A la mañana siguiente desperté envuelta en sábanas, boca abajo. No me costó recordar ni dónde estaba ni la razón de estar ahí. Abrí los ojos lentamente, mientras mis oídos se iban despertando conmigo e iban reproduciendo en mi cabeza todos los sonidos que llegaban a ellas. Giré la cabeza emitiendo un bostezo y me coloqué boca arriba antes de empezar a desperezarme. Como era de esperar, April no estaba. Tampoco me sorprendió demasiado conociendo su carácter solitario. Me incorporé en la cama buscando un reloj o algo que se le pareciera, pero en vez de eso me topé con una figura que yacía en el saliente del ventanal. Salí de la cama para asomarme. Ella estaba sentada con los pies colgando, con los ojos cerrados a causa de los rayos del sol.
- ¿Qué haces ahí? Podrías caerte- le reñí.
- Joder… ¿Ya de buena mañana dando por culo?-preguntó toda borde.
- Imbécil- contesté metiéndome dentro.
Empecé a buscar mi camiseta y mi pantalón del pijama para irme. Esta vez me até las zapatillas. Mientras lo hacía, April entró cerrando la ventana.
- Son las seis. Igual todavía puedes ir a correr.- informó.
- No me apetece. Seguramente me quede debajo de la ducha un rato.
- ¿Qué piensas hacer hoy?
- Nada que tenga que ver contigo… Ayer tuve más que suficiente- le reproché.
Justo cuando iba a ponerme la camiseta, ella me la arrebató de las manos.
- ¡Eh! ¡Dámela!
- ¿Para qué? Vete así.
- April, que me lo des.
- No- dijo divertida.
- ¿Es que no puedes dar las gracias como una persona normal y ya está?
- ¿Las gracias? Te dije que te fueras. En vez de eso me diste la noche con tanto movimiento.
- ¡Eso es mentira! Yo no me muevo por las noches.
- ¿Te enseño los morados? ¿O por qué te piensas que he madrugado tanto? Si me has echado de la cama, literalmente…
- ¡No inventes! Di que no te gusta amanecer con gente y punto.
- También.
Nuestros ojos se encontraron y ella tiró la camiseta encima de la cama. Se acercó hasta mí con media sonrisa pícara dibujada en la cara.
- Además, no hay mal que por bien no venga… Ayer me di cuenta de algo…
Cogió mi cadera dándome la vuelta y obligándome a darle la espalda. Una mano rodeó mi cintura y la otra apartó el pelo de mi cuello para luego susurrarme:
- Me di cuenta de que cerca de la tira del sujetador, tienes una marca de nacimiento…
La mano que antes me había apartado el cabello bajaba ahora por mi espalda, haciendo que sintiera un escalofrío a su paso.
- ¿Dejas que la vea mejor?- preguntó en un leve susurro desabrochándome el sujetador.
Sus besos comenzaron en mi cuello. De mi cuello fueron hasta mi hombro y de mi hombro a mi boca. Nuestras lenguas se juntaron en un determinado momento en el que ella, como siempre, dominaba la situación. Me apresó con su cuerpo sin dejarme opción a negarme a nada, mi mente ya volaba en otra dirección, en la dirección que April quería. Jugó a morderme el labio inferior, a utilizarme como le venía en gana. De nuevo sentí mis pantalones caer suavemente por mis piernas al mismo tiempo que ella acariciaba mi muslo. Me llevó hasta la columna de la enorme cama apoyándome en ella. Se agachó lentamente besándome el estómago. Sus manos tal como iban venían recorriendo cada espacio de mi semidesnudo cuerpo. Al final terminé tendida en la cama, sintiendo un cúmulo de sensaciones a la cual más intensa que la anterior, notando sus besos por mi ardiente cuerpo, mezclando nuestro aroma, nuestro sudor, nuestros incesantes jadeos… Mi respiración se entrecortaba por momentos, cada vez que April ejercía uno de sus movimientos que me hacían encorvar la espalda o gemir entre espasmos que ella misma provocaba.
- Di mi nombre- me decía al oído- Dilo…
Ella controlaba todo… Me controlaba a mí, que era lo que principalmente deseaba. Por fin había conseguido lo que tanto ansiaba, por fin me había tenido entre sus brazos, pegada a su cuerpo, pudiendo hacer conmigo todo lo que quisiera sin que nadie se interpusiera en su camino. Después de esto… ¿Qué pasaría? ¿Seguiría deseando mi cuerpo? ¿Deseando poseerme de nuevo?
- Cristel, bésame con más fuerza…-susurraba.
Aceleró sus besos, sus movimientos. Ella me sumergía en mi propio universo lleno de placeres inimaginables. Sentía cómo me abrasaba la piel, cómo April ejercía ese control sobre mí, cómo su boca controlaba la mía… Tantas sensaciones en tan poco tiempo… Cada poro de mi piel se tambaleaba con tenerla tan cerca. Mis labios se contrajeron entre jadeos irrefrenables y ganas de besarla, que se hacían insoportables y difíciles de parar. Pero ella no me dejaba actuar de ningún modo.
No me hacía a la idea de cómo había llegado a aquello, algo que nunca antes hubiera imaginado, algo que, antes de que April entrara en escena, no hubiese pensado. Pero tampoco podía engañarme: me encantaba. Ella me estaba abriendo una puerta a la que yo, tal vez, no hubiera accedido meses antes.
Despertamos, o mejor dicho, desperté al cabo de un rato bastante largo. Después estuve reflexionando y haciéndome a la idea de todo lo que me había sucedido cuando sonó un móvil. Como no lo esperaba me sobresalté.
- Anda, pásamelo- dijo April soltando una risa.
Ella miró la pantalla de reojo antes de darle a ‘colgar’ soltando un soplido.
- ¿Es alguien de pelo rubio?- pregunté sin darle importancia.
- No… Es alguien de pelo pelirrojo, creo.- contestó.
- ¿Crees? ¿No estás segura de qué color tiene el pelo?
- Es que se lo cambia a menudo…
- Madre mía- dije riendo.
- ¿De qué te ríes?
- Nada, nada… Da igual.
April me lanzó una mirada antes de levantarse de la cama y empezar a vestirse. Iba a hacer lo mismo cuando de pronto se escuchó la vieja puerta cerrarse al mismo tiempo que una persona pasaba mirando hacia atrás, con el teléfono en la oreja.
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