Tuvimos la suerte de llegar y encontrarnos la puerta principal abierta. Subimos las escaleras a zancadas por si nos veían. Desde el camino había notado a April bastante ausente por no decir que aunque lo ocultara, se le veía un poco ida.
- Oye, ¿seguro que no quieres que te acompañe a la habitación?- le pregunté.
- No voy a mi habitación. Mi compañera estará durmiendo o vete a saber y paso de encontrármela. Es insufrible.
- ¿Dónde vas entonces?- me percaté de que la pregunta era un tanto idiota- Bueno, ¿te acompaño sí o no?
- Que no, pesada. Por si no te has dado cuenta se andar.
- No tengo nada mejor que hacer. Venga, sube las escaleras.
- Tú con tal de dar por culo…- respondió cansada.
- Fíjate, no se de quién lo habré aprendido.
Me hizo una mueca antes de continuar subiendo. Algunos alumnos habían terminado sus clases mientras que otros contaban los minutos que faltaban para salir. Conseguimos alcanzar el último piso sin ningún problema. Entramos al escondite tratando de no rozar la puerta carcomida, por si acaso caía decididamente al suelo. Nada más poner un pie allí, a mi nariz vino un olor a café como la última vez.
- ¿Por qué siempre huele a café?
- Porque sí. ¿Algún problema?
- Borde- contesté girándome para mirar por la ventana.
Ella solo pasó del comentario y empezó a desvestirse para luego tirarse en plancha a la cama. Apagó las luces cuando todavía estaba observando por el ventanal.
- Corre la cortina, que da mucha luz.- espetó.
- Es todo un detalle que hayas esperado a que estuviera cerca de la puerta, ¿eh? Gracias, de verdad.- dije con sorna.
- Quiero dormir. Eres tú la que te has empeñado en seguirme. Ahora haz el favor de correr la cortina, coño.
- Todo dulzura- añadí encendiendo el móvil y corriendo la cortina.
A tientas, con un móvil que alumbraba lo que yo dijera, intenté ir hasta la puerta, pero al pasar justo por el lado de la cama, ella me agarró del brazo, tirándome en la cama. Traté de levantarme pero ella me retuvo cogiéndome de la muñeca.
- Mierda… Imaginaba que harías algo así…
- Bhá, no te flageles tanto. Nadie te culpa por ser tan simple- añadió riendo.
- April, tengo que ir a mi habitación, cambiarme, cenar, ponerme al día con cientos de deberes… Suelta.
- Quédate un rato.
- April, te digo que no tengo tiempo.
- Solo un poco. Diez minutos.
- No.
- Cinco.- estiró de mi brazo un par de veces- Cinco, solo cinco… Venga… Venga…
- Eres incluso peor que mi hermana de dos años. Y no, no es ningún halago.- finalicé.
Ella encendió la luz colocándose al mismo tiempo a mi altura.
- ¿Tienes una hermana pequeña?
- ¿También te molesta?
- Solo comen, duermen y escupen.- me miró- Sí, sí que me molesta.
- A ver si te crees que tú naciste en una especie de incubadora gigante…
Ella fijó sus ojos en los míos. Esa mirada no la había visto hasta ese día. Volvió a tumbarse en la cama sin decir nada.
- ¿No tenías que irte? Ahora es un buen momento.- añadió.
- De verdad, no hay quién te entienda… Y hoy no lo voy a intentar porque estoy cansada.
- Genial… ¿Te vas ya o qué?- dijo empujándome con el pie para que me levantara.
- Podrías, si no es mucho esfuerzo, encenderme la luz, ¿no?
- No. Ves a tientas.
- Pero que estúpida llegas a ser.
Finalmente, sí, tuve que arreglármelas para salir de allí a oscuras. Y sí, me pegué un tortazo con la puerta porque calculé mal la distancia. Mientras caminaba hacia mi habitación pasándome la mano por el chichón, vi a alguien apoyado en mi puerta hablando animadamente con Paula y Lara.
- ¡La desaparecida!- gritó Paula- Si no nos llegamos a encontrar con tu príncipe, ya pensábamos que te habías escapado o algo- terminó riendo.
- Ah…- es lo único que salió de mi boca. Después de un silencio conseguí decir- Él no es mi… Príncipe.
Paula sonrió antes de girarse hacia Nico.
- ¿No? Pues eso hay que solucionarlo. ¿Tienes ya una princesa?
- Pues… Algo parecido- acabó diciendo él ruborizándose un poco.
- Venga, va Paula, vámonos que el chico venía a hablar con Cris, no con nostras- le increpó Lara.
- Bueno. Pero que sepas que de todas formas, nos lo iba a contar- dijo dirigiéndose a Nicholas.
Él rió y ellas aprovecharon para irse de camino al comedor. Abrí la puerta y le invité a entrar. Nico fue a cerrar la puerta.
- Mejor déjala abierta. Es que no quiero que piensen cosas raras- admití.
¿Cosas raras? En realidad prefería mil veces que me vieran entre los brazos de Nico que en los de April. Espanté aquel absurdo pensamiento de mi cabeza.
- Me he inventado que te habías ido a dar una vuelta. Supongo que es lo que has hecho, siendo como eres- empezó a decir.
- Sí, me he escabullido un rato. Tenía la cabeza como un bombo… Necesitaba respirar.
- Pero no vienes del bosque.
Le miré. Me senté en la cama emitiendo un soplido.
- Me he distraído.- Nico resopló- Pero no con ella, en ese sentido… En el sentido de que hemos estado hablando.
- ¿Puedo saber de qué?
- De nada en especial. Sólo me ha dicho algunas cosas sin sentido antes de decirme que estaba algo pedo. Luego le he llevado al escondite. Nada más.
Él se quedó pensativo. Al final tomó asiento a mi lado. Sacó de su bolsillo el móvil, el cual movió nerviosamente un par de veces.
- ¿Te ha comentado algo sobre ella?- preguntó esperando la respuesta.
- Poco.- me giré hacia él- ¿A qué viene esto? Tú sabes de ella más que yo, seguramente incluso te anticipes a sus jugadas. Seguro que intuyes incluso de qué hemos estado hablando.
- Quizás sí. O eso esperaba. Tal vez me equivoque y no la conozca tanto. O tal vez haya cambiado el guión- finalizó.
- ¿Guión?- repetí.
El silencio retumbó en la habitación mientras pensaba cosas una detrás de otras sin ningún orden.
- Oye Nico, yo no entiendo nada. Es más, creo que prefiero no entenderlo. Hablas de lo rara que es April pero siendo sincera… Tú no te quedas atrás.- dije al fin.
- Cris, no la conozco tanto como crees. Ella es tan… Distinta. Hay miles de cosas que le cabrean, al igual que hay otras mil cosas que le encantan, sin embargo, aunque me pidieras que te dijera solo una que odie y otra que le fascine, nunca podría estar seguro ni siquiera el 2% de que eso fuera cierto. ¿Comprendes? Pero dentro de todo este sin sentido, me atrevería a decir que confío plenamente en April. Ella, aún a malas, a regañadientes, ha conseguido ayudarme en los peores momentos. ¿Explicación lógica? Inexistente. Solo te digo que mientras yo confío en ella, ella no confía en nadie. Ni tan solo confía en mí. Pero si la llamo, acude, porque lo he vivido. Lo triste es que como aparece, se esfuma. April mantiene las distancias muy bien, no se deja controlar, ni se deja llevar por algo en lo que no tenga un control absoluto. O aprendes a vivir con eso, o mejor no lo hagas…
- ¿Tú has vivido con eso desde que la conociste?- Nico asintió como si de repente recuerdos lejanos invadieran su cabeza- ¿Y cómo lo aguantas? De repente un día desaparece y no sabes dónde va.
- Pueden pasar meses sin que se sepa nada de su paradero.
- ¿Te parece normal? Yo…- resoplé intranquila- No es que me emocione tenerla todo el santo día pegada- aclaré- pero en mi caso no soporto el no saber. Llámame cotilla o lo que quieras. Pero es algo superior a mí.
- Eres igual de impaciente que April. Entre la una y la otra, siempre la casa sin barrer- añadió riendo.
- No le veo la gracia- inquirí.
- Solo digo que igual, no sois tan diferentes… En el fondo- aclaró.
- Me sigue sin hacer gracia- le repliqué.
Nico soltó una carcajada antes de levantarse. Finalmente guardó su móvil en el bolsillo delantero, dirigiéndose hacia la salida.
- Oye, una cosa…- dije caminando hacia él- ¿Cómo es eso que tienes a una ‘más o menos’ princesa?- pregunté curiosa.
Él sonrió guiñándome un ojo y salió de la habitación silbando, cantando una canción que en ese momento no logré descifrar.
Esa misma noche me dije que disfrutaría de la cena, del murmullo de la gente y de las charlas de Paula y Lara. Después de tanto tiempo sola en la enfermería, con aquellos ataques de sueños sin ningún tipo de sentido, me prometí que me desentendería de todo y disfrutaría.
Aquella noche cenando, me di cuenta que era como si nada hubiese cambiado: Eric estaba con nosotros hablando con Bayron, metiéndose con Paula, diciendo tonterías como siempre… Por primera vez fue como si todo siguiera en el mismo orden de siempre, hasta que vi aparecer a April por mitad del comedor. Me sorprendí a mí misma girando la cabeza entrando a charlar en el tema que estaban tratando Paula y Eric, sin prestarle atención. Decididamente, ella ya no ocuparía mi cabeza todo el tiempo. Pero como siempre pasaba, mi mala suerte ya permanente en mí, hizo que April, por primera vez en toda su vida, se acercara a nuestra mesa para… ¿Hablar con Eric?
- Buen provecho- dijo ella con una amplia sonrisa- Eric, ¿puedes…?
- Sí, claro- atajó él sin dejarle terminar.
Eric se levantó como un rayo de la mesa y entre risas desaparecieron los dos por la puerta del comedor.
- ¿Pero…? ¿Vosotros habéis visto? ¿Alguien me puede explicar qué cojones ha sido eso?- preguntó Paula para romper el silencio.
- No tengo ni la más remota idea de… Eso.- zanjó Bayron.
Todas nuestras miradas se dirigieron hacía él, que siguió comiendo como si nada.
- ¿Qué has dicho?- dijo Lara con una ceja levantada.
- Nada… Habéis preguntado y yo… He respondido. ¿Es que debía de estar callado? ¿No era una pregunta general? Si no lo era, podría haber dicho ‘Chicas…’, pero no lo ha dicho. ¡Igualdad de géneros! Aunque de chicos sólo esté ahora yo, también cuento…. ¡Que no hombre, que no! Siempre estáis ahí pendientes de todo, es que no se puede hablar de nada: si callo porque callo, si hablo porque hablo y si esto porque aquello. ¡Ya no entiendo nada! ¡Ea! Y ahora me marcho porque me tenéis harto… ¡Y punto!
Todas nos quedamos atónitas contemplando el discurso que Bayron estaba diciendo tratando de entender si realmente estaba diciendo algo o estaba burlándose de nosotras. Se levantó enfadado gruñendo y recogiendo su plato, cuando Eric volvió como si tal cosa y se sentó en la mesa.
- ¡Hostias, menos mal!- chilló Bayron- Tardas más y me quedo sin postre.
Eric le sonrió al mismo tiempo que Paula miraba a todos buscando alguna señal de si esto había pasado realmente.
- Yo prefiero no saber nada, llevo una semana bastante movidita. Ala, que os cunda la historieta que os vayan a contar estos dos que yo me voy a dormir. O al menos a intentarlo- dije despidiéndome de ellos.
En cuanto me separé de la mesa, vi a Lara pegarle una colleja a Bayron y a Paula sometiendo al tercer grado a Eric. Me fui pensando en que eran como niños, pero también un poco interesada en esa escena: April saliendo del comedor con Eric. ¿Qué estarían tramando?
lunes, 28 de febrero de 2011
jueves, 2 de diciembre de 2010
Capítulo 38: ¿Sentimientos?
Desperté con la buena noticia que Julia me trajo: podía irme ya. Nada más pronunció esas palabras, yo comencé a vestirme para dirigirme a mi habitación. Ella me tendió los papeles con mi nivel de potasio y todas esas cosas en sangre en un enorme sobre amarillo. Al momento ya estaba subiendo las escaleras con la idea de salir fuera a correr aunque fuera tan solo una vuelta a la manzana. Tenía la sensación de necesitar el aire que los árboles me traían, como el maná. Además, las inmensas ganas que tenía de estirar las piernas no eran normales. Sin que nadie me viera, me vestí con un chándal y me escabullí del internado por el hueco olvidado que utilizamos para salir el día de la fiesta en el bosque, ya que la puerta se encontraba cerrada a cal y canto.
Salí caminando a zancadas, poco a poco subí el ritmo y sin darme cuenta estaba corriendo por la mitad del bosque. Traté de ubicarme buscando el claro, pero al final llegué a otra parte en la que nunca había estado. Como no me desagradó, decidí descansar allí mismo, mirando el nuevo entorno con suma atención.
Era extraño, estar en aquella explanada por la que nunca había pasado… Y eso que el bosque no era demasiado grande. Entonces recordé el río. Sí, jamás se me había ocurrida buscar el río. ¿Qué tal si lo buscaba? Esa idea me pareció perfecta, así de paso conocía la zona. Paseé posando el oído en cualquier ruido que se asemejara al del agua. Anduve hasta que por fin escuché algo que se le parecía… Me encaminé hacia allí y di en el clavo. Delante de mí unos enormes cañaverales escondían un río de aguas limpias que caían de una diminuta cascada, todo rodeado de enormes piedras en las que poder sentarte. Me senté en un pedral un tanto empinado a ver fluir el agua, a sentir el viento chocando contra las cañas. Al final cerré los ojos para respirar hondo, dejando de pensar.
Al rato de estar tranquilamente en ese lugar apacible, el móvil comenzó a sonar sin descanso. Me pregunté con rabia para qué lo había traído, mirando la pantalla, observando que era un número desconocido. Pensé que ya se cansaría de llamar, pero no hubo pausa, así que opté por cogerlo y colgar lo antes posible.
- ¿Dígame?
- ¿Dónde estás?- preguntó una voz al otro lado.
- ¿April?
- Te he preguntado que dónde estás.- repitió.
- Estoy… En la enfermería.
- Tartamudeas. Eso quiere decir que no estás en la enfermería.
- Que sí- mentí- Y yo no tartamudeo.
- Acabo de ver a Julia y te ha dado el alta. Qué dónde estás, no me hagas preguntártelo otra vez.
- Lejos. No me encontrarías.- le insistí.
- Prueba a ver. Dime dónde te encuentras.
- En el bosque, pero no estoy en el claro.
- Pues ven aquí.
- ¿Para qué?
- ¿Tan importante es estar ahí en medio de la nada?- preguntó con algo de enfado en la voz.
- Sí, ahora es lo que quiero.
- Me da igual, que vengas ya.
- ¿Tan grave es que no puede esperar un rato?
- No.
- ¿Y por qué me llamas a mí? Seguramente tendrás a un séquito que nada más chasques los dedos aparezcan delante de ti. Déjame en paz.
- No me cuelgues, ¿eh? Ni…
Antes de que acabara la frase, colgué el teléfono. Es más, lo apagué del todo, en ese instante no quería molestias de ningún tipo. Solo yo y el viento eran suficiente.
Exactamente no se cuánto tiempo me quedé en ese lugar, pero cuando lo vi conveniente continué el camino corriendo, total, nadie iba castigar a una enferma. Corrí y sin saber cómo, llegué al claro. Me paré en seco recuperando el aliento, mirando alrededor, tratando de encontrar el sendero de vuelta al internado. Fijé la vista en él y apoyé mis manos en mis rodillas para coger aire. De golpe y sin saber cómo, algo se me abalanzó haciéndome caer encima del rugoso suelo repleto de hojas, palos, todo tipo de bichos…
- ¡Coño! ¡Casi se me sale el corazón del pecho, por dios!- grité a pleno pulmón.
- Te jodes. Esto es lo que pasa por colgarme el teléfono.
- ¡Estás completamente loca!- chillé intentando zafarme de ella- ¡Suelta! ¡Que me ahogas, levántate de encima!
Para mi sorpresa April me hizo caso y se quitó de encima. Con desconfianza la observé desde abajo antes de levantarme también, sacudiéndome el pantalón de todas las hojas pegadas a mí.
- ¿Qué se supone que haces aquí?- pregunté algo más calmada.
- Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma.- contestó.
- ¿Has venido aquí después de que te colgara?- miré la hora. Había pasado cerca una hora larga.
- ¿No te cansas nunca de preguntar tanto?- añadió con cara de asco.
- ¿Sabes qué? Tienes razón.
Pasé por su lado emprendiendo la carrera otra vez. Confiaba en que ella se quedara quieta en su sitio, pero eso hubiese sido demasiado fácil. De nuevo se abalanzó sobre mí haciendo que perdiera el equilibrio y cayera, esta vez, encima de ella.
- ¡Mierda, April! ¿¡Te has propuesto romperme una pierna o qué!?
- Pues hazme caso de una puta vez- añadió agarrándome del antebrazo y acercándome hacia su cara.
- ¿Eres consciente de la actitud de niña repelente que estás teniendo?- dije deshaciéndome de su mano.
Por enésima vez me puse en pie. Sin embargo esta vez, ella se quedó tendida en el suelo. Di unos pasos hacia atrás por si acaso la idea era cogerme del pie para tirarme una vez más al suelo, pero ni se inmutó. No se movió del sitio.
- No creas que porque no te levantes voy a estar aquí pendiente de ti- repliqué.
- Bien, pues lárgate- dijo tajante.
Desaparecí entre los matojos siguiendo el camino que me sabía de memoria para volver al Internado. A mitad de camino me frené, me llamé imbécil y retrocedía hasta el claro para ver qué estaba haciendo. Ella solo se había incorporado lo bastante como para estar sentada.
- Joder April…- caminé hacia ella- Dime qué quieres, así terminaremos esto antes de que me vuelvas loca.
- Nada. Simplemente…- calló antes de terminar.
- Simplemente, ¿qué?- increpé.
Se levantó del suelo pausadamente sin contestar a mi pregunta, algo a lo que poco a poco me iba acostumbrando. Callada, se dio la vuelta fijando su mirada en la mía.
- Me parece que estoy algo cansada…- dijo por fin andando hacia donde yo estaba.
- ¿De qué exactamente? ¿De estar tumbada en la cama sin hacer nada o de quedar con distintas chicas día tras día?- pregunté con ironía.
- Un poco de todo- afirmó con una leve sonrisa.
De un salto se colocó frente a mí. Había algo en su mirada que me decía que no estaba del todo bien. Dentro de lo normal hubiera sido decirme alguna mala palabra por su parte, pero esta vez solo contestaba frases cortas y casi sin sentido.
- Ya se que no vas a responder, pero… ¿Te encuentras bien?- ella tan solo me apresó de las caderas, atrayéndome una vez más hacia su cuerpo- Estás algo pálida…- finalicé mirándola a los ojos.
En efecto, no contestó. Siguió acercándose hasta que nuestros labios se toparon. Sin embargo ésta vez no fue un beso cálido, sino más bien frío. Incluso su tacto en lugar de soltar ese calor típico de ella, estaba un poco helado.
- Hoy estás demasiado extraña hasta para mí… No pareces tú.-dije con algo de preocupación oculta.
- No parezco yo…- dijo en un susurro inaudible.
Se separó de mí y se revolvió el pelo, pensativa.
- Necesito evadirme. Creo que es lo que me toca ahora.- añadió mientras resoplaba.
- ¿Eso qué quiere decir?- pregunté con curiosidad.
- Digamos que yo también necesito mi propio claro de bosque…-terminó suspirando.
- Tienes el escondite.
- No es lo mismo, Cristel…
- ¿Por qué? A mí me encanta.
- ¿Tú que sientes cuando estás aquí?- quiso saber- Cuando te sientas en el tronco ese y te quedas sola tanto tiempo… ¿Qué es eso que te hace sentir tan bien que puedas pasarte horas y horas contemplando el mismo espacio durante un largo rato? Que te haga olvidar casi quién eres…
- ¿Me lo estás preguntando enserio?- me dirigió una mirada bastante seria- Pues, la verdad… No tengo ni idea. Simplemente es… Indescriptible. Es una sensación que me embarga, como de paz. Como si este sitio limpiara todos los pensamientos que no me sirven, como si arramblara con todo aquello que me molesta o cansa.
- Y en el escondite, ¿te ocurre lo mismo?
- Bueno, es más mágico, por decirlo de alguna forma… De noche parece que el tiempo se pare.
April caminó a mí alrededor hasta que por fin se estuvo quieta y se sentó en el tronco roído.
- Yo… Quiero eso. Quiero poder dejar el mundo a un lado como lo haces tú. Quisiera ser invisible por un día. Dejar que otros se ocuparan de ciertas cosas. Me gustaría sentirme como tú te sientes cuando observas detenidamente los árboles, aunque ya los hayas visto el día anterior.
En aquel momento me hubiese gustado tener un espejo para poder ver mi cara de asombro al escuchar todas las palabras que salían de su boca. No me lo podía creer… No me podía creer que April, la dura y fría April estuviera hablando de todo eso de verdad.
- Pero April… Creía… No sé, que a ti estas cosas, pues como que no. Que tu vida era perfecta para ti. Es decir, eres tan… Bueno, quiero decir que… En fin, que tú…
Había veces que una vocecilla interior me decía una y otra vez ‘¿Pero para qué abres esa bocaza? Con lo guapa que estás callada’. Y no le hacía caso. ¿Por qué demonios no le hacía caso? Decididamente, animar no era uno de mis fuertes.
- Lo es. Seguramente todas las chicas del mundo matarían por estar en mi piel. Soy inteligente, guapa, perseverante, perfecta y tengo los ojos azules…
- Y no tienes abuela- reafirmé aguantándome la risa.
- Ni tengo abuela, ni tengo familia- finalizó sonriendo.
- Vaya… Pensaba que tu padre…
- ¿Mi padre? No existe. ¿Mi madre? Tampoco existe. ¿Hermanas? No tengo… Salvo una torpe hermanastra que lo único que hace es decirme lo que tengo o no tengo que hacer.
- ¿Y eso te hace feliz?- pregunté. Yo tenía hermanos, teníamos nuestros más o nuestros menos, pero al fin y al cabo, éramos hermanos.
- ¿Feliz? La felicidad es un mito, Cristel.- clavó sus ojos en los míos- ¿De verdad crees que alguien puede morirse de amor por otra persona, por ejemplo? Que va. El mundo está demasiado ocupado girando. La gente va a su rollo, sin percatarse de nadie más que no sean ellos mismos.
- Es muy triste que pienses así.
- Nadie me ha demostrado lo contrario…
- ¿Ni siquiera Nico?
- ¿Nicholas?- rió- Ni siquiera Nicholas.
- No me lo creo. Apostaría lo que fuera que él si te lo ha demostrado muchas veces. Infinidad de veces, me atrevería a decir.
- ¿Por qué crees eso?
- Por su forma de ser. Por su forma de dar consejos, de hablar… Incluso por su forma de mirar podría deducir que ha hecho un montón de cosas por ti.
- Puede que él piense que sí, por eso nunca le he querido quitar la ilusión.- finalizó riendo.
Ella cogió un palo del suelo y se puso a juguetear con él. Dijera lo que dijera, aquella April que tenía delante no era la de siempre.
- Me gustaría que me respondieras… Em… Hoy estás un tanto…
- Si supieras la rabia que me da cuando te pones a tar-tar… Tartamudear.- dijo enfadada.
- Yo no tartamudeo, solo que…- la miré- Prefiero pensar las palabras antes de que las vuelvas contra mí.
- Pensar, pensar, pensar… ¡Siempre pensar! ¿Has probado en no hacerlo tanto?
- ¿Y tú has probado en hacerlo?
- Estoy harta de tus preguntitas.
- Si te fastidian tantas cosas de mí, no entiendo por qué razón no me dejas ni a sol ni a sombra.
- Tal vez lo tendría que hacer, porque cada vez que hablo contigo se me pone un dolor de cabeza…- dijo apoyando la frente en una de sus piernas.
Caminé hacia el tronco para recriminarle, pero al final me callé y me senté a su lado en completo silencio.
- Realmente la mayoría de gente se iría al decirles esto- añadió con la cabeza aún agachada.
- ¿Es lo que pretendes?
Ella solo se encogió de hombros. Verdaderamente, April o bien era bipolar o solo me tomaba el pelo por diversión.
- De todas maneras me estás contando parte de tu vida… ¿A qué se debe semejante honor?- pregunte irónicamente.
- ¿Quién te dice que esa sea mi vida?- alzó la vista hacia la nada- Mi vida, en teoría, no existe…
- Enserio, este ‘tú’ tan melancólico me está asustando… De hecho creo que me asusta más que el tú de siempre.
- Puf… Me siento mal… Creo que no debería haber bebido tanto- afirmó tumbándose a lo largo en el tronco, casi tirándome de donde yo estaba sentada.
- ¿Anoche bebiste? ¿Cuánto?
- ¡Yo que se!... Bebí y punto. Lo que pasa es que esta mañana también lo he hecho y ahora…
- Mira que eres tonta- le reñí.
- Eso, tú ahora, como buena madre, échame un sermón.
- A ver que yo me entere… ¿Se supone que porque estás en ese estado, me estás contando algo de tu vida?
- Soy plenamente consciente de lo que te estoy contando, pero… Sí, se supone que algo influye.
- Vaya, tendré que plantearme seriamente emborracharte cada vez que quiera saber más de ti.
- Dudo que puedas seguir mi ritmo. Antes entras en un coma etílico.
- ¿Nadie te ha dicho nunca que tienes una enorme facilidad para destacar en las cosas más inservibles?
- No, pero tú has tardado más de la cuenta en decírmelo…
- A veces me da por pensar que debería haber hecho caso mi padre cuando me quiso cambiar de internado. Lo más probable es que mi vida continuaría en su sitio y tú no estarías tocándome la moral a cada minuto.
- Me aburres- dijo incorporándose- Además, hubiese dado contigo igualmente.
- Eso sí que tiene gracia. Decididamente estás muy borracha.
- ¿Por qué? ¿Lo dudas?- preguntó fijando sus ojos en los míos.
- Esta vez soy yo la que cree que la conversación está durando demasiado.
- ¿Qué dudas exactamente?
- ¿Que qué dudo?- pregunté riendo.
- ¿Acaso sabes la razón que tuve para venir aquí?
- ¿Acaso te has picado por algo?
- No me he picado por nada. Pero si no sabes de lo que hablas, mejor cállate.
- ¡Hombre! Ya decía que la verdadera April tardaba en dar señales de vida.
- Paso de ti. Me largo a dormir.
Se levantó rápidamente del tronco, tiró el palo con el que jugaba bien lejos y emprendió el camino hacia el sendero. Al poco de adentrarse, sacó la cabeza.
- ¿Vienes o qué? Que se venir pero no volver, joder.
Salí caminando a zancadas, poco a poco subí el ritmo y sin darme cuenta estaba corriendo por la mitad del bosque. Traté de ubicarme buscando el claro, pero al final llegué a otra parte en la que nunca había estado. Como no me desagradó, decidí descansar allí mismo, mirando el nuevo entorno con suma atención.
Era extraño, estar en aquella explanada por la que nunca había pasado… Y eso que el bosque no era demasiado grande. Entonces recordé el río. Sí, jamás se me había ocurrida buscar el río. ¿Qué tal si lo buscaba? Esa idea me pareció perfecta, así de paso conocía la zona. Paseé posando el oído en cualquier ruido que se asemejara al del agua. Anduve hasta que por fin escuché algo que se le parecía… Me encaminé hacia allí y di en el clavo. Delante de mí unos enormes cañaverales escondían un río de aguas limpias que caían de una diminuta cascada, todo rodeado de enormes piedras en las que poder sentarte. Me senté en un pedral un tanto empinado a ver fluir el agua, a sentir el viento chocando contra las cañas. Al final cerré los ojos para respirar hondo, dejando de pensar.
Al rato de estar tranquilamente en ese lugar apacible, el móvil comenzó a sonar sin descanso. Me pregunté con rabia para qué lo había traído, mirando la pantalla, observando que era un número desconocido. Pensé que ya se cansaría de llamar, pero no hubo pausa, así que opté por cogerlo y colgar lo antes posible.
- ¿Dígame?
- ¿Dónde estás?- preguntó una voz al otro lado.
- ¿April?
- Te he preguntado que dónde estás.- repitió.
- Estoy… En la enfermería.
- Tartamudeas. Eso quiere decir que no estás en la enfermería.
- Que sí- mentí- Y yo no tartamudeo.
- Acabo de ver a Julia y te ha dado el alta. Qué dónde estás, no me hagas preguntártelo otra vez.
- Lejos. No me encontrarías.- le insistí.
- Prueba a ver. Dime dónde te encuentras.
- En el bosque, pero no estoy en el claro.
- Pues ven aquí.
- ¿Para qué?
- ¿Tan importante es estar ahí en medio de la nada?- preguntó con algo de enfado en la voz.
- Sí, ahora es lo que quiero.
- Me da igual, que vengas ya.
- ¿Tan grave es que no puede esperar un rato?
- No.
- ¿Y por qué me llamas a mí? Seguramente tendrás a un séquito que nada más chasques los dedos aparezcan delante de ti. Déjame en paz.
- No me cuelgues, ¿eh? Ni…
Antes de que acabara la frase, colgué el teléfono. Es más, lo apagué del todo, en ese instante no quería molestias de ningún tipo. Solo yo y el viento eran suficiente.
Exactamente no se cuánto tiempo me quedé en ese lugar, pero cuando lo vi conveniente continué el camino corriendo, total, nadie iba castigar a una enferma. Corrí y sin saber cómo, llegué al claro. Me paré en seco recuperando el aliento, mirando alrededor, tratando de encontrar el sendero de vuelta al internado. Fijé la vista en él y apoyé mis manos en mis rodillas para coger aire. De golpe y sin saber cómo, algo se me abalanzó haciéndome caer encima del rugoso suelo repleto de hojas, palos, todo tipo de bichos…
- ¡Coño! ¡Casi se me sale el corazón del pecho, por dios!- grité a pleno pulmón.
- Te jodes. Esto es lo que pasa por colgarme el teléfono.
- ¡Estás completamente loca!- chillé intentando zafarme de ella- ¡Suelta! ¡Que me ahogas, levántate de encima!
Para mi sorpresa April me hizo caso y se quitó de encima. Con desconfianza la observé desde abajo antes de levantarme también, sacudiéndome el pantalón de todas las hojas pegadas a mí.
- ¿Qué se supone que haces aquí?- pregunté algo más calmada.
- Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma.- contestó.
- ¿Has venido aquí después de que te colgara?- miré la hora. Había pasado cerca una hora larga.
- ¿No te cansas nunca de preguntar tanto?- añadió con cara de asco.
- ¿Sabes qué? Tienes razón.
Pasé por su lado emprendiendo la carrera otra vez. Confiaba en que ella se quedara quieta en su sitio, pero eso hubiese sido demasiado fácil. De nuevo se abalanzó sobre mí haciendo que perdiera el equilibrio y cayera, esta vez, encima de ella.
- ¡Mierda, April! ¿¡Te has propuesto romperme una pierna o qué!?
- Pues hazme caso de una puta vez- añadió agarrándome del antebrazo y acercándome hacia su cara.
- ¿Eres consciente de la actitud de niña repelente que estás teniendo?- dije deshaciéndome de su mano.
Por enésima vez me puse en pie. Sin embargo esta vez, ella se quedó tendida en el suelo. Di unos pasos hacia atrás por si acaso la idea era cogerme del pie para tirarme una vez más al suelo, pero ni se inmutó. No se movió del sitio.
- No creas que porque no te levantes voy a estar aquí pendiente de ti- repliqué.
- Bien, pues lárgate- dijo tajante.
Desaparecí entre los matojos siguiendo el camino que me sabía de memoria para volver al Internado. A mitad de camino me frené, me llamé imbécil y retrocedía hasta el claro para ver qué estaba haciendo. Ella solo se había incorporado lo bastante como para estar sentada.
- Joder April…- caminé hacia ella- Dime qué quieres, así terminaremos esto antes de que me vuelvas loca.
- Nada. Simplemente…- calló antes de terminar.
- Simplemente, ¿qué?- increpé.
Se levantó del suelo pausadamente sin contestar a mi pregunta, algo a lo que poco a poco me iba acostumbrando. Callada, se dio la vuelta fijando su mirada en la mía.
- Me parece que estoy algo cansada…- dijo por fin andando hacia donde yo estaba.
- ¿De qué exactamente? ¿De estar tumbada en la cama sin hacer nada o de quedar con distintas chicas día tras día?- pregunté con ironía.
- Un poco de todo- afirmó con una leve sonrisa.
De un salto se colocó frente a mí. Había algo en su mirada que me decía que no estaba del todo bien. Dentro de lo normal hubiera sido decirme alguna mala palabra por su parte, pero esta vez solo contestaba frases cortas y casi sin sentido.
- Ya se que no vas a responder, pero… ¿Te encuentras bien?- ella tan solo me apresó de las caderas, atrayéndome una vez más hacia su cuerpo- Estás algo pálida…- finalicé mirándola a los ojos.
En efecto, no contestó. Siguió acercándose hasta que nuestros labios se toparon. Sin embargo ésta vez no fue un beso cálido, sino más bien frío. Incluso su tacto en lugar de soltar ese calor típico de ella, estaba un poco helado.
- Hoy estás demasiado extraña hasta para mí… No pareces tú.-dije con algo de preocupación oculta.
- No parezco yo…- dijo en un susurro inaudible.
Se separó de mí y se revolvió el pelo, pensativa.
- Necesito evadirme. Creo que es lo que me toca ahora.- añadió mientras resoplaba.
- ¿Eso qué quiere decir?- pregunté con curiosidad.
- Digamos que yo también necesito mi propio claro de bosque…-terminó suspirando.
- Tienes el escondite.
- No es lo mismo, Cristel…
- ¿Por qué? A mí me encanta.
- ¿Tú que sientes cuando estás aquí?- quiso saber- Cuando te sientas en el tronco ese y te quedas sola tanto tiempo… ¿Qué es eso que te hace sentir tan bien que puedas pasarte horas y horas contemplando el mismo espacio durante un largo rato? Que te haga olvidar casi quién eres…
- ¿Me lo estás preguntando enserio?- me dirigió una mirada bastante seria- Pues, la verdad… No tengo ni idea. Simplemente es… Indescriptible. Es una sensación que me embarga, como de paz. Como si este sitio limpiara todos los pensamientos que no me sirven, como si arramblara con todo aquello que me molesta o cansa.
- Y en el escondite, ¿te ocurre lo mismo?
- Bueno, es más mágico, por decirlo de alguna forma… De noche parece que el tiempo se pare.
April caminó a mí alrededor hasta que por fin se estuvo quieta y se sentó en el tronco roído.
- Yo… Quiero eso. Quiero poder dejar el mundo a un lado como lo haces tú. Quisiera ser invisible por un día. Dejar que otros se ocuparan de ciertas cosas. Me gustaría sentirme como tú te sientes cuando observas detenidamente los árboles, aunque ya los hayas visto el día anterior.
En aquel momento me hubiese gustado tener un espejo para poder ver mi cara de asombro al escuchar todas las palabras que salían de su boca. No me lo podía creer… No me podía creer que April, la dura y fría April estuviera hablando de todo eso de verdad.
- Pero April… Creía… No sé, que a ti estas cosas, pues como que no. Que tu vida era perfecta para ti. Es decir, eres tan… Bueno, quiero decir que… En fin, que tú…
Había veces que una vocecilla interior me decía una y otra vez ‘¿Pero para qué abres esa bocaza? Con lo guapa que estás callada’. Y no le hacía caso. ¿Por qué demonios no le hacía caso? Decididamente, animar no era uno de mis fuertes.
- Lo es. Seguramente todas las chicas del mundo matarían por estar en mi piel. Soy inteligente, guapa, perseverante, perfecta y tengo los ojos azules…
- Y no tienes abuela- reafirmé aguantándome la risa.
- Ni tengo abuela, ni tengo familia- finalizó sonriendo.
- Vaya… Pensaba que tu padre…
- ¿Mi padre? No existe. ¿Mi madre? Tampoco existe. ¿Hermanas? No tengo… Salvo una torpe hermanastra que lo único que hace es decirme lo que tengo o no tengo que hacer.
- ¿Y eso te hace feliz?- pregunté. Yo tenía hermanos, teníamos nuestros más o nuestros menos, pero al fin y al cabo, éramos hermanos.
- ¿Feliz? La felicidad es un mito, Cristel.- clavó sus ojos en los míos- ¿De verdad crees que alguien puede morirse de amor por otra persona, por ejemplo? Que va. El mundo está demasiado ocupado girando. La gente va a su rollo, sin percatarse de nadie más que no sean ellos mismos.
- Es muy triste que pienses así.
- Nadie me ha demostrado lo contrario…
- ¿Ni siquiera Nico?
- ¿Nicholas?- rió- Ni siquiera Nicholas.
- No me lo creo. Apostaría lo que fuera que él si te lo ha demostrado muchas veces. Infinidad de veces, me atrevería a decir.
- ¿Por qué crees eso?
- Por su forma de ser. Por su forma de dar consejos, de hablar… Incluso por su forma de mirar podría deducir que ha hecho un montón de cosas por ti.
- Puede que él piense que sí, por eso nunca le he querido quitar la ilusión.- finalizó riendo.
Ella cogió un palo del suelo y se puso a juguetear con él. Dijera lo que dijera, aquella April que tenía delante no era la de siempre.
- Me gustaría que me respondieras… Em… Hoy estás un tanto…
- Si supieras la rabia que me da cuando te pones a tar-tar… Tartamudear.- dijo enfadada.
- Yo no tartamudeo, solo que…- la miré- Prefiero pensar las palabras antes de que las vuelvas contra mí.
- Pensar, pensar, pensar… ¡Siempre pensar! ¿Has probado en no hacerlo tanto?
- ¿Y tú has probado en hacerlo?
- Estoy harta de tus preguntitas.
- Si te fastidian tantas cosas de mí, no entiendo por qué razón no me dejas ni a sol ni a sombra.
- Tal vez lo tendría que hacer, porque cada vez que hablo contigo se me pone un dolor de cabeza…- dijo apoyando la frente en una de sus piernas.
Caminé hacia el tronco para recriminarle, pero al final me callé y me senté a su lado en completo silencio.
- Realmente la mayoría de gente se iría al decirles esto- añadió con la cabeza aún agachada.
- ¿Es lo que pretendes?
Ella solo se encogió de hombros. Verdaderamente, April o bien era bipolar o solo me tomaba el pelo por diversión.
- De todas maneras me estás contando parte de tu vida… ¿A qué se debe semejante honor?- pregunte irónicamente.
- ¿Quién te dice que esa sea mi vida?- alzó la vista hacia la nada- Mi vida, en teoría, no existe…
- Enserio, este ‘tú’ tan melancólico me está asustando… De hecho creo que me asusta más que el tú de siempre.
- Puf… Me siento mal… Creo que no debería haber bebido tanto- afirmó tumbándose a lo largo en el tronco, casi tirándome de donde yo estaba sentada.
- ¿Anoche bebiste? ¿Cuánto?
- ¡Yo que se!... Bebí y punto. Lo que pasa es que esta mañana también lo he hecho y ahora…
- Mira que eres tonta- le reñí.
- Eso, tú ahora, como buena madre, échame un sermón.
