Subí hasta mi habitación para poner mis cosas en su sitio y por el camino me topé con mi compañera de habitación.
- Hombre Cristel, ¿cómo estás?
- Bien. Con ganas de regresar.
- Sí, cómo todos aquí- las dos reímos- Yo ya he deshecho las maletas, así que el cuarto es todo tuyo.
- Vale, ya nos veremos.
- Hasta luego.
Retomé el camino, pero a mitad, algo me hizo detenerme. Aparté la maleta a un lado y silenciosamente me acerqué a una de las habitaciones que estaba medio abierta. En ella se hallaba la directora y una chica la cual no conseguía ver bien.
- Ya sabes cómo va esto. Haz lo que te digan y compórtate, que cambias más de colegio que de bragas.- se escuchó otra voz de fondo, pero no lograba ver a la persona- Ya le he dicho a la directora aquí presente que no te deje hacer muchas tonterías, que paso de venir a buscarte otra vez, eh April?
- Que sí. Que prometo que me comportaré bien, no lloraré ni esas cosas. Ahora dejadme en paz de una puta vez.
- ¡April!- le reprimió la voz.
- Ups… Quiero decir, por favor.
De pronto una voz me sobresaltó con un ‘¿Qué haces?’
- ¡Shhhhh! Cállate…
Paula se puso detrás y retrocedimos unos pasos, pero la chica se giró y se quedó mirando por la rendija de la puerta antes de que la directora la cerrara del todo.
- ¿Qué pasa? ¿Quién era?
- Gracias a ti, no sé.
- Es que no sabía que tenías una vena cotilla. He visto la maleta en mitad del pasillo y pensaba que te había pasado algo.
- Parece ser que hay chica nueva en el internado. Aunque no viene muy contenta.
- Pues como todos… Todos somos pájaros encarcelados en contra de nuestra voluntad, para que luego digan que ser rico es ‘divino de la muerte’… ¡Pues hasta los dieciocho nanai, señores!
- ¡Baja la voz! Al final nos verán.
- ‘Tá bien. Enga que te ayudo a deshacer las maletas.
Entre una cosa y otra se hizo la hora de la cena y las dos bajamos hablando de todo un poco, distraídas. Cuando entramos al comedor, Paula empezó a mirar hacia todas las esquinas y mesas.
- ¿Qué haces?
- A ver si veo a la nueva. ¿Sabes cómo era?
En ese momento me vino un flashback. La chica miraba por la rendija, había fijado sus ojos en ella tratado de distinguir algo… Lo poco que había conseguido ver era sus ojos azules, el azul más oscuro que había visto nunca. Más oscuros incluso que el mar.
- ¿Eeeooo? Que si sabes cómo era o algo.
- No. No alcancé a verla.
Llegamos a la mesa y nos sentamos con el grupo habitual. Lara, mi compañera, contaba la caída de su hermano pequeño, explicando la brecha que se había abierto en la cabeza. Bayron contaba lo estupendo de su caballo ‘Dark’, los saltos que pegaba y lo buen jinete que era. Cada uno hablaba de sus cosas, reían, etc
- Cris, cuéntales a quién vistes entrenando.
- ¿Qué?
- Sí, ya sabes. El tío este que ganó las olimpiadas… Da igual, ya lo cuento yo por ti. Pues estaba aquí la dama corriendo sus kilómetros cuando se le acercó…
Mientras atendía como Paula relataba mi historia, noté que alguien se acercaba por detrás y me tocaba el hombro.
- Perdona que te moleste Cristel, pero Anna me ha dicho que si por favor podrías acercarte a su mesa que quiere hablar contigo.
- Claro, ahora voy.
Toda la mesa se me quedó mirando con la misma cara de incertidumbre que debía de tener yo. Fui a ver a Anna, que era nuestra tutora y profesora de literatura.
- Buenas noches. ¿Querías verme, Anna?
- Sí, ven conmigo.
Salimos fuera del comedor y me sentía más observada de lo normal.
- Puedes relajarte, no es nada de ti- dijo riendo- Simplemente es que creo que de todas estas hormonas con patas que comen como animales (algunos, no todos, tu no te chives, ¿eh?) eres de las más maduras. Lo sé, las comparaciones son odiosas, pero hay que ser realistas y si tu has sido elegida delegada, ha sido por algo, así que necesito que me hagas un favor.
- Dime…
- Es que verás, me han dicho que ha llegado una chica nueva, pero no me apetece mucho ir a buscarla… No por nada, es que después de cenar tengo que hacer unas cosas para el curso, así que había pensado que podrías hacerle ahora en un momento un mini tour por aquí cuando venga.
- ¿Cuándo venga?
- Sí, es que hasta mañana no empiezan las clases, y tenía que hacer no se qué trámites… Así que cuando esté aquí, te llamo, ¿vale? Bueno, de todas formas como soy tu profesora puedo obligarte, pero prefiero ir de buen rollo. Si lo haces puedo dejarte un par de asistencias negativas sin dar parte, por ser tú.
Sonrió y yo asentí con la cabeza pensando que hasta amenazando tenía esa facción y esa voz suave tan suya. En verdad daba un poco de miedo. Al cabo de un rato, Paula me señaló a Anna y me despedí de ella con un ‘madre mía’.
Anna me condujo hasta el ‘hall’, donde una chica de pelo azabache liso y largo hasta los hombros, esperaba de espaldas a nosotras.
- April, esta va a ser tu guía andante. Haz el favor de comportarte, ¿eh? Que de todos es la más normalita, así que no la estropees. Ala Cris, que tengas suerte.
Anna se dio la vuelta y se alejó, mientras pensaba para mis adentros si lo que había dicho era un halago o una forma de decir que yo era ‘aburrida’.
April me miró con una media sonrisa forzada en sus labios y pude observar que no me había equivocado respecto a sus ojos: eran tan oscuros que ni siquiera la luz de las lámparas hacían que destellaran ni un poco.
- Así que tú eres la del tour… Puedes ahorrártelo, ya me conozco el internado.
- Pero si acabas de llegar. ¿De qué lo conoces?
- De otras veces.
- Imposible.
- Bueno, quizás vine un día de puertas abiertas…
- Aquí no hay jornada de puertas abiertas.
La miré fijamente… ¿Acaso me estaba vacilando o qué? Ella se limitó a reír.
- Enserio, no me estoy quedando contigo. Aunque lo pones muy fácil.
- ¿Entonces por qué no lo has dicho antes?
- Porque quería saber a quién me traían para hacer el recorrido. Simple curiosidad. Pero ponme a prueba si no te lo crees, pregúntame lo que quieras.- su intensa mirada ganó a la mía- Lo que sea.
Me lo pensé varias veces, no estaba segura, igual era una broma o se estaba riendo de mí en mi cara, así que le pregunté dónde estaba la clase de química. Esa estaba bastante escondida.
- Sabía que empezarías por ahí. Está en el segundo piso, entre la ventana y la pared de ladrillo y enfrente de la barandilla con pegatinas.- miró mi cara sonriendo- ¿Sorprendida? Era muy sencillo.
- No, no lo era. Solo lo sabes si has estado aquí alguna vez.
- O suerte de principiante, según se mire…- caminó unos pasos hacia delante- Oye, ya que estás aquí, podrías acompañarme a mi habitación. Así no pierdes del todo el tiempo.
Abrí la boca para decirle que para qué quería que la acompañara, si ella ya sabía dónde estaba, pero eso sería contarle que en cierta forma, la había espiado.
- De acuerdo.
Me di la vuelta y la conduje hasta las escaleras que llevaban al pasillo. Me sentía un poco cohibida, ya que April iba detrás de mí, completamente en silencio, y podía sentir su mirada en mi nuca. Sentía como si me estuviera observando, como si cualquier gesto que hiciera, ella pudiera interpretarlo de alguna manera.
- Y… ¿Cuánto llevas tú aquí?
- Pues… Desde los doce años.
- Ajá, y en estos cuatro o cinco años… ¿Nadie te enseñó que es de mala educación escuchar detrás de una puerta conversaciones ajenas?
Me paré en seco. Me giré lentamente hasta que nuestras miradas se cruzaron.
- No era… No era mi intención.
April se había parado antes de formular la pregunta. Desde la distancia aparentaba un gesto algo serio que en parte, me heló... Yo no solía ser así de cotilla y seguramente eso es lo que en ese momento creería… ¿Qué estaría pensando de mí? Me sorprendí de aquel pensamiento… ¿De verdad me importaba lo que pensara?
Ella caminó con paso firme hasta donde estaba, sin bajar la vista ni un momento, y se colocó frente a mí.
- No eres muy silenciosa que digamos. ¿Querías saber algo en particular? Ahora me tienes aquí, de frente, puedes decirme lo que quieras.
- No era nada… No se ni porqué me paré. Supongo que me llamó algo la atención, ahora no recuerdo el qué.
- Ya… Sin embargo has decidido acompañarme a mi cuarto aunque sabías que ya había estado en él. ¿Es la primera vez que mientes o es algo natural en ti?- pronunciaba esas palabras con una tranquilidad increíble. Lo peor era que a mí no se me ocurría qué contestarle- Es más, apuesto a que sabías de sobra que era yo cuando Anna te dijo que me acompañaras, ¿verdad?
Mil cosas me rondaban en la cabeza, pero nada para rebatirle las verdades que había dicho.
- ¿No dices nada? Tal vez pensabas que era un sujeto de estudio o algo así. ¿O es que te he servido para subir la nota de tu estúpida media? Que sepas que yo no soy el mono de feria de nadie. Te aviso que no me gustan que me utilicen, sea de la manera que sea. ¿Te ha quedado claro?
- Para empezar, no creas que me ha hecho ilusión el tener que acompañarte, porque ya he visto lo idiota que eres. Si desde un principio hubieses dicho que no necesitabas que nadie te enseñara el internado, me hubieses ahorrado el perder mi valioso tiempo contigo, así que no vayas de prepotente cuando desde el principio me has dejado claro que querías saber quién te endosaban de guía. ¿O es que tú también sabías que era yo?
- Y si la respuesta a esa pregunta fuera afirmativa… ¿Qué?- añadió acercándose a mí- Acostumbro a utilizar a la gente que me apetece y que se presta a ello, lo contrario nunca, a nadie, le ha salido bien… Así que ten cuidado.
- ¿Eso es una amenaza?
- Tómalo como quieras… Si quieres te lo grabo en el móvil para que se lo enseñes a la directora con lágrimas en los ojos. Pero conmigo no juegues, o yo seré quien juegue contigo hasta que me canse. ¿Lo has entendido?
- ¿Sabes qué? Vete a la mierda.
Me separé de ella dándome la vuelta en dirección a mi habitación que estaba en el otro lado… ‘Una suerte’, pensé en ese momento. Ese pensamiento se vio interrumpido cuando noté como una mano agarraba mi muñeca, me acercaba a ella y me susurraba al oído:
- Lo pones muy fácil Cristel… Tienes carácter. Puede que nunca lleguemos a llevarnos del todo bien, pero torres más altas han caído…
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