digo nada.- y siguió comiendo.
Por mi parte, me cansé de estar allí, necesitaba silencio en esos momentos, así que me fui a mi habitación. ¿Qué se suponía que estaba haciendo? Paula se había ido y a mí ni siquiera se me había pasado por la cabeza el ir a buscarla. ‘Cris, te vas superando cada día’ pensé en mi fuero interno.
A lo lejos vi una figura que me resultó familiar… Tal vez hablando con alguien llegara a una respuesta.
- ¡Nico!- grité.
Él se guardó algo en el bolsillo, se frenó y esperó pacientemente mi llegada con aquella seductora sonrisa de la que hacía gala siempre. El día que le faltara eso, creo que su esencia desaparecería y significaría que algo va mal. Pero que muy mal.
- Hola, Cris. ¿Me llamabas?
- Em… Sí. Es que te he visto… Espero que no te importe- me disculpé.
- ¡Qué va! Ahora no tengo nada importante que hacer.- me miró- ¿Qué tal si damos un paseo?
Sonreí. Empezamos a caminar hacia la salida, esquivando a gente que iba en contra dirección.
- ¿Y bien? ¿Qué tal te va todo?- preguntó él galantemente.
- Bien- musité.
- ¿Cómo está tu amiga? Con la que compartías habitación.
- ¿Lara? Mañana le darán el alta.
- Me alegro- sonrió- Aunque creo que lo que quieres es hablar de algo en concreto, ¿verdad?
- Algo así… Pero es que no sé cómo plantearlo.
- ¿Pierdes algo?- preguntó directo, como si supiera de que fuera la cosa.
- ¿Qué?
- Si pierdes algo por hacer lo que quieras hacer.
- No quiero- apresuré a corregir- Y puede que si pierda algo…
- ¿Ganas alguna cosa?
- No, creo que no.
- Entonces ya sabes la respuesta. ¿Por qué sigues dudando?- me encogí de hombros- A veces la gente necesita equivocarse. Si no te equivocas, no sabes que a la próxima no debes ir por esa senda.
- Pero es que ya sé que no debo ir por esa senda.
- Entiendo. Lo que quieres evitar es equivocarte, sentir que podrías haber evitado el daño… ¿No te has parado a pensar que en el proceso de encontrar la senda, caminar por ella, tropezar, seguir y caer definitivamente, es lo que hace divertido el camino?
- Lo que no me gustaría sería que la senda guiara mi camino.
- ¡Ah, vale! Tú eres de las que prefiere atravesar el bosque en perpendicular y pasar entre todos los matojos, ¿no?
Nos pusimos a reír. La verdad era que quizás las reflexiones de Nico no me ayudaban del todo, pero tenía que decir que eran bastante divertidas.
- No te compliques la vida, Cris. Creo firmemente que no eres de las personas que comenten un error tan grande que no se pueda reparar. Eres lista, sabrás salir de cualquier problema que se te presente.
- Gracias Nico.
- Si no te importa, yo me quedo aquí que he de esperar a un amigo. Espero haberte ayudado.
- Claro- reí- Gracias de nuevo, ojo que todo lo ve.
Él río mientras me daba la vuelta para irme definitivamente a mi cuarto.

Solo llegar me tiré encima de la cama y así estuve un rato hasta que decidí darme un largo baño. Me ordené a mí misma que hasta que no estuviera como una pasa, no saldría de allí.
Hundí la cabeza en el agua, ajena a todos los ruidos que hacía la gente, dejando la mente en blanco, respirando acompasadamente en un intento de relajarme. Escuché unos ruidos a los que no di importancia. Después de unos minutos, afloraron de nuevo más fuertes, pero seguí sin hacer caso, hasta que el ruido se hizo más que evidente. Saqué la cabeza del agua y observé todo el baño. Ni rastro de nada.
- Me estoy volviendo loca…
Dije a la vez que me hundía de nuevo en el agua templada. Cerré los ojos, encerrándome en mi mundo. Sentí una cosa. No sabía qué era, pero algo me decía que lo que fuera, no tenía que estar ahí. Abrí los ojos poco a poco. Ante mí, una sombra fue cogiendo forma… ¿Quién era? Traté de incorporarme sin éxito. Estaba como paralizada. La sombra estiró el brazo y poco a poco se fue acercando. Quise gritar o levantarme de golpe… Todo era inútil. No servía para nada porque aquella cosa no se frenaba, solo continuaba su camino. De pronto me costó respirar, noté cómo algo apretaba mi cabeza procurándome un dolor increíblemente fuerte. Me ahogaba… Me ahogaba y no podía hacer nada por salvarme…
- Yo lo intenté… Ahora es tu turno- dijo una voz melodiosa antes de que todo fuera silencio sumergido en oscuridad.

Desperté de golpe y me incorporé como un muelle encima de la cama. Por mi frente bajaba una gota de sudor frío que despareció cuando pasé mi brazo por ella, exhausta, asustada, convenciéndome de que todo había sido un sueño, pues yacía en mi cama con el pijama puesto y al mirar el reloj, me di cuenta que eran más de la una. Inspiré y expiré buscando una explicación al hecho de no acordarme de nada: ni de haber salido de la ducha ni de acostarme en la cama. Apoyé mis manos en la cara haciendo el esfuerzo de recordar algo, en vano… A mi cabeza no venía ninguna imagen. Era como cuando despiertas de un sueño recordándolo todo y al levantarte, se te ha olvidado. Pero la cabeza me dolía, me daba vueltas, y notaba una extraña sensación en la boca del estómago. Encendí las luces para cerciorarme de que estaba sola. Estaba desvelada, ahora con tanto pensar no iba a poder conciliar el sueño. Necesitaba evadirme de aquella pesadilla, así que cogí las primeras zapatillas que encontré y sin ni siquiera atármelas, me dirigí a los pasillos. Quizás caminando pudiera despejarme además de cansarme lo suficiente para tener sueño.

Anduve de arriba a bajo, subí, bajé escaleras. Me senté a mirar la noche desde una de las ventanas antes de escuchar unos pasos. Rápidamente conseguí esconderme, porque se suponía que a estas horas no se podía salir de la habitación, pero en ese momento mi cabeza lo requería de verdad. Pasó un profesor que no pude distinguir. En cuanto se perdió en el fondo del pasillo, empecé a subir escaleras sin darme cuenta de cuales eran… Me sorprendí sentada en el último escalón del último piso. Quise irme, pero una vocecilla interior me incitó a ir al escondite: ‘Con suerte, si ella no está…’ pensé caminando ya hasta el despacho, abriendo la puerta, buscando la dichosa obertura e intentando hacer el mínimo sonido posible. Llegué delante de la roída puerta y entré en la oscura habitación, tan solo iluminada por un halo de luz que provenía de aquel enorme ventanal, tapado débilmente con unas cortinas nuevas. Di al interruptor el cual encendió algunas de las bombillas que andaban distribuidas malamente por el cuarto.