- A ver que yo me entere… ¿Se supone que porque estás en ese estado, me estás contando algo de tu vida?
- Soy plenamente consciente de lo que te estoy contando, pero… Sí, se supone que algo influye.
- Vaya, tendré que plantearme seriamente emborracharte cada vez que quiera saber más de ti.
- Dudo que puedas seguir mi ritmo. Antes entras en un coma etílico.
- ¿Nadie te ha dicho nunca que tienes una enorme facilidad para destacar en las cosas más inservibles?
- No, pero tú has tardado más de la cuenta en decírmelo…
- A veces me da por pensar que debería haber hecho caso mi padre cuando me quiso cambiar de internado. Lo más probable es que mi vida continuaría en su sitio y tú no estarías tocándome la moral a cada minuto.
- Me aburres- dijo incorporándose- Además, hubiese dado contigo igualmente.
- Eso sí que tiene gracia. Decididamente estás muy borracha.
- ¿Por qué? ¿Lo dudas?- preguntó fijando sus ojos en los míos.
- Esta vez soy yo la que cree que la conversación está durando demasiado.
- ¿Qué dudas exactamente?
- ¿Que qué dudo?- pregunté riendo.
- ¿Acaso sabes la razón que tuve para venir aquí?
- ¿Acaso te has picado por algo?
- No me he picado por nada. Pero si no sabes de lo que hablas, mejor cállate.
- ¡Hombre! Ya decía que la verdadera April tardaba en dar señales de vida.
- Paso de ti. Me largo a dormir.
Se levantó rápidamente del tronco, tiró el palo con el que jugaba bien lejos y emprendió el camino hacia el sendero. Al poco de adentrarse, sacó la cabeza.
- ¿Vienes o qué? Que se venir pero no volver, joder.
sábado, 27 de noviembre de 2010
Capítulo 37: Menos da una piedra
- No. Te conocí en la fiesta.- respondió Nico.
- Pero te sorprendiste cuando me presenté.
- Sí, pero no fue porque te conociera. Simplemente quizás habría escuchado a April mencionarte y me quedé con tu nombre en el subconsciente.
- ¿Desde cuando la conoces?
- ¿A April? Pues… Desde los once o doce años. Coincidimos un verano en Viena y otro en San francisco.
- Entonces podrás contarme muchas cosas, ¿no?
- No- zanjó- Que sepa cosas de ella no quiere decir que te las cuente todas. Si ella no habla contigo, no soy quién para hacerlo.
- El otro día me dijo que contigo no hablaba de todo…
- Y no lo hace. Solo que he aprendido a leerle la mente- añadió riendo.
- Cuando me aconsejabas…
- Nada de eso- me cortó- Puede que pensara que hablabas de April, pero no lo daba por supuesto. Es más, en ningún momento te animé a hacer ninguna locura… ¿O sí?
En eso estaba en lo cierto. Él no me había incitado a hacer ninguna de las cosas que había hecho. Quizás incluso Nico trataba de advertirme a su manera.
- Y… ¿Por qué me dijiste que no era como las demás? ¿A qué te referías?
Nicholas se removió en el asiento inquieto. Tal vez aquel día dijera cosas que no debería haber dicho sin pensarlas antes.
- Es complicado, Cris…
- Se me dan bien las cosas complicadas- apunté.
- Es que no sé cómo explicarlo… En el tiempo que llevo con April, pues... Puede que haya hecho cosas que no son muy…
- ¿Normales?
- Ni normales, ni legales, ni siquiera…- no terminó la frase- Son cosas propias de ella.
- Pero con lo reservada qué es, sigo sin creerme que sepas estas cosas sin hablar con April de nada.
- Solo hablamos de lo que ella quiere. Si hacemos algo también es por que ella quiere. Esto va así. Lo que ocurre es que si por casualidad me entero de algo que le concierne, mientras no sea de su vida privada, pues le da lo mismo. Pero si le tocas la fibra de meterte demasiado en su vida o en cosas que no quiere compartir, entonces salta.
- ¿Qué es eso que busca?
Esta vez sí. Nico se recolocó bien en la silla, fijando sus ojos en los míos. Su rostro se contrajo duramente al mismo tiempo que su mirada se heló por unos segundos.
- Eso sí que no te incumbe para nada- añadió a la defensiva.
- ¿Por qué no? Quiero saberlo.
- Aquí no cuenta lo que tú quieras, así que mantente al margen. Y ni se te ocurra mencionar este tema con April, sino te enviará a la mierda, hablando en plata.
- No sería la primera vez…- dije suspirando.
- Cris, no la quieras de enemiga, enserio… Si lo que quieres es que te deje en paz, cánsala, haz que te odie si hace falta, pero por nada del mundo entres en su juego.
- ¿Sabes que todo esto que me estás contando, no me ayuda en absoluto? Es más, me estás pintando a una April que…
- Tal vez seas tú la quiere ver a una April distinta. Pero ella es así, no trates de buscar una razón porque no la hay.
Eso era imposible. ¿Acaso Nico me estaba diciendo que ella tenía diferentes caras? Por un lado no me extrañó si me ponía a pensar en el domingo que quedamos. Aquel día se comportó casi como una persona normal, pero en cuanto llegamos al Internado, volvió a ser la de siempre… ¿Era posible que mantuviera su propio yo atado, sin dejarlo salir nunca?
- ¿Qué piensas?- pregunto él.
- Ya sabes lo que pienso.
Nicholas se levantó definitivamente de la silla, dejándola de malas maneras y sentándose en el lado de la cama que momentos antes había ocupado Karol.
- Te queda solamente un año de estar aquí, créeme si te digo que ella se cansará mucho antes si le das lo que quiere.
- ¿Qué pretendes que sea? ¿Algún tipo de marioneta o algo?
- Si eres igual que todas, pasará de ti y tú podrás volver a lo de siempre. Eso es lo que quieres… ¿No?
- Sí… Claro que es lo que… Quiero- finalicé.
- Entonces sabes perfectamente lo que debes hacer.- me miró- No creas que te digo esto por fastidiarte ni mucho menos, pero ella es demasiado… Ella. Llevo desde los once años intentando entenderla así que imagínate el panorama.
- Pero no tiene por qué ser igual…
- Cris, no tienes que intentar entenderla. No sirve. Simplemente… No pienses. Así te irá mejor.
- Es muy fácil decirlo, tú al menos llevas algunos años con ella y puedes saber más o menos de qué va cuando le dan sus ataquitos…
- Ya… Bueno, seguramente no te gustaría estar en mi lugar la mayoría de veces.- añadió con algo de pena en sus ojos.
Me quedé callada. Él tan solo agachó la cabeza y así pasamos un par de minutos. Al final él se levantó sin dirigirme ni una sola mirada.
- Será mejor que me vaya, pronto sonará la alarma.- por fin me miró- Si necesitas cualquier cosa, lo que sea, puedes llamarme. Lo sabes, ¿verdad?
Asentí justo en el mismo momento en el que Nico se dirigía a la salida.
* * *
No se cómo, pero volví a dormirme. En esas horas pude dormir tranquilamente, lo que me extrañó enormemente. Ni una sola pesadilla asomó entre mis sueños. Nada de nada. Supuse que quizás tan solo fueron a causa de la fiebre o de algún tipo de virus y que ya estaba en perfectas condiciones. Julia no pensaba igual, así que me obligó a hacerme un análisis de sangre entre otras tantas pruebas para asegurarse de que ya estaba al cien por cien. Por suerte todo pareció estar en su lugar.
La hora del descanso apareció para la alegría de la mayoría de estudiantes. Todos se apresuraron hacia las salidas queriendo salir a despejarse bajo el cielo inmenso sin una nube de aquel día. April caminaba por el pasillo hasta que una voz a lo lejos le hizo detenerse. De todas maneras tenía que ir a su taquilla, así que mientras la figura se acercaba a ella, aprovechó para guardar algunas cosas.
- ¿Qué tal Nico?- preguntó sin tan siquiera mirarle- Ya que estás aquí, espero que dentro de un par de días estés libre, que necesito que me acerques a unos sitios.
- Yo no soy tu chofer. Si quieres un tour, contrata a alguien- respondió cortante.
- ¿Qué mosca te ha picado?- le miró con desgana- Tú por si acaso no hagas planes.
- ¿Te crees que voy a estar a tu disposición cuando a ti te de la gana?
April cerró de un portazo la taquilla. Los alumnos que pasaron por su lado se le quedaron mirando con curiosidad.
- ¿Pero qué coño te pasa, imbécil? Haz el favor de no tocarme las narices y hacer lo que yo te diga si no quieres que…
- ¿Qué, qué? ¿Eh? ¿Qué, qué, April? Dímelo, venga.- dijo acorralándola cerca de las taquillas- ¿Sabes qué? Estoy harto de seguirte en todo. A partir de hoy búscate a otra persona que manejar para tu propio provecho porque yo termino aquí y ahora. ¿Te queda claro?
Nicholas se separó de ella sin quitarle la vista. April no se inmutó, solo puso su cara de póker de siempre. Él se giró para emprender el camino pero una mano le agarró del brazo, frenándole.
- Al menos dime a qué viene ésta sublevación, ¿no?- pregunto de nuevo con sorna.
- Ese es tu problema, te lo tomas todo a broma- añadió Nico con algo de enfado- Tal vez deberías preocuparte por otras cosas, además de ti…
- ¿Como por ejemplo?- le increpó fríamente- No sé, dime el qué Nicholas… Parece que hoy tienes respuestas para todo.
- ¿Has ido a ver a Cris?
April fijó sus ojos en los de él antes de dibujar una media sonrisa en su rostro.
- ¿A Cristel? ¿Para qué iba yo a ver a Cristel?
- Eres increíble- dijo él soltando una risotada- Pero… ¿Qué esperaba que me dijeras? Es propio de ti hacer lo que haces…
- ¿Y qué es exactamente lo que hago?- quiso saber ella.
- La idiota, eso es lo que haces.
- Te estás pasando de la raya, Nicholas. Si fuera tú cerraría la boca a la de ya.
- ¿Crees que te tengo miedo? Nadie más que yo puede saber lo que eres capaz de hacer, pero aún así…- pegó un resoplido- Esta vez no, April. Deja de jugar, acaba de una maldita vez tu juego.
- No tengo ni la menor de idea de lo que me estás hablando.
- Sí lo sabes. Lo sabes de sobra.- ella se removió cansada en su sitio- Ya no solo por tu bien, también por el de ella. Déjalo estar.
- ¿Qué te pasa, Nico? Antes no ponías tantas pegas…- se acercó a él- ¿Qué te pasa? ¿Por qué no es igual? ¡No me digas!- rió- No me lo digas… ¿El pequeño Nicholas se ha enamorado? Ohhh, qué tierno. Es muy bonito, Nico, enserio, me parece estupendo. Pero ya sabes lo que dicen: ‘Yo la vi primero’- aclaró riendo.
Él pegó una manotada a la taquilla. Por suerte todo el mundo se había ido fuera, dejándoles completamente solos en medio de aquel silencioso pasillo.
- Vaya, sí que debe ser muy importante para ti Cristel… Para que te pongas de esta manera.- añadió sonriendo.
- De acuerdo. Por las buenas no da resultado…- sus ojos verdes buscaron los de ella- ¿Qué te parecería si se lo contara absolutamente todo a Cris? ¿Eso te gustaría más?
April emitió una especie de gruñido. Su mirada se volvió a tornar oscura.
- Antes te mato, ¿entiendes eso? Juro que te mato, Nico.
- ¿Por qué? Si es igual que siempre. Si siempre es lo mismo. ¿Por qué no?
- Mi vida es mía y mis problemas son míos, como se te ocurra compartirlos con alguien… Ya puedes empezar a correr y a esconderte…
- ¿Cuál es el problema? ¿Qué lo cuente o que se lo cuente a Cris?
- ¡Joder! ¡Que Cristel me importa una mierda!- chilló cogiendo del cuello a Nico- Pero como se te ocurra abrir la boca sobre mí o sobre lo que quiero, tendremos un serio problema tú y yo. ¿¡Lo entiendes o no lo entiendes!?- terminó gritando.
- Está bien, ya tengo todo lo que necesitaba.- dijo sonriendo.
April le miró con incredulidad, soltándole el cuello de la camisa. Él se alejó un poco dando unos pasos hacia detrás.
- ¿A qué te refieres con eso último?- preguntó un tanto enfadada.
- Son cosas mías… Solo mías- finalizó lanzándole una mirada.
- No intentes jugármela.- le amenazó.
- Tranquila- dijo él levantando las manos, rendido- Ni se me pasaría por la cabeza.
April le empujó para poder irse de su lado. Nico le siguió con la vista hasta que se perdió escaleras abajo, después sacó de su bolsillo el móvil y cerró la aplicación ‘grabadora de voz’.
- Sí tú no la dejas, haré que ella te mande a la mierda.- finalizó entre dientes, sujetándolo con fuerza.
- Pero te sorprendiste cuando me presenté.
- Sí, pero no fue porque te conociera. Simplemente quizás habría escuchado a April mencionarte y me quedé con tu nombre en el subconsciente.
- ¿Desde cuando la conoces?
- ¿A April? Pues… Desde los once o doce años. Coincidimos un verano en Viena y otro en San francisco.
- Entonces podrás contarme muchas cosas, ¿no?
- No- zanjó- Que sepa cosas de ella no quiere decir que te las cuente todas. Si ella no habla contigo, no soy quién para hacerlo.
- El otro día me dijo que contigo no hablaba de todo…
- Y no lo hace. Solo que he aprendido a leerle la mente- añadió riendo.
- Cuando me aconsejabas…
- Nada de eso- me cortó- Puede que pensara que hablabas de April, pero no lo daba por supuesto. Es más, en ningún momento te animé a hacer ninguna locura… ¿O sí?
En eso estaba en lo cierto. Él no me había incitado a hacer ninguna de las cosas que había hecho. Quizás incluso Nico trataba de advertirme a su manera.
- Y… ¿Por qué me dijiste que no era como las demás? ¿A qué te referías?
Nicholas se removió en el asiento inquieto. Tal vez aquel día dijera cosas que no debería haber dicho sin pensarlas antes.
- Es complicado, Cris…
- Se me dan bien las cosas complicadas- apunté.
- Es que no sé cómo explicarlo… En el tiempo que llevo con April, pues... Puede que haya hecho cosas que no son muy…
- ¿Normales?
- Ni normales, ni legales, ni siquiera…- no terminó la frase- Son cosas propias de ella.
- Pero con lo reservada qué es, sigo sin creerme que sepas estas cosas sin hablar con April de nada.
- Solo hablamos de lo que ella quiere. Si hacemos algo también es por que ella quiere. Esto va así. Lo que ocurre es que si por casualidad me entero de algo que le concierne, mientras no sea de su vida privada, pues le da lo mismo. Pero si le tocas la fibra de meterte demasiado en su vida o en cosas que no quiere compartir, entonces salta.
- ¿Qué es eso que busca?
Esta vez sí. Nico se recolocó bien en la silla, fijando sus ojos en los míos. Su rostro se contrajo duramente al mismo tiempo que su mirada se heló por unos segundos.
- Eso sí que no te incumbe para nada- añadió a la defensiva.
- ¿Por qué no? Quiero saberlo.
- Aquí no cuenta lo que tú quieras, así que mantente al margen. Y ni se te ocurra mencionar este tema con April, sino te enviará a la mierda, hablando en plata.
- No sería la primera vez…- dije suspirando.
- Cris, no la quieras de enemiga, enserio… Si lo que quieres es que te deje en paz, cánsala, haz que te odie si hace falta, pero por nada del mundo entres en su juego.
- ¿Sabes que todo esto que me estás contando, no me ayuda en absoluto? Es más, me estás pintando a una April que…
- Tal vez seas tú la quiere ver a una April distinta. Pero ella es así, no trates de buscar una razón porque no la hay.
Eso era imposible. ¿Acaso Nico me estaba diciendo que ella tenía diferentes caras? Por un lado no me extrañó si me ponía a pensar en el domingo que quedamos. Aquel día se comportó casi como una persona normal, pero en cuanto llegamos al Internado, volvió a ser la de siempre… ¿Era posible que mantuviera su propio yo atado, sin dejarlo salir nunca?
- ¿Qué piensas?- pregunto él.
- Ya sabes lo que pienso.
Nicholas se levantó definitivamente de la silla, dejándola de malas maneras y sentándose en el lado de la cama que momentos antes había ocupado Karol.
- Te queda solamente un año de estar aquí, créeme si te digo que ella se cansará mucho antes si le das lo que quiere.
- ¿Qué pretendes que sea? ¿Algún tipo de marioneta o algo?
- Si eres igual que todas, pasará de ti y tú podrás volver a lo de siempre. Eso es lo que quieres… ¿No?
- Sí… Claro que es lo que… Quiero- finalicé.
- Entonces sabes perfectamente lo que debes hacer.- me miró- No creas que te digo esto por fastidiarte ni mucho menos, pero ella es demasiado… Ella. Llevo desde los once años intentando entenderla así que imagínate el panorama.
- Pero no tiene por qué ser igual…
- Cris, no tienes que intentar entenderla. No sirve. Simplemente… No pienses. Así te irá mejor.
- Es muy fácil decirlo, tú al menos llevas algunos años con ella y puedes saber más o menos de qué va cuando le dan sus ataquitos…
- Ya… Bueno, seguramente no te gustaría estar en mi lugar la mayoría de veces.- añadió con algo de pena en sus ojos.
Me quedé callada. Él tan solo agachó la cabeza y así pasamos un par de minutos. Al final él se levantó sin dirigirme ni una sola mirada.
- Será mejor que me vaya, pronto sonará la alarma.- por fin me miró- Si necesitas cualquier cosa, lo que sea, puedes llamarme. Lo sabes, ¿verdad?
Asentí justo en el mismo momento en el que Nico se dirigía a la salida.
* * *
No se cómo, pero volví a dormirme. En esas horas pude dormir tranquilamente, lo que me extrañó enormemente. Ni una sola pesadilla asomó entre mis sueños. Nada de nada. Supuse que quizás tan solo fueron a causa de la fiebre o de algún tipo de virus y que ya estaba en perfectas condiciones. Julia no pensaba igual, así que me obligó a hacerme un análisis de sangre entre otras tantas pruebas para asegurarse de que ya estaba al cien por cien. Por suerte todo pareció estar en su lugar.
La hora del descanso apareció para la alegría de la mayoría de estudiantes. Todos se apresuraron hacia las salidas queriendo salir a despejarse bajo el cielo inmenso sin una nube de aquel día. April caminaba por el pasillo hasta que una voz a lo lejos le hizo detenerse. De todas maneras tenía que ir a su taquilla, así que mientras la figura se acercaba a ella, aprovechó para guardar algunas cosas.
- ¿Qué tal Nico?- preguntó sin tan siquiera mirarle- Ya que estás aquí, espero que dentro de un par de días estés libre, que necesito que me acerques a unos sitios.
- Yo no soy tu chofer. Si quieres un tour, contrata a alguien- respondió cortante.
- ¿Qué mosca te ha picado?- le miró con desgana- Tú por si acaso no hagas planes.
- ¿Te crees que voy a estar a tu disposición cuando a ti te de la gana?
April cerró de un portazo la taquilla. Los alumnos que pasaron por su lado se le quedaron mirando con curiosidad.
- ¿Pero qué coño te pasa, imbécil? Haz el favor de no tocarme las narices y hacer lo que yo te diga si no quieres que…
- ¿Qué, qué? ¿Eh? ¿Qué, qué, April? Dímelo, venga.- dijo acorralándola cerca de las taquillas- ¿Sabes qué? Estoy harto de seguirte en todo. A partir de hoy búscate a otra persona que manejar para tu propio provecho porque yo termino aquí y ahora. ¿Te queda claro?
Nicholas se separó de ella sin quitarle la vista. April no se inmutó, solo puso su cara de póker de siempre. Él se giró para emprender el camino pero una mano le agarró del brazo, frenándole.
- Al menos dime a qué viene ésta sublevación, ¿no?- pregunto de nuevo con sorna.
- Ese es tu problema, te lo tomas todo a broma- añadió Nico con algo de enfado- Tal vez deberías preocuparte por otras cosas, además de ti…
- ¿Como por ejemplo?- le increpó fríamente- No sé, dime el qué Nicholas… Parece que hoy tienes respuestas para todo.
- ¿Has ido a ver a Cris?
April fijó sus ojos en los de él antes de dibujar una media sonrisa en su rostro.
- ¿A Cristel? ¿Para qué iba yo a ver a Cristel?
- Eres increíble- dijo él soltando una risotada- Pero… ¿Qué esperaba que me dijeras? Es propio de ti hacer lo que haces…
- ¿Y qué es exactamente lo que hago?- quiso saber ella.
- La idiota, eso es lo que haces.
- Te estás pasando de la raya, Nicholas. Si fuera tú cerraría la boca a la de ya.
- ¿Crees que te tengo miedo? Nadie más que yo puede saber lo que eres capaz de hacer, pero aún así…- pegó un resoplido- Esta vez no, April. Deja de jugar, acaba de una maldita vez tu juego.
- No tengo ni la menor de idea de lo que me estás hablando.
- Sí lo sabes. Lo sabes de sobra.- ella se removió cansada en su sitio- Ya no solo por tu bien, también por el de ella. Déjalo estar.
- ¿Qué te pasa, Nico? Antes no ponías tantas pegas…- se acercó a él- ¿Qué te pasa? ¿Por qué no es igual? ¡No me digas!- rió- No me lo digas… ¿El pequeño Nicholas se ha enamorado? Ohhh, qué tierno. Es muy bonito, Nico, enserio, me parece estupendo. Pero ya sabes lo que dicen: ‘Yo la vi primero’- aclaró riendo.
Él pegó una manotada a la taquilla. Por suerte todo el mundo se había ido fuera, dejándoles completamente solos en medio de aquel silencioso pasillo.
- Vaya, sí que debe ser muy importante para ti Cristel… Para que te pongas de esta manera.- añadió sonriendo.
- De acuerdo. Por las buenas no da resultado…- sus ojos verdes buscaron los de ella- ¿Qué te parecería si se lo contara absolutamente todo a Cris? ¿Eso te gustaría más?
April emitió una especie de gruñido. Su mirada se volvió a tornar oscura.
- Antes te mato, ¿entiendes eso? Juro que te mato, Nico.
- ¿Por qué? Si es igual que siempre. Si siempre es lo mismo. ¿Por qué no?
- Mi vida es mía y mis problemas son míos, como se te ocurra compartirlos con alguien… Ya puedes empezar a correr y a esconderte…
- ¿Cuál es el problema? ¿Qué lo cuente o que se lo cuente a Cris?
- ¡Joder! ¡Que Cristel me importa una mierda!- chilló cogiendo del cuello a Nico- Pero como se te ocurra abrir la boca sobre mí o sobre lo que quiero, tendremos un serio problema tú y yo. ¿¡Lo entiendes o no lo entiendes!?- terminó gritando.
- Está bien, ya tengo todo lo que necesitaba.- dijo sonriendo.
April le miró con incredulidad, soltándole el cuello de la camisa. Él se alejó un poco dando unos pasos hacia detrás.
- ¿A qué te refieres con eso último?- preguntó un tanto enfadada.
- Son cosas mías… Solo mías- finalizó lanzándole una mirada.
- No intentes jugármela.- le amenazó.
- Tranquila- dijo él levantando las manos, rendido- Ni se me pasaría por la cabeza.
April le empujó para poder irse de su lado. Nico le siguió con la vista hasta que se perdió escaleras abajo, después sacó de su bolsillo el móvil y cerró la aplicación ‘grabadora de voz’.
- Sí tú no la dejas, haré que ella te mande a la mierda.- finalizó entre dientes, sujetándolo con fuerza.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Capítulo 36: No entiendo nada...
Las piernas me flaquearon sin llegar a fallarme del todo.
- Cristel si es una broma, no tiene gracia…- dijo April con seriedad.
- Yo… Es que… La cabeza me da vueltas- acerté a decir.
- ¿Lo dices de verdad? ¡Eh! ¿Me oyes?- preguntó otra vez.
Era obvio que no. Mi mente se teletransportó sola a un lugar desconocido para mis ojos. Perdí la noción del tiempo. Sin comerlo ni beberlo, me vi en medio de un bosque inmenso, delante de algo que no acababa de distinguir.
- ¿Dónde…? ¿Dónde estoy?- pregunté en alto.
- ¿Pero qué dices? ¿Estás desvariando o qué?
- No sé… Todo es extraño…- respondí cayendo poco a poco al suelo.
- Cristel, levanta… Déjate de tonterías y levántate. ¡Venga!- chilló.
- Es que no puedo… Este sitio lo conozco… ¿Por qué lo conozco?- pregunté algo asustada.
- ¿De qué hablas? ¡Mírame! ¡Cristel!
Caí redonda al suelo con los ojos cerrados. Lo veía. Veía frente a mí un claro más grande que el del internado. El cielo estaba oscuro a causa de las débiles gotas de lluvia que caían encima de mi cabeza. Un tumulto de gente alborotada se juntaba en el centro, profiriendo gritos los unos con los otros. Un chico joven de ojos claros intentaba calmar el griterío con palabras suaves. Una chica de ojos color miel, entonó un enorme chillido que el chico aprovechó para empezar a hablar.
- ¡Calmaos! ¡Sé que ansiáis que el consejo dé el visto bueno, pero sabéis cómo funciona! ¡Sin pruebas, no hay crimen!
- ¡Pero todos lo vimos! ¡Nos quemaron el granero con Remek dentro!- gritó un señor de unos cuarenta años.
- ¡Sed sinceros, no lo visteis! ¡Remek era idiota, seguro que estaba haciendo lo que no debía!- sentenció.
Contemplé la escena desde la lejanía en pie, tratando de reconocer alguna cara, pero no tuve suerte. Toda aquella gente era una extraña para mí. ¿Qué me estaba pasando? La cabeza empezó a dolerme más de lo normal. Me arrodillé en un esfuerzo de frenar el dolor. Cuando alcé la vista, el chico de ojos azules claros se arrodilló también para mirarme fijamente. Me cogió del hombro.
- Desaparecerá contigo si no le ayudas- dijo apenado.
Nada más tocarme, una luz cegó las imágenes prohibiendo que siguiera viéndolas.
Cuando logré abrir los ojos, pude ver algunas cabezas postradas ante mí. Me incorporé un poco, lo suficiente para que algunos me ayudaran a levantarme.
- ¡Cris! ¿Qué te ha pasado?- preguntó Paula asustada.
No contesté porque la voz la tenía escondida dentro de mi garganta. Apenas gozaba de equilibrio sin apoyarme en dos mesas a la vez.
- Tendría que ir a la enfermería a que la viera Julia- afirmó April tranquilamente.
- Será lo mejor- añadió Lara haciendo un gesto a Paula para que no dijera lo que pensaba.
- Como quieras- resopló Paula molesta lanzando una mirada de odio a April.
Bayron y Paula me llevaron como pudieron a ver a Julia. La clase se disipó con la llegada del profesor de matemáticas. April quiso salir de clase, venir con nosotros hasta la puerta de la enfermería, pero Lara no le dejó.
- ¿Qué crees que haces?- preguntó con cara de asco a Lara.
- Será mejor que te quedes aquí.
- ¿Por qué tú lo digas? Voy a ver a Cristel.
- De eso nada- Lara le miró- Ya has hecho bastante por ella.
- Tú a mí no me prohíbes nada, ¿entiendes?- contestó fríamente.
- Te explico…- Lara miró directamente sus ojos- O te quedas aquí por las buenas o te quedas aquí por las malas… Créeme si te digo que yo no soy ni Paula ni Karol. Puedo llegar a ser tu peor pesadilla, April, así que deja a Cris de una puta vez en paz.
April se inclinó con aire de superioridad hacia Lara, que le sostuvo la mirada hasta que ella abrió la puerta y desapareció por el pasillo. Eso sí, por el lado opuesto de la enfermería.
Lara respiró tranquila antes de ir a hablar con el profesor y contarle lo sucedido hacía unos minutos.
En cuanto Julia me vio aparecer, se quedó mirando a Paula.
- Vaya, vosotras sois un grupo propenso a los accidentes por lo que veo. Primero la señorita April Lemacks, después Lara Banks, ahora la señorita Cristel… - apuntó algo en una libreta- ¿Le guardo una cama, señorita Evans?
- Muy graciosa Julia, pero ¿¡podrías hacernos caso de una vez!?- preguntó Paula un tanto nerviosa.
Julia me guió a regañadientes hasta una cama en la cual me estuvo haciendo distintas pruebas para comprobar mi estado.
- Te veo bien, pero como me han dicho que has perdido el conocimiento, será mejor que te quedes aquí un par de días. ¿Te parece bien?
Asentí por asentir. Ciertamente aún no me había recuperado del trance, ni siquiera estaba segura de dónde estaba.
Al final me quedé un día y medio en observación. Aquella misma noche no pude dormir a causa de un sueño, casi pesadilla, que se repetía una vez, otra, otra… Daba vueltas en la cama con sudores fríos recorriendo mi cara. Me desvelé por lo menos tres o cuatro veces, así que al final me quedé despierta. Entonces recapacité mentalmente las imágenes del desmayo en clase. ¿Quién se suponía que era ese chico? ¿Por qué aquel lugar me resultaba tan familiar? ¿Y por qué ahora me pasaba eso? La cabeza me dio punzadas. Desistí en el empeño de encontrar una respuesta y por cansancio terminé por dormirme hasta el día siguiente.
Una voz dulce despertó mi subconsciente y por lo tanto a mí. Me moví buscando una postura en la que no me doliera todo el cuerpo.
- Hey, princesa… ¿Cómo te encuentras?
Eric me miraba sentado en una silla. Hacía ver que sonreía aunque sabía que él esperaba una respuesta afirmativa a esa pregunta.
- Me duele todo… Pero estoy bien, gracias- contesté pasándome la mano por la frente.
- Me alegro. No sabes el susto que nos distes a todos, ¿eh?
- Ya, bueno… Fue solo un dolor de cabeza.
- Creo que fue más que eso, pero lo que importa es que estás bien.
Sonreí forzadamente. Eric bajó la mirada, quizás tratando de encontrar las palabras adecuadas para explicar su comportamiento todos esos días.
- Oye, Cris, quizás…
- ¿A que no te imaginas lo que me apetece?- él negó con la cabeza- ¿Recuerdas aquel libro que te regalaron por navidad? ¿El que me dejaste tantas veces para leer?
- Sí me acuerdo- rió.
- ¿Me lo traerías, por favor?- pregunté forzando una sonrisa en mi rostro.
- Claro, princesa.
En realidad lo que menos me apetecía era leer, pero sí estar sola. Era la mejor forma de ganar un poco de tiempo para pensar en cosas más importantes, empezando en averiguar el origen de aquellos sueños o de aquellas imágenes incesantes.
Eric se fue prometiendo que esa noche tendría el libro en mis manos, además de un
i-pod para escuchar música y no se qué cosas más. Lo único que pedí de verdad y porque sentí que lo necesitaba, fueron folios… Folios y un lápiz para poder expandir mi mente de otra manera en la que quizás me ayudaría más a ver las cosas desde otro ángulo. Dibujé todo lo que en ese momento acudía a mi cabeza. A veces tan solo podía conformarme con hacer dibujos de la enfermería, hasta que de nuevo un recuerdo golpeaba y volvía a enfundar el lápiz dispuesta a dibujarlo antes de que desapareciera. Por mucho que lo intenté, no conseguí nada. Apenas dibujé una especie de montaña, de bosque, un par de casas en la lejanía, un par de personas sin cara… En ese instante la frustración me invadió. ¿Cómo era posible que no supiera qué me sucedía? Algo había cambiado y de eso estaba totalmente segura.
Eric cumplió su promesa, incluso quiso quedarse. Por fortuna, y sintiéndolo mucho por él, Nico apareció haciendo que Eric se fuera enfuruñado. Él apenas se quedó un rato porque tenía una facilidad enorme para darse cuenta de cuando alguien sobraba… Así que no se lo tomó a mal. Me quedé de nuevo inmersa en la soledad de la enfermería, tratando de vislumbrar alguna cosa en mis dibujos, por tonta que fuera. Simplemente nada fue la respuesta. Otra vez.
Terminé cansada, con un dolor de cabeza tan grande, que nada más cerrar los ojos el silencio invadió mi mente. Eso fue al principio. Después los sueños volvieron con más frecuencia, acompañados de más dolor, de cosas sin sentido. Dormida, daba vueltas por la cama. Sudores fríos recorrían mi frente mientras quejidos afloraban de mi garganta. De nuevo aquel chico de ojos azules como trozos de cielo, me miraba atento a cada gesto. Cientos de personas iban y venían en medio de un pueblo desconocido a primera vista, rodeado de un bosque lo bastante grande como para perderte en él. Yo daba vueltas totalmente confundida alrededor de aquel lugar repleto de voces que retumbaban en mi cabeza. Nadie parecía darse cuenta de mi presencia, era como si estuviera viendo una película desde fuera, ajena a la vida cotidiana de aquellas personas.
- Es inútil seguir así… Tenemos que buscar una solución antes de que esto se nos vaya de las manos.
- ¿Y qué propones? ¿Iniciar una caza de brujas de la noche a la mañana?
- Sería lo propio. Sabes perfectamente quienes…
- ¡No! ¡No lo sé!- gritó el chico irritado- Axel, no podemos lanzar acusaciones al aire. Hay que ir con pies de plomo procurando no alzar mucho la voz. Derimea sabe lo que hace, esperemos a que haga efecto.
- Derimea es estúpida. Cree que con la magia negra conseguirá derrocar a Gretta y tanto tú como yo sabemos que no. Si fueras listo sabrías que con tu hermana de nuestro lado conseguiríamos algo más.
- No metas a mi hermana en esto. Te dije que ella no es nada extraordinaria.
- Sola no, pero con Clara…
- Clara cree que puede cambiar su ser, pero pronto se dará cuenta de que todo es en vano. Derimea está en ello.
- No solo ella, también lo está Serena.
- ¿Quién?
- Ya sabes, Alecc… Serena le fue asignada la tarea de vigilar a tu querida hermanita.
- ¿Eso desde cuando? ¿Por qué nadie me dijo nada?
- Pensaba que lo sabías.
- ¿Quién se cree que es Derimea para seguir a mi hermana? Soy yo el que se hace cargo de ella. Si diera alguna señal de magia, ten por seguro que yo me encargaría de que fuera de las nuestras, no de las remilgadas de las brujas blancas.
- Lo sé, Alecc, pero tal y como parecen ir las cosas entiendo que Gretta vigile a los dos bando por igual. Alguna cosa anda mal y nos incumbe a todos, sino ella no asumiría tantos riesgos.
- ¡Mierda! Serena no me gusta un pelo, aunque sea de las nuestras. Hay algo en su mirada que…
No terminó la frase. El tal Alecc se giró hacia mí, contemplándome como si me viera, cosa improbable. De toda aquella conversación escuché el final, distorsionado. Palabras, frases sueltas había logrado entender, pero con eso no iría a ningún sitio. De pronto las imágenes se paralizaron como si alguien hubiese presionado el botón de ‘Stop’. Sin embargo, Alecc venía directo hacia donde estaba. ‘No, otra vez no’ pensé mientras él continuaba caminando. Se agachó frente a mí antes de decir:
- Para ayudar, primero tienes que comprender.
Luego una luz destellante abordó mis pupilas haciéndome retroceder. Abrí los ojos exhalando una enorme bocanada de aire al mismo tiempo que me incorporé como un rayo, atenta a cada sombra que parecía haber en la habitación. Empecé a temblar un poco mientras el sudor apareció de nuevo en mi frente. Cuando me relajé, volví a tumbarme pero esta vez no me dormí. Estuve despierta hasta que de nuevo pensé que la mejor manera de distraerme era dibujar, así que agarré el papel y me puse manos a la obra. Si es cierto que tal vez los dibujos no me ayudarían, al menos lograrían cansarme aunque fuera un poco. Me distraje tanto, que sin darme cuanta se hizo de día.
- Cristel, tienes una visita mañanera- anunció Julia.
Sin prestar atención asentí con la cabeza sin dejar el lápiz a un lado. No levanté la cabeza del folio hasta que no escuché a una voz hablarme.
- ¡Buenos días Cris! ¿Cómo te encuentras?- canturreó Karol.
Alcé la vista dejando a un lado tanto el papel como el lápiz.
- Estoy mejor, gracias- sonreí haciendo un gran esfuerzo.
- Me ha comentado Julia que no has pasado buena noche…- dijo un poco apenada.
- Sí, bueno… Es que me dolía un poco la cabeza.
Ella se sentó en un lado de la cama. Se fijó en los dibujos y alargó la mano para cogerlos.
- ¿Puedo?- preguntó.
- Sí, claro. Toma.
Les echó un vistazo en silencio. Yo la miraba con el lápiz en la mano, jugueteando nerviosamente con él sin ser consciente.
- Parece que te relaje pintar…- me tendió un folio en blanco- Puedes seguir mientras hablo contigo.- dijo sonriendo como siempre.
- Últimamente es como si lo necesitara… Hacía tiempo que no dibujaba tanto.- dije aceptándolo.
- ¿No te gusta?
- Sí, pero es como un hobby. La verdad es que dedicarme a esto no me gustaría demasiado.
- ¿Por qué? Lo haces fantásticamente. Si se te da bien y te gusta, no entiendo la razón de no querer dedicarte a esto.
- Para mí es como correr, querría dedicarme a eso, pero está claro que no puedo basar mi vida en un sueño, por decirlo así. Además, dibujar para mí es un divertimento, si pasara a ser una obligación con fecha y hora de entrega quizás dejara de gustarme.
- ¿Solo por eso quieres ser arquitecta?
- No, claro que no. Eso me encanta. Tengo hasta suerte de que sea una buena carrera.
- Sinceramente, no te entiendo nada…- dijo Karol extrañada- Yo sí quisiera estar toda la vida con el arco en las manos.
- ¿No tienes ningún plan B?
- Em… Pues… Algo así- añadió mordiéndose el labio.
Reí. Después de la mala noche que había pasado, me hacía falta desconectar un poco de la pesadilla, empezar a tranquilizarme, a darme cuenta de que las pesadillas eran solo sueños. Malos sueños.
- ¿Qué estás dibujando ahora?
- Pues…- miré fijamente el boceto antes de dejárselo a ella- A ti… Eres lo único que aun no… No había dibujado.- dije carraspeando.
Karol contempló el dibujo con su sonrisa de siempre pintada en la cara. Mientras, yo saqué todos los demás dibujos que había hecho de la enfermería, de la ventana, de la verja, incluso del claro del bosque. Se los enseñé para afianzar la razón de haberla dibujado.
- He hecho bocetos, dibujos, hasta remodelaciones de la enfermería entera- reí- Creo que necesito salir a tomar el aire- finalicé pasándome la mano por la frente.
- Me gusta… Me gusta mucho.- sus ojos se encontraron con los míos- Cuando lo acabes, ¿me lo podré quedar?
- Si es lo que quieres… Vale, ¿por qué no? Pero antes tendrás que esperar a que lo pinte.
- No hace falta, en blanco y negro también está bien.
- Me apetece pintarlo. Te quedará mejor si te pinto tus…- me callé para agudizar el oído.
- ¿El qué?
Por un instante había jurado escuchar un ruido, como una especie de susurro. Miré a un lado sin que ella se diera cuenta para terminar diciéndome a mí misma que solo eran imaginaciones mías.
- Cris, ¿pasa algo? De pronto te has callado… ¿Busco a Julia?
- No, que va. Solo creía haber escuchado algo.
- ¿Qué ibas a decirme?
Cuando fui a contestarle, Nico entró de sopetón en la habitación. Karol se sobresaltó al no esperarse a nadie a esas horas, ya que ni siquiera eran las siete y media de la mañana.
- Ups… Lo siento, creí que estarías sola.- dijo excusándose.
Le sonreí hasta que recordé que supuestamente estaba enfadada con él, así que cambié el semblante hasta estar seria del todo. Karolina sin embargo se lo quedó mirando, expectante.
- Pues cuando hayáis acabado de hablar, me avisáis.
- No hace falta, yo ya me iba- anunció Karol.
- Es innecesario, Karol. Nicholas puede venir más tarde, ¿verdad?
- Sí… Supongo que sí.- se rindió él.
- Tranquila Cris, de todas maneras tengo que hacer unas cosas antes de ir a clase.- se levantó pasando por el lado de Nico- Encantada de conocerte… Más o menos.
Hasta que ella no se perdió detrás de la puerta de la enfermería, él no se movió del sitio. Luego cogió una silla y se sentó del revés cerca de mí.
- No te voy a preguntar porque veo que estás mejor que la última vez.
- Pues sí- añadí desganada.
- Dios, no me hagas lo mismo que me hace April cuando se enfada conmigo, ¿quieres? Tengo suficiente con ella, no necesito imitadoras.
- Tiene fácil solución- dije mientras continuaba pintando.
Nico me lanzó una mirada junto a un suspiro antes de volver a entablar la conversación.
- Sabes a qué he venido… Nos quedó una conversación pendiente, pero si no quieres hablar, me marcho.
Hizo el amago de irse, levantándose, agarrando la silla para ponerla en su lugar. Se encaminó hasta la puerta. Dejé de nuevo el folio para mirarle, era cierto que teníamos algo de qué hablar… Resoplé.
- Está bien. Si me vas a contestar a lo que te pregunte, quédate.
- No te prometo nada- contestó con sus ojos destellantes fijos en los míos.
Dudé. Estuve dudando durante un par de minutos a causa de todas las preguntas que se me venían a la cabeza. Tuve que centrarme y elegir las que más o menos me interesaban más.
- ¿Me conocías ya?
- Cristel si es una broma, no tiene gracia…- dijo April con seriedad.
- Yo… Es que… La cabeza me da vueltas- acerté a decir.
- ¿Lo dices de verdad? ¡Eh! ¿Me oyes?- preguntó otra vez.
Era obvio que no. Mi mente se teletransportó sola a un lugar desconocido para mis ojos. Perdí la noción del tiempo. Sin comerlo ni beberlo, me vi en medio de un bosque inmenso, delante de algo que no acababa de distinguir.
- ¿Dónde…? ¿Dónde estoy?- pregunté en alto.
- ¿Pero qué dices? ¿Estás desvariando o qué?
- No sé… Todo es extraño…- respondí cayendo poco a poco al suelo.
- Cristel, levanta… Déjate de tonterías y levántate. ¡Venga!- chilló.
- Es que no puedo… Este sitio lo conozco… ¿Por qué lo conozco?- pregunté algo asustada.
- ¿De qué hablas? ¡Mírame! ¡Cristel!
Caí redonda al suelo con los ojos cerrados. Lo veía. Veía frente a mí un claro más grande que el del internado. El cielo estaba oscuro a causa de las débiles gotas de lluvia que caían encima de mi cabeza. Un tumulto de gente alborotada se juntaba en el centro, profiriendo gritos los unos con los otros. Un chico joven de ojos claros intentaba calmar el griterío con palabras suaves. Una chica de ojos color miel, entonó un enorme chillido que el chico aprovechó para empezar a hablar.
- ¡Calmaos! ¡Sé que ansiáis que el consejo dé el visto bueno, pero sabéis cómo funciona! ¡Sin pruebas, no hay crimen!
- ¡Pero todos lo vimos! ¡Nos quemaron el granero con Remek dentro!- gritó un señor de unos cuarenta años.
- ¡Sed sinceros, no lo visteis! ¡Remek era idiota, seguro que estaba haciendo lo que no debía!- sentenció.
Contemplé la escena desde la lejanía en pie, tratando de reconocer alguna cara, pero no tuve suerte. Toda aquella gente era una extraña para mí. ¿Qué me estaba pasando? La cabeza empezó a dolerme más de lo normal. Me arrodillé en un esfuerzo de frenar el dolor. Cuando alcé la vista, el chico de ojos azules claros se arrodilló también para mirarme fijamente. Me cogió del hombro.
- Desaparecerá contigo si no le ayudas- dijo apenado.
Nada más tocarme, una luz cegó las imágenes prohibiendo que siguiera viéndolas.
Cuando logré abrir los ojos, pude ver algunas cabezas postradas ante mí. Me incorporé un poco, lo suficiente para que algunos me ayudaran a levantarme.
- ¡Cris! ¿Qué te ha pasado?- preguntó Paula asustada.
No contesté porque la voz la tenía escondida dentro de mi garganta. Apenas gozaba de equilibrio sin apoyarme en dos mesas a la vez.
- Tendría que ir a la enfermería a que la viera Julia- afirmó April tranquilamente.
- Será lo mejor- añadió Lara haciendo un gesto a Paula para que no dijera lo que pensaba.
- Como quieras- resopló Paula molesta lanzando una mirada de odio a April.
Bayron y Paula me llevaron como pudieron a ver a Julia. La clase se disipó con la llegada del profesor de matemáticas. April quiso salir de clase, venir con nosotros hasta la puerta de la enfermería, pero Lara no le dejó.
- ¿Qué crees que haces?- preguntó con cara de asco a Lara.
- Será mejor que te quedes aquí.
- ¿Por qué tú lo digas? Voy a ver a Cristel.
- De eso nada- Lara le miró- Ya has hecho bastante por ella.
- Tú a mí no me prohíbes nada, ¿entiendes?- contestó fríamente.
- Te explico…- Lara miró directamente sus ojos- O te quedas aquí por las buenas o te quedas aquí por las malas… Créeme si te digo que yo no soy ni Paula ni Karol. Puedo llegar a ser tu peor pesadilla, April, así que deja a Cris de una puta vez en paz.
April se inclinó con aire de superioridad hacia Lara, que le sostuvo la mirada hasta que ella abrió la puerta y desapareció por el pasillo. Eso sí, por el lado opuesto de la enfermería.
Lara respiró tranquila antes de ir a hablar con el profesor y contarle lo sucedido hacía unos minutos.
En cuanto Julia me vio aparecer, se quedó mirando a Paula.
- Vaya, vosotras sois un grupo propenso a los accidentes por lo que veo. Primero la señorita April Lemacks, después Lara Banks, ahora la señorita Cristel… - apuntó algo en una libreta- ¿Le guardo una cama, señorita Evans?
- Muy graciosa Julia, pero ¿¡podrías hacernos caso de una vez!?- preguntó Paula un tanto nerviosa.
Julia me guió a regañadientes hasta una cama en la cual me estuvo haciendo distintas pruebas para comprobar mi estado.
- Te veo bien, pero como me han dicho que has perdido el conocimiento, será mejor que te quedes aquí un par de días. ¿Te parece bien?
Asentí por asentir. Ciertamente aún no me había recuperado del trance, ni siquiera estaba segura de dónde estaba.
Al final me quedé un día y medio en observación. Aquella misma noche no pude dormir a causa de un sueño, casi pesadilla, que se repetía una vez, otra, otra… Daba vueltas en la cama con sudores fríos recorriendo mi cara. Me desvelé por lo menos tres o cuatro veces, así que al final me quedé despierta. Entonces recapacité mentalmente las imágenes del desmayo en clase. ¿Quién se suponía que era ese chico? ¿Por qué aquel lugar me resultaba tan familiar? ¿Y por qué ahora me pasaba eso? La cabeza me dio punzadas. Desistí en el empeño de encontrar una respuesta y por cansancio terminé por dormirme hasta el día siguiente.
Una voz dulce despertó mi subconsciente y por lo tanto a mí. Me moví buscando una postura en la que no me doliera todo el cuerpo.
- Hey, princesa… ¿Cómo te encuentras?
Eric me miraba sentado en una silla. Hacía ver que sonreía aunque sabía que él esperaba una respuesta afirmativa a esa pregunta.
- Me duele todo… Pero estoy bien, gracias- contesté pasándome la mano por la frente.
- Me alegro. No sabes el susto que nos distes a todos, ¿eh?
- Ya, bueno… Fue solo un dolor de cabeza.
- Creo que fue más que eso, pero lo que importa es que estás bien.
Sonreí forzadamente. Eric bajó la mirada, quizás tratando de encontrar las palabras adecuadas para explicar su comportamiento todos esos días.
- Oye, Cris, quizás…
- ¿A que no te imaginas lo que me apetece?- él negó con la cabeza- ¿Recuerdas aquel libro que te regalaron por navidad? ¿El que me dejaste tantas veces para leer?
- Sí me acuerdo- rió.
- ¿Me lo traerías, por favor?- pregunté forzando una sonrisa en mi rostro.
- Claro, princesa.
En realidad lo que menos me apetecía era leer, pero sí estar sola. Era la mejor forma de ganar un poco de tiempo para pensar en cosas más importantes, empezando en averiguar el origen de aquellos sueños o de aquellas imágenes incesantes.
Eric se fue prometiendo que esa noche tendría el libro en mis manos, además de un
i-pod para escuchar música y no se qué cosas más. Lo único que pedí de verdad y porque sentí que lo necesitaba, fueron folios… Folios y un lápiz para poder expandir mi mente de otra manera en la que quizás me ayudaría más a ver las cosas desde otro ángulo. Dibujé todo lo que en ese momento acudía a mi cabeza. A veces tan solo podía conformarme con hacer dibujos de la enfermería, hasta que de nuevo un recuerdo golpeaba y volvía a enfundar el lápiz dispuesta a dibujarlo antes de que desapareciera. Por mucho que lo intenté, no conseguí nada. Apenas dibujé una especie de montaña, de bosque, un par de casas en la lejanía, un par de personas sin cara… En ese instante la frustración me invadió. ¿Cómo era posible que no supiera qué me sucedía? Algo había cambiado y de eso estaba totalmente segura.
Eric cumplió su promesa, incluso quiso quedarse. Por fortuna, y sintiéndolo mucho por él, Nico apareció haciendo que Eric se fuera enfuruñado. Él apenas se quedó un rato porque tenía una facilidad enorme para darse cuenta de cuando alguien sobraba… Así que no se lo tomó a mal. Me quedé de nuevo inmersa en la soledad de la enfermería, tratando de vislumbrar alguna cosa en mis dibujos, por tonta que fuera. Simplemente nada fue la respuesta. Otra vez.
Terminé cansada, con un dolor de cabeza tan grande, que nada más cerrar los ojos el silencio invadió mi mente. Eso fue al principio. Después los sueños volvieron con más frecuencia, acompañados de más dolor, de cosas sin sentido. Dormida, daba vueltas por la cama. Sudores fríos recorrían mi frente mientras quejidos afloraban de mi garganta. De nuevo aquel chico de ojos azules como trozos de cielo, me miraba atento a cada gesto. Cientos de personas iban y venían en medio de un pueblo desconocido a primera vista, rodeado de un bosque lo bastante grande como para perderte en él. Yo daba vueltas totalmente confundida alrededor de aquel lugar repleto de voces que retumbaban en mi cabeza. Nadie parecía darse cuenta de mi presencia, era como si estuviera viendo una película desde fuera, ajena a la vida cotidiana de aquellas personas.
- Es inútil seguir así… Tenemos que buscar una solución antes de que esto se nos vaya de las manos.
- ¿Y qué propones? ¿Iniciar una caza de brujas de la noche a la mañana?
- Sería lo propio. Sabes perfectamente quienes…
- ¡No! ¡No lo sé!- gritó el chico irritado- Axel, no podemos lanzar acusaciones al aire. Hay que ir con pies de plomo procurando no alzar mucho la voz. Derimea sabe lo que hace, esperemos a que haga efecto.
- Derimea es estúpida. Cree que con la magia negra conseguirá derrocar a Gretta y tanto tú como yo sabemos que no. Si fueras listo sabrías que con tu hermana de nuestro lado conseguiríamos algo más.
- No metas a mi hermana en esto. Te dije que ella no es nada extraordinaria.
- Sola no, pero con Clara…
- Clara cree que puede cambiar su ser, pero pronto se dará cuenta de que todo es en vano. Derimea está en ello.
- No solo ella, también lo está Serena.
- ¿Quién?
- Ya sabes, Alecc… Serena le fue asignada la tarea de vigilar a tu querida hermanita.
- ¿Eso desde cuando? ¿Por qué nadie me dijo nada?
- Pensaba que lo sabías.
- ¿Quién se cree que es Derimea para seguir a mi hermana? Soy yo el que se hace cargo de ella. Si diera alguna señal de magia, ten por seguro que yo me encargaría de que fuera de las nuestras, no de las remilgadas de las brujas blancas.
- Lo sé, Alecc, pero tal y como parecen ir las cosas entiendo que Gretta vigile a los dos bando por igual. Alguna cosa anda mal y nos incumbe a todos, sino ella no asumiría tantos riesgos.
- ¡Mierda! Serena no me gusta un pelo, aunque sea de las nuestras. Hay algo en su mirada que…
No terminó la frase. El tal Alecc se giró hacia mí, contemplándome como si me viera, cosa improbable. De toda aquella conversación escuché el final, distorsionado. Palabras, frases sueltas había logrado entender, pero con eso no iría a ningún sitio. De pronto las imágenes se paralizaron como si alguien hubiese presionado el botón de ‘Stop’. Sin embargo, Alecc venía directo hacia donde estaba. ‘No, otra vez no’ pensé mientras él continuaba caminando. Se agachó frente a mí antes de decir:
- Para ayudar, primero tienes que comprender.
Luego una luz destellante abordó mis pupilas haciéndome retroceder. Abrí los ojos exhalando una enorme bocanada de aire al mismo tiempo que me incorporé como un rayo, atenta a cada sombra que parecía haber en la habitación. Empecé a temblar un poco mientras el sudor apareció de nuevo en mi frente. Cuando me relajé, volví a tumbarme pero esta vez no me dormí. Estuve despierta hasta que de nuevo pensé que la mejor manera de distraerme era dibujar, así que agarré el papel y me puse manos a la obra. Si es cierto que tal vez los dibujos no me ayudarían, al menos lograrían cansarme aunque fuera un poco. Me distraje tanto, que sin darme cuanta se hizo de día.
- Cristel, tienes una visita mañanera- anunció Julia.
Sin prestar atención asentí con la cabeza sin dejar el lápiz a un lado. No levanté la cabeza del folio hasta que no escuché a una voz hablarme.
- ¡Buenos días Cris! ¿Cómo te encuentras?- canturreó Karol.
Alcé la vista dejando a un lado tanto el papel como el lápiz.
- Estoy mejor, gracias- sonreí haciendo un gran esfuerzo.
- Me ha comentado Julia que no has pasado buena noche…- dijo un poco apenada.
- Sí, bueno… Es que me dolía un poco la cabeza.
Ella se sentó en un lado de la cama. Se fijó en los dibujos y alargó la mano para cogerlos.
- ¿Puedo?- preguntó.
- Sí, claro. Toma.
Les echó un vistazo en silencio. Yo la miraba con el lápiz en la mano, jugueteando nerviosamente con él sin ser consciente.
- Parece que te relaje pintar…- me tendió un folio en blanco- Puedes seguir mientras hablo contigo.- dijo sonriendo como siempre.
- Últimamente es como si lo necesitara… Hacía tiempo que no dibujaba tanto.- dije aceptándolo.
- ¿No te gusta?
- Sí, pero es como un hobby. La verdad es que dedicarme a esto no me gustaría demasiado.
- ¿Por qué? Lo haces fantásticamente. Si se te da bien y te gusta, no entiendo la razón de no querer dedicarte a esto.
- Para mí es como correr, querría dedicarme a eso, pero está claro que no puedo basar mi vida en un sueño, por decirlo así. Además, dibujar para mí es un divertimento, si pasara a ser una obligación con fecha y hora de entrega quizás dejara de gustarme.
- ¿Solo por eso quieres ser arquitecta?
- No, claro que no. Eso me encanta. Tengo hasta suerte de que sea una buena carrera.
- Sinceramente, no te entiendo nada…- dijo Karol extrañada- Yo sí quisiera estar toda la vida con el arco en las manos.
- ¿No tienes ningún plan B?
- Em… Pues… Algo así- añadió mordiéndose el labio.
Reí. Después de la mala noche que había pasado, me hacía falta desconectar un poco de la pesadilla, empezar a tranquilizarme, a darme cuenta de que las pesadillas eran solo sueños. Malos sueños.
- ¿Qué estás dibujando ahora?
- Pues…- miré fijamente el boceto antes de dejárselo a ella- A ti… Eres lo único que aun no… No había dibujado.- dije carraspeando.
Karol contempló el dibujo con su sonrisa de siempre pintada en la cara. Mientras, yo saqué todos los demás dibujos que había hecho de la enfermería, de la ventana, de la verja, incluso del claro del bosque. Se los enseñé para afianzar la razón de haberla dibujado.
- He hecho bocetos, dibujos, hasta remodelaciones de la enfermería entera- reí- Creo que necesito salir a tomar el aire- finalicé pasándome la mano por la frente.
- Me gusta… Me gusta mucho.- sus ojos se encontraron con los míos- Cuando lo acabes, ¿me lo podré quedar?
- Si es lo que quieres… Vale, ¿por qué no? Pero antes tendrás que esperar a que lo pinte.
- No hace falta, en blanco y negro también está bien.
- Me apetece pintarlo. Te quedará mejor si te pinto tus…- me callé para agudizar el oído.
- ¿El qué?
Por un instante había jurado escuchar un ruido, como una especie de susurro. Miré a un lado sin que ella se diera cuenta para terminar diciéndome a mí misma que solo eran imaginaciones mías.
- Cris, ¿pasa algo? De pronto te has callado… ¿Busco a Julia?
- No, que va. Solo creía haber escuchado algo.
- ¿Qué ibas a decirme?
Cuando fui a contestarle, Nico entró de sopetón en la habitación. Karol se sobresaltó al no esperarse a nadie a esas horas, ya que ni siquiera eran las siete y media de la mañana.
- Ups… Lo siento, creí que estarías sola.- dijo excusándose.
Le sonreí hasta que recordé que supuestamente estaba enfadada con él, así que cambié el semblante hasta estar seria del todo. Karolina sin embargo se lo quedó mirando, expectante.
- Pues cuando hayáis acabado de hablar, me avisáis.
- No hace falta, yo ya me iba- anunció Karol.
- Es innecesario, Karol. Nicholas puede venir más tarde, ¿verdad?
- Sí… Supongo que sí.- se rindió él.
- Tranquila Cris, de todas maneras tengo que hacer unas cosas antes de ir a clase.- se levantó pasando por el lado de Nico- Encantada de conocerte… Más o menos.
Hasta que ella no se perdió detrás de la puerta de la enfermería, él no se movió del sitio. Luego cogió una silla y se sentó del revés cerca de mí.
- No te voy a preguntar porque veo que estás mejor que la última vez.
- Pues sí- añadí desganada.
- Dios, no me hagas lo mismo que me hace April cuando se enfada conmigo, ¿quieres? Tengo suficiente con ella, no necesito imitadoras.
- Tiene fácil solución- dije mientras continuaba pintando.
Nico me lanzó una mirada junto a un suspiro antes de volver a entablar la conversación.
- Sabes a qué he venido… Nos quedó una conversación pendiente, pero si no quieres hablar, me marcho.
Hizo el amago de irse, levantándose, agarrando la silla para ponerla en su lugar. Se encaminó hasta la puerta. Dejé de nuevo el folio para mirarle, era cierto que teníamos algo de qué hablar… Resoplé.
- Está bien. Si me vas a contestar a lo que te pregunte, quédate.
- No te prometo nada- contestó con sus ojos destellantes fijos en los míos.
Dudé. Estuve dudando durante un par de minutos a causa de todas las preguntas que se me venían a la cabeza. Tuve que centrarme y elegir las que más o menos me interesaban más.
- ¿Me conocías ya?
sábado, 23 de octubre de 2010
Capítulo 36: ¿Qué me pasa?
El lunes madrugué más de lo normal porque no dormí nada bien. Algo me inquietaba aunque no sabía qué. A pesar de que el domingo fue un día tranquilo y relajado, sin April rondando, me encontraba algo paranoica, sobretodo cuando pensaba en aquella pesadilla tan incómoda que tuve.
Entre la noche que pasé con April, el regreso de Lara, etc Al final no pude terminar un trabajo, así que me dirigí a la biblioteca una hora antes para que me diera tiempo a acabarlo antes de entrar a clase. Faltaba poco para finalizarlo, cuando me di cuenta que tenía que buscar una cosa en un libro, por lo que me tocó buscarlo por toda la biblioteca. Apenas faltaban veinte minutos para que la alarma sonara.
- ¿Buscas éste?- preguntó una voz al otro lado de la estantería- Diría que sí.
April dio la vuelta y me lo tendió. Lo cogí con mala gana, de malas maneras. Ella tan solo expresó una sonrisa.
- Has madrugado bastante hoy. ¿No podías dormir?- preguntó.
- Ahora no tengo tiempo para contestar absurdeces.
Me senté en la silla a continuar el trabajo, copiando el texto del libro deprisa y corriendo.
- Necesitarás otro libro… ¿Quieres que te lo busque?
- No.- respondí.
- Como quieras, tardarás más.
Ella se sentó conmigo poniendo los pies encima de la mesa. Le lancé una mirada antes de seguir a lo mío. A la mitad de estar escribiendo, me di cuenta de algo: me faltaba un libro. Giré la cabeza lo suficiente para ver su media sonrisa triunfal. Era increíble la facilidad que tenía para sacarme de mis casillas. Aparté la silla en el justo momento en el que ella me ofrecía lo que parecía otro libro más.
- ¿Ves? Toma- lo lanzó a mi lado- No hace falta que me lo agradezcas.
Por fin lo terminé. Resoplé, por lo menos ya era una cosa menos que debía hacer. Cogí los libros que había utilizado y los devolví a su sitio, eso sí, con April detrás.
- ¿Vas a continuar siguiéndome por toda la biblioteca?- pregunté molesta.
- Tal vez…- se apoyó en la estantería- ¿Estás enfadada por algo?
- ¿Tendría que estarlo?
- No, no tendrías.
- Pues eso.
Guardé el trabajo en la mochila, lo coloqué todo y me fui directa a la salida.
- Pero… ¿Por qué estás molesta entonces?- preguntó otra vez.
- No lo estoy.
- Lo estás. Esta vez no he hecho nada…- se frenó- Vamos… Creo- dijo en voz baja.
Me di la vuelta para contemplarla, pero deseché la idea de decirle nada, así que seguí caminando.
- Da lo mismo, April.
- Espera un momento… No me gusta que no me hables.
- Sí te hablo, ¿lo ves? Buenos días, April- añadí con una sonrisa fingida.
Ella me agarró del brazo, haciendo que parase de andar.
- No me gustan tus ironías.- añadió.
- Basta ya, ¿quieres? Si crees que puedes venir a buscarme cuando te canses de jugar a lo que estés jugando, lo llevas claro. Estoy cansada de ser tu juguete, ¿comprendes?
- Te has enterado. Es eso, ¿verdad?
- A ver si te enteras que me da exactamente igual con quién te acuestes o te dejes de acostar. Pero no soy tu íncubo, ¿estamos?
- Cuando es mujer se llama súcubo.
- Pasa de mí.- le increpé enfadada.
Volví al camino, pero April se me adelantó poniéndose delante.
- ¿Estarás mucho tiempo así? Es por encuadrar mi agenda y eso…- le miré- ¡Es broma, Cristel!
- Odio tus bromas. Déjame tranquila de una vez.
Entré en clase antes de que sonara el timbre. ¿Enserio estaba realmente molesta con ella por lo de Amy? No, seguro que no. No podía estarlo.
La clase empezó diez minutos tarde porque Anna se le olvidó, literalmente, su propia clase. Nos mandó sacar el libro y como no se había preparado la clase, simplemente leímos poemas y tuvimos que hacer unos nosotros mismos. Nada más empezó la clase, April levantó la mano.
- ¿Sí, April?
- Es que se me ha olvidado el libro… ¿Puedo compartirlo con alguien?
- Sí claro, ponte con…
- ¿Cristel?- preguntó con cara de niña buena.
Anna me miró. Esperaba que le dijera que no, pero no me dio ese placer. Al momento la tenía sentada a mi lado, haciendo como que leía. Siguieron con los poemas, mientras que April encontró divertido meterme mano en medio de la clase. Deslizó suavemente su mano por mi pierna, al mismo tiempo que yo la sacudía de vez en cuando para que dejara de hacerlo.
- ¿Quieres estarte quieta?- le increpé.
- ¿Continuas enfadada conmigo?- preguntó.
No contesté. Mientras otros analizaban los poemas de distintos escritores, ella volvió a deslizar su mano, esta vez por debajo de mi falda.
- ¡April, o te estás quieta o te corto la mano! ¡Elige!
- ¿Cuánto tiempo crees que aguantarás cabreada conmigo? Asúmelo, Cristel, no puedes.- contestó con una sonrisa.
- ¿Te haces a la idea de que la chica con la que bebiste alcohol ayer, es menor de edad?
- ¿Y?- preguntó sin darle importancia al asunto.
- ¡Joder, April! ¡Que solo tiene quince años!
- Bueno, los tendrá en la mente, pero precisamente en la mente no es en lo que más me fijo, ¿sabes?- dijo guiñando un ojo.
- Eres lo peor- le espeté.
- Pero… ¿A que te encanta?
- Señorita Lemacks, visto las ganas que tienes de hablar, ¿podrías leernos tu poema?- preguntó Anna a voces para que todos se enteraran.
Ella me miró antes de contestar.
- Verás Anna, es que no está terminado…
- Da lo mismo, April. Léelo o sal de clase, allá tú.- añadió dulcemente.
- Pf… ¿Ésta que va a saber de poemas? Si apenas sabrá hacer una O con un canuto…- dijo Paula a alguien.
Aquel comentario no pasó desapercibido ante el oído de April, así que se levantó, cogió su libreta en blanco, lanzó una mirada a Paula y comenzó a recitar.
- Despacio comienzo en tu boca,
muy despacio y sin quitarte la ropa,
mi cama no merece tu cuerpo
virgen como la selva,
mucho para una loba cazadora
pero ideal para el amor.
Despacio voy por tu corazón
muy despacio y me detiene un botón,
y mientras dices basta, me ayudas.
Esa guerra en tu vientre
entre el sigue y el detente,
que hacen decisivo el presente.
También es mi primera vez
¿Oyes?
También es mi primera vez.
Siente como tiemblo, ya ves…
Porque tuve sexo mil veces, pero nunca
hice el amor con nadie.
Toda la clase se quedó atónita. Risas se escucharon al fondo de la clase. La mayoría no quitaba ojo a April, que se regocijaba en lo que acababa de hacer, orgullosa de sí misma.
- Muy… Bien, está muy bien el… Bueno, la forma, y todo… Puedes sentarte, April.- se atrevió a decir Anna.
- Puedo leer otro, si quieres.
- ¡No! Quiero decir, que uno es suficiente, gracias.
- Puedo hacerte una copia si te ha gustado.
- Em… Quizás otro día.- zanjó Anna.
La clase terminó al sonar la campana. El murmullo de algunos al pasar por nuestra mesa se hizo más que evidente en cuanto salieron al pasillo.
- Te estás jugando la expulsión. ¿Eres consciente?- le pregunté.
- Oh… ¿Acaso no te ha gustado mi poema?
- No tenías nada escrito. ¿De dónde lo has sacado?
- Es mío.
- Me dijiste que no te gustaban.
- Sabes perfectamente que te mentí, no me vengas ahora de víctima.
- Estás completamente loca.
- Es la mejor de mis cualidades… ¿Quieres que te recite otro?
- No, muy amable- sonreí- Me voy al descanso.
Ella me cerró el paso e hizo apoyarme en la mesa. Se acercó más a mí hasta que sus ojos oscuros se toparon con los míos.
- Ya no estás enfadada… ¿A que no?
- ¿Por qué te interesa tanto?
- Porque sí. Molestarte es uno de mis divertimentos, si ya lo estás, no tiene gracia enrabiarte.
- Apártate.
April solo sonrió antes de darme un beso. Me estaba poniendo nerviosa, más que nada porque estábamos en mitad de la clase, cualquiera podría entrar y vernos.
- ¿Vas a venir esta noche?- preguntó inocentemente.
- Tengo bastantes cosas que hacer- dije apartándola un poco de mí.
- ¿Y después de hacer esas cosas?
- ¿Se puede saber qué te pasa conmigo?- pregunté algo cansada.
- ¿A qué te refieres?
- Normalmente te lías una vez con una tía y no la vuelves a ver. ¿Por qué a mí no me haces lo mismo?
- ¿Y tú que sabes? Hablas por hablar.
- A ti te pasa alguna cosa, no me digas que no. Sino, no estarías poniendo buena cara a cosas que me recriminarías con malas formas y acosos.
- ¿De verdad quieres saber qué me pasa?- se pegó de nuevo a mí- Me pasa una mocosa pelirroja, eso me pasa.- dijo firmemente.
- ¿Ahora por qué metes en esto a Karol?- pregunté con una risa.
- ¿Cuánto tardó en irte con el cuento?
- Enserio, April… Lo tuyo es grave.
- No quiero que seas de nadie más- añadió molesta.
- ¿Por qué yo sí debo ofrecerte fidelidad?- dije fijando mis ojos en los suyos.
- Porque así lo quiero yo. Eres mía, recuérdalo. No me obligues a marcarte como si fueras ganado.
La última frase no sé si lo dijo de verdad o bromeaba. Su gesto era serio, por lo que ni siquiera me atrevía a preguntarle nada.
- Sigo sin entender qué tiene que ver Karol en todo esto. ¿O acaso por eso te liaste con su compañera de habitación?
April fijó su mirada en la mía con una gran sonrisa que no había visto antes. Se alejó de mí, arrastró una mesa enfrente de la mía y se sentó encima de ella, contemplándome bastante de cerca. Aquel gesto me dio mala espina.
- Puede…- añadió ladeando la cabeza- ¿Y qué si fuera así?
- Pensaría que estás loca, pero loca de atar. Acto seguido me preguntaría a mí misma por qué coño sigo hablándote.
- ¿Sabes algo? No lo hice con esa intención.
- ¿Sabes algo?- me acerqué un poco a ella- No me lo creo.
- ¿No? Vaya… ¿Entonces serías tan amable de explicarme tu teoría?
- Es simple. Eres y actúas como una niña pequeña. Lo único que quieres es llamar la atención. Mí atención para ser exactos.
- ¿¡Cómo me has descubierto!?- chilló- Eso solo lo sabía mi psiquiatra- añadió antes de romper a reír.
- Di lo que quieras, pero que sepas que no soy una marioneta en manos de nadie, ¿vale?
Quise irme, la empujé un poco para pasar entre las mesas, sin embargo ella me lo impidió por enésima vez.
- Tu atención ya la tengo, sino ¿qué haces dándome tanto terreno para jugar? Tengo claro que si lo que quisieras fuera que me alejara de ti, me gritarías un enorme ‘no’… Y no lo has hecho- sentenció sonriendo.
- ¿Crees que me creo que con eso bastaría para que me dejases en paz? Porque si es así de fácil yo…
Antes de que pudiera ni tan solo acabar la frase, cerró mis labios con un beso. Las voces del pasillo se hicieron más intensas. Traté de separarme pero April me agarró con fuerza hacia ella.
En el mismo instante en el que se separó, las voces del pasillo se hicieron todavía más agudas. Sus pasos los escuché como taconeos dentro de mi propia cabeza. Algo dentro de mí se despertó, haciendo que mi cabeza me doliera tanto que casi la sintiera estallar. Me quedé mirando a la nada completamente desubicada.
- Cristel, ¿estás bien? ¿Hola?- pasó su mano por delante de mi cara- ¡Cristel!
La miré a los ojos, pero sin ser consciente de ello. Tenía la mirada perdida y en mi cabeza imágenes fugaces aparecían de repente.
Entre la noche que pasé con April, el regreso de Lara, etc Al final no pude terminar un trabajo, así que me dirigí a la biblioteca una hora antes para que me diera tiempo a acabarlo antes de entrar a clase. Faltaba poco para finalizarlo, cuando me di cuenta que tenía que buscar una cosa en un libro, por lo que me tocó buscarlo por toda la biblioteca. Apenas faltaban veinte minutos para que la alarma sonara.
- ¿Buscas éste?- preguntó una voz al otro lado de la estantería- Diría que sí.
April dio la vuelta y me lo tendió. Lo cogí con mala gana, de malas maneras. Ella tan solo expresó una sonrisa.
- Has madrugado bastante hoy. ¿No podías dormir?- preguntó.
- Ahora no tengo tiempo para contestar absurdeces.
Me senté en la silla a continuar el trabajo, copiando el texto del libro deprisa y corriendo.
- Necesitarás otro libro… ¿Quieres que te lo busque?
- No.- respondí.
- Como quieras, tardarás más.
Ella se sentó conmigo poniendo los pies encima de la mesa. Le lancé una mirada antes de seguir a lo mío. A la mitad de estar escribiendo, me di cuenta de algo: me faltaba un libro. Giré la cabeza lo suficiente para ver su media sonrisa triunfal. Era increíble la facilidad que tenía para sacarme de mis casillas. Aparté la silla en el justo momento en el que ella me ofrecía lo que parecía otro libro más.
- ¿Ves? Toma- lo lanzó a mi lado- No hace falta que me lo agradezcas.
Por fin lo terminé. Resoplé, por lo menos ya era una cosa menos que debía hacer. Cogí los libros que había utilizado y los devolví a su sitio, eso sí, con April detrás.
- ¿Vas a continuar siguiéndome por toda la biblioteca?- pregunté molesta.
- Tal vez…- se apoyó en la estantería- ¿Estás enfadada por algo?
- ¿Tendría que estarlo?
- No, no tendrías.
- Pues eso.
Guardé el trabajo en la mochila, lo coloqué todo y me fui directa a la salida.
- Pero… ¿Por qué estás molesta entonces?- preguntó otra vez.
- No lo estoy.
- Lo estás. Esta vez no he hecho nada…- se frenó- Vamos… Creo- dijo en voz baja.
Me di la vuelta para contemplarla, pero deseché la idea de decirle nada, así que seguí caminando.
- Da lo mismo, April.
- Espera un momento… No me gusta que no me hables.
- Sí te hablo, ¿lo ves? Buenos días, April- añadí con una sonrisa fingida.
Ella me agarró del brazo, haciendo que parase de andar.
- No me gustan tus ironías.- añadió.
- Basta ya, ¿quieres? Si crees que puedes venir a buscarme cuando te canses de jugar a lo que estés jugando, lo llevas claro. Estoy cansada de ser tu juguete, ¿comprendes?
- Te has enterado. Es eso, ¿verdad?
- A ver si te enteras que me da exactamente igual con quién te acuestes o te dejes de acostar. Pero no soy tu íncubo, ¿estamos?
- Cuando es mujer se llama súcubo.
- Pasa de mí.- le increpé enfadada.
Volví al camino, pero April se me adelantó poniéndose delante.
- ¿Estarás mucho tiempo así? Es por encuadrar mi agenda y eso…- le miré- ¡Es broma, Cristel!
- Odio tus bromas. Déjame tranquila de una vez.
Entré en clase antes de que sonara el timbre. ¿Enserio estaba realmente molesta con ella por lo de Amy? No, seguro que no. No podía estarlo.
La clase empezó diez minutos tarde porque Anna se le olvidó, literalmente, su propia clase. Nos mandó sacar el libro y como no se había preparado la clase, simplemente leímos poemas y tuvimos que hacer unos nosotros mismos. Nada más empezó la clase, April levantó la mano.
- ¿Sí, April?
- Es que se me ha olvidado el libro… ¿Puedo compartirlo con alguien?
- Sí claro, ponte con…
- ¿Cristel?- preguntó con cara de niña buena.
Anna me miró. Esperaba que le dijera que no, pero no me dio ese placer. Al momento la tenía sentada a mi lado, haciendo como que leía. Siguieron con los poemas, mientras que April encontró divertido meterme mano en medio de la clase. Deslizó suavemente su mano por mi pierna, al mismo tiempo que yo la sacudía de vez en cuando para que dejara de hacerlo.
- ¿Quieres estarte quieta?- le increpé.
- ¿Continuas enfadada conmigo?- preguntó.
No contesté. Mientras otros analizaban los poemas de distintos escritores, ella volvió a deslizar su mano, esta vez por debajo de mi falda.
- ¡April, o te estás quieta o te corto la mano! ¡Elige!
- ¿Cuánto tiempo crees que aguantarás cabreada conmigo? Asúmelo, Cristel, no puedes.- contestó con una sonrisa.
- ¿Te haces a la idea de que la chica con la que bebiste alcohol ayer, es menor de edad?
- ¿Y?- preguntó sin darle importancia al asunto.
- ¡Joder, April! ¡Que solo tiene quince años!
- Bueno, los tendrá en la mente, pero precisamente en la mente no es en lo que más me fijo, ¿sabes?- dijo guiñando un ojo.
- Eres lo peor- le espeté.
- Pero… ¿A que te encanta?
- Señorita Lemacks, visto las ganas que tienes de hablar, ¿podrías leernos tu poema?- preguntó Anna a voces para que todos se enteraran.
Ella me miró antes de contestar.
- Verás Anna, es que no está terminado…
- Da lo mismo, April. Léelo o sal de clase, allá tú.- añadió dulcemente.
- Pf… ¿Ésta que va a saber de poemas? Si apenas sabrá hacer una O con un canuto…- dijo Paula a alguien.
Aquel comentario no pasó desapercibido ante el oído de April, así que se levantó, cogió su libreta en blanco, lanzó una mirada a Paula y comenzó a recitar.
- Despacio comienzo en tu boca,
muy despacio y sin quitarte la ropa,
mi cama no merece tu cuerpo
virgen como la selva,
mucho para una loba cazadora
pero ideal para el amor.
Despacio voy por tu corazón
muy despacio y me detiene un botón,
y mientras dices basta, me ayudas.
Esa guerra en tu vientre
entre el sigue y el detente,
que hacen decisivo el presente.
También es mi primera vez
¿Oyes?
También es mi primera vez.
Siente como tiemblo, ya ves…
Porque tuve sexo mil veces, pero nunca
hice el amor con nadie.
Toda la clase se quedó atónita. Risas se escucharon al fondo de la clase. La mayoría no quitaba ojo a April, que se regocijaba en lo que acababa de hacer, orgullosa de sí misma.
- Muy… Bien, está muy bien el… Bueno, la forma, y todo… Puedes sentarte, April.- se atrevió a decir Anna.
- Puedo leer otro, si quieres.
- ¡No! Quiero decir, que uno es suficiente, gracias.
- Puedo hacerte una copia si te ha gustado.
- Em… Quizás otro día.- zanjó Anna.
La clase terminó al sonar la campana. El murmullo de algunos al pasar por nuestra mesa se hizo más que evidente en cuanto salieron al pasillo.
- Te estás jugando la expulsión. ¿Eres consciente?- le pregunté.
