La puerta se cerró detrás de mí. Me alejé de ese lugar a zancadas, tratando de no pensar, pero era imposible no hacerlo.
April continuaba inmersa en su mundo cuando escuchó un sonoro golpe junto con algunos pasos. Una persona cruzó la puerta torpemente, haciendo mucho ruido.
- ¿¡Y ahora qué!?- gritó enfadada.
- Eh, tranquila… Que soy yo.
- ¡Joder! ¡Solo faltabas tú hoy!
- Yo también me alegro de verte- contestó Nico con una amplia sonrisa.
Ella apartó el cuaderno a un lado, estaba claro que se habían propuesto fastidiarle el día, así que desistió de su empeño.
- ¿Te ha visto entrar C…- se frenó- …Ella?
- ¿Cris? No, casi me ve pero mis reflejos han sido rápidos y me he escondido a tiempo.
- ¿Qué es lo que quieres?
- Verte. Hacía días que no te veía y estaba preocupado.
- Claro, eso será.- fingió una risa- No tengo el día para tonterías. Si quieres algo dilo de una vez.
- No quiero nada.- él contempló la habitación- Vaya, pues si que te ha quedado cuco el nidito de amor.
- Calla esa boca- dijo levantándose por fin de la cama.
- ¿Qué? Me gusta esto. Te lo has currado a conciencia.
Ella caminó sin decir nada hasta el ventanal. Miró el paisaje, se perdió entre sus pensamientos rodeada de nubes… Al final se dio la vuelta para encontrarse con los ojos de Nico.
- ¿Sabes? Dentro de poco he quedado con la loca del internado.
- ¿¡Stacy!?-preguntó sorprendido.
- ¿Pero qué dices? ¡La directora, imbécil!
- Ahh… Pues habla bien… ¡Qué susto!
- ¿Quién es Stacy?
- Uf, una tía que está muy loca… ¡Como una regadera!
- Bueno, ¿no dicen que el sexo con una loca es fantástico?
- Eso es cierto, solo hay que mirarte a ti.
Él empezó a reírse de su propio chiste, justo lo contrario que April, a la que no hizo ninguna gracia.
- Es una broma, mujer… Ahora en serio, prefiero quedarme con la duda. Esa tía es tremendamente bipolar, lo único que me faltaría es que en pleno tema se pusiera a llorar o incluso a descojonarse. ¿Te imaginas qué corte de rollo? Nada, nada… Paso de ella. Y tú haz lo mismo que ya te digo que no vale demasiado la pena.
- ¿Desde cuando me das consejos a mí?
- Desde siempre. Otra cosa es que hagas oídos sordos.
Nico se acercó a ella sin quitarle los ojos de encima, alzó la vista para encontrarse con su mirada de hielo. Él ya la conocía hacía tiempo, aunque intentara ocultar cosas sabía perfectamente qué le pasaba, cómo era April en la realidad. Pero se había acostumbrado a esa barrera, a esa coraza de la que alardeaba ante todos, así había sido siempre: autosuficiente. O eso era lo que ella creía.
- Um… Estás muy sexy con este conjunto. ¿Es nuevo?
- ¿Realmente te importa?
- No mucho, la verdad.
Caminó con sumo cuidado hasta estar a su altura, le cogió con suavidad de las manos y la atrajo a él para besarla. Sus manos se entrelazaron hasta que Nico rodeó su cintura con sus brazos, al mismo tiempo que ella elevaba los suyos para rodear su cuello. Ambos jugaban a un juego que ya conocían porque no era la primera, ni última vez que lo hacían.
Nicholas atrajo a April todo lo cerca que pudo. Acariciaba su costado, su espalda… En un intento de provocarla aunque fuera solo un poco, porque desde un principio tenía claro que ella no estaba para fiestas. ¿Cuánto más disimularía? Sonrió para sus adentros cuando ella dio un paso atrás, separándose de él.
- Aparta… Ahora no tengo cuerpo para esto.
- ¿En serio?- preguntó haciéndose el sorprendido.
- ¿Por qué me miras de esa manera?
- Por nada… Solo que es un poco extraño.
- ¿Es extraño que no me apetezca follar contigo?
- Hasta ahora no me habías rechazado- añadió con tono de sorpresa.
Al ver su gesto, Nico pensó que no sería capaz de aguantar la risa. Le encantaba la facilidad con que a veces lograba sacarla de sus casillas, era uno de sus hobbys preferidos. Para él, era como hacer rabiar a una hermana… O prima segunda, según fuera la circunstancia.
- Que te den, Nicholas.
Se giró para dirigirse a uno de los armarios, de donde sacó el uniforme que iba a ponerse.
- Tú solo me llamas por el nombre completo cuando te toco la fibra sensible.- dijo entre risas.- Lo siento, pero es que me encantas cuando no sabes que decirme y acabas con un ‘Vete a la mierda’, ‘Que te den’, ‘Déjame en paz’ y derivados.
- No me toques las narices, ¿quieres? O te meto una hostia que te saco de aquí volando.
- Relaja, chica… Si que estás sosa hoy.
April no le prestó atención, se fue quitando prendas quedándose en ropa interior y empezó a vestirse. Cuando buscó a Nico con la mirada, lo encontró sentado en la cama.
- ¿Qué observas que no hayas visto antes?- dijo ella en tono de burla.
- No te estaba mirando. Estaba pensando.
- Sí, es una perfecta excusa viniendo de ti.
- No me lo contaste todo, ¿cierto? Normalmente estás enfadada con el mundo, sin embargo estos días has estado distante… Enfadada pero por algo más específico. ¿Me equivoco?
- ¿Tratas otra vez de psicoanalizarme?
- Trato de ayudarte.
- Pues no lo hagas. Te conté lo que te tenía que contar. Final de la historia.
- ¿Y si le pregunto a Cristel? ¿Me dará la misma versión que tú?
Ella fijó sus ojos en los de él dibujando un gesto serio en su cara.
- He dado en el clavo- dijo con una sonrisa- Pero puedes relajarte, como siempre el tonto de Nico esperará a que se lo cuentes… Algún día- añadió en un suspiro.
- Te crees que lo sabes todo- le dijo molesta.
- Tan solo te conozco, amiga mía. Eres transparente como un cristal para mis ojos.
April levantó una ceja y terminó de vestirse. Si había suerte, todo quedaría en una simple amonestación… Si no era así, se iría a otra parte. La misma historia de siempre.
- La corbata- anunció él.
- ¿Qué pasa?
- Póntela. Se supone que tienes que parecer una niña buena e inocente a la cual la adolescencia le ha influido negativamente.
- Odio la corbata. Es estúpido, no pinta nada en un uniforme.
- ¿Pretendes seguir buscando desde aquí o volver a empezar en otro lugar?
Al final cedió a regañadientes. Tras un par de recomendaciones de Nico para no meter la pata, ella se encaminó hacia el despacho de la manda más. Su cabeza era un no parar, continuos pensamientos de todo tipo vagaban por su mente, algunos incluso solo podría entenderlos ella misma. Sí, April era una buena compañera para April. Nadie, nunca, podría entenderla salvo su otro yo, atado en corto por si acaso.
lunes, 30 de agosto de 2010
Capítulo 22: Tratando de arreglar las cosas (Primera Parte)
Decidí hacerlo. Decidí hablar con April aunque fuera para pedirle perdón por el golpe, lo único complicado sería buscarla… Pero sabía dónde estaría, así que en mitad de la clase con Anna, le dije que me encontraba mal para que me dejara salir.
Hice el mismo recorrido que aquel día, entré al despacho y moví la estantería. Toqué toda la pared. Rebusqué unas cuentas veces antes de dar con una especie de bulto en la pared. Al tocarlo de nuevo sonó un corto estruendo para dar paso a un agujero bastante pequeño. Caminé sin hacer ruido. No sabía porqué estaba nerviosa. ¿Cómo reaccionaría ella? Me pregunté delante de la puerta… Aun no entendía cómo la puerta aguantaba tanto sin caerse. Respiré y expiré. Resoplé y entré a la habitación.
Tal como esperaba, allí estaba, en la cama. Su espalda descansaba en el reposa cabezas. Tenía en las manos una libreta en la que estaba escribiendo algo, apoyada en una de sus piernas flexionada, haciendo de mesa. Iba en pijama y el cuarto olía a café…
Di unos pasos antes de frenar para tragar saliva. ¿Estaría a tiempo de dar la vuelta?
- ¿Vas a pasar o qué? Haces ruido- dijo molesta.
Caminé hacia ella. Esta vez no me miró ni una vez, solo siguió escribiendo.
- ¿Qué quieres?- preguntó mordiendo el bolígrafo.
- Quería… Hablar.
- Pues habla, pero rápido.
- En realidad…
- ¿A qué coño has venido?- bufó enfadada.
- Llevas demasiado tiempo desaparecida… Los profesores preguntan. Como sigas así tendrás problemas con la directora.
- ¿Eso es lo que tenías que decirme? Perfecto. Ya puedes irte.
- Es que…
- ¿Hablo chino? Necesito estar sola. Largo.
Fui hasta ella y me senté en la cama, dándole la espalda. April continuó escribiendo en su libreta.
- En verdad venía para hablar sobre la fiesta.
- Solo recuerdo una cosa de la fiesta y creo que no te gustará saber qué.
- ¿No tienes más amenazas que contarme tus escarceos sexuales?
- ¿No tienes una clase a la que acudir?
- No me vengas con esas…
- Me estorbas.
Giré la cabeza para encontrarme con su mirada, pero no fue así. Había venido a hablar con ella y eso haría. Como fuera. Subí a la cama y me arrastré hacia donde estaba, hasta ponerme encima de ella de rodillas. Ahora no tendría más remedio que prestarme atención.
- Haz el favor de escuchar lo que tengo que decirte.
- No me interesa lo que tengas que decirme.
- Te fastidias porque me vas a oír, te guste o no.
Siguió escribiendo, así que no me quedó más remedio que quitarle el cuaderno.
- ¡Eh! ¡Qué haces!
- ¿Vas a escuchar?- resopló intranquila- ¿Sí o no?
- Devuélvemelo.
- ¿Sí o no?
- ¡Dame!- de un movimiento lo trajo de vuelta a sus manos.
Cerró la libreta dando un resoplido de impaciencia. Aun después de todo eso, no conseguí que me mirara.
- Yo quería… Me parece que en la fiesta hice… Bueno, es que…
- ¿Sabes hablar como las personas?
Agaché la cabeza. Ella se cruzó de brazos, girando la cabeza a un lado. No, esta vez por muchas trabas que pusiera, le diría lo que le tuviera que decir. Estiré mi mano hasta posarla suavemente en su mejilla. No hizo amago de nada.
- Lo siento- balbuceé- Fue sin querer…
- ¿Esto es lo que te tenía tan preocupada?- dijo apartándome la mano de un manotazo- Vives en el pasado. ¿Crees que eso tuvo importancia para mí? No eres nadie para que le diera importancia.
- Me da lo mismo la importancia que le dieras… Solo venía a disculparme porque no debería haber ocurrido, nada más.
- Espero que tu conciencia te deje dormir esta noche- dijo con sorna.
- Se me fue la mano…- repetí.
- Deja de repetirlo. Ya sé que no fue aposta, sino te hubiese partido la cara allí mismo.
- ¿Qué te detuvo para no hacerlo?
Aquella pregunta le hizo sentir incómoda. Lo se porque se recolocó molesta en su sitio.
- Te lo he dicho. Sé que fue sin querer. Punto.
- Si todo te da igual como dices… ¿Por qué has estado aquí escondida?
- No me he escondido. Lo creas o no, tú no eres el centro del mundo.
- ¿Y por qué no me miras? ¿Por qué me evitas? ¿Por qué de repente no haces nada?
- Era lo que querías, ¿no?
- ¿Desde cuando te importa eso?
- He oído todas las burradas que has soltado. ¡Largo!
- ¿Sabes por qué pasó lo que pasó? En ese momento mi mente se llenó de cosas que no recuerdo… En ese instante creí que serías tú la que me…
- ¡Si se te pasó por la cabeza, aunque fuera un instante que yo fuera a infringirte algún daño…!- por fin sus ojos se fijaron en los míos- Baja de encima. ¡Ya!
- Me apretaste las muñecas, me empujaste contra la mesa… ¿Te extrañas de que creyera eso?
- ¡Que te bajes!
- Te da igual, sin embargo no te gusta oírlo.
- Si crees que te haré daño, baja ya mismo…
- ¿Soy yo o los papeles se han intercambiado? Pensaba que querías tenerme así, en una cama y… Contigo. ¿Ya no?
Ella me fusiló con la mirada. Notaba su rabia correr por su cuerpo pero seguía quieta, sin hacer absolutamente nada.
- Tampoco has pronunciado mi nombre… Siempre sueles hacerlo al menos una vez.
- Qué es lo que esperas de mí, ¿eh? Si me crees capaz de todo eso que dices…
- Nada. No espero nada, porque no se de qué eres capaz realmente.
- Lárgate. Por fin te he dejado en paz como querías. Vete.
- Estoy perdida… Ahora… Ya no se lo que quiero.
April miró hacia la ventana, evitando así el contacto visual. ¿Y si era yo la que quería que siguiéramos como antes? La razón iba perdiendo voz en mi cabeza. Tenía que cerciorarme de que se había acabado, de que todo volvería a su lugar… Acerqué lentamente mi boca a la suya hasta que la besé. Ella no correspondió de ninguna forma mi beso. Lo intenté una vez más besándole los labios suavemente, casi como una caricia para dar paso a otro beso intenso, fuerte, semejante a los que ella me daba o… Robaba, según se mire.
Me incorporé sin quitarle la vista de encima. ¿Cómo podía tener un orgullo tan grande? Y yo… ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Tratar de convencerla de qué? O estaba loca o era masoquista… Sea lo que fuere, se terminaba allí, en esa amplia habitación llena de objetos inanimados como testigos.
Aun cuando me fui de allí, ella ni se inmutó. Es más, siguió escribiendo como si no hubiésemos hablado de nada o como si nadie hubiese entrado en aquel lugar. Me daba rabia su indiferencia fingida… Pero me había cansado de quedar como una estúpida siempre.
Hice el mismo recorrido que aquel día, entré al despacho y moví la estantería. Toqué toda la pared. Rebusqué unas cuentas veces antes de dar con una especie de bulto en la pared. Al tocarlo de nuevo sonó un corto estruendo para dar paso a un agujero bastante pequeño. Caminé sin hacer ruido. No sabía porqué estaba nerviosa. ¿Cómo reaccionaría ella? Me pregunté delante de la puerta… Aun no entendía cómo la puerta aguantaba tanto sin caerse. Respiré y expiré. Resoplé y entré a la habitación.
Tal como esperaba, allí estaba, en la cama. Su espalda descansaba en el reposa cabezas. Tenía en las manos una libreta en la que estaba escribiendo algo, apoyada en una de sus piernas flexionada, haciendo de mesa. Iba en pijama y el cuarto olía a café…
Di unos pasos antes de frenar para tragar saliva. ¿Estaría a tiempo de dar la vuelta?
- ¿Vas a pasar o qué? Haces ruido- dijo molesta.
Caminé hacia ella. Esta vez no me miró ni una vez, solo siguió escribiendo.
- ¿Qué quieres?- preguntó mordiendo el bolígrafo.
- Quería… Hablar.
- Pues habla, pero rápido.
- En realidad…
- ¿A qué coño has venido?- bufó enfadada.
- Llevas demasiado tiempo desaparecida… Los profesores preguntan. Como sigas así tendrás problemas con la directora.
- ¿Eso es lo que tenías que decirme? Perfecto. Ya puedes irte.
- Es que…
- ¿Hablo chino? Necesito estar sola. Largo.
Fui hasta ella y me senté en la cama, dándole la espalda. April continuó escribiendo en su libreta.
- En verdad venía para hablar sobre la fiesta.
- Solo recuerdo una cosa de la fiesta y creo que no te gustará saber qué.
- ¿No tienes más amenazas que contarme tus escarceos sexuales?
- ¿No tienes una clase a la que acudir?
- No me vengas con esas…
- Me estorbas.
Giré la cabeza para encontrarme con su mirada, pero no fue así. Había venido a hablar con ella y eso haría. Como fuera. Subí a la cama y me arrastré hacia donde estaba, hasta ponerme encima de ella de rodillas. Ahora no tendría más remedio que prestarme atención.
- Haz el favor de escuchar lo que tengo que decirte.
- No me interesa lo que tengas que decirme.
- Te fastidias porque me vas a oír, te guste o no.
Siguió escribiendo, así que no me quedó más remedio que quitarle el cuaderno.
- ¡Eh! ¡Qué haces!
- ¿Vas a escuchar?- resopló intranquila- ¿Sí o no?
- Devuélvemelo.
- ¿Sí o no?
- ¡Dame!- de un movimiento lo trajo de vuelta a sus manos.
Cerró la libreta dando un resoplido de impaciencia. Aun después de todo eso, no conseguí que me mirara.
- Yo quería… Me parece que en la fiesta hice… Bueno, es que…
- ¿Sabes hablar como las personas?
Agaché la cabeza. Ella se cruzó de brazos, girando la cabeza a un lado. No, esta vez por muchas trabas que pusiera, le diría lo que le tuviera que decir. Estiré mi mano hasta posarla suavemente en su mejilla. No hizo amago de nada.
- Lo siento- balbuceé- Fue sin querer…
- ¿Esto es lo que te tenía tan preocupada?- dijo apartándome la mano de un manotazo- Vives en el pasado. ¿Crees que eso tuvo importancia para mí? No eres nadie para que le diera importancia.
- Me da lo mismo la importancia que le dieras… Solo venía a disculparme porque no debería haber ocurrido, nada más.
- Espero que tu conciencia te deje dormir esta noche- dijo con sorna.
- Se me fue la mano…- repetí.
- Deja de repetirlo. Ya sé que no fue aposta, sino te hubiese partido la cara allí mismo.
- ¿Qué te detuvo para no hacerlo?
Aquella pregunta le hizo sentir incómoda. Lo se porque se recolocó molesta en su sitio.
- Te lo he dicho. Sé que fue sin querer. Punto.
- Si todo te da igual como dices… ¿Por qué has estado aquí escondida?
- No me he escondido. Lo creas o no, tú no eres el centro del mundo.
- ¿Y por qué no me miras? ¿Por qué me evitas? ¿Por qué de repente no haces nada?
- Era lo que querías, ¿no?
- ¿Desde cuando te importa eso?
- He oído todas las burradas que has soltado. ¡Largo!
- ¿Sabes por qué pasó lo que pasó? En ese momento mi mente se llenó de cosas que no recuerdo… En ese instante creí que serías tú la que me…
- ¡Si se te pasó por la cabeza, aunque fuera un instante que yo fuera a infringirte algún daño…!- por fin sus ojos se fijaron en los míos- Baja de encima. ¡Ya!
- Me apretaste las muñecas, me empujaste contra la mesa… ¿Te extrañas de que creyera eso?
- ¡Que te bajes!
- Te da igual, sin embargo no te gusta oírlo.
- Si crees que te haré daño, baja ya mismo…
- ¿Soy yo o los papeles se han intercambiado? Pensaba que querías tenerme así, en una cama y… Contigo. ¿Ya no?
Ella me fusiló con la mirada. Notaba su rabia correr por su cuerpo pero seguía quieta, sin hacer absolutamente nada.
- Tampoco has pronunciado mi nombre… Siempre sueles hacerlo al menos una vez.
- Qué es lo que esperas de mí, ¿eh? Si me crees capaz de todo eso que dices…
- Nada. No espero nada, porque no se de qué eres capaz realmente.
- Lárgate. Por fin te he dejado en paz como querías. Vete.
- Estoy perdida… Ahora… Ya no se lo que quiero.
April miró hacia la ventana, evitando así el contacto visual. ¿Y si era yo la que quería que siguiéramos como antes? La razón iba perdiendo voz en mi cabeza. Tenía que cerciorarme de que se había acabado, de que todo volvería a su lugar… Acerqué lentamente mi boca a la suya hasta que la besé. Ella no correspondió de ninguna forma mi beso. Lo intenté una vez más besándole los labios suavemente, casi como una caricia para dar paso a otro beso intenso, fuerte, semejante a los que ella me daba o… Robaba, según se mire.
Me incorporé sin quitarle la vista de encima. ¿Cómo podía tener un orgullo tan grande? Y yo… ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Tratar de convencerla de qué? O estaba loca o era masoquista… Sea lo que fuere, se terminaba allí, en esa amplia habitación llena de objetos inanimados como testigos.
Aun cuando me fui de allí, ella ni se inmutó. Es más, siguió escribiendo como si no hubiésemos hablado de nada o como si nadie hubiese entrado en aquel lugar. Me daba rabia su indiferencia fingida… Pero me había cansado de quedar como una estúpida siempre.
jueves, 26 de agosto de 2010
Capítulo 21: La filosofía de Nico
Era jueves. Un delicioso jueves lluvioso, encapotado, con relámpagos que cruzaban el cielo totalmente gris. Desde el lunes lo único interesante fue el espectacular apagón de una hora del miércoles, en el cual todo el mundo pareció divertirse excepto yo. ¿Por qué? Porque todo el mundo tenía a su compañera o compañero en la cama de al lado para hacer tonterías, mientras que yo solo tenía la oscuridad y una ventana que gracias a mi amiga la luna, reflejaba un centenar de sombras unidas a unos extraños ruidos que decidieron aparecer justamente ese día a esa hora. Sí, estuve acojonada esa hora. No encontré la linterna y ni se me pasó por la cabeza salir al pasillo. Busqué el móvil a tientas en la mesa, dentro de la mochila… Nada. Así que me quedé en la cama una interminable hora pendiente de todo y respirando a fondo por si tenía que gritar. ¡Lo que se dice una estupenda noche! ¡Sí señor!
- Te llamé al móvil para que vinieras conmigo.- añadió Paula.
- ¿Me ves con cara de haber ido a tu habitación por el pasillo a oscuras?
- Bueno, pues hubiese ido yo a hacerte compañía…
- ¿No sabes que las chicas fáciles mueren las primeras?
Paula me arreó un puñetazo en el brazo, pero no pudo con mi risa, así que se fue refunfuñando a su sitio.
Instintivamente miré el sitio de April. Todavía no había llegado. Entre el martes y el miércoles la llegué a ver como mucho dos veces, el resto del día no se sabía nada de su paradero. No entendía porqué me sentía tan mal, como si hubiese hecho algo que no debiera, la misma sensación que se siente cuando haces una cosa que está mal… Pero no lo hice aposta. De todas maneras no se me iba de la cabeza su imagen, sus ojos. ¿Le tendría que pedir disculpas? Negué con la cabeza. Ella era tan orgullosa que seguramente ni las aceptaría. ¿Y qué? Mejor así. Se acabaría por fin su acoso, su continua intromisión, todo. Si estaba tranquila, ¿por qué me seguía preguntando qué hacer?
En cuanto sonó el timbre salí presurosa de clase. Necesitaba respirar aire, meditar lo que tuviera que meditar en silencio, barajando cada posible acción o cada palabra. Tenía que dejar de pensar tanto… Lo único que quería era tomar una decisión: podía intentar verla o… Podía dejar las cosas como estaban. ‘Lo más lógico e inteligente’ dijo un vocecilla interior. Pero April no era lógica. ¿Por qué tendría que serlo yo? ¿Y si por una vez yo me dejase llevar por lo ilógico? ¿A dónde me llevaría? Me senté en un rincón tapado con algunos arbustos y hundí mi cara entre las piernas. ¿Cuál era la razón de sentirme así? No me sentía incompleta. Tampoco vacía. Ni habían ‘mariposas’, ni nada. ¿Entonces? ¿Qué era?
- ¡Ey!- dijo alguien- Hola…-añadió con una voz más suave.
Levanté la cabeza y saludé a aquella sombra que no distinguía por el reflejo del sol.
- Perdona que te haya seguido hasta aquí. Es que me ha parecido verte algo desanimada… Pero si prefieres quedarte sola, me voy.
- Tranquilo. Puedes quedarte.
Nico se sentó a mi lado, metió la mano en uno de sus bolsillos, sacó un paquete recién abierto de tabaco y con suma delicadeza, se llevó un cigarrillo a los labios.
- ¿Te importa que…?
- Fuma si quieres- dije con una sonrisa forzada.
- Yo no suelo fumar, ¿sabes? Solo lo hago cuando estoy preocupado o nervioso… O preocupado y nervioso a la vez. O alterado… ¿Te parezco alterado? ¡No me lo digas! Hay veces que es mejor no saber…
Reí. Fue una risa fugaz, porque al momento todo estuvo en silencio. De nuevo mi cabeza haciendo preguntas difíciles de contestar.
- ¿Cuál es tu excusa?- me miró- ¿Qué te hace querer al viento como único oyente de tus pensamientos?
- No lo se muy bien…
- Deberías saber que el viento es el chivato de la naturaleza. ‘Las palabras se las lleva el viento’ no es solo un refrán. Es cierto, pero nunca lleva las palabras correctas porque al intentarlo, las desordena. Desordena las frases, sus significados. Por lo tanto desordena el sentimiento de cada letra pronunciada.
- Quizás a veces sea lo mejor. Las palabras son solo palabras, así que el viento puede salvarnos de ilusiones nulas al pronunciar mal el mensaje.
- Nada que se le confíe al viento sale del todo mal. Si tú lloras a solas, él transporta tu llanto hasta encontrar a quién te hace llorar. Si ríes, transporta tu risa a cualquiera que necesite reír. Si hablas, él intenta que esas letras vuelen en su interior hasta que el destino quiera que esas palabras sean escuchadas.
- Eso es muy filosófico hasta para ti.
- Tal vez- dijo riendo- Pero la vida me ha enseñado que todo tiene su cara…
- ¿Y la cruz?
- La cruz es la que tú estés dispuesta a transportar. No hay nadie que te diga cómo sentirte. Si haces algo mal y crees que debes hacer algo al respecto, tienes que hacerlo porque así lo sientes, porque así lo quieres tú. Porque así te sentirás bien contigo misma. No por otra cosa.
