Desperté con la buena noticia que Julia me trajo: podía irme ya. Nada más pronunció esas palabras, yo comencé a vestirme para dirigirme a mi habitación. Ella me tendió los papeles con mi nivel de potasio y todas esas cosas en sangre en un enorme sobre amarillo. Al momento ya estaba subiendo las escaleras con la idea de salir fuera a correr aunque fuera tan solo una vuelta a la manzana. Tenía la sensación de necesitar el aire que los árboles me traían, como el maná. Además, las inmensas ganas que tenía de estirar las piernas no eran normales. Sin que nadie me viera, me vestí con un chándal y me escabullí del internado por el hueco olvidado que utilizamos para salir el día de la fiesta en el bosque, ya que la puerta se encontraba cerrada a cal y canto.
Salí caminando a zancadas, poco a poco subí el ritmo y sin darme cuenta estaba corriendo por la mitad del bosque. Traté de ubicarme buscando el claro, pero al final llegué a otra parte en la que nunca había estado. Como no me desagradó, decidí descansar allí mismo, mirando el nuevo entorno con suma atención.
Era extraño, estar en aquella explanada por la que nunca había pasado… Y eso que el bosque no era demasiado grande. Entonces recordé el río. Sí, jamás se me había ocurrida buscar el río. ¿Qué tal si lo buscaba? Esa idea me pareció perfecta, así de paso conocía la zona. Paseé posando el oído en cualquier ruido que se asemejara al del agua. Anduve hasta que por fin escuché algo que se le parecía… Me encaminé hacia allí y di en el clavo. Delante de mí unos enormes cañaverales escondían un río de aguas limpias que caían de una diminuta cascada, todo rodeado de enormes piedras en las que poder sentarte. Me senté en un pedral un tanto empinado a ver fluir el agua, a sentir el viento chocando contra las cañas. Al final cerré los ojos para respirar hondo, dejando de pensar.
Al rato de estar tranquilamente en ese lugar apacible, el móvil comenzó a sonar sin descanso. Me pregunté con rabia para qué lo había traído, mirando la pantalla, observando que era un número desconocido. Pensé que ya se cansaría de llamar, pero no hubo pausa, así que opté por cogerlo y colgar lo antes posible.
- ¿Dígame?
- ¿Dónde estás?- preguntó una voz al otro lado.
- ¿April?
- Te he preguntado que dónde estás.- repitió.
- Estoy… En la enfermería.
- Tartamudeas. Eso quiere decir que no estás en la enfermería.
- Que sí- mentí- Y yo no tartamudeo.
- Acabo de ver a Julia y te ha dado el alta. Qué dónde estás, no me hagas preguntártelo otra vez.
- Lejos. No me encontrarías.- le insistí.
- Prueba a ver. Dime dónde te encuentras.
- En el bosque, pero no estoy en el claro.
- Pues ven aquí.
- ¿Para qué?
- ¿Tan importante es estar ahí en medio de la nada?- preguntó con algo de enfado en la voz.
- Sí, ahora es lo que quiero.
- Me da igual, que vengas ya.
- ¿Tan grave es que no puede esperar un rato?
- No.
- ¿Y por qué me llamas a mí? Seguramente tendrás a un séquito que nada más chasques los dedos aparezcan delante de ti. Déjame en paz.
- No me cuelgues, ¿eh? Ni…
Antes de que acabara la frase, colgué el teléfono. Es más, lo apagué del todo, en ese instante no quería molestias de ningún tipo. Solo yo y el viento eran suficiente.
Exactamente no se cuánto tiempo me quedé en ese lugar, pero cuando lo vi conveniente continué el camino corriendo, total, nadie iba castigar a una enferma. Corrí y sin saber cómo, llegué al claro. Me paré en seco recuperando el aliento, mirando alrededor, tratando de encontrar el sendero de vuelta al internado. Fijé la vista en él y apoyé mis manos en mis rodillas para coger aire. De golpe y sin saber cómo, algo se me abalanzó haciéndome caer encima del rugoso suelo repleto de hojas, palos, todo tipo de bichos…
- ¡Coño! ¡Casi se me sale el corazón del pecho, por dios!- grité a pleno pulmón.
- Te jodes. Esto es lo que pasa por colgarme el teléfono.
- ¡Estás completamente loca!- chillé intentando zafarme de ella- ¡Suelta! ¡Que me ahogas, levántate de encima!
Para mi sorpresa April me hizo caso y se quitó de encima. Con desconfianza la observé desde abajo antes de levantarme también, sacudiéndome el pantalón de todas las hojas pegadas a mí.
- ¿Qué se supone que haces aquí?- pregunté algo más calmada.
- Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma.- contestó.
- ¿Has venido aquí después de que te colgara?- miré la hora. Había pasado cerca una hora larga.
- ¿No te cansas nunca de preguntar tanto?- añadió con cara de asco.
- ¿Sabes qué? Tienes razón.
Pasé por su lado emprendiendo la carrera otra vez. Confiaba en que ella se quedara quieta en su sitio, pero eso hubiese sido demasiado fácil. De nuevo se abalanzó sobre mí haciendo que perdiera el equilibrio y cayera, esta vez, encima de ella.
- ¡Mierda, April! ¿¡Te has propuesto romperme una pierna o qué!?
- Pues hazme caso de una puta vez- añadió agarrándome del antebrazo y acercándome hacia su cara.
- ¿Eres consciente de la actitud de niña repelente que estás teniendo?- dije deshaciéndome de su mano.
Por enésima vez me puse en pie. Sin embargo esta vez, ella se quedó tendida en el suelo. Di unos pasos hacia atrás por si acaso la idea era cogerme del pie para tirarme una vez más al suelo, pero ni se inmutó. No se movió del sitio.
- No creas que porque no te levantes voy a estar aquí pendiente de ti- repliqué.
- Bien, pues lárgate- dijo tajante.
Desaparecí entre los matojos siguiendo el camino que me sabía de memoria para volver al Internado. A mitad de camino me frené, me llamé imbécil y retrocedía hasta el claro para ver qué estaba haciendo. Ella solo se había incorporado lo bastante como para estar sentada.
- Joder April…- caminé hacia ella- Dime qué quieres, así terminaremos esto antes de que me vuelvas loca.
- Nada. Simplemente…- calló antes de terminar.
- Simplemente, ¿qué?- increpé.
Se levantó del suelo pausadamente sin contestar a mi pregunta, algo a lo que poco a poco me iba acostumbrando. Callada, se dio la vuelta fijando su mirada en la mía.
- Me parece que estoy algo cansada…- dijo por fin andando hacia donde yo estaba.
- ¿De qué exactamente? ¿De estar tumbada en la cama sin hacer nada o de quedar con distintas chicas día tras día?- pregunté con ironía.
- Un poco de todo- afirmó con una leve sonrisa.
De un salto se colocó frente a mí. Había algo en su mirada que me decía que no estaba del todo bien. Dentro de lo normal hubiera sido decirme alguna mala palabra por su parte, pero esta vez solo contestaba frases cortas y casi sin sentido.
- Ya se que no vas a responder, pero… ¿Te encuentras bien?- ella tan solo me apresó de las caderas, atrayéndome una vez más hacia su cuerpo- Estás algo pálida…- finalicé mirándola a los ojos.
En efecto, no contestó. Siguió acercándose hasta que nuestros labios se toparon. Sin embargo ésta vez no fue un beso cálido, sino más bien frío. Incluso su tacto en lugar de soltar ese calor típico de ella, estaba un poco helado.
- Hoy estás demasiado extraña hasta para mí… No pareces tú.-dije con algo de preocupación oculta.
- No parezco yo…- dijo en un susurro inaudible.
Se separó de mí y se revolvió el pelo, pensativa.
- Necesito evadirme. Creo que es lo que me toca ahora.- añadió mientras resoplaba.
- ¿Eso qué quiere decir?- pregunté con curiosidad.
- Digamos que yo también necesito mi propio claro de bosque…-terminó suspirando.
- Tienes el escondite.
- No es lo mismo, Cristel…
- ¿Por qué? A mí me encanta.
- ¿Tú que sientes cuando estás aquí?- quiso saber- Cuando te sientas en el tronco ese y te quedas sola tanto tiempo… ¿Qué es eso que te hace sentir tan bien que puedas pasarte horas y horas contemplando el mismo espacio durante un largo rato? Que te haga olvidar casi quién eres…
- ¿Me lo estás preguntando enserio?- me dirigió una mirada bastante seria- Pues, la verdad… No tengo ni idea. Simplemente es… Indescriptible. Es una sensación que me embarga, como de paz. Como si este sitio limpiara todos los pensamientos que no me sirven, como si arramblara con todo aquello que me molesta o cansa.
- Y en el escondite, ¿te ocurre lo mismo?
- Bueno, es más mágico, por decirlo de alguna forma… De noche parece que el tiempo se pare.
April caminó a mí alrededor hasta que por fin se estuvo quieta y se sentó en el tronco roído.
- Yo… Quiero eso. Quiero poder dejar el mundo a un lado como lo haces tú. Quisiera ser invisible por un día. Dejar que otros se ocuparan de ciertas cosas. Me gustaría sentirme como tú te sientes cuando observas detenidamente los árboles, aunque ya los hayas visto el día anterior.
En aquel momento me hubiese gustado tener un espejo para poder ver mi cara de asombro al escuchar todas las palabras que salían de su boca. No me lo podía creer… No me podía creer que April, la dura y fría April estuviera hablando de todo eso de verdad.
- Pero April… Creía… No sé, que a ti estas cosas, pues como que no. Que tu vida era perfecta para ti. Es decir, eres tan… Bueno, quiero decir que… En fin, que tú…
Había veces que una vocecilla interior me decía una y otra vez ‘¿Pero para qué abres esa bocaza? Con lo guapa que estás callada’. Y no le hacía caso. ¿Por qué demonios no le hacía caso? Decididamente, animar no era uno de mis fuertes.
- Lo es. Seguramente todas las chicas del mundo matarían por estar en mi piel. Soy inteligente, guapa, perseverante, perfecta y tengo los ojos azules…
- Y no tienes abuela- reafirmé aguantándome la risa.
- Ni tengo abuela, ni tengo familia- finalizó sonriendo.
- Vaya… Pensaba que tu padre…
- ¿Mi padre? No existe. ¿Mi madre? Tampoco existe. ¿Hermanas? No tengo… Salvo una torpe hermanastra que lo único que hace es decirme lo que tengo o no tengo que hacer.
- ¿Y eso te hace feliz?- pregunté. Yo tenía hermanos, teníamos nuestros más o nuestros menos, pero al fin y al cabo, éramos hermanos.
- ¿Feliz? La felicidad es un mito, Cristel.- clavó sus ojos en los míos- ¿De verdad crees que alguien puede morirse de amor por otra persona, por ejemplo? Que va. El mundo está demasiado ocupado girando. La gente va a su rollo, sin percatarse de nadie más que no sean ellos mismos.
- Es muy triste que pienses así.
- Nadie me ha demostrado lo contrario…
- ¿Ni siquiera Nico?
- ¿Nicholas?- rió- Ni siquiera Nicholas.
- No me lo creo. Apostaría lo que fuera que él si te lo ha demostrado muchas veces. Infinidad de veces, me atrevería a decir.
- ¿Por qué crees eso?
- Por su forma de ser. Por su forma de dar consejos, de hablar… Incluso por su forma de mirar podría deducir que ha hecho un montón de cosas por ti.
- Puede que él piense que sí, por eso nunca le he querido quitar la ilusión.- finalizó riendo.
Ella cogió un palo del suelo y se puso a juguetear con él. Dijera lo que dijera, aquella April que tenía delante no era la de siempre.
- Me gustaría que me respondieras… Em… Hoy estás un tanto…
- Si supieras la rabia que me da cuando te pones a tar-tar… Tartamudear.- dijo enfadada.
- Yo no tartamudeo, solo que…- la miré- Prefiero pensar las palabras antes de que las vuelvas contra mí.
- Pensar, pensar, pensar… ¡Siempre pensar! ¿Has probado en no hacerlo tanto?
- ¿Y tú has probado en hacerlo?
- Estoy harta de tus preguntitas.
- Si te fastidian tantas cosas de mí, no entiendo por qué razón no me dejas ni a sol ni a sombra.
- Tal vez lo tendría que hacer, porque cada vez que hablo contigo se me pone un dolor de cabeza…- dijo apoyando la frente en una de sus piernas.
Caminé hacia el tronco para recriminarle, pero al final me callé y me senté a su lado en completo silencio.
- Realmente la mayoría de gente se iría al decirles esto- añadió con la cabeza aún agachada.
- ¿Es lo que pretendes?
Ella solo se encogió de hombros. Verdaderamente, April o bien era bipolar o solo me tomaba el pelo por diversión.
- De todas maneras me estás contando parte de tu vida… ¿A qué se debe semejante honor?- pregunte irónicamente.
- ¿Quién te dice que esa sea mi vida?- alzó la vista hacia la nada- Mi vida, en teoría, no existe…
- Enserio, este ‘tú’ tan melancólico me está asustando… De hecho creo que me asusta más que el tú de siempre.
- Puf… Me siento mal… Creo que no debería haber bebido tanto- afirmó tumbándose a lo largo en el tronco, casi tirándome de donde yo estaba sentada.
- ¿Anoche bebiste? ¿Cuánto?
- ¡Yo que se!... Bebí y punto. Lo que pasa es que esta mañana también lo he hecho y ahora…
- Mira que eres tonta- le reñí.
- Eso, tú ahora, como buena madre, échame un sermón.
- A ver que yo me entere… ¿Se supone que porque estás en ese estado, me estás contando algo de tu vida?
- Soy plenamente consciente de lo que te estoy contando, pero… Sí, se supone que algo influye.
- Vaya, tendré que plantearme seriamente emborracharte cada vez que quiera saber más de ti.
- Dudo que puedas seguir mi ritmo. Antes entras en un coma etílico.
- ¿Nadie te ha dicho nunca que tienes una enorme facilidad para destacar en las cosas más inservibles?
- No, pero tú has tardado más de la cuenta en decírmelo…
- A veces me da por pensar que debería haber hecho caso mi padre cuando me quiso cambiar de internado. Lo más probable es que mi vida continuaría en su sitio y tú no estarías tocándome la moral a cada minuto.
- Me aburres- dijo incorporándose- Además, hubiese dado contigo igualmente.
- Eso sí que tiene gracia. Decididamente estás muy borracha.
- ¿Por qué? ¿Lo dudas?- preguntó fijando sus ojos en los míos.
- Esta vez soy yo la que cree que la conversación está durando demasiado.
- ¿Qué dudas exactamente?
- ¿Que qué dudo?- pregunté riendo.
- ¿Acaso sabes la razón que tuve para venir aquí?
- ¿Acaso te has picado por algo?
- No me he picado por nada. Pero si no sabes de lo que hablas, mejor cállate.
- ¡Hombre! Ya decía que la verdadera April tardaba en dar señales de vida.
- Paso de ti. Me largo a dormir.
Se levantó rápidamente del tronco, tiró el palo con el que jugaba bien lejos y emprendió el camino hacia el sendero. Al poco de adentrarse, sacó la cabeza.
- ¿Vienes o qué? Que se venir pero no volver, joder.
jueves, 2 de diciembre de 2010
sábado, 27 de noviembre de 2010
Capítulo 37: Menos da una piedra
- No. Te conocí en la fiesta.- respondió Nico.
- Pero te sorprendiste cuando me presenté.
- Sí, pero no fue porque te conociera. Simplemente quizás habría escuchado a April mencionarte y me quedé con tu nombre en el subconsciente.
- ¿Desde cuando la conoces?
- ¿A April? Pues… Desde los once o doce años. Coincidimos un verano en Viena y otro en San francisco.
- Entonces podrás contarme muchas cosas, ¿no?
- No- zanjó- Que sepa cosas de ella no quiere decir que te las cuente todas. Si ella no habla contigo, no soy quién para hacerlo.
- El otro día me dijo que contigo no hablaba de todo…
- Y no lo hace. Solo que he aprendido a leerle la mente- añadió riendo.
- Cuando me aconsejabas…
- Nada de eso- me cortó- Puede que pensara que hablabas de April, pero no lo daba por supuesto. Es más, en ningún momento te animé a hacer ninguna locura… ¿O sí?
En eso estaba en lo cierto. Él no me había incitado a hacer ninguna de las cosas que había hecho. Quizás incluso Nico trataba de advertirme a su manera.
- Y… ¿Por qué me dijiste que no era como las demás? ¿A qué te referías?
Nicholas se removió en el asiento inquieto. Tal vez aquel día dijera cosas que no debería haber dicho sin pensarlas antes.
- Es complicado, Cris…
- Se me dan bien las cosas complicadas- apunté.
- Es que no sé cómo explicarlo… En el tiempo que llevo con April, pues... Puede que haya hecho cosas que no son muy…
- ¿Normales?
- Ni normales, ni legales, ni siquiera…- no terminó la frase- Son cosas propias de ella.
- Pero con lo reservada qué es, sigo sin creerme que sepas estas cosas sin hablar con April de nada.
- Solo hablamos de lo que ella quiere. Si hacemos algo también es por que ella quiere. Esto va así. Lo que ocurre es que si por casualidad me entero de algo que le concierne, mientras no sea de su vida privada, pues le da lo mismo. Pero si le tocas la fibra de meterte demasiado en su vida o en cosas que no quiere compartir, entonces salta.
- ¿Qué es eso que busca?
Esta vez sí. Nico se recolocó bien en la silla, fijando sus ojos en los míos. Su rostro se contrajo duramente al mismo tiempo que su mirada se heló por unos segundos.
- Eso sí que no te incumbe para nada- añadió a la defensiva.
- ¿Por qué no? Quiero saberlo.
- Aquí no cuenta lo que tú quieras, así que mantente al margen. Y ni se te ocurra mencionar este tema con April, sino te enviará a la mierda, hablando en plata.
- No sería la primera vez…- dije suspirando.
- Cris, no la quieras de enemiga, enserio… Si lo que quieres es que te deje en paz, cánsala, haz que te odie si hace falta, pero por nada del mundo entres en su juego.
- ¿Sabes que todo esto que me estás contando, no me ayuda en absoluto? Es más, me estás pintando a una April que…
- Tal vez seas tú la quiere ver a una April distinta. Pero ella es así, no trates de buscar una razón porque no la hay.
Eso era imposible. ¿Acaso Nico me estaba diciendo que ella tenía diferentes caras? Por un lado no me extrañó si me ponía a pensar en el domingo que quedamos. Aquel día se comportó casi como una persona normal, pero en cuanto llegamos al Internado, volvió a ser la de siempre… ¿Era posible que mantuviera su propio yo atado, sin dejarlo salir nunca?
- ¿Qué piensas?- pregunto él.
- Ya sabes lo que pienso.
Nicholas se levantó definitivamente de la silla, dejándola de malas maneras y sentándose en el lado de la cama que momentos antes había ocupado Karol.
- Te queda solamente un año de estar aquí, créeme si te digo que ella se cansará mucho antes si le das lo que quiere.
- ¿Qué pretendes que sea? ¿Algún tipo de marioneta o algo?
- Si eres igual que todas, pasará de ti y tú podrás volver a lo de siempre. Eso es lo que quieres… ¿No?
- Sí… Claro que es lo que… Quiero- finalicé.
- Entonces sabes perfectamente lo que debes hacer.- me miró- No creas que te digo esto por fastidiarte ni mucho menos, pero ella es demasiado… Ella. Llevo desde los once años intentando entenderla así que imagínate el panorama.
- Pero no tiene por qué ser igual…
- Cris, no tienes que intentar entenderla. No sirve. Simplemente… No pienses. Así te irá mejor.
- Es muy fácil decirlo, tú al menos llevas algunos años con ella y puedes saber más o menos de qué va cuando le dan sus ataquitos…
- Ya… Bueno, seguramente no te gustaría estar en mi lugar la mayoría de veces.- añadió con algo de pena en sus ojos.
Me quedé callada. Él tan solo agachó la cabeza y así pasamos un par de minutos. Al final él se levantó sin dirigirme ni una sola mirada.
- Será mejor que me vaya, pronto sonará la alarma.- por fin me miró- Si necesitas cualquier cosa, lo que sea, puedes llamarme. Lo sabes, ¿verdad?
Asentí justo en el mismo momento en el que Nico se dirigía a la salida.
* * *
No se cómo, pero volví a dormirme. En esas horas pude dormir tranquilamente, lo que me extrañó enormemente. Ni una sola pesadilla asomó entre mis sueños. Nada de nada. Supuse que quizás tan solo fueron a causa de la fiebre o de algún tipo de virus y que ya estaba en perfectas condiciones. Julia no pensaba igual, así que me obligó a hacerme un análisis de sangre entre otras tantas pruebas para asegurarse de que ya estaba al cien por cien. Por suerte todo pareció estar en su lugar.
La hora del descanso apareció para la alegría de la mayoría de estudiantes. Todos se apresuraron hacia las salidas queriendo salir a despejarse bajo el cielo inmenso sin una nube de aquel día. April caminaba por el pasillo hasta que una voz a lo lejos le hizo detenerse. De todas maneras tenía que ir a su taquilla, así que mientras la figura se acercaba a ella, aprovechó para guardar algunas cosas.
- ¿Qué tal Nico?- preguntó sin tan siquiera mirarle- Ya que estás aquí, espero que dentro de un par de días estés libre, que necesito que me acerques a unos sitios.
- Yo no soy tu chofer. Si quieres un tour, contrata a alguien- respondió cortante.
- ¿Qué mosca te ha picado?- le miró con desgana- Tú por si acaso no hagas planes.
- ¿Te crees que voy a estar a tu disposición cuando a ti te de la gana?
April cerró de un portazo la taquilla. Los alumnos que pasaron por su lado se le quedaron mirando con curiosidad.
- ¿Pero qué coño te pasa, imbécil? Haz el favor de no tocarme las narices y hacer lo que yo te diga si no quieres que…
- ¿Qué, qué? ¿Eh? ¿Qué, qué, April? Dímelo, venga.- dijo acorralándola cerca de las taquillas- ¿Sabes qué? Estoy harto de seguirte en todo. A partir de hoy búscate a otra persona que manejar para tu propio provecho porque yo termino aquí y ahora. ¿Te queda claro?
Nicholas se separó de ella sin quitarle la vista. April no se inmutó, solo puso su cara de póker de siempre. Él se giró para emprender el camino pero una mano le agarró del brazo, frenándole.
- Al menos dime a qué viene ésta sublevación, ¿no?- pregunto de nuevo con sorna.
- Ese es tu problema, te lo tomas todo a broma- añadió Nico con algo de enfado- Tal vez deberías preocuparte por otras cosas, además de ti…
- ¿Como por ejemplo?- le increpó fríamente- No sé, dime el qué Nicholas… Parece que hoy tienes respuestas para todo.
- ¿Has ido a ver a Cris?
April fijó sus ojos en los de él antes de dibujar una media sonrisa en su rostro.
- ¿A Cristel? ¿Para qué iba yo a ver a Cristel?
- Eres increíble- dijo él soltando una risotada- Pero… ¿Qué esperaba que me dijeras? Es propio de ti hacer lo que haces…
- ¿Y qué es exactamente lo que hago?- quiso saber ella.
- La idiota, eso es lo que haces.
- Te estás pasando de la raya, Nicholas. Si fuera tú cerraría la boca a la de ya.
- ¿Crees que te tengo miedo? Nadie más que yo puede saber lo que eres capaz de hacer, pero aún así…- pegó un resoplido- Esta vez no, April. Deja de jugar, acaba de una maldita vez tu juego.
- No tengo ni la menor de idea de lo que me estás hablando.
- Sí lo sabes. Lo sabes de sobra.- ella se removió cansada en su sitio- Ya no solo por tu bien, también por el de ella. Déjalo estar.
- ¿Qué te pasa, Nico? Antes no ponías tantas pegas…- se acercó a él- ¿Qué te pasa? ¿Por qué no es igual? ¡No me digas!- rió- No me lo digas… ¿El pequeño Nicholas se ha enamorado? Ohhh, qué tierno. Es muy bonito, Nico, enserio, me parece estupendo. Pero ya sabes lo que dicen: ‘Yo la vi primero’- aclaró riendo.
Él pegó una manotada a la taquilla. Por suerte todo el mundo se había ido fuera, dejándoles completamente solos en medio de aquel silencioso pasillo.
- Vaya, sí que debe ser muy importante para ti Cristel… Para que te pongas de esta manera.- añadió sonriendo.
- De acuerdo. Por las buenas no da resultado…- sus ojos verdes buscaron los de ella- ¿Qué te parecería si se lo contara absolutamente todo a Cris? ¿Eso te gustaría más?
April emitió una especie de gruñido. Su mirada se volvió a tornar oscura.
- Antes te mato, ¿entiendes eso? Juro que te mato, Nico.
- ¿Por qué? Si es igual que siempre. Si siempre es lo mismo. ¿Por qué no?
- Mi vida es mía y mis problemas son míos, como se te ocurra compartirlos con alguien… Ya puedes empezar a correr y a esconderte…
- ¿Cuál es el problema? ¿Qué lo cuente o que se lo cuente a Cris?
- ¡Joder! ¡Que Cristel me importa una mierda!- chilló cogiendo del cuello a Nico- Pero como se te ocurra abrir la boca sobre mí o sobre lo que quiero, tendremos un serio problema tú y yo. ¿¡Lo entiendes o no lo entiendes!?- terminó gritando.
- Está bien, ya tengo todo lo que necesitaba.- dijo sonriendo.
April le miró con incredulidad, soltándole el cuello de la camisa. Él se alejó un poco dando unos pasos hacia detrás.
- ¿A qué te refieres con eso último?- preguntó un tanto enfadada.
- Son cosas mías… Solo mías- finalizó lanzándole una mirada.
- No intentes jugármela.- le amenazó.
- Tranquila- dijo él levantando las manos, rendido- Ni se me pasaría por la cabeza.
April le empujó para poder irse de su lado. Nico le siguió con la vista hasta que se perdió escaleras abajo, después sacó de su bolsillo el móvil y cerró la aplicación ‘grabadora de voz’.
- Sí tú no la dejas, haré que ella te mande a la mierda.- finalizó entre dientes, sujetándolo con fuerza.
- Pero te sorprendiste cuando me presenté.
- Sí, pero no fue porque te conociera. Simplemente quizás habría escuchado a April mencionarte y me quedé con tu nombre en el subconsciente.
- ¿Desde cuando la conoces?
- ¿A April? Pues… Desde los once o doce años. Coincidimos un verano en Viena y otro en San francisco.
- Entonces podrás contarme muchas cosas, ¿no?
- No- zanjó- Que sepa cosas de ella no quiere decir que te las cuente todas. Si ella no habla contigo, no soy quién para hacerlo.
- El otro día me dijo que contigo no hablaba de todo…
- Y no lo hace. Solo que he aprendido a leerle la mente- añadió riendo.
- Cuando me aconsejabas…
- Nada de eso- me cortó- Puede que pensara que hablabas de April, pero no lo daba por supuesto. Es más, en ningún momento te animé a hacer ninguna locura… ¿O sí?
En eso estaba en lo cierto. Él no me había incitado a hacer ninguna de las cosas que había hecho. Quizás incluso Nico trataba de advertirme a su manera.
- Y… ¿Por qué me dijiste que no era como las demás? ¿A qué te referías?
Nicholas se removió en el asiento inquieto. Tal vez aquel día dijera cosas que no debería haber dicho sin pensarlas antes.
- Es complicado, Cris…
- Se me dan bien las cosas complicadas- apunté.
- Es que no sé cómo explicarlo… En el tiempo que llevo con April, pues... Puede que haya hecho cosas que no son muy…
- ¿Normales?
- Ni normales, ni legales, ni siquiera…- no terminó la frase- Son cosas propias de ella.
- Pero con lo reservada qué es, sigo sin creerme que sepas estas cosas sin hablar con April de nada.
- Solo hablamos de lo que ella quiere. Si hacemos algo también es por que ella quiere. Esto va así. Lo que ocurre es que si por casualidad me entero de algo que le concierne, mientras no sea de su vida privada, pues le da lo mismo. Pero si le tocas la fibra de meterte demasiado en su vida o en cosas que no quiere compartir, entonces salta.
- ¿Qué es eso que busca?
Esta vez sí. Nico se recolocó bien en la silla, fijando sus ojos en los míos. Su rostro se contrajo duramente al mismo tiempo que su mirada se heló por unos segundos.
- Eso sí que no te incumbe para nada- añadió a la defensiva.
- ¿Por qué no? Quiero saberlo.
- Aquí no cuenta lo que tú quieras, así que mantente al margen. Y ni se te ocurra mencionar este tema con April, sino te enviará a la mierda, hablando en plata.
- No sería la primera vez…- dije suspirando.
- Cris, no la quieras de enemiga, enserio… Si lo que quieres es que te deje en paz, cánsala, haz que te odie si hace falta, pero por nada del mundo entres en su juego.
- ¿Sabes que todo esto que me estás contando, no me ayuda en absoluto? Es más, me estás pintando a una April que…
- Tal vez seas tú la quiere ver a una April distinta. Pero ella es así, no trates de buscar una razón porque no la hay.
Eso era imposible. ¿Acaso Nico me estaba diciendo que ella tenía diferentes caras? Por un lado no me extrañó si me ponía a pensar en el domingo que quedamos. Aquel día se comportó casi como una persona normal, pero en cuanto llegamos al Internado, volvió a ser la de siempre… ¿Era posible que mantuviera su propio yo atado, sin dejarlo salir nunca?
- ¿Qué piensas?- pregunto él.
- Ya sabes lo que pienso.
Nicholas se levantó definitivamente de la silla, dejándola de malas maneras y sentándose en el lado de la cama que momentos antes había ocupado Karol.
- Te queda solamente un año de estar aquí, créeme si te digo que ella se cansará mucho antes si le das lo que quiere.
- ¿Qué pretendes que sea? ¿Algún tipo de marioneta o algo?
- Si eres igual que todas, pasará de ti y tú podrás volver a lo de siempre. Eso es lo que quieres… ¿No?
- Sí… Claro que es lo que… Quiero- finalicé.
- Entonces sabes perfectamente lo que debes hacer.- me miró- No creas que te digo esto por fastidiarte ni mucho menos, pero ella es demasiado… Ella. Llevo desde los once años intentando entenderla así que imagínate el panorama.
- Pero no tiene por qué ser igual…
- Cris, no tienes que intentar entenderla. No sirve. Simplemente… No pienses. Así te irá mejor.
- Es muy fácil decirlo, tú al menos llevas algunos años con ella y puedes saber más o menos de qué va cuando le dan sus ataquitos…
- Ya… Bueno, seguramente no te gustaría estar en mi lugar la mayoría de veces.- añadió con algo de pena en sus ojos.
Me quedé callada. Él tan solo agachó la cabeza y así pasamos un par de minutos. Al final él se levantó sin dirigirme ni una sola mirada.
- Será mejor que me vaya, pronto sonará la alarma.- por fin me miró- Si necesitas cualquier cosa, lo que sea, puedes llamarme. Lo sabes, ¿verdad?
Asentí justo en el mismo momento en el que Nico se dirigía a la salida.
* * *
No se cómo, pero volví a dormirme. En esas horas pude dormir tranquilamente, lo que me extrañó enormemente. Ni una sola pesadilla asomó entre mis sueños. Nada de nada. Supuse que quizás tan solo fueron a causa de la fiebre o de algún tipo de virus y que ya estaba en perfectas condiciones. Julia no pensaba igual, así que me obligó a hacerme un análisis de sangre entre otras tantas pruebas para asegurarse de que ya estaba al cien por cien. Por suerte todo pareció estar en su lugar.
La hora del descanso apareció para la alegría de la mayoría de estudiantes. Todos se apresuraron hacia las salidas queriendo salir a despejarse bajo el cielo inmenso sin una nube de aquel día. April caminaba por el pasillo hasta que una voz a lo lejos le hizo detenerse. De todas maneras tenía que ir a su taquilla, así que mientras la figura se acercaba a ella, aprovechó para guardar algunas cosas.
- ¿Qué tal Nico?- preguntó sin tan siquiera mirarle- Ya que estás aquí, espero que dentro de un par de días estés libre, que necesito que me acerques a unos sitios.
- Yo no soy tu chofer. Si quieres un tour, contrata a alguien- respondió cortante.
- ¿Qué mosca te ha picado?- le miró con desgana- Tú por si acaso no hagas planes.
- ¿Te crees que voy a estar a tu disposición cuando a ti te de la gana?
April cerró de un portazo la taquilla. Los alumnos que pasaron por su lado se le quedaron mirando con curiosidad.
- ¿Pero qué coño te pasa, imbécil? Haz el favor de no tocarme las narices y hacer lo que yo te diga si no quieres que…
- ¿Qué, qué? ¿Eh? ¿Qué, qué, April? Dímelo, venga.- dijo acorralándola cerca de las taquillas- ¿Sabes qué? Estoy harto de seguirte en todo. A partir de hoy búscate a otra persona que manejar para tu propio provecho porque yo termino aquí y ahora. ¿Te queda claro?
Nicholas se separó de ella sin quitarle la vista. April no se inmutó, solo puso su cara de póker de siempre. Él se giró para emprender el camino pero una mano le agarró del brazo, frenándole.
- Al menos dime a qué viene ésta sublevación, ¿no?- pregunto de nuevo con sorna.
- Ese es tu problema, te lo tomas todo a broma- añadió Nico con algo de enfado- Tal vez deberías preocuparte por otras cosas, además de ti…
- ¿Como por ejemplo?- le increpó fríamente- No sé, dime el qué Nicholas… Parece que hoy tienes respuestas para todo.
- ¿Has ido a ver a Cris?
April fijó sus ojos en los de él antes de dibujar una media sonrisa en su rostro.
- ¿A Cristel? ¿Para qué iba yo a ver a Cristel?
- Eres increíble- dijo él soltando una risotada- Pero… ¿Qué esperaba que me dijeras? Es propio de ti hacer lo que haces…
- ¿Y qué es exactamente lo que hago?- quiso saber ella.
- La idiota, eso es lo que haces.
- Te estás pasando de la raya, Nicholas. Si fuera tú cerraría la boca a la de ya.
- ¿Crees que te tengo miedo? Nadie más que yo puede saber lo que eres capaz de hacer, pero aún así…- pegó un resoplido- Esta vez no, April. Deja de jugar, acaba de una maldita vez tu juego.
- No tengo ni la menor de idea de lo que me estás hablando.
- Sí lo sabes. Lo sabes de sobra.- ella se removió cansada en su sitio- Ya no solo por tu bien, también por el de ella. Déjalo estar.
- ¿Qué te pasa, Nico? Antes no ponías tantas pegas…- se acercó a él- ¿Qué te pasa? ¿Por qué no es igual? ¡No me digas!- rió- No me lo digas… ¿El pequeño Nicholas se ha enamorado? Ohhh, qué tierno. Es muy bonito, Nico, enserio, me parece estupendo. Pero ya sabes lo que dicen: ‘Yo la vi primero’- aclaró riendo.
Él pegó una manotada a la taquilla. Por suerte todo el mundo se había ido fuera, dejándoles completamente solos en medio de aquel silencioso pasillo.
- Vaya, sí que debe ser muy importante para ti Cristel… Para que te pongas de esta manera.- añadió sonriendo.
- De acuerdo. Por las buenas no da resultado…- sus ojos verdes buscaron los de ella- ¿Qué te parecería si se lo contara absolutamente todo a Cris? ¿Eso te gustaría más?
April emitió una especie de gruñido. Su mirada se volvió a tornar oscura.
- Antes te mato, ¿entiendes eso? Juro que te mato, Nico.
- ¿Por qué? Si es igual que siempre. Si siempre es lo mismo. ¿Por qué no?
- Mi vida es mía y mis problemas son míos, como se te ocurra compartirlos con alguien… Ya puedes empezar a correr y a esconderte…
- ¿Cuál es el problema? ¿Qué lo cuente o que se lo cuente a Cris?
- ¡Joder! ¡Que Cristel me importa una mierda!- chilló cogiendo del cuello a Nico- Pero como se te ocurra abrir la boca sobre mí o sobre lo que quiero, tendremos un serio problema tú y yo. ¿¡Lo entiendes o no lo entiendes!?- terminó gritando.
- Está bien, ya tengo todo lo que necesitaba.- dijo sonriendo.
April le miró con incredulidad, soltándole el cuello de la camisa. Él se alejó un poco dando unos pasos hacia detrás.
- ¿A qué te refieres con eso último?- preguntó un tanto enfadada.
- Son cosas mías… Solo mías- finalizó lanzándole una mirada.
- No intentes jugármela.- le amenazó.
- Tranquila- dijo él levantando las manos, rendido- Ni se me pasaría por la cabeza.
April le empujó para poder irse de su lado. Nico le siguió con la vista hasta que se perdió escaleras abajo, después sacó de su bolsillo el móvil y cerró la aplicación ‘grabadora de voz’.
- Sí tú no la dejas, haré que ella te mande a la mierda.- finalizó entre dientes, sujetándolo con fuerza.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Capítulo 36: No entiendo nada...
Las piernas me flaquearon sin llegar a fallarme del todo.
- Cristel si es una broma, no tiene gracia…- dijo April con seriedad.
- Yo… Es que… La cabeza me da vueltas- acerté a decir.
- ¿Lo dices de verdad? ¡Eh! ¿Me oyes?- preguntó otra vez.
Era obvio que no. Mi mente se teletransportó sola a un lugar desconocido para mis ojos. Perdí la noción del tiempo. Sin comerlo ni beberlo, me vi en medio de un bosque inmenso, delante de algo que no acababa de distinguir.
- ¿Dónde…? ¿Dónde estoy?- pregunté en alto.
- ¿Pero qué dices? ¿Estás desvariando o qué?
- No sé… Todo es extraño…- respondí cayendo poco a poco al suelo.
- Cristel, levanta… Déjate de tonterías y levántate. ¡Venga!- chilló.
- Es que no puedo… Este sitio lo conozco… ¿Por qué lo conozco?- pregunté algo asustada.
- ¿De qué hablas? ¡Mírame! ¡Cristel!
Caí redonda al suelo con los ojos cerrados. Lo veía. Veía frente a mí un claro más grande que el del internado. El cielo estaba oscuro a causa de las débiles gotas de lluvia que caían encima de mi cabeza. Un tumulto de gente alborotada se juntaba en el centro, profiriendo gritos los unos con los otros. Un chico joven de ojos claros intentaba calmar el griterío con palabras suaves. Una chica de ojos color miel, entonó un enorme chillido que el chico aprovechó para empezar a hablar.
- ¡Calmaos! ¡Sé que ansiáis que el consejo dé el visto bueno, pero sabéis cómo funciona! ¡Sin pruebas, no hay crimen!
- ¡Pero todos lo vimos! ¡Nos quemaron el granero con Remek dentro!- gritó un señor de unos cuarenta años.
- ¡Sed sinceros, no lo visteis! ¡Remek era idiota, seguro que estaba haciendo lo que no debía!- sentenció.
Contemplé la escena desde la lejanía en pie, tratando de reconocer alguna cara, pero no tuve suerte. Toda aquella gente era una extraña para mí. ¿Qué me estaba pasando? La cabeza empezó a dolerme más de lo normal. Me arrodillé en un esfuerzo de frenar el dolor. Cuando alcé la vista, el chico de ojos azules claros se arrodilló también para mirarme fijamente. Me cogió del hombro.
- Desaparecerá contigo si no le ayudas- dijo apenado.
Nada más tocarme, una luz cegó las imágenes prohibiendo que siguiera viéndolas.
Cuando logré abrir los ojos, pude ver algunas cabezas postradas ante mí. Me incorporé un poco, lo suficiente para que algunos me ayudaran a levantarme.
- ¡Cris! ¿Qué te ha pasado?- preguntó Paula asustada.
No contesté porque la voz la tenía escondida dentro de mi garganta. Apenas gozaba de equilibrio sin apoyarme en dos mesas a la vez.
- Tendría que ir a la enfermería a que la viera Julia- afirmó April tranquilamente.
- Será lo mejor- añadió Lara haciendo un gesto a Paula para que no dijera lo que pensaba.
- Como quieras- resopló Paula molesta lanzando una mirada de odio a April.
Bayron y Paula me llevaron como pudieron a ver a Julia. La clase se disipó con la llegada del profesor de matemáticas. April quiso salir de clase, venir con nosotros hasta la puerta de la enfermería, pero Lara no le dejó.
- ¿Qué crees que haces?- preguntó con cara de asco a Lara.
- Será mejor que te quedes aquí.
- ¿Por qué tú lo digas? Voy a ver a Cristel.
- De eso nada- Lara le miró- Ya has hecho bastante por ella.
- Tú a mí no me prohíbes nada, ¿entiendes?- contestó fríamente.
- Te explico…- Lara miró directamente sus ojos- O te quedas aquí por las buenas o te quedas aquí por las malas… Créeme si te digo que yo no soy ni Paula ni Karol. Puedo llegar a ser tu peor pesadilla, April, así que deja a Cris de una puta vez en paz.
April se inclinó con aire de superioridad hacia Lara, que le sostuvo la mirada hasta que ella abrió la puerta y desapareció por el pasillo. Eso sí, por el lado opuesto de la enfermería.
Lara respiró tranquila antes de ir a hablar con el profesor y contarle lo sucedido hacía unos minutos.
En cuanto Julia me vio aparecer, se quedó mirando a Paula.
- Vaya, vosotras sois un grupo propenso a los accidentes por lo que veo. Primero la señorita April Lemacks, después Lara Banks, ahora la señorita Cristel… - apuntó algo en una libreta- ¿Le guardo una cama, señorita Evans?
- Muy graciosa Julia, pero ¿¡podrías hacernos caso de una vez!?- preguntó Paula un tanto nerviosa.
Julia me guió a regañadientes hasta una cama en la cual me estuvo haciendo distintas pruebas para comprobar mi estado.
- Te veo bien, pero como me han dicho que has perdido el conocimiento, será mejor que te quedes aquí un par de días. ¿Te parece bien?
Asentí por asentir. Ciertamente aún no me había recuperado del trance, ni siquiera estaba segura de dónde estaba.
Al final me quedé un día y medio en observación. Aquella misma noche no pude dormir a causa de un sueño, casi pesadilla, que se repetía una vez, otra, otra… Daba vueltas en la cama con sudores fríos recorriendo mi cara. Me desvelé por lo menos tres o cuatro veces, así que al final me quedé despierta. Entonces recapacité mentalmente las imágenes del desmayo en clase. ¿Quién se suponía que era ese chico? ¿Por qué aquel lugar me resultaba tan familiar? ¿Y por qué ahora me pasaba eso? La cabeza me dio punzadas. Desistí en el empeño de encontrar una respuesta y por cansancio terminé por dormirme hasta el día siguiente.
Una voz dulce despertó mi subconsciente y por lo tanto a mí. Me moví buscando una postura en la que no me doliera todo el cuerpo.
- Hey, princesa… ¿Cómo te encuentras?
Eric me miraba sentado en una silla. Hacía ver que sonreía aunque sabía que él esperaba una respuesta afirmativa a esa pregunta.
- Me duele todo… Pero estoy bien, gracias- contesté pasándome la mano por la frente.
- Me alegro. No sabes el susto que nos distes a todos, ¿eh?
- Ya, bueno… Fue solo un dolor de cabeza.
- Creo que fue más que eso, pero lo que importa es que estás bien.
Sonreí forzadamente. Eric bajó la mirada, quizás tratando de encontrar las palabras adecuadas para explicar su comportamiento todos esos días.
- Oye, Cris, quizás…
- ¿A que no te imaginas lo que me apetece?- él negó con la cabeza- ¿Recuerdas aquel libro que te regalaron por navidad? ¿El que me dejaste tantas veces para leer?
- Sí me acuerdo- rió.
- ¿Me lo traerías, por favor?- pregunté forzando una sonrisa en mi rostro.
- Claro, princesa.
En realidad lo que menos me apetecía era leer, pero sí estar sola. Era la mejor forma de ganar un poco de tiempo para pensar en cosas más importantes, empezando en averiguar el origen de aquellos sueños o de aquellas imágenes incesantes.
Eric se fue prometiendo que esa noche tendría el libro en mis manos, además de un
i-pod para escuchar música y no se qué cosas más. Lo único que pedí de verdad y porque sentí que lo necesitaba, fueron folios… Folios y un lápiz para poder expandir mi mente de otra manera en la que quizás me ayudaría más a ver las cosas desde otro ángulo. Dibujé todo lo que en ese momento acudía a mi cabeza. A veces tan solo podía conformarme con hacer dibujos de la enfermería, hasta que de nuevo un recuerdo golpeaba y volvía a enfundar el lápiz dispuesta a dibujarlo antes de que desapareciera. Por mucho que lo intenté, no conseguí nada. Apenas dibujé una especie de montaña, de bosque, un par de casas en la lejanía, un par de personas sin cara… En ese instante la frustración me invadió. ¿Cómo era posible que no supiera qué me sucedía? Algo había cambiado y de eso estaba totalmente segura.
Eric cumplió su promesa, incluso quiso quedarse. Por fortuna, y sintiéndolo mucho por él, Nico apareció haciendo que Eric se fuera enfuruñado. Él apenas se quedó un rato porque tenía una facilidad enorme para darse cuenta de cuando alguien sobraba… Así que no se lo tomó a mal. Me quedé de nuevo inmersa en la soledad de la enfermería, tratando de vislumbrar alguna cosa en mis dibujos, por tonta que fuera. Simplemente nada fue la respuesta. Otra vez.
Terminé cansada, con un dolor de cabeza tan grande, que nada más cerrar los ojos el silencio invadió mi mente. Eso fue al principio. Después los sueños volvieron con más frecuencia, acompañados de más dolor, de cosas sin sentido. Dormida, daba vueltas por la cama. Sudores fríos recorrían mi frente mientras quejidos afloraban de mi garganta. De nuevo aquel chico de ojos azules como trozos de cielo, me miraba atento a cada gesto. Cientos de personas iban y venían en medio de un pueblo desconocido a primera vista, rodeado de un bosque lo bastante grande como para perderte en él. Yo daba vueltas totalmente confundida alrededor de aquel lugar repleto de voces que retumbaban en mi cabeza. Nadie parecía darse cuenta de mi presencia, era como si estuviera viendo una película desde fuera, ajena a la vida cotidiana de aquellas personas.
- Es inútil seguir así… Tenemos que buscar una solución antes de que esto se nos vaya de las manos.
- ¿Y qué propones? ¿Iniciar una caza de brujas de la noche a la mañana?
- Sería lo propio. Sabes perfectamente quienes…
- ¡No! ¡No lo sé!- gritó el chico irritado- Axel, no podemos lanzar acusaciones al aire. Hay que ir con pies de plomo procurando no alzar mucho la voz. Derimea sabe lo que hace, esperemos a que haga efecto.
- Derimea es estúpida. Cree que con la magia negra conseguirá derrocar a Gretta y tanto tú como yo sabemos que no. Si fueras listo sabrías que con tu hermana de nuestro lado conseguiríamos algo más.
- No metas a mi hermana en esto. Te dije que ella no es nada extraordinaria.
- Sola no, pero con Clara…
- Clara cree que puede cambiar su ser, pero pronto se dará cuenta de que todo es en vano. Derimea está en ello.
- No solo ella, también lo está Serena.
- ¿Quién?
- Ya sabes, Alecc… Serena le fue asignada la tarea de vigilar a tu querida hermanita.
- ¿Eso desde cuando? ¿Por qué nadie me dijo nada?
- Pensaba que lo sabías.
- ¿Quién se cree que es Derimea para seguir a mi hermana? Soy yo el que se hace cargo de ella. Si diera alguna señal de magia, ten por seguro que yo me encargaría de que fuera de las nuestras, no de las remilgadas de las brujas blancas.
- Lo sé, Alecc, pero tal y como parecen ir las cosas entiendo que Gretta vigile a los dos bando por igual. Alguna cosa anda mal y nos incumbe a todos, sino ella no asumiría tantos riesgos.
- ¡Mierda! Serena no me gusta un pelo, aunque sea de las nuestras. Hay algo en su mirada que…
No terminó la frase. El tal Alecc se giró hacia mí, contemplándome como si me viera, cosa improbable. De toda aquella conversación escuché el final, distorsionado. Palabras, frases sueltas había logrado entender, pero con eso no iría a ningún sitio. De pronto las imágenes se paralizaron como si alguien hubiese presionado el botón de ‘Stop’. Sin embargo, Alecc venía directo hacia donde estaba. ‘No, otra vez no’ pensé mientras él continuaba caminando. Se agachó frente a mí antes de decir:
- Para ayudar, primero tienes que comprender.
Luego una luz destellante abordó mis pupilas haciéndome retroceder. Abrí los ojos exhalando una enorme bocanada de aire al mismo tiempo que me incorporé como un rayo, atenta a cada sombra que parecía haber en la habitación. Empecé a temblar un poco mientras el sudor apareció de nuevo en mi frente. Cuando me relajé, volví a tumbarme pero esta vez no me dormí. Estuve despierta hasta que de nuevo pensé que la mejor manera de distraerme era dibujar, así que agarré el papel y me puse manos a la obra. Si es cierto que tal vez los dibujos no me ayudarían, al menos lograrían cansarme aunque fuera un poco. Me distraje tanto, que sin darme cuanta se hizo de día.
- Cristel, tienes una visita mañanera- anunció Julia.
Sin prestar atención asentí con la cabeza sin dejar el lápiz a un lado. No levanté la cabeza del folio hasta que no escuché a una voz hablarme.
- ¡Buenos días Cris! ¿Cómo te encuentras?- canturreó Karol.
Alcé la vista dejando a un lado tanto el papel como el lápiz.
- Estoy mejor, gracias- sonreí haciendo un gran esfuerzo.
- Me ha comentado Julia que no has pasado buena noche…- dijo un poco apenada.
- Sí, bueno… Es que me dolía un poco la cabeza.
Ella se sentó en un lado de la cama. Se fijó en los dibujos y alargó la mano para cogerlos.
- ¿Puedo?- preguntó.
- Sí, claro. Toma.
Les echó un vistazo en silencio. Yo la miraba con el lápiz en la mano, jugueteando nerviosamente con él sin ser consciente.
- Parece que te relaje pintar…- me tendió un folio en blanco- Puedes seguir mientras hablo contigo.- dijo sonriendo como siempre.
- Últimamente es como si lo necesitara… Hacía tiempo que no dibujaba tanto.- dije aceptándolo.
- ¿No te gusta?
- Sí, pero es como un hobby. La verdad es que dedicarme a esto no me gustaría demasiado.
- ¿Por qué? Lo haces fantásticamente. Si se te da bien y te gusta, no entiendo la razón de no querer dedicarte a esto.
- Para mí es como correr, querría dedicarme a eso, pero está claro que no puedo basar mi vida en un sueño, por decirlo así. Además, dibujar para mí es un divertimento, si pasara a ser una obligación con fecha y hora de entrega quizás dejara de gustarme.
- ¿Solo por eso quieres ser arquitecta?
- No, claro que no. Eso me encanta. Tengo hasta suerte de que sea una buena carrera.
- Sinceramente, no te entiendo nada…- dijo Karol extrañada- Yo sí quisiera estar toda la vida con el arco en las manos.
- ¿No tienes ningún plan B?
- Em… Pues… Algo así- añadió mordiéndose el labio.
Reí. Después de la mala noche que había pasado, me hacía falta desconectar un poco de la pesadilla, empezar a tranquilizarme, a darme cuenta de que las pesadillas eran solo sueños. Malos sueños.
- ¿Qué estás dibujando ahora?
- Pues…- miré fijamente el boceto antes de dejárselo a ella- A ti… Eres lo único que aun no… No había dibujado.- dije carraspeando.
Karol contempló el dibujo con su sonrisa de siempre pintada en la cara. Mientras, yo saqué todos los demás dibujos que había hecho de la enfermería, de la ventana, de la verja, incluso del claro del bosque. Se los enseñé para afianzar la razón de haberla dibujado.
- He hecho bocetos, dibujos, hasta remodelaciones de la enfermería entera- reí- Creo que necesito salir a tomar el aire- finalicé pasándome la mano por la frente.
- Me gusta… Me gusta mucho.- sus ojos se encontraron con los míos- Cuando lo acabes, ¿me lo podré quedar?
- Si es lo que quieres… Vale, ¿por qué no? Pero antes tendrás que esperar a que lo pinte.
- No hace falta, en blanco y negro también está bien.
- Me apetece pintarlo. Te quedará mejor si te pinto tus…- me callé para agudizar el oído.
- ¿El qué?
Por un instante había jurado escuchar un ruido, como una especie de susurro. Miré a un lado sin que ella se diera cuenta para terminar diciéndome a mí misma que solo eran imaginaciones mías.
- Cris, ¿pasa algo? De pronto te has callado… ¿Busco a Julia?
- No, que va. Solo creía haber escuchado algo.
- ¿Qué ibas a decirme?
Cuando fui a contestarle, Nico entró de sopetón en la habitación. Karol se sobresaltó al no esperarse a nadie a esas horas, ya que ni siquiera eran las siete y media de la mañana.
- Ups… Lo siento, creí que estarías sola.- dijo excusándose.
Le sonreí hasta que recordé que supuestamente estaba enfadada con él, así que cambié el semblante hasta estar seria del todo. Karolina sin embargo se lo quedó mirando, expectante.
- Pues cuando hayáis acabado de hablar, me avisáis.
- No hace falta, yo ya me iba- anunció Karol.
- Es innecesario, Karol. Nicholas puede venir más tarde, ¿verdad?
- Sí… Supongo que sí.- se rindió él.
- Tranquila Cris, de todas maneras tengo que hacer unas cosas antes de ir a clase.- se levantó pasando por el lado de Nico- Encantada de conocerte… Más o menos.
Hasta que ella no se perdió detrás de la puerta de la enfermería, él no se movió del sitio. Luego cogió una silla y se sentó del revés cerca de mí.
- No te voy a preguntar porque veo que estás mejor que la última vez.
- Pues sí- añadí desganada.
- Dios, no me hagas lo mismo que me hace April cuando se enfada conmigo, ¿quieres? Tengo suficiente con ella, no necesito imitadoras.
- Tiene fácil solución- dije mientras continuaba pintando.
Nico me lanzó una mirada junto a un suspiro antes de volver a entablar la conversación.
- Sabes a qué he venido… Nos quedó una conversación pendiente, pero si no quieres hablar, me marcho.
Hizo el amago de irse, levantándose, agarrando la silla para ponerla en su lugar. Se encaminó hasta la puerta. Dejé de nuevo el folio para mirarle, era cierto que teníamos algo de qué hablar… Resoplé.
- Está bien. Si me vas a contestar a lo que te pregunte, quédate.
- No te prometo nada- contestó con sus ojos destellantes fijos en los míos.
Dudé. Estuve dudando durante un par de minutos a causa de todas las preguntas que se me venían a la cabeza. Tuve que centrarme y elegir las que más o menos me interesaban más.
- ¿Me conocías ya?
- Cristel si es una broma, no tiene gracia…- dijo April con seriedad.
- Yo… Es que… La cabeza me da vueltas- acerté a decir.
- ¿Lo dices de verdad? ¡Eh! ¿Me oyes?- preguntó otra vez.
Era obvio que no. Mi mente se teletransportó sola a un lugar desconocido para mis ojos. Perdí la noción del tiempo. Sin comerlo ni beberlo, me vi en medio de un bosque inmenso, delante de algo que no acababa de distinguir.
- ¿Dónde…? ¿Dónde estoy?- pregunté en alto.
- ¿Pero qué dices? ¿Estás desvariando o qué?
- No sé… Todo es extraño…- respondí cayendo poco a poco al suelo.
- Cristel, levanta… Déjate de tonterías y levántate. ¡Venga!- chilló.
- Es que no puedo… Este sitio lo conozco… ¿Por qué lo conozco?- pregunté algo asustada.
- ¿De qué hablas? ¡Mírame! ¡Cristel!
Caí redonda al suelo con los ojos cerrados. Lo veía. Veía frente a mí un claro más grande que el del internado. El cielo estaba oscuro a causa de las débiles gotas de lluvia que caían encima de mi cabeza. Un tumulto de gente alborotada se juntaba en el centro, profiriendo gritos los unos con los otros. Un chico joven de ojos claros intentaba calmar el griterío con palabras suaves. Una chica de ojos color miel, entonó un enorme chillido que el chico aprovechó para empezar a hablar.
- ¡Calmaos! ¡Sé que ansiáis que el consejo dé el visto bueno, pero sabéis cómo funciona! ¡Sin pruebas, no hay crimen!
- ¡Pero todos lo vimos! ¡Nos quemaron el granero con Remek dentro!- gritó un señor de unos cuarenta años.
- ¡Sed sinceros, no lo visteis! ¡Remek era idiota, seguro que estaba haciendo lo que no debía!- sentenció.
Contemplé la escena desde la lejanía en pie, tratando de reconocer alguna cara, pero no tuve suerte. Toda aquella gente era una extraña para mí. ¿Qué me estaba pasando? La cabeza empezó a dolerme más de lo normal. Me arrodillé en un esfuerzo de frenar el dolor. Cuando alcé la vista, el chico de ojos azules claros se arrodilló también para mirarme fijamente. Me cogió del hombro.
- Desaparecerá contigo si no le ayudas- dijo apenado.
Nada más tocarme, una luz cegó las imágenes prohibiendo que siguiera viéndolas.
Cuando logré abrir los ojos, pude ver algunas cabezas postradas ante mí. Me incorporé un poco, lo suficiente para que algunos me ayudaran a levantarme.
- ¡Cris! ¿Qué te ha pasado?- preguntó Paula asustada.
No contesté porque la voz la tenía escondida dentro de mi garganta. Apenas gozaba de equilibrio sin apoyarme en dos mesas a la vez.
- Tendría que ir a la enfermería a que la viera Julia- afirmó April tranquilamente.
- Será lo mejor- añadió Lara haciendo un gesto a Paula para que no dijera lo que pensaba.
- Como quieras- resopló Paula molesta lanzando una mirada de odio a April.
Bayron y Paula me llevaron como pudieron a ver a Julia. La clase se disipó con la llegada del profesor de matemáticas. April quiso salir de clase, venir con nosotros hasta la puerta de la enfermería, pero Lara no le dejó.
- ¿Qué crees que haces?- preguntó con cara de asco a Lara.
- Será mejor que te quedes aquí.
- ¿Por qué tú lo digas? Voy a ver a Cristel.
- De eso nada- Lara le miró- Ya has hecho bastante por ella.
- Tú a mí no me prohíbes nada, ¿entiendes?- contestó fríamente.
- Te explico…- Lara miró directamente sus ojos- O te quedas aquí por las buenas o te quedas aquí por las malas… Créeme si te digo que yo no soy ni Paula ni Karol. Puedo llegar a ser tu peor pesadilla, April, así que deja a Cris de una puta vez en paz.
April se inclinó con aire de superioridad hacia Lara, que le sostuvo la mirada hasta que ella abrió la puerta y desapareció por el pasillo. Eso sí, por el lado opuesto de la enfermería.
Lara respiró tranquila antes de ir a hablar con el profesor y contarle lo sucedido hacía unos minutos.
En cuanto Julia me vio aparecer, se quedó mirando a Paula.
- Vaya, vosotras sois un grupo propenso a los accidentes por lo que veo. Primero la señorita April Lemacks, después Lara Banks, ahora la señorita Cristel… - apuntó algo en una libreta- ¿Le guardo una cama, señorita Evans?
- Muy graciosa Julia, pero ¿¡podrías hacernos caso de una vez!?- preguntó Paula un tanto nerviosa.
Julia me guió a regañadientes hasta una cama en la cual me estuvo haciendo distintas pruebas para comprobar mi estado.
- Te veo bien, pero como me han dicho que has perdido el conocimiento, será mejor que te quedes aquí un par de días. ¿Te parece bien?
Asentí por asentir. Ciertamente aún no me había recuperado del trance, ni siquiera estaba segura de dónde estaba.
Al final me quedé un día y medio en observación. Aquella misma noche no pude dormir a causa de un sueño, casi pesadilla, que se repetía una vez, otra, otra… Daba vueltas en la cama con sudores fríos recorriendo mi cara. Me desvelé por lo menos tres o cuatro veces, así que al final me quedé despierta. Entonces recapacité mentalmente las imágenes del desmayo en clase. ¿Quién se suponía que era ese chico? ¿Por qué aquel lugar me resultaba tan familiar? ¿Y por qué ahora me pasaba eso? La cabeza me dio punzadas. Desistí en el empeño de encontrar una respuesta y por cansancio terminé por dormirme hasta el día siguiente.
Una voz dulce despertó mi subconsciente y por lo tanto a mí. Me moví buscando una postura en la que no me doliera todo el cuerpo.
- Hey, princesa… ¿Cómo te encuentras?
Eric me miraba sentado en una silla. Hacía ver que sonreía aunque sabía que él esperaba una respuesta afirmativa a esa pregunta.
- Me duele todo… Pero estoy bien, gracias- contesté pasándome la mano por la frente.
- Me alegro. No sabes el susto que nos distes a todos, ¿eh?
- Ya, bueno… Fue solo un dolor de cabeza.
- Creo que fue más que eso, pero lo que importa es que estás bien.
Sonreí forzadamente. Eric bajó la mirada, quizás tratando de encontrar las palabras adecuadas para explicar su comportamiento todos esos días.
- Oye, Cris, quizás…
- ¿A que no te imaginas lo que me apetece?- él negó con la cabeza- ¿Recuerdas aquel libro que te regalaron por navidad? ¿El que me dejaste tantas veces para leer?
- Sí me acuerdo- rió.
- ¿Me lo traerías, por favor?- pregunté forzando una sonrisa en mi rostro.
- Claro, princesa.
En realidad lo que menos me apetecía era leer, pero sí estar sola. Era la mejor forma de ganar un poco de tiempo para pensar en cosas más importantes, empezando en averiguar el origen de aquellos sueños o de aquellas imágenes incesantes.
Eric se fue prometiendo que esa noche tendría el libro en mis manos, además de un
i-pod para escuchar música y no se qué cosas más. Lo único que pedí de verdad y porque sentí que lo necesitaba, fueron folios… Folios y un lápiz para poder expandir mi mente de otra manera en la que quizás me ayudaría más a ver las cosas desde otro ángulo. Dibujé todo lo que en ese momento acudía a mi cabeza. A veces tan solo podía conformarme con hacer dibujos de la enfermería, hasta que de nuevo un recuerdo golpeaba y volvía a enfundar el lápiz dispuesta a dibujarlo antes de que desapareciera. Por mucho que lo intenté, no conseguí nada. Apenas dibujé una especie de montaña, de bosque, un par de casas en la lejanía, un par de personas sin cara… En ese instante la frustración me invadió. ¿Cómo era posible que no supiera qué me sucedía? Algo había cambiado y de eso estaba totalmente segura.
Eric cumplió su promesa, incluso quiso quedarse. Por fortuna, y sintiéndolo mucho por él, Nico apareció haciendo que Eric se fuera enfuruñado. Él apenas se quedó un rato porque tenía una facilidad enorme para darse cuenta de cuando alguien sobraba… Así que no se lo tomó a mal. Me quedé de nuevo inmersa en la soledad de la enfermería, tratando de vislumbrar alguna cosa en mis dibujos, por tonta que fuera. Simplemente nada fue la respuesta. Otra vez.
Terminé cansada, con un dolor de cabeza tan grande, que nada más cerrar los ojos el silencio invadió mi mente. Eso fue al principio. Después los sueños volvieron con más frecuencia, acompañados de más dolor, de cosas sin sentido. Dormida, daba vueltas por la cama. Sudores fríos recorrían mi frente mientras quejidos afloraban de mi garganta. De nuevo aquel chico de ojos azules como trozos de cielo, me miraba atento a cada gesto. Cientos de personas iban y venían en medio de un pueblo desconocido a primera vista, rodeado de un bosque lo bastante grande como para perderte en él. Yo daba vueltas totalmente confundida alrededor de aquel lugar repleto de voces que retumbaban en mi cabeza. Nadie parecía darse cuenta de mi presencia, era como si estuviera viendo una película desde fuera, ajena a la vida cotidiana de aquellas personas.
- Es inútil seguir así… Tenemos que buscar una solución antes de que esto se nos vaya de las manos.
- ¿Y qué propones? ¿Iniciar una caza de brujas de la noche a la mañana?
- Sería lo propio. Sabes perfectamente quienes…
- ¡No! ¡No lo sé!- gritó el chico irritado- Axel, no podemos lanzar acusaciones al aire. Hay que ir con pies de plomo procurando no alzar mucho la voz. Derimea sabe lo que hace, esperemos a que haga efecto.
- Derimea es estúpida. Cree que con la magia negra conseguirá derrocar a Gretta y tanto tú como yo sabemos que no. Si fueras listo sabrías que con tu hermana de nuestro lado conseguiríamos algo más.
- No metas a mi hermana en esto. Te dije que ella no es nada extraordinaria.
- Sola no, pero con Clara…
- Clara cree que puede cambiar su ser, pero pronto se dará cuenta de que todo es en vano. Derimea está en ello.
- No solo ella, también lo está Serena.
- ¿Quién?
- Ya sabes, Alecc… Serena le fue asignada la tarea de vigilar a tu querida hermanita.
- ¿Eso desde cuando? ¿Por qué nadie me dijo nada?
- Pensaba que lo sabías.
- ¿Quién se cree que es Derimea para seguir a mi hermana? Soy yo el que se hace cargo de ella. Si diera alguna señal de magia, ten por seguro que yo me encargaría de que fuera de las nuestras, no de las remilgadas de las brujas blancas.
- Lo sé, Alecc, pero tal y como parecen ir las cosas entiendo que Gretta vigile a los dos bando por igual. Alguna cosa anda mal y nos incumbe a todos, sino ella no asumiría tantos riesgos.
- ¡Mierda! Serena no me gusta un pelo, aunque sea de las nuestras. Hay algo en su mirada que…
No terminó la frase. El tal Alecc se giró hacia mí, contemplándome como si me viera, cosa improbable. De toda aquella conversación escuché el final, distorsionado. Palabras, frases sueltas había logrado entender, pero con eso no iría a ningún sitio. De pronto las imágenes se paralizaron como si alguien hubiese presionado el botón de ‘Stop’. Sin embargo, Alecc venía directo hacia donde estaba. ‘No, otra vez no’ pensé mientras él continuaba caminando. Se agachó frente a mí antes de decir:
- Para ayudar, primero tienes que comprender.
Luego una luz destellante abordó mis pupilas haciéndome retroceder. Abrí los ojos exhalando una enorme bocanada de aire al mismo tiempo que me incorporé como un rayo, atenta a cada sombra que parecía haber en la habitación. Empecé a temblar un poco mientras el sudor apareció de nuevo en mi frente. Cuando me relajé, volví a tumbarme pero esta vez no me dormí. Estuve despierta hasta que de nuevo pensé que la mejor manera de distraerme era dibujar, así que agarré el papel y me puse manos a la obra. Si es cierto que tal vez los dibujos no me ayudarían, al menos lograrían cansarme aunque fuera un poco. Me distraje tanto, que sin darme cuanta se hizo de día.
- Cristel, tienes una visita mañanera- anunció Julia.
Sin prestar atención asentí con la cabeza sin dejar el lápiz a un lado. No levanté la cabeza del folio hasta que no escuché a una voz hablarme.
- ¡Buenos días Cris! ¿Cómo te encuentras?- canturreó Karol.
Alcé la vista dejando a un lado tanto el papel como el lápiz.
- Estoy mejor, gracias- sonreí haciendo un gran esfuerzo.
- Me ha comentado Julia que no has pasado buena noche…- dijo un poco apenada.
- Sí, bueno… Es que me dolía un poco la cabeza.
Ella se sentó en un lado de la cama. Se fijó en los dibujos y alargó la mano para cogerlos.
- ¿Puedo?- preguntó.
- Sí, claro. Toma.
Les echó un vistazo en silencio. Yo la miraba con el lápiz en la mano, jugueteando nerviosamente con él sin ser consciente.
- Parece que te relaje pintar…- me tendió un folio en blanco- Puedes seguir mientras hablo contigo.- dijo sonriendo como siempre.
- Últimamente es como si lo necesitara… Hacía tiempo que no dibujaba tanto.- dije aceptándolo.
- ¿No te gusta?
- Sí, pero es como un hobby. La verdad es que dedicarme a esto no me gustaría demasiado.
- ¿Por qué? Lo haces fantásticamente. Si se te da bien y te gusta, no entiendo la razón de no querer dedicarte a esto.
- Para mí es como correr, querría dedicarme a eso, pero está claro que no puedo basar mi vida en un sueño, por decirlo así. Además, dibujar para mí es un divertimento, si pasara a ser una obligación con fecha y hora de entrega quizás dejara de gustarme.
- ¿Solo por eso quieres ser arquitecta?
- No, claro que no. Eso me encanta. Tengo hasta suerte de que sea una buena carrera.
- Sinceramente, no te entiendo nada…- dijo Karol extrañada- Yo sí quisiera estar toda la vida con el arco en las manos.
- ¿No tienes ningún plan B?
- Em… Pues… Algo así- añadió mordiéndose el labio.
Reí. Después de la mala noche que había pasado, me hacía falta desconectar un poco de la pesadilla, empezar a tranquilizarme, a darme cuenta de que las pesadillas eran solo sueños. Malos sueños.
- ¿Qué estás dibujando ahora?
- Pues…- miré fijamente el boceto antes de dejárselo a ella- A ti… Eres lo único que aun no… No había dibujado.- dije carraspeando.
Karol contempló el dibujo con su sonrisa de siempre pintada en la cara. Mientras, yo saqué todos los demás dibujos que había hecho de la enfermería, de la ventana, de la verja, incluso del claro del bosque. Se los enseñé para afianzar la razón de haberla dibujado.
- He hecho bocetos, dibujos, hasta remodelaciones de la enfermería entera- reí- Creo que necesito salir a tomar el aire- finalicé pasándome la mano por la frente.
- Me gusta… Me gusta mucho.- sus ojos se encontraron con los míos- Cuando lo acabes, ¿me lo podré quedar?
- Si es lo que quieres… Vale, ¿por qué no? Pero antes tendrás que esperar a que lo pinte.
- No hace falta, en blanco y negro también está bien.
- Me apetece pintarlo. Te quedará mejor si te pinto tus…- me callé para agudizar el oído.
- ¿El qué?
Por un instante había jurado escuchar un ruido, como una especie de susurro. Miré a un lado sin que ella se diera cuenta para terminar diciéndome a mí misma que solo eran imaginaciones mías.
- Cris, ¿pasa algo? De pronto te has callado… ¿Busco a Julia?
- No, que va. Solo creía haber escuchado algo.
- ¿Qué ibas a decirme?
Cuando fui a contestarle, Nico entró de sopetón en la habitación. Karol se sobresaltó al no esperarse a nadie a esas horas, ya que ni siquiera eran las siete y media de la mañana.
- Ups… Lo siento, creí que estarías sola.- dijo excusándose.
Le sonreí hasta que recordé que supuestamente estaba enfadada con él, así que cambié el semblante hasta estar seria del todo. Karolina sin embargo se lo quedó mirando, expectante.
- Pues cuando hayáis acabado de hablar, me avisáis.
- No hace falta, yo ya me iba- anunció Karol.
- Es innecesario, Karol. Nicholas puede venir más tarde, ¿verdad?
- Sí… Supongo que sí.- se rindió él.
- Tranquila Cris, de todas maneras tengo que hacer unas cosas antes de ir a clase.- se levantó pasando por el lado de Nico- Encantada de conocerte… Más o menos.
Hasta que ella no se perdió detrás de la puerta de la enfermería, él no se movió del sitio. Luego cogió una silla y se sentó del revés cerca de mí.
- No te voy a preguntar porque veo que estás mejor que la última vez.
- Pues sí- añadí desganada.
- Dios, no me hagas lo mismo que me hace April cuando se enfada conmigo, ¿quieres? Tengo suficiente con ella, no necesito imitadoras.
- Tiene fácil solución- dije mientras continuaba pintando.
Nico me lanzó una mirada junto a un suspiro antes de volver a entablar la conversación.
- Sabes a qué he venido… Nos quedó una conversación pendiente, pero si no quieres hablar, me marcho.
Hizo el amago de irse, levantándose, agarrando la silla para ponerla en su lugar. Se encaminó hasta la puerta. Dejé de nuevo el folio para mirarle, era cierto que teníamos algo de qué hablar… Resoplé.
- Está bien. Si me vas a contestar a lo que te pregunte, quédate.
- No te prometo nada- contestó con sus ojos destellantes fijos en los míos.
Dudé. Estuve dudando durante un par de minutos a causa de todas las preguntas que se me venían a la cabeza. Tuve que centrarme y elegir las que más o menos me interesaban más.
- ¿Me conocías ya?
sábado, 23 de octubre de 2010
Capítulo 36: ¿Qué me pasa?
El lunes madrugué más de lo normal porque no dormí nada bien. Algo me inquietaba aunque no sabía qué. A pesar de que el domingo fue un día tranquilo y relajado, sin April rondando, me encontraba algo paranoica, sobretodo cuando pensaba en aquella pesadilla tan incómoda que tuve.
Entre la noche que pasé con April, el regreso de Lara, etc Al final no pude terminar un trabajo, así que me dirigí a la biblioteca una hora antes para que me diera tiempo a acabarlo antes de entrar a clase. Faltaba poco para finalizarlo, cuando me di cuenta que tenía que buscar una cosa en un libro, por lo que me tocó buscarlo por toda la biblioteca. Apenas faltaban veinte minutos para que la alarma sonara.
- ¿Buscas éste?- preguntó una voz al otro lado de la estantería- Diría que sí.
April dio la vuelta y me lo tendió. Lo cogí con mala gana, de malas maneras. Ella tan solo expresó una sonrisa.
- Has madrugado bastante hoy. ¿No podías dormir?- preguntó.
- Ahora no tengo tiempo para contestar absurdeces.
Me senté en la silla a continuar el trabajo, copiando el texto del libro deprisa y corriendo.
- Necesitarás otro libro… ¿Quieres que te lo busque?
- No.- respondí.
- Como quieras, tardarás más.
Ella se sentó conmigo poniendo los pies encima de la mesa. Le lancé una mirada antes de seguir a lo mío. A la mitad de estar escribiendo, me di cuenta de algo: me faltaba un libro. Giré la cabeza lo suficiente para ver su media sonrisa triunfal. Era increíble la facilidad que tenía para sacarme de mis casillas. Aparté la silla en el justo momento en el que ella me ofrecía lo que parecía otro libro más.
- ¿Ves? Toma- lo lanzó a mi lado- No hace falta que me lo agradezcas.
Por fin lo terminé. Resoplé, por lo menos ya era una cosa menos que debía hacer. Cogí los libros que había utilizado y los devolví a su sitio, eso sí, con April detrás.
- ¿Vas a continuar siguiéndome por toda la biblioteca?- pregunté molesta.
- Tal vez…- se apoyó en la estantería- ¿Estás enfadada por algo?
- ¿Tendría que estarlo?
- No, no tendrías.
- Pues eso.
Guardé el trabajo en la mochila, lo coloqué todo y me fui directa a la salida.
- Pero… ¿Por qué estás molesta entonces?- preguntó otra vez.
- No lo estoy.
- Lo estás. Esta vez no he hecho nada…- se frenó- Vamos… Creo- dijo en voz baja.
Me di la vuelta para contemplarla, pero deseché la idea de decirle nada, así que seguí caminando.
- Da lo mismo, April.
- Espera un momento… No me gusta que no me hables.
- Sí te hablo, ¿lo ves? Buenos días, April- añadí con una sonrisa fingida.
Ella me agarró del brazo, haciendo que parase de andar.
- No me gustan tus ironías.- añadió.
- Basta ya, ¿quieres? Si crees que puedes venir a buscarme cuando te canses de jugar a lo que estés jugando, lo llevas claro. Estoy cansada de ser tu juguete, ¿comprendes?
- Te has enterado. Es eso, ¿verdad?
- A ver si te enteras que me da exactamente igual con quién te acuestes o te dejes de acostar. Pero no soy tu íncubo, ¿estamos?
- Cuando es mujer se llama súcubo.
- Pasa de mí.- le increpé enfadada.
Volví al camino, pero April se me adelantó poniéndose delante.
- ¿Estarás mucho tiempo así? Es por encuadrar mi agenda y eso…- le miré- ¡Es broma, Cristel!
- Odio tus bromas. Déjame tranquila de una vez.
Entré en clase antes de que sonara el timbre. ¿Enserio estaba realmente molesta con ella por lo de Amy? No, seguro que no. No podía estarlo.
La clase empezó diez minutos tarde porque Anna se le olvidó, literalmente, su propia clase. Nos mandó sacar el libro y como no se había preparado la clase, simplemente leímos poemas y tuvimos que hacer unos nosotros mismos. Nada más empezó la clase, April levantó la mano.
- ¿Sí, April?
- Es que se me ha olvidado el libro… ¿Puedo compartirlo con alguien?
- Sí claro, ponte con…
- ¿Cristel?- preguntó con cara de niña buena.
Anna me miró. Esperaba que le dijera que no, pero no me dio ese placer. Al momento la tenía sentada a mi lado, haciendo como que leía. Siguieron con los poemas, mientras que April encontró divertido meterme mano en medio de la clase. Deslizó suavemente su mano por mi pierna, al mismo tiempo que yo la sacudía de vez en cuando para que dejara de hacerlo.
- ¿Quieres estarte quieta?- le increpé.
- ¿Continuas enfadada conmigo?- preguntó.
No contesté. Mientras otros analizaban los poemas de distintos escritores, ella volvió a deslizar su mano, esta vez por debajo de mi falda.
- ¡April, o te estás quieta o te corto la mano! ¡Elige!
- ¿Cuánto tiempo crees que aguantarás cabreada conmigo? Asúmelo, Cristel, no puedes.- contestó con una sonrisa.
- ¿Te haces a la idea de que la chica con la que bebiste alcohol ayer, es menor de edad?
- ¿Y?- preguntó sin darle importancia al asunto.
- ¡Joder, April! ¡Que solo tiene quince años!
- Bueno, los tendrá en la mente, pero precisamente en la mente no es en lo que más me fijo, ¿sabes?- dijo guiñando un ojo.