- Oh… ¿Acaso no te ha gustado mi poema?
- No tenías nada escrito. ¿De dónde lo has sacado?
- Es mío.
- Me dijiste que no te gustaban.
- Sabes perfectamente que te mentí, no me vengas ahora de víctima.
- Estás completamente loca.
- Es la mejor de mis cualidades… ¿Quieres que te recite otro?
- No, muy amable- sonreí- Me voy al descanso.
Ella me cerró el paso e hizo apoyarme en la mesa. Se acercó más a mí hasta que sus ojos oscuros se toparon con los míos.
- Ya no estás enfadada… ¿A que no?
- ¿Por qué te interesa tanto?
- Porque sí. Molestarte es uno de mis divertimentos, si ya lo estás, no tiene gracia enrabiarte.
- Apártate.
April solo sonrió antes de darme un beso. Me estaba poniendo nerviosa, más que nada porque estábamos en mitad de la clase, cualquiera podría entrar y vernos.
- ¿Vas a venir esta noche?- preguntó inocentemente.
- Tengo bastantes cosas que hacer- dije apartándola un poco de mí.
- ¿Y después de hacer esas cosas?
- ¿Se puede saber qué te pasa conmigo?- pregunté algo cansada.
- ¿A qué te refieres?
- Normalmente te lías una vez con una tía y no la vuelves a ver. ¿Por qué a mí no me haces lo mismo?
- ¿Y tú que sabes? Hablas por hablar.
- A ti te pasa alguna cosa, no me digas que no. Sino, no estarías poniendo buena cara a cosas que me recriminarías con malas formas y acosos.
- ¿De verdad quieres saber qué me pasa?- se pegó de nuevo a mí- Me pasa una mocosa pelirroja, eso me pasa.- dijo firmemente.
- ¿Ahora por qué metes en esto a Karol?- pregunté con una risa.
- ¿Cuánto tardó en irte con el cuento?
- Enserio, April… Lo tuyo es grave.
- No quiero que seas de nadie más- añadió molesta.
- ¿Por qué yo sí debo ofrecerte fidelidad?- dije fijando mis ojos en los suyos.
- Porque así lo quiero yo. Eres mía, recuérdalo. No me obligues a marcarte como si fueras ganado.
La última frase no sé si lo dijo de verdad o bromeaba. Su gesto era serio, por lo que ni siquiera me atrevía a preguntarle nada.
- Sigo sin entender qué tiene que ver Karol en todo esto. ¿O acaso por eso te liaste con su compañera de habitación?
April fijó su mirada en la mía con una gran sonrisa que no había visto antes. Se alejó de mí, arrastró una mesa enfrente de la mía y se sentó encima de ella, contemplándome bastante de cerca. Aquel gesto me dio mala espina.
- Puede…- añadió ladeando la cabeza- ¿Y qué si fuera así?
- Pensaría que estás loca, pero loca de atar. Acto seguido me preguntaría a mí misma por qué coño sigo hablándote.
- ¿Sabes algo? No lo hice con esa intención.
- ¿Sabes algo?- me acerqué un poco a ella- No me lo creo.
- ¿No? Vaya… ¿Entonces serías tan amable de explicarme tu teoría?
- Es simple. Eres y actúas como una niña pequeña. Lo único que quieres es llamar la atención. Mí atención para ser exactos.
- ¿¡Cómo me has descubierto!?- chilló- Eso solo lo sabía mi psiquiatra- añadió antes de romper a reír.
- Di lo que quieras, pero que sepas que no soy una marioneta en manos de nadie, ¿vale?
Quise irme, la empujé un poco para pasar entre las mesas, sin embargo ella me lo impidió por enésima vez.
- Tu atención ya la tengo, sino ¿qué haces dándome tanto terreno para jugar? Tengo claro que si lo que quisieras fuera que me alejara de ti, me gritarías un enorme ‘no’… Y no lo has hecho- sentenció sonriendo.
- ¿Crees que me creo que con eso bastaría para que me dejases en paz? Porque si es así de fácil yo…
Antes de que pudiera ni tan solo acabar la frase, cerró mis labios con un beso. Las voces del pasillo se hicieron más intensas. Traté de separarme pero April me agarró con fuerza hacia ella.
En el mismo instante en el que se separó, las voces del pasillo se hicieron todavía más agudas. Sus pasos los escuché como taconeos dentro de mi propia cabeza. Algo dentro de mí se despertó, haciendo que mi cabeza me doliera tanto que casi la sintiera estallar. Me quedé mirando a la nada completamente desubicada.
- Cristel, ¿estás bien? ¿Hola?- pasó su mano por delante de mi cara- ¡Cristel!
La miré a los ojos, pero sin ser consciente de ello. Tenía la mirada perdida y en mi cabeza imágenes fugaces aparecían de repente.
domingo, 17 de octubre de 2010
Capítulo 35: Secreto casi Desvelado
- Entonces Lara… Tú y Bayron no…- pregunté de nuevo.
- Qué pesadita. Duérmete o haz los deberes, al menos así te entretienes.- me reprochó ella cansada.
Le tiré la almohada. Ella me la devolvió. Comenzamos a tirarnos las almohadas hasta que tocaron a la puerta. Alguien de pelo rojizo asomó la cabeza.
- Em… ¿Puedo pasar o molesto?- preguntó Karol.
- Claro, pasa.- respondí.
- ¡Solicito asilo político, mi capitana!- dijo Karolina en posición firme.
Lara y yo nos reímos antes de decirle que sí le dejábamos que se quedara un rato.
- Gracias, Cris. Es que me han echado de mi propio cuarto, ¿te lo puedes creer?- ella miró a Lara- Vaya, no nos conocemos. ¿Tú eras la chica de la enfermería?
- Sí, esa soy yo. Me llamo Lara, encantada.
- Igualmente.
- ¿Cómo que te han echado?- les interrumpí.
- Como lo oyes. He ido como siempre a mi habitación y me encuentro con la puerta cerrada. Estoy un rato forcejeando cuando de pronto me abre mi compañera en tanga. Claro, yo me he quedado en plan, ‘¿Pero qué?’ Y me dice que si me puedo ir que está ocupada.
- Hay que tener cara- añadió Lara.
- Bueno, al menos no soy a la única que le ha pasado.- contesté.
- ¿Paula?- me preguntó Lara.
- Paula.- asentí yo riendo.
Me levanté de la cama a por una botella de agua, me moría de sed. Karol aprovechó para sentarse en la silla del escritorio para seguir contando.
- Pero lo increíble es lo que me ha pasado luego. Escuché ruidos detrás de ella.
- ¿Estaba con alguien?
- Depende. ¿Cuándo dices alguien, te refieres a sexo masculino o femenino?
Lara y yo nos quedamos mirándola. En ese instante, una única cosa se me pasó por la cabeza, pero no la expresé. Ahora sí que necesitaba un trago de agua.
- ¿Quién era?- preguntó con curiosidad Lara.
- No seas tan cotilla- le reprimí- Sería mejor que no lo dijera, por si acaso.
- Pues es que aún ni yo me lo creo…- continuó Karolina- Detrás de mi compañera ha salido April. Enserio. Me ha ofrecido hasta Vodka. Luego con toda su cara, me ha cerrado la puerta en las narices.
Pronunció su nombre en el mismo momento en que pegaba un sorbo de agua. Me atraganté y empecé a toser como una loca.
- ¡Ey! Tranquila… Respira.- dijo Karol desde la distancia.
- Se me… Se me ha ido por el otro lado- me excusé.
Lara me miró y después miró a Karol.
- Vamos, que con la tontería te han dejado sin dormir.- añadió Lara divertida.
- Pues ya ves… Todavía estoy asimilándolo. Para ser sincera, lo de April no me a resultado algo tan extraño, pero de Amy, mi compañera, pues sí… Si hace nada decía que quería liarse con el chaval éste… Éste que me presentaste en la fiesta, Cris… ¿Bayron puede ser?
- Pues tu amiga es un poco puta, ¿no?- saltó Lara- No me extraña que le dé a todo. Joder con las niñatas de ahora, qué pronto empiezan a zorrear.
Karolina y yo nos la quedamos mirando durante un rato, hasta que ella se ruborizó y se dio cuenta de lo que había dicho.
- Ups… Perdonad es que se me ha escapado. No sé en qué estaría pensando- se levantó y se puso unas Converse- Esto… Creo que me voy a dar una vuelta.
Lara se fue hacia la puerta mientras nosotras dos reíamos por lo bajo.
- Lara, creo que estará en el otro piso, porque había quedado con Josh.- le advertí.
- ¡Grac…!- dijo desde la puerta- Quiero decir… Si hablas de Bayron, pues gracias por la información, pero no voy a verle a él.
Y desapareció tras la puerta un poco roja. Aproveché para hablar con Karol del día de su competición, para que me explicara más o menos cómo se puntuaba, con qué se fallaba…
- Esto quiere decir que vendrás, ¿verdad?- preguntó con su enorme sonrisa de siempre.
- Si no llueve, me gustaría verte.- ella me miró riendo- Digo que me haría gracia ver una competición de tiro con arco y… Eso.
- Te he entendido, Cris.- finalizó sonriendo y mirando la hora- Creo que me marcho ya… Supongo que dos horas y media habrán sido suficientes. ¿Tú que dices?
- Sí, supongo que… Sí.
- En fin Cris, te dejo dormir ya. Buenas noches.
- Adiós.
Me tendí en la cama después de apagar la luz. Lara no tardaría en venir, pero yo necesitaba dormir del tirón. ¿A qué jugaba April exactamente? ‘No, Cristel, deja de hacer eso, deja de pensar en cosas que no tienen ni pies ni cabeza’ me dije. Di la vuelta a la almohada e intenté conciliar el sueño. Al rato, Lara apareció. No hizo excesivo ruido, sin embargo me desperté.
- ¿Te he despertado, Cris? Perdona.
- Da igual.
La habitación se quedó totalmente en silencio, hasta que Lara lo rompió.
- Oye, Cris… ¿Puedo preguntarte algo?
- Claro.
- No quiero que te molestes, pero… ¿Qué te traes con April?- me quedé callada ante aquella pregunta que no esperaba oír- Si no quieres contestar, estás en tu derecho.
- Nada.
- Te lo pregunto por la reacción que has tenido cuando Karol la ha nombrado.
- Solo me he atragantado con el agua.
- El día que te llamé, el domingo del accidente antes de que colgaras, me pareció escuchar su voz…
- Serían imaginaciones tuyas.
- El mismo día por la mañana, me pareció ver cómo subías en su coche. ¿Tampoco es cierto?
- Lara, no es lo que crees…
- No creo nada, Cris. Ayer te pregunté qué hacías con el pijama puesto y me contestaste que te habías ido. Llegué de madrugada. Sé que no dormiste aquí. Pensé que en verdad sí que te habías liado con Nico, hasta que hoy por casualidad, alguien ha comentado que una persona pasó toda la noche fuera de su habitación y no fue precisamente Nicholas… ¿Adivinas quién?
Me estremecí. Todo mi cuerpo se estremeció y la carne se me puso de gallina. ¿Qué hacía? ¿Se lo contaba? ¿No? ¿Me inventaba alguna historia?
- Yo no soy quién para juzgarte, pero lo que sí creo es que a Paula no le deberías decir nada.
- ¿Qué?- me sorprendí.
- Ella y April no se llevan nada bien. Mejor dicho, April no se lleva bien con nadie de aquí. Si le dices a Paula algo así, creo que no lo digeriría.
- ¿Estás loca?- encendí la luz- April solo es…
- ¿Tú novia? ¿Tú rollo?
- Mi nada, Lara… Ella no es mi nada.
- Vale, es tu nada, aún así, ten cuidado con ella. No sé por qué, pero no me convence.
- Dímelo a mí- contesté.
- Sin embargo, Karol…
- ¡No! ¡Otra no! Dejadme en paz ya, coño.- cerré la luz de golpe y me acosté.
- Iba a decir que Karol había dicho que dentro de lo malo, April no le parecía tan mala, sino alguien que no encuentra sus sitio… ¿Qué creías que te insinuaba?
- Karolina siempre ve lo bueno en los demás… Aunque no haya nada.- respondí rápidamente.
- Si hasta tú dices que April no es buena, no sé qué haces con ella…
- ¿Podemos dejarlo? Yo tampoco estoy segura de nada, ¿vale? Pero lo menos que quiero es comerme la cabeza ahora. Buenas noches- finalicé.
Al poco tiempo, Lara volvió a dar al interruptor de la luz.
- Aunque si se lo dices a Paula, prepárate para las preguntas morbosas… Ya sabes cómo es- añadió riendo.
- ¡Duérmete!- grité tapándome con la almohada.
Sonreí por lo bajo. Después de todo, no había sido tan difícil. Quizás a partir de ahora podría hablar con Lara acerca de lo que me pasaba con April y tal vez, ella que lo veía todo desde otra perspectiva, podría ayudarme a dejar esto. Fuese lo que fuese.
- Qué pesadita. Duérmete o haz los deberes, al menos así te entretienes.- me reprochó ella cansada.
Le tiré la almohada. Ella me la devolvió. Comenzamos a tirarnos las almohadas hasta que tocaron a la puerta. Alguien de pelo rojizo asomó la cabeza.
- Em… ¿Puedo pasar o molesto?- preguntó Karol.
- Claro, pasa.- respondí.
- ¡Solicito asilo político, mi capitana!- dijo Karolina en posición firme.
Lara y yo nos reímos antes de decirle que sí le dejábamos que se quedara un rato.
- Gracias, Cris. Es que me han echado de mi propio cuarto, ¿te lo puedes creer?- ella miró a Lara- Vaya, no nos conocemos. ¿Tú eras la chica de la enfermería?
- Sí, esa soy yo. Me llamo Lara, encantada.
- Igualmente.
- ¿Cómo que te han echado?- les interrumpí.
- Como lo oyes. He ido como siempre a mi habitación y me encuentro con la puerta cerrada. Estoy un rato forcejeando cuando de pronto me abre mi compañera en tanga. Claro, yo me he quedado en plan, ‘¿Pero qué?’ Y me dice que si me puedo ir que está ocupada.
- Hay que tener cara- añadió Lara.
- Bueno, al menos no soy a la única que le ha pasado.- contesté.
- ¿Paula?- me preguntó Lara.
- Paula.- asentí yo riendo.
Me levanté de la cama a por una botella de agua, me moría de sed. Karol aprovechó para sentarse en la silla del escritorio para seguir contando.
- Pero lo increíble es lo que me ha pasado luego. Escuché ruidos detrás de ella.
- ¿Estaba con alguien?
- Depende. ¿Cuándo dices alguien, te refieres a sexo masculino o femenino?
Lara y yo nos quedamos mirándola. En ese instante, una única cosa se me pasó por la cabeza, pero no la expresé. Ahora sí que necesitaba un trago de agua.
- ¿Quién era?- preguntó con curiosidad Lara.
- No seas tan cotilla- le reprimí- Sería mejor que no lo dijera, por si acaso.
- Pues es que aún ni yo me lo creo…- continuó Karolina- Detrás de mi compañera ha salido April. Enserio. Me ha ofrecido hasta Vodka. Luego con toda su cara, me ha cerrado la puerta en las narices.
Pronunció su nombre en el mismo momento en que pegaba un sorbo de agua. Me atraganté y empecé a toser como una loca.
- ¡Ey! Tranquila… Respira.- dijo Karol desde la distancia.
- Se me… Se me ha ido por el otro lado- me excusé.
Lara me miró y después miró a Karol.
- Vamos, que con la tontería te han dejado sin dormir.- añadió Lara divertida.
- Pues ya ves… Todavía estoy asimilándolo. Para ser sincera, lo de April no me a resultado algo tan extraño, pero de Amy, mi compañera, pues sí… Si hace nada decía que quería liarse con el chaval éste… Éste que me presentaste en la fiesta, Cris… ¿Bayron puede ser?
- Pues tu amiga es un poco puta, ¿no?- saltó Lara- No me extraña que le dé a todo. Joder con las niñatas de ahora, qué pronto empiezan a zorrear.
Karolina y yo nos la quedamos mirando durante un rato, hasta que ella se ruborizó y se dio cuenta de lo que había dicho.
- Ups… Perdonad es que se me ha escapado. No sé en qué estaría pensando- se levantó y se puso unas Converse- Esto… Creo que me voy a dar una vuelta.
Lara se fue hacia la puerta mientras nosotras dos reíamos por lo bajo.
- Lara, creo que estará en el otro piso, porque había quedado con Josh.- le advertí.
- ¡Grac…!- dijo desde la puerta- Quiero decir… Si hablas de Bayron, pues gracias por la información, pero no voy a verle a él.
Y desapareció tras la puerta un poco roja. Aproveché para hablar con Karol del día de su competición, para que me explicara más o menos cómo se puntuaba, con qué se fallaba…
- Esto quiere decir que vendrás, ¿verdad?- preguntó con su enorme sonrisa de siempre.
- Si no llueve, me gustaría verte.- ella me miró riendo- Digo que me haría gracia ver una competición de tiro con arco y… Eso.
- Te he entendido, Cris.- finalizó sonriendo y mirando la hora- Creo que me marcho ya… Supongo que dos horas y media habrán sido suficientes. ¿Tú que dices?
- Sí, supongo que… Sí.
- En fin Cris, te dejo dormir ya. Buenas noches.
- Adiós.
Me tendí en la cama después de apagar la luz. Lara no tardaría en venir, pero yo necesitaba dormir del tirón. ¿A qué jugaba April exactamente? ‘No, Cristel, deja de hacer eso, deja de pensar en cosas que no tienen ni pies ni cabeza’ me dije. Di la vuelta a la almohada e intenté conciliar el sueño. Al rato, Lara apareció. No hizo excesivo ruido, sin embargo me desperté.
- ¿Te he despertado, Cris? Perdona.
- Da igual.
La habitación se quedó totalmente en silencio, hasta que Lara lo rompió.
- Oye, Cris… ¿Puedo preguntarte algo?
- Claro.
- No quiero que te molestes, pero… ¿Qué te traes con April?- me quedé callada ante aquella pregunta que no esperaba oír- Si no quieres contestar, estás en tu derecho.
- Nada.
- Te lo pregunto por la reacción que has tenido cuando Karol la ha nombrado.
- Solo me he atragantado con el agua.
- El día que te llamé, el domingo del accidente antes de que colgaras, me pareció escuchar su voz…
- Serían imaginaciones tuyas.
- El mismo día por la mañana, me pareció ver cómo subías en su coche. ¿Tampoco es cierto?
- Lara, no es lo que crees…
- No creo nada, Cris. Ayer te pregunté qué hacías con el pijama puesto y me contestaste que te habías ido. Llegué de madrugada. Sé que no dormiste aquí. Pensé que en verdad sí que te habías liado con Nico, hasta que hoy por casualidad, alguien ha comentado que una persona pasó toda la noche fuera de su habitación y no fue precisamente Nicholas… ¿Adivinas quién?
Me estremecí. Todo mi cuerpo se estremeció y la carne se me puso de gallina. ¿Qué hacía? ¿Se lo contaba? ¿No? ¿Me inventaba alguna historia?
- Yo no soy quién para juzgarte, pero lo que sí creo es que a Paula no le deberías decir nada.
- ¿Qué?- me sorprendí.
- Ella y April no se llevan nada bien. Mejor dicho, April no se lleva bien con nadie de aquí. Si le dices a Paula algo así, creo que no lo digeriría.
- ¿Estás loca?- encendí la luz- April solo es…
- ¿Tú novia? ¿Tú rollo?
- Mi nada, Lara… Ella no es mi nada.
- Vale, es tu nada, aún así, ten cuidado con ella. No sé por qué, pero no me convence.
- Dímelo a mí- contesté.
- Sin embargo, Karol…
- ¡No! ¡Otra no! Dejadme en paz ya, coño.- cerré la luz de golpe y me acosté.