- Si fuera tan simple todo…
- Lo es… Al final siempre lo es- dijo dando la última calada al cigarro.
- ¿Tú que haces cuando no estás seguro de algo?
- Ir con cuidado. Pero ir, al fin y al cabo.- suspiró- Cris, no vivimos para siempre. Hay miles de cosas que se nos escapan, miles de pensamientos, sentimientos que no llegaremos a entender solo porque nadie ha vivido lo suficiente para explorarlos, ni tan solo para poder explicarlos. De todos esos, conocemos los ‘corrientes’, que serían el amor y el dolor. ¿Tú crees que es posible distinguir otros entre medio de esos dos?
- Creo que son extremos muy distintos.
- ¿Dónde clasificarías el amor hacia un hermano o hermana? ¿O el de un amigo o amiga de toda la vida? ¿El de tu hija o hijo? ¿Todos esos se calificarían como ‘amor’?
- Por todos esos seguramente, dieses la vida. No hay diferencia: una misma palabra engloba distintos términos.
- ¿Y el odio?
- El odio es una parte del dolor.
- No siempre. Tú puedes odiar a alguien sin que te haya hecho nada.
- Eso no es odio. Para odiar de verdad antes hay que querer.
- ¿Entonces? Si dices que ese sentimiento no es odio, ¿qué es?
- Pues…
¿Una sensación? No. ¿Podría tener razón Nico? Si no era odio propiamente dicho, ¿qué sería entonces?
- Agh…- dije en un suspiro.
- ¿Qué pasa?- preguntó sonriendo.
- Que me acabas de liar más de lo que estaba- le contesté fingiendo un enfado.
- Al menos no has perdido el sentido del humor. Eso es buena señal. Significa que el problema tiene solución.
Enterró la colilla en el suelo, se levantó y se sacudió el uniforme. Me tendió la mano para ayudarme. Una vez de pie, le miré.
- ¿Y cual era tu preocupación que te hacía fumar?
- Ná, ya está arreglado. Esa preocupación depende de otra y la otra ya se encuentra bien.
Le miré con cara de no entender ni una palabra. Rió al mismo tiempo que pasaba su brazo por mis hombros y me arrastraba hasta salir del rincón.
- Nos vemos Cris.
Seguía sin saber qué hacer. ¿O esa frase era solo una pantalla de humo para no hacer lo que de verdad quería? Estaba claro que tenía que averiguarlo antes de que la cabeza me estallara.
- Te llamé al móvil para que vinieras conmigo.- añadió Paula.
- ¿Me ves con cara de haber ido a tu habitación por el pasillo a oscuras?
- Bueno, pues hubiese ido yo a hacerte compañía…
- ¿No sabes que las chicas fáciles mueren las primeras?
Paula me arreó un puñetazo en el brazo, pero no pudo con mi risa, así que se fue refunfuñando a su sitio.
Instintivamente miré el sitio de April. Todavía no había llegado. Entre el martes y el miércoles la llegué a ver como mucho dos veces, el resto del día no se sabía nada de su paradero. No entendía porqué me sentía tan mal, como si hubiese hecho algo que no debiera, la misma sensación que se siente cuando haces una cosa que está mal… Pero no lo hice aposta. De todas maneras no se me iba de la cabeza su imagen, sus ojos. ¿Le tendría que pedir disculpas? Negué con la cabeza. Ella era tan orgullosa que seguramente ni las aceptaría. ¿Y qué? Mejor así. Se acabaría por fin su acoso, su continua intromisión, todo. Si estaba tranquila, ¿por qué me seguía preguntando qué hacer?
En cuanto sonó el timbre salí presurosa de clase. Necesitaba respirar aire, meditar lo que tuviera que meditar en silencio, barajando cada posible acción o cada palabra. Tenía que dejar de pensar tanto… Lo único que quería era tomar una decisión: podía intentar verla o… Podía dejar las cosas como estaban. ‘Lo más lógico e inteligente’ dijo un vocecilla interior. Pero April no era lógica. ¿Por qué tendría que serlo yo? ¿Y si por una vez yo me dejase llevar por lo ilógico? ¿A dónde me llevaría? Me senté en un rincón tapado con algunos arbustos y hundí mi cara entre las piernas. ¿Cuál era la razón de sentirme así? No me sentía incompleta. Tampoco vacía. Ni habían ‘mariposas’, ni nada. ¿Entonces? ¿Qué era?
- ¡Ey!- dijo alguien- Hola…-añadió con una voz más suave.
Levanté la cabeza y saludé a aquella sombra que no distinguía por el reflejo del sol.
- Perdona que te haya seguido hasta aquí. Es que me ha parecido verte algo desanimada… Pero si prefieres quedarte sola, me voy.
- Tranquilo. Puedes quedarte.
Nico se sentó a mi lado, metió la mano en uno de sus bolsillos, sacó un paquete recién abierto de tabaco y con suma delicadeza, se llevó un cigarrillo a los labios.
- ¿Te importa que…?
- Fuma si quieres- dije con una sonrisa forzada.
- Yo no suelo fumar, ¿sabes? Solo lo hago cuando estoy preocupado o nervioso… O preocupado y nervioso a la vez. O alterado… ¿Te parezco alterado? ¡No me lo digas! Hay veces que es mejor no saber…
Reí. Fue una risa fugaz, porque al momento todo estuvo en silencio. De nuevo mi cabeza haciendo preguntas difíciles de contestar.
- ¿Cuál es tu excusa?- me miró- ¿Qué te hace querer al viento como único oyente de tus pensamientos?
- No lo se muy bien…
- Deberías saber que el viento es el chivato de la naturaleza. ‘Las palabras se las lleva el viento’ no es solo un refrán. Es cierto, pero nunca lleva las palabras correctas porque al intentarlo, las desordena. Desordena las frases, sus significados. Por lo tanto desordena el sentimiento de cada letra pronunciada.
- Quizás a veces sea lo mejor. Las palabras son solo palabras, así que el viento puede salvarnos de ilusiones nulas al pronunciar mal el mensaje.
- Nada que se le confíe al viento sale del todo mal. Si tú lloras a solas, él transporta tu llanto hasta encontrar a quién te hace llorar. Si ríes, transporta tu risa a cualquiera que necesite reír. Si hablas, él intenta que esas letras vuelen en su interior hasta que el destino quiera que esas palabras sean escuchadas.
- Eso es muy filosófico hasta para ti.
- Tal vez- dijo riendo- Pero la vida me ha enseñado que todo tiene su cara…
- ¿Y la cruz?
- La cruz es la que tú estés dispuesta a transportar. No hay nadie que te diga cómo sentirte. Si haces algo mal y crees que debes hacer algo al respecto, tienes que hacerlo porque así lo sientes, porque así lo quieres tú. Porque así te sentirás bien contigo misma. No por otra cosa.
- Si fuera tan simple todo…
- Lo es… Al final siempre lo es- dijo dando la última calada al cigarro.
- ¿Tú que haces cuando no estás seguro de algo?
- Ir con cuidado. Pero ir, al fin y al cabo.- suspiró- Cris, no vivimos para siempre. Hay miles de cosas que se nos escapan, miles de pensamientos, sentimientos que no llegaremos a entender solo porque nadie ha vivido lo suficiente para explorarlos, ni tan solo para poder explicarlos. De todos esos, conocemos los ‘corrientes’, que serían el amor y el dolor. ¿Tú crees que es posible distinguir otros entre medio de esos dos?
- Creo que son extremos muy distintos.
- ¿Dónde clasificarías el amor hacia un hermano o hermana? ¿O el de un amigo o amiga de toda la vida? ¿El de tu hija o hijo? ¿Todos esos se calificarían como ‘amor’?
- Por todos esos seguramente, dieses la vida. No hay diferencia: una misma palabra engloba distintos términos.
- ¿Y el odio?
- El odio es una parte del dolor.
- No siempre. Tú puedes odiar a alguien sin que te haya hecho nada.
- Eso no es odio. Para odiar de verdad antes hay que querer.
- ¿Entonces? Si dices que ese sentimiento no es odio, ¿qué es?
- Pues…
¿Una sensación? No. ¿Podría tener razón Nico? Si no era odio propiamente dicho, ¿qué sería entonces?
- Agh…- dije en un suspiro.
- ¿Qué pasa?- preguntó sonriendo.
- Que me acabas de liar más de lo que estaba- le contesté fingiendo un enfado.
- Al menos no has perdido el sentido del humor. Eso es buena señal. Significa que el problema tiene solución.
Enterró la colilla en el suelo, se levantó y se sacudió el uniforme. Me tendió la mano para ayudarme. Una vez de pie, le miré.
- ¿Y cual era tu preocupación que te hacía fumar?
- Ná, ya está arreglado. Esa preocupación depende de otra y la otra ya se encuentra bien.
Le miré con cara de no entender ni una palabra. Rió al mismo tiempo que pasaba su brazo por mis hombros y me arrastraba hasta salir del rincón.
- Nos vemos Cris.
Seguía sin saber qué hacer. ¿O esa frase era solo una pantalla de humo para no hacer lo que de verdad quería? Estaba claro que tenía que averiguarlo antes de que la cabeza me estallara.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Capítulo 20: Visita a Lara
Al día siguiente me desperté completamente sola en la habitación. Eran las siete de la mañana y no hacía ni una hora que me había acostado. Estaba agotada, no podía con mi alma, así que decidí que ese día no me levantaría hasta tarde. Pensé en salir a correr pero deseché la idea por falta de ganas.
Desperté cerca de las doce porque oí ruidos de fondo. Abrí poco a poco los ojos y pude observar a Paula en la cama de Lara, totalmente estirada, leyendo un libro. Me desperecé frotándome los dos ojos.
- Dios… Debo de estar soñando… Sino, no me explico que tengas un libro en las manos.- dije bostezando.
- Que graciosa. Por fin te has despertado, luego dices que la vaga soy yo- dijo incorporándose un poco- Por cierto, ¿y este libro?
- ¿Qué?
- ¿De dónde lo has sacado?
- Me lo trajo Lara. ¿A que no está mal?
- Enseña cosas… No me gusta que los libro enseñen cosas.
- La leyenda de Las Brujas de Salem no es tan leyenda. Quizás haya cosas que sí pasaron.
- ¿Como la magia?
- No solo habla de magia. Habla de cómo gente inocente murió porque tenían miedo de lo desconocido, de cómo en esa época juzgaban las acciones de las personas sin saber la razón de actuar de ese modo, de cómo injustificadamente mataban a personas solo por ser diferentes…
- Un tostón. Prefiero el trozo de la historia.
- El libro es todo un conjunto. Te habla de realidad mezclado con un poco de ficción.
- ¿Lo has acabado de leer?
- Aun no. ¿Por?
- Cuando te lo acabes, me lo prestas.
- ¿Enserio?
- ¿De qué te extrañas?
Dejé a Paula leyendo mientras me daba una larga ducha, inmersa en mis pensamientos, dando vueltas y vueltas a lo de April… Salí a rebuscar en el armario algo que ponerme. No tenía ganas de nada, por tanto opté por ponerme vaqueros con una camiseta blanca sencilla y las Convers blancas y negras que tenía.
- No entiendo cómo puedes haber madrugado y tener esa energía… Seguro que llegaste más tarde que yo y apuesto a que bebiste el triple que yo. ¿Cómo lo haces?
- Soy así, ese es mi modo de vida desde los trece años- dijo risueña.
- ¿No tienes resaca?
- Yo no tengo resaca… La resaca me tiene a mí- dijo con voz de locutor de radio.
Fuimos a ver que tal estaba Lara. Un poco más y no la vemos enterrada entre tantos regalos, además de que parecía un tanto… Ocupada.
- Venga Bayron, haz hueco que nos toca acompañarla a nosotras.- dijo en tono autoritario Paula.
- Pero…
- ¿A qué esperas? Tenemos que hablar de cosas de chicas.
- Pero…
- ¿Aun sigues aquí?
Bayron le lanzó una mirada de desesperación, se despidió de Lara y se fue.
- ¿Por qué le tratas así? Solo me hacía compañía…
- Por desgracia para ti es lo único que te hará como no mejores y salgas de la enfermería- Paula rió- ¿O no?
Le pegué un codazo al mismo tiempo que Lara se ruborizaba. Nos sentamos en la cama para cotillear todas las cosas que le habían traído, le hablamos de la fiesta, la que montaron en la piscina, del último suceso con un profesor… Mil cosas más. Todo para que se distrajera un poco.
- ¿Y ese regalo de ahí?- pregunté con curiosidad.
- ¿Cuál de todos? Desde aquí no veo.
Cogí una rosa algo rara. Rara porque parecía que brillara al tras luz, rara porque debería haberse marchitado aunque fuera un poco… La flor acompañaba a una pulsera de la suerte azul celeste que no había visto en la vida.
- ¿Eso? No tengo ni idea. Me llegó hace poco, pero no llevaba una nota ni nada semejante.
- Igual tienes un admirador secreto- dedujo Paula- Oh… ¿Te imaginas?
- Paula, compórtate- le reñí.
- ¿Qué? ¿Es que no puedo ni dar mi opinión? ¡Acusica!- gritó.
Lara rió. Las dos siguieron charlando como antes, sin embargo yo no podía dejar de mirar aquella pulsera que para mí, tenía un brillo especial. ‘No debería haber bebido aquella cosa ayer’, pensé en mi fuero interno.
Desperté cerca de las doce porque oí ruidos de fondo. Abrí poco a poco los ojos y pude observar a Paula en la cama de Lara, totalmente estirada, leyendo un libro. Me desperecé frotándome los dos ojos.
- Dios… Debo de estar soñando… Sino, no me explico que tengas un libro en las manos.- dije bostezando.
- Que graciosa. Por fin te has despertado, luego dices que la vaga soy yo- dijo incorporándose un poco- Por cierto, ¿y este libro?
- ¿Qué?
- ¿De dónde lo has sacado?
- Me lo trajo Lara. ¿A que no está mal?
- Enseña cosas… No me gusta que los libro enseñen cosas.
- La leyenda de Las Brujas de Salem no es tan leyenda. Quizás haya cosas que sí pasaron.
- ¿Como la magia?
- No solo habla de magia. Habla de cómo gente inocente murió porque tenían miedo de lo desconocido, de cómo en esa época juzgaban las acciones de las personas sin saber la razón de actuar de ese modo, de cómo injustificadamente mataban a personas solo por ser diferentes…
- Un tostón. Prefiero el trozo de la historia.
- El libro es todo un conjunto. Te habla de realidad mezclado con un poco de ficción.
- ¿Lo has acabado de leer?
- Aun no. ¿Por?
- Cuando te lo acabes, me lo prestas.
- ¿Enserio?
- ¿De qué te extrañas?
Dejé a Paula leyendo mientras me daba una larga ducha, inmersa en mis pensamientos, dando vueltas y vueltas a lo de April… Salí a rebuscar en el armario algo que ponerme. No tenía ganas de nada, por tanto opté por ponerme vaqueros con una camiseta blanca sencilla y las Convers blancas y negras que tenía.
- No entiendo cómo puedes haber madrugado y tener esa energía… Seguro que llegaste más tarde que yo y apuesto a que bebiste el triple que yo. ¿Cómo lo haces?
- Soy así, ese es mi modo de vida desde los trece años- dijo risueña.
- ¿No tienes resaca?
- Yo no tengo resaca… La resaca me tiene a mí- dijo con voz de locutor de radio.
Fuimos a ver que tal estaba Lara. Un poco más y no la vemos enterrada entre tantos regalos, además de que parecía un tanto… Ocupada.
- Venga Bayron, haz hueco que nos toca acompañarla a nosotras.- dijo en tono autoritario Paula.
- Pero…
- ¿A qué esperas? Tenemos que hablar de cosas de chicas.
- Pero…
- ¿Aun sigues aquí?
Bayron le lanzó una mirada de desesperación, se despidió de Lara y se fue.
- ¿Por qué le tratas así? Solo me hacía compañía…
- Por desgracia para ti es lo único que te hará como no mejores y salgas de la enfermería- Paula rió- ¿O no?
Le pegué un codazo al mismo tiempo que Lara se ruborizaba. Nos sentamos en la cama para cotillear todas las cosas que le habían traído, le hablamos de la fiesta, la que montaron en la piscina, del último suceso con un profesor… Mil cosas más. Todo para que se distrajera un poco.
- ¿Y ese regalo de ahí?- pregunté con curiosidad.
- ¿Cuál de todos? Desde aquí no veo.
Cogí una rosa algo rara. Rara porque parecía que brillara al tras luz, rara porque debería haberse marchitado aunque fuera un poco… La flor acompañaba a una pulsera de la suerte azul celeste que no había visto en la vida.
- ¿Eso? No tengo ni idea. Me llegó hace poco, pero no llevaba una nota ni nada semejante.
- Igual tienes un admirador secreto- dedujo Paula- Oh… ¿Te imaginas?
- Paula, compórtate- le reñí.
- ¿Qué? ¿Es que no puedo ni dar mi opinión? ¡Acusica!- gritó.
Lara rió. Las dos siguieron charlando como antes, sin embargo yo no podía dejar de mirar aquella pulsera que para mí, tenía un brillo especial. ‘No debería haber bebido aquella cosa ayer’, pensé en mi fuero interno.
martes, 24 de agosto de 2010
Capítulo 19: Desencuentro
¿Gracias? ¿Ella había dicho… Gracias? ¿O es que la música había interferido para que escuchara mal?
- Em… No quiero ser portadora de malas noticias, pero en el comedor hay unos chicos buscando cosas para hacer una hoguera. Creo que han encontrado un álbum de fotos o algo.
- ¿Un… álbum? ¿De fotos?- preguntó Eric tragando saliva.
- Ajá.
Eric salió corriendo en dirección contraria a la que me llevaba antes. Debería ser un álbum muy importante para que reaccionara de ese modo. Seguía apoyada en la mesa, sin prestar atención a April, sin tan siquiera mirarla… Bueno, la vi de reojo, sin fijarme demasiado.
- ¿No decías que no vendrías?- acabé preguntando.
- Cambié de opinión- aunque lo disimulara, en su voz se le notaba algo de rabia.
Esta vez fijé mis ojos en los suyos. Sí. Aunque tratara de disimular en su cara se reflejaba un poco de rabia.
- ¿Ibas a algún sitio con tu novio?- preguntó, pero no contesté- ¿Y Paulita? ¿No debería estar pendiente de que no me acercara a ti?
Hice de nuevo oídos sordos. Quería aguantar sin mirarla, pero no sabría si realmente lo conseguiría.
- ¿Qué tal se encuentra tu amiga?- esta vez le miré- Supongo que tendría una buena excusa para obligarte a ir a por ella.
- La tenía.- dije.
- ¿Y bien?
- No tengo porqué decírtela.
Se revolvió molesta sin llegar a moverse de donde estaba.
- ¿Tampoco estás con tu novia?
Ni me inmuté. Quería saber hasta dónde sería capaz de llegar April si no le hacía caso. En ese justo momento, pasaron por nuestro lado un par de chicos comentando lo de Lara. Ella sonrió.
- ¡No me digas que esa Lara es tu compañera de habitación y tú amiga!- empezó a reír- Hay que ser imbécil para resbalarse en un puto cuarto de baño…
Ese comentario me enfadó, de hecho apreté las manos en la mesita sin ser consciente. Ella se estaba impacientando.
- ¿Piensas que conseguirás algo ignorándome? Eres muy previsible, Cristel.
Se apoyó en la mesita a mi lado. No, no lo iba a conseguir. Ahora sería yo la que le probara a ella.
- Podría haber ido otra que no fueras tú, y lo sabes. Lo que le ha ocurrido solo era una excusa para…
- ¡Joder! ¿Cómo que una excusa? ¡Tenía la cabeza abierta!- grité cayendo de lleno en su provocación- ¡Es que es increíble tu forma de ser!
- No tengo la culpa de que sea subnormal.
Pegué un resoplido cansada al mismo tiempo que me separaba de aquella mesa para irme.
- ¿Dónde crees que vas?
- ¡Lejos de ti!
Ella me cogió del brazo y me estiró con tanta fuerza que tuve que volver al sitio que antes ocupaba.
- Deja de hacer eso, Cristel. Por tu bien deja de hacerlo.- dijo apretando los dientes.
- Solo has venido a joderme… ¿Tan poca vida social tienes? ¡Lárgate a follar con cualquiera y déjame tranquila!
- ¡Se acabó!- me empujó contra la mesa más de lo que estaba ya- No me hables así… No soporto ese tono de voz.
- Te hablaré como quiera- le dije cabreada- Quítate de encima. ¡Quita!
- ¡Que no me grites! No te lo permito.
- ¿Qué no me lo permites?- solté una carcajada- ¿Y quién eres tú para permitirme o no permitirme? ¡Nadie! ¡No eres mi madre, ni mi amiga, ni nada! ¡Tan solo eres una extraña! ¡Eso es lo que eres! ¡Solo eso! Ni tan siquiera somos nada, ¿recuerdas? Porque todavía no ha pasado nada entre nosotras… Ni pasará. Eso tenlo claro.
- ¡No!- dijo apretándome con fuerza las muñecas- Tenlo claro tú… Ten claro que conmigo no se juega. ¿¡Me has entendido!?
- Que te jodan…- le espeté.
April se pegó más a mí, apretándome de nuevo las muñecas, apretando los dientes con fuerza y con sus potentes ojos azules fijos en los míos. Giré la cabeza, haciendo caso omiso del dolor que sentía en los brazos.
- Mírame…- añadió- Gira la cabeza, Cristel, no te lo repetiré dos veces… ¡Que me mires!- gritó soltándome por fin de una muñeca y cogiéndome de la cara.
- Me haces daño- dije con mis ojos puestos de nuevo en los suyos, desafiantes- Yo no te prometí nada. ‘No esperes nada de mí porque yo no esperaré nada de ti’, eso fue lo que dijiste. ¿Se te ha olvidado?
- Estás a punto de agotar mi paciencia…
- No temo a tus absurdas amenazas… ¿Quieres hacerme algo? ¡Adelante! ¡A ver si tienes valor!
- ¡Que no juegues conmigo!
- ¡Pues suelta!
Comenzamos a forcejear, de tal manera que April trataba de controlarme mientras que yo intentaba zafarme de ella sin éxito. Esta vez no iba a conseguirlo, al menos esta vez resistiría como fuera ante ese dolor que me quemaba en la muñeca. No se cómo sucedió, pero cuando pude soltar una de mis manos, al volver a luchar, le di un guantazo en toda la cara. Me quedé de piedra. Ella solo se separó un instante tocándose la mejilla algo dolorida. Sentí miedo. Sus ojos se volvieron a oscurecer, su rostro se contrajo duramente y noté su rabia como si fuera parte de la mía.
De golpe, volvió a empujarme, esta vez con mucha más fuerza que la anterior vez. Me golpeé de lleno con la mesita mientras ella resoplaba enfurecida. Vi cómo su mejilla iba poniéndose roja a causa de la bofetada.
Esperaba un grito. Un insulto. Esperaba incluso un puñetazo. O algo violento. Sin embargo no dijo nada. Dio un paso atrás sin quitarme los ojos de encima y se fue a toda prisa, llevándose por delante a gente. El corazón me latía increíblemente fuerte, casi podía escucharlo por encima de la música. Respiraba aceleradamente. No centraba mis pensamientos, cada uno decía una cosa, pero cuando pasó un rato, fui consciente de la situación: indirectamente o sin querer, yo había pegado a April… Y esta, de todo lo que podría haberme hecho, decidió irse. ¿Qué ocurriría a partir de ahora?
Ella salió de la casa rápidamente, chocándose con todas las personas que se ponían por donde iba. Pasó por un grupo de chicos hablando, uno de los cuales cazó su brazo al vuelo.
- ¡April! ¿Dónde vas?
- Suelta.
- ¿Qué te pasa?- ella clavó sus ojos en los de él- Estás temblando…
- ¡Suelta!- le chilló.
Él tan solo movió su mano derecha para despedirse de sus amigos y emprendió el camino hacia su coche llevándosela a rastras.
- Vamos, aquí hay demasiada gente cotilla.
- Nico, no te lo voy a volver a pedir…
- Cálmate.
- ¡Estoy calmada!
- No, no lo estás. Estás ardiendo, estás llena de rabia… Tiemblas. Y eso no es un buen presagio.
Desde la distancia hizo abrirse el coche. En cuanto se acercaron, metió a April en el asiento de detrás y él se sentó con ella, poniendo el seguro.
- ¿Qué te ha pasado?- volvió a preguntarle.
- Nada. Todo está bien.
- No me digas que todo está bien, April. Se que no es así.- apenas le rozó la mano- Ardes otra vez. No puedes seguir así, acabarás matándote.
- ¿A ti que te importa?
- ¿No ves que no puedes pasarte la vida con toda esa rabia acumulada? No es normal.
- ¡Nada es normal! ¡Yo no soy normal! Sabes que no puedo hacer otra cosa…
- ¡Sí que puedes! Algún día puedes explotar y hacer daño a alguien, ¿eso es lo que quieres?
- Sé controlarme.
- ¿Tan convencida estás? ¿Has olvidado el día que te desmayaste en clase adrede? La fiebre tardó en bajarte… Tardó en bajarte más que la última vez.- ella se quedó mirando la nada desde la ventanilla- Mira… Te conozco lo suficiente, nunca te pregunto nada, te ayudo en lo que puedo, pero esta vez no me quedaré de brazos cruzados. Si no tienes más cuidado llamaré a tu padre.
- ¿Y qué?- rió- ¿Te crees que lo dejará todo para venir a verme?
- Entonces llamaré a Stessa- ella puso un gesto serio- Y si hace falta… Como sea, me pondré en contacto con Alecc- resopló.
- ¡Ni se te pase por la cabeza! ¿¡Me oyes!?
- Soy el único que tienes a tu lado, porque me preocupas de verdad. Aunque todo sea una locura soy tu amigo… Me da igual que no entiendas el significado de esa palabra.
Ella solo emitió un gruñido. Nico bajó del coche para subirse en el lado del piloto.
