El camino de vuelta se me hizo cuesta arriba. ¿Qué iba a hacer? Tenía la oportunidad de decirle que no y terminar con todo esto. Acabar con esto antes de que fuera a peor. Por otro lado… Había despertado tantas cosas en mí, que deseaba saber hasta dónde podría llegar. Quería explorar eso que April me ofrecía. Quería explorar eso que April provocaba con cada gesto, con cada mirada que me dedicaba. Inmersa en mí misma, yendo por los pasillos, me tropecé con Paula.
- ¿Llegas ahora?
- Hoy he salido más tarde.
- Son cerca de las nueve. ¿No te acuerdas que hoy venía tu padre? Hemos quedado con él a las diez. Como no espabiles no llegamos.
- ¡Mierda! Tú ves desayunando que enseguida bajo.
¿Cómo había olvidado lo de mi padre? Definitivamente April acabaría por volverme loca. Por suerte me dio tiempo de hacer todo, ya que cuando bajé, el coche de mi padre giraba en nuestra dirección.
- Cris…
- Dime.
- Nunca antes se te había olvidado algo así.-dijo Paula con voz de preocupación- Ayer ni siquiera me avisaste de que te ibas. No sé lo que te ocurre, pero sea lo que sea, no me gusta.
- Paula… No le des más vueltas, ¿vale? Ha sido un descuido de nada y lo de la fiesta… Me encontraba mal. No quería molestarte, así que me fui a dormir.
- ¿Eso es todo?
Dudé unos segundos.
- Sí, eso es todo.
No pareció convencerle la respuesta, pero antes de que pudiera reprocharme nada, mi padre bajó del coche. Nos saludó y nos llevó a comer, algo que solía hacer en cuanto tenía un hueco, para después finalizar el día comprándome cualquier cosa que quisiera.
Por el camino de vuelta iba pensando en mis cosas, distraída, mirando por la ventana.
- Me gusta tu colgante. ¿Es nuevo?- preguntó mi padre.
- ¿Qué?- había escuchado la pregunta, pero rezaba para que Paula no.
- El colgante. Cuando te traje no lo llevabas… ¿O sí?
Paula se giró y me miró el cuello al mismo tiempo que intentaba taparlo con la mano.
- Es que me lo han… Es un regalo- concluí.
- Espero que no haya sido del bribón ese de pelo rizado…
- Bayron, papá. Se llama Bayron y no, no ha sido él.
- Vale, ya me callo.
A Paula no le gustó nada la respuesta. Es más, se quedó con la mosca detrás de la oreja. Tanto se mosqueó, que ni me habló al llegar a la habitación pero claro está, no se iba a quedar así la cosa… Paula siempre se olía las cosas.
- Un regalo, ¿eh? ¿Y de quién si puede saberse?- preguntó.
- No sé… Me lo enviaron por correo- mentí- Iba en un sobre sin remite.
Paula dejó caer de un sonoro golpe unos libros encima de la cama.
- ¿Se puede saber qué te pasa? ¿Por qué me mientes? Ese collar lo vimos no hace ni dos días en el pueblo… Es mucha casualidad, ¿no?
- Son cosas mías.
- ¿Cosas tuyas? Perfecto… ¡Pues dile a esa ‘cosa tuya’ que cuando vuelvas a ser tú y abandone tu cuerpo la estúpida que se a metido dentro de ti, me llame!
- Paula. ¡Paula!
Se fue pegando un portazo. Era mi amiga, pero no podía contarle algo de lo que ni yo misma estaba segura. Estaba más que claro lo que ella me diría, lo que yo debería contestar, claro que Paula no había estado tan cerca de April, no le había mirado a los ojos, no le había besado… No sabía que ella podía influir en mí de esa manera. Fui a buscarla. No iba a contarle todo, solo iba a intentar que con lo poco que le contara se conformara.
- ¿Puedo pasar?- hubo silencio- ¿Puedo o no?
Ante su cabezonería, pasé y cerré la puerta. Paula estaba tirada en la cama, haciendo como que estudiaba, fui hacia ella hasta sentarme en un lado de la cama.
- Si has venido a contarme cualquier mentira, prefiero que te lo ahorres.
- Venía a contarte lo del colgante.
- Nunca antes te habías guardado nada par ti. Si lo has hecho será porque crees que debes de hacerlo, así que si no quieres decirme qué es, no lo hagas.- suspiró- Pero la verdad es que aunque no fuera todo, me gustaría que tuvieras la suficiente confianza como para contarme la mitad. O la cuarta parte…
- April- musité.
Paula se giró hacia donde estaba sentada.
- April, ¿qué?- me miró a mí y miró el collar- ¿Ella te lo ha comparado?
- Me lo ha dado.
- Es lo mismo.- se incorporó- ¿Por qué?
- No sé… Igual por lo de la enfermería. Ya sabes, me quedé con ella y… Eso.
Paula arqueó la ceja.
- No parece el tipo de persona que regale algo si no espera recibir algo a cambio…
Esa frase me hizo sentir un escalofrío.
- O igual sí. No la conocemos tanto.- repliqué.
- No me gusta.- se levantó de la cama- Nada.
- ¿El qué no te gusta?
