jueves, 15 de julio de 2010

Capítulo 5: Empezando el juego

Desde que ocurrió aquello, traté por todos los medios evitarla. La situación no era fácil, cada vez que la veía me estremecía y si pasaba demasiado cerca de mí, mi sangre circulaba por mi cuerpo a una velocidad no aconsejable a una adolescente de mi edad.
- ¿Te pasa algo Cris? Estás un poco rara…
Comentarios como esos hacían que olvidarme de las palabras de April fuera más complicado. ¿Jugar? ¿A qué exactamente? ¿Y por qué le daba tantas vueltas y no me atreví a pronunciar un rotundo ‘no’ en su momento?
A todo eso le sumaba la confusión que me provocaba… Si tan interesada estaba en mí, ¿por qué habían días que se comportaba como si la cosa no fuera con ella? Me saludaba como si tal cosa, hacía comentarios sin venir a cuento… Pero otros días podía notar sus ojos azules acechándome, encontrarme su mirada tan intensa en cualquier esquina y tal como aparecía, desaparecía.
Lo peor de todo era que seguramente hacía todo eso para llamar mi atención y yo caía como una tonta.

- ¡C’mon Paula! Cámbiate ya que no llegamos a gimnasia…
- Siempre con prisas…
La clase de gimnasia casi de continuo consistía en lo mismo: de veinte minutos a media hora corriendo y después inventos de Gabriel que podían ocasionar que más de uno le entrara asma. Por suerte, ese día fue un poco ‘ligth’.
- Espera Cris, no te marches aun.- entró en su despacho y sacó unas hojas- Mira, aquí tienes la inscripción para la maratón y otra para… El triatlón, por si te apetece probar algo distinto.
- Gracias Gabriel… La verdad que el triatlón me apetecería hacerlo, pero no sé…
- ¿El qué no sabes? Seguro que lo harás perfecto. Yo puedo ponerte en contacto con un preparador muy bueno. Ya verás como los dejas con la boca abierta.- me dio un pequeño golpe en el hombro mientras sonreía.
- Lo pensaré.
Gabriel asintió y empezó a recoger todo el material.
Entré al vestuario vacío. Deducí que era tarde porque ya no había rastro ni de mochilas ni de voces, así que me di una ducha rápida, sin dejar de pensar en el triatlón. Era una oportunidad única, de aprender otras cosas, de conocer gente, de conocer también ese mundillo más a fondo. Tenía que hacerlo.
Cuando me abroché el sujetador, escuché un ruido que venía de fuera. ¿Tocaba a otra clase venir? Me levanté y me asomé para ver si era Gabriel o alguno de los más pequeños. No vi a nadie, así que entré de nuevo a terminar de vestirme. Nada más me volví a sentar en el banco, una figura apareció en la puerta, de cara a mí.
- ¿Qué haces aquí? Pensé que ya no quedaba nadie…
- Pues te has equivocado, estoy yo, así que vete.
April me observó de arriba a bajo, algo que me incomodó bastante. Lo debió notar, porque sonrió, diciendo:
- No, creo que me quedo.- dijo apoyándose en el marco de la puerta.
- ¿Puedes al menos cerrar la puerta?
Ella me miró extrañada.
- ¿Lo dices enserio?
- Esta puerta no, la de fuera… Los espejos reflejan lo de aquí dentro, no me gustaría que pasara alguien y me viera así.- le contesté todo lo tajante que pude.
Salió de mi vista para cerrar la puerta y en ese instante fui conciente que quizás me había metido sin quererlo en la boca del lobo. Opté por vestirme todo lo rápido que pude, pero April llegó antes. Caminó hacia mí hasta sentarse a mi lado.
- He visto salir a las demás… ¿Por qué te has quedado aquí sola?
- Me he entretenido.
- ¿Acostumbras a ducharte sin público?
- ¿A ti que más te da?
Me agaché para coger la camisa y en ese momento sentí unas manos sobre mi espalda. Di un respingo como acto reflejo y me giré… Otra vez sus ojos…
- ¿Qué haces?
- Relájate. Es solo que tienes la tira del sujetador mal colocada.
Estiré el brazo para comprobarlo. Ella se limitó a estirar los brazos sin llegar a tocarme.
- Está claro que yo tengo más experiencia a la hora de abrochar y desabrochar sujetadores sin mirar, pero creo que sería más cómodo para ti si te das la vuelta y te lo coloco enseguida…
La miré. Mientras dudaba, me perdí en su mirada… Esa mirada que sin razón, podía llegar a helarme. Un momento… ¿De verdad me lo estaba pensando? Reaccioné cogiendo la camisa con una mano, levantándome deprisa y poniéndomela con algo de torpeza, a la vez que decía:
- No hace falta. Está bien así.
Agarré la bolsa al mismo tiempo que me dirigí a la puerta precipitadamente. Fue entonces cuando April me apresó de la cintura y me empujó hacia la pared. La tenía de frente y mi cuerpo no reaccionaba…
- ¿Ibas a salir de aquí con la camisa desabrochada?- negué con la cabeza sin ser consciente. Ella se acercó más- Llevas tiempo huyendo de mí… ¿Te doy miedo?
- No…
- No, ¿qué? ¿No huías de mí o no te doy miedo?
Me pegué a la pared, como si aquel gesto me pudiera proteger de cualquier cosa que viniera ahora.
- Solo… Es incómodo.
- A mí me incomoda que trates de evitarme.- bajó una de sus manos hasta mi cadera- No me gusta que me ignoren… No me gusta que tú me ignores.
Su semblante se puso serio, pero sus ojos seguían fijos en los míos.
- Aparta…- tragué saliva- Apártate.
- ¿Me vas a obligar, Cristel?
- Si hace falta…
No sé cómo llegué a decir eso… Simplemente mi cabeza no acompañaba a mi cuerpo, ni siquiera a mis labios. Sentía a April tan cerca, que mi vista se nublaba y no llegaba a comprender la razón de no haberle dado un empujón ya para conseguir zafarme de ella. No lo había ni intentado... ¿Quién era esta chica que provocaba que todo mi ser sintiera un escalofrío solo con mirarle a los ojos?
- No entiendo por qué me llamas tanto la atención. No alcanzo a saber qué es eso que quiero de ti, pero me da igual… Lo quiero.-dijo apretándome aún más contra ella.
Me recoloqué en la incómoda pared sin dejar de preguntarme si esto estaba sucediendo de verdad. Conseguí fijar mis ojos en los suyos y sentí un calor que poco a poco iba invadiendo mi cuerpo. April sonrió. Pude ver como sus labio se acercaban lentamente a los míos… Traté de pararla frenándole con una de mis manos en vano, porque a la medida en que avanzaba, mis fuerzas, si es que me quedaban, se iban rindiendo ante ella.