- Te llevaré a tu habitación, necesitas una ducha muy fría.- dijo arrancando- Pero no creas que la conversación queda aquí, quiero que me cuentes algo más o te quedarás sola en esto. Además… Hoy he conocido a una tal Cristel y puede que te interese saber de qué hemos hablado.- añadió con una seductora sonrisa.
- Em… No quiero ser portadora de malas noticias, pero en el comedor hay unos chicos buscando cosas para hacer una hoguera. Creo que han encontrado un álbum de fotos o algo.
- ¿Un… álbum? ¿De fotos?- preguntó Eric tragando saliva.
- Ajá.
Eric salió corriendo en dirección contraria a la que me llevaba antes. Debería ser un álbum muy importante para que reaccionara de ese modo. Seguía apoyada en la mesa, sin prestar atención a April, sin tan siquiera mirarla… Bueno, la vi de reojo, sin fijarme demasiado.
- ¿No decías que no vendrías?- acabé preguntando.
- Cambié de opinión- aunque lo disimulara, en su voz se le notaba algo de rabia.
Esta vez fijé mis ojos en los suyos. Sí. Aunque tratara de disimular en su cara se reflejaba un poco de rabia.
- ¿Ibas a algún sitio con tu novio?- preguntó, pero no contesté- ¿Y Paulita? ¿No debería estar pendiente de que no me acercara a ti?
Hice de nuevo oídos sordos. Quería aguantar sin mirarla, pero no sabría si realmente lo conseguiría.
- ¿Qué tal se encuentra tu amiga?- esta vez le miré- Supongo que tendría una buena excusa para obligarte a ir a por ella.
- La tenía.- dije.
- ¿Y bien?
- No tengo porqué decírtela.
Se revolvió molesta sin llegar a moverse de donde estaba.
- ¿Tampoco estás con tu novia?
Ni me inmuté. Quería saber hasta dónde sería capaz de llegar April si no le hacía caso. En ese justo momento, pasaron por nuestro lado un par de chicos comentando lo de Lara. Ella sonrió.
- ¡No me digas que esa Lara es tu compañera de habitación y tú amiga!- empezó a reír- Hay que ser imbécil para resbalarse en un puto cuarto de baño…
Ese comentario me enfadó, de hecho apreté las manos en la mesita sin ser consciente. Ella se estaba impacientando.
- ¿Piensas que conseguirás algo ignorándome? Eres muy previsible, Cristel.
Se apoyó en la mesita a mi lado. No, no lo iba a conseguir. Ahora sería yo la que le probara a ella.
- Podría haber ido otra que no fueras tú, y lo sabes. Lo que le ha ocurrido solo era una excusa para…
- ¡Joder! ¿Cómo que una excusa? ¡Tenía la cabeza abierta!- grité cayendo de lleno en su provocación- ¡Es que es increíble tu forma de ser!
- No tengo la culpa de que sea subnormal.
Pegué un resoplido cansada al mismo tiempo que me separaba de aquella mesa para irme.
- ¿Dónde crees que vas?
- ¡Lejos de ti!
Ella me cogió del brazo y me estiró con tanta fuerza que tuve que volver al sitio que antes ocupaba.
- Deja de hacer eso, Cristel. Por tu bien deja de hacerlo.- dijo apretando los dientes.
- Solo has venido a joderme… ¿Tan poca vida social tienes? ¡Lárgate a follar con cualquiera y déjame tranquila!
- ¡Se acabó!- me empujó contra la mesa más de lo que estaba ya- No me hables así… No soporto ese tono de voz.
- Te hablaré como quiera- le dije cabreada- Quítate de encima. ¡Quita!
- ¡Que no me grites! No te lo permito.
- ¿Qué no me lo permites?- solté una carcajada- ¿Y quién eres tú para permitirme o no permitirme? ¡Nadie! ¡No eres mi madre, ni mi amiga, ni nada! ¡Tan solo eres una extraña! ¡Eso es lo que eres! ¡Solo eso! Ni tan siquiera somos nada, ¿recuerdas? Porque todavía no ha pasado nada entre nosotras… Ni pasará. Eso tenlo claro.
- ¡No!- dijo apretándome con fuerza las muñecas- Tenlo claro tú… Ten claro que conmigo no se juega. ¿¡Me has entendido!?
- Que te jodan…- le espeté.
April se pegó más a mí, apretándome de nuevo las muñecas, apretando los dientes con fuerza y con sus potentes ojos azules fijos en los míos. Giré la cabeza, haciendo caso omiso del dolor que sentía en los brazos.
- Mírame…- añadió- Gira la cabeza, Cristel, no te lo repetiré dos veces… ¡Que me mires!- gritó soltándome por fin de una muñeca y cogiéndome de la cara.
- Me haces daño- dije con mis ojos puestos de nuevo en los suyos, desafiantes- Yo no te prometí nada. ‘No esperes nada de mí porque yo no esperaré nada de ti’, eso fue lo que dijiste. ¿Se te ha olvidado?
- Estás a punto de agotar mi paciencia…
- No temo a tus absurdas amenazas… ¿Quieres hacerme algo? ¡Adelante! ¡A ver si tienes valor!
- ¡Que no juegues conmigo!
- ¡Pues suelta!
Comenzamos a forcejear, de tal manera que April trataba de controlarme mientras que yo intentaba zafarme de ella sin éxito. Esta vez no iba a conseguirlo, al menos esta vez resistiría como fuera ante ese dolor que me quemaba en la muñeca. No se cómo sucedió, pero cuando pude soltar una de mis manos, al volver a luchar, le di un guantazo en toda la cara. Me quedé de piedra. Ella solo se separó un instante tocándose la mejilla algo dolorida. Sentí miedo. Sus ojos se volvieron a oscurecer, su rostro se contrajo duramente y noté su rabia como si fuera parte de la mía.
De golpe, volvió a empujarme, esta vez con mucha más fuerza que la anterior vez. Me golpeé de lleno con la mesita mientras ella resoplaba enfurecida. Vi cómo su mejilla iba poniéndose roja a causa de la bofetada.
Esperaba un grito. Un insulto. Esperaba incluso un puñetazo. O algo violento. Sin embargo no dijo nada. Dio un paso atrás sin quitarme los ojos de encima y se fue a toda prisa, llevándose por delante a gente. El corazón me latía increíblemente fuerte, casi podía escucharlo por encima de la música. Respiraba aceleradamente. No centraba mis pensamientos, cada uno decía una cosa, pero cuando pasó un rato, fui consciente de la situación: indirectamente o sin querer, yo había pegado a April… Y esta, de todo lo que podría haberme hecho, decidió irse. ¿Qué ocurriría a partir de ahora?
Ella salió de la casa rápidamente, chocándose con todas las personas que se ponían por donde iba. Pasó por un grupo de chicos hablando, uno de los cuales cazó su brazo al vuelo.
- ¡April! ¿Dónde vas?
- Suelta.
- ¿Qué te pasa?- ella clavó sus ojos en los de él- Estás temblando…
- ¡Suelta!- le chilló.
Él tan solo movió su mano derecha para despedirse de sus amigos y emprendió el camino hacia su coche llevándosela a rastras.
- Vamos, aquí hay demasiada gente cotilla.
- Nico, no te lo voy a volver a pedir…
- Cálmate.
- ¡Estoy calmada!
- No, no lo estás. Estás ardiendo, estás llena de rabia… Tiemblas. Y eso no es un buen presagio.
Desde la distancia hizo abrirse el coche. En cuanto se acercaron, metió a April en el asiento de detrás y él se sentó con ella, poniendo el seguro.
- ¿Qué te ha pasado?- volvió a preguntarle.
- Nada. Todo está bien.
- No me digas que todo está bien, April. Se que no es así.- apenas le rozó la mano- Ardes otra vez. No puedes seguir así, acabarás matándote.
- ¿A ti que te importa?
- ¿No ves que no puedes pasarte la vida con toda esa rabia acumulada? No es normal.
- ¡Nada es normal! ¡Yo no soy normal! Sabes que no puedo hacer otra cosa…
- ¡Sí que puedes! Algún día puedes explotar y hacer daño a alguien, ¿eso es lo que quieres?
- Sé controlarme.
- ¿Tan convencida estás? ¿Has olvidado el día que te desmayaste en clase adrede? La fiebre tardó en bajarte… Tardó en bajarte más que la última vez.- ella se quedó mirando la nada desde la ventanilla- Mira… Te conozco lo suficiente, nunca te pregunto nada, te ayudo en lo que puedo, pero esta vez no me quedaré de brazos cruzados. Si no tienes más cuidado llamaré a tu padre.
- ¿Y qué?- rió- ¿Te crees que lo dejará todo para venir a verme?
- Entonces llamaré a Stessa- ella puso un gesto serio- Y si hace falta… Como sea, me pondré en contacto con Alecc- resopló.
- ¡Ni se te pase por la cabeza! ¿¡Me oyes!?
- Soy el único que tienes a tu lado, porque me preocupas de verdad. Aunque todo sea una locura soy tu amigo… Me da igual que no entiendas el significado de esa palabra.
Ella solo emitió un gruñido. Nico bajó del coche para subirse en el lado del piloto.
- Te llevaré a tu habitación, necesitas una ducha muy fría.- dijo arrancando- Pero no creas que la conversación queda aquí, quiero que me cuentes algo más o te quedarás sola en esto. Además… Hoy he conocido a una tal Cristel y puede que te interese saber de qué hemos hablado.- añadió con una seductora sonrisa.
viernes, 20 de agosto de 2010
Capítulo 18: Nicholas
Soplé de manera que mi flequillo subió para luego bajar. Cinco minutos de estar apoyada en la pared, se escuchó la voz de Eric por toda la casa. De golpe, la música paró.
- ¡Buenas noches! ¿¡Os lo estáis pasando bien!?- un montón de personas gritaron al unísono que sí- ¡Así me gusta! ¡Ahora, voy a poner un remix de mi cosecha, dedicado a… Ella ya lo sabe!- rió- ¡Venga, quiero que todos y sobretodo, todas, la bailéis!
En cuanto dejó de hablar, de fondo empezó la música. No alcanzaba a oírla del todo, pero cuando puse bien el oído, me di cuenta de qué canción era. ‘Sweet Caroline’ versionada con otra que ya no conocía.
Me reí al tiempo escuchaba detenidamente la canción:
Fue en la primavera, y la primavera se convirtió en verano. Quién habría pensado que tú vendrías…
Eric era un Don Juan con todas las letras. Si había que hacer algo para que la chica le prestara atención, él lo hacía, por muy burra que fuera esa cosa. Entonces me vino la imagen de April… Mirándolo bien, se parecían, solo que las maneras de él eran mucho más agradables que la manera de hacer las cosas de ella. Pensando en eso, noté que alguien se situaba a mi lado.
- ¿Te importa compartir tu rincón secreto?- preguntó el chico.
- No, apóyate si quieres.
- Búf, gracias.
- ¿Mucha gente?
- Muchísima.
Él se me quedó mirando durante un rato.
- ¿Te conozco de algo?
- Si vas al internado Saint Patrick, posiblemente sí.
- Ajá, eso va a ser. ¿Qué curso?
- Primero de Bachiller.
- Pues seguro que nos hemos cruzado. Yo voy un curso por delante- sonrió.
Nos quedamos en silencio y la música lo envolvió todo.
- ¿Te puedo pedir un favor?- preguntó él.
- Ehm… Depende.- contesté algo desconfiada.
- ¿Puedes sujetarme un momento el vaso?
- Claro.
Nada más me lo dio, se fue al fondo del pasillo, se colocó un poco detrás de mí y se agachó. Solo terminar su acción, una chica se asomó observando el pequeño vacío de arriba a bajo. En cuento se fue, él asomó la cabeza.
- Esto… No creas que siempre hago estas cosas.- dijo mirándome desde abajo- Es tan solo que…
No pudo acabar la frase porque la misma chica volvió a pasar a mirar el mismo vacío. Enarcó una de las cejas y se marcho de nuevo.
- ¿Se ha ido?
- Creo que sí…- le dije.
Asomó sus grandes ojos verdes antes de levantarse de un salto.
- Quizás esto te haya parecido un poco raro, pero no es lo que parece.
- ¿No te ocultabas de esa chica?
Él me miró. Agarró el vaso diciendo:
- Vale, puede que sí sea lo que parece.- reí- Claro que todo esto tiene una explicación lógica y no demasiado patética.
- ¿Estás seguro?- dije riendo.
- Vale, quizás tampoco tenga una explicación tan lógica.- añadió riendo conmigo.- En fin… Me llamo Nico. Nicholas Harrys.
- Cristel Brais.
Puso los ojos como platos antes de darme la mano.
- ¿Cristel?- apartó la vista- Me suena tu nombre…
- Apuntes- afirmé.
- Apuntes- afirmó él asintiendo con la cabeza y sonriendo.
Empezamos a charlar animadamente de muchas cosas. Bueno, de todas las cosas que la música permitía escuchar. Era un chico muy majo, simpático y… Guapo. Sus ojos verdes claros expresaban lo que sentían, su sonrisa era preciosa, su pelo castaño claro le daba un aire algo desordenado… Me sorprendí de no haberlo visto antes. ‘Lo vería pero no me fijaría’. Las palabras de Karol me vinieron a la cabeza. ¿Dónde andaría?
- Creo que me iré, no sea que le de por mirar de nuevo.- me sonrió- Espero verte pronto Cristel.
- Puedes llamarme Cris si lo prefieres.
- Está bien, Cris. Tengo la sensación de que nos volveremos a ver.
Acto seguido, después de mirar a ambos lados, se fue. Me quedé allí quieta, hasta que me dije que sería mejor volver a la esquina por si las moscas.
De camino, me di de bruces con Eric y Karol.
- ¡Hombre! Menos mal que te he dicho que no te alejaras demasiado, ¿eh?
- Con tanta gente me he perdido.
- Ya. Voy a por algo de beber. Intenta no perderte otra vez.
Eric también desapareció entre la multitud de gente que bailaba.
- Dulce Carolina…- canturré- Good times never seemed so good, I've been inclined
to believe they never would…
- Calla anda, que me ha dado una vergüenza…
Las dos empezamos a reírnos.
- ¿Dónde te has metido? Miraba por ahí a ver si te veía y me venías a salvar, pero ni flores.
- He estado ocupada- dije sonriendo- Ya sabes… Cosas.
- Um… ¿Cosas? Que raro suena eso viniendo de ti.
- ¿Por qué? No soy tan aburrida como la gente dice.
- ¿La gente dice eso?- preguntó sorprendida- Habladurías, envidia… A mí no me aburres para nada.
Una chica desde lejos empezó a hacer señales extrañas para llamar la atención de Karol, pero estaba distraída conmigo, así que tuve que señalarle con el dedo para que se diera cuenta.
- Es mi amiga.- dejó el vaso a mi lado- Seguramente quiera contarme su última conquista… En fin, ahora vengo.
Suspiré. Quería irme, darme una ducha fría y acostarme. Nada más separarme de la pared, Eric apareció como por arte de magia.
- ¿Pensabas dejarme otra vez tirado?
- No- mentí- Iba a estirar las piernas.
- Y yo soy el Papa- me miró- Me debes un baile, señorita Brais.
- ¿No me lo puedes perdonar? Es que estoy cansada, he tenido un día ajetreado…
- Nada de eso- dijo negando con la cabeza- Hoy no te librarás tan fácilmente.
- Eric…
- No. Venga, tú te vienes conmigo.
Sin mediar ni una palabra más, me estiró del brazo. Me llevó por el multitudinario pasillo hasta llegar a la otra parte de la casa, algo desértica por decirlo así. En ese pasillo se frenó haciendo que chocara contra él y fuera a parar a una mesa decorativa. Del golpe, el jarrón que había encima se cayó, haciéndose añicos.
- ¿A quién se le ocurre pararse de sopetón?
- Perdona, creí que había alguien en esta habitación.
- ¿Solo en esta? Están todas a rebosar.
- ¿Lo has comprobado?- preguntó con cierta sorpresa- ¿Con quién?
- ¿Qué? Claro que no lo he comprobado, pero es de sentido común.
Alcé la vista al mismo tiempo que veía una figura acercarse hacia nosotros. Eric se giró y sin cortarse un pelo, la miró de arriba a bajo.
- Madre mía April, que buena que estás…- le miró- Y muy guapa también- añadió con una sonrisa de oreja a oreja.
- Gracias- contestó ella con otra sonrisa perfecta.
- ¡Buenas noches! ¿¡Os lo estáis pasando bien!?- un montón de personas gritaron al unísono que sí- ¡Así me gusta! ¡Ahora, voy a poner un remix de mi cosecha, dedicado a… Ella ya lo sabe!- rió- ¡Venga, quiero que todos y sobretodo, todas, la bailéis!
En cuanto dejó de hablar, de fondo empezó la música. No alcanzaba a oírla del todo, pero cuando puse bien el oído, me di cuenta de qué canción era. ‘Sweet Caroline’ versionada con otra que ya no conocía.
Me reí al tiempo escuchaba detenidamente la canción:
Fue en la primavera, y la primavera se convirtió en verano. Quién habría pensado que tú vendrías…
Eric era un Don Juan con todas las letras. Si había que hacer algo para que la chica le prestara atención, él lo hacía, por muy burra que fuera esa cosa. Entonces me vino la imagen de April… Mirándolo bien, se parecían, solo que las maneras de él eran mucho más agradables que la manera de hacer las cosas de ella. Pensando en eso, noté que alguien se situaba a mi lado.
- ¿Te importa compartir tu rincón secreto?- preguntó el chico.
- No, apóyate si quieres.
- Búf, gracias.
- ¿Mucha gente?
- Muchísima.
Él se me quedó mirando durante un rato.
- ¿Te conozco de algo?
- Si vas al internado Saint Patrick, posiblemente sí.
- Ajá, eso va a ser. ¿Qué curso?
- Primero de Bachiller.
- Pues seguro que nos hemos cruzado. Yo voy un curso por delante- sonrió.
Nos quedamos en silencio y la música lo envolvió todo.
- ¿Te puedo pedir un favor?- preguntó él.
- Ehm… Depende.- contesté algo desconfiada.
- ¿Puedes sujetarme un momento el vaso?
- Claro.
Nada más me lo dio, se fue al fondo del pasillo, se colocó un poco detrás de mí y se agachó. Solo terminar su acción, una chica se asomó observando el pequeño vacío de arriba a bajo. En cuento se fue, él asomó la cabeza.
- Esto… No creas que siempre hago estas cosas.- dijo mirándome desde abajo- Es tan solo que…
No pudo acabar la frase porque la misma chica volvió a pasar a mirar el mismo vacío. Enarcó una de las cejas y se marcho de nuevo.
- ¿Se ha ido?
- Creo que sí…- le dije.
Asomó sus grandes ojos verdes antes de levantarse de un salto.
- Quizás esto te haya parecido un poco raro, pero no es lo que parece.
- ¿No te ocultabas de esa chica?
Él me miró. Agarró el vaso diciendo:
- Vale, puede que sí sea lo que parece.- reí- Claro que todo esto tiene una explicación lógica y no demasiado patética.
- ¿Estás seguro?- dije riendo.
- Vale, quizás tampoco tenga una explicación tan lógica.- añadió riendo conmigo.- En fin… Me llamo Nico. Nicholas Harrys.
- Cristel Brais.
Puso los ojos como platos antes de darme la mano.
- ¿Cristel?- apartó la vista- Me suena tu nombre…
- Apuntes- afirmé.
- Apuntes- afirmó él asintiendo con la cabeza y sonriendo.
Empezamos a charlar animadamente de muchas cosas. Bueno, de todas las cosas que la música permitía escuchar. Era un chico muy majo, simpático y… Guapo. Sus ojos verdes claros expresaban lo que sentían, su sonrisa era preciosa, su pelo castaño claro le daba un aire algo desordenado… Me sorprendí de no haberlo visto antes. ‘Lo vería pero no me fijaría’. Las palabras de Karol me vinieron a la cabeza. ¿Dónde andaría?
- Creo que me iré, no sea que le de por mirar de nuevo.- me sonrió- Espero verte pronto Cristel.
- Puedes llamarme Cris si lo prefieres.
- Está bien, Cris. Tengo la sensación de que nos volveremos a ver.
Acto seguido, después de mirar a ambos lados, se fue. Me quedé allí quieta, hasta que me dije que sería mejor volver a la esquina por si las moscas.
De camino, me di de bruces con Eric y Karol.
- ¡Hombre! Menos mal que te he dicho que no te alejaras demasiado, ¿eh?
- Con tanta gente me he perdido.
- Ya. Voy a por algo de beber. Intenta no perderte otra vez.
Eric también desapareció entre la multitud de gente que bailaba.
- Dulce Carolina…- canturré- Good times never seemed so good, I've been inclined
to believe they never would…
- Calla anda, que me ha dado una vergüenza…
Las dos empezamos a reírnos.
- ¿Dónde te has metido? Miraba por ahí a ver si te veía y me venías a salvar, pero ni flores.
- He estado ocupada- dije sonriendo- Ya sabes… Cosas.
- Um… ¿Cosas? Que raro suena eso viniendo de ti.
- ¿Por qué? No soy tan aburrida como la gente dice.
- ¿La gente dice eso?- preguntó sorprendida- Habladurías, envidia… A mí no me aburres para nada.
Una chica desde lejos empezó a hacer señales extrañas para llamar la atención de Karol, pero estaba distraída conmigo, así que tuve que señalarle con el dedo para que se diera cuenta.
- Es mi amiga.- dejó el vaso a mi lado- Seguramente quiera contarme su última conquista… En fin, ahora vengo.
Suspiré. Quería irme, darme una ducha fría y acostarme. Nada más separarme de la pared, Eric apareció como por arte de magia.
- ¿Pensabas dejarme otra vez tirado?
- No- mentí- Iba a estirar las piernas.
- Y yo soy el Papa- me miró- Me debes un baile, señorita Brais.
- ¿No me lo puedes perdonar? Es que estoy cansada, he tenido un día ajetreado…
- Nada de eso- dijo negando con la cabeza- Hoy no te librarás tan fácilmente.
- Eric…
- No. Venga, tú te vienes conmigo.
Sin mediar ni una palabra más, me estiró del brazo. Me llevó por el multitudinario pasillo hasta llegar a la otra parte de la casa, algo desértica por decirlo así. En ese pasillo se frenó haciendo que chocara contra él y fuera a parar a una mesa decorativa. Del golpe, el jarrón que había encima se cayó, haciéndose añicos.
- ¿A quién se le ocurre pararse de sopetón?
- Perdona, creí que había alguien en esta habitación.
- ¿Solo en esta? Están todas a rebosar.
- ¿Lo has comprobado?- preguntó con cierta sorpresa- ¿Con quién?
- ¿Qué? Claro que no lo he comprobado, pero es de sentido común.
Alcé la vista al mismo tiempo que veía una figura acercarse hacia nosotros. Eric se giró y sin cortarse un pelo, la miró de arriba a bajo.
- Madre mía April, que buena que estás…- le miró- Y muy guapa también- añadió con una sonrisa de oreja a oreja.
- Gracias- contestó ella con otra sonrisa perfecta.
jueves, 19 de agosto de 2010
Capítulo 17: La Fiesta
Aún cuando volví a levantar la cabeza, ella seguía contemplándome. Fue entonces cuando se escuchó de nuevo la melodía del restaurante. Miré la pantallita: Lara. ¿Lara? Ella no solía llamarme.
- ¿Lara?
- Soy… yo.- dijo hablando flojo.
- ¿Te pasa algo?
- Bueno… Más o menos. ¿Estás por aquí cerca?
- Sí, de hecho estoy en el internado.
- Pero si estás ocupada… Puedo llamar a Paula.
Dudé un instante. Su voz no era la de siempre, por lo tanto algo ocurría.
- No, dime dónde estás y voy a verte…
- Eh… Pues estoy en la… Nuestra habitación.
Le colgué. Ella me miraba con gesto frío, atenta a cada palabra que decía. De golpe me dio la sensación de que April había vuelto.
- Tengo que irme.
- De eso nada.
- Lara tiene un problema, tengo que ir a ver si está bien.
- Ha dicho que si estabas ocupada llamaría a Paula. Que vaya ella.
- No se dónde se encuentra, puede que esté lejos…
- O puede que no.- cortó tajante- Tú te quedas.
- Lo siento.- dije dirigiéndome a la puerta.
- No me vale un ‘lo siento’- contestó cogiéndome de la muñeca.
- April, suelta.
- Lo prometiste. Prometiste que iba a ser todo el domingo, por eso dejé que hoy fueras a la fiesta.
- ¿Qué, qué? Estarás de broma.- no, sabía que no lo estaba- Tú dijiste que el domingo estaría contigo y no te repliqué, hice lo que querías, pero ahora tengo que comprobar que a Lara no le pasa nada. Esto no lo he buscado yo.
- A mí me da igual como esté tu amiga. Si está mal, que vaya a la enfermería, que para eso tiene piernas.
- ¡A mí no me da igual!- no me podía creer que estuviera diciendo esas cosas- Si piensas que te antepondré ante mis amigos, familia o lo que sea… Estás equivocada. Muy equivocada.
Eso no le gustó nada. Apretó mi muñeca antes de soltarla. Su rostro se congeló, sus ojos se oscurecieron nuevamente… No estaba errada, la April de siempre había regresado.
- Si te marchas ahora, agárrate a las consecuencias. Porque las habrá, Cristel.
- ¿Y qué vas a hacer? ¿Liarte con medio internado? ¡Ah, no, espera! Que eso ya lo haces.- dio un paso hacia delante, desafiante, con mirada de hielo- No me importa. No me importa en absoluto. Haz lo que creas conveniente, yo me largo.
Por un momento me sentí bien. Luego tuve algo de miedo por su reacción, así que bajé las escaleras todo lo deprisa que pude y salí del despacho. Seguí bajando escaleras hasta llegar a mi habitación, la puerta de la cual abrí de golpe. En principio no vi nada ni a nadie. Me fijé mejor. Nada. Caminé hacia el baño, a ver si estaba allí. En el fondo, debajo del botiquín, estaba Lara acurrucada con bastante sangre en sus manos.
- ¿Pero qué te ha pasado?- pregunté incrédula.