- Eres lo peor- le espeté.
- Pero… ¿A que te encanta?
- Señorita Lemacks, visto las ganas que tienes de hablar, ¿podrías leernos tu poema?- preguntó Anna a voces para que todos se enteraran.
Ella me miró antes de contestar.
- Verás Anna, es que no está terminado…
- Da lo mismo, April. Léelo o sal de clase, allá tú.- añadió dulcemente.
- Pf… ¿Ésta que va a saber de poemas? Si apenas sabrá hacer una O con un canuto…- dijo Paula a alguien.
Aquel comentario no pasó desapercibido ante el oído de April, así que se levantó, cogió su libreta en blanco, lanzó una mirada a Paula y comenzó a recitar.
- Despacio comienzo en tu boca,
muy despacio y sin quitarte la ropa,
mi cama no merece tu cuerpo
virgen como la selva,
mucho para una loba cazadora
pero ideal para el amor.
Despacio voy por tu corazón
muy despacio y me detiene un botón,
y mientras dices basta, me ayudas.
Esa guerra en tu vientre
entre el sigue y el detente,
que hacen decisivo el presente.
También es mi primera vez
¿Oyes?
También es mi primera vez.
Siente como tiemblo, ya ves…
Porque tuve sexo mil veces, pero nunca
hice el amor con nadie.
Toda la clase se quedó atónita. Risas se escucharon al fondo de la clase. La mayoría no quitaba ojo a April, que se regocijaba en lo que acababa de hacer, orgullosa de sí misma.
- Muy… Bien, está muy bien el… Bueno, la forma, y todo… Puedes sentarte, April.- se atrevió a decir Anna.
- Puedo leer otro, si quieres.
- ¡No! Quiero decir, que uno es suficiente, gracias.
- Puedo hacerte una copia si te ha gustado.
- Em… Quizás otro día.- zanjó Anna.
La clase terminó al sonar la campana. El murmullo de algunos al pasar por nuestra mesa se hizo más que evidente en cuanto salieron al pasillo.
- Te estás jugando la expulsión. ¿Eres consciente?- le pregunté.
- Oh… ¿Acaso no te ha gustado mi poema?
- No tenías nada escrito. ¿De dónde lo has sacado?
- Es mío.
- Me dijiste que no te gustaban.
- Sabes perfectamente que te mentí, no me vengas ahora de víctima.
- Estás completamente loca.
- Es la mejor de mis cualidades… ¿Quieres que te recite otro?
- No, muy amable- sonreí- Me voy al descanso.
Ella me cerró el paso e hizo apoyarme en la mesa. Se acercó más a mí hasta que sus ojos oscuros se toparon con los míos.
- Ya no estás enfadada… ¿A que no?
- ¿Por qué te interesa tanto?
- Porque sí. Molestarte es uno de mis divertimentos, si ya lo estás, no tiene gracia enrabiarte.
- Apártate.
April solo sonrió antes de darme un beso. Me estaba poniendo nerviosa, más que nada porque estábamos en mitad de la clase, cualquiera podría entrar y vernos.
- ¿Vas a venir esta noche?- preguntó inocentemente.
- Tengo bastantes cosas que hacer- dije apartándola un poco de mí.
- ¿Y después de hacer esas cosas?
- ¿Se puede saber qué te pasa conmigo?- pregunté algo cansada.
- ¿A qué te refieres?
- Normalmente te lías una vez con una tía y no la vuelves a ver. ¿Por qué a mí no me haces lo mismo?
- ¿Y tú que sabes? Hablas por hablar.
- A ti te pasa alguna cosa, no me digas que no. Sino, no estarías poniendo buena cara a cosas que me recriminarías con malas formas y acosos.
- ¿De verdad quieres saber qué me pasa?- se pegó de nuevo a mí- Me pasa una mocosa pelirroja, eso me pasa.- dijo firmemente.
- ¿Ahora por qué metes en esto a Karol?- pregunté con una risa.
- ¿Cuánto tardó en irte con el cuento?
- Enserio, April… Lo tuyo es grave.
- No quiero que seas de nadie más- añadió molesta.
- ¿Por qué yo sí debo ofrecerte fidelidad?- dije fijando mis ojos en los suyos.
- Porque así lo quiero yo. Eres mía, recuérdalo. No me obligues a marcarte como si fueras ganado.
La última frase no sé si lo dijo de verdad o bromeaba. Su gesto era serio, por lo que ni siquiera me atrevía a preguntarle nada.
- Sigo sin entender qué tiene que ver Karol en todo esto. ¿O acaso por eso te liaste con su compañera de habitación?
April fijó su mirada en la mía con una gran sonrisa que no había visto antes. Se alejó de mí, arrastró una mesa enfrente de la mía y se sentó encima de ella, contemplándome bastante de cerca. Aquel gesto me dio mala espina.
- Puede…- añadió ladeando la cabeza- ¿Y qué si fuera así?
- Pensaría que estás loca, pero loca de atar. Acto seguido me preguntaría a mí misma por qué coño sigo hablándote.
- ¿Sabes algo? No lo hice con esa intención.
- ¿Sabes algo?- me acerqué un poco a ella- No me lo creo.
- ¿No? Vaya… ¿Entonces serías tan amable de explicarme tu teoría?
- Es simple. Eres y actúas como una niña pequeña. Lo único que quieres es llamar la atención. Mí atención para ser exactos.
- ¿¡Cómo me has descubierto!?- chilló- Eso solo lo sabía mi psiquiatra- añadió antes de romper a reír.
- Di lo que quieras, pero que sepas que no soy una marioneta en manos de nadie, ¿vale?
Quise irme, la empujé un poco para pasar entre las mesas, sin embargo ella me lo impidió por enésima vez.
- Tu atención ya la tengo, sino ¿qué haces dándome tanto terreno para jugar? Tengo claro que si lo que quisieras fuera que me alejara de ti, me gritarías un enorme ‘no’… Y no lo has hecho- sentenció sonriendo.
- ¿Crees que me creo que con eso bastaría para que me dejases en paz? Porque si es así de fácil yo…
Antes de que pudiera ni tan solo acabar la frase, cerró mis labios con un beso. Las voces del pasillo se hicieron más intensas. Traté de separarme pero April me agarró con fuerza hacia ella.
En el mismo instante en el que se separó, las voces del pasillo se hicieron todavía más agudas. Sus pasos los escuché como taconeos dentro de mi propia cabeza. Algo dentro de mí se despertó, haciendo que mi cabeza me doliera tanto que casi la sintiera estallar. Me quedé mirando a la nada completamente desubicada.
- Cristel, ¿estás bien? ¿Hola?- pasó su mano por delante de mi cara- ¡Cristel!
La miré a los ojos, pero sin ser consciente de ello. Tenía la mirada perdida y en mi cabeza imágenes fugaces aparecían de repente.
Entre la noche que pasé con April, el regreso de Lara, etc Al final no pude terminar un trabajo, así que me dirigí a la biblioteca una hora antes para que me diera tiempo a acabarlo antes de entrar a clase. Faltaba poco para finalizarlo, cuando me di cuenta que tenía que buscar una cosa en un libro, por lo que me tocó buscarlo por toda la biblioteca. Apenas faltaban veinte minutos para que la alarma sonara.
- ¿Buscas éste?- preguntó una voz al otro lado de la estantería- Diría que sí.
April dio la vuelta y me lo tendió. Lo cogí con mala gana, de malas maneras. Ella tan solo expresó una sonrisa.
- Has madrugado bastante hoy. ¿No podías dormir?- preguntó.
- Ahora no tengo tiempo para contestar absurdeces.
Me senté en la silla a continuar el trabajo, copiando el texto del libro deprisa y corriendo.
- Necesitarás otro libro… ¿Quieres que te lo busque?
- No.- respondí.
- Como quieras, tardarás más.
Ella se sentó conmigo poniendo los pies encima de la mesa. Le lancé una mirada antes de seguir a lo mío. A la mitad de estar escribiendo, me di cuenta de algo: me faltaba un libro. Giré la cabeza lo suficiente para ver su media sonrisa triunfal. Era increíble la facilidad que tenía para sacarme de mis casillas. Aparté la silla en el justo momento en el que ella me ofrecía lo que parecía otro libro más.
- ¿Ves? Toma- lo lanzó a mi lado- No hace falta que me lo agradezcas.
Por fin lo terminé. Resoplé, por lo menos ya era una cosa menos que debía hacer. Cogí los libros que había utilizado y los devolví a su sitio, eso sí, con April detrás.
- ¿Vas a continuar siguiéndome por toda la biblioteca?- pregunté molesta.
- Tal vez…- se apoyó en la estantería- ¿Estás enfadada por algo?
- ¿Tendría que estarlo?
- No, no tendrías.
- Pues eso.
Guardé el trabajo en la mochila, lo coloqué todo y me fui directa a la salida.
- Pero… ¿Por qué estás molesta entonces?- preguntó otra vez.
- No lo estoy.
- Lo estás. Esta vez no he hecho nada…- se frenó- Vamos… Creo- dijo en voz baja.
Me di la vuelta para contemplarla, pero deseché la idea de decirle nada, así que seguí caminando.
- Da lo mismo, April.
- Espera un momento… No me gusta que no me hables.
- Sí te hablo, ¿lo ves? Buenos días, April- añadí con una sonrisa fingida.
Ella me agarró del brazo, haciendo que parase de andar.
- No me gustan tus ironías.- añadió.
- Basta ya, ¿quieres? Si crees que puedes venir a buscarme cuando te canses de jugar a lo que estés jugando, lo llevas claro. Estoy cansada de ser tu juguete, ¿comprendes?
- Te has enterado. Es eso, ¿verdad?
- A ver si te enteras que me da exactamente igual con quién te acuestes o te dejes de acostar. Pero no soy tu íncubo, ¿estamos?
- Cuando es mujer se llama súcubo.
- Pasa de mí.- le increpé enfadada.
Volví al camino, pero April se me adelantó poniéndose delante.
- ¿Estarás mucho tiempo así? Es por encuadrar mi agenda y eso…- le miré- ¡Es broma, Cristel!
- Odio tus bromas. Déjame tranquila de una vez.
Entré en clase antes de que sonara el timbre. ¿Enserio estaba realmente molesta con ella por lo de Amy? No, seguro que no. No podía estarlo.
La clase empezó diez minutos tarde porque Anna se le olvidó, literalmente, su propia clase. Nos mandó sacar el libro y como no se había preparado la clase, simplemente leímos poemas y tuvimos que hacer unos nosotros mismos. Nada más empezó la clase, April levantó la mano.
- ¿Sí, April?
- Es que se me ha olvidado el libro… ¿Puedo compartirlo con alguien?
- Sí claro, ponte con…
- ¿Cristel?- preguntó con cara de niña buena.
Anna me miró. Esperaba que le dijera que no, pero no me dio ese placer. Al momento la tenía sentada a mi lado, haciendo como que leía. Siguieron con los poemas, mientras que April encontró divertido meterme mano en medio de la clase. Deslizó suavemente su mano por mi pierna, al mismo tiempo que yo la sacudía de vez en cuando para que dejara de hacerlo.
- ¿Quieres estarte quieta?- le increpé.
- ¿Continuas enfadada conmigo?- preguntó.
No contesté. Mientras otros analizaban los poemas de distintos escritores, ella volvió a deslizar su mano, esta vez por debajo de mi falda.
- ¡April, o te estás quieta o te corto la mano! ¡Elige!
- ¿Cuánto tiempo crees que aguantarás cabreada conmigo? Asúmelo, Cristel, no puedes.- contestó con una sonrisa.
- ¿Te haces a la idea de que la chica con la que bebiste alcohol ayer, es menor de edad?
- ¿Y?- preguntó sin darle importancia al asunto.
- ¡Joder, April! ¡Que solo tiene quince años!
- Bueno, los tendrá en la mente, pero precisamente en la mente no es en lo que más me fijo, ¿sabes?- dijo guiñando un ojo.
- Eres lo peor- le espeté.
- Pero… ¿A que te encanta?
- Señorita Lemacks, visto las ganas que tienes de hablar, ¿podrías leernos tu poema?- preguntó Anna a voces para que todos se enteraran.
Ella me miró antes de contestar.
- Verás Anna, es que no está terminado…
- Da lo mismo, April. Léelo o sal de clase, allá tú.- añadió dulcemente.
- Pf… ¿Ésta que va a saber de poemas? Si apenas sabrá hacer una O con un canuto…- dijo Paula a alguien.
Aquel comentario no pasó desapercibido ante el oído de April, así que se levantó, cogió su libreta en blanco, lanzó una mirada a Paula y comenzó a recitar.
- Despacio comienzo en tu boca,
muy despacio y sin quitarte la ropa,
mi cama no merece tu cuerpo
virgen como la selva,
mucho para una loba cazadora
pero ideal para el amor.
Despacio voy por tu corazón
muy despacio y me detiene un botón,
y mientras dices basta, me ayudas.
Esa guerra en tu vientre
entre el sigue y el detente,
que hacen decisivo el presente.
También es mi primera vez
¿Oyes?
También es mi primera vez.
Siente como tiemblo, ya ves…
Porque tuve sexo mil veces, pero nunca
hice el amor con nadie.
Toda la clase se quedó atónita. Risas se escucharon al fondo de la clase. La mayoría no quitaba ojo a April, que se regocijaba en lo que acababa de hacer, orgullosa de sí misma.
- Muy… Bien, está muy bien el… Bueno, la forma, y todo… Puedes sentarte, April.- se atrevió a decir Anna.
- Puedo leer otro, si quieres.
- ¡No! Quiero decir, que uno es suficiente, gracias.
- Puedo hacerte una copia si te ha gustado.
- Em… Quizás otro día.- zanjó Anna.
La clase terminó al sonar la campana. El murmullo de algunos al pasar por nuestra mesa se hizo más que evidente en cuanto salieron al pasillo.
- Te estás jugando la expulsión. ¿Eres consciente?- le pregunté.
- Oh… ¿Acaso no te ha gustado mi poema?
- No tenías nada escrito. ¿De dónde lo has sacado?
- Es mío.
- Me dijiste que no te gustaban.
- Sabes perfectamente que te mentí, no me vengas ahora de víctima.
- Estás completamente loca.
- Es la mejor de mis cualidades… ¿Quieres que te recite otro?
- No, muy amable- sonreí- Me voy al descanso.
Ella me cerró el paso e hizo apoyarme en la mesa. Se acercó más a mí hasta que sus ojos oscuros se toparon con los míos.
- Ya no estás enfadada… ¿A que no?
- ¿Por qué te interesa tanto?
- Porque sí. Molestarte es uno de mis divertimentos, si ya lo estás, no tiene gracia enrabiarte.
- Apártate.
April solo sonrió antes de darme un beso. Me estaba poniendo nerviosa, más que nada porque estábamos en mitad de la clase, cualquiera podría entrar y vernos.
- ¿Vas a venir esta noche?- preguntó inocentemente.
- Tengo bastantes cosas que hacer- dije apartándola un poco de mí.
- ¿Y después de hacer esas cosas?
- ¿Se puede saber qué te pasa conmigo?- pregunté algo cansada.
- ¿A qué te refieres?
- Normalmente te lías una vez con una tía y no la vuelves a ver. ¿Por qué a mí no me haces lo mismo?
- ¿Y tú que sabes? Hablas por hablar.
- A ti te pasa alguna cosa, no me digas que no. Sino, no estarías poniendo buena cara a cosas que me recriminarías con malas formas y acosos.
- ¿De verdad quieres saber qué me pasa?- se pegó de nuevo a mí- Me pasa una mocosa pelirroja, eso me pasa.- dijo firmemente.
- ¿Ahora por qué metes en esto a Karol?- pregunté con una risa.
- ¿Cuánto tardó en irte con el cuento?
- Enserio, April… Lo tuyo es grave.
- No quiero que seas de nadie más- añadió molesta.
- ¿Por qué yo sí debo ofrecerte fidelidad?- dije fijando mis ojos en los suyos.
- Porque así lo quiero yo. Eres mía, recuérdalo. No me obligues a marcarte como si fueras ganado.
La última frase no sé si lo dijo de verdad o bromeaba. Su gesto era serio, por lo que ni siquiera me atrevía a preguntarle nada.
- Sigo sin entender qué tiene que ver Karol en todo esto. ¿O acaso por eso te liaste con su compañera de habitación?
April fijó su mirada en la mía con una gran sonrisa que no había visto antes. Se alejó de mí, arrastró una mesa enfrente de la mía y se sentó encima de ella, contemplándome bastante de cerca. Aquel gesto me dio mala espina.
- Puede…- añadió ladeando la cabeza- ¿Y qué si fuera así?
- Pensaría que estás loca, pero loca de atar. Acto seguido me preguntaría a mí misma por qué coño sigo hablándote.
- ¿Sabes algo? No lo hice con esa intención.
- ¿Sabes algo?- me acerqué un poco a ella- No me lo creo.
- ¿No? Vaya… ¿Entonces serías tan amable de explicarme tu teoría?
- Es simple. Eres y actúas como una niña pequeña. Lo único que quieres es llamar la atención. Mí atención para ser exactos.
- ¿¡Cómo me has descubierto!?- chilló- Eso solo lo sabía mi psiquiatra- añadió antes de romper a reír.
- Di lo que quieras, pero que sepas que no soy una marioneta en manos de nadie, ¿vale?
Quise irme, la empujé un poco para pasar entre las mesas, sin embargo ella me lo impidió por enésima vez.
- Tu atención ya la tengo, sino ¿qué haces dándome tanto terreno para jugar? Tengo claro que si lo que quisieras fuera que me alejara de ti, me gritarías un enorme ‘no’… Y no lo has hecho- sentenció sonriendo.
- ¿Crees que me creo que con eso bastaría para que me dejases en paz? Porque si es así de fácil yo…
Antes de que pudiera ni tan solo acabar la frase, cerró mis labios con un beso. Las voces del pasillo se hicieron más intensas. Traté de separarme pero April me agarró con fuerza hacia ella.
En el mismo instante en el que se separó, las voces del pasillo se hicieron todavía más agudas. Sus pasos los escuché como taconeos dentro de mi propia cabeza. Algo dentro de mí se despertó, haciendo que mi cabeza me doliera tanto que casi la sintiera estallar. Me quedé mirando a la nada completamente desubicada.
- Cristel, ¿estás bien? ¿Hola?- pasó su mano por delante de mi cara- ¡Cristel!
La miré a los ojos, pero sin ser consciente de ello. Tenía la mirada perdida y en mi cabeza imágenes fugaces aparecían de repente.
domingo, 17 de octubre de 2010
Capítulo 35: Secreto casi Desvelado
- Entonces Lara… Tú y Bayron no…- pregunté de nuevo.
- Qué pesadita. Duérmete o haz los deberes, al menos así te entretienes.- me reprochó ella cansada.
Le tiré la almohada. Ella me la devolvió. Comenzamos a tirarnos las almohadas hasta que tocaron a la puerta. Alguien de pelo rojizo asomó la cabeza.
- Em… ¿Puedo pasar o molesto?- preguntó Karol.
- Claro, pasa.- respondí.
- ¡Solicito asilo político, mi capitana!- dijo Karolina en posición firme.
Lara y yo nos reímos antes de decirle que sí le dejábamos que se quedara un rato.
- Gracias, Cris. Es que me han echado de mi propio cuarto, ¿te lo puedes creer?- ella miró a Lara- Vaya, no nos conocemos. ¿Tú eras la chica de la enfermería?
- Sí, esa soy yo. Me llamo Lara, encantada.
- Igualmente.
- ¿Cómo que te han echado?- les interrumpí.
- Como lo oyes. He ido como siempre a mi habitación y me encuentro con la puerta cerrada. Estoy un rato forcejeando cuando de pronto me abre mi compañera en tanga. Claro, yo me he quedado en plan, ‘¿Pero qué?’ Y me dice que si me puedo ir que está ocupada.
- Hay que tener cara- añadió Lara.
- Bueno, al menos no soy a la única que le ha pasado.- contesté.
- ¿Paula?- me preguntó Lara.
- Paula.- asentí yo riendo.
Me levanté de la cama a por una botella de agua, me moría de sed. Karol aprovechó para sentarse en la silla del escritorio para seguir contando.
- Pero lo increíble es lo que me ha pasado luego. Escuché ruidos detrás de ella.
- ¿Estaba con alguien?
- Depende. ¿Cuándo dices alguien, te refieres a sexo masculino o femenino?
Lara y yo nos quedamos mirándola. En ese instante, una única cosa se me pasó por la cabeza, pero no la expresé. Ahora sí que necesitaba un trago de agua.
- ¿Quién era?- preguntó con curiosidad Lara.
- No seas tan cotilla- le reprimí- Sería mejor que no lo dijera, por si acaso.
- Pues es que aún ni yo me lo creo…- continuó Karolina- Detrás de mi compañera ha salido April. Enserio. Me ha ofrecido hasta Vodka. Luego con toda su cara, me ha cerrado la puerta en las narices.
Pronunció su nombre en el mismo momento en que pegaba un sorbo de agua. Me atraganté y empecé a toser como una loca.
- ¡Ey! Tranquila… Respira.- dijo Karol desde la distancia.
- Se me… Se me ha ido por el otro lado- me excusé.
Lara me miró y después miró a Karol.
- Vamos, que con la tontería te han dejado sin dormir.- añadió Lara divertida.
- Pues ya ves… Todavía estoy asimilándolo. Para ser sincera, lo de April no me a resultado algo tan extraño, pero de Amy, mi compañera, pues sí… Si hace nada decía que quería liarse con el chaval éste… Éste que me presentaste en la fiesta, Cris… ¿Bayron puede ser?
- Pues tu amiga es un poco puta, ¿no?- saltó Lara- No me extraña que le dé a todo. Joder con las niñatas de ahora, qué pronto empiezan a zorrear.
Karolina y yo nos la quedamos mirando durante un rato, hasta que ella se ruborizó y se dio cuenta de lo que había dicho.
- Ups… Perdonad es que se me ha escapado. No sé en qué estaría pensando- se levantó y se puso unas Converse- Esto… Creo que me voy a dar una vuelta.
Lara se fue hacia la puerta mientras nosotras dos reíamos por lo bajo.
- Lara, creo que estará en el otro piso, porque había quedado con Josh.- le advertí.
- ¡Grac…!- dijo desde la puerta- Quiero decir… Si hablas de Bayron, pues gracias por la información, pero no voy a verle a él.
Y desapareció tras la puerta un poco roja. Aproveché para hablar con Karol del día de su competición, para que me explicara más o menos cómo se puntuaba, con qué se fallaba…
- Esto quiere decir que vendrás, ¿verdad?- preguntó con su enorme sonrisa de siempre.
- Si no llueve, me gustaría verte.- ella me miró riendo- Digo que me haría gracia ver una competición de tiro con arco y… Eso.
- Te he entendido, Cris.- finalizó sonriendo y mirando la hora- Creo que me marcho ya… Supongo que dos horas y media habrán sido suficientes. ¿Tú que dices?
- Sí, supongo que… Sí.
- En fin Cris, te dejo dormir ya. Buenas noches.
- Adiós.
Me tendí en la cama después de apagar la luz. Lara no tardaría en venir, pero yo necesitaba dormir del tirón. ¿A qué jugaba April exactamente? ‘No, Cristel, deja de hacer eso, deja de pensar en cosas que no tienen ni pies ni cabeza’ me dije. Di la vuelta a la almohada e intenté conciliar el sueño. Al rato, Lara apareció. No hizo excesivo ruido, sin embargo me desperté.
- ¿Te he despertado, Cris? Perdona.
- Da igual.
La habitación se quedó totalmente en silencio, hasta que Lara lo rompió.
- Oye, Cris… ¿Puedo preguntarte algo?
- Claro.
- No quiero que te molestes, pero… ¿Qué te traes con April?- me quedé callada ante aquella pregunta que no esperaba oír- Si no quieres contestar, estás en tu derecho.
- Nada.
- Te lo pregunto por la reacción que has tenido cuando Karol la ha nombrado.
- Solo me he atragantado con el agua.
- El día que te llamé, el domingo del accidente antes de que colgaras, me pareció escuchar su voz…
- Serían imaginaciones tuyas.
- El mismo día por la mañana, me pareció ver cómo subías en su coche. ¿Tampoco es cierto?
- Lara, no es lo que crees…
- No creo nada, Cris. Ayer te pregunté qué hacías con el pijama puesto y me contestaste que te habías ido. Llegué de madrugada. Sé que no dormiste aquí. Pensé que en verdad sí que te habías liado con Nico, hasta que hoy por casualidad, alguien ha comentado que una persona pasó toda la noche fuera de su habitación y no fue precisamente Nicholas… ¿Adivinas quién?
Me estremecí. Todo mi cuerpo se estremeció y la carne se me puso de gallina. ¿Qué hacía? ¿Se lo contaba? ¿No? ¿Me inventaba alguna historia?
- Yo no soy quién para juzgarte, pero lo que sí creo es que a Paula no le deberías decir nada.
- ¿Qué?- me sorprendí.
- Ella y April no se llevan nada bien. Mejor dicho, April no se lleva bien con nadie de aquí. Si le dices a Paula algo así, creo que no lo digeriría.
- ¿Estás loca?- encendí la luz- April solo es…
- ¿Tú novia? ¿Tú rollo?
- Mi nada, Lara… Ella no es mi nada.
- Vale, es tu nada, aún así, ten cuidado con ella. No sé por qué, pero no me convence.
- Dímelo a mí- contesté.
- Sin embargo, Karol…
- ¡No! ¡Otra no! Dejadme en paz ya, coño.- cerré la luz de golpe y me acosté.
- Iba a decir que Karol había dicho que dentro de lo malo, April no le parecía tan mala, sino alguien que no encuentra sus sitio… ¿Qué creías que te insinuaba?
- Karolina siempre ve lo bueno en los demás… Aunque no haya nada.- respondí rápidamente.
- Si hasta tú dices que April no es buena, no sé qué haces con ella…
- ¿Podemos dejarlo? Yo tampoco estoy segura de nada, ¿vale? Pero lo menos que quiero es comerme la cabeza ahora. Buenas noches- finalicé.
Al poco tiempo, Lara volvió a dar al interruptor de la luz.
- Aunque si se lo dices a Paula, prepárate para las preguntas morbosas… Ya sabes cómo es- añadió riendo.