La mano que tenía en mi cadera se desplazó hacia mi estómago, apartando parte de la camisa… Su tacto era templado. Vi como se mordía el labio inferior y pensaba si querría saber lo que estaría pasando por su cabeza. Me apretó más hacia ella, hasta que el espacio que antes había entre nosotras desapareció. Noté su aliento subiendo por mi cuello y frenándose en mi oído.
- Llegada a este punto comprenderás que… Siempre… Consigo… Lo que quiero- terminó con un susurro.
Se apartó de mí bruscamente.
- Ahora deberías abrochártela. No quiero que nadie te vea y disfrute de algo que aun no he probado.
Cuando se fue, me costó recuperarme unos minutos. Respiraba aceleradamente, aunque intentaba expirar e inspirar tratando de que el pequeño tembleque desapareciera. Para colmo, cuando por fin me fui a clase, noté que mi ropa estaba impregnada de su olor.
- ¿Usted también llegando tarde? Únase al grupo de la señorita Lemacks… ¿O es que ambas vienen de gimnasia?- preguntó molesto el profesor.
Me quedé parada, sin saber responder a esa pregunta.
- ¿A qué espera para ocupar su puesto?
Caminé hasta mi sitio en donde me aguardaba Paula. April estaba al final de la fila pero por mucho que bajé la cabeza para no encontrarme con ella, al final sucumbí a las órdenes de mi subconsciente… Otra vez. Simplemente me siguió con la mirada hasta que me senté en la silla. Mientras sacaba los libros, Paula se acercó.
- ¿De dónde vienes?
- Del vestuario.
- ¿Estabas con April?
Casi me caigo del lado de la silla intentando que el libro no llegara al suelo.
- No. Claro que no.
- Es que habéis llegado a la vez.
- Casualidad.
Abrí el libro y cogí un bolígrafo, el cual sin darme cuenta no paraba de mover.
- Oye… ¿Estás bien?
- Sí. Estoy… Perfectamente. ¿Por?
Paula se encogió de hombros, añadiendo:
- Nada, que estás un poco roja. Por eso lo preguntaba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario