viernes, 23 de julio de 2010

Capítulo 9: Provocación, tu nombre es April

Al día siguiente me desperté pensando en dónde había dejado los apuntes… Era triste que ese fuera mi primer pensamiento mañanero. Por lo que escuché, Lara estaba en el baño así que esperé que saliera buscándolos.
- Si buscas tus apuntes los tengo yo. Anoche los vi, así que mientras dormías les eché un vistazo. Espero que no te importe.
- No, que va… Pero porque eres tú.- Lara sonrió y empezó a vestirse- ¿Dónde vas a estas horas?
- Es que he de hacer unas cosas en la biblioteca antes de clase, sino luego no me dará tiempo.
- Ya que vas, podrías traerme un libro…
- ¿Cuál?
- Sorpréndeme.
Lara se fue y yo no tardé en arreglarme. Mi intención era bajar a desayunar, pero al abrir la puerta ahí estaba de nuevo. De buena mañana ya… ¿De dónde sacaba tanta energía?
- Parece que estemos conectadas, ¿eh?
No dije nada. Al no hacerlo, April se auto invitó a entrar.
- Bueno, al menos no nos molestarán.
- Lara está aun en…
- Tu compañera se ha ido hace tiempo.- dijo sentándose en mi silla- Además, se que tardará en volver… Si es que vuelve- añadió con una sonrisa maliciosa.
Le miré intentando abrir la boca para decirle todo lo que había decidido ayer, pero se ve que mis palabras estaban bien escondidas en el fondo de mi garganta.
- ¿Anoche me buscaste?
- Sí, pero como no te vi lo dejé estar.- me apresuré a contestar.
Ella me miró, moviendo la silla a un lado y al otro.
- ¿Y bien?
- No.
Ese ‘no’ salió sin ni siquiera esperarlo. Se levantó de la silla para ponerse a mi altura.
- No, ¿qué?
- Que no… Que no quiero.
Mi voz sonó como la de una niña que no quiere hacer una obligación.
- ¿Lo estás diciendo de verdad?- asentí con la cabeza- ¿He hecho algo?
- ¿Qué?
- Si he hecho algo… No sé, que te molestara o te incomodara.
- Toda tú me incomoda.- le espeté.
- Me refiero a si anoche… Hice algo que te molestó.
Empecé a pensar que ella me había visto escondida detrás de la columna y creo que mi pensamiento no estaba del todo equivocado.
- Eres libre de hacer lo que quieras, cuando quieras y con quien quieras…
- Entonces está todo bien, ¿no?
- Está todo perfecto.- finalicé.
April se acercó a mí caminando pausadamente, con sus ojos de nuevo fijos en los míos. Me cogió del antebrazo y me acercó hacia ella.
- No me toques- le dije intentando que me soltara- Te lo advierto…
Volvió a ocurrir. Sus grandes ojos azules se oscurecieron hasta volverse casi negros, con esa mirada que te incitaba a correr. Esa mirada que podía llegar a helarte la sangre.
- Me pregunto si tú gemirás igual que ella… O si el tacto de tu piel se podrá igualar a la suya. O si tal vez, tu boca, tus labios, podrán saciarme tanto como ella lo hizo anoche…
Esas palabras se clavaron en mi cabeza como estacas. ¿Qué pretendía conseguir con todo aquello? Me negaba a escucharla, pero mis oídos tan solo amplificaban cada frase que pronunciaba… Me sentía mareada y podía sentir mi sangre circulando por mi cuerpo a una velocidad de infarto.
- Es más, me gustaría averiguar si serías capaz de seguir mi ritmo, como lo consiguió ella ayer…
Cerré los ojos con la esperanza de dejar de sentir ese torbellino de sensaciones que no podía explicar. No era posible que todas esas cosas me las estuviera provocando una persona a la que no conocía absolutamente de nada.
- Cállate- dije en voz baja.
- Quisiera averiguar si también eres tan lista en otros campos donde alguien te puede llegar a superar con creces… Si podrías liberarte como ella lo hizo.
- Que te calles…- repetí en voz baja.
No, esto no podía estar pasando. Sabía que era una prueba, que tan solo era una estúpida prueba de April… Aun así, ¿por qué me sacudía un escalofrío al escuchar todo eso salir de su boca?
- Abre los ojos, Cristel. Pensaba que éramos amigas y que podía contarte mis cosas…
Me acercó todavía más hacia su cuerpo. Podía notar su respiración tan cerca de mí, que al final no sabía dónde empezaba la mía y acababa la suya.
- Si te molesta puedo dejarlo… Pero tienes que decírmelo.
- Déjame…
- No, así no…
De pronto me agarró de la cintura y me llevó hasta ella para luego tenderme poco a poco en la cama. Creía que la cabeza me iba a estallar, sentía un calor abrasante en todo mi cuerpo, en cada poro de mi piel.
- Dímelo… Quiero oírlo de tu boca. Quiero saberlo.
- No…
- ¿Por qué?
- Porque tiendes a degradar a las personas sin importarte sus sentimientos. Porque pretendes manejarlos según te convenga y yo no pienso engrosar esa lista…
April se puso encima de mí, me aferró las muñecas y me las subió lentamente hacia arriba mientras sus ojos no dejaban de observar cada reacción que me provocaba.
- Eso no tiene nada que ver… Y lo sabes. No es por eso que estés molesta o enfadada, ¿cierto? Es por algo más. Es fácil, solo admítelo. Tan solo dímelo.
- No hay nada más…
Hasta yo misma me asombré de lo creíble que parecí, pero ella no estaba dispuesta a rendirse sin conseguir lo que se había propuesto. April ya había comenzado su propio juego, y en sus juegos estaba acostumbrada a ganar.
Me apretó todavía más las muñecas.
- En ese caso… Puedo contarte más cosas. ¿Es lo que quieres? ¿Quieres que te relate paso por paso lo que ella me hizo? ¿O lo que yo hice con ella? Porque lo haré. Te lo contaré absolutamente todo: cada beso, cada suspiro, cada vez que gritaba mi nombre…
- Cállate…- volví a repetir con algo más de voz.
- …cada roce de su piel con la mía, cada mirada que ella me regalaba, cada espasmo que tenía cuando yo…
- ¡Basta!- le grité- Cállate ya…
Ella sonrió. Se acercó a mi cara hasta que apenas nos separaba unos centímetros.
- Si supieras de la misa a la mitad de lo que ocurrió esa noche antes de que nos vieras salir de su cuarto…
- ¡Para!… No quiero escucharte…
- ¿Y por qué no quieres escucharlo, Cristel? Dímelo.
- ¿Qué quieres que te diga, April? ¿Qué?- le miré algo cansada. Todo me daba vueltas- ¿Que me molestó? ¿Eso es lo que quieres saber? ¿Qué no entiendo por qué me dio un latigazo al verte con aquella chica? ¿Qué no puedo evitar sentirme extraña a tu lado? Pues sí, me fastidió enormemente… Ni te imaginas la sensación de vacío que aquello me produjo. Pero sabes lo peor… Que esto no tiene ni pies ni cabeza y aun así no puedo evitar que todo mi ser quiera estar cerca de ti. Yo misma no soy capaz de decirte que no quiero que me beses, porque no es así…
- No lo hagas.
April acercó sus labios a los míos y me besó con su fuerza característica que te transmitía puro fuego.
- Es que no lo comprendes… No soy así. Tú me haces ser una persona distinta capaz de traicionar a mi mejor amiga solo por ser tu juguete. Y no me gusta, porque después me siento como una mierda… Y cuando me siento así, tu desapareces, pero Paula no.
Ella se incorporó soltándome por fin de las muñecas con un gesto de fastidio en su rostro.
- ¿Qué te traes con esa? Estoy harta de que siempre la menciones.
- ¿Qué estás harta? Tu y yo no hemos tenido ninguna conversación normal hasta la fecha, así que no se de donde te sacas que siempre la menciono.
- No hace falta estar aquí años para saber que te habla demasiado de cerca y que aprovecha cualquier excusa para meterte mano.
- Estás como una cabra.
- Ya te dije que odio tener competencia…
- ¿Pero de qué hablas? Conozco a Paula de toda la vida. La conozco más que a ti.
April se revolvió incómoda.
- Eso todavía lo empeora más.
Me miró de nuevo. Poco a poco fue bajando otra vez hasta mi boca, cogiéndome una de las muñecas con una mano, mientras que la otra la mantenía en mi costado.
- ¿El qué empeora?- me atrevía a preguntar.
- Esas cosas me dan que pensar… Pienso que podría haberte tenido mucho antes, que Paula ha estado a tu lado más tiempo que yo, que…
- ¿Qué?- le increpé para que siguiera hablando.
Respiró. Sus ojos se tornaron más oscuros si cabía.
- Pienso que con que ella te dijera que no me vieras lo harías… Por eso tengo que hacer algo para retenerte. Por eso tengo que hacer que sin mí no puedas respirar, no puedas dormir. Que no puedas estar tranquila hasta que me veas. Que dudes si estoy o no con otra solo para estar en tus pensamientos. Que…
- Que te necesite.- finalicé yo- Eso es cruel.
- No he dicho que no lo sea.- sonrió- Hasta la fecha me ha funcionado bien.
- No puedes obligar a que alguien te quiera.
A ella se le escapó una carcajada.
- ¿Qué me quiera? Te equivocas, no así como funciona. Solo hago esto por diversión, me gusta conseguir lo que quiero.
- ¿Aunque por el camino dejes restos de lo que tú has destrozado?
- No es mi problema. Siempre voy de frente, avisando de lo único que espero.
- No puedes reprocharles que se enamoren o que se vuelvan locas por ti cuando tu misma lo provocas.
- ¿Lo provoco?- preguntó sarcástica.
- Si dices que les vas a bajar la luna con un lazo una y otra vez, sí.
- A ti no parece afectarte.
- Será que finjo bien. O que no espero absolutamente nada de ti.
- Intentas fingir bien. Pero por cosas como esta…
La mano que estaba en el costado se deslizó suavemente por debajo de mi camisa y di un respingo.
- … Por cosas como estas se que no finges.
Empezó a besarme y su mano se paseó a sus anchas por mi cuerpo hasta llegar a mi pierna, donde se detuvo. En ese instante escuché voces en el pasillo.
- ¡Mierda! ¡Levántate!
- Sino te he tocado…
- No es eso- las voces se hicieron más evidentes aun- Paula está en el pasillo.
- ¿Y qué?
- Quítate de encima.
- No.
- ¡Haz el favor!
- He dicho no.
Le pegué un empujón que hizo que se levantara sí o sí.
- ¡Joder! ¡Serás hija de…!
- Métete en el baño.
April me miró con cara de pocos amigos.
- Estarás de huasa.
- ¡Vamos!
- ¡Que no me da la gana! No voy a esconderme por nadie, mucho menos por Paula. Es más, me voy a quedar aquí para poder ver la cara de imbécil que pone cuando me vea aquí contigo.
Me acerqué a ella con paso firme.
- Tú tienes tus gilipolleces de querer tirarte a todas las tías y yo no quiero que Paula deje de hablarme, ¿estamos? O sino…
- ¿Qué? ¿Me estás amenazando a mí?- tocaron a la puerta- No lo creo, señorita Brais.
- April… Escóndete solo un momento. Un momento.
Volvieron a tocar a la puerta mientras ella dudaba y dudaba.
- Si lo hago… El domingo entero me le lo dedicarás exclusivamente.
- ¿El domingo?
- Eso he dicho.
Oí de fondo a Paula despedirse de alguien y abrir la puerta.
- ¡Vale! El domingo entero.
Se metió en el baño, pero antes de cerrar la puerta añadió:
- Yo solo te digo una cosa… Este es el primer sitio donde va a mirar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario