martes, 21 de septiembre de 2010

Capítulo 34: Sorpresa

De vuelta a la habitación, me encontré con una agradable sorpresa: Lara se encontraba en perfectas condiciones y estaba colocando su ropa de nuevo en el armario.
- ¡Cómo me alegro de que estés bien!- dije mientras le abrazaba.
- No mientas, que Paula ya me contó lo mal que lo pasaste el día del apagón.
- No es verdad… Solo daba un pelín de mal rollo, eso es todo.
- Oye, ¿de dónde vienes con el pijama puesto?
- ¿Qué?- me miré- ¡Ah! Pues… Antes de que vinieras he salido a mirar una cosa.
- Pero si yo llevo aquí…
- ¡Bueno! ¿A que hace un estupendo día? Voy a darme una ducha y a buscar a Paula. ¿Te vienes luego a dar una vuelta? ¡No contestes! Dímelo cuando salga- añadí cortando su frase.
Entré cerrando la puerta con cuidado, acertando a oír unas palabras de Lara, las cuales no entendí. Me metí en la bañera y ahí estuve hasta que me despejé del todo. Mientras el agua caía por mi cuerpo, pensé en una manera de poder hablar con Paula sin que me echara a la primera de cambio. Iba a estar difícil, porque ella ya estaba cansada de mí, pero lo intentaría de todas formas.
De la ducha me caminé en dirección al espejo. Me quedé un rato observando mi reflejo, ojeándome de arriba a bajo. No sabía qué pretendía encontrar hasta que vi una pequeña herida en el labio inferior. La toqué tratando de recordar el momento exacto en el que April me había mordido. A mi mente acudieron distintas imágenes que se vieron interrumpidas por los golpes de Lara a la puerta.
- ¿Te falta mucho?
- ¡No, ya salgo!- le hice saber.

Salí dispuesta a arreglarlo todo con Paula, fuese como fuese, hablaría con ella y le haría entrar en razón. Justo cuando iba hacia su habitación, de la nada apareció April, encaminándose a las escaleras, preparada seguramente para irse. Se le veía algo abatida, enfadada… Dudé si acercarme o no, pues estaba claro que compañía en ese momento no buscaba.
- April…- le llamé- ¡April!
Ella se giró desganada, como si se hubiese topado con una gran molestia que no desaparece.
- Te he escuchado la primera vez, pero suponía que al pasar de ti pillarías la indirecta. Ya veo que no- añadió con frialdad.
- Veo que sigues igual que esta mañana.
- Pues si lo ves, no hace falta que te conteste, ¿no?
- ¿Dónde vas? Sabes que tienes prohibido salir. Al final te expulsarán.
- Dime una cosa… ¿Es necesaria esta conversación? Porque me resultas algo cargante. A veces pienso que eres más corta de lo que aparentas. No hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que lo menos que me apetece en este mundo es estar aquí hablando contigo.
Se giró para continuar su camino, pero le agarré cuanto apenas del brazo, haciendo que se girara.
- Sabes que lo que sea puedes…
- ¿¡Otra vez!? ¡Joder! ¿De verdad no te cansas de ir de buena todo el puto día? Que hayamos echado un polvo no significa que te conviertas automáticamente en mi paño de lágrimas. ¡No! ¡Déjame ya!
Dio la vuelta y en un momento bajó las escaleras, salió del internado y se montó en su coche. Me quedé un rato allí, pensando, hasta que decidí que sería mejor dejar de dar vueltas a las locuras de April. Fui a busca a Paula para que dejara de estar molesta.
- Paula, ¿tienes un minuto?
- No- zanjó.
- Vamos, ¿hasta cuando vas a estar enfadada conmigo?
- Hasta que tú vuelvas a ser tú.
- ¡Deja ya la tontería! ¿Quieres?
Entré cerrando dando un inmenso portazo.
- Vas a romperme la puerta- añadió con enfado.
- Paula, no tienes razón para estar así…
- ¿Qué no? No me haces ni caso, no me cuentas qué pasa, desapareces sin avisar, te largas a la ciudad… Escucha, ¿eh? ¡A la ciudad! Tú sola. ¿¡Y encima me dices que no tengo razón!? ¡Olé tus huevos, Cris!
Se levantó de la silla de golpe, mostrando la rabia que sentía.
- Bueno, tal vez… Sí tengas, un poco de… Razón. Perdona.- traté de excusarme.
- Ahora no arregla nada que me pidas perdón.- se sentó de nuevo- Solo quiero que todo sea como antes. Que seamos amigas.
- Lo somos. Somos amigas, pero no puedes pretender que te cuente cosas que no quiero o no… Te puedo contar.
- ¡Y volvemos al punto de partida! ¿Qué coño es eso que no ‘puedes’ contarme?
- Solo te pido que tengas paciencia… Por favor… Es que quiero estar segura de cosas de las que quizás nunca esté segura y todo se complica cada vez más…
- Tú fumas hierba, ¿verdad? ¡O te la inyectas en vena! Por que sino, te juro que no te entiendo. No hay por donde cogerte, Cris.
- Tú solo, dame tiempo. Solo eso. Hazme el inmenso favor.
Paula resopló moviendo una de sus piernas, nerviosa. Tardaba mucho en responder por lo que yo le daba por perdida.
- ¡Vale! ¡Como quieras! Pero como vea algo que no me guste, aunque sea una tontería, no te hablo en la vida… ¿¡Estamos!?
Me tiré a darle un abrazo que intentaba rechazar de todas las maneras posibles. Por fin, una cosa menos en la que preocuparme.
Quedamos con Lara para dar una vuelta por el bosque. Después de casi una semana encerrada, respirar aire limpio le haría bien. Dimos un largo paseo. Un paseo que se hizo ameno, apacible, entre risas. Fue como recordar la niñez, la primera vez que nos conocimos en aquel mismo lugar con tan solo doce años.

Llegamos al comedor en el que Bayron nos esperaba impaciente con la bandeja en la mano, sentado en la mesa. Sin embargo, sentía que fallaba algo. April no había regresado aún de su escapada. ¿Dónde estaría? Imposible de imaginar, seguro que perdida por ahí. Parecía que le agradara estar siempre desaparecida.
- Bueno, Lara, ahora que estamos sola me podrás contar qué tal, ¿eh?- dije subiendo las escaleras.
- No te entiendo.
- Ya, claro. Bayron ha sido muy amable contigo toda esta semana, ¿cierto?
- No sé, supongo. Lo normal entre amigos.
- Amigos, ¿no?
Ella se giró con una sonrisa dibujada en la cara.
- ¿Por qué no hablamos de ti?- preguntó.
- No me cambies de tema- le espeté.
- ¿Qué pasa entre Eric y tú?
- ¿Eric? ¿Qué pasa con él?
- Dímelo tú. No se siente con nosotros y apenas te habla. Es un tanto extraño.
- Báh, es imbécil.
- ¿Qué pasó?
- Nada, que el otro día se puso un poco idiota y Nico tuvo que…
- ¿Nico?- me miró- ¿Quién es Nico?
- Es el primo de Eric… Creo. Eso me dijo.
Lara se paró en seco y me miró con incredulidad en la mirada.
- ¿Nicholas? ¿Nicholas Harrys?
- Sí, ese mismo. ¿Le conoces?
- ¡Para no! ¿Sabes el fortunón que va a heredar? Por eso él y Eric se llevan a matar, porque el padre de Eric le ha dado la mitad de la herencia a Nicholas. Cuando Eric se enteró no le gustó nada. Esa es la razón de que no se traguen. Ahora entiendo por qué no te quiere ni ver, si estás liada con su primo, pues…
- ¿Quién ha dicho que estemos liados? No es esa la razón de que no me hable. Ni yo estoy segura. Déjale con sus tonterías que cuando quiera algo, ya vendrá.
Entramos en la habitación y empezamos a cambiarnos de ropa mientras yo le dejaba todos los apuntes para ponerse al día.

April llegó después de la cena, quizás algo más cabreada de lo que se fue. Tenía que relajarse, descargar tensiones… Se dirigió a una habitación, tocó a la puerta y de ella salió una chica rubia.
- ¿Puedo pasar?- preguntó con una de sus mejores sonrisas.

Karol bajó a cenar con sus amigos, como siempre hacía. Luego, se marchó a la biblioteca hasta que se cansó y se encaminó hacia su cuarto. Giró el pomo para abrirla, pero el resultado fue negativo, estaba cerrada con llave. Eso le extrañó, normalmente nunca la cerraban. Su compañera le abrió desde dentro, pero la mitad, no le abrió de par en par.
- Amy, ¿a qué juegas? Déjame pasar, anda…
- Esto… Karol, ¿te importaría venir un poco más tarde?
- ¿Por qué? Esta también es mi habitación.
- Lo sé, pero es que ahora estoy algo… Ocupada. Por favor.
Karolina se fijó en Amy. Iba con una camiseta de tirantes y le había abierto la puerta en tanga. Detrás de ella se escuchaba algo de jaleo. ¿Blanco y en botella?
- ¡Ah! Bueno, quizás pueda… Tardar- añadió.
De repente una figura morena de ojos azules con una botella de Vodka en la mano, emergió de detrás.
- ¿Por qué tardas tanto?- April miró a Karol- ¡Hombre! Cuanto tiempo, ¿eh? ¿Quieres un trago?
- Pues… No gracias.- contestó algo descolocada.
- Bueno, más para nosotras. Ale, adiós.
Acto seguido, April le cerró la puerta en las narices. Karolina se quedó enfrente de su habitación con la mirada perdida, asimilando lo ocurrido. Incluso se pellizcó para comprobar que no estaba soñando. Se encogió de hombros y se fue.

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