- Iba a decir que Karol había dicho que dentro de lo malo, April no le parecía tan mala, sino alguien que no encuentra sus sitio… ¿Qué creías que te insinuaba?
- Karolina siempre ve lo bueno en los demás… Aunque no haya nada.- respondí rápidamente.
- Si hasta tú dices que April no es buena, no sé qué haces con ella…
- ¿Podemos dejarlo? Yo tampoco estoy segura de nada, ¿vale? Pero lo menos que quiero es comerme la cabeza ahora. Buenas noches- finalicé.
Al poco tiempo, Lara volvió a dar al interruptor de la luz.
- Aunque si se lo dices a Paula, prepárate para las preguntas morbosas… Ya sabes cómo es- añadió riendo.
- ¡Duérmete!- grité tapándome con la almohada.
Sonreí por lo bajo. Después de todo, no había sido tan difícil. Quizás a partir de ahora podría hablar con Lara acerca de lo que me pasaba con April y tal vez, ella que lo veía todo desde otra perspectiva, podría ayudarme a dejar esto. Fuese lo que fuese.
martes, 21 de septiembre de 2010
Capítulo 34: Sorpresa
De vuelta a la habitación, me encontré con una agradable sorpresa: Lara se encontraba en perfectas condiciones y estaba colocando su ropa de nuevo en el armario.
- ¡Cómo me alegro de que estés bien!- dije mientras le abrazaba.
- No mientas, que Paula ya me contó lo mal que lo pasaste el día del apagón.
- No es verdad… Solo daba un pelín de mal rollo, eso es todo.
- Oye, ¿de dónde vienes con el pijama puesto?
- ¿Qué?- me miré- ¡Ah! Pues… Antes de que vinieras he salido a mirar una cosa.
- Pero si yo llevo aquí…
- ¡Bueno! ¿A que hace un estupendo día? Voy a darme una ducha y a buscar a Paula. ¿Te vienes luego a dar una vuelta? ¡No contestes! Dímelo cuando salga- añadí cortando su frase.
Entré cerrando la puerta con cuidado, acertando a oír unas palabras de Lara, las cuales no entendí. Me metí en la bañera y ahí estuve hasta que me despejé del todo. Mientras el agua caía por mi cuerpo, pensé en una manera de poder hablar con Paula sin que me echara a la primera de cambio. Iba a estar difícil, porque ella ya estaba cansada de mí, pero lo intentaría de todas formas.
De la ducha me caminé en dirección al espejo. Me quedé un rato observando mi reflejo, ojeándome de arriba a bajo. No sabía qué pretendía encontrar hasta que vi una pequeña herida en el labio inferior. La toqué tratando de recordar el momento exacto en el que April me había mordido. A mi mente acudieron distintas imágenes que se vieron interrumpidas por los golpes de Lara a la puerta.
- ¿Te falta mucho?
- ¡No, ya salgo!- le hice saber.
Salí dispuesta a arreglarlo todo con Paula, fuese como fuese, hablaría con ella y le haría entrar en razón. Justo cuando iba hacia su habitación, de la nada apareció April, encaminándose a las escaleras, preparada seguramente para irse. Se le veía algo abatida, enfadada… Dudé si acercarme o no, pues estaba claro que compañía en ese momento no buscaba.
- April…- le llamé- ¡April!
Ella se giró desganada, como si se hubiese topado con una gran molestia que no desaparece.
- Te he escuchado la primera vez, pero suponía que al pasar de ti pillarías la indirecta. Ya veo que no- añadió con frialdad.
- Veo que sigues igual que esta mañana.
- Pues si lo ves, no hace falta que te conteste, ¿no?
- ¿Dónde vas? Sabes que tienes prohibido salir. Al final te expulsarán.
- Dime una cosa… ¿Es necesaria esta conversación? Porque me resultas algo cargante. A veces pienso que eres más corta de lo que aparentas. No hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que lo menos que me apetece en este mundo es estar aquí hablando contigo.
Se giró para continuar su camino, pero le agarré cuanto apenas del brazo, haciendo que se girara.
- Sabes que lo que sea puedes…
- ¿¡Otra vez!? ¡Joder! ¿De verdad no te cansas de ir de buena todo el puto día? Que hayamos echado un polvo no significa que te conviertas automáticamente en mi paño de lágrimas. ¡No! ¡Déjame ya!
Dio la vuelta y en un momento bajó las escaleras, salió del internado y se montó en su coche. Me quedé un rato allí, pensando, hasta que decidí que sería mejor dejar de dar vueltas a las locuras de April. Fui a busca a Paula para que dejara de estar molesta.
- Paula, ¿tienes un minuto?
- No- zanjó.
- Vamos, ¿hasta cuando vas a estar enfadada conmigo?
- Hasta que tú vuelvas a ser tú.
- ¡Deja ya la tontería! ¿Quieres?
Entré cerrando dando un inmenso portazo.
- Vas a romperme la puerta- añadió con enfado.
- Paula, no tienes razón para estar así…
- ¿Qué no? No me haces ni caso, no me cuentas qué pasa, desapareces sin avisar, te largas a la ciudad… Escucha, ¿eh? ¡A la ciudad! Tú sola. ¿¡Y encima me dices que no tengo razón!? ¡Olé tus huevos, Cris!
Se levantó de la silla de golpe, mostrando la rabia que sentía.
- Bueno, tal vez… Sí tengas, un poco de… Razón. Perdona.- traté de excusarme.
- Ahora no arregla nada que me pidas perdón.- se sentó de nuevo- Solo quiero que todo sea como antes. Que seamos amigas.
- Lo somos. Somos amigas, pero no puedes pretender que te cuente cosas que no quiero o no… Te puedo contar.
- ¡Y volvemos al punto de partida! ¿Qué coño es eso que no ‘puedes’ contarme?
- Solo te pido que tengas paciencia… Por favor… Es que quiero estar segura de cosas de las que quizás nunca esté segura y todo se complica cada vez más…
- Tú fumas hierba, ¿verdad? ¡O te la inyectas en vena! Por que sino, te juro que no te entiendo. No hay por donde cogerte, Cris.
- Tú solo, dame tiempo. Solo eso. Hazme el inmenso favor.
Paula resopló moviendo una de sus piernas, nerviosa. Tardaba mucho en responder por lo que yo le daba por perdida.
- ¡Vale! ¡Como quieras! Pero como vea algo que no me guste, aunque sea una tontería, no te hablo en la vida… ¿¡Estamos!?
Me tiré a darle un abrazo que intentaba rechazar de todas las maneras posibles. Por fin, una cosa menos en la que preocuparme.
Quedamos con Lara para dar una vuelta por el bosque. Después de casi una semana encerrada, respirar aire limpio le haría bien. Dimos un largo paseo. Un paseo que se hizo ameno, apacible, entre risas. Fue como recordar la niñez, la primera vez que nos conocimos en aquel mismo lugar con tan solo doce años.
Llegamos al comedor en el que Bayron nos esperaba impaciente con la bandeja en la mano, sentado en la mesa. Sin embargo, sentía que fallaba algo. April no había regresado aún de su escapada. ¿Dónde estaría? Imposible de imaginar, seguro que perdida por ahí. Parecía que le agradara estar siempre desaparecida.
- Bueno, Lara, ahora que estamos sola me podrás contar qué tal, ¿eh?- dije subiendo las escaleras.
- No te entiendo.
- Ya, claro. Bayron ha sido muy amable contigo toda esta semana, ¿cierto?
- No sé, supongo. Lo normal entre amigos.
- Amigos, ¿no?
Ella se giró con una sonrisa dibujada en la cara.
- ¿Por qué no hablamos de ti?- preguntó.
- No me cambies de tema- le espeté.
- ¿Qué pasa entre Eric y tú?
- ¿Eric? ¿Qué pasa con él?
- Dímelo tú. No se siente con nosotros y apenas te habla. Es un tanto extraño.
- Báh, es imbécil.
- ¿Qué pasó?
- Nada, que el otro día se puso un poco idiota y Nico tuvo que…
- ¿Nico?- me miró- ¿Quién es Nico?
- Es el primo de Eric… Creo. Eso me dijo.
Lara se paró en seco y me miró con incredulidad en la mirada.
- ¿Nicholas? ¿Nicholas Harrys?
- Sí, ese mismo. ¿Le conoces?
- ¡Para no! ¿Sabes el fortunón que va a heredar? Por eso él y Eric se llevan a matar, porque el padre de Eric le ha dado la mitad de la herencia a Nicholas. Cuando Eric se enteró no le gustó nada. Esa es la razón de que no se traguen. Ahora entiendo por qué no te quiere ni ver, si estás liada con su primo, pues…
- ¿Quién ha dicho que estemos liados? No es esa la razón de que no me hable. Ni yo estoy segura. Déjale con sus tonterías que cuando quiera algo, ya vendrá.
Entramos en la habitación y empezamos a cambiarnos de ropa mientras yo le dejaba todos los apuntes para ponerse al día.
April llegó después de la cena, quizás algo más cabreada de lo que se fue. Tenía que relajarse, descargar tensiones… Se dirigió a una habitación, tocó a la puerta y de ella salió una chica rubia.
- ¿Puedo pasar?- preguntó con una de sus mejores sonrisas.
Karol bajó a cenar con sus amigos, como siempre hacía. Luego, se marchó a la biblioteca hasta que se cansó y se encaminó hacia su cuarto. Giró el pomo para abrirla, pero el resultado fue negativo, estaba cerrada con llave. Eso le extrañó, normalmente nunca la cerraban. Su compañera le abrió desde dentro, pero la mitad, no le abrió de par en par.
- Amy, ¿a qué juegas? Déjame pasar, anda…
- Esto… Karol, ¿te importaría venir un poco más tarde?
- ¿Por qué? Esta también es mi habitación.
- Lo sé, pero es que ahora estoy algo… Ocupada. Por favor.
Karolina se fijó en Amy. Iba con una camiseta de tirantes y le había abierto la puerta en tanga. Detrás de ella se escuchaba algo de jaleo. ¿Blanco y en botella?
- ¡Ah! Bueno, quizás pueda… Tardar- añadió.
De repente una figura morena de ojos azules con una botella de Vodka en la mano, emergió de detrás.
- ¿Por qué tardas tanto?- April miró a Karol- ¡Hombre! Cuanto tiempo, ¿eh? ¿Quieres un trago?
- Pues… No gracias.- contestó algo descolocada.
- Bueno, más para nosotras. Ale, adiós.
Acto seguido, April le cerró la puerta en las narices. Karolina se quedó enfrente de su habitación con la mirada perdida, asimilando lo ocurrido. Incluso se pellizcó para comprobar que no estaba soñando. Se encogió de hombros y se fue.
- ¡Cómo me alegro de que estés bien!- dije mientras le abrazaba.
- No mientas, que Paula ya me contó lo mal que lo pasaste el día del apagón.
- No es verdad… Solo daba un pelín de mal rollo, eso es todo.
- Oye, ¿de dónde vienes con el pijama puesto?
- ¿Qué?- me miré- ¡Ah! Pues… Antes de que vinieras he salido a mirar una cosa.
- Pero si yo llevo aquí…
- ¡Bueno! ¿A que hace un estupendo día? Voy a darme una ducha y a buscar a Paula. ¿Te vienes luego a dar una vuelta? ¡No contestes! Dímelo cuando salga- añadí cortando su frase.
Entré cerrando la puerta con cuidado, acertando a oír unas palabras de Lara, las cuales no entendí. Me metí en la bañera y ahí estuve hasta que me despejé del todo. Mientras el agua caía por mi cuerpo, pensé en una manera de poder hablar con Paula sin que me echara a la primera de cambio. Iba a estar difícil, porque ella ya estaba cansada de mí, pero lo intentaría de todas formas.
De la ducha me caminé en dirección al espejo. Me quedé un rato observando mi reflejo, ojeándome de arriba a bajo. No sabía qué pretendía encontrar hasta que vi una pequeña herida en el labio inferior. La toqué tratando de recordar el momento exacto en el que April me había mordido. A mi mente acudieron distintas imágenes que se vieron interrumpidas por los golpes de Lara a la puerta.
- ¿Te falta mucho?
- ¡No, ya salgo!- le hice saber.
Salí dispuesta a arreglarlo todo con Paula, fuese como fuese, hablaría con ella y le haría entrar en razón. Justo cuando iba hacia su habitación, de la nada apareció April, encaminándose a las escaleras, preparada seguramente para irse. Se le veía algo abatida, enfadada… Dudé si acercarme o no, pues estaba claro que compañía en ese momento no buscaba.
- April…- le llamé- ¡April!
Ella se giró desganada, como si se hubiese topado con una gran molestia que no desaparece.
- Te he escuchado la primera vez, pero suponía que al pasar de ti pillarías la indirecta. Ya veo que no- añadió con frialdad.
- Veo que sigues igual que esta mañana.
- Pues si lo ves, no hace falta que te conteste, ¿no?
- ¿Dónde vas? Sabes que tienes prohibido salir. Al final te expulsarán.
- Dime una cosa… ¿Es necesaria esta conversación? Porque me resultas algo cargante. A veces pienso que eres más corta de lo que aparentas. No hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que lo menos que me apetece en este mundo es estar aquí hablando contigo.
Se giró para continuar su camino, pero le agarré cuanto apenas del brazo, haciendo que se girara.
- Sabes que lo que sea puedes…
- ¿¡Otra vez!? ¡Joder! ¿De verdad no te cansas de ir de buena todo el puto día? Que hayamos echado un polvo no significa que te conviertas automáticamente en mi paño de lágrimas. ¡No! ¡Déjame ya!
Dio la vuelta y en un momento bajó las escaleras, salió del internado y se montó en su coche. Me quedé un rato allí, pensando, hasta que decidí que sería mejor dejar de dar vueltas a las locuras de April. Fui a busca a Paula para que dejara de estar molesta.
- Paula, ¿tienes un minuto?
- No- zanjó.
- Vamos, ¿hasta cuando vas a estar enfadada conmigo?
- Hasta que tú vuelvas a ser tú.
- ¡Deja ya la tontería! ¿Quieres?
Entré cerrando dando un inmenso portazo.
- Vas a romperme la puerta- añadió con enfado.
- Paula, no tienes razón para estar así…
- ¿Qué no? No me haces ni caso, no me cuentas qué pasa, desapareces sin avisar, te largas a la ciudad… Escucha, ¿eh? ¡A la ciudad! Tú sola. ¿¡Y encima me dices que no tengo razón!? ¡Olé tus huevos, Cris!
Se levantó de la silla de golpe, mostrando la rabia que sentía.
- Bueno, tal vez… Sí tengas, un poco de… Razón. Perdona.- traté de excusarme.
- Ahora no arregla nada que me pidas perdón.- se sentó de nuevo- Solo quiero que todo sea como antes. Que seamos amigas.
- Lo somos. Somos amigas, pero no puedes pretender que te cuente cosas que no quiero o no… Te puedo contar.
- ¡Y volvemos al punto de partida! ¿Qué coño es eso que no ‘puedes’ contarme?
- Solo te pido que tengas paciencia… Por favor… Es que quiero estar segura de cosas de las que quizás nunca esté segura y todo se complica cada vez más…
- Tú fumas hierba, ¿verdad? ¡O te la inyectas en vena! Por que sino, te juro que no te entiendo. No hay por donde cogerte, Cris.
- Tú solo, dame tiempo. Solo eso. Hazme el inmenso favor.
Paula resopló moviendo una de sus piernas, nerviosa. Tardaba mucho en responder por lo que yo le daba por perdida.
- ¡Vale! ¡Como quieras! Pero como vea algo que no me guste, aunque sea una tontería, no te hablo en la vida… ¿¡Estamos!?
Me tiré a darle un abrazo que intentaba rechazar de todas las maneras posibles. Por fin, una cosa menos en la que preocuparme.
Quedamos con Lara para dar una vuelta por el bosque. Después de casi una semana encerrada, respirar aire limpio le haría bien. Dimos un largo paseo. Un paseo que se hizo ameno, apacible, entre risas. Fue como recordar la niñez, la primera vez que nos conocimos en aquel mismo lugar con tan solo doce años.
Llegamos al comedor en el que Bayron nos esperaba impaciente con la bandeja en la mano, sentado en la mesa. Sin embargo, sentía que fallaba algo. April no había regresado aún de su escapada. ¿Dónde estaría? Imposible de imaginar, seguro que perdida por ahí. Parecía que le agradara estar siempre desaparecida.
- Bueno, Lara, ahora que estamos sola me podrás contar qué tal, ¿eh?- dije subiendo las escaleras.
- No te entiendo.
- Ya, claro. Bayron ha sido muy amable contigo toda esta semana, ¿cierto?
- No sé, supongo. Lo normal entre amigos.
- Amigos, ¿no?
Ella se giró con una sonrisa dibujada en la cara.
- ¿Por qué no hablamos de ti?- preguntó.
- No me cambies de tema- le espeté.
- ¿Qué pasa entre Eric y tú?
- ¿Eric? ¿Qué pasa con él?
- Dímelo tú. No se siente con nosotros y apenas te habla. Es un tanto extraño.
- Báh, es imbécil.
- ¿Qué pasó?
- Nada, que el otro día se puso un poco idiota y Nico tuvo que…
- ¿Nico?- me miró- ¿Quién es Nico?
- Es el primo de Eric… Creo. Eso me dijo.
Lara se paró en seco y me miró con incredulidad en la mirada.
- ¿Nicholas? ¿Nicholas Harrys?
- Sí, ese mismo. ¿Le conoces?
- ¡Para no! ¿Sabes el fortunón que va a heredar? Por eso él y Eric se llevan a matar, porque el padre de Eric le ha dado la mitad de la herencia a Nicholas. Cuando Eric se enteró no le gustó nada. Esa es la razón de que no se traguen. Ahora entiendo por qué no te quiere ni ver, si estás liada con su primo, pues…
- ¿Quién ha dicho que estemos liados? No es esa la razón de que no me hable. Ni yo estoy segura. Déjale con sus tonterías que cuando quiera algo, ya vendrá.
Entramos en la habitación y empezamos a cambiarnos de ropa mientras yo le dejaba todos los apuntes para ponerse al día.
April llegó después de la cena, quizás algo más cabreada de lo que se fue. Tenía que relajarse, descargar tensiones… Se dirigió a una habitación, tocó a la puerta y de ella salió una chica rubia.
- ¿Puedo pasar?- preguntó con una de sus mejores sonrisas.
Karol bajó a cenar con sus amigos, como siempre hacía. Luego, se marchó a la biblioteca hasta que se cansó y se encaminó hacia su cuarto. Giró el pomo para abrirla, pero el resultado fue negativo, estaba cerrada con llave. Eso le extrañó, normalmente nunca la cerraban. Su compañera le abrió desde dentro, pero la mitad, no le abrió de par en par.
- Amy, ¿a qué juegas? Déjame pasar, anda…
- Esto… Karol, ¿te importaría venir un poco más tarde?
- ¿Por qué? Esta también es mi habitación.
- Lo sé, pero es que ahora estoy algo… Ocupada. Por favor.
Karolina se fijó en Amy. Iba con una camiseta de tirantes y le había abierto la puerta en tanga. Detrás de ella se escuchaba algo de jaleo. ¿Blanco y en botella?
- ¡Ah! Bueno, quizás pueda… Tardar- añadió.
De repente una figura morena de ojos azules con una botella de Vodka en la mano, emergió de detrás.
- ¿Por qué tardas tanto?- April miró a Karol- ¡Hombre! Cuanto tiempo, ¿eh? ¿Quieres un trago?
- Pues… No gracias.- contestó algo descolocada.
- Bueno, más para nosotras. Ale, adiós.
Acto seguido, April le cerró la puerta en las narices. Karolina se quedó enfrente de su habitación con la mirada perdida, asimilando lo ocurrido. Incluso se pellizcó para comprobar que no estaba soñando. Se encogió de hombros y se fue.
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