Ahora entendía por qué a April le gustaba tanto ese lugar… Era mágico. O al menos lo era de noche. Aparté la cortina y la luz de la luna lo invadió prácticamente todo. El bosque desde aquella altura se asemejaba al de las películas de terror, moviéndose al compás del viento, con las palomas ululando en las copas de los árboles.

Casi hechizada por ese paisaje, me senté al lado del ventanal dispuesta a no pensar en nada, solo a dejarme llevar por los miles de ruidos que el viento traía consigo. Respiré hondo y pude comprobar con asombro cómo mi cuerpo se iba relajando, cómo mi mente se despejaba, cómo de pronto, todo estaba bien… Sonreí hacia mis adentros. Así me quedé durante unos minutos, no se exactamente cuantos fueron, ni tampoco me importó averiguarlo. Al cabo de un tiempo, percibí el conocido baile de la obertura abriéndose y unos pasos dirigiéndose hacia el ahora iluminado cuarto.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Capítulo 28: La complicada April

¿Qué haría? El tiempo se me vino encima con la cena en la cual estuve ausente, sin prestar atención a nadie, sin darme cuenta de que Paula, Bayron, etc. Cuchicheaban a mis espaldas, queriendo hacerse eco de lo que me pasaba, la razón de estar tan distante esos días. Lo único que tenía claro era que tenía que hacer algo. Y tenía que hacerlo ya, sin pensar, porque como lo pensara tan solo un segundo, seguiría recluida en mi mente, prisionera de todos aquellos pensamientos que no me llevaban a ninguna parte.
- ¿Sabéis algo de Eric?- preguntó Paula.
Bayron negó con la cabeza y me propinó un golpe que me hizo despertar del trance.
- No.- contesté sin saber ni de qué estaban hablando.
- Es que lleva un par de días perdido. Ni siquiera ha venido a ligar contigo, Cris… Eso es sospechoso.
Recordé el pequeño encontronazo que tuvimos en el último piso. Pues si estaba enfadado, que se apañara, a la próxima volvería a hacer el subnormal. Giré la cabeza suspirando, buscando un hueco en el que fijar la vista y volver a perderme entre mis pensamientos, pero en vez de eso, me encontré con April. Me sorprendí porque era la primera vez que la veía en el comedor con todos los demás.
Estaba sentada en una mesa charlando bastante animadamente con una chica de pelo rubio y una estúpida sonrisa pintada en la cara. No paraban de reírse las gracias mutuamente mientras ella se iba acercando a la chica cada vez más.
- … Vas a acabar en la enfermería- alcancé a escuchar.
Me di la vuelta para mirar de dónde provenía la voz que había dicho aquello. Paula me miraba con gesto cansado al ver que no hacía caso a nada de lo que decía.
- ¿Me hablas a mí?- pregunté.
- ¿A cuantas ‘Cris’ ves en esta mesa?- bufó aburrida- Te decía que como sigas apretando así el vaso, vas a acabar en la enfermería.
Quité la mano de golpe ante la atenta mirada de Bayron y Paula.
- Yo no… Estaba apretando el vaso- me excusé.
- Sí lo hacías. ¿Qué te pasa?
Miré de nuevo hacia April haciendo caso omiso a esa pregunta. Me quedé mirando la bandeja antes de levantarme decidida a decirle que no contara con mi presencia esa noche.
- Ahora vengo- dije mirando a Bayron.
- ¿Dónde vas? Si casi no has comido.
- No tengo hambre. Dejo la bandeja y vuelvo enseguida, ¿vale?- añadí sonriendo.
A Paula no le agradó la respuesta pero prefirió no decir nada. Caminé hasta la basura para después dirigirme a dejar la bandeja junto a otras que se llevaban a lavar. Me acerqué lo suficiente como para escuchar las risas de ellas dos, pero entonces no lo tuve tan claro, no tuve tan claro a qué venía, si a decirle que no iba a ir aquella noche o a molestarla por el simple hecho de estar flirteando con la chica.
Desde donde estaba, podía ver cómo April le susurraba cosas al oído que le hacían reír, le rozaba la pierna con una de sus manos y le apartaba algunas veces el pelo de la cara. En determinado momento, ella sacó un papel que deslizó despacio por la mesa, hasta que sus manos se juntaron. Di la vuelta dispuesta a irme, pero al final cedí ante el impulso de parar aquello. Eché a andar hasta la mesa en la que ellas dos estaban sentadas, alejadas de inoportunidades… Menos de mí.
- Esto… April, ¿tienes un momento?- dije carraspeando.
La chica me miró con gesto de fastidio, sin embargo April ni se inmutó.
- Tengo que hablar contigo sobre una cosa.- repetí de nuevo.
- Y no puede esperar.- añadió fríamente- ¿No ves que estoy ocupada?
Acto seguido continuó la conversación como si nada la hubiese interrumpido.
- Está bien, como quieras. Luego no me vengas con tus paranoias cuando no aparezca cuando tú quieras.
Me giré y fui andando pendiente de si hacía o no hacía algo. Por supuesto había picado en lo que le había dicho. Después de decirle a la chica: ‘¿Me disculpas un momento?’ fue detrás de mí hasta que me paré detrás de una columna.
- Espero que tengas una buena excusa para haber hecho esto. Habla ya, que tengo cosas que hacer.- renegó April.
- Creo que tu ligue puede esperar, ¿no?
- Qué quieres- me increpó.
- Decirte algo.
Fijó sus ojos en los míos algo molesta.
- ¿Va o qué? No tengo toda la noche.
- Quiero… - afiancé mis palabras antes de soltarlas- Negociar.
- ¿Negociar?- ella me miró tratando de entender- ¿Negociar el qué, exactamente?
- Pues… Esto. Todo esto.
- ¿Estás tonta o qué? A mí me hablas claro. Aunque no entiendo qué coño quieres, no me ha sonado bien, así que olvídalo porque la respuesta es no.
- Tan solo necesito saber si pararás de atosigarme cuando te de lo que quieres.
- ¿Para esta chorrada me haces venir? No me preguntes cuando sabes la respuesta.
- No, no la sé. Te pregunto si me dejarás en paz cuando… Bueno, si eso.
- Por supuesto- dijo sonriendo- Que no- finalizó con gesto serio.
- ¿Por qué no?
- ¿Acaso te ha sentado mal la comida?- dijo mirándome fijamente- Preguntas cosas sin sentido… Claro que no voy a negociar y claro que no voy a dejarte así como así.
- Por qué.- volví a recriminar.
- Que no me de la gana es una razón de peso para mí. ¿Para ti no?
- No lo suficiente.