- Lo más tonto del mundo: resbalarme. Me he dado con el canto del lavabo y después al apoyar la mano me he clavado el dichoso espejito este.
Me señaló un espejito de estos que se suele utilizar para revisarse una el maquillaje.
- ¡Uf! Pues lo que no te ha matado ahora, te matará después, porque el espejito era de Paula y le encantaba.
Lara medio rió, aunque después puso cara de dolor. Le ayudé a levantarse para sentarla en la cama mientras iba a buscar a alguien que avisara a Julia.
- Iba a ir yo sola en su busca, pero me he mareado y no podía levantarme y…
- No pasa nada, Lara.- dije mientras la sentaba en la cama- Todavía no se ni como has tenido la sangre fría de llamarme tan tranquila…
Sangraba aparatosamente por la cabeza. La sangre caía en un vendaje que ella misma se había hecho para taponar la herida con la mano buena, ya que la otra también estaba mal vendada por las heridas de los pequeños cristales. Julia no tardó en aparecer, ni tardó en llevársela, ni tardó en decir que con toda seguridad, tendría que pasar toda la semana en la cama de la enfermería, así que me iba a quedar sola.
El rumor de lo de Lara se extendió como la pólvora. Tanto, que creo que en su vida había recibido tantas visitas. Además, visitas de gente que ni conocía.
- Menos mal que estabas tú aquí- me dijo Paula mientras cenábamos- Porque justo en ese momento, estaba ocupada en otros menesteres.
- ¿Menesteres? ¿Pero que tú sabes qué significa?
- Sí- dijo con cara de interesante- Igual quien no lo sabe eres tú y crees que te lo voy a decir porque así te harás la lista y me dejarás en mal lugar a mí, pero eso…
- A que no.
- No- dijo con los ojos fijos en el plato- ¿Pero a que ha quedado bien saliendo de mi boca?- añadió riendo.
Cómo no, durante la cena Eric vino unas tres veces a recordarnos la fiesta, el camino para ir a su casa, lo divertido que sería… Entre otras cosas que repetía como un loro.
- Me vienen a buscar unos amigos, ¿vosotras venís conmigo?
- Bayron y yo sí, Lara obviamente no puede y Cris me decía que vendría sobre la una.
- Ya no. Iré con vosotros si queda sitio.
- Para ti siempre hay sitio, princesa. Y si no lo hay, tranquila que tiramos a Paula.
Ésta le dio un golpe con la servilleta imitando el gesto de sentirse ofendida.
- Eres un baboso de los peores.- refunfuñó- Lo mejor es que ella pasa de ti.
- Por ahora- añadió él- Pronto Cris se dará cuenta de lo que se pierde por no quererme.
Se me escapó una carcajada que Eric tomó a mal, ya que al momento se fue.
- En verdad me da pena… ¿Por qué no te lías aunque sea un poco con él?
- ¿Eres tonta? Que no. Y deja de darme la tabarra.
Paula se vistió para la ocasión, mientras que yo, sin muchas ganas de fiesta, me arreglé lo justo. Los profesores veían demasiado movimiento y demasiadas autorizaciones que dejaban salir, así que fueron con pies de plomo comprobando cada una de las firmas por si alguna era falsa.
Eric nos esperó fuera para acompañarnos al enorme cochazo plateado con el que sus amigos pretendían llevarnos. ¿Y yo preguntaba si iba a caber? Ahí podrían entrar diez personas cómodamente, sin chafarse unas a otras.
El viaje se hizo corto. Cuando bajamos, se veía a lo lejos su casa iluminada por completo y algo de música se oía de fondo. Todavía no me lo explico, pero nada más entrar, ya había cientos de personas desconocidas, otras conocidas… Incluso algunos se suponían que no habían ido a clase por estar enfermos. Todos, cada uno de ellos, de pie, bebiendo e ‘intentando’ bailar.
- Ríete tú de las grageas de Harry Potter para provocar vómitos… Esta gente se hace el enfermo mejor que actores reconocidos.- dijo Paula entre risas.
- No se de qué te ríes, si tu eres igual que ellos.
Añadí al ver a uno que se suponía que debía de llevar escayola durante dos días más ‘por si acaso’, bailando como un mono en medio del salón.
La casa se fue llenando poco a poco. Según decía Eric ‘el aforo era ilimitado’ así que podría venir todavía más gente, porque un día era un día y si algo se rompía pues se compraba otro. Esa era su filosofía de vida: Carpe Diem.
Paula se fue a por bebida. Al momento apareció con Bayron, que había ido a visitar a Lara.
- Está mejor. Eso es lo que dice- dijo algo apenado- Aunque creo que solo quiere hacerse la dura para que nosotros lo pasemos bien.
- Lara es fuerte, si ella dice que está bien, me lo creo- dijo Paula intentando animarlo- Ahora te lo tienes que pasar el doble de bien: por ti y por ella.
Él sonrió un tanto desganado, pero como Paula no se rendía, al final acabó llevándoselo a bailar a rastras.
Yo me acoplé en una esquina para verlos mejor mientras bebía lo que ella me había traído. No sé que sería pero sabía a chuchería. Presentí a alguien a mi lado, y al notar una mano en mi hombro me giré.
- ¡Hola! Te he visto desde lejos. ¿Estás sola?
- Sola no, me han abandonado directamente.- Karol sonrió- Mis amigos que se han ido y me han dejado tirada.
- ¡Como se atreven!- gritó ofendida- No hay mal que por bien no venga, al menos tienes mi compañía.
- ¡Oh! ¿Me tengo que sentir halagada?
Karol rió y empezó a hablarme, a contarme cosas de cuando era pequeña, sus opiniones sobre el internado, miles de cosas que me hacían reír de lo lindo porque contaba las cosas con una gracia especial. De pronto vi a Bayron caminar con prisa y situarse detrás de mí.
- ¡Cris! ¡Sálvame de Paula! ¡Que no quiero bailar más!.
Paula apareció al minuto diciéndole de aburrido, rancio, hacia arriba.
- Encima que lo hacía para que ligaras…- dijo molesta- ¿Quién es?
Bayron no se había dado cuenta de la presencia de Karol hasta que Paula no hizo la pregunta. Al verla, salió de detrás de mí, tosió, sacó pecho y se apoyó en la pared diciendo:
- No quiero bailar con ella, claro, necesito a una chica más madura.
Las tres nos pusimos a reír, dejando su pobre moral por lo bajo.
- Karol, este es Bayron y ella Paula.
- Encantada.
- Vamos a bailar, Cris.- dijo Paula.
- Es que… No me apetece.
- A ver si eres tan lista de escaparte de ella- me susurró Bayron.
Paula le lanzó una mirada que Bayron entendió a la primera, así que se fue antes de que ella le dijera lo que pensaba de sus comentarios.
- ¿Pues sabes qué? Yo sí que quiero bailar. Luego nos vemos. Adiós K.
Dicho y hecho. Paula se perdió entre todo el gentío.
- ¿K?
- Claro, K de Karolina. Acostumbra a acortar los nombres, es muy ella.
Seguí charlando con ella. Al rato se acercó Eric, el cual había estado desaparecido durante bastante tiempo.
- ¡Hey! ¿Qué hay chicas?
- Pues aquí disfrutando de tu fiesta- dijo Karol.
- Y tú, ¿qué? ¿Dónde está tu gran amiga del alma?
- ¿Dónde crees que va a estar? Bebiendo, bailando, bebiendo, bailando…- contesté.
- Vale, lo he pillado, gracias.- Eric miró a Karol que estaba distraída- ¿Le has enseñado la casa? ¿Mí casa?- acentuó.
- Todavía no.- le miré- Enséñasela tú. ¿No eres el anfitrión?
- Creo que haré algo mejor.- arqueó una ceja- ¿Bailas conmigo?
- Em… No, gracias.
- Sabes que no te irás de aquí sin hacerlo, ¿verdad? Porque te lo voy a preguntar cada veinte minutos.
- Mejor cada media hora. Así será más fácil esconderme de ti.
- Ja, ja, ja. Por si acaso, no te alejes demasiado.
Hizo un gesto a Karol para que le acompañara. Ella me miró, se encogió de hombros y se fue con él. La bebida se estaba calentando por lo que decidí ir en busca de hielo, ya que nadie echaría de menos a la ‘chica de la esquina’. Me choqué con un montón de gente que ni conocía, de las cuales unas cinco me saludaron como si nada, después me empujaron otras que no sé ni qué hacían, luego me quedé estancada en una parte de la casa que estaba abarrotada. Vi un trozo de pasillo sin nadie. Aprovechando que no estaba ocupado y estaba un tanto aislado, me quedé ahí para tomar aliento antes de seguir.
- ¿Lara?
- Soy… yo.- dijo hablando flojo.
- ¿Te pasa algo?
- Bueno… Más o menos. ¿Estás por aquí cerca?
- Sí, de hecho estoy en el internado.
- Pero si estás ocupada… Puedo llamar a Paula.
Dudé un instante. Su voz no era la de siempre, por lo tanto algo ocurría.
- No, dime dónde estás y voy a verte…
- Eh… Pues estoy en la… Nuestra habitación.
Le colgué. Ella me miraba con gesto frío, atenta a cada palabra que decía. De golpe me dio la sensación de que April había vuelto.
- Tengo que irme.
- De eso nada.
- Lara tiene un problema, tengo que ir a ver si está bien.
- Ha dicho que si estabas ocupada llamaría a Paula. Que vaya ella.
- No se dónde se encuentra, puede que esté lejos…
- O puede que no.- cortó tajante- Tú te quedas.
- Lo siento.- dije dirigiéndome a la puerta.
- No me vale un ‘lo siento’- contestó cogiéndome de la muñeca.
- April, suelta.
- Lo prometiste. Prometiste que iba a ser todo el domingo, por eso dejé que hoy fueras a la fiesta.
- ¿Qué, qué? Estarás de broma.- no, sabía que no lo estaba- Tú dijiste que el domingo estaría contigo y no te repliqué, hice lo que querías, pero ahora tengo que comprobar que a Lara no le pasa nada. Esto no lo he buscado yo.
- A mí me da igual como esté tu amiga. Si está mal, que vaya a la enfermería, que para eso tiene piernas.
- ¡A mí no me da igual!- no me podía creer que estuviera diciendo esas cosas- Si piensas que te antepondré ante mis amigos, familia o lo que sea… Estás equivocada. Muy equivocada.
Eso no le gustó nada. Apretó mi muñeca antes de soltarla. Su rostro se congeló, sus ojos se oscurecieron nuevamente… No estaba errada, la April de siempre había regresado.
- Si te marchas ahora, agárrate a las consecuencias. Porque las habrá, Cristel.
- ¿Y qué vas a hacer? ¿Liarte con medio internado? ¡Ah, no, espera! Que eso ya lo haces.- dio un paso hacia delante, desafiante, con mirada de hielo- No me importa. No me importa en absoluto. Haz lo que creas conveniente, yo me largo.
Por un momento me sentí bien. Luego tuve algo de miedo por su reacción, así que bajé las escaleras todo lo deprisa que pude y salí del despacho. Seguí bajando escaleras hasta llegar a mi habitación, la puerta de la cual abrí de golpe. En principio no vi nada ni a nadie. Me fijé mejor. Nada. Caminé hacia el baño, a ver si estaba allí. En el fondo, debajo del botiquín, estaba Lara acurrucada con bastante sangre en sus manos.
- ¿Pero qué te ha pasado?- pregunté incrédula.
- Lo más tonto del mundo: resbalarme. Me he dado con el canto del lavabo y después al apoyar la mano me he clavado el dichoso espejito este.
Me señaló un espejito de estos que se suele utilizar para revisarse una el maquillaje.
- ¡Uf! Pues lo que no te ha matado ahora, te matará después, porque el espejito era de Paula y le encantaba.
Lara medio rió, aunque después puso cara de dolor. Le ayudé a levantarse para sentarla en la cama mientras iba a buscar a alguien que avisara a Julia.
- Iba a ir yo sola en su busca, pero me he mareado y no podía levantarme y…
- No pasa nada, Lara.- dije mientras la sentaba en la cama- Todavía no se ni como has tenido la sangre fría de llamarme tan tranquila…
Sangraba aparatosamente por la cabeza. La sangre caía en un vendaje que ella misma se había hecho para taponar la herida con la mano buena, ya que la otra también estaba mal vendada por las heridas de los pequeños cristales. Julia no tardó en aparecer, ni tardó en llevársela, ni tardó en decir que con toda seguridad, tendría que pasar toda la semana en la cama de la enfermería, así que me iba a quedar sola.
El rumor de lo de Lara se extendió como la pólvora. Tanto, que creo que en su vida había recibido tantas visitas. Además, visitas de gente que ni conocía.
- Menos mal que estabas tú aquí- me dijo Paula mientras cenábamos- Porque justo en ese momento, estaba ocupada en otros menesteres.
- ¿Menesteres? ¿Pero que tú sabes qué significa?
- Sí- dijo con cara de interesante- Igual quien no lo sabe eres tú y crees que te lo voy a decir porque así te harás la lista y me dejarás en mal lugar a mí, pero eso…
- A que no.
- No- dijo con los ojos fijos en el plato- ¿Pero a que ha quedado bien saliendo de mi boca?- añadió riendo.
Cómo no, durante la cena Eric vino unas tres veces a recordarnos la fiesta, el camino para ir a su casa, lo divertido que sería… Entre otras cosas que repetía como un loro.
- Me vienen a buscar unos amigos, ¿vosotras venís conmigo?
- Bayron y yo sí, Lara obviamente no puede y Cris me decía que vendría sobre la una.
- Ya no. Iré con vosotros si queda sitio.
- Para ti siempre hay sitio, princesa. Y si no lo hay, tranquila que tiramos a Paula.
Ésta le dio un golpe con la servilleta imitando el gesto de sentirse ofendida.
- Eres un baboso de los peores.- refunfuñó- Lo mejor es que ella pasa de ti.
- Por ahora- añadió él- Pronto Cris se dará cuenta de lo que se pierde por no quererme.
Se me escapó una carcajada que Eric tomó a mal, ya que al momento se fue.
- En verdad me da pena… ¿Por qué no te lías aunque sea un poco con él?
- ¿Eres tonta? Que no. Y deja de darme la tabarra.
Paula se vistió para la ocasión, mientras que yo, sin muchas ganas de fiesta, me arreglé lo justo. Los profesores veían demasiado movimiento y demasiadas autorizaciones que dejaban salir, así que fueron con pies de plomo comprobando cada una de las firmas por si alguna era falsa.
Eric nos esperó fuera para acompañarnos al enorme cochazo plateado con el que sus amigos pretendían llevarnos. ¿Y yo preguntaba si iba a caber? Ahí podrían entrar diez personas cómodamente, sin chafarse unas a otras.
El viaje se hizo corto. Cuando bajamos, se veía a lo lejos su casa iluminada por completo y algo de música se oía de fondo. Todavía no me lo explico, pero nada más entrar, ya había cientos de personas desconocidas, otras conocidas… Incluso algunos se suponían que no habían ido a clase por estar enfermos. Todos, cada uno de ellos, de pie, bebiendo e ‘intentando’ bailar.
- Ríete tú de las grageas de Harry Potter para provocar vómitos… Esta gente se hace el enfermo mejor que actores reconocidos.- dijo Paula entre risas.
- No se de qué te ríes, si tu eres igual que ellos.
Añadí al ver a uno que se suponía que debía de llevar escayola durante dos días más ‘por si acaso’, bailando como un mono en medio del salón.
La casa se fue llenando poco a poco. Según decía Eric ‘el aforo era ilimitado’ así que podría venir todavía más gente, porque un día era un día y si algo se rompía pues se compraba otro. Esa era su filosofía de vida: Carpe Diem.
Paula se fue a por bebida. Al momento apareció con Bayron, que había ido a visitar a Lara.
- Está mejor. Eso es lo que dice- dijo algo apenado- Aunque creo que solo quiere hacerse la dura para que nosotros lo pasemos bien.
- Lara es fuerte, si ella dice que está bien, me lo creo- dijo Paula intentando animarlo- Ahora te lo tienes que pasar el doble de bien: por ti y por ella.
Él sonrió un tanto desganado, pero como Paula no se rendía, al final acabó llevándoselo a bailar a rastras.
Yo me acoplé en una esquina para verlos mejor mientras bebía lo que ella me había traído. No sé que sería pero sabía a chuchería. Presentí a alguien a mi lado, y al notar una mano en mi hombro me giré.
- ¡Hola! Te he visto desde lejos. ¿Estás sola?
- Sola no, me han abandonado directamente.- Karol sonrió- Mis amigos que se han ido y me han dejado tirada.
- ¡Como se atreven!- gritó ofendida- No hay mal que por bien no venga, al menos tienes mi compañía.
- ¡Oh! ¿Me tengo que sentir halagada?
Karol rió y empezó a hablarme, a contarme cosas de cuando era pequeña, sus opiniones sobre el internado, miles de cosas que me hacían reír de lo lindo porque contaba las cosas con una gracia especial. De pronto vi a Bayron caminar con prisa y situarse detrás de mí.
- ¡Cris! ¡Sálvame de Paula! ¡Que no quiero bailar más!.
Paula apareció al minuto diciéndole de aburrido, rancio, hacia arriba.
- Encima que lo hacía para que ligaras…- dijo molesta- ¿Quién es?
Bayron no se había dado cuenta de la presencia de Karol hasta que Paula no hizo la pregunta. Al verla, salió de detrás de mí, tosió, sacó pecho y se apoyó en la pared diciendo:
- No quiero bailar con ella, claro, necesito a una chica más madura.
Las tres nos pusimos a reír, dejando su pobre moral por lo bajo.
- Karol, este es Bayron y ella Paula.
- Encantada.
- Vamos a bailar, Cris.- dijo Paula.
- Es que… No me apetece.
- A ver si eres tan lista de escaparte de ella- me susurró Bayron.
Paula le lanzó una mirada que Bayron entendió a la primera, así que se fue antes de que ella le dijera lo que pensaba de sus comentarios.
- ¿Pues sabes qué? Yo sí que quiero bailar. Luego nos vemos. Adiós K.
Dicho y hecho. Paula se perdió entre todo el gentío.
- ¿K?
- Claro, K de Karolina. Acostumbra a acortar los nombres, es muy ella.
Seguí charlando con ella. Al rato se acercó Eric, el cual había estado desaparecido durante bastante tiempo.
- ¡Hey! ¿Qué hay chicas?
- Pues aquí disfrutando de tu fiesta- dijo Karol.
- Y tú, ¿qué? ¿Dónde está tu gran amiga del alma?
- ¿Dónde crees que va a estar? Bebiendo, bailando, bebiendo, bailando…- contesté.
- Vale, lo he pillado, gracias.- Eric miró a Karol que estaba distraída- ¿Le has enseñado la casa? ¿Mí casa?- acentuó.
- Todavía no.- le miré- Enséñasela tú. ¿No eres el anfitrión?
- Creo que haré algo mejor.- arqueó una ceja- ¿Bailas conmigo?
- Em… No, gracias.
- Sabes que no te irás de aquí sin hacerlo, ¿verdad? Porque te lo voy a preguntar cada veinte minutos.
- Mejor cada media hora. Así será más fácil esconderme de ti.
- Ja, ja, ja. Por si acaso, no te alejes demasiado.
Hizo un gesto a Karol para que le acompañara. Ella me miró, se encogió de hombros y se fue con él. La bebida se estaba calentando por lo que decidí ir en busca de hielo, ya que nadie echaría de menos a la ‘chica de la esquina’. Me choqué con un montón de gente que ni conocía, de las cuales unas cinco me saludaron como si nada, después me empujaron otras que no sé ni qué hacían, luego me quedé estancada en una parte de la casa que estaba abarrotada. Vi un trozo de pasillo sin nadie. Aprovechando que no estaba ocupado y estaba un tanto aislado, me quedé ahí para tomar aliento antes de seguir.
miércoles, 18 de agosto de 2010
Capítulo 16: Sorpresas (Segunda Parte)
Entré y lo que vi me dejó alucinada… Era una habitación enorme, con un ventanal inmenso por el cual los rayos del sol incidían dando luz a todo. Una cama, una vieja cama antigua, como la de los reyes de películas, yacía en medio de la sala. Miles de objetos tapados por una sábana blanca pasaban desapercibidos más o menos en el lado contrario del ventanal, donde estaba más oscuro. Me asomé por la ventana. Imposible. Una ventana así no pasaría inadvertida desde fuera… ¿Cómo era que nadie se había percatado?
- ¿Cómo has…?
- Planos, esas cosas que tanto te gustan. Encontré uno con años de antigüedad, así que lo compré pensando en que sería un ‘fail’, pero resultó que no.
- Espera… Los reyes tenían pasadizos para escapar. ¿Por qué una habitación en el piso más alto?
- Algunos reyes inteligentes, disfrazaban a soldados o bufones de ellos y les hacían ir por los pasadizos, para que el enemigo les siguiera. Mientras tanto, ellos se encerraban en habitaciones como estas. Si el enemigo les alcanzaba y los mataban, cuando se daban cuenta del equívoco pensaban que ya estarían lejos, con lo cual, dejaban de perseguirlos un tiempo.
- Es una pasada…
April caminó hacia la cama y se sentó.
- Si lo hubieras visto el primer día… Estaba todo lleno de polvo, las cosas tiradas de cualquier manera, la ventana ni se veía lo de fuera por la mierda que tenía…- pegó unos botes en la cama- Y el colchón, ni te imaginas.
- Pero esto estaría lleno de ratas… Cucarachas… Polillas… Pulgas… De… Aghs.
- Aghs- repitió ella- El doble de aghs, por eso traje a alguien para que lo hiciera.
- Bromeas.
- No, contraté a personas para que desinfectaran la habitación antes de ponerme a tocar nada.
- Entonces ya no es un secreto, se lo dirán a la gente.
- Cristel, creo que es hora de que aprendas una lección importante en tu vida: con dinero se paga o se consigue absolutamente cualquier cosa.
Callé. Tan solo levanté la cabeza y contemplé el estupendo techo que nos cobijaba, las paredes hechas de piedras, el suelo…
- ¿Hay más?
- Algunas… No son tan grandes, ni siquiera tienen ventanas.
- El ventanal.- dije mirándola.
- ¿Qué pasa con él?
- Desde fuera no se ve, ¿por qué?
- Efecto óptico.- me miró- Ya sabes, no todo es lo que parece. ¿Cómo crees que David Copperfield hizo desaparecer la Estatua de la Libertad?
- ¿Magia?
- Magia- rió- ¿Crees que existe la magia?
Me encogí de hombros. Ella tan solo volvió a mirarme.
- Ahora sabes dónde me he metido estos días y semanas.- se levantó y se dirigió hacia mí- Y desde dónde te vi aquel sábado.
Me agarró de la cintura, atrayéndome a su cuerpo. Sus ojos fijos en los míos me hacían estremecer. De nuevo mi cuerpo me jugaba una mala pasada haciéndome sentir tanto calor, haciendo que mi sangre ardiera por mis venas… Su aliento recorría mi cuello y mi respiración se aceleraba.
- Dime una cosa… ¿De verdad te gusta esa niña?
- No es una niña- me salió sin pensarlo.
- Da igual. Contesta a la pregunta.
- ¿Por qué te importa tanto?
Me miró, intentando que su cara no reflejara las ganas de saber.
- No me importa.
Besó mis labios. Un beso fuerte, decidido, que me dejaba sin fuerzas. ¿Cuánto más podría aguantar con cosas como éstas? Desconcertaba a mi mente, me desconcertaba a mí. Cada día era de una manera, cada situación actuaba distinta a la otra…
April me llevó hacia la cama, tendiéndome en ella. Por la cabeza me pasaban cientos de cosas, entre ellas levantarme e irme de allí, pero mi cuerpo no obedecía, tan solo sentía. La sentía. Sus besos de fuego que te dejaban sin respiración, su penetrante mirada que te dejaba sin aliento, sus inagotables susurros que no cesaban… Todo eso era demasiado para mí.
Intentaba no dejarme llevar manteniendo los ojos abiertos pero me resultaba imposible. Mientras me besaba, bajó sus manos hasta el botón de mi pantalón, dejándolo abierto y un escalofrío invadió mi cuerpo.
- Si creías que poniéndote un pantalón tan ajustado, ibas a impedirme algo…- dijo en un susurro, riendo.
Noté la presión de aquellas manos bajando unos centímetros el pantalón y luego un extraño sonido provinente de éste.
- ¿Qué llevas en el bolsillo?
Ante esa pregunta un flash vino de golpe. ¿En el bolsillo? En ese momento recordé… El primer día, el día de mi llegada, llevaba este mismo pantalón. Saludé a todos, reñí con mi padre, hablé con bastante gente. Después de hablar con Bayron, mi padre me dio… Me incorporé tan rápido cómo pude al grito de ‘¡No!’
Tarde. Ella ya lo tenía en sus manos. En ese instante sentí mi cara arder, más que nada de la vergüenza que en ese momento sentía.
- Yo…- acerté a decir.
April tan solo me devolvió la mirada antes de romper a reír.
- Me figuraba que andarías algo perdida, pero… Joder… ¡¿Esto?!- rió- Te aseguro que algo así no me había pasado en la vida.
Siguió riendo bajo mi atenta mirada. No me salían las palabras... Las palabras cobardes no salían de mi boca.
- ¿En serio no has visto ninguna película o serie, o algo?- dijo sin parar de reír.
- ¡Ya vale! ¿No?- le dije levantándome de la cama- ¡Deja de reírte!
- Es que no puedo…- dijo entre risas.
Ella siguió a lo suyo, riendo. A veces se ponía seria, pero al final volvía a las andadas. Al final tuve que acercarme donde estaba para quitarle el condón de la mano, aunque daba igual porque continuaba muerta de la risa.
- ¡Dame eso!
- Sí, será mejor tomar precauciones, no vaya a ser que te deje embarazada.- añadió de nuevo riendo.
- No me acordaba de que lo tenía aquí- dije en mi defensa.
- A otro perro con ese hueso.
- Si no paras, me voy- le amenacé pero ella seguía- No le veo la gracia.
- Porque no estás en mi posición...-vino hacia mí- Tienes que reconocer que la tiene.
- No para mí- le di la espalda.
- Madre mía…- rió de nuevo- Si esta es tu técnica para no acostarte conmigo, estoy deseando saber cual será la próxima.
Giré la cabeza con gesto de estar molesta. Lo estaba. Y avergonzada también, pero a ella no le importaba porque se estaba divirtiendo de lo lindo.
- Pues búscate a otra y déjame en paz.
- Ya te gustaría.- me abrazó por detrás pasando sus brazos por mi cintura- Ni en broma. Y menos por una cosa así- se le escapó una risa que en seguida disfrazó de seriedad- Aún te quiero para mí. Quiero ser la única en quién pienses.
- Claro, yo tengo que seguir tus reglas, pero sin embargo cada vez que venga aquí tendré que pedir turno.
- ¡Ah! ¿Qué ibas a venir tú solita sin que te obligara? Vaya… Eso no me lo esperaba.
- No he dicho eso…- dije titubeando.
- De todas maneras no tienes de qué preocuparte. Esta habitación es mía, por lo tanto tuya también. De nadie más.
- ¿Te has planteado ir al psicólogo? Porque esa manía con los posesivos no debe ser sana.
- Solo soy posesiva contigo. Por eso necesito tenerte, para que desaparezca esa cosa que me hace ser así. Sentirme así.
- Sentirte cómo.
- Celosa. Muy celosa. En clase, en gimnasia, por los pasillos… No puedo evitarlo.- me presionó contra ella- Y antes no me ocurría. Antes de ti todo era más fácil.
- ¿Por qué yo?- pregunté con un hilo de voz.
April se separó y fue caminando hasta una mesita que estaba enfrente de mí para apoyarse. Fijó sus ojos oscuros en los míos.
- Siempre te haces las preguntas equivocadas. La pregunta correcta es: ¿Por qué no?
- Soy igual que las demás y a las demás también les haces daño. ¿En qué me diferencio de ellas?
- Tú sabes en que te diferencias.
Movió uno de sus brazos. Otra vez vi los arañazos… Palabras, simples palabras. Pero a mí me daba lo mismo que me prometiera la luna. ¿No? Quité la vista de lo rasguños demasiado tarde.
- ¿Quieres saber cómo me hice el esguince?- me encogí de hombros- Fue moviendo el piano de allí. Cuando lo giré, el pie se quedó detrás.
- ¿Piano?
- Sí. Es un piano de cola bastante nuevo en comparación con otras cosas. La verdad, no tengo ni idea de donde habrá salido.- lo observé detenidamente- No irás a decirme que tocas el piano…
- Pues… Sí. Y el violín, un poco de trompeta, clarinete…
Ella me miró con cara divertida.
- Yo se tocarlo porque un día me aburría y no tenía nada más con qué entretenerme.
- Eso sí que no me lo esperaba.- contesté riendo.
Sonrió. ¿Quién era esta April que tenía enfrente?
- Y los arañazos…- me miró esperando algún gesto- Estos me los hice con aquel armario. Está astillado. Cada vez que metía la mano para sacar o meter algo, me llevaba uno de recuerdo.
También me quedé mirando el armario que estaba tapado por una sábana blanca. Mi aspecto se relajó, pero esperaba que ella no se hubiese dado cuenta.
- ¿De qué otra cosa creías que eran los arañazos?- la miré- Joder… Me va el sexo duro en determinadas ocasiones, pero vamos, que hasta yo tengo mis límites. Que me hice un esguince en el pie… Que duele.
No pude aguantar la risa que me produjo ese ‘que duele’ al poner su cara de lástima. Decididamente, alguien había cambiado la personalidad de April por otra muy diferente… ¿O es que acaso ella sería así de verdad? Ni yo misma sabía cómo contestarme.
- ¿Cómo has…?
- Planos, esas cosas que tanto te gustan. Encontré uno con años de antigüedad, así que lo compré pensando en que sería un ‘fail’, pero resultó que no.
- Espera… Los reyes tenían pasadizos para escapar. ¿Por qué una habitación en el piso más alto?
- Algunos reyes inteligentes, disfrazaban a soldados o bufones de ellos y les hacían ir por los pasadizos, para que el enemigo les siguiera. Mientras tanto, ellos se encerraban en habitaciones como estas. Si el enemigo les alcanzaba y los mataban, cuando se daban cuenta del equívoco pensaban que ya estarían lejos, con lo cual, dejaban de perseguirlos un tiempo.
- Es una pasada…
April caminó hacia la cama y se sentó.
- Si lo hubieras visto el primer día… Estaba todo lleno de polvo, las cosas tiradas de cualquier manera, la ventana ni se veía lo de fuera por la mierda que tenía…- pegó unos botes en la cama- Y el colchón, ni te imaginas.
- Pero esto estaría lleno de ratas… Cucarachas… Polillas… Pulgas… De… Aghs.
- Aghs- repitió ella- El doble de aghs, por eso traje a alguien para que lo hiciera.
- Bromeas.
- No, contraté a personas para que desinfectaran la habitación antes de ponerme a tocar nada.
- Entonces ya no es un secreto, se lo dirán a la gente.
- Cristel, creo que es hora de que aprendas una lección importante en tu vida: con dinero se paga o se consigue absolutamente cualquier cosa.
Callé. Tan solo levanté la cabeza y contemplé el estupendo techo que nos cobijaba, las paredes hechas de piedras, el suelo…
- ¿Hay más?
- Algunas… No son tan grandes, ni siquiera tienen ventanas.
- El ventanal.- dije mirándola.
- ¿Qué pasa con él?
- Desde fuera no se ve, ¿por qué?
- Efecto óptico.- me miró- Ya sabes, no todo es lo que parece. ¿Cómo crees que David Copperfield hizo desaparecer la Estatua de la Libertad?
- ¿Magia?
- Magia- rió- ¿Crees que existe la magia?
Me encogí de hombros. Ella tan solo volvió a mirarme.
- Ahora sabes dónde me he metido estos días y semanas.- se levantó y se dirigió hacia mí- Y desde dónde te vi aquel sábado.
Me agarró de la cintura, atrayéndome a su cuerpo. Sus ojos fijos en los míos me hacían estremecer. De nuevo mi cuerpo me jugaba una mala pasada haciéndome sentir tanto calor, haciendo que mi sangre ardiera por mis venas… Su aliento recorría mi cuello y mi respiración se aceleraba.
- Dime una cosa… ¿De verdad te gusta esa niña?
- No es una niña- me salió sin pensarlo.
- Da igual. Contesta a la pregunta.
- ¿Por qué te importa tanto?
Me miró, intentando que su cara no reflejara las ganas de saber.
- No me importa.
Besó mis labios. Un beso fuerte, decidido, que me dejaba sin fuerzas. ¿Cuánto más podría aguantar con cosas como éstas? Desconcertaba a mi mente, me desconcertaba a mí. Cada día era de una manera, cada situación actuaba distinta a la otra…
April me llevó hacia la cama, tendiéndome en ella. Por la cabeza me pasaban cientos de cosas, entre ellas levantarme e irme de allí, pero mi cuerpo no obedecía, tan solo sentía. La sentía. Sus besos de fuego que te dejaban sin respiración, su penetrante mirada que te dejaba sin aliento, sus inagotables susurros que no cesaban… Todo eso era demasiado para mí.
Intentaba no dejarme llevar manteniendo los ojos abiertos pero me resultaba imposible. Mientras me besaba, bajó sus manos hasta el botón de mi pantalón, dejándolo abierto y un escalofrío invadió mi cuerpo.
- Si creías que poniéndote un pantalón tan ajustado, ibas a impedirme algo…- dijo en un susurro, riendo.
Noté la presión de aquellas manos bajando unos centímetros el pantalón y luego un extraño sonido provinente de éste.
- ¿Qué llevas en el bolsillo?
Ante esa pregunta un flash vino de golpe. ¿En el bolsillo? En ese momento recordé… El primer día, el día de mi llegada, llevaba este mismo pantalón. Saludé a todos, reñí con mi padre, hablé con bastante gente. Después de hablar con Bayron, mi padre me dio… Me incorporé tan rápido cómo pude al grito de ‘¡No!’
Tarde. Ella ya lo tenía en sus manos. En ese instante sentí mi cara arder, más que nada de la vergüenza que en ese momento sentía.
- Yo…- acerté a decir.
April tan solo me devolvió la mirada antes de romper a reír.
- Me figuraba que andarías algo perdida, pero… Joder… ¡¿Esto?!- rió- Te aseguro que algo así no me había pasado en la vida.
Siguió riendo bajo mi atenta mirada. No me salían las palabras... Las palabras cobardes no salían de mi boca.
- ¿En serio no has visto ninguna película o serie, o algo?- dijo sin parar de reír.
- ¡Ya vale! ¿No?- le dije levantándome de la cama- ¡Deja de reírte!
- Es que no puedo…- dijo entre risas.
Ella siguió a lo suyo, riendo. A veces se ponía seria, pero al final volvía a las andadas. Al final tuve que acercarme donde estaba para quitarle el condón de la mano, aunque daba igual porque continuaba muerta de la risa.
- ¡Dame eso!
- Sí, será mejor tomar precauciones, no vaya a ser que te deje embarazada.- añadió de nuevo riendo.
- No me acordaba de que lo tenía aquí- dije en mi defensa.
- A otro perro con ese hueso.
- Si no paras, me voy- le amenacé pero ella seguía- No le veo la gracia.
- Porque no estás en mi posición...-vino hacia mí- Tienes que reconocer que la tiene.
- No para mí- le di la espalda.
- Madre mía…- rió de nuevo- Si esta es tu técnica para no acostarte conmigo, estoy deseando saber cual será la próxima.
Giré la cabeza con gesto de estar molesta. Lo estaba. Y avergonzada también, pero a ella no le importaba porque se estaba divirtiendo de lo lindo.
- Pues búscate a otra y déjame en paz.
- Ya te gustaría.- me abrazó por detrás pasando sus brazos por mi cintura- Ni en broma. Y menos por una cosa así- se le escapó una risa que en seguida disfrazó de seriedad- Aún te quiero para mí. Quiero ser la única en quién pienses.
- Claro, yo tengo que seguir tus reglas, pero sin embargo cada vez que venga aquí tendré que pedir turno.
- ¡Ah! ¿Qué ibas a venir tú solita sin que te obligara? Vaya… Eso no me lo esperaba.
- No he dicho eso…- dije titubeando.
- De todas maneras no tienes de qué preocuparte. Esta habitación es mía, por lo tanto tuya también. De nadie más.
- ¿Te has planteado ir al psicólogo? Porque esa manía con los posesivos no debe ser sana.
- Solo soy posesiva contigo. Por eso necesito tenerte, para que desaparezca esa cosa que me hace ser así. Sentirme así.
- Sentirte cómo.
- Celosa. Muy celosa. En clase, en gimnasia, por los pasillos… No puedo evitarlo.- me presionó contra ella- Y antes no me ocurría. Antes de ti todo era más fácil.
- ¿Por qué yo?- pregunté con un hilo de voz.
April se separó y fue caminando hasta una mesita que estaba enfrente de mí para apoyarse. Fijó sus ojos oscuros en los míos.
- Siempre te haces las preguntas equivocadas. La pregunta correcta es: ¿Por qué no?
- Soy igual que las demás y a las demás también les haces daño. ¿En qué me diferencio de ellas?
- Tú sabes en que te diferencias.
Movió uno de sus brazos. Otra vez vi los arañazos… Palabras, simples palabras. Pero a mí me daba lo mismo que me prometiera la luna. ¿No? Quité la vista de lo rasguños demasiado tarde.
- ¿Quieres saber cómo me hice el esguince?- me encogí de hombros- Fue moviendo el piano de allí. Cuando lo giré, el pie se quedó detrás.
- ¿Piano?
- Sí. Es un piano de cola bastante nuevo en comparación con otras cosas. La verdad, no tengo ni idea de donde habrá salido.- lo observé detenidamente- No irás a decirme que tocas el piano…
- Pues… Sí. Y el violín, un poco de trompeta, clarinete…
Ella me miró con cara divertida.
- Yo se tocarlo porque un día me aburría y no tenía nada más con qué entretenerme.
- Eso sí que no me lo esperaba.- contesté riendo.
Sonrió. ¿Quién era esta April que tenía enfrente?
- Y los arañazos…- me miró esperando algún gesto- Estos me los hice con aquel armario. Está astillado. Cada vez que metía la mano para sacar o meter algo, me llevaba uno de recuerdo.
También me quedé mirando el armario que estaba tapado por una sábana blanca. Mi aspecto se relajó, pero esperaba que ella no se hubiese dado cuenta.
- ¿De qué otra cosa creías que eran los arañazos?- la miré- Joder… Me va el sexo duro en determinadas ocasiones, pero vamos, que hasta yo tengo mis límites. Que me hice un esguince en el pie… Que duele.
No pude aguantar la risa que me produjo ese ‘que duele’ al poner su cara de lástima. Decididamente, alguien había cambiado la personalidad de April por otra muy diferente… ¿O es que acaso ella sería así de verdad? Ni yo misma sabía cómo contestarme.
Capítulo 16: Sorpresas (Primera Parte)
Ella eligió el restaurante, como eligió el sitio, como me eligió a mí… Negué con la cabeza para apartar esa idea estúpida nacida de la nada.
La comida se pasó rápida, silenciosa, entre murmullos de gente hablando de todo y de nada y el ruido del cuchillo al cortar, del tenedor al pinchar. De vez en cuando le miraba. No podía evitarlo. Ese domingo no estaba siendo April, la April acosadora, sarcástica… No, en cierta manera, era otra. Quería decirle algo, pero cada vez que abría la boca me decía ‘¿Qué le digo?’.
Sus ojos miraban por la ventana directos al mar, grande, ancho, ilimitado… Azul. Una música algo fuerte me despertó de mi trance: mi móvil. Era demasiado extravagante para ese lugar, de ahí que tantas miradas cayeran sobre mi persona.
- ¿Diga?
- ¿Dónde santas narices estás? ¡Te llevo buscando hace rato!
Al otro lado del teléfono Paula gritaba. Ella se dio cuenta, me miró y puso cara de interesarle la conversación.
- Estoy… Lejos.
- ¿Lejos? ¿Y qué coño es ‘lejos’?
- Pues en… La ciudad.
- ¿Qué ciudad?- se extrañó- ¿En la ciudad, ciudad? ¿Qué haces tú en la ciudad sola?
Sola… No lo estaba. Tenía que pensar algo, algo rápido, creíble, con lo que le pudiera cortar y colgar.
- Verás, es que estaba cansada de siempre lo mismo, así que decidí cambiar y venir a entrenar un poco por la playa.
- ¿Por qué no me has avisado?
- A ti no te gusta correr.
- Pero sí me gusta la playa. Podrías haberme dejado en un sitio e irte tú a correr.
- No lo pensé.
- Llevas tiempo sin pensar- añadió molesta- Supongo que tendré que verte en la fiesta.
- Creo que… Sí, allí tendrá que ser.
- A este paso habrá que pedir audiencia para hablar contigo.
Colgó. Colgó antes de que dijera nada. Miré durante un rato el móvil, como si éste tuviera la culpa de las tonterías que estaba haciendo.
- Si has terminado, podemos irnos que ya he pegado la cuenta.
Le miré desganada. Algún día le tendría que decir a Paula lo que pasaba. Por más que lo alargara, tendría que decírselo, pero no me hacía el ánimo… Sabía que se pondría furiosa y con razón.
- ¿Dónde vamos ahora?
- Me ha gustado tu idea.
- ¿Qué idea?
- La playa- dijo sonriendo.
Paseamos por la playa como muchas otras personas que aprovechaban el buen día que hacía. De pronto April se giró.
- Oye, ¿te apetece jugar a Volleyball?
Me quedé parada. Al no hacer ni decir nada, ella me cogió de la muñeca y me llevó hasta un grupo de gente que estaban jugando.
- ¡Hola!- todos se dieron la vuelta- Nada, que iba paseando por aquí, he visto que sois impares, que algunos se van, etc y me preguntaba si podríamos jugar.- terminó con una gran sonrisa mientras el viento le revolvía el cabello.
Todos y todas se miraron unos a otros, después nos miraron a nosotras.
- Ehhh… Sí, ¿por qué no? Tú puedes ir con ellos y tu amiga con nosotros. ¿Te parece bien…?
- April. Y ella Cristel.
Era surrealista. Empezamos a jugar con aquellos chicos que tenían paciencia, porque no daba una al principio, pero luego remonté e incluso me lo pasé bien. Fue algo increíble ver a April así, de aquella manera tan… Suelta. Además de que no intentó ni una vez ligarse a nadie, cosa que me sorprendió, todo hay que decirlo.
A pesar de todo no acababa de fiarme y seguía pensando que corría demasiado.
- Frena un poco…
- Eres pesada, ¿eh? Ya llegamos.
No pasaron ni cinco minutos, cuando pasamos por la verja de vuelta al internado. Me daba la impresión de que habíamos llegado antes de lo que habíamos ido. Bajó del coche y se volvió a apoyar en el capó.
- Bueno, no ha estado mal, ¿verdad?
- Psché…
Ella me miró. Luego miró su reloj.
- Um… Solo son las seis.
- ¿Por qué será que hoy se me está pasando el día tan lento?- le pregunté con burla.
- Muy graciosa- clavó sus ojos en los míos- Ven, que tengo algo que enseñarte.
Entramos por la puerta principal, subimos las escaleras y llegamos al último piso. Seguimos el pasillo hacia la derecha, hasta que llegamos delante de una puerta.
- Este era el antiguo despacho de la directora- le dije.
- ¿Por qué no me sorprende que lo sepas?- le saqué la lengua- Esta puerta, una vez forzada, es fácil de abrir.
Puso la mano en el pomo, dio un giro con su mano y la puerta se abrió silenciosa. Era un despacho acogedor, con un escritorio de color caoba, una enorme silla muy cómoda, un sofá bastante holgado, una estantería con libros, un radiador algo sucio… Ese sitio no se utilizaba desde hacía tiempo.
April tomó asiento en la enorme silla que años atrás ocupó la directora.
- ¿Qué hacemos aquí?
- Nada en especial- registró por encima los cajones, distraída- ¿Sabes que hace unos años esto fue un castillo?
- Algo sé. Quedó mal parado por una guerra, restaurarlo costaba dinero y corría el peligro de que se derrumbara, así que alguien lo compró y lo reestructuró para luego hacer este internado. Puro negocio, vaya. El entorno era muy codiciado: el río está cerca, el bosque es una maravilla, está bien comunicado… Claro que el patrimonio y esas cosas se las pasan por el forro.- miré el techo- Aun así no lo hicieron del todo mal.
Ella aplaudió, con esa sonrisa fingida que tanto me molestaba que pusiera.
- Bravo.- se acercó hasta mí- Tanto estudiar acabará contigo.
- Para qué me has traído- le dije impaciente.
- También sabrás que algunos castillos disponían de pasadizos secretos por los que escapaban los reyes y reinas cuando veían que iban a perder.- asentí- Cuando se sentían amenazados o sentían que el enemigo estaba demasiado cerca, huían como ratas.
- ¿Qué tiene que ver todo eso con…?
No acabé la pregunta. Se dio la vuelta y caminó hacia la estantería.
- Tú, seguramente no lo sepas porque no has pisado este despacho en tu vida, pero esta estantería no estaba aquí. La puse yo. Nadie se ha percatado por la misma razón que el sillón, el escritorio y demás están aquí, porque no se preocupan. Igual que solo se preocupan de mirar, en vez de ver.
Empezó a empujar la estantería hasta que la llevó casi a al otro lado. Se puso delante de la pared, parecía que buscara algo, palpó un rato hasta que dio con algo que hizo ¡Clic! Y después un estruendo resonó en aquel pequeño cuarto.
Me giré, dándome de lleno con una obertura en una de las esquinas del lado contrario de la estantería.
- ¿Qué?
Ella se acercó iniciando la marcha hacia arriba, que eran hacia donde iban las escaleras. Más arriba. Le seguí, la curiosidad pudo conmigo. Era un pasillo algo estrecho, bajo y con demasiada pendiente. Al final del todo, una puerta medio roída medio carcomida colgaba de un marco hecho adrede, procurando intimidad. Estaba claro que lo que fuera, lo habían usado no hacía demasiado tiempo. Apartó la puerta y entré.
La comida se pasó rápida, silenciosa, entre murmullos de gente hablando de todo y de nada y el ruido del cuchillo al cortar, del tenedor al pinchar. De vez en cuando le miraba. No podía evitarlo. Ese domingo no estaba siendo April, la April acosadora, sarcástica… No, en cierta manera, era otra. Quería decirle algo, pero cada vez que abría la boca me decía ‘¿Qué le digo?’.
Sus ojos miraban por la ventana directos al mar, grande, ancho, ilimitado… Azul. Una música algo fuerte me despertó de mi trance: mi móvil. Era demasiado extravagante para ese lugar, de ahí que tantas miradas cayeran sobre mi persona.
- ¿Diga?
- ¿Dónde santas narices estás? ¡Te llevo buscando hace rato!
Al otro lado del teléfono Paula gritaba. Ella se dio cuenta, me miró y puso cara de interesarle la conversación.
- Estoy… Lejos.
- ¿Lejos? ¿Y qué coño es ‘lejos’?
- Pues en… La ciudad.
- ¿Qué ciudad?- se extrañó- ¿En la ciudad, ciudad? ¿Qué haces tú en la ciudad sola?
Sola… No lo estaba. Tenía que pensar algo, algo rápido, creíble, con lo que le pudiera cortar y colgar.
- Verás, es que estaba cansada de siempre lo mismo, así que decidí cambiar y venir a entrenar un poco por la playa.
- ¿Por qué no me has avisado?
- A ti no te gusta correr.
- Pero sí me gusta la playa. Podrías haberme dejado en un sitio e irte tú a correr.
- No lo pensé.
- Llevas tiempo sin pensar- añadió molesta- Supongo que tendré que verte en la fiesta.
- Creo que… Sí, allí tendrá que ser.
- A este paso habrá que pedir audiencia para hablar contigo.
Colgó. Colgó antes de que dijera nada. Miré durante un rato el móvil, como si éste tuviera la culpa de las tonterías que estaba haciendo.
- Si has terminado, podemos irnos que ya he pegado la cuenta.
Le miré desganada. Algún día le tendría que decir a Paula lo que pasaba. Por más que lo alargara, tendría que decírselo, pero no me hacía el ánimo… Sabía que se pondría furiosa y con razón.
- ¿Dónde vamos ahora?
- Me ha gustado tu idea.
- ¿Qué idea?
- La playa- dijo sonriendo.
Paseamos por la playa como muchas otras personas que aprovechaban el buen día que hacía. De pronto April se giró.
- Oye, ¿te apetece jugar a Volleyball?
Me quedé parada. Al no hacer ni decir nada, ella me cogió de la muñeca y me llevó hasta un grupo de gente que estaban jugando.
- ¡Hola!- todos se dieron la vuelta- Nada, que iba paseando por aquí, he visto que sois impares, que algunos se van, etc y me preguntaba si podríamos jugar.- terminó con una gran sonrisa mientras el viento le revolvía el cabello.
Todos y todas se miraron unos a otros, después nos miraron a nosotras.
- Ehhh… Sí, ¿por qué no? Tú puedes ir con ellos y tu amiga con nosotros. ¿Te parece bien…?
- April. Y ella Cristel.
Era surrealista. Empezamos a jugar con aquellos chicos que tenían paciencia, porque no daba una al principio, pero luego remonté e incluso me lo pasé bien. Fue algo increíble ver a April así, de aquella manera tan… Suelta. Además de que no intentó ni una vez ligarse a nadie, cosa que me sorprendió, todo hay que decirlo.
A pesar de todo no acababa de fiarme y seguía pensando que corría demasiado.
- Frena un poco…
- Eres pesada, ¿eh? Ya llegamos.
No pasaron ni cinco minutos, cuando pasamos por la verja de vuelta al internado. Me daba la impresión de que habíamos llegado antes de lo que habíamos ido. Bajó del coche y se volvió a apoyar en el capó.
- Bueno, no ha estado mal, ¿verdad?
- Psché…
Ella me miró. Luego miró su reloj.
- Um… Solo son las seis.
- ¿Por qué será que hoy se me está pasando el día tan lento?- le pregunté con burla.
- Muy graciosa- clavó sus ojos en los míos- Ven, que tengo algo que enseñarte.
Entramos por la puerta principal, subimos las escaleras y llegamos al último piso. Seguimos el pasillo hacia la derecha, hasta que llegamos delante de una puerta.
- Este era el antiguo despacho de la directora- le dije.
- ¿Por qué no me sorprende que lo sepas?- le saqué la lengua- Esta puerta, una vez forzada, es fácil de abrir.
Puso la mano en el pomo, dio un giro con su mano y la puerta se abrió silenciosa. Era un despacho acogedor, con un escritorio de color caoba, una enorme silla muy cómoda, un sofá bastante holgado, una estantería con libros, un radiador algo sucio… Ese sitio no se utilizaba desde hacía tiempo.
April tomó asiento en la enorme silla que años atrás ocupó la directora.
- ¿Qué hacemos aquí?
- Nada en especial- registró por encima los cajones, distraída- ¿Sabes que hace unos años esto fue un castillo?
- Algo sé. Quedó mal parado por una guerra, restaurarlo costaba dinero y corría el peligro de que se derrumbara, así que alguien lo compró y lo reestructuró para luego hacer este internado. Puro negocio, vaya. El entorno era muy codiciado: el río está cerca, el bosque es una maravilla, está bien comunicado… Claro que el patrimonio y esas cosas se las pasan por el forro.- miré el techo- Aun así no lo hicieron del todo mal.
Ella aplaudió, con esa sonrisa fingida que tanto me molestaba que pusiera.
- Bravo.- se acercó hasta mí- Tanto estudiar acabará contigo.
- Para qué me has traído- le dije impaciente.