- Ella. Tú con el regalo. La situación en general. Pero principalmente no me gusta ella.
- Haces un mundo de un acto insignificante.
- Un acto insignificante produjo el Big Band.
Acto seguido, la puerta de su cuarto se abrió. Paula esperaba que fuera su compañera, pero se encontró de frente con April. Al ver su cara tuve que mirar a la puerta pensando que sería alguien que no tenía que estar ahí. No me equivocaba.
- Hola.
April saludó desde la puerta con sus ojos fijos en los míos.
- ¿A ti no te han enseñado a tocar a la puerta?
- ¿Puedes venir, Cristel?
Paula me miró, supongo que esperando que le dijera algo, pero como vio que tardaba en responder lo hizo ella.
- Está ocupada conmigo. Fuera.
- Tenemos algo pendiente, ¿recuerdas?
Ella seguía sin prestar atención a Paula cosa que le estaba molestando bastante.
- Te repito que Cris se queda. Búscate a otra.
Al escuchar eso, April se giró hacia Paula y sin quitarle la vista de encima, me dijo:
- Entonces búscame cuando termines… Si es que tu guardaespaldas te lo permite.
Paula fue a replicarle, pero antes de que lo hiciera me levanté y le cogí del brazo al mismo tiempo que le negaba con la cabeza. Cuando levanté la vista, la puerta estaba abierta y ella ya no estaba.
- No se qué te traes con esa, solo te diré que no deberías mezclarte en sus asuntos.
Apartó el brazo de golpe. Se fue al baño mientras yo me senté en el borde de la cama, sopesando todos los pros, los contras… ¿A quién pretendía engañar? Solo encontraba contras: dejarme controlar, el qué dirán, perder mi amistad con Paula, perderme yo… Se acabó, ya no más. Me levante decidida a decirle a April que no, que no sería su juguete, que no quería que se acercara más a mí. Que definitivamente, no iba a empezar nada con ella.
La busqué por todo el internado. Ni rastro. A la hora de la cena intenté buscarla de nuevo sin éxito. ¿Eso sería una buena o mala señal? Pensé que cuando menos lo esperara me la encontraría, así que preferí centrarme en repetir mentalmente ‘no’, ‘no’, ‘no’… Como una idiota.
No se presentó ni a la cena, con lo cual supuse que tendría que esperarme al día siguiente para decírselo. Paula se pasó toda la noche respondiéndome con monosílabos, así que como no me apetecía estar hablando con lo que parecía la máquina de la verdad con tanto ‘sí’, ‘no’ y demás, me fui a acabar uno de los trabajos que tenía.
Antes de ir a mi habitación decidí pasar por el cuarto de una de clase, a ver si me devolvía una hoja de apuntes.
- Pues menos mal que me lo has recordado, que sino me la quedaba.
Típico, encima de que dejas apuntes, la gente los tira por ahí… Por lo que tardaba, temía que tuviera que volver a escribirlos de nuevo. ‘Si es así, me la cargo’, pensaba para mí. Me puse a dar vueltas por el pasillo. Una de las puertas del fondo se abrió y de ella salieron dos chicas.
- Aquí tienes Cris. Lo siento, es que estaban debajo de todos los libros.
- No pasa nada.
‘No pasa nada… Me los llega a perder y…’ Mi pensamiento se quebró al ir a bajar las escaleras y ver dos figuras medio escondidas. De nuevo tuve la sensación. La sensación que me decía ‘ves a ver qué están tramando’. Pasé de largo, esta vez no quería saber nada.
- Ya que a ti te dejan salir, la próxima vez podríamos ir a algún sitio algo más… Íntimo. ¿Te parece?
- Me parece que ya veremos. No creas que eres el centro del mundo.
Esa voz… Parecía su voz. No, no puede serlo. Me acerqué sigilosamente. Seguía sin poder ver sus rostros. Me acerqué más hasta situarme detrás de una columna.
- Había pensado ir al cine o ir a un bar o algo así.
- Odio el cine y el gentío. Sobretodo el gentío borracho marrullero. Además, que paso del cine, yo tan solo me quedo a oscuras para follar. Y si me apetece.
- Pero…
- Que lo olvides. ¿Acaso te he prometido algo de eso? Respuesta: No. Por lo tanto no te debo nada.
La chica que estaba enfrente de la otra se dio la vuelta para irse de su lado. Entonces la chica número dos la agarró y la acercó a sí misma hasta que sus ojos se encontraron en la oscuridad.
- Está bien- las dos se fundieron en un beso- Prométemelo ahora.
- Estarás de coña...
April rió y miró hacia donde estaba yo.
- Por favor. Prométemelo.
- ¿Qué quieres? ¿Qué te lleve de la mano por un parque?
La chica bajó la vista hasta toparse con el suelo. Ella le levantó el rostro y le besó en los labios.
- Ya te llamaré.- resopló añadiendo- Lo prometo.
La chica sonrió. April tan solo se giró y se perdió pasillo arriba. No pude dejar de repasar esa escena durante el camino hacia mi habitación. De ninguna manera quería acabar como esa chica, aferrándome a una promesa vacía por completo, queriendo tener algo que de primeras sabía que nunca iba a tener. Estaba decidido.
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