- Oye, no necesito darte ninguna explicación. Me perteneces y punto. Si hace falta puedes tomártelo como que eres, de mi colección, la que más a costado de conseguir y por lo tanto, un trofeo. ¿Estamos? Ahora tengo que hacer unas ‘gestiones’ sino te importa.- dijo mirando de nuevo a la chica rubia.
- No quiero ser de tu estúpida ‘colección’… Mucho menos quiero ser tu trofeo. Ni tampoco te pertenezco.- cogí aire- Odio que hagas todo esto.
- ¡Oh! ¿Te vas a poner a llorar?- rió- No seas cría. Este juego no lo empecé yo sola, además, esta mañana fuiste tú la que lo puso más divertido.
- Ésta mañana creí que quería, pero no es así.
- Cristel- dijo con una voz suave- Las dos sabemos cómo terminará todo esto… No lo alarguemos más, ¿vale? Que me estás hartando y al final acabaré violándote por los pasillos, ¡joder!
Me quedé totalmente sorprendida por aquella reacción. April tan solo resopló al mismo tiempo que se pegaba más a mí.
- ¿Qué quieres que te diga si cada vez que te veo me cuesta frenar mis impulsos animales? Lo controlo, pero no soy de piedra…
- Ya veo que no eres de piedra.- fijé mi mirada en la chica de la mesa- Me parece que tu rubia se está mosqueando.
Ella se giró para contemplarla, y yo aproveché para dar un paso hacia atrás que no pasó desapercibido.
- Te puedo asegurar que lo que te revienta a ti al verme con ‘mi rubia’ no se puede equiparar a lo que me revienta a mí verte con otra… U otro- añadió mirándome a los ojos.
- No me molesta… Que estés con otras- le contesté.
- Claro, por eso has venido hasta aquí. Por eso no has podido esperar a que acabara de hablar, ¿cierto?
- Creí oportuno hablar la negociación antes de ésta noche. Nunca sé dónde te encuentras, así que he venido porque quizás después desaparecerías… Como siempre haces- aseguré.
- Está bien. No hay negociación que valga. ¿Contenta?
- En absoluto.
Ella rió falsamente, dirigiendo la vista hacia Paula.
- ¿Qué diría Paulita si te besara aquí y ahora?
- ¿Tanto te interesa saberlo?
- ¿Y a ti?
- Que lo vea Paula, al fin y al cabo, me da lo mismo- April miró hacia un lado- Seguramente me fastidiaría más que lo viera Karol, ¿sabes?
No sé qué me impulsó a pronunciar aquellas palabras, supongo que el hecho de que ella siempre se proclamara ganadora de peleas inútiles, me hizo pensar en alguna manera de ponerla nerviosa o a la defensiva.
- ¿Karol?
- Sí, ¿no la recuerdas? Qué extraño… Ella sí se acuerda de ti. Y de la libreta, la cual pediste ‘amablemente’…
- ¿Qué te ha dicho esa niñata?
- ¿Quieres que te lo cuente?
- No me provoques…
- No lo hago. Simplemente te cuento. Pensaba que éramos amigas y podía contarte mis cosas…- dije con una enorme sonrisa.
Se apartó de mí sin dejar de mirarme.
- ¿Qué habéis hecho?- preguntó.
- Nada, solo hablar.
- De qué.
- De todo, de nada… ¿Qué más te da?
Se revolvió nerviosa aunque no hizo amago de nada, ni de irse, ni de quedarse. En la mente de April se dibujó una escena con las palabras ‘voy muy por delante de ti’, cosa que la enfureció, a pesar de no demostrarlo de cara a los demás.
- Dime qué habéis hecho después de que me fuera.- exigió ella.
- Solo hemos hablado.
- ¡No me tomes por idiota!- dijo sin llegar chillar a pleno pulmón.
- Te digo la verdad- le dije firmemente.
- Por tu bien que así sea, porque como me entere que tú y ella…- no terminó la frase- Te juro que soy capaz de lo peor.
- ¿Te estás oyendo? La que estás liando tú sola con tus propios cuentos.- reí.
- Cállate. Cierra la puta boca. No sigas hablando, no quiero oírte…
Pude ver sus ojos de nuevo oscuros, logré escuchar cómo respiraba aceleradamente y noté un poco de rabia por su parte. Percibía todo eso, pero no lo veía… Por ejemplo, su cara, estaba totalmente relajada, sus facciones no eran para nada de alguien enfadado. Sin embargo ella lo estaba. Sabía que lo estaba.
- April- dije algo preocupada.
- ¡No! No me toques… Ni se te ocurra acercarte.
Me miró una vez más antes de irse del comedor. ¿Qué había sido eso? ¿Qué había pasado? No comprendía absolutamente nada. ¿Estaba bien? ¿Mal? Igual lo había empeorado todo por bocazas… Yo y mi bocaza otra vez.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Capítulo 27: Charla con Karol

April pasó por su lado chocando adrede contra su hombro, y Karolina se quedó de nuevo quieta delante de mi habitación decidiendo si entrar o no. Claro que ella no iba a entrar en su provocación… ¿O quizás sí? Se dio la vuelta gritando el nombre de April.
- ¡Sigo con ventaja y por delante de ti!
Chilló lo suficiente para que le escuchara. A pesar de que ella tan solo se paró unos segundos, Karol dio por hecho que le había oído perfectamente.

Tocaron a la puerta. Esperaba que no fuera ella de nuevo… Porque sino sería pasarse con tanto agobio. Abrí despacio y no pude evitar resoplar con tranquilidad cuando vi el rostro de Karol emerger desde el otro lado.
- ¡Hola! ¿Qué hay, Cris?
Le sonreí haciendo un gesto con la cabeza para que entrara.
- Vaya, veo que ya te han devuelto la libreta.- dijo mirando hacia la mesa.
- ¿Qué libreta?- miré también- ¿No te la había dejado a ti?- pregunté confusa.
- Sí, pero hoy April me la ha pedido muy amablemente por los pasillos.
- ¿Amablemente?- levanté una ceja- Amablemente y April no son conceptos que puedan ir en una misma frase.
- Bueno… Quizás me abordara un poco…
- ¿Te ha dicho algo?
- Nada importante. Pero creo que a su entender, soy una amenaza o algo.
- Serán imaginaciones tuyas- dije fingiendo una risa.
- ¿Tú crees?- se sentó en la silla- Quizás fui yo la que entendió mal.
- Tal vez.- seguí vistiéndome tratando de aparentar tranquilidad.
- Es que no sé… Me dio la impresión de que estaba mosqueada por alguna cosa.
- Quizás.
- ¿Ella no es tu amiga?
- Hombre… Amiga, amiga, lo que se dice amiga… Tampoco, solo asistimos a la misma clase. Aunque eso no quiere decir que me tenga que conocer toda su vida.
- No, claro.
¿Amiga? ¿Conocer toda su vida? Ni lo uno ni lo otro y sin embargo me estaba planteando muy seriamente ir a verla aquella noche… Decididamente, estaba desvariando por momentos.
- ¿Sabes para qué he venido?- rompió el silencio Karol con una enorme sonrisa.
- Si lo supiera, creo que no te haría mucha gracia.
- ¡Exacto! Es una sorpresa…- se levantó de un salto de la silla- ¡Venía a invitarte a mi próxima competición! ¿A que mola? Tengo entradas V.I.P para ti y si quieres también para tus amigos.
- ¿Entradas?
- Ya sabes lo que quiero decir, chica…
- ¿Chica?
- ¿Vas a venir o no?- preguntó ladeando la cabeza- Mira que es una oportunidad única, que después, cuando sea famosa en todo el mundo, no te haré ni caso.
- Vaya, cuanta sinceridad, ¿no?
- ¡Jó! Respóndeme ya… ¡Que no aguanto la tensión!
- Me lo pensaré.
- ¡Ah! Muy bonito, ¿eh? Muy bonito. O sea, vengo aquí toda ilusionada para hacerte partícipe de una cosa tan importante en mi vida, y tú lo único que contestas es un ‘me lo pensaré’… Ya te vale… ¡Ya, te vale! Luego querrás que yo…
- ¡Está bien! ¡Vale! Iré. Me pondré en la primera fila si quieres, pero para de hacerte la víctima.
- No me hago la víctima. Soy persuasiva.
Se pasó un rato contándome dónde sería, quienes irían a competir, cómo Gabriel le había ayudado a ponerse en contacto con preparadores cualificados y un largo etcétera. Se le veía tan emocionada por hacer lo que más le gustaba, que no tuve cuerpo de cortarle, así que seguí escuchando con atención todo lo que me iba diciendo.
- … ¡Y esa es toda la historia! Para más información, consultar la Wikipedia.
- No se por qué, pero te veo capaz de haberte hecho una Wikipedia tú misma.
- ¡Por favor! No tengo tanta soberbia- me miró y le devolví la mirada- Es que, simplemente, no lo había pensado. Pero oye, igual me pongo a ello… Porque en cuanto gane la competición, seguramente todas las miradas vayan hacia mí.
- Demasiado segura te veo.
- ¡Pues como hay que sentirse!- rió- Además, hasta que no consiga lo que quiero, no pararé.
Aquella frase me sonó al más puro estilo April, por eso no pude evitar mirar a Karol con cara de tonta.
- ¿Qué?- pregunté.
- ¿Qué, de qué?- repitió ella.
- Lo… Lo que acabas de decir.
Me miró con cara de extrañada y no era para menos.
- ¿El qué de todo?
- Eso de… ‘Hasta que no consiga lo que quiero, no voy a parar’
- No pararé- rectificó- Es lo que he dicho. ¿Te parece tan raro? A todo el mundo le gusta optar al premio, ¿no? Tú estudias para conseguir lo que quieres, es decir, una carrera.
- Sí, claro…
- ¿Estás bien? Te encuentro más atolondrada de lo normal.
- No sé… Es como una sensación. Si alguien quiere conseguir algo, hace todo lo posible por lograrlo, pero… ¿Y luego? ¿Qué es lo que pasa después?
- Lo de siempre, que o bien te cansas o bien pretendes superarte.
- Superarte…-repetí.
- En serio Cris, me estás asustando.
- ¿Cómo te puedes cansar? Quiero decir… Cansarte de verdad.
- A eso no se le llama cansancio, se le llama tirar la toalla.
- No… Eso seguro que no…- seguí con mi conversación sin darme cuenta de la mirada que Karol me lanzaba- Si quieres algo vas a por ello, te vuelves cabezota y sigues recto… Es como cuando corro, hasta que no llego a la meta no paro. ¿Es posible que tenga que cruzar la meta para dejar de correr?
- Oye… Tú estás mal… Muy mal.
- ¿No dicen que si no puedes con el enemigo, debes unirte a él?
- Depende en qué casos.
- ¿En casos extremos?
- ¿Hay casos tan extremos en el que la única solución sea rebajarte ante el enemigo?- dijo riendo.
- ¿Rebajarme?
- Si te unes al enemigo, flaqueas. ¿No es peor eso?
Terminé con la cabeza como un bombo, sin ninguna aclaración y tendida completamente en la cama, como si aquella acción me llevara a una solución esclarecedora.
- Cris… ¿Tienes algún problema que quieras compartir?
- Cuando se desea algo, cualquier cosa, cómo haces para… Frenarlo. Cómo haces para que desaparezca del todo o al menos, la mitad… ¿Cómo se logra?
- Teniéndolo. Teniendo en tus manos eso con lo que has soñado. Alcanzando por fin la meta, como tú dices.
Me incorporé encontrándome con sus ojos, esos ojos verdes que te hacían la vida más sencilla con el simple gesto de reflejarte en ellos.
- Me da la impresión de que hoy la adulta eres tú y la niña llorica yo.
- Todos necesitamos desahogarnos. El que más o el que menos, vive con sus propios temores, con sus demonios... Todo el mundo se autodestruye al negarle a alguien la posibilidad de ayudarle.
- Pues creo que acabas de hacerlo.
- ¿El qué?
- Ayudarme.
Ella tan solo me dedicó una sonrisa y una mirada de complicidad que agradecí profundamente. Era verdad, en cierta manera me había ayudado a ver las cosas desde otra perspectiva, desde otro ángulo más próximo al de April. Si ella lo único que quería era un polvo, dicho de golpe, quizás dándole esa oportunidad se aburriría, se cansaría… Y tal vez, solo tal vez, me dejaba en paz lo que quedaba de curso. No más acosos, ni dobles sentidos, ni seguimientos de todo tipo… No más ella. No más April.
Eso pensé en caliente, pero cuando Karol se marchó, meditándolo fríamente, aquel plan iba a fallar. Seguro. Porque igual ella encontraba esa situación divertida y lo empeoraba todavía el doble.

martes, 7 de septiembre de 2010

Capítulo 26: ¿Pero qué hago?

Nada más llegar a mi cuarto corrí a meterme bajo la ducha para tener un respiro. Pensé que quizás el agua fría podría despejarme un poco, pero no funcionaba… No paraban de venirme fragmentos de imágenes, trozos de conversaciones, todos entremezclados, y eso hacía que me doliera la cabeza. Aún dejando la mente en blanco, me daba la sensación de que ella estaba presente.
- Tengo que dejar de hacer esto- me dije a mí misma- Tengo que dejar de pensar que ella me controla… Esto es una locura transitoria. Sí, solo eso…
Mientras notaba el agua helada caer, escuché un sonido que venía de fuera. Cerré el grifo y agudicé el oído pero como no escuché nada, nuevamente lo abrí confiada de que eran imaginaciones mías. Entonces me asomé por la cortina para asegurarme de que todo iba bien.
- ¡¡Ah!!- grité con todas mis fuerzas- ¡Jo-der! ¡Jo-der!- volví a repetir tratando de retomar la respiración- ¿¡Tú qué pretendes apareciendo a lo ‘Psicosis’!? ¿¡Matarme!?
- He tocado a la puerta, luego te he llamado, pero no has contestado.
- ¡No has pensado que podía no estar!
- Te he visto entrar hace un rato. Creí que pasabas de mí, aunque aún así estabas tardando mucho en abrir.
- Qué bonito… ¿Ahora me dirás que te has preocupado por mí?- dije en tono de sorna.
April calló. Yo me metí en la ducha respirando casi a bocanadas y cuando conseguí tranquilizarme un mínimo, seguí a lo mío.
- Venía a traerte esto.
- Sea lo que sea, déjalo en la mesa.
- ¿No vas a ver qué es?
- Luego.
- ¿Estás enfadada?
- No.
- Tampoco tendrías por qué estarlo.
- Pues eso.
- Me estás poniendo nerviosa.- continué duchándome- Sabes mejor que nadie que no conviene ponerme nerviosa…
- Lo sé.
De fondo oí la puerta del baño cerrarse. Saqué con cuidado la cabeza, por si era otra jugarreta de ella para asustarme de nuevo, pero no la vi. Al rato la puerta del baño se volvió a abrir.
- ¡Vale, ya está bien! No conseguirás nada ignorándome, así que como no me prestes atención, me meto contigo en la ducha. ¡Tú eliges!
Nada más acabó la frase me giré tan rápido por si cumplía su amenaza, que casi me descalabro la cabeza.
- ¡Ni se te ocurra!- chillé sacando la cabeza entre las cortinas.
April descansaba apoyada en el lavabo, por suerte para mí, vestida. La contemplé extrañada.
- ¿Qué?- me increpó.
- ¿Eres consciente de que llevas el uniforme completo?
- ¿Y?
- Eso, que no es propio de ti… Te has puesto incluso la corbata. ¿De qué va todo esto?
- Son mis problemas.
- Genial.- dije metiendo la cabeza.
- ¡Cristel! ¡Sal de ahí!
- ¡Que me dejes! Estoy harta de tus idas y venidas y de esos cambios de humor tan raros que te gastas… ¡Así que olvídame!
- No…
- ¡No, nada! Esta mañana no me has hecho ni caso, es más, me has echado de allí sin pensarlo. Luego nos hemos cruzado en el pasillo, has pasado por mi lado y otra vez has pasado de mí. ¡Pues que sepas que no soy tu perrito faldero!
- ¿Has terminado?
- ¡No!...-saqué el brazo buscando la inexistente toalla- Pásame la toalla que no la encuentro…
April la cogió del suelo para después acercármela.
- En el pasillo no te he visto. Iba con la mente en otro lado.
- Sí claro. Ahora resulta que soy invisible. ¡Gracias por la aclaración!
- ¡Qué bajes la voz, caramba!
- Aparta de enmedio…-dije saliendo de la ducha con la toalla.
- Había quedado con la directora.
- ¿Con la directora? ¿Para qué?
- No sé, para tomar café, pastitas… ¡No te jode! ¿Para qué va ser?
- Bueno, vale… Si no querías contármelo no haberlo hecho.
- ¡Pero si eres tú la que insiste!
- ¿Ahora quién grita?
Ella resopló algo nerviosa, aunque estaba aguantando el tipo haciendo ver que no le importaba dar explicaciones. Siendo sincera, provocarla era bastante divertido.
- ¿Te expulsan?
- No. Me pondrá tan solo un castigo.
- ¡Qué suerte! ¿Eh?- dije irónicamente.
- Lo que he podido comprobar ha sido la gran estima que todos parecen tenerte.
- ¿Eso a qué viene?
- Viene a que cuando he mencionado tu nombre, la loca se ha extrañado y ha puesto cara de: ¡Uó! Le vas a arruinar la vida a nuestra mejor estudiante…
Yo me quedé callada. Sus ojos se clavaron en mí, pero no le miré.
- ¿No dices nada?
- ¿Qué quieres que te diga?- pregunté encogiéndome de hombros.
- Creía que dirías algo. Cualquier cosa.
Abrí la boca sin que nada saliera de ella.
- ¿Piensas eso de verdad? ¿Qué te arruinaré la vida?
- No sé…
- Perfecto- dijo ofendida- Entonces ahora no tengo nada que perder…
Me agarró de la cintura e intercambió su lugar con el mío. April me miraba fijamente mientras me apretaba contra el lavabo y contra ella misma simultáneamente.
- No te haces a la idea de lo que me pone verte así… Empapada de arriba a… Bajo.
Intentó darme un beso, pero le quité la cara a tiempo.
- ¿Eres consciente de que en este momento podría quitarte la toalla y hacer lo que quisiera contigo?- preguntó fingiendo seriedad en la mirada.
- Si tuvieras valor…
- ¿Perdona?- preguntó sorprendida- ¿Me estás vacilando? O peor… ¿Me estás provocando? ¿Tú? ¿Tú a mí?
- Eres muy controladora, pero hoy me he dado cuenta de algo.
- ¿De qué?
- ¿Recuerdas esta mañana? Se porqué pasaste de mi cara.
- Ilumíname- añadió divertida.
- Simplemente te asustaste. Te echaste para atrás solo porque no fuiste tú la que decidió cuando y dónde. Porque no tenías planeado que fuese a verte. Porque sin tus planes de ante mano, te pierdes fácilmente.
- ¿Todo eso se te ha ocurrido a ti solita? ¡Wow!
- No voy a dejar que me controles. Si quieres poner tus reglas, adelante, pero no pienso cumplirlas.
Ella se acercó poco a poco hasta juntar su frente con la mía, sin dejar de mirarme.
- ¿No me digas que quieres probar el dulce sabor del control?
- No me hace falta saborearlo… Yo ya poseo el control.
- En serio, sea lo que sea que te estés metiendo, déjalo ipso facto- dijo riendo.
- ¿Ah, no? Entonces… ¿No soy yo la que elige el cuando?
Separó su rostro del mío sin bajar la vista ni un momento. Sonrió antes de acercar sus labios lentamente a mis labios, y sin casi rozarlos, susurró:
- No te haces a la idea de lo que me encanta jugar a este juego…
Me besó. En mi cabeza me preguntaba si estaba segura… ¿Segura de qué? No estaba segura de nada. Ella era una maniática del control capaz de cualquier barbaridad para conseguir lo que ansiaba… Sin embargo, eso, ella, me resultaba imposible de apartar, de dejarlo a un lado, de olvidarlo. ¿Pasaría algo si curioseaba dentro de todas estas sensaciones que ella me hacía sentir? Igualmente, era demasiado tarde para dar un paso atrás…
- Está bien… Tengo curiosidad por conocer tu juego… Si estás tan segura de lo que has dicho, no tendrás inconveniente en pasarte por la habitación esta misma noche… ¿Verdad, Cristel?
Un escalofrío recorrió mi cuerpo desde el cuero cabelludo hasta mis piernas, bajando por mi estómago el cual respondió con un espasmo, inadvertido por nadie que no fuera yo misma.
- Puede ser…- dije con un hilo de voz.
- Te doy la gran oportunidad de ser tú la que decida… Si hoy no vienes, no habrá segunda oportunidad y será entonces cuando yo elija. Elegiré el momento que más me guste… Y lo que me gusta no es siempre lo correcto.
Se separó de mí haciendo que notara aún más su ausencia, que extrañara su calor pegado al mío. Era tanto lo que me sucedía, que no podía describirlo.
Dio la vuelta sonriendo con una sonrisa triunfal, dirigiéndose a la salida a la vez que yo salía del baño y contemplaba como se alejaba, abría la puerta y desde fuera decía:
- Cristel, recuerda lo que hemos hablado. Hasta esta… Noche- acentuó cerrando la puerta del todo y guiñando un ojo a Karol, que se había parado enfrente de la misma.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Capítulo 25: Encontronazo con Eric

Estaba algo molesta por el comportamiento de April, pero me dije que ya era hora de dejar de pensar en tonterías y centrarme en cosas más importantes. Iba tan rápido que no me percaté de que la puerta de mi habitación estaba entre abierta, así que pegué portazo para abrir como siempre y le di de lleno a Paula, que andaba vagando por el cuarto desde hacía tiempo.
- ¡Coño! ¿¡No has visto la luz, bestia!?
- Uf, lo siento mucho, Paula- dije conteniéndome la risa.
- ¡Eso, encima ríete!
- ¿Yo qué iba a saber que estabas aquí?
- Lo sabrías si te hubieses dignado a coger el móvil.
- ¿El móvil?
- Te has esfumado en mitad de la clase y no has venido a la última, así que te he llamado, pero tú como si oyeras llover.
Me puse a buscar el móvil por toda la habitación. Aparté la cama, miré debajo del escritorio, levanté la colcha y ni rastro. ¿Pero dónde lo había metido?
- ¿No lo encuentras?
- ¿No ves que no?
- Bueno, respira… Tampoco es que tuvieras fotos sugerentes ni nada así- rió.
- Pero tengo las fotos de este verano, números de teléfono, la nueva dirección de mi hermano… ¡Todo!
- Tranquila, ya verás como aparece.
- ¿Y si no? Mi madre me mata…
- ¿Tu madre? ¡Pero si pasa de ti!- le miré- No… Quiero decir que tu madre precisamente…
- Se me olvidó pasar al ordenador las fotos de la boda de mi prima…
- ¿Qué? ¡Te lo dije! Pues sí que te va a matar… Tu madre se curró hasta el tapizado de las sillas.
- Tengo que buscarlo.
Me levanté precipitándome hacia la puerta para abrirla y salir de allí. Recorrí junto a Paula su habitación, los pasillos, el patio, miramos dentro de las clases, miré en mi mochila… No sabía por dónde buscar, lo habíamos recorrido todo.
- ¿Miramos en la enfermería?- preguntó ella.
Mi mente se puso a pensar… En la enfermería no estaría, porque la última vez que la pisé llevaba el móvil en el bolsillo. Si en la enfermería no estaba… Entonces solo me quedaba un sitio en el que no había mirado.
- Em… Paula, ¿podrías ir tú a preguntar a Julia?
- ¿Dónde vas?
- A… A preguntar a Gabriel por si lo ha visto por la verja o algo…
- Vale, pues cuando acabes me mandas una perdida- dijo caminando hacia la enfermería y riendo.

No tenía ningunas ganas de ir al despacho, pero si quería encontrar el móvil, por desgracia tenía que deshacer todos mis pasos. De nuevo subí las escaleras para ir al escondite de April, cuando tropecé en un escalón y de no ser porque me cogí de la barandilla, me hubiese caído hacia abajo.
- Mierda…- dije en voz baja.
- ¡Hey! ¿Llegabas tarde a algún sitio?
Él me tendió la mano para darme impulso y subir el último escalón.
- ¿Eric?
- El mismo que viste y calza. ¿Qué te trae por aquí, princesa?
- Pues… He perdido el móvil…
- ¿Y lo buscas en el último piso?- preguntó sorprendido.
- Sí, bueno, un tanto extraño pero por mirar… ¿Y tú qué?
- Nada. Solo paseaba.
- ¿En el último piso?
Rió antes de que el silencio hiciera su aparición. Por el rabillo del ojo observaba en dirección al despacho, atenta a cualquier movimiento.
- En fin…- dijo suspirando- Iba a dártelo en otro momento algo más… Íntimo.
Se metió la mano en el bolsillo y de él sacó un aparato negro con la pantalla iluminada a causa de las llamadas de Paula.
- ¿Por qué lo tienes tú?
- Se te calló el otro día en gimnasia, creí que te diste cuenta. Quería devolvértelo, en serio… El caso es que como no lo mencionaste se me olvidó que lo tenía y hoy justamente te he visto buscarlo. Es entonces cuando se me ha encendido la luz.
- Dámelo, por favor.
Eric estiró el brazo, pero cuando fui a cogerlo, lo apartó de golpe.
- Creo si te lo diera ahora, perdería una gran oportunidad. ¿Qué tal si me das un beso?
- Eric, necesito el móvil.
- ¡Ahí está la oportunidad! Sería tonto si desaprovechara este momento.
- Tonto ya lo estás siendo… Haz el favor.
Él se limitó a sonreír. Dio un paso hacia atrás para apoyarse en una de las paredes de aquel pasillo.
- Tengo todo el tiempo del mundo, preciosa.
- Yo no. Deja de hacer el gilipollas, Eric, me estás cansando.
- ¡Vaya! La gatita saca las uñas. No conocía esta faceta tuya, Cris… Pero me gusta. Sinceramente te pega más que la de niña de porcelana.
- Sinceramente me apetece muy poco estar aquí discutiendo contigo.
- Si el problema es el lugar, podemos irnos a otro mejor… ¿Quieres?
- ¡Lo que quiero es el puto móvil!- grité.
- Dios… ¿Pero con quién te estás juntando? Menudos humos te gastas. Antes no eras así, eras mucho más… ¿Paciente? ¿O tal vez más tonta?
- ¡Para ya!
Me acerqué hasta él e intenté que soltara el teléfono. Fue en vano, porque Eric alzó el brazo con el puño cerrado.
- Es un simple beso. No significa nada un beso, princesa.- susurró.
- Quizás para ella no, pero para mí sí.