- También sabrás que algunos castillos disponían de pasadizos secretos por los que escapaban los reyes y reinas cuando veían que iban a perder.- asentí- Cuando se sentían amenazados o sentían que el enemigo estaba demasiado cerca, huían como ratas.
- ¿Qué tiene que ver todo eso con…?
No acabé la pregunta. Se dio la vuelta y caminó hacia la estantería.
- Tú, seguramente no lo sepas porque no has pisado este despacho en tu vida, pero esta estantería no estaba aquí. La puse yo. Nadie se ha percatado por la misma razón que el sillón, el escritorio y demás están aquí, porque no se preocupan. Igual que solo se preocupan de mirar, en vez de ver.
Empezó a empujar la estantería hasta que la llevó casi a al otro lado. Se puso delante de la pared, parecía que buscara algo, palpó un rato hasta que dio con algo que hizo ¡Clic! Y después un estruendo resonó en aquel pequeño cuarto.
Me giré, dándome de lleno con una obertura en una de las esquinas del lado contrario de la estantería.
- ¿Qué?
Ella se acercó iniciando la marcha hacia arriba, que eran hacia donde iban las escaleras. Más arriba. Le seguí, la curiosidad pudo conmigo. Era un pasillo algo estrecho, bajo y con demasiada pendiente. Al final del todo, una puerta medio roída medio carcomida colgaba de un marco hecho adrede, procurando intimidad. Estaba claro que lo que fuera, lo habían usado no hacía demasiado tiempo. Apartó la puerta y entré.
lunes, 16 de agosto de 2010
Capítulo 15: Una extraña visita llamada Alecc
April me miró desafiante, con su penetrante mirada. Movió la cabeza en busca de algo. En ese instante, un hombre pasó por su lado.
- Disculpe señor… Disculpe un momento.
El señor se paró y le miró de arriba a bajo.
- ¿Sí?
- ¿Le puedo hacer una pregunta?
- Er… Por supuesto- dudó el hombre.
- ¿Sabe quién es esta chica?
- ¿La que está a su lado?
- Sí, la que me acompaña…
Ella me miró. Le devolví la mirada repleta de dudas.
- Pues… No, siento decirle que no.
- ¿No la ha visto nunca? ¿Tampoco le suena?
- No, no me suena su cara tampoco.
April fijó sus ojos en los míos con una sonrisa maléfica.
- Pues verá, esa chica de ahí, es mi novia- me puse nerviosa, creo que hasta me ruboricé- ¿Qué le parece? Pero está algo molesta conmigo y no me permite que le de besos en público. ¿Usted que piensa?
El hombre me miró a mí y después a ella. Luego el horizonte, seguro que buscando la cámara oculta o algo que se le pareciera.
- El caso es que hay alguna cosa que me impulsa a estar con ella, no se qué es. Quizás es pura obsesión… ¿Qué me dice?- el hombre tenía los ojos como platos- No se que me incita a perseguirla, porque tampoco me la he follado, ¿sabe? Así que no tengo ni idea de cómo podría hacer para que me necesitara tanto como el aire que respira… ¿Se le ocurre algo, lo que sea?
- No…- titubeó el pobre hombre.
- Es que… Intento que no pueda estar sin mí, pero se resiste. Yo quiero pasármelo bien, divertirme… Y ella también. El problema es que su moral se lo impide. Cree que está mal lo que siente hacia mí. He de decir que soy un poco brusca a veces porque siento que no le controlo como hago con las demás, tal vez esa sea una de las causas que me lanzan a su encuentro. ¿Qué cree usted? La dejaría, pero no puedo sacármela de la cabeza, no soporto que se le acerquen, que le miren, ni siquiera que le rocen sin querer el brazo. Me desespero si no la encuentro cuando la busco, incluso me pongo nerviosa si me pongo a pensar que un día pueda decirme que no quiere nada conmigo…
- Muchacha, yo…
- Dígame, buen hombre- April le miró con una dulzura que no había visto antes en su rostro.
- Nada, que posiblemente lo que le pase es que esté enamorada.
- ¿Enamorada?- se carcajeó.
- Sí, pero usted se ha enamorado de la forma equivocada. De la forma más posesiva y dañina que pueda imaginar.
- ¿Eso cree?
- Eso creo.
- Siempre hago daño, señor. Directa o indirectamente. Ella es una luz que me deslumbra, solo que yo soy más lista, uso gafas de sol, y no me caigo porque cuento mis pasos.
- Señorita, cuán equivocada está usted. Cayó una vez, ¿cierto? ¿Qué le hace pensar que no caerá dos? ¿Qué le hace pensar que quizás la primera fue un intento en vano porque no debía suceder?
- La vida en su plenitud, da vueltas, está en continuo movimiento. Caí, me levanté, luché y seguí mi camino. A día de hoy, me siento bien conmigo misma, conozco cada parte de mi mente, cada trozo del pasado, del olvido, sé con seguridad que no fue en vano y que debía suceder. Todavía debe suceder.
- La magia, su magia, la que ella creó para usted, tan solo es una parte del egoísmo que le consumía por dentro. Era débil, sigue siendo débil, débil a su influjo, débil a su vuelta, a su regreso del pasado. ¿Saltará de nuevo al vacío, señorita? ¿No le dará la oportunidad a las buenas artes de premiarla con un regalo maravilloso hecho a su medida?
- ¿Quién es usted, señor?
- Soy un hombre corriente, de la vida. Pero usted habla más de la cuenta, solo hace falta prestarle atención. Su collar negro, ese que lleva al cuello tan apretado, es el que no le deja respirar esas noches que pronuncia su nombre en la oscuridad, en la nada. Sin embargo, ahí sigue, recordándole una y otra vez su destino, su razón de vivir.
- Solo es un collar.
- Que le recuerda su promesa. Aquella que sigue esperando con recelo que cumpla. Señorita, usted ha vivido más de la cuenta, sabe lo cruel, injusta, despiadada que es la vida. Lo ha sentido. Aun así, sigue buscando. Espera, espera que le encuentre para retomar todo donde lo dejaron, pero los tiempos han cambiado desde su desgraciado encuentro. Lo sabe. Todos estos años se ha estado preparando para ese dolor.
- ¿Quién es usted?
El hombre sonrió.
- Sabe, señorita, que se ahorró el sufrimiento por una maldición acertada.
- Me dio la vida. Su vida.
- No, le dio un pase para engañar a la muerte, para ir, volver, tantas veces como quisiera a cambio de esperar pacientemente. Eso, ella, le enfrió, le heló el corazón, le cerró los ojos. Le condenó.
April endureció su rostro de una manera que daba miedo.
- Alecc, si rondas por aquí quiere decir que estoy cerca. Muy cerca.
- No volverá por ti. La conoces. Aprovecha la oportunidad de tener dónde agarrarte o también se esfumará. Como todo lo que conocías, se esfumará.
- ¿Cuántas veces te he dicho que no sirves para este trabajo?
El hombre frunció el ceño sin apartar su mirada.
- Déjala perdida en el tiempo. Si la liberas, ocurrirá de nuevo y las consecuencias serán mucho peor de lo que imaginas. Tú amiga, tú novia, tiene los días contados. Igual que los tuvo Clara.
A ella se le congeló el alma. Agarró con brusquedad la solapa del hombre que no dejaba de observarla con sus enormes ojos.
- No te atrevas, Alecc. Ni se te ocurra ir por ahí.- le amenazó- Porque un día me cansarás de verdad y te mataré, tenlo presente.
Le soltó. Él seguía atento a cada gesto, pero ni se inmutó, ni tan solo se le borró la sonrisa de la cara.
- El que avisa, no es traidor. Está en tu mano parar la masacre que comenzarás. Claro que, si quieres repetir la historia, ese es tu problema… Sabes que no te lo van a permitir.
- Nunca me importó lo que dijesen o lo que me permitieran hacer. ¿Por qué ahora iba a ser distinto?
- No vas a cambiar por muchas vidas que vivas.- negó con la cabeza- Te están ofreciendo una ofrenda de paz. Sin embargo, te empeñas en ignorarlo.
- Voy a encontrarla, le sacaré de ese infierno para que obtenga su venganza. Después ella…
- Sigues sin comprender… Cabeza hueca como siempre. Si la traes, se quedará. Y no habrá un ‘después’.
- ¿Ese es el futuro que han visto?- rió- A mí me han contado uno muy diferente.
- April… Solo buscándola has activado lo que no debías. Si continuas con esto, saldrás mal parada, como antes siempre salías.
- ¿Te importo? Vaya Alecc, eso no te pega en absoluto…- dijo con una sonrisa forzada.
- ¡Deja de comportarte como una niña! A mí me dieron una oportunidad, a ti también te la darán si dejas correr todo esto.
- ¡Tú te vendiste! Me abandonaste, me dejaste sola… Se suponía que debías defenderme, apoyarme…
- A ti sí. No a ella.
- ¡Éramos una! Tenías que haberlo hecho, era tu deber. Pero preferiste darme la espalda, no me vengas ahora con que quieres que deje esto a un lado porque crees que me hará daño… Ya no soy la misma. Cambié. Por dentro y por fuera.
- No te equivoques, ella te hizo cambiar. Lo sabes. Clara lo sabía…
- Te he dicho que no quiero escuchar ese nombre- dijo enfadada.
- Te acabarán matando- suspiró- Eres lo único que me queda y te acabarán mandando al infierno con ella. Entiende que no pueda permitirlo, entiende que vaya a intentar todo lo posible para que abras los ojos… No me guardes rencor, April.
- Para eso ya es tarde. Me dejaste en la estacada. Eso no se olvida, por muchos años, siglos o vidas que pasen.
- Te quiero.
- Alecc, vete. No vuelvas o tomaré medidas drásticas.
El hombre tenía la mirada perdida, triste… Totalmente decaída. Me miró durante unos segundos, hasta que ella se puso en medio.
- Ni lo intentes.
- ¿La matarías a ella también? ¿Serías capaz de derramar su sangre?
- Lárgate.
- Porque yo sí. Lo haré si es la única manera de hacerte recapacitar.
- No la toques, es mía… Si le haces algo, pagarás. Eso te lo juro.
- ¿Ella es tuya? ¡No me hagas reír! Ella es tan tuya como tú eres de…
- ¡No! No pronuncies su nombre, traidor.
- ¿Traidor? ¡Te salvé la vida! ¿Y para qué? Para dársela a esa estúpida engreída que solo le importaba ella misma.
- Esta conversación ha terminado, Alecc. Aléjate de mí. Aléjate de Cristel. No oses ni acercarte, porque como te sienta solo un poco, iré en tu busca.
- ¿Sabes lo peor? Que sé que eres capaz de matarme. Que sé que eres capaz de verter mi sangre… Tú sangre.
- Tú ya no eres mi sangre. Te lo dejé claro aquel día.
- Jamás olvidé aquel día…
- Yo sí. Y todo lo demás.
- Te volviste fría, calculadora, te guardaste bajo llave tus sentimientos, dejaste de sonreír como lo hacías cuando éramos pequeños…- le miró- ¿Y aun eres capaz de mirarme a la cara y decirme que ella no te cambió?
April refunfuñó. Esa conversación se estaba alargando mucho.
- No vuelvas a interponerte en mi camino.
- Ni siquiera antes tenías la mirada tan oscura- fue a cogerle la cara, pero ella se desprendió de su mano con un gesto- Tus ojos eran más claros, como los que tenía mamá.
- No se de quién hablas- cortó tajante- Alecc, olvídame. Déjame de una puñetera vez en paz.
- Me alejaré como he hecho todo este tiempo, pero no me digas que te deje en paz porque sabes que no lo haré. Eres mi hermana y por mucho que te duela, lo vas a seguir siendo pase lo que pase.
Hubo un enorme fogonazo que inundó la calle, a plena vista de todos, sin embargo, la gente estaba demasiado ocupadas en sus vidas para darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor.
El hombre seguía mirando a April, esta vez con cara de miedo.
- Muchacha, yo…
Ella le miraba, parecía perdida en su propio mundo, así que no me quedó mas remedio que muerta de la vergüenza, ir hacia donde estaba, agarrarle de un brazo y empujarla al mismo tiempo que le decía al señor:
- Discúlpela, es que está en tratamiento psicológico, probando un nuevo fármaco antes de que salga al mercado.
Aquel hombre no nos perdió de vista hasta que no giramos la esquina. Me apoyé en la pared, contemplándola… No decía nada, mantenía sus ojos fijos en la acera de esa desconocida calle. Asustaba. Asustaba porque no la había visto de esta manera: sin palabras, sin nada qué decir. Su mente estaba vacía de pensamientos. Era como si se hubiese alejado de todo para recuperar el aliento. Lo percibía… No se el qué, pero percibía que algo no andaba bien con ella, por mucho que disimulara.
Di un paso hacia delante, separándome de la pared, mirándola por el rabillo del ojo. Caminé unos pasos para colocarme enfrente de ella, pensando en qué iba a hacer para que bajara de ese mundo desconocido para mí.
- April…- le susurré al oído- Sea lo que sea, puedes…
- Estoy bien.- alzó sus ojos hasta los míos- Vamos, tengo hambre.
Fue más una orden que una sugerencia. Era imposible saber qué le había pasado, por supuesto, no iba a ser yo la que le preguntara, simplemente porque sería perder saliva.
- Disculpe señor… Disculpe un momento.
El señor se paró y le miró de arriba a bajo.
- ¿Sí?
- ¿Le puedo hacer una pregunta?
- Er… Por supuesto- dudó el hombre.
- ¿Sabe quién es esta chica?
- ¿La que está a su lado?
- Sí, la que me acompaña…
Ella me miró. Le devolví la mirada repleta de dudas.
- Pues… No, siento decirle que no.
- ¿No la ha visto nunca? ¿Tampoco le suena?
- No, no me suena su cara tampoco.
April fijó sus ojos en los míos con una sonrisa maléfica.
- Pues verá, esa chica de ahí, es mi novia- me puse nerviosa, creo que hasta me ruboricé- ¿Qué le parece? Pero está algo molesta conmigo y no me permite que le de besos en público. ¿Usted que piensa?
El hombre me miró a mí y después a ella. Luego el horizonte, seguro que buscando la cámara oculta o algo que se le pareciera.
- El caso es que hay alguna cosa que me impulsa a estar con ella, no se qué es. Quizás es pura obsesión… ¿Qué me dice?- el hombre tenía los ojos como platos- No se que me incita a perseguirla, porque tampoco me la he follado, ¿sabe? Así que no tengo ni idea de cómo podría hacer para que me necesitara tanto como el aire que respira… ¿Se le ocurre algo, lo que sea?
- No…- titubeó el pobre hombre.
- Es que… Intento que no pueda estar sin mí, pero se resiste. Yo quiero pasármelo bien, divertirme… Y ella también. El problema es que su moral se lo impide. Cree que está mal lo que siente hacia mí. He de decir que soy un poco brusca a veces porque siento que no le controlo como hago con las demás, tal vez esa sea una de las causas que me lanzan a su encuentro. ¿Qué cree usted? La dejaría, pero no puedo sacármela de la cabeza, no soporto que se le acerquen, que le miren, ni siquiera que le rocen sin querer el brazo. Me desespero si no la encuentro cuando la busco, incluso me pongo nerviosa si me pongo a pensar que un día pueda decirme que no quiere nada conmigo…
- Muchacha, yo…
- Dígame, buen hombre- April le miró con una dulzura que no había visto antes en su rostro.
- Nada, que posiblemente lo que le pase es que esté enamorada.
- ¿Enamorada?- se carcajeó.
- Sí, pero usted se ha enamorado de la forma equivocada. De la forma más posesiva y dañina que pueda imaginar.
- ¿Eso cree?
- Eso creo.
- Siempre hago daño, señor. Directa o indirectamente. Ella es una luz que me deslumbra, solo que yo soy más lista, uso gafas de sol, y no me caigo porque cuento mis pasos.
- Señorita, cuán equivocada está usted. Cayó una vez, ¿cierto? ¿Qué le hace pensar que no caerá dos? ¿Qué le hace pensar que quizás la primera fue un intento en vano porque no debía suceder?
- La vida en su plenitud, da vueltas, está en continuo movimiento. Caí, me levanté, luché y seguí mi camino. A día de hoy, me siento bien conmigo misma, conozco cada parte de mi mente, cada trozo del pasado, del olvido, sé con seguridad que no fue en vano y que debía suceder. Todavía debe suceder.
- La magia, su magia, la que ella creó para usted, tan solo es una parte del egoísmo que le consumía por dentro. Era débil, sigue siendo débil, débil a su influjo, débil a su vuelta, a su regreso del pasado. ¿Saltará de nuevo al vacío, señorita? ¿No le dará la oportunidad a las buenas artes de premiarla con un regalo maravilloso hecho a su medida?
- ¿Quién es usted, señor?
- Soy un hombre corriente, de la vida. Pero usted habla más de la cuenta, solo hace falta prestarle atención. Su collar negro, ese que lleva al cuello tan apretado, es el que no le deja respirar esas noches que pronuncia su nombre en la oscuridad, en la nada. Sin embargo, ahí sigue, recordándole una y otra vez su destino, su razón de vivir.
- Solo es un collar.
- Que le recuerda su promesa. Aquella que sigue esperando con recelo que cumpla. Señorita, usted ha vivido más de la cuenta, sabe lo cruel, injusta, despiadada que es la vida. Lo ha sentido. Aun así, sigue buscando. Espera, espera que le encuentre para retomar todo donde lo dejaron, pero los tiempos han cambiado desde su desgraciado encuentro. Lo sabe. Todos estos años se ha estado preparando para ese dolor.
- ¿Quién es usted?
El hombre sonrió.
- Sabe, señorita, que se ahorró el sufrimiento por una maldición acertada.
- Me dio la vida. Su vida.
- No, le dio un pase para engañar a la muerte, para ir, volver, tantas veces como quisiera a cambio de esperar pacientemente. Eso, ella, le enfrió, le heló el corazón, le cerró los ojos. Le condenó.
April endureció su rostro de una manera que daba miedo.
- Alecc, si rondas por aquí quiere decir que estoy cerca. Muy cerca.
- No volverá por ti. La conoces. Aprovecha la oportunidad de tener dónde agarrarte o también se esfumará. Como todo lo que conocías, se esfumará.
- ¿Cuántas veces te he dicho que no sirves para este trabajo?
El hombre frunció el ceño sin apartar su mirada.
- Déjala perdida en el tiempo. Si la liberas, ocurrirá de nuevo y las consecuencias serán mucho peor de lo que imaginas. Tú amiga, tú novia, tiene los días contados. Igual que los tuvo Clara.
A ella se le congeló el alma. Agarró con brusquedad la solapa del hombre que no dejaba de observarla con sus enormes ojos.
- No te atrevas, Alecc. Ni se te ocurra ir por ahí.- le amenazó- Porque un día me cansarás de verdad y te mataré, tenlo presente.
Le soltó. Él seguía atento a cada gesto, pero ni se inmutó, ni tan solo se le borró la sonrisa de la cara.
- El que avisa, no es traidor. Está en tu mano parar la masacre que comenzarás. Claro que, si quieres repetir la historia, ese es tu problema… Sabes que no te lo van a permitir.
- Nunca me importó lo que dijesen o lo que me permitieran hacer. ¿Por qué ahora iba a ser distinto?
- No vas a cambiar por muchas vidas que vivas.- negó con la cabeza- Te están ofreciendo una ofrenda de paz. Sin embargo, te empeñas en ignorarlo.
- Voy a encontrarla, le sacaré de ese infierno para que obtenga su venganza. Después ella…
- Sigues sin comprender… Cabeza hueca como siempre. Si la traes, se quedará. Y no habrá un ‘después’.
- ¿Ese es el futuro que han visto?- rió- A mí me han contado uno muy diferente.
- April… Solo buscándola has activado lo que no debías. Si continuas con esto, saldrás mal parada, como antes siempre salías.
- ¿Te importo? Vaya Alecc, eso no te pega en absoluto…- dijo con una sonrisa forzada.
- ¡Deja de comportarte como una niña! A mí me dieron una oportunidad, a ti también te la darán si dejas correr todo esto.
- ¡Tú te vendiste! Me abandonaste, me dejaste sola… Se suponía que debías defenderme, apoyarme…
- A ti sí. No a ella.
- ¡Éramos una! Tenías que haberlo hecho, era tu deber. Pero preferiste darme la espalda, no me vengas ahora con que quieres que deje esto a un lado porque crees que me hará daño… Ya no soy la misma. Cambié. Por dentro y por fuera.
- No te equivoques, ella te hizo cambiar. Lo sabes. Clara lo sabía…
- Te he dicho que no quiero escuchar ese nombre- dijo enfadada.
- Te acabarán matando- suspiró- Eres lo único que me queda y te acabarán mandando al infierno con ella. Entiende que no pueda permitirlo, entiende que vaya a intentar todo lo posible para que abras los ojos… No me guardes rencor, April.
- Para eso ya es tarde. Me dejaste en la estacada. Eso no se olvida, por muchos años, siglos o vidas que pasen.
- Te quiero.
- Alecc, vete. No vuelvas o tomaré medidas drásticas.
El hombre tenía la mirada perdida, triste… Totalmente decaída. Me miró durante unos segundos, hasta que ella se puso en medio.
- Ni lo intentes.
- ¿La matarías a ella también? ¿Serías capaz de derramar su sangre?
- Lárgate.
- Porque yo sí. Lo haré si es la única manera de hacerte recapacitar.
- No la toques, es mía… Si le haces algo, pagarás. Eso te lo juro.
- ¿Ella es tuya? ¡No me hagas reír! Ella es tan tuya como tú eres de…
- ¡No! No pronuncies su nombre, traidor.
- ¿Traidor? ¡Te salvé la vida! ¿Y para qué? Para dársela a esa estúpida engreída que solo le importaba ella misma.
- Esta conversación ha terminado, Alecc. Aléjate de mí. Aléjate de Cristel. No oses ni acercarte, porque como te sienta solo un poco, iré en tu busca.
- ¿Sabes lo peor? Que sé que eres capaz de matarme. Que sé que eres capaz de verter mi sangre… Tú sangre.
- Tú ya no eres mi sangre. Te lo dejé claro aquel día.
- Jamás olvidé aquel día…
- Yo sí. Y todo lo demás.
- Te volviste fría, calculadora, te guardaste bajo llave tus sentimientos, dejaste de sonreír como lo hacías cuando éramos pequeños…- le miró- ¿Y aun eres capaz de mirarme a la cara y decirme que ella no te cambió?
April refunfuñó. Esa conversación se estaba alargando mucho.
- No vuelvas a interponerte en mi camino.
- Ni siquiera antes tenías la mirada tan oscura- fue a cogerle la cara, pero ella se desprendió de su mano con un gesto- Tus ojos eran más claros, como los que tenía mamá.
- No se de quién hablas- cortó tajante- Alecc, olvídame. Déjame de una puñetera vez en paz.
- Me alejaré como he hecho todo este tiempo, pero no me digas que te deje en paz porque sabes que no lo haré. Eres mi hermana y por mucho que te duela, lo vas a seguir siendo pase lo que pase.
Hubo un enorme fogonazo que inundó la calle, a plena vista de todos, sin embargo, la gente estaba demasiado ocupadas en sus vidas para darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor.
El hombre seguía mirando a April, esta vez con cara de miedo.
- Muchacha, yo…
Ella le miraba, parecía perdida en su propio mundo, así que no me quedó mas remedio que muerta de la vergüenza, ir hacia donde estaba, agarrarle de un brazo y empujarla al mismo tiempo que le decía al señor:
- Discúlpela, es que está en tratamiento psicológico, probando un nuevo fármaco antes de que salga al mercado.
Aquel hombre no nos perdió de vista hasta que no giramos la esquina. Me apoyé en la pared, contemplándola… No decía nada, mantenía sus ojos fijos en la acera de esa desconocida calle. Asustaba. Asustaba porque no la había visto de esta manera: sin palabras, sin nada qué decir. Su mente estaba vacía de pensamientos. Era como si se hubiese alejado de todo para recuperar el aliento. Lo percibía… No se el qué, pero percibía que algo no andaba bien con ella, por mucho que disimulara.
Di un paso hacia delante, separándome de la pared, mirándola por el rabillo del ojo. Caminé unos pasos para colocarme enfrente de ella, pensando en qué iba a hacer para que bajara de ese mundo desconocido para mí.
- April…- le susurré al oído- Sea lo que sea, puedes…
- Estoy bien.- alzó sus ojos hasta los míos- Vamos, tengo hambre.
Fue más una orden que una sugerencia. Era imposible saber qué le había pasado, por supuesto, no iba a ser yo la que le preguntara, simplemente porque sería perder saliva.
domingo, 15 de agosto de 2010
Capítulo 14: Día de domingo movidito
Cómo no… En cuanto salí de la habitación, allí estaba ella esperando. Parecía una guardiana del tesoro o yo que sé.
- Vamos.
Hizo un gesto con la cabeza. Suspiré y le seguí en silencio. Bajamos las escaleras, salimos del internado, y April me guió hasta un coche azul metalizado bastante grande, amplio…
- Sube, que te llevo- dijo sonriendo.
- ¿Dónde?
- No sé- se encogió de hombros- Al cine, por ejemplo.
- A ti no te gusta el cine.
- ¿Cómo sabes eso?- preguntó.
‘Porque escuché tu conversación con aquella chica’, me dije a mí misma.
- Lo sé y punto.
- Pues iremos a otro sitio. Tienes tiempo para elegir o sino elegiré yo. Y sabes que si elijo yo, puede no gustarte.
Eso era verdad. Como eligiera ella, igual era capaz de llevarme a la otra punta del país.
- Me lo iré pensando.- contesté metiéndome dentro del coche.
Ella cerró la puerta. Rápidamente se sentó al volante y arrancó para irnos. A mitad de camino, se me encendió la luz.
- ¿Llevas los papeles en regla?
April rió. Después me surgió otra pregunta más importante.
- Pero… ¿Cuántos años tienes?
- ¿Qué más da eso?
- ¿Desde cuando eres mayor de edad?
- Técnicamente… Todavía no lo soy.
- ¿Qué?
- Tranquila, no creo que nos vayan a parar. Y si lo hacen, la culpa será mía, así que no tienes de qué preocuparte.
- ¿Qué no tengo de qué preocuparme? ¡Voy en el coche contigo!
- Tengo un carnet falso. En serio, relájate.
Resoplé intranquila, nerviosa… Iba en el coche con una loca con un carnet falso a… ¿Cuánto? ¿Cien? ¿Ciento veinte por hora? Encima ni se había dignado a decirme que tenía diecisiete años. Llevaba detrás de mí casi un mes y no conocía absolutamente nada, pero nada, de ella.
- ¿Cuándo pensabas decirme tus años?
- Cuando surgiera la conversación.
- Siempre mientes.
- No miento. La conversación no surgió. No le des más vueltas.
- Es que no te entiendo, de verdad…
- A ver, que dieras por hecho que tenía dieciséis no es culpa mía. Existen los repetidores, ¿sabes?
- Ves más despacio…
- ¿Para qué? Ya estamos llegando.
Llegamos a la ciudad demasiado rápido para mi gusto. Me sorprendí de una rotonda que antes no estaba… Hacía tiempo que no pasaba por allí, pero no creía que tanto. April aparcó el coche en el primer hueco que vio en un descampado. Bajamos de él. El sol me dio en plena cara. Por suerte o por desgracia, ese domingo el cielo estaba azul, repleto de nubes blancas. Ella se apoyó en el capó con las llaves en la mano.
- ¿Qué?
- Ni idea. Hacía tiempo que no venía por aquí.
- Es más tranquilo.
- ¿Tranquilo?- reí- Está repleto de gente, de coches, de motos… Incluso de aviones. ¿Dónde ves tú la tranquilidad?
- Míralo de esta manera: entre la multitud, pasamos desapercibidas.
Sonrió. El reflejo del sol se reflejaba en su pelo negro, pero no en sus ojos. Éstos no devolvían ese brillo que el sol les prestaba.
- Bueno, pues tendré que elegir yo. Mejor, me apetece ir a un sitio.
- ¿Cuál?
- Báh, ya lo verás.
Empezó a caminar. Fui hasta ponerme a su lado y seguir sus pasos. Mucho tiempo. La última vez que había pisado ese lugar fue cuando mi padre me quiso llevar a la playa el día de mi cumpleaños, hacía ya casi un año. El tiempo no pasaba en balde.
De vez en cuando le miraba de reojo e intentaba adivinar sus pensamientos, algo imposible de saber, claro. Caminaba con decisión, en completo silencio. Silencio sepulcrado entre el gentío que disfrutaba de un estupendo domingo. Después de llevar un rato de caminata, se paró en seco.
- Ya estamos.
Cuando entramos, no me lo podía creer. ¿Era aquí donde le apetecía estar a ella? ¿En una sala de juegos? Un montón de personas andaban de aquí para allá, jugando a todo tipo de juegos: encestar, futbolín, habían juegos de motos, coches…
- Emm… Qué prefieres, ¿billar o bolos?
Le miré. Lo decía totalmente en serio. ¿Pero qué? No, no me gustaba nada. Era otra April, una diferente a la que me había besado esa misma mañana, antes de salir.
- Ehh… ¿Bolos?- dije con poca voz.
- Me parece bien.
Fuimos al mostrador, nos asignaron una pista, unas zapatillas, escribimos nuestros nombres para que salieran en la pantalla y nos fuimos a sentar.
- A ver si eres medianamente buena o me voy a arrepentir de jugar contigo.
Me levanté, cogí la bola y la lancé todo lo recta que quiso ir. Siete bolos cayeron. Segunda tirada: le di a dos.
- No está mal.- me sonrió con su bola en la mano- Aprende.
La lanzó e hizo un pleno.
- Suerte- le dije con una mueca cuando pasó junto a mí.
Estuvimos un buen rato, la verdad es que la partida duraba bastante. Una de las veces que me tocaba a mí, April me dijo:
- Si quieres puedo enseñarte…
- Lo que tú quieres es agarrarme de la cintura.- le recriminé- Pues te vas a quedar con las ganas porque no necesito tu ayuda.
Tiré la bola con todas mis fuerzas. Nueve bolos cayeron. Uno se tambaleaba… Se tambaleaba…
- ¡Toma ya! ¡Pleno!
Me senté a su lado. Ella se levantó, pero acto seguido volvió a sentarse. Sin que me lo esperase, me cogió de la cintura y me acercó a ella.
- Ah, por cierto… No necesito ninguna excusa para agarrarte de la cintura- me susurró al oído.
A ese susurró le acompañó un beso, pero aquel no fue uno de sus besos habituales… Este fue más fugaz, más suave de lo normal. En cuanto se fue a tirar, pude notar a algunas personas mirándome. Nos miraron un rato, un rato que se hizo eterno para mí.
Acabó la partida, ganando April, por supuesto. Agaché la cabeza, crucé los brazos y salí de ese lugar a pasos largos. No estaba a gusto.
- ¿Por qué vas tan rápida?
- Por nada… Es que me apetecía salir de allí.
- Ya- ella me frenó- Deberías pasar de lo que la gente piense o hable o diga o incluso haga… Además, nadie te conoce. ¿Qué más da?
- A ti igual te da lo mismo, pero no a mí- le miré- Así que no vuelvas a hacerlo.
- ¿Me vas a prohibir que te bese dónde me de la gana?
- Sí- le repliqué.
- Si eres así…
- Soy así porque tú me haces serlo, ¿vale?
- Claro… Por eso tonteabas tanto esta mañana con tu nueva amiguita, ¿verdad?
- Qué sabrás tú…- me di la vuelta para seguir caminando.
- ‘¿No te han dicho nunca que eres encantadora?’- dijo imitando la voz de Karol.
Me giré para contemplar su cara.
- ¿Me espías?
- Tuve el magnífico placer de pasar por allí en ese momento.- sonrió con una sonrisa totalmente fingida.
- ¿Y qué? Es amable.
- Muy amable. Sobretodo al enseñarte a jugar a su jueguecito.
- Se llama tiro con arco.
- Se cómo se llama.- dijo molesta.- ¿Y esta mañana? Sino llego a estar por ahí seguro que ella…
- No me puedo creer que me estés diciendo esto precisamente tú- dije riendo.
- ¿Acaso crees que de verdad le interesaba saber si el imbécil de Eric tenía novia? Lo que ella quería saber era que tú no eras su novia… ¡Joder! Que pareces tonta.
- A todo le sacas punta. Todos son una amenaza… Dime, ¿hay alguien en este mundo que no esté en tu contra?
- No he dicho que nadie esté en mi contra… Solo te digo que no me trates como sino supiera de qué va la cosa.
- ¡Es que no va de nada! Tú te haces tus montajes, tus propios dibujos… Y en ellos me metes a mí. No me importa lo que la gente piense. Solo quiero irme de aquí, ¿o es que no lo ves?
- ¿No te importa?
- ¡No!
- Vamos.
Hizo un gesto con la cabeza. Suspiré y le seguí en silencio. Bajamos las escaleras, salimos del internado, y April me guió hasta un coche azul metalizado bastante grande, amplio…
- Sube, que te llevo- dijo sonriendo.
- ¿Dónde?
- No sé- se encogió de hombros- Al cine, por ejemplo.
- A ti no te gusta el cine.
- ¿Cómo sabes eso?- preguntó.
‘Porque escuché tu conversación con aquella chica’, me dije a mí misma.
- Lo sé y punto.
- Pues iremos a otro sitio. Tienes tiempo para elegir o sino elegiré yo. Y sabes que si elijo yo, puede no gustarte.
Eso era verdad. Como eligiera ella, igual era capaz de llevarme a la otra punta del país.
- Me lo iré pensando.- contesté metiéndome dentro del coche.
Ella cerró la puerta. Rápidamente se sentó al volante y arrancó para irnos. A mitad de camino, se me encendió la luz.
- ¿Llevas los papeles en regla?
April rió. Después me surgió otra pregunta más importante.
- Pero… ¿Cuántos años tienes?
- ¿Qué más da eso?
- ¿Desde cuando eres mayor de edad?
- Técnicamente… Todavía no lo soy.
- ¿Qué?
- Tranquila, no creo que nos vayan a parar. Y si lo hacen, la culpa será mía, así que no tienes de qué preocuparte.
- ¿Qué no tengo de qué preocuparme? ¡Voy en el coche contigo!
- Tengo un carnet falso. En serio, relájate.
Resoplé intranquila, nerviosa… Iba en el coche con una loca con un carnet falso a… ¿Cuánto? ¿Cien? ¿Ciento veinte por hora? Encima ni se había dignado a decirme que tenía diecisiete años. Llevaba detrás de mí casi un mes y no conocía absolutamente nada, pero nada, de ella.
- ¿Cuándo pensabas decirme tus años?
- Cuando surgiera la conversación.
- Siempre mientes.
- No miento. La conversación no surgió. No le des más vueltas.
- Es que no te entiendo, de verdad…
- A ver, que dieras por hecho que tenía dieciséis no es culpa mía. Existen los repetidores, ¿sabes?
- Ves más despacio…
- ¿Para qué? Ya estamos llegando.
Llegamos a la ciudad demasiado rápido para mi gusto. Me sorprendí de una rotonda que antes no estaba… Hacía tiempo que no pasaba por allí, pero no creía que tanto. April aparcó el coche en el primer hueco que vio en un descampado. Bajamos de él. El sol me dio en plena cara. Por suerte o por desgracia, ese domingo el cielo estaba azul, repleto de nubes blancas. Ella se apoyó en el capó con las llaves en la mano.
- ¿Qué?
- Ni idea. Hacía tiempo que no venía por aquí.
- Es más tranquilo.
- ¿Tranquilo?- reí- Está repleto de gente, de coches, de motos… Incluso de aviones. ¿Dónde ves tú la tranquilidad?
- Míralo de esta manera: entre la multitud, pasamos desapercibidas.
Sonrió. El reflejo del sol se reflejaba en su pelo negro, pero no en sus ojos. Éstos no devolvían ese brillo que el sol les prestaba.
- Bueno, pues tendré que elegir yo. Mejor, me apetece ir a un sitio.
- ¿Cuál?
- Báh, ya lo verás.
Empezó a caminar. Fui hasta ponerme a su lado y seguir sus pasos. Mucho tiempo. La última vez que había pisado ese lugar fue cuando mi padre me quiso llevar a la playa el día de mi cumpleaños, hacía ya casi un año. El tiempo no pasaba en balde.
De vez en cuando le miraba de reojo e intentaba adivinar sus pensamientos, algo imposible de saber, claro. Caminaba con decisión, en completo silencio. Silencio sepulcrado entre el gentío que disfrutaba de un estupendo domingo. Después de llevar un rato de caminata, se paró en seco.
- Ya estamos.
Cuando entramos, no me lo podía creer. ¿Era aquí donde le apetecía estar a ella? ¿En una sala de juegos? Un montón de personas andaban de aquí para allá, jugando a todo tipo de juegos: encestar, futbolín, habían juegos de motos, coches…
- Emm… Qué prefieres, ¿billar o bolos?
Le miré. Lo decía totalmente en serio. ¿Pero qué? No, no me gustaba nada. Era otra April, una diferente a la que me había besado esa misma mañana, antes de salir.
- Ehh… ¿Bolos?- dije con poca voz.
- Me parece bien.
Fuimos al mostrador, nos asignaron una pista, unas zapatillas, escribimos nuestros nombres para que salieran en la pantalla y nos fuimos a sentar.
- A ver si eres medianamente buena o me voy a arrepentir de jugar contigo.
Me levanté, cogí la bola y la lancé todo lo recta que quiso ir. Siete bolos cayeron. Segunda tirada: le di a dos.
- No está mal.- me sonrió con su bola en la mano- Aprende.
La lanzó e hizo un pleno.
- Suerte- le dije con una mueca cuando pasó junto a mí.
Estuvimos un buen rato, la verdad es que la partida duraba bastante. Una de las veces que me tocaba a mí, April me dijo:
- Si quieres puedo enseñarte…
- Lo que tú quieres es agarrarme de la cintura.- le recriminé- Pues te vas a quedar con las ganas porque no necesito tu ayuda.
Tiré la bola con todas mis fuerzas. Nueve bolos cayeron. Uno se tambaleaba… Se tambaleaba…
- ¡Toma ya! ¡Pleno!
Me senté a su lado. Ella se levantó, pero acto seguido volvió a sentarse. Sin que me lo esperase, me cogió de la cintura y me acercó a ella.
- Ah, por cierto… No necesito ninguna excusa para agarrarte de la cintura- me susurró al oído.
A ese susurró le acompañó un beso, pero aquel no fue uno de sus besos habituales… Este fue más fugaz, más suave de lo normal. En cuanto se fue a tirar, pude notar a algunas personas mirándome. Nos miraron un rato, un rato que se hizo eterno para mí.
Acabó la partida, ganando April, por supuesto. Agaché la cabeza, crucé los brazos y salí de ese lugar a pasos largos. No estaba a gusto.
- ¿Por qué vas tan rápida?
- Por nada… Es que me apetecía salir de allí.
- Ya- ella me frenó- Deberías pasar de lo que la gente piense o hable o diga o incluso haga… Además, nadie te conoce. ¿Qué más da?
- A ti igual te da lo mismo, pero no a mí- le miré- Así que no vuelvas a hacerlo.
- ¿Me vas a prohibir que te bese dónde me de la gana?
- Sí- le repliqué.
- Si eres así…
- Soy así porque tú me haces serlo, ¿vale?
- Claro… Por eso tonteabas tanto esta mañana con tu nueva amiguita, ¿verdad?
- Qué sabrás tú…- me di la vuelta para seguir caminando.
- ‘¿No te han dicho nunca que eres encantadora?’- dijo imitando la voz de Karol.
Me giré para contemplar su cara.
- ¿Me espías?
- Tuve el magnífico placer de pasar por allí en ese momento.- sonrió con una sonrisa totalmente fingida.
- ¿Y qué? Es amable.
- Muy amable. Sobretodo al enseñarte a jugar a su jueguecito.
- Se llama tiro con arco.
- Se cómo se llama.- dijo molesta.- ¿Y esta mañana? Sino llego a estar por ahí seguro que ella…
- No me puedo creer que me estés diciendo esto precisamente tú- dije riendo.
- ¿Acaso crees que de verdad le interesaba saber si el imbécil de Eric tenía novia? Lo que ella quería saber era que tú no eras su novia… ¡Joder! Que pareces tonta.
- A todo le sacas punta. Todos son una amenaza… Dime, ¿hay alguien en este mundo que no esté en tu contra?
- No he dicho que nadie esté en mi contra… Solo te digo que no me trates como sino supiera de qué va la cosa.
- ¡Es que no va de nada! Tú te haces tus montajes, tus propios dibujos… Y en ellos me metes a mí. No me importa lo que la gente piense. Solo quiero irme de aquí, ¿o es que no lo ves?
- ¿No te importa?
- ¡No!
viernes, 13 de agosto de 2010
Capítulo 13: La aventura con... April (Segunda parte)
Regresamos hablando de todo en general, sin tocar ningún tema en concreto.
- ¿Desde cuando estás aquí?- pregunté a Karol.
- Si no recuerdo mal, desde los catorce o así.
- Un año…
- Dos- rectificó.
- Uno. Que sepa aun tienes quince años.
- ¿Tú que sabes? Todos tenemos dos edades: la natural y la mental.
- ¿Eso qué tiene que ver?
Me miró algo molesta, se le veía en la mirada.
- Eso tiene que ver que dentro de nada tendré dieciséis.
- Y yo diecisiete, pero ahora tengo dieciséis, y seguramente cumpla antes que tú, por lo tanto…
- Oye, vamos a dejarlo. Odio la chorrada esta de que si eres una niña, una adolescente o yo que se. Siempre pasa igual, cuando tienes veinte años y el resto veintiuno, nadie se plantea lo niña que eres o dejas de ser.
Paré de caminar cuando llegamos al final de la escalera, pero ella siguió caminando.
- Perdona, no quería molestarte.
- No lo has hecho, es solo que…- me miró con sus ojos verdes ahora algo decaídos- Cuando todo el mundo te toma por lo que no eres, es muy complicado quitar esa imagen que tienen de ti al resto del mundo. Si para ti soy una niña, para el resto también. Aunque no me comporte como tal… La edad es lo que importa.
- ¿No crees que exageras un poco?
- No- sentenció con su mirada puesta en la mía.- Tu no lo entiendes, porque no tienes el problema que tengo yo.
- ¿Cuál es ese problema?
- El problema es simple: en alguien de quince no se va ha fijar una de… Dieciocho, por ejemplo.
- Eso lo dirás tú.
- No lo digo: es.
- Creo que andas muy equivocada. No tiene que ver la edad, sino cómo se sienta esa persona cerca de la otra.
- Todo teoría. La teoría solo sirve en los libros y para hacer exámenes, no para el día a día.
Otra vez volvió ese silencio incómodo. Quería decirle algo, pero no sabía el qué… Se le veía algo triste, no me gustaba verla así cuando de normal era la alegría en persona.
- ¿Te puedo hacer una pregunta?
- Claro- le contesté.
- ¿Eric tiene novia?
Le miré. Sus ojos se clavaron en los mío esperando la respuesta. No me digas que estaba así por él… Por Eric. Porque él no era la clase de chico que se hecha novia. Él es la clase de chico que solo busca un rollo y punto. Pero a él no le importaba si tenían quince, dieciséis o veinticuatro. No, esa pregunta no tenía que ver con su preocupación… Entonces, ¿por qué la hacía? Supongo que para romper ese silencio que había ocupado todo el pasillo.
- ¿Eric? Pues… No. No tiene, que yo sepa. No es la clase de chico que tiene novia, ¿sabes?
Le respondía aquello a ver cual era su respuesta. Sonrió, de golpe sus ojos volvieron a ser los de siempre. O estaba demasiado fuera de juego en estas cosas, o no entendía su repentina tranquilidad al saber la respuesta, si hasta yo me había dado cuenta de que no le gustaba Eric… Por lo menos no le gustaba demasiado.
- Vale, gracias. Era por curiosidad más que nada.
- Ah…
- ¡Hey! ¿Podremos repetir algún día lo de hoy?
- Bueno… Si quitamos la parte de la serpiente… Perfecto.
Sonrió. Se acercó un poco a mí.
- Tienes algo en el pelo.
Estiró el brazo y me quitó una hoja de uno de mis cabellos. En ese momento alguien tosió falsamente.
- ¿Interrumpo?- preguntó April.
No se el porqué, pero nada más verla me aparté un poco de Karol. Para ella esa acción no pasó desapercibida, así que me miró a mí para luego mirar a April.
- No claro. Solo… Hablábamos.
- Wow…- se le escapó a Karolina mientras miraba a los ojos de ella- Impresionas más en persona. Eres la nueva, ¿no? Es que eres muy popular en el internado.
- No te haces a la idea de lo que eso me interesa- le respondió fríamente sin dejar de mirarme- Si has terminado de hablar con Cristel… ¿Qué heces aquí plantada?
Le hizo esa pregunta sacando su mirada de la mía y fijándola en la de Karol. Ésta se la aguantó todo lo que pudo hasta que bajó la mirada.
- April, déjala- conseguí que volviera a mirarme- Estaba hablando conmigo antes de que aparecieras.
- Yo no he visto que estuvierais hablando.
- April, ya.- le repliqué.
- Creo que mejor me voy- de nuevo sus ojos se posaron débilmente en los míos- Quizás nos veamos en la fiesta. Adiós Cris.
- Adiós.
Me dedicó una de sus agradables sonrisas antes de enfilar hacia abajo el pasillo. April la siguió con la mirada y hasta que no la perdió de vista, no dejó de mirar.
- ¿Por qué siempre tienes que montar estos numeritos? Me cansan. Me cansan mucho.
- Ahora se la razón de que tardaras tanto en llegar- dijo con gesto frío.
- Es mi problema. Tú ni pinchas ni cortas en mis problemas o decisiones…
- Me la traen floja tus problemas. Pero cuando tus decisiones chocan con las mías, ahí sí tenemos un problema. Sabías que hoy eras mía, pero aun así has tardado.
- No me hables como si fuera un objeto. Como si fuera tú objeto.
Eso no le gustó para nada, se acercó a mí de un paso y con una de sus manos agarró el trébol.
- Mientras lleves esto en el cuello, yo soy tu prioridad.
- Si es por eso, puedo quitármelo. ¿Es lo que quieres?
- No juegues conmigo, Cristel. Te dije una vez que ni se te ocurriera hacerlo.
- Entonces déjame en paz. Ya he cedido ante ti… ¿Qué más quieres?
- Todo.- contestó al tiempo que me besaba.
La aparté. Estábamos en mitad del pasillo, cerca de la puerta de mi habitación. Nada más faltaba que alguien me viera con ella de esa manera.
- Me voy a arreglar.
- Una cosa… A mí me da igual lo que hagas o dejes de hacer con esa chica, pero siempre iré yo delante.
- Lo que tú digas…
Lo que menos me apetecía era discutir.
- ¿Desde cuando estás aquí?- pregunté a Karol.
- Si no recuerdo mal, desde los catorce o así.
- Un año…
- Dos- rectificó.
- Uno. Que sepa aun tienes quince años.
- ¿Tú que sabes? Todos tenemos dos edades: la natural y la mental.
- ¿Eso qué tiene que ver?
Me miró algo molesta, se le veía en la mirada.
- Eso tiene que ver que dentro de nada tendré dieciséis.
- Y yo diecisiete, pero ahora tengo dieciséis, y seguramente cumpla antes que tú, por lo tanto…
- Oye, vamos a dejarlo. Odio la chorrada esta de que si eres una niña, una adolescente o yo que se. Siempre pasa igual, cuando tienes veinte años y el resto veintiuno, nadie se plantea lo niña que eres o dejas de ser.
Paré de caminar cuando llegamos al final de la escalera, pero ella siguió caminando.
- Perdona, no quería molestarte.
- No lo has hecho, es solo que…- me miró con sus ojos verdes ahora algo decaídos- Cuando todo el mundo te toma por lo que no eres, es muy complicado quitar esa imagen que tienen de ti al resto del mundo. Si para ti soy una niña, para el resto también. Aunque no me comporte como tal… La edad es lo que importa.
- ¿No crees que exageras un poco?
- No- sentenció con su mirada puesta en la mía.- Tu no lo entiendes, porque no tienes el problema que tengo yo.
- ¿Cuál es ese problema?
- El problema es simple: en alguien de quince no se va ha fijar una de… Dieciocho, por ejemplo.
- Eso lo dirás tú.
- No lo digo: es.
- Creo que andas muy equivocada. No tiene que ver la edad, sino cómo se sienta esa persona cerca de la otra.
- Todo teoría. La teoría solo sirve en los libros y para hacer exámenes, no para el día a día.
Otra vez volvió ese silencio incómodo. Quería decirle algo, pero no sabía el qué… Se le veía algo triste, no me gustaba verla así cuando de normal era la alegría en persona.
- ¿Te puedo hacer una pregunta?
- Claro- le contesté.
- ¿Eric tiene novia?
Le miré. Sus ojos se clavaron en los mío esperando la respuesta. No me digas que estaba así por él… Por Eric. Porque él no era la clase de chico que se hecha novia. Él es la clase de chico que solo busca un rollo y punto. Pero a él no le importaba si tenían quince, dieciséis o veinticuatro. No, esa pregunta no tenía que ver con su preocupación… Entonces, ¿por qué la hacía? Supongo que para romper ese silencio que había ocupado todo el pasillo.
- ¿Eric? Pues… No. No tiene, que yo sepa. No es la clase de chico que tiene novia, ¿sabes?
Le respondía aquello a ver cual era su respuesta. Sonrió, de golpe sus ojos volvieron a ser los de siempre. O estaba demasiado fuera de juego en estas cosas, o no entendía su repentina tranquilidad al saber la respuesta, si hasta yo me había dado cuenta de que no le gustaba Eric… Por lo menos no le gustaba demasiado.
- Vale, gracias. Era por curiosidad más que nada.
- Ah…
- ¡Hey! ¿Podremos repetir algún día lo de hoy?
- Bueno… Si quitamos la parte de la serpiente… Perfecto.
Sonrió. Se acercó un poco a mí.
- Tienes algo en el pelo.
Estiró el brazo y me quitó una hoja de uno de mis cabellos. En ese momento alguien tosió falsamente.
- ¿Interrumpo?- preguntó April.
No se el porqué, pero nada más verla me aparté un poco de Karol. Para ella esa acción no pasó desapercibida, así que me miró a mí para luego mirar a April.
- No claro. Solo… Hablábamos.
- Wow…- se le escapó a Karolina mientras miraba a los ojos de ella- Impresionas más en persona. Eres la nueva, ¿no? Es que eres muy popular en el internado.
- No te haces a la idea de lo que eso me interesa- le respondió fríamente sin dejar de mirarme- Si has terminado de hablar con Cristel… ¿Qué heces aquí plantada?
Le hizo esa pregunta sacando su mirada de la mía y fijándola en la de Karol. Ésta se la aguantó todo lo que pudo hasta que bajó la mirada.
- April, déjala- conseguí que volviera a mirarme- Estaba hablando conmigo antes de que aparecieras.
- Yo no he visto que estuvierais hablando.
- April, ya.- le repliqué.
- Creo que mejor me voy- de nuevo sus ojos se posaron débilmente en los míos- Quizás nos veamos en la fiesta. Adiós Cris.
- Adiós.
Me dedicó una de sus agradables sonrisas antes de enfilar hacia abajo el pasillo. April la siguió con la mirada y hasta que no la perdió de vista, no dejó de mirar.
- ¿Por qué siempre tienes que montar estos numeritos? Me cansan. Me cansan mucho.
- Ahora se la razón de que tardaras tanto en llegar- dijo con gesto frío.
- Es mi problema. Tú ni pinchas ni cortas en mis problemas o decisiones…
- Me la traen floja tus problemas. Pero cuando tus decisiones chocan con las mías, ahí sí tenemos un problema. Sabías que hoy eras mía, pero aun así has tardado.
- No me hables como si fuera un objeto. Como si fuera tú objeto.