- ¡Duérmete!- grité tapándome con la almohada.
Sonreí por lo bajo. Después de todo, no había sido tan difícil. Quizás a partir de ahora podría hablar con Lara acerca de lo que me pasaba con April y tal vez, ella que lo veía todo desde otra perspectiva, podría ayudarme a dejar esto. Fuese lo que fuese.
- Qué pesadita. Duérmete o haz los deberes, al menos así te entretienes.- me reprochó ella cansada.
Le tiré la almohada. Ella me la devolvió. Comenzamos a tirarnos las almohadas hasta que tocaron a la puerta. Alguien de pelo rojizo asomó la cabeza.
- Em… ¿Puedo pasar o molesto?- preguntó Karol.
- Claro, pasa.- respondí.
- ¡Solicito asilo político, mi capitana!- dijo Karolina en posición firme.
Lara y yo nos reímos antes de decirle que sí le dejábamos que se quedara un rato.
- Gracias, Cris. Es que me han echado de mi propio cuarto, ¿te lo puedes creer?- ella miró a Lara- Vaya, no nos conocemos. ¿Tú eras la chica de la enfermería?
- Sí, esa soy yo. Me llamo Lara, encantada.
- Igualmente.
- ¿Cómo que te han echado?- les interrumpí.
- Como lo oyes. He ido como siempre a mi habitación y me encuentro con la puerta cerrada. Estoy un rato forcejeando cuando de pronto me abre mi compañera en tanga. Claro, yo me he quedado en plan, ‘¿Pero qué?’ Y me dice que si me puedo ir que está ocupada.
- Hay que tener cara- añadió Lara.
- Bueno, al menos no soy a la única que le ha pasado.- contesté.
- ¿Paula?- me preguntó Lara.
- Paula.- asentí yo riendo.
Me levanté de la cama a por una botella de agua, me moría de sed. Karol aprovechó para sentarse en la silla del escritorio para seguir contando.
- Pero lo increíble es lo que me ha pasado luego. Escuché ruidos detrás de ella.
- ¿Estaba con alguien?
- Depende. ¿Cuándo dices alguien, te refieres a sexo masculino o femenino?
Lara y yo nos quedamos mirándola. En ese instante, una única cosa se me pasó por la cabeza, pero no la expresé. Ahora sí que necesitaba un trago de agua.
- ¿Quién era?- preguntó con curiosidad Lara.
- No seas tan cotilla- le reprimí- Sería mejor que no lo dijera, por si acaso.
- Pues es que aún ni yo me lo creo…- continuó Karolina- Detrás de mi compañera ha salido April. Enserio. Me ha ofrecido hasta Vodka. Luego con toda su cara, me ha cerrado la puerta en las narices.
Pronunció su nombre en el mismo momento en que pegaba un sorbo de agua. Me atraganté y empecé a toser como una loca.
- ¡Ey! Tranquila… Respira.- dijo Karol desde la distancia.
- Se me… Se me ha ido por el otro lado- me excusé.
Lara me miró y después miró a Karol.
- Vamos, que con la tontería te han dejado sin dormir.- añadió Lara divertida.
- Pues ya ves… Todavía estoy asimilándolo. Para ser sincera, lo de April no me a resultado algo tan extraño, pero de Amy, mi compañera, pues sí… Si hace nada decía que quería liarse con el chaval éste… Éste que me presentaste en la fiesta, Cris… ¿Bayron puede ser?
- Pues tu amiga es un poco puta, ¿no?- saltó Lara- No me extraña que le dé a todo. Joder con las niñatas de ahora, qué pronto empiezan a zorrear.
Karolina y yo nos la quedamos mirando durante un rato, hasta que ella se ruborizó y se dio cuenta de lo que había dicho.
- Ups… Perdonad es que se me ha escapado. No sé en qué estaría pensando- se levantó y se puso unas Converse- Esto… Creo que me voy a dar una vuelta.
Lara se fue hacia la puerta mientras nosotras dos reíamos por lo bajo.
- Lara, creo que estará en el otro piso, porque había quedado con Josh.- le advertí.
- ¡Grac…!- dijo desde la puerta- Quiero decir… Si hablas de Bayron, pues gracias por la información, pero no voy a verle a él.
Y desapareció tras la puerta un poco roja. Aproveché para hablar con Karol del día de su competición, para que me explicara más o menos cómo se puntuaba, con qué se fallaba…
- Esto quiere decir que vendrás, ¿verdad?- preguntó con su enorme sonrisa de siempre.
- Si no llueve, me gustaría verte.- ella me miró riendo- Digo que me haría gracia ver una competición de tiro con arco y… Eso.
- Te he entendido, Cris.- finalizó sonriendo y mirando la hora- Creo que me marcho ya… Supongo que dos horas y media habrán sido suficientes. ¿Tú que dices?
- Sí, supongo que… Sí.
- En fin Cris, te dejo dormir ya. Buenas noches.
- Adiós.
Me tendí en la cama después de apagar la luz. Lara no tardaría en venir, pero yo necesitaba dormir del tirón. ¿A qué jugaba April exactamente? ‘No, Cristel, deja de hacer eso, deja de pensar en cosas que no tienen ni pies ni cabeza’ me dije. Di la vuelta a la almohada e intenté conciliar el sueño. Al rato, Lara apareció. No hizo excesivo ruido, sin embargo me desperté.
- ¿Te he despertado, Cris? Perdona.
- Da igual.
La habitación se quedó totalmente en silencio, hasta que Lara lo rompió.
- Oye, Cris… ¿Puedo preguntarte algo?
- Claro.
- No quiero que te molestes, pero… ¿Qué te traes con April?- me quedé callada ante aquella pregunta que no esperaba oír- Si no quieres contestar, estás en tu derecho.
- Nada.
- Te lo pregunto por la reacción que has tenido cuando Karol la ha nombrado.
- Solo me he atragantado con el agua.
- El día que te llamé, el domingo del accidente antes de que colgaras, me pareció escuchar su voz…
- Serían imaginaciones tuyas.
- El mismo día por la mañana, me pareció ver cómo subías en su coche. ¿Tampoco es cierto?
- Lara, no es lo que crees…
- No creo nada, Cris. Ayer te pregunté qué hacías con el pijama puesto y me contestaste que te habías ido. Llegué de madrugada. Sé que no dormiste aquí. Pensé que en verdad sí que te habías liado con Nico, hasta que hoy por casualidad, alguien ha comentado que una persona pasó toda la noche fuera de su habitación y no fue precisamente Nicholas… ¿Adivinas quién?
Me estremecí. Todo mi cuerpo se estremeció y la carne se me puso de gallina. ¿Qué hacía? ¿Se lo contaba? ¿No? ¿Me inventaba alguna historia?
- Yo no soy quién para juzgarte, pero lo que sí creo es que a Paula no le deberías decir nada.
- ¿Qué?- me sorprendí.
- Ella y April no se llevan nada bien. Mejor dicho, April no se lleva bien con nadie de aquí. Si le dices a Paula algo así, creo que no lo digeriría.
- ¿Estás loca?- encendí la luz- April solo es…
- ¿Tú novia? ¿Tú rollo?
- Mi nada, Lara… Ella no es mi nada.
- Vale, es tu nada, aún así, ten cuidado con ella. No sé por qué, pero no me convence.
- Dímelo a mí- contesté.
- Sin embargo, Karol…
- ¡No! ¡Otra no! Dejadme en paz ya, coño.- cerré la luz de golpe y me acosté.
- Iba a decir que Karol había dicho que dentro de lo malo, April no le parecía tan mala, sino alguien que no encuentra sus sitio… ¿Qué creías que te insinuaba?
- Karolina siempre ve lo bueno en los demás… Aunque no haya nada.- respondí rápidamente.
- Si hasta tú dices que April no es buena, no sé qué haces con ella…
- ¿Podemos dejarlo? Yo tampoco estoy segura de nada, ¿vale? Pero lo menos que quiero es comerme la cabeza ahora. Buenas noches- finalicé.
Al poco tiempo, Lara volvió a dar al interruptor de la luz.
- Aunque si se lo dices a Paula, prepárate para las preguntas morbosas… Ya sabes cómo es- añadió riendo.
- ¡Duérmete!- grité tapándome con la almohada.
Sonreí por lo bajo. Después de todo, no había sido tan difícil. Quizás a partir de ahora podría hablar con Lara acerca de lo que me pasaba con April y tal vez, ella que lo veía todo desde otra perspectiva, podría ayudarme a dejar esto. Fuese lo que fuese.
martes, 21 de septiembre de 2010
Capítulo 34: Sorpresa
De vuelta a la habitación, me encontré con una agradable sorpresa: Lara se encontraba en perfectas condiciones y estaba colocando su ropa de nuevo en el armario.
- ¡Cómo me alegro de que estés bien!- dije mientras le abrazaba.
- No mientas, que Paula ya me contó lo mal que lo pasaste el día del apagón.
- No es verdad… Solo daba un pelín de mal rollo, eso es todo.
- Oye, ¿de dónde vienes con el pijama puesto?
- ¿Qué?- me miré- ¡Ah! Pues… Antes de que vinieras he salido a mirar una cosa.
- Pero si yo llevo aquí…
- ¡Bueno! ¿A que hace un estupendo día? Voy a darme una ducha y a buscar a Paula. ¿Te vienes luego a dar una vuelta? ¡No contestes! Dímelo cuando salga- añadí cortando su frase.
Entré cerrando la puerta con cuidado, acertando a oír unas palabras de Lara, las cuales no entendí. Me metí en la bañera y ahí estuve hasta que me despejé del todo. Mientras el agua caía por mi cuerpo, pensé en una manera de poder hablar con Paula sin que me echara a la primera de cambio. Iba a estar difícil, porque ella ya estaba cansada de mí, pero lo intentaría de todas formas.
De la ducha me caminé en dirección al espejo. Me quedé un rato observando mi reflejo, ojeándome de arriba a bajo. No sabía qué pretendía encontrar hasta que vi una pequeña herida en el labio inferior. La toqué tratando de recordar el momento exacto en el que April me había mordido. A mi mente acudieron distintas imágenes que se vieron interrumpidas por los golpes de Lara a la puerta.
- ¿Te falta mucho?
- ¡No, ya salgo!- le hice saber.
Salí dispuesta a arreglarlo todo con Paula, fuese como fuese, hablaría con ella y le haría entrar en razón. Justo cuando iba hacia su habitación, de la nada apareció April, encaminándose a las escaleras, preparada seguramente para irse. Se le veía algo abatida, enfadada… Dudé si acercarme o no, pues estaba claro que compañía en ese momento no buscaba.
- April…- le llamé- ¡April!
Ella se giró desganada, como si se hubiese topado con una gran molestia que no desaparece.
- Te he escuchado la primera vez, pero suponía que al pasar de ti pillarías la indirecta. Ya veo que no- añadió con frialdad.
- Veo que sigues igual que esta mañana.
- Pues si lo ves, no hace falta que te conteste, ¿no?
- ¿Dónde vas? Sabes que tienes prohibido salir. Al final te expulsarán.
- Dime una cosa… ¿Es necesaria esta conversación? Porque me resultas algo cargante. A veces pienso que eres más corta de lo que aparentas. No hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que lo menos que me apetece en este mundo es estar aquí hablando contigo.
Se giró para continuar su camino, pero le agarré cuanto apenas del brazo, haciendo que se girara.
- Sabes que lo que sea puedes…
- ¿¡Otra vez!? ¡Joder! ¿De verdad no te cansas de ir de buena todo el puto día? Que hayamos echado un polvo no significa que te conviertas automáticamente en mi paño de lágrimas. ¡No! ¡Déjame ya!
Dio la vuelta y en un momento bajó las escaleras, salió del internado y se montó en su coche. Me quedé un rato allí, pensando, hasta que decidí que sería mejor dejar de dar vueltas a las locuras de April. Fui a busca a Paula para que dejara de estar molesta.
- Paula, ¿tienes un minuto?
- No- zanjó.
- Vamos, ¿hasta cuando vas a estar enfadada conmigo?
- Hasta que tú vuelvas a ser tú.
- ¡Deja ya la tontería! ¿Quieres?
Entré cerrando dando un inmenso portazo.
- Vas a romperme la puerta- añadió con enfado.
- Paula, no tienes razón para estar así…
- ¿Qué no? No me haces ni caso, no me cuentas qué pasa, desapareces sin avisar, te largas a la ciudad… Escucha, ¿eh? ¡A la ciudad! Tú sola. ¿¡Y encima me dices que no tengo razón!? ¡Olé tus huevos, Cris!
Se levantó de la silla de golpe, mostrando la rabia que sentía.
- Bueno, tal vez… Sí tengas, un poco de… Razón. Perdona.- traté de excusarme.
- Ahora no arregla nada que me pidas perdón.- se sentó de nuevo- Solo quiero que todo sea como antes. Que seamos amigas.
- Lo somos. Somos amigas, pero no puedes pretender que te cuente cosas que no quiero o no… Te puedo contar.
- ¡Y volvemos al punto de partida! ¿Qué coño es eso que no ‘puedes’ contarme?
- Solo te pido que tengas paciencia… Por favor… Es que quiero estar segura de cosas de las que quizás nunca esté segura y todo se complica cada vez más…
- Tú fumas hierba, ¿verdad? ¡O te la inyectas en vena! Por que sino, te juro que no te entiendo. No hay por donde cogerte, Cris.
- Tú solo, dame tiempo. Solo eso. Hazme el inmenso favor.
Paula resopló moviendo una de sus piernas, nerviosa. Tardaba mucho en responder por lo que yo le daba por perdida.
- ¡Vale! ¡Como quieras! Pero como vea algo que no me guste, aunque sea una tontería, no te hablo en la vida… ¿¡Estamos!?
Me tiré a darle un abrazo que intentaba rechazar de todas las maneras posibles. Por fin, una cosa menos en la que preocuparme.
Quedamos con Lara para dar una vuelta por el bosque. Después de casi una semana encerrada, respirar aire limpio le haría bien. Dimos un largo paseo. Un paseo que se hizo ameno, apacible, entre risas. Fue como recordar la niñez, la primera vez que nos conocimos en aquel mismo lugar con tan solo doce años.
Llegamos al comedor en el que Bayron nos esperaba impaciente con la bandeja en la mano, sentado en la mesa. Sin embargo, sentía que fallaba algo. April no había regresado aún de su escapada. ¿Dónde estaría? Imposible de imaginar, seguro que perdida por ahí. Parecía que le agradara estar siempre desaparecida.
- Bueno, Lara, ahora que estamos sola me podrás contar qué tal, ¿eh?- dije subiendo las escaleras.
- No te entiendo.
- Ya, claro. Bayron ha sido muy amable contigo toda esta semana, ¿cierto?
- No sé, supongo. Lo normal entre amigos.
- Amigos, ¿no?
Ella se giró con una sonrisa dibujada en la cara.
- ¿Por qué no hablamos de ti?- preguntó.
- No me cambies de tema- le espeté.
- ¿Qué pasa entre Eric y tú?
- ¿Eric? ¿Qué pasa con él?
- Dímelo tú. No se siente con nosotros y apenas te habla. Es un tanto extraño.
- Báh, es imbécil.
- ¿Qué pasó?
- Nada, que el otro día se puso un poco idiota y Nico tuvo que…
- ¿Nico?- me miró- ¿Quién es Nico?
- Es el primo de Eric… Creo. Eso me dijo.
Lara se paró en seco y me miró con incredulidad en la mirada.
- ¿Nicholas? ¿Nicholas Harrys?
- Sí, ese mismo. ¿Le conoces?
- ¡Para no! ¿Sabes el fortunón que va a heredar? Por eso él y Eric se llevan a matar, porque el padre de Eric le ha dado la mitad de la herencia a Nicholas. Cuando Eric se enteró no le gustó nada. Esa es la razón de que no se traguen. Ahora entiendo por qué no te quiere ni ver, si estás liada con su primo, pues…
- ¿Quién ha dicho que estemos liados? No es esa la razón de que no me hable. Ni yo estoy segura. Déjale con sus tonterías que cuando quiera algo, ya vendrá.
Entramos en la habitación y empezamos a cambiarnos de ropa mientras yo le dejaba todos los apuntes para ponerse al día.
April llegó después de la cena, quizás algo más cabreada de lo que se fue. Tenía que relajarse, descargar tensiones… Se dirigió a una habitación, tocó a la puerta y de ella salió una chica rubia.
- ¿Puedo pasar?- preguntó con una de sus mejores sonrisas.
Karol bajó a cenar con sus amigos, como siempre hacía. Luego, se marchó a la biblioteca hasta que se cansó y se encaminó hacia su cuarto. Giró el pomo para abrirla, pero el resultado fue negativo, estaba cerrada con llave. Eso le extrañó, normalmente nunca la cerraban. Su compañera le abrió desde dentro, pero la mitad, no le abrió de par en par.
- Amy, ¿a qué juegas? Déjame pasar, anda…
- Esto… Karol, ¿te importaría venir un poco más tarde?
- ¿Por qué? Esta también es mi habitación.
- Lo sé, pero es que ahora estoy algo… Ocupada. Por favor.
Karolina se fijó en Amy. Iba con una camiseta de tirantes y le había abierto la puerta en tanga. Detrás de ella se escuchaba algo de jaleo. ¿Blanco y en botella?
- ¡Ah! Bueno, quizás pueda… Tardar- añadió.
De repente una figura morena de ojos azules con una botella de Vodka en la mano, emergió de detrás.
- ¿Por qué tardas tanto?- April miró a Karol- ¡Hombre! Cuanto tiempo, ¿eh? ¿Quieres un trago?
- Pues… No gracias.- contestó algo descolocada.
- Bueno, más para nosotras. Ale, adiós.
Acto seguido, April le cerró la puerta en las narices. Karolina se quedó enfrente de su habitación con la mirada perdida, asimilando lo ocurrido. Incluso se pellizcó para comprobar que no estaba soñando. Se encogió de hombros y se fue.
- ¡Cómo me alegro de que estés bien!- dije mientras le abrazaba.
- No mientas, que Paula ya me contó lo mal que lo pasaste el día del apagón.
- No es verdad… Solo daba un pelín de mal rollo, eso es todo.
- Oye, ¿de dónde vienes con el pijama puesto?
- ¿Qué?- me miré- ¡Ah! Pues… Antes de que vinieras he salido a mirar una cosa.
- Pero si yo llevo aquí…
- ¡Bueno! ¿A que hace un estupendo día? Voy a darme una ducha y a buscar a Paula. ¿Te vienes luego a dar una vuelta? ¡No contestes! Dímelo cuando salga- añadí cortando su frase.
Entré cerrando la puerta con cuidado, acertando a oír unas palabras de Lara, las cuales no entendí. Me metí en la bañera y ahí estuve hasta que me despejé del todo. Mientras el agua caía por mi cuerpo, pensé en una manera de poder hablar con Paula sin que me echara a la primera de cambio. Iba a estar difícil, porque ella ya estaba cansada de mí, pero lo intentaría de todas formas.
De la ducha me caminé en dirección al espejo. Me quedé un rato observando mi reflejo, ojeándome de arriba a bajo. No sabía qué pretendía encontrar hasta que vi una pequeña herida en el labio inferior. La toqué tratando de recordar el momento exacto en el que April me había mordido. A mi mente acudieron distintas imágenes que se vieron interrumpidas por los golpes de Lara a la puerta.
- ¿Te falta mucho?
- ¡No, ya salgo!- le hice saber.
Salí dispuesta a arreglarlo todo con Paula, fuese como fuese, hablaría con ella y le haría entrar en razón. Justo cuando iba hacia su habitación, de la nada apareció April, encaminándose a las escaleras, preparada seguramente para irse. Se le veía algo abatida, enfadada… Dudé si acercarme o no, pues estaba claro que compañía en ese momento no buscaba.
- April…- le llamé- ¡April!
Ella se giró desganada, como si se hubiese topado con una gran molestia que no desaparece.
- Te he escuchado la primera vez, pero suponía que al pasar de ti pillarías la indirecta. Ya veo que no- añadió con frialdad.
- Veo que sigues igual que esta mañana.
- Pues si lo ves, no hace falta que te conteste, ¿no?
- ¿Dónde vas? Sabes que tienes prohibido salir. Al final te expulsarán.
- Dime una cosa… ¿Es necesaria esta conversación? Porque me resultas algo cargante. A veces pienso que eres más corta de lo que aparentas. No hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que lo menos que me apetece en este mundo es estar aquí hablando contigo.
Se giró para continuar su camino, pero le agarré cuanto apenas del brazo, haciendo que se girara.
- Sabes que lo que sea puedes…
- ¿¡Otra vez!? ¡Joder! ¿De verdad no te cansas de ir de buena todo el puto día? Que hayamos echado un polvo no significa que te conviertas automáticamente en mi paño de lágrimas. ¡No! ¡Déjame ya!
Dio la vuelta y en un momento bajó las escaleras, salió del internado y se montó en su coche. Me quedé un rato allí, pensando, hasta que decidí que sería mejor dejar de dar vueltas a las locuras de April. Fui a busca a Paula para que dejara de estar molesta.
- Paula, ¿tienes un minuto?
- No- zanjó.
- Vamos, ¿hasta cuando vas a estar enfadada conmigo?
- Hasta que tú vuelvas a ser tú.
- ¡Deja ya la tontería! ¿Quieres?
Entré cerrando dando un inmenso portazo.
- Vas a romperme la puerta- añadió con enfado.
- Paula, no tienes razón para estar así…
- ¿Qué no? No me haces ni caso, no me cuentas qué pasa, desapareces sin avisar, te largas a la ciudad… Escucha, ¿eh? ¡A la ciudad! Tú sola. ¿¡Y encima me dices que no tengo razón!? ¡Olé tus huevos, Cris!
Se levantó de la silla de golpe, mostrando la rabia que sentía.
- Bueno, tal vez… Sí tengas, un poco de… Razón. Perdona.- traté de excusarme.
- Ahora no arregla nada que me pidas perdón.- se sentó de nuevo- Solo quiero que todo sea como antes. Que seamos amigas.
- Lo somos. Somos amigas, pero no puedes pretender que te cuente cosas que no quiero o no… Te puedo contar.
- ¡Y volvemos al punto de partida! ¿Qué coño es eso que no ‘puedes’ contarme?
- Solo te pido que tengas paciencia… Por favor… Es que quiero estar segura de cosas de las que quizás nunca esté segura y todo se complica cada vez más…
- Tú fumas hierba, ¿verdad? ¡O te la inyectas en vena! Por que sino, te juro que no te entiendo. No hay por donde cogerte, Cris.
- Tú solo, dame tiempo. Solo eso. Hazme el inmenso favor.
Paula resopló moviendo una de sus piernas, nerviosa. Tardaba mucho en responder por lo que yo le daba por perdida.
- ¡Vale! ¡Como quieras! Pero como vea algo que no me guste, aunque sea una tontería, no te hablo en la vida… ¿¡Estamos!?
Me tiré a darle un abrazo que intentaba rechazar de todas las maneras posibles. Por fin, una cosa menos en la que preocuparme.
Quedamos con Lara para dar una vuelta por el bosque. Después de casi una semana encerrada, respirar aire limpio le haría bien. Dimos un largo paseo. Un paseo que se hizo ameno, apacible, entre risas. Fue como recordar la niñez, la primera vez que nos conocimos en aquel mismo lugar con tan solo doce años.
Llegamos al comedor en el que Bayron nos esperaba impaciente con la bandeja en la mano, sentado en la mesa. Sin embargo, sentía que fallaba algo. April no había regresado aún de su escapada. ¿Dónde estaría? Imposible de imaginar, seguro que perdida por ahí. Parecía que le agradara estar siempre desaparecida.
- Bueno, Lara, ahora que estamos sola me podrás contar qué tal, ¿eh?- dije subiendo las escaleras.
- No te entiendo.
- Ya, claro. Bayron ha sido muy amable contigo toda esta semana, ¿cierto?
- No sé, supongo. Lo normal entre amigos.
- Amigos, ¿no?
Ella se giró con una sonrisa dibujada en la cara.
- ¿Por qué no hablamos de ti?- preguntó.
- No me cambies de tema- le espeté.
- ¿Qué pasa entre Eric y tú?
- ¿Eric? ¿Qué pasa con él?
- Dímelo tú. No se siente con nosotros y apenas te habla. Es un tanto extraño.
- Báh, es imbécil.
- ¿Qué pasó?
- Nada, que el otro día se puso un poco idiota y Nico tuvo que…
- ¿Nico?- me miró- ¿Quién es Nico?
- Es el primo de Eric… Creo. Eso me dijo.
Lara se paró en seco y me miró con incredulidad en la mirada.
- ¿Nicholas? ¿Nicholas Harrys?
- Sí, ese mismo. ¿Le conoces?
- ¡Para no! ¿Sabes el fortunón que va a heredar? Por eso él y Eric se llevan a matar, porque el padre de Eric le ha dado la mitad de la herencia a Nicholas. Cuando Eric se enteró no le gustó nada. Esa es la razón de que no se traguen. Ahora entiendo por qué no te quiere ni ver, si estás liada con su primo, pues…
- ¿Quién ha dicho que estemos liados? No es esa la razón de que no me hable. Ni yo estoy segura. Déjale con sus tonterías que cuando quiera algo, ya vendrá.
Entramos en la habitación y empezamos a cambiarnos de ropa mientras yo le dejaba todos los apuntes para ponerse al día.
April llegó después de la cena, quizás algo más cabreada de lo que se fue. Tenía que relajarse, descargar tensiones… Se dirigió a una habitación, tocó a la puerta y de ella salió una chica rubia.
- ¿Puedo pasar?- preguntó con una de sus mejores sonrisas.
Karol bajó a cenar con sus amigos, como siempre hacía. Luego, se marchó a la biblioteca hasta que se cansó y se encaminó hacia su cuarto. Giró el pomo para abrirla, pero el resultado fue negativo, estaba cerrada con llave. Eso le extrañó, normalmente nunca la cerraban. Su compañera le abrió desde dentro, pero la mitad, no le abrió de par en par.
- Amy, ¿a qué juegas? Déjame pasar, anda…
- Esto… Karol, ¿te importaría venir un poco más tarde?
- ¿Por qué? Esta también es mi habitación.
- Lo sé, pero es que ahora estoy algo… Ocupada. Por favor.
Karolina se fijó en Amy. Iba con una camiseta de tirantes y le había abierto la puerta en tanga. Detrás de ella se escuchaba algo de jaleo. ¿Blanco y en botella?
- ¡Ah! Bueno, quizás pueda… Tardar- añadió.
De repente una figura morena de ojos azules con una botella de Vodka en la mano, emergió de detrás.
- ¿Por qué tardas tanto?- April miró a Karol- ¡Hombre! Cuanto tiempo, ¿eh? ¿Quieres un trago?
- Pues… No gracias.- contestó algo descolocada.
- Bueno, más para nosotras. Ale, adiós.
Acto seguido, April le cerró la puerta en las narices. Karolina se quedó enfrente de su habitación con la mirada perdida, asimilando lo ocurrido. Incluso se pellizcó para comprobar que no estaba soñando. Se encogió de hombros y se fue.
domingo, 19 de septiembre de 2010
Capítulo 33: Serena
La puerta se abrió con un sonoro estruendo y Nico pasó por la puerta con cuidado.
- Has tardado- dijo April.
- ¿Qué esperabas? Hablaba con Cris.
- ¿De?
- Cosas nuestras.
- ¿Vuestras?- increpó ella con un tono amenazante.
- Venía a hablarte de lo que he encontrado, no de Cris.
Ella se relajó sentándose en una de las sillas cubierta por una sábana blanca.
- Dime.
- Bien- sacó un papel- Me informaron de que el libro que buscas desapareció hacía siglos y que ha pasado por muchas manos. Muchísimas- acentuó- Corre el rumor de la maldición que conlleva tenerlo, leerlo e incluso hacer cualquier hechizo que contenga.
- Ve al grano- le incitó.
- Lo compró un coleccionista. Ese es el problema.
- ¿Cuál?- preguntó cansada de tanto misterio.
Nico sacó otro papel que desdobló bajo la atenta mirada de April.
- Mira la foto.
Ella le arrebató el papel para observar detenidamente la foto de un señor medio clavo, con dos ojos marrones grandísimos, nariz de elfo viejo y orejas diminutas.
- ¿Y bien?- preguntó él con una sonrisa.
- No sé quién es- le devolvió el papel- Deja las adivinanzas ya o…
- ¿Te has fijado en el escudo de la familia?
Ella cogió la foto de nuevo y se la quedó mirando. En efecto, detrás del señor se hallaba un escudo familiar con una ‘M’ grabada.
- ¿Magnamara? ¿De los Magnamara del siglo XV?
- XIV- rectificó- ¿No los recuerdas?
- El concepto de que por haber vivido más no quiere decir que me haya conocido a medio mundo, aún no lo entiendes, ¿verdad?
- Hoy estás perdida… ¿Qué pasa? ¿Eres como Sansón pero en vez de cortarte el pelo, te acuestas con Cristel y pierdes tu ingenio? La familia Magnamara englobaba también a la familia Aramada… ¿Te suena ahora?
- ¿Aramada? ¿Cómo Anahí Aramada?
- Su prole, para ser exactos.
- Así que cuando desaparecí, Fredderic y Anahí contrajeron matrimonio… De ahí que Alecc no quisiera que encontrara a Amber, su hija.
- Hijastra. Su hija, Felicia, murió en circunstancias desconocidas.
- Serena…- musitó.
- Anahí fue la que te dejó abandonada en el bosque la primera vez que te hirieron. Ella no te quería cerca de Serena, sabes que eran muy amigas.
- ¿Se vengó? ¿Cómo es que no me enteré?
- Amber ocupó el vacío de Felicia, se mudaron por miedo y ahí terminó todo. Hasta que más adelante nació Eiirin. Ella aceptó la herencia de los Magnamara siguiendo con el negocio de coleccionista.
- Pero el libro lo tenía Serena.
- No siempre… Cuando murió, todo cambió.
April se levantó de la silla algo molesta.
- Me apartó de su lado cuando no debía haberlo hecho.
- Causó problemas, estaba claro que ellos se encargarían.
- Hizo lo que tenía que hacer.
- Venga, si hasta yo sé que aunque fuera otra época, el ejercer magia negra tenía consecuencias.
- Cierra la boca, no estabas allí.
- Que tú estés perdida en el tiempo no creo que sea una buena señal…
- Por mi culpa Serena terminó así. Tengo que arreglarlo. Tienen que pagar.
- April… Eres consciente de que ella… Bueno… ¿Te utilizó en su beneficio?
Ella le fulminó con la mirada. Si las miradas matasen, Nico ya hubiera caído fulminantemente.
- Como vuelvas a insinuar una cosa así, te mato Nicholas. Acabo contigo lentamente y tiro tus restos al mar… ¿¡Lo has comprendido!?
- Perdona…
- Continúa investigando.
- Pero yo…
- No me apetece escucharte más. Guárdatelo para otro día y sigue investigando más a fondo.- contestó con una terrible frialdad en su voz.
- April…
- ¡Que te vayas, te digo!
Él obedeció. Antes de irse, le tiró un anillo.
- Toma, es lo único que queda de Jeremy Thomas Magnamara, el abuelo de Eiirin. Su avión se estrelló cuando consiguió la mejor pieza de su colección. Adivina cual.
Segundos después, Nico no estaba en la habitación. April agarró con desprecio el anillo contemplándolo, dándole vueltas.
- Serena… ¿Qué te hicieron?
- Has tardado- dijo April.
- ¿Qué esperabas? Hablaba con Cris.
- ¿De?
- Cosas nuestras.
- ¿Vuestras?- increpó ella con un tono amenazante.
- Venía a hablarte de lo que he encontrado, no de Cris.
Ella se relajó sentándose en una de las sillas cubierta por una sábana blanca.
- Dime.
- Bien- sacó un papel- Me informaron de que el libro que buscas desapareció hacía siglos y que ha pasado por muchas manos. Muchísimas- acentuó- Corre el rumor de la maldición que conlleva tenerlo, leerlo e incluso hacer cualquier hechizo que contenga.
- Ve al grano- le incitó.
- Lo compró un coleccionista. Ese es el problema.
- ¿Cuál?- preguntó cansada de tanto misterio.
Nico sacó otro papel que desdobló bajo la atenta mirada de April.
- Mira la foto.
Ella le arrebató el papel para observar detenidamente la foto de un señor medio clavo, con dos ojos marrones grandísimos, nariz de elfo viejo y orejas diminutas.
- ¿Y bien?- preguntó él con una sonrisa.
- No sé quién es- le devolvió el papel- Deja las adivinanzas ya o…
- ¿Te has fijado en el escudo de la familia?
Ella cogió la foto de nuevo y se la quedó mirando. En efecto, detrás del señor se hallaba un escudo familiar con una ‘M’ grabada.
- ¿Magnamara? ¿De los Magnamara del siglo XV?
- XIV- rectificó- ¿No los recuerdas?
- El concepto de que por haber vivido más no quiere decir que me haya conocido a medio mundo, aún no lo entiendes, ¿verdad?
- Hoy estás perdida… ¿Qué pasa? ¿Eres como Sansón pero en vez de cortarte el pelo, te acuestas con Cristel y pierdes tu ingenio? La familia Magnamara englobaba también a la familia Aramada… ¿Te suena ahora?
- ¿Aramada? ¿Cómo Anahí Aramada?
- Su prole, para ser exactos.
- Así que cuando desaparecí, Fredderic y Anahí contrajeron matrimonio… De ahí que Alecc no quisiera que encontrara a Amber, su hija.
- Hijastra. Su hija, Felicia, murió en circunstancias desconocidas.
- Serena…- musitó.
- Anahí fue la que te dejó abandonada en el bosque la primera vez que te hirieron. Ella no te quería cerca de Serena, sabes que eran muy amigas.
- ¿Se vengó? ¿Cómo es que no me enteré?
- Amber ocupó el vacío de Felicia, se mudaron por miedo y ahí terminó todo. Hasta que más adelante nació Eiirin. Ella aceptó la herencia de los Magnamara siguiendo con el negocio de coleccionista.
- Pero el libro lo tenía Serena.
- No siempre… Cuando murió, todo cambió.
April se levantó de la silla algo molesta.
- Me apartó de su lado cuando no debía haberlo hecho.
- Causó problemas, estaba claro que ellos se encargarían.
- Hizo lo que tenía que hacer.
- Venga, si hasta yo sé que aunque fuera otra época, el ejercer magia negra tenía consecuencias.
- Cierra la boca, no estabas allí.
- Que tú estés perdida en el tiempo no creo que sea una buena señal…
- Por mi culpa Serena terminó así. Tengo que arreglarlo. Tienen que pagar.
- April… Eres consciente de que ella… Bueno… ¿Te utilizó en su beneficio?
Ella le fulminó con la mirada. Si las miradas matasen, Nico ya hubiera caído fulminantemente.
- Como vuelvas a insinuar una cosa así, te mato Nicholas. Acabo contigo lentamente y tiro tus restos al mar… ¿¡Lo has comprendido!?
- Perdona…
- Continúa investigando.
- Pero yo…
- No me apetece escucharte más. Guárdatelo para otro día y sigue investigando más a fondo.- contestó con una terrible frialdad en su voz.
- April…
- ¡Que te vayas, te digo!
Él obedeció. Antes de irse, le tiró un anillo.
- Toma, es lo único que queda de Jeremy Thomas Magnamara, el abuelo de Eiirin. Su avión se estrelló cuando consiguió la mejor pieza de su colección. Adivina cual.
Segundos después, Nico no estaba en la habitación. April agarró con desprecio el anillo contemplándolo, dándole vueltas.
- Serena… ¿Qué te hicieron?
sábado, 18 de septiembre de 2010
Capítulo 32: El Descubrimiento
Su voz casi retumbó por toda la estáncia...
- ¡Perfecto entonces! Nos veremos en breve… No, gracias a usted, caballero… Claro, que pase un buen día- cerró el móvil fijando sus ojos en los de ella- ¡April, tengo una estupenda noticia para ti! ¿Sabes aquello que andabas buscando? ¡Puede que lo haya encontrado! Increíble, ¿eh?- añadió guardándose el aparato en el bolsillo.
El chico se paró en seco cuando April se llevó una mano a la cabeza. Él le miró preguntándose qué le pasaba, hasta que miró hacia la cama y me vio a mí. Abrió los ojos de par en par.
- ¡Coño!- miró de nuevo a April- Digo que… ¿Esto no es el cuarto de baño del último piso?- decía caminando hacia atrás- Me he confundido… ¿Pero qué hago aquí? Siento el estorbo, misteriosas desconocidas a las cuales no conozco de nada.
- ¡Nicholas! ¿Quieres dejar de hacer el inútil? Ya has metido la pata, así que no trates de arreglarlo, ¡payaso!- gritó caminando hacia él.
- ¿Y qué se yo que estaría aquí contigo? ¡No soy adivino! ¿Vale?
- Esto… ¿Hola? Sigo aquí.- dije en voz alta.
- Nico, ya hablaremos.-contestó ella en tono de enfado.
- Pero es que… Es importante.
- Si me dejáis vestirme, me iré…- interrumpí.
Nico me miró de arriba a bajo. Ella le dio un golpe en el hombro.
- Sí… Mejor me voy yo. Lo siento, Cris, no sabía que tú y April… Em… Adiós.
Dicho y hecho, él desapareció de nuevo en la oscuridad de las empinadas escaleras. Me giré para mirarla. Ella en silencio me devolvió la mirada pero siguió a lo suyo.
- Conocías a Nico.
- ¿Preguntas o afirmas?
- Actuabas a través de él.
- ¿Preguntas o afirmas?- repitió otra vez- No te equivoques, Cristel. Él y yo solo somos socios.
- ¿No habláis de nada?
- De nada relacionado contigo, si es lo que preguntas. Tengo otras cosas en la cabeza.
- ¿Qué es eso que buscas?
- Nada.
- Nico mencionó…
- A ver, ese ‘nada’ significa que te metas en tus asuntos, ¿estamos? No quieras saberlo todo acerca de mí.
- Eso sería imposible- le repliqué.
- Me estás resultando algo pesada…-fijó sus ojos en los míos- ¿A qué esperas para vestirte?
Murmuré algo para mí mientras buscaba mi ropa. Terminé de vestirme antes que ella por lo que me fui directa hacia la salida sin dirigirle la palabra.
- ¡Ey! Te dije que te vistieras, no que te fueras.
- Me tienes harta. Y encima la culpa es mía por seguirte en tu estúpido juego. Al final siempre soy yo la que acaba recibiendo.
- ¿Por qué dices eso? Tengo que hablar con Nico, por eso te estoy dando prisa.
- Es tu manera de hacer las cosas. Lo odio.
- Bueno, puedes hacer las cosas bien, mal o al modo April… Por mi experiencia, mi modo es más efectivo.
- Que sí, que vale. ¿Me puedo ir ya?
- No.- dijo poniéndose una camiseta.
Caminó hasta mí y me cogió de la muñeca. Acercó lentamente sus labios a los míos.
- Te molestas por nada…-añadió a pocos centímetros de mi boca.
- ¿Por nada? Que utilices a alguien para que indague sobre mí, no es ‘nada’…
- Yo no sabía que tú y él os conocíais. Es más, si lo hubiese sabido, le hubiera dicho que se alejara de ti.
- ¿Por qué?
- Porque eres de mi propiedad.
Iba a recriminarle que no me tratara como si fuera un objeto comprado por ella, cuando me calló con un beso. Seguimos así hasta que su móvil volvió a sonar.
- Será mejor que conteste. Si ves a Nicholas dile que suba.- me di la vuelta para emprender el camino- Y Cristel… No te alejes demasiado hoy- finalizó guiñándome un ojo.
Bajé por el pasadizo y salí del despacho. Me di de frente con él, que esperaba sentado en un escalón, aferrado al móvil.
- April te busca- dije cortante.
Acto seguido continué mi camino hasta que Nico me frenó.
- Espera, Cris… Por favor.
- Tengo prisa.
- En serio, lamento mucho no haberte dicho que conocía a April. Pero entiende que es… Complicado.
- ¿Complicado el qué? Ahora comprendo la razón de tu sorpresa en la fiesta.
- Sí, claro. Cuando me dijiste que te llamabas Cristel tardé en ubicarte, pero entonces ya era tarde.
- Por eso me diste aquellos consejos… Sabías perfectamente de quién te estaba hablando.
- No, eso sí que no. Lo que hablé contigo se quedó entre tú y yo.
- Eres un chivo expiatorio…
- ¡Venga ya! ¿De verdad crees que le conté a April nuestras conversaciones? Dijera lo que te dijera estaba claro lo que iba a pasar.
- Genial, así que iba a hacer una estupidez y me dejaste hacerla. Eso no suma puntos a tu favor.
Paró de andar y yo con él.
- Cris… Me caes de puta madre, eres un cielo de niña, pero baja de las nubes… April gana. Siempre. Más vale que eso se quede grabado en tu cabecita.
- Dime entonces por qué te has sorprendido antes.
- Pues… Verás… Es que… Quizás no diera por supuesto que lo hicieras.
- ¿Qué no hiciera qué? ¿Acostarme con ella?
- Sí.
- ¿Por?
- Preguntas mucho. Principalmente. Además no eres… No eres como las otras.
- ¿En qué sentido?- pregunté confusa.
El teléfono de Nico le vibró en la mano.
- Mira, aplacemos esta charla para otro día, por favor. Te prometo que te responderé a lo que pueda. No quisiera que te hicieras una idea equivocada sobre mí.
- Para eso ya es algo tarde.
- ¿Entonces?
Giré la cabeza dando un resoplido. Moví la pierna sin darme cuenta antes de cruzarme de brazos.
- Está bien. Pero con la condición de que no le digas a ella que vamos a hablar.
- Gracias, Cris.
Se fue, pero a medio camino se dio la vuelta, me dio un beso en la mejilla por sorpresa y volvió sobre nuestros pasos para encontrarse con April.
- ¡Perfecto entonces! Nos veremos en breve… No, gracias a usted, caballero… Claro, que pase un buen día- cerró el móvil fijando sus ojos en los de ella- ¡April, tengo una estupenda noticia para ti! ¿Sabes aquello que andabas buscando? ¡Puede que lo haya encontrado! Increíble, ¿eh?- añadió guardándose el aparato en el bolsillo.
El chico se paró en seco cuando April se llevó una mano a la cabeza. Él le miró preguntándose qué le pasaba, hasta que miró hacia la cama y me vio a mí. Abrió los ojos de par en par.
- ¡Coño!- miró de nuevo a April- Digo que… ¿Esto no es el cuarto de baño del último piso?- decía caminando hacia atrás- Me he confundido… ¿Pero qué hago aquí? Siento el estorbo, misteriosas desconocidas a las cuales no conozco de nada.
- ¡Nicholas! ¿Quieres dejar de hacer el inútil? Ya has metido la pata, así que no trates de arreglarlo, ¡payaso!- gritó caminando hacia él.
- ¿Y qué se yo que estaría aquí contigo? ¡No soy adivino! ¿Vale?
- Esto… ¿Hola? Sigo aquí.- dije en voz alta.
- Nico, ya hablaremos.-contestó ella en tono de enfado.
- Pero es que… Es importante.
- Si me dejáis vestirme, me iré…- interrumpí.
Nico me miró de arriba a bajo. Ella le dio un golpe en el hombro.
- Sí… Mejor me voy yo. Lo siento, Cris, no sabía que tú y April… Em… Adiós.
Dicho y hecho, él desapareció de nuevo en la oscuridad de las empinadas escaleras. Me giré para mirarla. Ella en silencio me devolvió la mirada pero siguió a lo suyo.
- Conocías a Nico.
- ¿Preguntas o afirmas?
- Actuabas a través de él.
- ¿Preguntas o afirmas?- repitió otra vez- No te equivoques, Cristel. Él y yo solo somos socios.
- ¿No habláis de nada?
- De nada relacionado contigo, si es lo que preguntas. Tengo otras cosas en la cabeza.
- ¿Qué es eso que buscas?
- Nada.
- Nico mencionó…
- A ver, ese ‘nada’ significa que te metas en tus asuntos, ¿estamos? No quieras saberlo todo acerca de mí.
- Eso sería imposible- le repliqué.
- Me estás resultando algo pesada…-fijó sus ojos en los míos- ¿A qué esperas para vestirte?
Murmuré algo para mí mientras buscaba mi ropa. Terminé de vestirme antes que ella por lo que me fui directa hacia la salida sin dirigirle la palabra.
- ¡Ey! Te dije que te vistieras, no que te fueras.
- Me tienes harta. Y encima la culpa es mía por seguirte en tu estúpido juego. Al final siempre soy yo la que acaba recibiendo.
- ¿Por qué dices eso? Tengo que hablar con Nico, por eso te estoy dando prisa.
- Es tu manera de hacer las cosas. Lo odio.
- Bueno, puedes hacer las cosas bien, mal o al modo April… Por mi experiencia, mi modo es más efectivo.
- Que sí, que vale. ¿Me puedo ir ya?
- No.- dijo poniéndose una camiseta.
Caminó hasta mí y me cogió de la muñeca. Acercó lentamente sus labios a los míos.
- Te molestas por nada…-añadió a pocos centímetros de mi boca.
- ¿Por nada? Que utilices a alguien para que indague sobre mí, no es ‘nada’…
- Yo no sabía que tú y él os conocíais. Es más, si lo hubiese sabido, le hubiera dicho que se alejara de ti.
- ¿Por qué?
- Porque eres de mi propiedad.
Iba a recriminarle que no me tratara como si fuera un objeto comprado por ella, cuando me calló con un beso. Seguimos así hasta que su móvil volvió a sonar.
- Será mejor que conteste. Si ves a Nicholas dile que suba.- me di la vuelta para emprender el camino- Y Cristel… No te alejes demasiado hoy- finalizó guiñándome un ojo.
Bajé por el pasadizo y salí del despacho. Me di de frente con él, que esperaba sentado en un escalón, aferrado al móvil.
- April te busca- dije cortante.
Acto seguido continué mi camino hasta que Nico me frenó.
- Espera, Cris… Por favor.
- Tengo prisa.
- En serio, lamento mucho no haberte dicho que conocía a April. Pero entiende que es… Complicado.
- ¿Complicado el qué? Ahora comprendo la razón de tu sorpresa en la fiesta.
- Sí, claro. Cuando me dijiste que te llamabas Cristel tardé en ubicarte, pero entonces ya era tarde.
- Por eso me diste aquellos consejos… Sabías perfectamente de quién te estaba hablando.
- No, eso sí que no. Lo que hablé contigo se quedó entre tú y yo.
- Eres un chivo expiatorio…
- ¡Venga ya! ¿De verdad crees que le conté a April nuestras conversaciones? Dijera lo que te dijera estaba claro lo que iba a pasar.
- Genial, así que iba a hacer una estupidez y me dejaste hacerla. Eso no suma puntos a tu favor.
Paró de andar y yo con él.
- Cris… Me caes de puta madre, eres un cielo de niña, pero baja de las nubes… April gana. Siempre. Más vale que eso se quede grabado en tu cabecita.
- Dime entonces por qué te has sorprendido antes.
- Pues… Verás… Es que… Quizás no diera por supuesto que lo hicieras.
- ¿Qué no hiciera qué? ¿Acostarme con ella?
- Sí.
- ¿Por?
- Preguntas mucho. Principalmente. Además no eres… No eres como las otras.
- ¿En qué sentido?- pregunté confusa.
El teléfono de Nico le vibró en la mano.
- Mira, aplacemos esta charla para otro día, por favor. Te prometo que te responderé a lo que pueda. No quisiera que te hicieras una idea equivocada sobre mí.
- Para eso ya es algo tarde.
- ¿Entonces?
Giré la cabeza dando un resoplido. Moví la pierna sin darme cuenta antes de cruzarme de brazos.
- Está bien. Pero con la condición de que no le digas a ella que vamos a hablar.
- Gracias, Cris.
Se fue, pero a medio camino se dio la vuelta, me dio un beso en la mejilla por sorpresa y volvió sobre nuestros pasos para encontrarse con April.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Capítulo 31: Y la noche llegó...
A la mañana siguiente desperté envuelta en sábanas, boca abajo. No me costó recordar ni dónde estaba ni la razón de estar ahí. Abrí los ojos lentamente, mientras mis oídos se iban despertando conmigo e iban reproduciendo en mi cabeza todos los sonidos que llegaban a ellas. Giré la cabeza emitiendo un bostezo y me coloqué boca arriba antes de empezar a desperezarme. Como era de esperar, April no estaba. Tampoco me sorprendió demasiado conociendo su carácter solitario. Me incorporé en la cama buscando un reloj o algo que se le pareciera, pero en vez de eso me topé con una figura que yacía en el saliente del ventanal. Salí de la cama para asomarme. Ella estaba sentada con los pies colgando, con los ojos cerrados a causa de los rayos del sol.
- ¿Qué haces ahí? Podrías caerte- le reñí.
- Joder… ¿Ya de buena mañana dando por culo?-preguntó toda borde.
- Imbécil- contesté metiéndome dentro.
Empecé a buscar mi camiseta y mi pantalón del pijama para irme. Esta vez me até las zapatillas. Mientras lo hacía, April entró cerrando la ventana.
- Son las seis. Igual todavía puedes ir a correr.- informó.
- No me apetece. Seguramente me quede debajo de la ducha un rato.
- ¿Qué piensas hacer hoy?
- Nada que tenga que ver contigo… Ayer tuve más que suficiente- le reproché.
Justo cuando iba a ponerme la camiseta, ella me la arrebató de las manos.
- ¡Eh! ¡Dámela!
- ¿Para qué? Vete así.
- April, que me lo des.
- No- dijo divertida.
- ¿Es que no puedes dar las gracias como una persona normal y ya está?
- ¿Las gracias? Te dije que te fueras. En vez de eso me diste la noche con tanto movimiento.
- ¡Eso es mentira! Yo no me muevo por las noches.
- ¿Te enseño los morados? ¿O por qué te piensas que he madrugado tanto? Si me has echado de la cama, literalmente…
- ¡No inventes! Di que no te gusta amanecer con gente y punto.
- También.
Nuestros ojos se encontraron y ella tiró la camiseta encima de la cama. Se acercó hasta mí con media sonrisa pícara dibujada en la cara.
- Además, no hay mal que por bien no venga… Ayer me di cuenta de algo…
Cogió mi cadera dándome la vuelta y obligándome a darle la espalda. Una mano rodeó mi cintura y la otra apartó el pelo de mi cuello para luego susurrarme:
- Me di cuenta de que cerca de la tira del sujetador, tienes una marca de nacimiento…
La mano que antes me había apartado el cabello bajaba ahora por mi espalda, haciendo que sintiera un escalofrío a su paso.
- ¿Dejas que la vea mejor?- preguntó en un leve susurro desabrochándome el sujetador.
Sus besos comenzaron en mi cuello. De mi cuello fueron hasta mi hombro y de mi hombro a mi boca. Nuestras lenguas se juntaron en un determinado momento en el que ella, como siempre, dominaba la situación. Me apresó con su cuerpo sin dejarme opción a negarme a nada, mi mente ya volaba en otra dirección, en la dirección que April quería. Jugó a morderme el labio inferior, a utilizarme como le venía en gana. De nuevo sentí mis pantalones caer suavemente por mis piernas al mismo tiempo que ella acariciaba mi muslo. Me llevó hasta la columna de la enorme cama apoyándome en ella. Se agachó lentamente besándome el estómago. Sus manos tal como iban venían recorriendo cada espacio de mi semidesnudo cuerpo. Al final terminé tendida en la cama, sintiendo un cúmulo de sensaciones a la cual más intensa que la anterior, notando sus besos por mi ardiente cuerpo, mezclando nuestro aroma, nuestro sudor, nuestros incesantes jadeos… Mi respiración se entrecortaba por momentos, cada vez que April ejercía uno de sus movimientos que me hacían encorvar la espalda o gemir entre espasmos que ella misma provocaba.
- Di mi nombre- me decía al oído- Dilo…
Ella controlaba todo… Me controlaba a mí, que era lo que principalmente deseaba. Por fin había conseguido lo que tanto ansiaba, por fin me había tenido entre sus brazos, pegada a su cuerpo, pudiendo hacer conmigo todo lo que quisiera sin que nadie se interpusiera en su camino. Después de esto… ¿Qué pasaría? ¿Seguiría deseando mi cuerpo? ¿Deseando poseerme de nuevo?
- Cristel, bésame con más fuerza…-susurraba.
Aceleró sus besos, sus movimientos. Ella me sumergía en mi propio universo lleno de placeres inimaginables. Sentía cómo me abrasaba la piel, cómo April ejercía ese control sobre mí, cómo su boca controlaba la mía… Tantas sensaciones en tan poco tiempo… Cada poro de mi piel se tambaleaba con tenerla tan cerca. Mis labios se contrajeron entre jadeos irrefrenables y ganas de besarla, que se hacían insoportables y difíciles de parar. Pero ella no me dejaba actuar de ningún modo.
No me hacía a la idea de cómo había llegado a aquello, algo que nunca antes hubiera imaginado, algo que, antes de que April entrara en escena, no hubiese pensado. Pero tampoco podía engañarme: me encantaba. Ella me estaba abriendo una puerta a la que yo, tal vez, no hubiera accedido meses antes.
Despertamos, o mejor dicho, desperté al cabo de un rato bastante largo. Después estuve reflexionando y haciéndome a la idea de todo lo que me había sucedido cuando sonó un móvil. Como no lo esperaba me sobresalté.
- Anda, pásamelo- dijo April soltando una risa.
Ella miró la pantalla de reojo antes de darle a ‘colgar’ soltando un soplido.
- ¿Es alguien de pelo rubio?- pregunté sin darle importancia.
- No… Es alguien de pelo pelirrojo, creo.- contestó.
- ¿Crees? ¿No estás segura de qué color tiene el pelo?
- Es que se lo cambia a menudo…
- Madre mía- dije riendo.
- ¿De qué te ríes?
- Nada, nada… Da igual.
April me lanzó una mirada antes de levantarse de la cama y empezar a vestirse. Iba a hacer lo mismo cuando de pronto se escuchó la vieja puerta cerrarse al mismo tiempo que una persona pasaba mirando hacia atrás, con el teléfono en la oreja.
- ¿Qué haces ahí? Podrías caerte- le reñí.
- Joder… ¿Ya de buena mañana dando por culo?-preguntó toda borde.
- Imbécil- contesté metiéndome dentro.
Empecé a buscar mi camiseta y mi pantalón del pijama para irme. Esta vez me até las zapatillas. Mientras lo hacía, April entró cerrando la ventana.
- Son las seis. Igual todavía puedes ir a correr.- informó.
- No me apetece. Seguramente me quede debajo de la ducha un rato.
- ¿Qué piensas hacer hoy?
- Nada que tenga que ver contigo… Ayer tuve más que suficiente- le reproché.
Justo cuando iba a ponerme la camiseta, ella me la arrebató de las manos.
- ¡Eh! ¡Dámela!
- ¿Para qué? Vete así.
- April, que me lo des.
- No- dijo divertida.
- ¿Es que no puedes dar las gracias como una persona normal y ya está?
- ¿Las gracias? Te dije que te fueras. En vez de eso me diste la noche con tanto movimiento.
- ¡Eso es mentira! Yo no me muevo por las noches.
- ¿Te enseño los morados? ¿O por qué te piensas que he madrugado tanto? Si me has echado de la cama, literalmente…
- ¡No inventes! Di que no te gusta amanecer con gente y punto.
- También.
Nuestros ojos se encontraron y ella tiró la camiseta encima de la cama. Se acercó hasta mí con media sonrisa pícara dibujada en la cara.
- Además, no hay mal que por bien no venga… Ayer me di cuenta de algo…
Cogió mi cadera dándome la vuelta y obligándome a darle la espalda. Una mano rodeó mi cintura y la otra apartó el pelo de mi cuello para luego susurrarme:
- Me di cuenta de que cerca de la tira del sujetador, tienes una marca de nacimiento…
La mano que antes me había apartado el cabello bajaba ahora por mi espalda, haciendo que sintiera un escalofrío a su paso.
- ¿Dejas que la vea mejor?- preguntó en un leve susurro desabrochándome el sujetador.
Sus besos comenzaron en mi cuello. De mi cuello fueron hasta mi hombro y de mi hombro a mi boca. Nuestras lenguas se juntaron en un determinado momento en el que ella, como siempre, dominaba la situación. Me apresó con su cuerpo sin dejarme opción a negarme a nada, mi mente ya volaba en otra dirección, en la dirección que April quería. Jugó a morderme el labio inferior, a utilizarme como le venía en gana. De nuevo sentí mis pantalones caer suavemente por mis piernas al mismo tiempo que ella acariciaba mi muslo. Me llevó hasta la columna de la enorme cama apoyándome en ella. Se agachó lentamente besándome el estómago. Sus manos tal como iban venían recorriendo cada espacio de mi semidesnudo cuerpo. Al final terminé tendida en la cama, sintiendo un cúmulo de sensaciones a la cual más intensa que la anterior, notando sus besos por mi ardiente cuerpo, mezclando nuestro aroma, nuestro sudor, nuestros incesantes jadeos… Mi respiración se entrecortaba por momentos, cada vez que April ejercía uno de sus movimientos que me hacían encorvar la espalda o gemir entre espasmos que ella misma provocaba.
- Di mi nombre- me decía al oído- Dilo…
Ella controlaba todo… Me controlaba a mí, que era lo que principalmente deseaba. Por fin había conseguido lo que tanto ansiaba, por fin me había tenido entre sus brazos, pegada a su cuerpo, pudiendo hacer conmigo todo lo que quisiera sin que nadie se interpusiera en su camino. Después de esto… ¿Qué pasaría? ¿Seguiría deseando mi cuerpo? ¿Deseando poseerme de nuevo?
- Cristel, bésame con más fuerza…-susurraba.
Aceleró sus besos, sus movimientos. Ella me sumergía en mi propio universo lleno de placeres inimaginables. Sentía cómo me abrasaba la piel, cómo April ejercía ese control sobre mí, cómo su boca controlaba la mía… Tantas sensaciones en tan poco tiempo… Cada poro de mi piel se tambaleaba con tenerla tan cerca. Mis labios se contrajeron entre jadeos irrefrenables y ganas de besarla, que se hacían insoportables y difíciles de parar. Pero ella no me dejaba actuar de ningún modo.
No me hacía a la idea de cómo había llegado a aquello, algo que nunca antes hubiera imaginado, algo que, antes de que April entrara en escena, no hubiese pensado. Pero tampoco podía engañarme: me encantaba. Ella me estaba abriendo una puerta a la que yo, tal vez, no hubiera accedido meses antes.
Despertamos, o mejor dicho, desperté al cabo de un rato bastante largo. Después estuve reflexionando y haciéndome a la idea de todo lo que me había sucedido cuando sonó un móvil. Como no lo esperaba me sobresalté.
- Anda, pásamelo- dijo April soltando una risa.
Ella miró la pantalla de reojo antes de darle a ‘colgar’ soltando un soplido.
- ¿Es alguien de pelo rubio?- pregunté sin darle importancia.
- No… Es alguien de pelo pelirrojo, creo.- contestó.
- ¿Crees? ¿No estás segura de qué color tiene el pelo?
- Es que se lo cambia a menudo…
- Madre mía- dije riendo.
- ¿De qué te ríes?
- Nada, nada… Da igual.
April me lanzó una mirada antes de levantarse de la cama y empezar a vestirse. Iba a hacer lo mismo cuando de pronto se escuchó la vieja puerta cerrarse al mismo tiempo que una persona pasaba mirando hacia atrás, con el teléfono en la oreja.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Capítulo 30: Otra Vez Igual
April se extrañó de verme ahí, pero no dijo nada. Solo cogió su cuaderno, se tumbó en la cama y se puso a escribir, todo aquello en un sepulcral silencio.
Era tal la sensación de paz, que si agudizaba bien el oído, lograba escuchar la rozadura del bolígrafo con el papel. Reí al darme cuenta del escrito de April: ‘¿Deseas que te amen?’ Ella me miró a causa de la risa.
- ¿Deseas que te amen?- empecé a recitar.
Nunca pierdas, entonces,
el rumbo de tu corazón.
Sólo aquello que eres has de ser,
y aquello que simulas, jamás serás.
Así, en el mundo, tu modo sutil,
tu gracia, tu bellísimo ser,
serán objeto de elogio sin fin
y el Amor... un sencillo deber.
Aunque intentó esconderlo me miró con curiosidad.
- Edgar Allan Poe- sonreí- Un gran escritor, ¿no crees?
Cerró la libreta y la dejó encima de la cama junto al boli. Sin levantarse continuaba contemplándome.
- No sabía que te gustaran los poemas.
- Y no me gustan. Solo escribía.- contestó con desgana.
- ¿Cómo es que te lo sabes de memoria?
- Lo he copiado.
- ¿De dónde, si no tenías ningún libro en las manos?
- Estaba a medio terminar.
- No es cierto, lo has escrito desde el principio.
April se levantó de la cama. Dar explicaciones no le gustaba nada de nada. Mi vista continuaba presa del embrujo de la noche.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó ella molesta.
- No podía dormir.- giré la cabeza para encontrarme con sus ojos- ¿Y tú? ¿Nunca duermes o qué?
- No es asunto tuyo.
- Imaginaba que estarías de fiesta con tu amiga rubia.
- Ya ves que no.
- ¿Quieres que me vaya?- pregunté esperando alguna respuesta que me hiciera irme.
- Haz lo que quieras.- sentenció.
- ¿Por qué te comportas de esta forma?
- No me comporto de ninguna forma.
- Lo haces. Te comportas de una manera muy desagradable.
- Nadie te obliga a aguantarme.
- ¿En la cena no querías violarme?
- ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
- La cualidad que tienes para separar las cosas según te convenga, da miedo, ¿lo sabías?
- Cuando me acuesto con alguien no espero que esté ahí cuando me despierte. Mucho menos que me cuente sus problemas.
- ¿Tampoco te interesan los míos?
- ¿Has perdido algún apunte? ¡No, espera! ¿Se te han emborronado los deberes?- preguntó con ironía.
- Muy graciosa. Apúntate a monologuista.
Nuestro amigo el silencio incómodo hizo su aparición de nuevo. Dejé de mirar por la ventana dispuesta a irme a mi habitación, ya que allí no pintaba nada, tan solo parecía molestarla.
- ¿Dónde vas?- preguntó cuando me vio cerca de la puerta- Si te quieres quedar, con que estés callada, sobra.
- ¿Es tu manera de pedirme que me quede?
- No, ya te he dicho antes que hicieras lo que quisieras.- reprochó April.
- Pues eso hago: irme. A no ser que quieras lo contrario.- ella solo calló- ¿Quién calla otorga?- pregunté sonriendo.
April miró hacia un lado cruzada de brazos.
- Vale, lo dejaremos así.- dije riendo.
Caminé hacia ella hasta que nuestros ojos se cruzaron.
- ¿Estás bien?- pregunté ocultando mi preocupación.
- ¿Por qué no iba a estarlo?
- Te fuiste corriendo del comedor.
- ¿Y qué?
- ¿Ahora sí puedo tocarte? ¿Y acercarme a ti?
- ¿Eso quieres?
- No lo sé… ¿Me dejas averiguarlo?
- Luego la loca soy yo. Pues al menos la loca sabe lo que quiere y no está cambiando de opinión cada día.
- Refréscame la memoria. ¿Me quieres a mí?
- Sino tienes por ahí una hermana gemela- me agarró de la cintura y me atrajo hasta ella- Sí. Es a ti a quién quiero.
- Pero… ¿Y si yo quiero a otra persona?- pregunté.
- A ver si lo adivino… ¿Karol quizás?
- O Eric- añadí en un tono inocente.
- No hagas esto, Cristel.- advirtió.
- ¿Qué no haga el qué?
- Ponerme a prueba. No lo intentes, no me gustaría que acabaras mal…
- ¿Amenazas otra vez?
- Son hechos. Me conozco. Sé que si haces esto podría perderme... Así que no me induzcas a pensar esa clase de cosas, porque no terminará bien.
Sus ojos ennegrecieron un poco, y su penetrante mirada invadió mis pupilas. Se separó de mí y caminó hasta la mesita de noche, cuando llegó hasta ella dio de nuevo la vuelta. April se llevó el pulgar a la boca en un acto que aplacara o le distrajera de esas imágenes incesantes que golpeaban su cabeza. De pronto se pegó a mí y me empujó contra la pared al mismo tiempo que me daba un beso rudo y largo.
- ¿A qué viene este arrebato?- pregunté confundida.
- No es ningún arrebato, es lo que he deseado hacer desde hace tiempo… Entiéndelo, no lo puedo aguantar más.
- April…
- ¡No! Esto concluye aquí. Necesito que seas mía por fin, necesito poseerte en tu totalidad. No soporto ni un día más pensando con quién estás o dejas de estar.
- Yo no…
- Esto se ha alargado mucho… No resisto esta situación, te tengo día y noche en mi cabeza, y solo quiero controlarte, hacer que dejes a esa niñata que te gusta tanto… El simple hecho de imaginarte con ella me hacer hervir la sangre. Tan solo con el hecho de creer que te haya podido tocar antes que yo me supera. No voy a permitir que ella me gane. ¡No lo voy a hacer!
- Esto no es ninguna competición- contesté como pude.
- Es igual. Contigo todo es difícil. Y no quiero, no puedo apartarte a un lado, porque desde que bajaste de aquel coche fuiste únicamente mía. Aunque tú no lo supieras. Solo mía…
Apresó mi cadera mientras volvía a besarme. Estaba echa un lío… Ella me atraía hacia su cuerpo controlando cada movimiento. No podía hacer nada, estaba desarmada.
Sus manos en un par de movimientos se deshicieron de la camiseta, dejándome medio desnuda a la luz de aquella impresionante luna. Después le siguieron mis pantalones y cuando me quise dar cuenta, estaba en la cama, con el cuerpo de April cubriendo ligeramente el mío. Sentía su aliento recorrer mi cuello, frenarse en mi oído, bajar hasta mis labios. Notaba sus jadeos como parte de los míos, sin embargo, no podía evitar esa sensación que te dice que algo no va bien…
Rozó su brazo con mi mano y pude comprobar todo el calor que desprendía su cuerpo. Como el día del desmayo, en la enfermería. Su piel quemaba como una llama.
- April… Ardes- dije con la respiración entrecortada.
Pero ella no oía mis palabras… Ella estaba absolutamente enloquecida, no escuchaba nada, no atendía a razones… Seguía su instinto jugando conmigo. Acarició bruscamente mi pierna hasta que en una de aquellas clavó sus uñas en mi muslo.
- ¡Ah!- grité… De nuevo su piel ardiendo- April… Para… Tienes que parar… ¡Para!- chillé consiguiendo que se incorporara.
Fijó sus ojos en los míos. Me miraba, pero yo sabía que andaba perdida. Esa mirada, esos ojos tan oscurecidos, no eran una buena señal. Nada más se separó me apresuré a ponerle la mano en la frente y a tocarle de nuevo el brazo.
- Estás ardiendo… Esto no puede estar bien. Tenemos que ir a la enfermería a que te vea Julia.
- No…- dijo con un hilo de voz- Se me… Pasará.
- Quemas. April, se podrías derretir un hielo con tu piel… Por favor.
Tragó saliva y se levantó precipitadamente de la cama, dirigiéndose al ventanal, el cual abrió lo suficiente para que entrara aire.
Una ráfaga de viento inundó por un segundo la instancia. April seguía inmóvil delante de la ventana, observando la nada. El viento revolvía ligeramente su pelo azabache, el cual bailaba una danza silenciosa. Opté por levantarme también y acercarme a ella. Estaba de pie, quieta, con la cabeza apoyada en uno de sus brazos en el marco del ventanal, perdida en su mundo…
- ¿April?- pregunté en voz baja.
- Estoy bien. Ahora quiero estar sola- dijo en un tono autoritario.
- Ni en broma te voy a dejar aquí sola… Y menos con esa fiebre.
- Que estés o no aquí no soluciona el problema. Así que lárgate.
- ¿Entonces qué lo soluciona?
- Tú no- finalizó.
- Siempre haces igual, pero si te crees que por tratarme mal voy a irme, lo llevas claro.
Le agarré de la muñeca para obligarla a darse la vuelta. Era increíble, aún continuaba ardiendo, como si fuera la última brasa rebelde que se niega a apagarse en una hoguera. Enseguida se soltó de mi mano con un gesto de enfado.
- ¿Qué haces? ¡No me toques!- gritó.
- Necesitas ayuda.
- ¡Lo que necesito es que desaparezcas de mi vista!
Añadió sentándose en el bordillo de la ventana. Descansó su espalda en el cristal y agachó su cabeza mientras con sus manos cubría su cara. Era la primera vez en mi vida que sentía que no tenía la respuesta acertada. Tenía que hacer algo, pero no sabía ni por dónde empezar… Ella no se dejaba ayudar y a eso se le sumaba que aquella fiebre anormal no desaparecía.
Me agaché hasta ponerme a su altura.
- ¿Qué puedo hacer?- pregunté- Dime qué puedo hacer para que te baje la fiebre… Y lo haré. Pero por favor April, si no funciona, déjame llevarte con Julia. Te lo pido por favor.- dije casi rogando.
- No tienes por qué estar conmigo. Qué estés cerca solo empeora las cosas.
- ¿Dices que el estar así es culpa mía?- no contestó- ¿Es mi culpa, April?
- ¡Deja ya de hablar! ¡A ver si te enteras que no hace falta que me tengas lástima!
Apoyé una de mis manos en su rodilla. Pude notar cómo aquel grito vino acompañado de un acelerón de su corazón. Le latía a toda prisa.
- Mírame a los ojos…- alcé su cabeza hasta que mis ojos se encontraron con los suyos- Estoy aquí contigo, April. Solo contigo. Únicamente contigo, ¿de acuerdo? Y no me marcho no porque te tenga lástima, sino porque estoy preocupada por ti.
Besé sus labios ardientes en un intento de que reaccionara, para bien o para mal, pero que lo hiciera antes de que me preocupara ya de verdad. Apartó la cara bruscamente y se levantó dándome de nuevo la espalada.
- Esto no está bien… No funciona así- dijo en un susurro casi inaudible.
- ¿De qué hablas?
- Me cuesta… Respirar- volvió a susurrar.
Se agarró el estómago con ambas manos y flexionó su cuerpo poco a poco hasta que acabó de rodillas en el suelo. Desde donde estaba pude ver cómo brillaba su cara a causa del sudor. Ahora una gota le recorría un lado de la cara. Fui rápida a su encuentro sin saber qué podía hacer por ella. Le rodeé con mis brazos por detrás.
- April, tengo miedo…-le dije tratando de ser creíble- Tengo miedo de perderte.
Ella tan solo profirió un medio grito ahogado.
- Ni siquiera me conoces. ¿Cómo vas a tener miedo de algo así?
- No sé… Te juro que no lo sé, pero hay algo que me une a ti y no tengo ni idea de qué es… Me induce a estar contigo a pensar en ti a cada minuto. Me da lo mismo conocerte o no. Tan solo siento que me necesitas más de lo que haces ver…
- Hace tiempo que dejé de necesitar a… Alguien.
- Pero es que yo no soy ‘alguien’- contesté.
Le apreté más fuerte contra mí. Parecía que el ardor iba desapareciendo, aunque no del todo, sí un poco. Noté cómo le costaba tragar saliva y cómo su corazón se iba calmando al mismo tiempo que su piel dejaba de estar caliente.
- Cristel… Suéltame- ordenó.
- ¿Por qué?
- Hazlo- volvió a ordenar.
Me aparté de ella poniéndome de pie casi con un salto. Ella se levantó del suelo poco a poco, despacio, sin hacer movimientos violentos, bajo mi atenta mirada que no dejaba de examinarla de arriba a bajo por lo que pudiera pasar. Comprobé desde la distancia que ya respiraba bien, sin embargo, sus ojos seguían de un tono oscuro. Se pasó una mano por la cabeza, y respiró profundamente: estaba aún mareada.
- Para de mirarme así.- dijo molesta.
- ¿Cómo te miro?
- Como si te importara.- contestó fríamente.
Caminó pausadamente hasta la cama, dónde se tumbó con un brazo tapándole la cara y con una de sus piernas flexionada. Crucé mis brazos pensando en qué hacer: si quedarme, irme, hablarle, callarme… ¿Por qué era todo tan sumamente complicado? ¿Por qué April era tan sumamente complicada?
- No te quedes ahí plantada, si te quieres ir, vete. Nadie te obliga a ser mi niñera.- añadió desde la cama.
Llegué al otro lado de la cama y me senté de espaladas a ella. Desconfiaba de dejarla allí sola por si le pasaba otra vez… Además, recordé el sueño tan extraño que había tenido estando sola en la habitación, así que prefería quedarme en ese cuarto, si a April no le importaba, claro.
- ¿Puedo… Quedarme?- pregunté titubeando.
- ¿Tienes miedo de estar a solas en la oscuridad de tu habitación o qué?
- Algo así.
- No me gusta compartir cama- sentenció lo más tajante que pudo.
- Dormiré en el suelo- concluí.
- Vete a la mierda, Cristel.
- ¿No tienes más argumentos para rebatirme?
- ¿Sabes qué? Haz lo que te de la gana, pero no quiero oírte en toda la noche.
Me recosté en el lado izquierdo de aquella grandísima cama, intentando que mi brazo, pierna o cualquier otra extremidad no invadieran su espacio.
- ¿Seguro que ya estás bien?- pregunté.
- ¿Qué es lo que te he dicho? Apaga la puta luz y cállate.
- ¿En ese orden?
Ella pegó un bufido de cansancio y se dio la vuelta. La imité, pero hasta que no supe que se había dormido, no cerré los ojos.
Era tal la sensación de paz, que si agudizaba bien el oído, lograba escuchar la rozadura del bolígrafo con el papel. Reí al darme cuenta del escrito de April: ‘¿Deseas que te amen?’ Ella me miró a causa de la risa.
- ¿Deseas que te amen?- empecé a recitar.
Nunca pierdas, entonces,
el rumbo de tu corazón.
Sólo aquello que eres has de ser,
y aquello que simulas, jamás serás.
Así, en el mundo, tu modo sutil,
tu gracia, tu bellísimo ser,
serán objeto de elogio sin fin
y el Amor... un sencillo deber.
Aunque intentó esconderlo me miró con curiosidad.
- Edgar Allan Poe- sonreí- Un gran escritor, ¿no crees?
Cerró la libreta y la dejó encima de la cama junto al boli. Sin levantarse continuaba contemplándome.
- No sabía que te gustaran los poemas.
- Y no me gustan. Solo escribía.- contestó con desgana.
- ¿Cómo es que te lo sabes de memoria?
- Lo he copiado.
- ¿De dónde, si no tenías ningún libro en las manos?
- Estaba a medio terminar.
- No es cierto, lo has escrito desde el principio.
April se levantó de la cama. Dar explicaciones no le gustaba nada de nada. Mi vista continuaba presa del embrujo de la noche.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó ella molesta.
- No podía dormir.- giré la cabeza para encontrarme con sus ojos- ¿Y tú? ¿Nunca duermes o qué?
- No es asunto tuyo.
- Imaginaba que estarías de fiesta con tu amiga rubia.
- Ya ves que no.
- ¿Quieres que me vaya?- pregunté esperando alguna respuesta que me hiciera irme.
- Haz lo que quieras.- sentenció.
- ¿Por qué te comportas de esta forma?
- No me comporto de ninguna forma.
- Lo haces. Te comportas de una manera muy desagradable.
- Nadie te obliga a aguantarme.
- ¿En la cena no querías violarme?
- ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
- La cualidad que tienes para separar las cosas según te convenga, da miedo, ¿lo sabías?
- Cuando me acuesto con alguien no espero que esté ahí cuando me despierte. Mucho menos que me cuente sus problemas.
- ¿Tampoco te interesan los míos?
- ¿Has perdido algún apunte? ¡No, espera! ¿Se te han emborronado los deberes?- preguntó con ironía.
- Muy graciosa. Apúntate a monologuista.
Nuestro amigo el silencio incómodo hizo su aparición de nuevo. Dejé de mirar por la ventana dispuesta a irme a mi habitación, ya que allí no pintaba nada, tan solo parecía molestarla.
- ¿Dónde vas?- preguntó cuando me vio cerca de la puerta- Si te quieres quedar, con que estés callada, sobra.
- ¿Es tu manera de pedirme que me quede?
- No, ya te he dicho antes que hicieras lo que quisieras.- reprochó April.
- Pues eso hago: irme. A no ser que quieras lo contrario.- ella solo calló- ¿Quién calla otorga?- pregunté sonriendo.
April miró hacia un lado cruzada de brazos.
- Vale, lo dejaremos así.- dije riendo.
Caminé hacia ella hasta que nuestros ojos se cruzaron.
- ¿Estás bien?- pregunté ocultando mi preocupación.
- ¿Por qué no iba a estarlo?
- Te fuiste corriendo del comedor.
- ¿Y qué?
- ¿Ahora sí puedo tocarte? ¿Y acercarme a ti?
- ¿Eso quieres?
- No lo sé… ¿Me dejas averiguarlo?
- Luego la loca soy yo. Pues al menos la loca sabe lo que quiere y no está cambiando de opinión cada día.
- Refréscame la memoria. ¿Me quieres a mí?
- Sino tienes por ahí una hermana gemela- me agarró de la cintura y me atrajo hasta ella- Sí. Es a ti a quién quiero.
- Pero… ¿Y si yo quiero a otra persona?- pregunté.
- A ver si lo adivino… ¿Karol quizás?
- O Eric- añadí en un tono inocente.
- No hagas esto, Cristel.- advirtió.
- ¿Qué no haga el qué?
- Ponerme a prueba. No lo intentes, no me gustaría que acabaras mal…
- ¿Amenazas otra vez?
- Son hechos. Me conozco. Sé que si haces esto podría perderme... Así que no me induzcas a pensar esa clase de cosas, porque no terminará bien.
Sus ojos ennegrecieron un poco, y su penetrante mirada invadió mis pupilas. Se separó de mí y caminó hasta la mesita de noche, cuando llegó hasta ella dio de nuevo la vuelta. April se llevó el pulgar a la boca en un acto que aplacara o le distrajera de esas imágenes incesantes que golpeaban su cabeza. De pronto se pegó a mí y me empujó contra la pared al mismo tiempo que me daba un beso rudo y largo.
- ¿A qué viene este arrebato?- pregunté confundida.
- No es ningún arrebato, es lo que he deseado hacer desde hace tiempo… Entiéndelo, no lo puedo aguantar más.
- April…
- ¡No! Esto concluye aquí. Necesito que seas mía por fin, necesito poseerte en tu totalidad. No soporto ni un día más pensando con quién estás o dejas de estar.
- Yo no…
- Esto se ha alargado mucho… No resisto esta situación, te tengo día y noche en mi cabeza, y solo quiero controlarte, hacer que dejes a esa niñata que te gusta tanto… El simple hecho de imaginarte con ella me hacer hervir la sangre. Tan solo con el hecho de creer que te haya podido tocar antes que yo me supera. No voy a permitir que ella me gane. ¡No lo voy a hacer!
- Esto no es ninguna competición- contesté como pude.
- Es igual. Contigo todo es difícil. Y no quiero, no puedo apartarte a un lado, porque desde que bajaste de aquel coche fuiste únicamente mía. Aunque tú no lo supieras. Solo mía…
Apresó mi cadera mientras volvía a besarme. Estaba echa un lío… Ella me atraía hacia su cuerpo controlando cada movimiento. No podía hacer nada, estaba desarmada.
Sus manos en un par de movimientos se deshicieron de la camiseta, dejándome medio desnuda a la luz de aquella impresionante luna. Después le siguieron mis pantalones y cuando me quise dar cuenta, estaba en la cama, con el cuerpo de April cubriendo ligeramente el mío. Sentía su aliento recorrer mi cuello, frenarse en mi oído, bajar hasta mis labios. Notaba sus jadeos como parte de los míos, sin embargo, no podía evitar esa sensación que te dice que algo no va bien…
Rozó su brazo con mi mano y pude comprobar todo el calor que desprendía su cuerpo. Como el día del desmayo, en la enfermería. Su piel quemaba como una llama.
- April… Ardes- dije con la respiración entrecortada.
Pero ella no oía mis palabras… Ella estaba absolutamente enloquecida, no escuchaba nada, no atendía a razones… Seguía su instinto jugando conmigo. Acarició bruscamente mi pierna hasta que en una de aquellas clavó sus uñas en mi muslo.
- ¡Ah!- grité… De nuevo su piel ardiendo- April… Para… Tienes que parar… ¡Para!- chillé consiguiendo que se incorporara.
Fijó sus ojos en los míos. Me miraba, pero yo sabía que andaba perdida. Esa mirada, esos ojos tan oscurecidos, no eran una buena señal. Nada más se separó me apresuré a ponerle la mano en la frente y a tocarle de nuevo el brazo.
- Estás ardiendo… Esto no puede estar bien. Tenemos que ir a la enfermería a que te vea Julia.
- No…- dijo con un hilo de voz- Se me… Pasará.
- Quemas. April, se podrías derretir un hielo con tu piel… Por favor.
Tragó saliva y se levantó precipitadamente de la cama, dirigiéndose al ventanal, el cual abrió lo suficiente para que entrara aire.
Una ráfaga de viento inundó por un segundo la instancia. April seguía inmóvil delante de la ventana, observando la nada. El viento revolvía ligeramente su pelo azabache, el cual bailaba una danza silenciosa. Opté por levantarme también y acercarme a ella. Estaba de pie, quieta, con la cabeza apoyada en uno de sus brazos en el marco del ventanal, perdida en su mundo…
- ¿April?- pregunté en voz baja.
- Estoy bien. Ahora quiero estar sola- dijo en un tono autoritario.
- Ni en broma te voy a dejar aquí sola… Y menos con esa fiebre.
- Que estés o no aquí no soluciona el problema. Así que lárgate.
- ¿Entonces qué lo soluciona?
- Tú no- finalizó.
- Siempre haces igual, pero si te crees que por tratarme mal voy a irme, lo llevas claro.
Le agarré de la muñeca para obligarla a darse la vuelta. Era increíble, aún continuaba ardiendo, como si fuera la última brasa rebelde que se niega a apagarse en una hoguera. Enseguida se soltó de mi mano con un gesto de enfado.
- ¿Qué haces? ¡No me toques!- gritó.
- Necesitas ayuda.
- ¡Lo que necesito es que desaparezcas de mi vista!
Añadió sentándose en el bordillo de la ventana. Descansó su espalda en el cristal y agachó su cabeza mientras con sus manos cubría su cara. Era la primera vez en mi vida que sentía que no tenía la respuesta acertada. Tenía que hacer algo, pero no sabía ni por dónde empezar… Ella no se dejaba ayudar y a eso se le sumaba que aquella fiebre anormal no desaparecía.
Me agaché hasta ponerme a su altura.
- ¿Qué puedo hacer?- pregunté- Dime qué puedo hacer para que te baje la fiebre… Y lo haré. Pero por favor April, si no funciona, déjame llevarte con Julia. Te lo pido por favor.- dije casi rogando.
- No tienes por qué estar conmigo. Qué estés cerca solo empeora las cosas.
- ¿Dices que el estar así es culpa mía?- no contestó- ¿Es mi culpa, April?
- ¡Deja ya de hablar! ¡A ver si te enteras que no hace falta que me tengas lástima!
Apoyé una de mis manos en su rodilla. Pude notar cómo aquel grito vino acompañado de un acelerón de su corazón. Le latía a toda prisa.
- Mírame a los ojos…- alcé su cabeza hasta que mis ojos se encontraron con los suyos- Estoy aquí contigo, April. Solo contigo. Únicamente contigo, ¿de acuerdo? Y no me marcho no porque te tenga lástima, sino porque estoy preocupada por ti.
Besé sus labios ardientes en un intento de que reaccionara, para bien o para mal, pero que lo hiciera antes de que me preocupara ya de verdad. Apartó la cara bruscamente y se levantó dándome de nuevo la espalada.
- Esto no está bien… No funciona así- dijo en un susurro casi inaudible.
- ¿De qué hablas?
- Me cuesta… Respirar- volvió a susurrar.
Se agarró el estómago con ambas manos y flexionó su cuerpo poco a poco hasta que acabó de rodillas en el suelo. Desde donde estaba pude ver cómo brillaba su cara a causa del sudor. Ahora una gota le recorría un lado de la cara. Fui rápida a su encuentro sin saber qué podía hacer por ella. Le rodeé con mis brazos por detrás.
- April, tengo miedo…-le dije tratando de ser creíble- Tengo miedo de perderte.
Ella tan solo profirió un medio grito ahogado.
- Ni siquiera me conoces. ¿Cómo vas a tener miedo de algo así?
- No sé… Te juro que no lo sé, pero hay algo que me une a ti y no tengo ni idea de qué es… Me induce a estar contigo a pensar en ti a cada minuto. Me da lo mismo conocerte o no. Tan solo siento que me necesitas más de lo que haces ver…
- Hace tiempo que dejé de necesitar a… Alguien.
- Pero es que yo no soy ‘alguien’- contesté.
Le apreté más fuerte contra mí. Parecía que el ardor iba desapareciendo, aunque no del todo, sí un poco. Noté cómo le costaba tragar saliva y cómo su corazón se iba calmando al mismo tiempo que su piel dejaba de estar caliente.
- Cristel… Suéltame- ordenó.
- ¿Por qué?
- Hazlo- volvió a ordenar.
Me aparté de ella poniéndome de pie casi con un salto. Ella se levantó del suelo poco a poco, despacio, sin hacer movimientos violentos, bajo mi atenta mirada que no dejaba de examinarla de arriba a bajo por lo que pudiera pasar. Comprobé desde la distancia que ya respiraba bien, sin embargo, sus ojos seguían de un tono oscuro. Se pasó una mano por la cabeza, y respiró profundamente: estaba aún mareada.
- Para de mirarme así.- dijo molesta.
- ¿Cómo te miro?
- Como si te importara.- contestó fríamente.
Caminó pausadamente hasta la cama, dónde se tumbó con un brazo tapándole la cara y con una de sus piernas flexionada. Crucé mis brazos pensando en qué hacer: si quedarme, irme, hablarle, callarme… ¿Por qué era todo tan sumamente complicado? ¿Por qué April era tan sumamente complicada?
- No te quedes ahí plantada, si te quieres ir, vete. Nadie te obliga a ser mi niñera.- añadió desde la cama.
Llegué al otro lado de la cama y me senté de espaladas a ella. Desconfiaba de dejarla allí sola por si le pasaba otra vez… Además, recordé el sueño tan extraño que había tenido estando sola en la habitación, así que prefería quedarme en ese cuarto, si a April no le importaba, claro.
- ¿Puedo… Quedarme?- pregunté titubeando.
- ¿Tienes miedo de estar a solas en la oscuridad de tu habitación o qué?
- Algo así.
- No me gusta compartir cama- sentenció lo más tajante que pudo.
- Dormiré en el suelo- concluí.
- Vete a la mierda, Cristel.
- ¿No tienes más argumentos para rebatirme?
- ¿Sabes qué? Haz lo que te de la gana, pero no quiero oírte en toda la noche.
Me recosté en el lado izquierdo de aquella grandísima cama, intentando que mi brazo, pierna o cualquier otra extremidad no invadieran su espacio.
- ¿Seguro que ya estás bien?- pregunté.
- ¿Qué es lo que te he dicho? Apaga la puta luz y cállate.
- ¿En ese orden?
Ella pegó un bufido de cansancio y se dio la vuelta. La imité, pero hasta que no supe que se había dormido, no cerré los ojos.
viernes, 10 de septiembre de 2010
Capítulo 29: Una noche de Locos
Regresé a la mesa con Paula dándole vueltas a lo que había ocurrido momentos antes.
- ¿Dónde te has ido a dejar la bandeja? ¿O es que la has limpiado tú misma?- preguntó Paula un poco mosqueada.
- Me he distraído…
- Vaya… ¿Por qué no me extraña? Últimamente es lo único que haces.
- Déjame, lo que menos me hace falta eres tú haciendo de mi conciencia.- le reprendí.
- ¡Tranquila, que me parece que yo no te haré de nada a partir de hoy!
Se levantó de la mesa y desapareció entre la gente bandeja en mano. Bayron se me quedó mirando.
- ¿Y tú qué? ¿También crees lo mismo que ella?- pregunté con algo de enfado.
- Yo… No digo nada.- y siguió comiendo.
Por mi parte, me cansé de estar allí, necesitaba silencio en esos momentos, así que me fui a mi habitación. ¿Qué se suponía que estaba haciendo? Paula se había ido y a mí ni siquiera se me había pasado por la cabeza el ir a buscarla. ‘Cris, te vas superando cada día’ pensé en mi fuero interno.
A lo lejos vi una figura que me resultó familiar… Tal vez hablando con alguien llegara a una respuesta.
- ¡Nico!- grité.
Él se guardó algo en el bolsillo, se frenó y esperó pacientemente mi llegada con aquella seductora sonrisa de la que hacía gala siempre. El día que le faltara eso, creo que su esencia desaparecería y significaría que algo va mal. Pero que muy mal.
- Hola, Cris. ¿Me llamabas?
- Em… Sí. Es que te he visto… Espero que no te importe- me disculpé.
- ¡Qué va! Ahora no tengo nada importante que hacer.- me miró- ¿Qué tal si damos un paseo?
Sonreí. Empezamos a caminar hacia la salida, esquivando a gente que iba en contra dirección.
- ¿Y bien? ¿Qué tal te va todo?- preguntó él galantemente.
- Bien- musité.
- ¿Cómo está tu amiga? Con la que compartías habitación.
- ¿Lara? Mañana le darán el alta.
- Me alegro- sonrió- Aunque creo que lo que quieres es hablar de algo en concreto, ¿verdad?
- Algo así… Pero es que no sé cómo plantearlo.
- ¿Pierdes algo?- preguntó directo, como si supiera de que fuera la cosa.
- ¿Qué?
- Si pierdes algo por hacer lo que quieras hacer.
- No quiero- apresuré a corregir- Y puede que si pierda algo…
- ¿Ganas alguna cosa?
- No, creo que no.
- Entonces ya sabes la respuesta. ¿Por qué sigues dudando?- me encogí de hombros- A veces la gente necesita equivocarse. Si no te equivocas, no sabes que a la próxima no debes ir por esa senda.
- Pero es que ya sé que no debo ir por esa senda.
- Entiendo. Lo que quieres evitar es equivocarte, sentir que podrías haber evitado el daño… ¿No te has parado a pensar que en el proceso de encontrar la senda, caminar por ella, tropezar, seguir y caer definitivamente, es lo que hace divertido el camino?
- Lo que no me gustaría sería que la senda guiara mi camino.
- ¡Ah, vale! Tú eres de las que prefiere atravesar el bosque en perpendicular y pasar entre todos los matojos, ¿no?
Nos pusimos a reír. La verdad era que quizás las reflexiones de Nico no me ayudaban del todo, pero tenía que decir que eran bastante divertidas.
- No te compliques la vida, Cris. Creo firmemente que no eres de las personas que comenten un error tan grande que no se pueda reparar. Eres lista, sabrás salir de cualquier problema que se te presente.
- Gracias Nico.
- Si no te importa, yo me quedo aquí que he de esperar a un amigo. Espero haberte ayudado.
- Claro- reí- Gracias de nuevo, ojo que todo lo ve.
Él río mientras me daba la vuelta para irme definitivamente a mi cuarto.
Solo llegar me tiré encima de la cama y así estuve un rato hasta que decidí darme un largo baño. Me ordené a mí misma que hasta que no estuviera como una pasa, no saldría de allí.
Hundí la cabeza en el agua, ajena a todos los ruidos que hacía la gente, dejando la mente en blanco, respirando acompasadamente en un intento de relajarme. Escuché unos ruidos a los que no di importancia. Después de unos minutos, afloraron de nuevo más fuertes, pero seguí sin hacer caso, hasta que el ruido se hizo más que evidente. Saqué la cabeza del agua y observé todo el baño. Ni rastro de nada.
- Me estoy volviendo loca…
Dije a la vez que me hundía de nuevo en el agua templada. Cerré los ojos, encerrándome en mi mundo. Sentí una cosa. No sabía qué era, pero algo me decía que lo que fuera, no tenía que estar ahí. Abrí los ojos poco a poco. Ante mí, una sombra fue cogiendo forma… ¿Quién era? Traté de incorporarme sin éxito. Estaba como paralizada. La sombra estiró el brazo y poco a poco se fue acercando. Quise gritar o levantarme de golpe… Todo era inútil. No servía para nada porque aquella cosa no se frenaba, solo continuaba su camino. De pronto me costó respirar, noté cómo algo apretaba mi cabeza procurándome un dolor increíblemente fuerte. Me ahogaba… Me ahogaba y no podía hacer nada por salvarme…
- Yo lo intenté… Ahora es tu turno- dijo una voz melodiosa antes de que todo fuera silencio sumergido en oscuridad.
Desperté de golpe y me incorporé como un muelle encima de la cama. Por mi frente bajaba una gota de sudor frío que despareció cuando pasé mi brazo por ella, exhausta, asustada, convenciéndome de que todo había sido un sueño, pues yacía en mi cama con el pijama puesto y al mirar el reloj, me di cuenta que eran más de la una. Inspiré y expiré buscando una explicación al hecho de no acordarme de nada: ni de haber salido de la ducha ni de acostarme en la cama. Apoyé mis manos en la cara haciendo el esfuerzo de recordar algo, en vano… A mi cabeza no venía ninguna imagen. Era como cuando despiertas de un sueño recordándolo todo y al levantarte, se te ha olvidado. Pero la cabeza me dolía, me daba vueltas, y notaba una extraña sensación en la boca del estómago. Encendí las luces para cerciorarme de que estaba sola. Estaba desvelada, ahora con tanto pensar no iba a poder conciliar el sueño. Necesitaba evadirme de aquella pesadilla, así que cogí las primeras zapatillas que encontré y sin ni siquiera atármelas, me dirigí a los pasillos. Quizás caminando pudiera despejarme además de cansarme lo suficiente para tener sueño.
Anduve de arriba a bajo, subí, bajé escaleras. Me senté a mirar la noche desde una de las ventanas antes de escuchar unos pasos. Rápidamente conseguí esconderme, porque se suponía que a estas horas no se podía salir de la habitación, pero en ese momento mi cabeza lo requería de verdad. Pasó un profesor que no pude distinguir. En cuanto se perdió en el fondo del pasillo, empecé a subir escaleras sin darme cuenta de cuales eran… Me sorprendí sentada en el último escalón del último piso. Quise irme, pero una vocecilla interior me incitó a ir al escondite: ‘Con suerte, si ella no está…’ pensé caminando ya hasta el despacho, abriendo la puerta, buscando la dichosa obertura e intentando hacer el mínimo sonido posible. Llegué delante de la roída puerta y entré en la oscura habitación, tan solo iluminada por un halo de luz que provenía de aquel enorme ventanal, tapado débilmente con unas cortinas nuevas. Di al interruptor el cual encendió algunas de las bombillas que andaban distribuidas malamente por el cuarto.
Ahora entendía por qué a April le gustaba tanto ese lugar… Era mágico. O al menos lo era de noche. Aparté la cortina y la luz de la luna lo invadió prácticamente todo. El bosque desde aquella altura se asemejaba al de las películas de terror, moviéndose al compás del viento, con las palomas ululando en las copas de los árboles.
Casi hechizada por ese paisaje, me senté al lado del ventanal dispuesta a no pensar en nada, solo a dejarme llevar por los miles de ruidos que el viento traía consigo. Respiré hondo y pude comprobar con asombro cómo mi cuerpo se iba relajando, cómo mi mente se despejaba, cómo de pronto, todo estaba bien… Sonreí hacia mis adentros. Así me quedé durante unos minutos, no se exactamente cuantos fueron, ni tampoco me importó averiguarlo. Al cabo de un tiempo, percibí el conocido baile de la obertura abriéndose y unos pasos dirigiéndose hacia el ahora iluminado cuarto.
- ¿Dónde te has ido a dejar la bandeja? ¿O es que la has limpiado tú misma?- preguntó Paula un poco mosqueada.
- Me he distraído…
- Vaya… ¿Por qué no me extraña? Últimamente es lo único que haces.
- Déjame, lo que menos me hace falta eres tú haciendo de mi conciencia.- le reprendí.
- ¡Tranquila, que me parece que yo no te haré de nada a partir de hoy!
Se levantó de la mesa y desapareció entre la gente bandeja en mano. Bayron se me quedó mirando.
- ¿Y tú qué? ¿También crees lo mismo que ella?- pregunté con algo de enfado.
- Yo… No digo nada.- y siguió comiendo.
Por mi parte, me cansé de estar allí, necesitaba silencio en esos momentos, así que me fui a mi habitación. ¿Qué se suponía que estaba haciendo? Paula se había ido y a mí ni siquiera se me había pasado por la cabeza el ir a buscarla. ‘Cris, te vas superando cada día’ pensé en mi fuero interno.
A lo lejos vi una figura que me resultó familiar… Tal vez hablando con alguien llegara a una respuesta.
- ¡Nico!- grité.
Él se guardó algo en el bolsillo, se frenó y esperó pacientemente mi llegada con aquella seductora sonrisa de la que hacía gala siempre. El día que le faltara eso, creo que su esencia desaparecería y significaría que algo va mal. Pero que muy mal.
- Hola, Cris. ¿Me llamabas?
- Em… Sí. Es que te he visto… Espero que no te importe- me disculpé.
- ¡Qué va! Ahora no tengo nada importante que hacer.- me miró- ¿Qué tal si damos un paseo?
Sonreí. Empezamos a caminar hacia la salida, esquivando a gente que iba en contra dirección.
- ¿Y bien? ¿Qué tal te va todo?- preguntó él galantemente.
- Bien- musité.
- ¿Cómo está tu amiga? Con la que compartías habitación.
- ¿Lara? Mañana le darán el alta.
- Me alegro- sonrió- Aunque creo que lo que quieres es hablar de algo en concreto, ¿verdad?
- Algo así… Pero es que no sé cómo plantearlo.
- ¿Pierdes algo?- preguntó directo, como si supiera de que fuera la cosa.
- ¿Qué?
- Si pierdes algo por hacer lo que quieras hacer.
- No quiero- apresuré a corregir- Y puede que si pierda algo…
- ¿Ganas alguna cosa?
- No, creo que no.
- Entonces ya sabes la respuesta. ¿Por qué sigues dudando?- me encogí de hombros- A veces la gente necesita equivocarse. Si no te equivocas, no sabes que a la próxima no debes ir por esa senda.
- Pero es que ya sé que no debo ir por esa senda.
- Entiendo. Lo que quieres evitar es equivocarte, sentir que podrías haber evitado el daño… ¿No te has parado a pensar que en el proceso de encontrar la senda, caminar por ella, tropezar, seguir y caer definitivamente, es lo que hace divertido el camino?
- Lo que no me gustaría sería que la senda guiara mi camino.
- ¡Ah, vale! Tú eres de las que prefiere atravesar el bosque en perpendicular y pasar entre todos los matojos, ¿no?
Nos pusimos a reír. La verdad era que quizás las reflexiones de Nico no me ayudaban del todo, pero tenía que decir que eran bastante divertidas.
- No te compliques la vida, Cris. Creo firmemente que no eres de las personas que comenten un error tan grande que no se pueda reparar. Eres lista, sabrás salir de cualquier problema que se te presente.
- Gracias Nico.
- Si no te importa, yo me quedo aquí que he de esperar a un amigo. Espero haberte ayudado.
- Claro- reí- Gracias de nuevo, ojo que todo lo ve.
Él río mientras me daba la vuelta para irme definitivamente a mi cuarto.
Solo llegar me tiré encima de la cama y así estuve un rato hasta que decidí darme un largo baño. Me ordené a mí misma que hasta que no estuviera como una pasa, no saldría de allí.
Hundí la cabeza en el agua, ajena a todos los ruidos que hacía la gente, dejando la mente en blanco, respirando acompasadamente en un intento de relajarme. Escuché unos ruidos a los que no di importancia. Después de unos minutos, afloraron de nuevo más fuertes, pero seguí sin hacer caso, hasta que el ruido se hizo más que evidente. Saqué la cabeza del agua y observé todo el baño. Ni rastro de nada.
- Me estoy volviendo loca…
Dije a la vez que me hundía de nuevo en el agua templada. Cerré los ojos, encerrándome en mi mundo. Sentí una cosa. No sabía qué era, pero algo me decía que lo que fuera, no tenía que estar ahí. Abrí los ojos poco a poco. Ante mí, una sombra fue cogiendo forma… ¿Quién era? Traté de incorporarme sin éxito. Estaba como paralizada. La sombra estiró el brazo y poco a poco se fue acercando. Quise gritar o levantarme de golpe… Todo era inútil. No servía para nada porque aquella cosa no se frenaba, solo continuaba su camino. De pronto me costó respirar, noté cómo algo apretaba mi cabeza procurándome un dolor increíblemente fuerte. Me ahogaba… Me ahogaba y no podía hacer nada por salvarme…
- Yo lo intenté… Ahora es tu turno- dijo una voz melodiosa antes de que todo fuera silencio sumergido en oscuridad.
Desperté de golpe y me incorporé como un muelle encima de la cama. Por mi frente bajaba una gota de sudor frío que despareció cuando pasé mi brazo por ella, exhausta, asustada, convenciéndome de que todo había sido un sueño, pues yacía en mi cama con el pijama puesto y al mirar el reloj, me di cuenta que eran más de la una. Inspiré y expiré buscando una explicación al hecho de no acordarme de nada: ni de haber salido de la ducha ni de acostarme en la cama. Apoyé mis manos en la cara haciendo el esfuerzo de recordar algo, en vano… A mi cabeza no venía ninguna imagen. Era como cuando despiertas de un sueño recordándolo todo y al levantarte, se te ha olvidado. Pero la cabeza me dolía, me daba vueltas, y notaba una extraña sensación en la boca del estómago. Encendí las luces para cerciorarme de que estaba sola. Estaba desvelada, ahora con tanto pensar no iba a poder conciliar el sueño. Necesitaba evadirme de aquella pesadilla, así que cogí las primeras zapatillas que encontré y sin ni siquiera atármelas, me dirigí a los pasillos. Quizás caminando pudiera despejarme además de cansarme lo suficiente para tener sueño.
Anduve de arriba a bajo, subí, bajé escaleras. Me senté a mirar la noche desde una de las ventanas antes de escuchar unos pasos. Rápidamente conseguí esconderme, porque se suponía que a estas horas no se podía salir de la habitación, pero en ese momento mi cabeza lo requería de verdad. Pasó un profesor que no pude distinguir. En cuanto se perdió en el fondo del pasillo, empecé a subir escaleras sin darme cuenta de cuales eran… Me sorprendí sentada en el último escalón del último piso. Quise irme, pero una vocecilla interior me incitó a ir al escondite: ‘Con suerte, si ella no está…’ pensé caminando ya hasta el despacho, abriendo la puerta, buscando la dichosa obertura e intentando hacer el mínimo sonido posible. Llegué delante de la roída puerta y entré en la oscura habitación, tan solo iluminada por un halo de luz que provenía de aquel enorme ventanal, tapado débilmente con unas cortinas nuevas. Di al interruptor el cual encendió algunas de las bombillas que andaban distribuidas malamente por el cuarto.
Ahora entendía por qué a April le gustaba tanto ese lugar… Era mágico. O al menos lo era de noche. Aparté la cortina y la luz de la luna lo invadió prácticamente todo. El bosque desde aquella altura se asemejaba al de las películas de terror, moviéndose al compás del viento, con las palomas ululando en las copas de los árboles.
Casi hechizada por ese paisaje, me senté al lado del ventanal dispuesta a no pensar en nada, solo a dejarme llevar por los miles de ruidos que el viento traía consigo. Respiré hondo y pude comprobar con asombro cómo mi cuerpo se iba relajando, cómo mi mente se despejaba, cómo de pronto, todo estaba bien… Sonreí hacia mis adentros. Así me quedé durante unos minutos, no se exactamente cuantos fueron, ni tampoco me importó averiguarlo. Al cabo de un tiempo, percibí el conocido baile de la obertura abriéndose y unos pasos dirigiéndose hacia el ahora iluminado cuarto.
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