Una voz prominente del fondo del pasillo nos hizo sobresaltar. Tanto él como yo pensábamos que ese piso estaba desierto y Eric fijó la mirada en el oscuro pasillo. Daba la impresión de que había reconocido la voz.
- A ti nadie te ha preguntado, payaso- contestó en plan borde.
- Dale el cacharro ese, tío. No me hagas perder el tiempo a mí también.
- Para empezar, nadie te ha dado vela en este entierro, así que puedes pasar de largo.
Nico contempló a Eric con una mirada seria, algo raro en sus ojos, que normalmente reían al compás de su sonrisa.
- Eric, si no se lo das, te lo quitaré yo. ¿Qué prefieres? Además, no te conviene cabrearme.
Yo estaba al margen de todo eso, tan solo había dado un triste paso hacia atrás por si la situación se iba de madre.
- Que te jodan capullo- añadió entre dientes entregándome el móvil.
Después de despegarse de la pared, me lanzó una mirada de enfado antes de bajar las escaleras a su ritmo, sin perder de vista a Nicholas.
- Gracias- musité.
- De nada… Siento el comportamiento de este imbécil. Normalmente no suele hacer este tipo de cosas.
- Lo sé. Supongo que estará cansado de que le de largas.
- Ese es su problema, tiene que entender que un ‘no’ es un ‘no’. Si no le molas, se busca a otra y punto.
- ¿De qué le conoces?- pregunté curiosa- Si quieres contarlo…
- Claro mujer… Por desgracia el mendrugo ese es mi primo. Mejor dicho, primo segundo, bastante lejano por cierto.
- ¿De verdad?
- De verdad de la buena- finalizó con una sonrisa.
- Nunca lo hubiese dicho…
- Sí, bueno… Por suerte no nos parecemos. En cierta forma estamos emparentados por nuestra familia, pero yo prefiero pasar del tema.- suspiró- ¿Qué hacías por aquí?
- El móvil.
- ¿Solo eso?
- ¿Qué otra cosa iba a hacer por aquí?- reí para poder escaquearme de otra posible pregunta- Nico, te agradezco mucho el gesto… Ahora tengo que irme, ya nos veremos.
- Como quieras. ¡Buenas noches!- gritó al tiempo que bajaba los escalones de dos en dos.
Por fin tenía el dichoso móvil en mis manos. Comprobé carpeta tras carpeta que no faltara nada y que todos los archivos estuvieran en su sitio. Fui a hacerle una perdida a Paula para saber su ubicación, cuando me topé frente a frente con April que venía en dirección contraria. Mientras sonaba la llamada, agaché la cabeza, pero como siempre mi instinto me obligó a levantarla. Ella apenas me miró de soslayo antes de pasar por mi lado y perderse entre el laberinto de pasillos. Colgué parándome en seco. ¿Había llegado al extremo de necesitar cualquier palabra de sus labios, por mala que fuese, para poder dejar de sentirme así? Me agarré el estómago… De ningún modo. Eso no pasaría. Eso jamás ocurriría. Aparté ese pensamiento de mi cabeza y busqué a Paula.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Capítulo 24: Las palabras de Karol y la visita a la Directora

April andaba distraída pero atenta a cada movimiento que veía. Se concentró en las palabras justas que soltaría para calmar a la fiera para que quedara en un castigo como mucho o en una regañina de parvulario. De sopetón, una chica se chocó contra ella, haciéndole recular y haciendo también que la libreta que portaba entre sus brazos la chica en cuestión, cayera al suelo.
- ¿Tienes ojos en la cara o eres ciega, niña?
- Perdón, iba distraída- contestó la chica agarrando la libreta.
April la miró con desprecio antes de que sus ojos azules se encontraran con los ojos verdes de ella.
- Oh… April, lo siento, no te había visto.- intentó excusarse Karolina.
- ¿Dónde vas con tanta prisa?- le increpó.
- A devolver esto.
- ¿La libreta?- Karol asintió- ¿De quién es?
- No sé, la cogí prestada sin mirar.- mintió ella.
- ¿Es de Cristel?- se apuró en preguntar April.
Karol se quedó callada, era evidente que no quería decirle el nombre del dueño o dueña porque seguramente querría devolverla en persona. Pues lo llevaba claro…
- Si es de Cristel dámela. He faltado varios días a clase y tengo que ponerme al día… Además, ella ya lo sabe, se la pedí hace poco pero me dijo que la tenía una tal Carolina o Karol… Eres tú, ¿no?
- Se debió equivocar, porque esta libreta es del año pasado, no de tu curso. Se la pedí prestada para comparar las explicaciones.
April se quedó sin saber qué contestar. Empezó a pensar en algo que le hiciera conseguir aquel objeto… No era por devolverlo, sino por el simple hecho de ganar a Karolina esa partida.
- Entonces no es la que busco- finalizó sonriendo- El problemas es que si vas ahora, no encontrarás a Cristel. Se ha ido hace poco.
- ¿A estas horas? ¿Dónde?
- Ni idea- se encogió de hombros- Claro que esta noche la veré, así que si quieres, se la puedo dar yo.
- ¿Esta noche?
- Sí, es que resulta que como Lara no está, voy a aprovechar para que me explique unas cosas- dijo mirándola fijamente a los ojos- De paso le hago compañía.
Karol se quedó sorprendida. Miró la libreta antes de resoplar y volver a los ojos de April.
- ¿Sabes qué? No me corre tanta prisa. De todos modos te agradezco el ofrecimiento.
- ¿Seguro? Quizás esa libreta tenga cola. Puede que Cristel se la tenga que dejar a más gente.
- Tal vez, pero Cris dijo que me la podía quedar todo lo que quisiera.
- Vale… Creo que no me entiendes- April cambió la cara- Necesito esa libreta para ayer. Te he dado la oportunidad de dármela por las buenas, no quieras que te la coja por las malas.
- ¿De qué vas? Ella me la dejó a mí, no a ti.
- Puede que el jueguecito de niña bohemia e inocente sirva con todos, incluso con Cristel, pero no conmigo. Sé qué buscas, se qué quieres… Así que como no me des esa libreta ya, vamos a tener un serio problema tú y yo.
- No, la que va a tener un problema serás tú como vaya a la directora a contar tus hazañas de ‘chica mala’ abusando de, como tú bien dices, ‘niñas inocentes’.
- Créeme que si abusara de ti, te encantaría…
Karol no se esperaba esa respuesta, de hecho no sabía por qué estaba discutiendo con ella, así que quiso pasar por su lado para reemprender el camino, pero April le cortó el paso.
- Vamos, mi tiempo vale oro.
- Pues inviértelo en un banco, pero a mí me olvidas.- acabó Karol.
- A ver niña, puedo decírtelo más alto pero no más claro. Quiero esa libreta en mis manos pero ya. ¿Estamos?
- No, no y cien veces no. Tía, estás para que te encierren, no sé por qué coño Cris te soporta…
- ¿Quizás porque soy mejor que tú?
- Si fuera así no estarías discutiendo conmigo por una puta libreta. ¿En serio es lo que quieres? De acuerdo, cógela- Karol se la tiró a lo bruto- Porque si piensas que necesito una excusa para poder ver a Cris, es que estás más loca de lo que creía.
- No me busques las cosquillas...
- ¡Qué miedo! Creo que esta noche no dormiré por si estás debajo de mi cama.
April avanzó unos pasos hacia delante. Karolina le aguantó la mirada, no como la última vez.
- Eres peor de lo que haces ver, ¿verdad?- dijo April.
- Con gente como tú ni te imaginas lo peor que puedo llegar a ser…
- No sé si sabes con quién estás hablando, de todas maneras ni me importa, solo presta atención a esto: si te cruzas en mi camino de cualquier forma, te pisaré, te humillaré, y acabaré contigo antes de que te des cuenta de dónde vienen los golpes.
- No me das ningún miedo. Haz lo que creas… Porque está claro que si tienes que hacerlo es que la que tienes miedo eres tú. No tengo ni la menor idea de qué crees que pretendo con Cris, pero igualmente, ten claro que voy muy por delante de ti, April.
A ella no le hizo ninguna gracia aquella última frase. Apretó la libreta con fuerza sin dejar de mirarla, tratando de que no se notara lo mal que le había sentado ese ‘voy muy por delante de ti’.
- Si has terminado conmigo, tengo prisa. Y creo que tú también, ya llegas diez minutos tarde.
Karol la esquivó y emprendió su camino. Miró un par de veces hacia atrás para ver qué hacía April, pero ella tan solo se había quedado en el mismo sitio sin moverse ni un milímetro. Dejó de apretar el cuaderno cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Esa no se iba a ir de rositas, pero primero tenía algo más importante que hacer. Trató de concentrarse, de tranquilizarse antes de entrar al despacho… Lo consiguió después de unos minutos.
- Por fin se ha dignado a comparecer, señorita Lemacks. Usted y su puntualidad tendrían que hablar detenidamente.- April se paró en seco delante de su mesa- Tome asiento si es tan amable.
Ella se sentó y puso la libreta encima de sus piernas.
- Supongo que se hará una idea de por qué está aquí, ¿no?- asintió- Bien… Este es un colegio que no admite ningún tipo de malos modales y entiendo por malos modales no ir a clase. Sus profesores merecen un respeto, respeto que usted con ciertas acciones, desprecia.
Su padre nos avisó con antelación del carácter fuerte que tiene, sin embargo su hermana nos aseguró que usted había sentado la cabeza un mínimo y que se comportaría como es debido. Tal vez directamente no haya hecho nada, pero indirectamente creo que ha tenido diversos fallos, tales como no acudir a clase, salir del centro sin avisar, no vestir correctamente el uniforme, entre otras faltas leves… Como comprenderá, debemos dar ejemplo a los demás alumnos sobre la educación, así que sabrá que hay que tomar medidas respecto a usted, ¿correcto?
- Sí.
- Perfecto. En otras circunstancias no dudaríamos en echarla del centro, pero por petición de su hermana y si usted todavía desea estudiar aquí, por el momento solo le impondremos un castigo que no llegará a mayores si se comporta lo que queda de curso. ¿De acuerdo? Esto significa que haremos una excepción si a cambio usted promete hacer el esfuerzo de cumplir con el castigo y centrarse en sus estudios. ¿Está dispuesta a hacer un esfuerzo?
April se quedó pensativa. En realidad, no es que estuviera barajando posibilidades, sino tan solo observaba desde el silencio cada gesto de la directora para ponerla nerviosa. Sin darse cuenta movió la pierna que sujetaba parte del cuaderno, haciéndolo tambalear pero sin llegar a tirarlo.
- ¿Qué tiene ahí, si puede saberse?
- Una libreta. Me la han prestado para ponerme al día.
- Ya veo. ¿Y quién se la ha prestado?
- Cristel. Cristel Brais.
- ¿La señorita Brais?- se asombró- ¿Se lleva usted bien con ella?
A April no le gustó para nada el tono de voz de sorprendida con el que le hizo aquella pregunta.
- Sí.- contestó tajante.
- Comprendo. ¿Se la dio a usted en mano?
- Sin ofenderla… ¿Cree de veras que me dedico en mis ratos libres a hurtar libretas?
- Por supuesto que no, pero…
- Cristel se lleva bien conmigo, no sé dónde ve usted el problema. Si tengo dudas ella me las resuelve y hasta ahora no he intentado matarla ni nada parecido. Si no me cree puede preguntarle, así todos se quedarán más tranquilos.
- No hay problema, señorita Lemacks, puede relajarse. Quizás debería plantear tomarse las cosas con más calma, no como continuos ataques a su persona.
- Le repito que no encuentro el problema al insinuarme…
- No le he insinuado absolutamente nada, señorita Lemacks- dijo la directora algo nerviosa- Tan solo que… Está bien que quiera enmendar sus errores… Nada más.
April miró fijamente a sus ojos, haciendo que bajara la vista hacia unos papeles que tenía sobre la mesa.
- Creo que ya está todo arreglado. Puede irse.
- ¿El castigo?
- ¿Qué?
- Que cual es el castigo.
- Ah, bueno… Ya le asignaremos el que más se ajuste a su conducta, usted no se preocupe.
- Me gustaría empezarlo cuanto antes, así lo terminaré pronto y podré volver a mi oficio de robar libretas.- increpó a la directora levantándose de la silla.
- Su actitud no es la correcta, debería…
- ¿Qué? ¿Flagelarme? ¿Usted puede infravalorarme haciendo insinuaciones que no vienen al caso y yo no puedo reprocharle nada?
- Aquí nadie a…
- Perdone que discrepe. Es obvio, le ha resultado raro que Cristel se relacionara conmigo. ¿Por qué?
- Dice solo tonterías. La señorita Brais es una estupenda alumna, inteligente, con los pies en la tierra. Usted también es inteligente, he visto sus exámenes y puedo asegurarlo… Pero me sorprende que su forma de ser no choque con la de ella.
- Usted no me conoce. No haga como si me conociera.
- Por nada del mundo quise ofenderla. Quizás me expliqué mal a la hora de plantearle las cosas.
- Está bien, si no tiene nada más que añadir…- dijo April encaminándose hacia la puerta.
- Una cosa más.- ella le miró- Sé que es usted la rebeldía en persona haciéndose un hueco en el mundo, pero trate de aprender a colocarse la corbata como es debido.
April le dedicó una sonrisa totalmente fingida antes de cerrar de un golpetazo la puerta. ¿De qué iba todo el mundo? ¿Creían que a ella le podían tratar de ese modo? Si pensaban eso de verdad… Cuán equivocados estaban.