Eso no le gustó para nada, se acercó a mí de un paso y con una de sus manos agarró el trébol.
- Mientras lleves esto en el cuello, yo soy tu prioridad.
- Si es por eso, puedo quitármelo. ¿Es lo que quieres?
- No juegues conmigo, Cristel. Te dije una vez que ni se te ocurriera hacerlo.
- Entonces déjame en paz. Ya he cedido ante ti… ¿Qué más quieres?
- Todo.- contestó al tiempo que me besaba.
La aparté. Estábamos en mitad del pasillo, cerca de la puerta de mi habitación. Nada más faltaba que alguien me viera con ella de esa manera.
- Me voy a arreglar.
- Una cosa… A mí me da igual lo que hagas o dejes de hacer con esa chica, pero siempre iré yo delante.
- Lo que tú digas…
Lo que menos me apetecía era discutir.
jueves, 12 de agosto de 2010
Capítulo 13: La aventura con... 'Serpi' (Primera parte)
Hoy tendría una acompañante para el paseo matutino de cada fin de semana. Nada más llegué a la verja, ella apareció dando vueltas. Era obvio que no podía estarse quieta, era puro nervio.
- ¿Qué? ¿Preparada para la paliza de tu vida?
- Eso habrá que verlo- sentenció con su sonrisa.
Empezamos a correr. De momento, seguía mis pasos, claro que yo no iba al cien por cien. De pronto Karol empezó a aumentar el ritmo, tanto, que al final acabamos haciendo una carrera en toda regla y llegando al claro en un suspiro.
- Ha habido una vez que me he girado y no te he visto…- le miré mientras intentaba respirar- ¿Te has perdido o qué?
- No, lista… Solo te he dado ventaja para no dejarte mal.
Me reí dirigiéndome hasta el tronco caído para sentarme y reposar un rato. Ella se acercó e hizo lo mismo. Contempló cada espacio de aquel maravilloso claro sacado de una película.
- Sí que te tenías calladito lo de este sitio, ¿eh?
- No es cierto. Simplemente la gente no tiene ganas de despertarse un sábado o un domingo para venir hasta aquí.
- ¿Eso quiere decir que soy la primera a la que traes contigo?
Me puse a pensar. En cierta manera, sí, porque Paula en todos esos años dándole la tabarra, aun no se había dignado a ir y April… No, a April no la traje, ella vino solita.
- Bueno… Algo así.
El silencio del bosque, con sus ramas al viento, sus pájaros, sus hojas cayendo… Nos invadió a las dos. Sin darme cuenta, me reí yo sola.
- ¿De qué te ríes?
- Es que me he acordado de tu ‘me llamo Karolina, pero Karolina con ‘K’
- ¿Qué tiene de malo? Es más cool.
- Si tú lo dices…
- En verdad es Caroline, pero de esas hay muchas.
- Yo solo te conozco a ti.
- ¿Ves? Eso es a lo que yo llamo tener buen gusto.- reímos- Prefiero desentonar, ser diferente.
- No te hace falta. De por sí ya desentonas.- ella me miró- Quiero decir… Que no hay demasiada gente como tú… Digo que creo que ahora me callaré y olvidaremos que he intentado arreglar lo que he dicho…
Agaché la cabeza, pero pude ver de reojo como se levantaba de golpe. ¿Le habría sentado mal el comentario? Si es que era única para dar ánimos.
- Oye, que no quería…- dije levantándome.
- No te muevas.
- ¿Por qué?
- Hombre, si te gustaría llevarte la serpiente que tienes detrás como mascota adherida a tu pierna o cuello, allá tú.
- No me jodas…
Me giré todo lo lentamente que pude. Sí, ahí estaba, serpenteando a mí alrededor, con sus ojos saltones negros y su sibilina lengua saliendo, entrando, saliendo, entrando…
- Estate quieta que ya se irá.
- Claro, si quieres me quedo aquí a vivir.- me giré de nuevo- Pero mírala, que es que no se va.
Karol empezó a reír.
- Siento interrumpirte, pero si me explicaras la gracia que tiene esto, me podría reír contigo, ¿no crees?- le reproché algo mosqueada.
- Compréndeme, si estuvieras en mi lugar harías lo mismo- dijo entre risas- La serpiente no es venenosa, así que puedes…
- Ni de coña. ¿De qué me sirve que tú me digas que no es venenosa? A no ser que seas bióloga o algo, no me sirve de nada.
- ¿A que me marcho y te dejo aquí tirada?
- Venga, a ver si sabes el camino de vuelta.
Ella enarcó una ceja, sopló, se dio la vuelta y la perdí de vista entre árboles. Me sobresalté al ver que se iba… ¿Se iba de verdad? Como lo hiciera, en cuanto saliera de ahí la mataba con sus propias flechas.
- ¡Karol! ¡Que no iba en serio!
La serpiente subió el tronco, casi rozando uno de mis dedos. Al serpentear, giraba la cabeza hacia donde estaba yo al compás de su cuerpo. ¿Y si me levantaba de una? La serpiente me miró amenazante. ‘Mejor que no’, pensé para mí.
Escuché quebrarse una hoja, me di la vuelta y la vi. Resoplé un poco más tranquila. Karol se me acercaba con un palo en la mano.
- ¿Qué vas a hacer?
- Salvarte la vida- dijo con una enorme sonrisa.- Cuando cuente tres, le daré un golpe y te tendrás que levantar rápidamente.
- ¿Le vas a golpear con un palo?
- No, voy a fabricarme una flauta para hipnotizarla como en las películas… ¿Tú que crees?
- Es un ser vivo, no puedes azotarla como si tal cosa.
- Cris, es pura supervivencia. O tú, o ella.
La serpiente parecía emperrada en quedarse el tronco para ella solita. Cada vez estaba más cerca.
- ¿No puedes darle un empujoncito y ya?
Ella me miró poniendo los ojos en blanco.
- Como te vea alguna vez matando una mosca o un mosquito, te daré con este palo en la cabeza, Greenpeace de pacotilla…
Fue con sumo cuidado acercando aquel palo a ‘Serpi’, hasta que ella pasó por encima, cosa que aprovechó Karol para levantarla un poco en el aire, dándome tiempo a levantarme del tronco. Nada más me puse a su lado, tiró el palo a lo bestia, casi dándole a la serpiente, que silbó fuertemente mientras se alejaba de nosotras.
- ¡Ala! ¡Casi le das!
- Anda que no das por saco.
Le miré y le di un empujón.
- ¿Qué haces?
- Eso por reírte de mí.
Ella abrió la boca para decir algo, pero tan solo me devolvió el empujón.
- Eres peor que una niña. Si no llega a ser por mí, aun estarías en el tronco esperando ayuda de alguien.
- ¡Habló la adulta! Te ha faltado tiempo de salir corriendo.
- ¡He ido a por un palo!
- Cagada.
- Repítelo.
- Con sumo gusto. Ca-ga da- le acentué.
- Vas a ver si lo repites.
Todavía no se cómo lo hizo, pero me separó las piernas de un golpe seco y me tiró al suelo.
- ¡Ah! ¿No te había comentado que tengo un hermano mayor del que tenía que defenderme de pequeña?- dijo burlona mirándome con altivez.
Me incorporé un poco con gesto de enfado, a lo que ella respondió ofreciéndome la mano. La rechacé e intenté levantarme, hice como que me caía. Cuando Karol fue a parar el golpe, le agarré de la camiseta y la tiré a mi lado, quedando las dos tiradas completamente en ese suelo lleno de hojas caídas.
- Joder, casi me arrancas la camiseta de cuajo.
- A ver si así aprendes a respetar a tus mayores.
- Desgraciada…
Reí. Luego reímos las dos, quedándonos en esa posición un largo rato. Se pasó el tiempo volando… Cuando miré el reloj por última vez, no llegaban ni a ser las siete y diez. Ahora, de repente, eran cerca de las ocho y media.
- ¿Qué? ¿Preparada para la paliza de tu vida?
- Eso habrá que verlo- sentenció con su sonrisa.
Empezamos a correr. De momento, seguía mis pasos, claro que yo no iba al cien por cien. De pronto Karol empezó a aumentar el ritmo, tanto, que al final acabamos haciendo una carrera en toda regla y llegando al claro en un suspiro.
- Ha habido una vez que me he girado y no te he visto…- le miré mientras intentaba respirar- ¿Te has perdido o qué?
- No, lista… Solo te he dado ventaja para no dejarte mal.
Me reí dirigiéndome hasta el tronco caído para sentarme y reposar un rato. Ella se acercó e hizo lo mismo. Contempló cada espacio de aquel maravilloso claro sacado de una película.
- Sí que te tenías calladito lo de este sitio, ¿eh?
- No es cierto. Simplemente la gente no tiene ganas de despertarse un sábado o un domingo para venir hasta aquí.
- ¿Eso quiere decir que soy la primera a la que traes contigo?
Me puse a pensar. En cierta manera, sí, porque Paula en todos esos años dándole la tabarra, aun no se había dignado a ir y April… No, a April no la traje, ella vino solita.
- Bueno… Algo así.
El silencio del bosque, con sus ramas al viento, sus pájaros, sus hojas cayendo… Nos invadió a las dos. Sin darme cuenta, me reí yo sola.
- ¿De qué te ríes?
- Es que me he acordado de tu ‘me llamo Karolina, pero Karolina con ‘K’
- ¿Qué tiene de malo? Es más cool.
- Si tú lo dices…
- En verdad es Caroline, pero de esas hay muchas.
- Yo solo te conozco a ti.
- ¿Ves? Eso es a lo que yo llamo tener buen gusto.- reímos- Prefiero desentonar, ser diferente.
- No te hace falta. De por sí ya desentonas.- ella me miró- Quiero decir… Que no hay demasiada gente como tú… Digo que creo que ahora me callaré y olvidaremos que he intentado arreglar lo que he dicho…
Agaché la cabeza, pero pude ver de reojo como se levantaba de golpe. ¿Le habría sentado mal el comentario? Si es que era única para dar ánimos.
- Oye, que no quería…- dije levantándome.
- No te muevas.
- ¿Por qué?
- Hombre, si te gustaría llevarte la serpiente que tienes detrás como mascota adherida a tu pierna o cuello, allá tú.
- No me jodas…
Me giré todo lo lentamente que pude. Sí, ahí estaba, serpenteando a mí alrededor, con sus ojos saltones negros y su sibilina lengua saliendo, entrando, saliendo, entrando…
- Estate quieta que ya se irá.
- Claro, si quieres me quedo aquí a vivir.- me giré de nuevo- Pero mírala, que es que no se va.
Karol empezó a reír.
- Siento interrumpirte, pero si me explicaras la gracia que tiene esto, me podría reír contigo, ¿no crees?- le reproché algo mosqueada.
- Compréndeme, si estuvieras en mi lugar harías lo mismo- dijo entre risas- La serpiente no es venenosa, así que puedes…
- Ni de coña. ¿De qué me sirve que tú me digas que no es venenosa? A no ser que seas bióloga o algo, no me sirve de nada.
- ¿A que me marcho y te dejo aquí tirada?
- Venga, a ver si sabes el camino de vuelta.
Ella enarcó una ceja, sopló, se dio la vuelta y la perdí de vista entre árboles. Me sobresalté al ver que se iba… ¿Se iba de verdad? Como lo hiciera, en cuanto saliera de ahí la mataba con sus propias flechas.
- ¡Karol! ¡Que no iba en serio!
La serpiente subió el tronco, casi rozando uno de mis dedos. Al serpentear, giraba la cabeza hacia donde estaba yo al compás de su cuerpo. ¿Y si me levantaba de una? La serpiente me miró amenazante. ‘Mejor que no’, pensé para mí.
Escuché quebrarse una hoja, me di la vuelta y la vi. Resoplé un poco más tranquila. Karol se me acercaba con un palo en la mano.
- ¿Qué vas a hacer?
- Salvarte la vida- dijo con una enorme sonrisa.- Cuando cuente tres, le daré un golpe y te tendrás que levantar rápidamente.
- ¿Le vas a golpear con un palo?
- No, voy a fabricarme una flauta para hipnotizarla como en las películas… ¿Tú que crees?
- Es un ser vivo, no puedes azotarla como si tal cosa.
- Cris, es pura supervivencia. O tú, o ella.
La serpiente parecía emperrada en quedarse el tronco para ella solita. Cada vez estaba más cerca.
- ¿No puedes darle un empujoncito y ya?
Ella me miró poniendo los ojos en blanco.
- Como te vea alguna vez matando una mosca o un mosquito, te daré con este palo en la cabeza, Greenpeace de pacotilla…
Fue con sumo cuidado acercando aquel palo a ‘Serpi’, hasta que ella pasó por encima, cosa que aprovechó Karol para levantarla un poco en el aire, dándome tiempo a levantarme del tronco. Nada más me puse a su lado, tiró el palo a lo bestia, casi dándole a la serpiente, que silbó fuertemente mientras se alejaba de nosotras.
- ¡Ala! ¡Casi le das!
- Anda que no das por saco.
Le miré y le di un empujón.
- ¿Qué haces?
- Eso por reírte de mí.
Ella abrió la boca para decir algo, pero tan solo me devolvió el empujón.
- Eres peor que una niña. Si no llega a ser por mí, aun estarías en el tronco esperando ayuda de alguien.
- ¡Habló la adulta! Te ha faltado tiempo de salir corriendo.
- ¡He ido a por un palo!
- Cagada.
- Repítelo.
- Con sumo gusto. Ca-ga da- le acentué.
- Vas a ver si lo repites.
Todavía no se cómo lo hizo, pero me separó las piernas de un golpe seco y me tiró al suelo.
- ¡Ah! ¿No te había comentado que tengo un hermano mayor del que tenía que defenderme de pequeña?- dijo burlona mirándome con altivez.
Me incorporé un poco con gesto de enfado, a lo que ella respondió ofreciéndome la mano. La rechacé e intenté levantarme, hice como que me caía. Cuando Karol fue a parar el golpe, le agarré de la camiseta y la tiré a mi lado, quedando las dos tiradas completamente en ese suelo lleno de hojas caídas.
- Joder, casi me arrancas la camiseta de cuajo.
- A ver si así aprendes a respetar a tus mayores.
- Desgraciada…
Reí. Luego reímos las dos, quedándonos en esa posición un largo rato. Se pasó el tiempo volando… Cuando miré el reloj por última vez, no llegaban ni a ser las siete y diez. Ahora, de repente, eran cerca de las ocho y media.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Capítulo 12: Quizás me viste, pero no te fijaste
El sábado madrugué como siempre, respiré el aire frío de la mañana, tranquila por el silencio y la paz de aquel pequeño bosque. Llegué al claro cuando aun los rayos del sol no habían traspasado las hojas de aquellos majestuosos árboles. Me senté a esperarlos en el tronco caído del suelo, como siempre… Al poco, con los ojos cerrados, noté esa cálida caricia provinente del sol madrugador y sentí por un momento que todo estaba bien, que hoy nada iba a arruinarme el día. Nada ni nadie con nombre propio.
Volví al internado, medio corriendo, medio caminando, disfrutando de ese día tan azul, tan hermoso. Por el camino me encontré con Karolina, que bajaba a la vez que yo subía. Me dedicó una espléndida sonrisa con un enérgico ‘Buenos días’.
- Buenas- respondí.
Llevaba a la espalda una mochila bastante alargada. Deduje que se iba a entrenar.
- Voy a relajarme un poco, a ver si puedo.
- ¿Dónde sueles ir? Porque no me suena haberte visto.
- Igual sí me viste, pero no te fijaste.- sus ojos se posaron suavemente en los míos- Es una zona apartada, detrás del todo. Es un rinconcito que Gabriel me ayudó a montar cuando conseguí que más personas se apuntaran a esto.
- ¿Haces de relaciones públicas?- reí.
- ¿De qué te ríes? Yo puedo ser muy persuasiva si quiero.- bajó el escalón que nos separaba- ¿Te quieres venir? Si no tienes nada que hacer ahora…
- Pues…
- ¿He mencionado ya que puedo ser muy persuasiva? Además, será divertido. Si te comportas, igual hasta te enseño algunos trucos.
- Nunca he tirado con arco.
- Bueno, quizás por eso el destino me puso en tu camino.
Nos miramos y reímos juntas. Era imposible decirle ‘no’ a aquella chica… O es que el no poder pronunciar esa palabra lo llevaba yo de serie.
- Está bien. Si eres capaz de esperarme diez minutos, enseguida me reúno contigo.
- De acuerdo, te espero.
Salió por la puerta. Al mismo tiempo subí las escaleras para ducharme. Lara aun dormía, así que hice el menor ruido posible. Cuando llegué dónde Karol me había indicado, estaba todo preparado. En la diana, a lo lejos, se podían ver unas cuantas flechas.
- Vaya, sí que eres buena…
- ¿Acaso dudabas?
- Puede.
- Pues muy mal. Yo nunca miento si a mí se refiere.- le sonreí- ¿Quieres probar? Es fácil, solo tiene unas posiciones básicas. No me dirás que tienes miedo de hacerlo mal…
- Oye, no te pases, ¿eh? Menuda flipada estás hecha, niña.
- De niña nada, que solo me llevas un año.
- Me da la impresión de que no te gusta tú edad…
- ¿Por qué lo dices?
- El otro día con Eric, cuando dije lo de ‘joven’ me miraste con cara de disgusto.
- No es que no me guste mi edad- me tendió el arco- Es simplemente que no me gusta que me digan esas cosas determinadas personas.
Cogí el gran arco entre mis manos. Era más pesado de lo que creía.
- A ver…- Karol se acercó a mí- Ahora separa las piernas y reparte el peso. Después con una mano agarra esto y con la otra forma un ángulo de 45 grados… Perfecto… Relaja las dos manos. Espera, los hombros tienen que estar bajos y alineados… Piensa que eres una T.
Ese comentario me hizo gracia. La verdad es que parecía mucho más fácil visto desde fuera… Visto desde fuera a Karol le quedaba incluso más artística la posición.
- … Para tirar debes fijar el objetivo y relajar la mano de la parte de la cuerda.
Ella se tiró hacia atrás, mirándome, contemplándome… No se si estaba más nerviosa por sus ojos clavados en mí o por el tirón que estaba sintiendo en el hombro.
- ¿A qué esperas para tirar?
Intenté dejar la mente en blanco, pero no funcionó. Tiré y la flecha se perdió a saber dónde.
- ¿Sabes qué me decían de pequeña cada vez que fallaba?
- ¿Qué?- pregunté curiosa.
- Que cada flecha que perdía entre los árboles mataba a un duendecillo del bosque o a un hada. Así hicieron que afinara mi puntería.
- ¿Lo dices en serio?
- Ajá… Pero no te preocupes, que a la velocidad que iba tu flecha no les harías ni un agujero en el culo… Y eso que ya está hecho.- me arrebató el arco de las manos- Como cupido, poco futuro te veo.
- ¿Pero se puede ser más borde? Es como si ahora te digo que mañana te vengas conmigo a correr y te exija que vayas a mi ritmo, tanto en la ida como en la vuelta- le dije mirándola desafiante.
- Vale, acepto tu oferta.
- ¿Qué oferta?- pregunté- Solo era un ejemplo.
- ¿Tienes miedo? Si es eso, entonces…
- Mañana a las seis en punto en la verja.
- ¿Por qué no a las cinco?
Me la quedé mirando. ¿Pero de qué iba? Si la mirabas bien, de niña no tenía ni los ojos. Era igual que yo de alta y su cara reflejaba algo de seriedad que ocultaba bajo esa gran sonrisa. Karol echó a reír.
- Es broma Cris. No soy tan prepotente. Pero la cara que has puesto era encantadora.
- ¿Encantadora?- repetí.
- Sí. ¿No te lo han dicho nunca?
- Nunca.
- Mejor, así te acordarás de mí con más facilidad.- sonrió con complicidad, clavando sus ojos verdes en los míos- Bueno, tengo que irme. Hasta luego, que tengas un estupendo sábado… Aunque claro, después de este rato conmigo… ¿Qué otra cosa puede mejorar tú día?
Se encaminó hacia el internado.
- ¡Acuérdate de mañana!- le grité.
Ella tan solo asintió desde lejos. Era increíble esa forma de ser tan espectacular que tenía. Te contagiaba su estado de ánimo, siempre encontraba la forma de sacarte una sonrisa… Sí había sido así en ese rato juntas, ¿cómo sería un día completo con ella? Decididamente no encontraba la explicación de haber pasado tan desapercibida ante mis ojos antes. Quizás Karol tenía razón: ‘me viste pero no te fijaste’.
Volví al internado, medio corriendo, medio caminando, disfrutando de ese día tan azul, tan hermoso. Por el camino me encontré con Karolina, que bajaba a la vez que yo subía. Me dedicó una espléndida sonrisa con un enérgico ‘Buenos días’.
- Buenas- respondí.
Llevaba a la espalda una mochila bastante alargada. Deduje que se iba a entrenar.
- Voy a relajarme un poco, a ver si puedo.
- ¿Dónde sueles ir? Porque no me suena haberte visto.
- Igual sí me viste, pero no te fijaste.- sus ojos se posaron suavemente en los míos- Es una zona apartada, detrás del todo. Es un rinconcito que Gabriel me ayudó a montar cuando conseguí que más personas se apuntaran a esto.
- ¿Haces de relaciones públicas?- reí.
- ¿De qué te ríes? Yo puedo ser muy persuasiva si quiero.- bajó el escalón que nos separaba- ¿Te quieres venir? Si no tienes nada que hacer ahora…
- Pues…
- ¿He mencionado ya que puedo ser muy persuasiva? Además, será divertido. Si te comportas, igual hasta te enseño algunos trucos.
- Nunca he tirado con arco.
- Bueno, quizás por eso el destino me puso en tu camino.
Nos miramos y reímos juntas. Era imposible decirle ‘no’ a aquella chica… O es que el no poder pronunciar esa palabra lo llevaba yo de serie.
- Está bien. Si eres capaz de esperarme diez minutos, enseguida me reúno contigo.
- De acuerdo, te espero.
Salió por la puerta. Al mismo tiempo subí las escaleras para ducharme. Lara aun dormía, así que hice el menor ruido posible. Cuando llegué dónde Karol me había indicado, estaba todo preparado. En la diana, a lo lejos, se podían ver unas cuantas flechas.
- Vaya, sí que eres buena…
- ¿Acaso dudabas?
- Puede.
- Pues muy mal. Yo nunca miento si a mí se refiere.- le sonreí- ¿Quieres probar? Es fácil, solo tiene unas posiciones básicas. No me dirás que tienes miedo de hacerlo mal…
- Oye, no te pases, ¿eh? Menuda flipada estás hecha, niña.
- De niña nada, que solo me llevas un año.
- Me da la impresión de que no te gusta tú edad…
- ¿Por qué lo dices?
- El otro día con Eric, cuando dije lo de ‘joven’ me miraste con cara de disgusto.
- No es que no me guste mi edad- me tendió el arco- Es simplemente que no me gusta que me digan esas cosas determinadas personas.
Cogí el gran arco entre mis manos. Era más pesado de lo que creía.
- A ver…- Karol se acercó a mí- Ahora separa las piernas y reparte el peso. Después con una mano agarra esto y con la otra forma un ángulo de 45 grados… Perfecto… Relaja las dos manos. Espera, los hombros tienen que estar bajos y alineados… Piensa que eres una T.
Ese comentario me hizo gracia. La verdad es que parecía mucho más fácil visto desde fuera… Visto desde fuera a Karol le quedaba incluso más artística la posición.
- … Para tirar debes fijar el objetivo y relajar la mano de la parte de la cuerda.
Ella se tiró hacia atrás, mirándome, contemplándome… No se si estaba más nerviosa por sus ojos clavados en mí o por el tirón que estaba sintiendo en el hombro.
- ¿A qué esperas para tirar?
Intenté dejar la mente en blanco, pero no funcionó. Tiré y la flecha se perdió a saber dónde.
- ¿Sabes qué me decían de pequeña cada vez que fallaba?
- ¿Qué?- pregunté curiosa.
- Que cada flecha que perdía entre los árboles mataba a un duendecillo del bosque o a un hada. Así hicieron que afinara mi puntería.
- ¿Lo dices en serio?
- Ajá… Pero no te preocupes, que a la velocidad que iba tu flecha no les harías ni un agujero en el culo… Y eso que ya está hecho.- me arrebató el arco de las manos- Como cupido, poco futuro te veo.
- ¿Pero se puede ser más borde? Es como si ahora te digo que mañana te vengas conmigo a correr y te exija que vayas a mi ritmo, tanto en la ida como en la vuelta- le dije mirándola desafiante.
- Vale, acepto tu oferta.
- ¿Qué oferta?- pregunté- Solo era un ejemplo.
- ¿Tienes miedo? Si es eso, entonces…
- Mañana a las seis en punto en la verja.
- ¿Por qué no a las cinco?
Me la quedé mirando. ¿Pero de qué iba? Si la mirabas bien, de niña no tenía ni los ojos. Era igual que yo de alta y su cara reflejaba algo de seriedad que ocultaba bajo esa gran sonrisa. Karol echó a reír.
- Es broma Cris. No soy tan prepotente. Pero la cara que has puesto era encantadora.
- ¿Encantadora?- repetí.
- Sí. ¿No te lo han dicho nunca?
- Nunca.
- Mejor, así te acordarás de mí con más facilidad.- sonrió con complicidad, clavando sus ojos verdes en los míos- Bueno, tengo que irme. Hasta luego, que tengas un estupendo sábado… Aunque claro, después de este rato conmigo… ¿Qué otra cosa puede mejorar tú día?
Se encaminó hacia el internado.
- ¡Acuérdate de mañana!- le grité.
Ella tan solo asintió desde lejos. Era increíble esa forma de ser tan espectacular que tenía. Te contagiaba su estado de ánimo, siempre encontraba la forma de sacarte una sonrisa… Sí había sido así en ese rato juntas, ¿cómo sería un día completo con ella? Decididamente no encontraba la explicación de haber pasado tan desapercibida ante mis ojos antes. Quizás Karol tenía razón: ‘me viste pero no te fijaste’.
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