Del susto un poco más y tiro la bebida encima de las palomitas. Eric empezó a reír, pero tuvo que parar porque la gente empezaba a mosquearse.
- ¿Acaso le he asustado, señorita Brais?- dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
- En una palabra te lo digo: estúpido.
- Solo ha sido una broma. ¿Qué tal el verano?
- Bien, como siempre.
- Umm… Me suena a… ¿Aburrido?
Le sonreí. Me devolvió la sonrisa y se acercó más a mí.
- Aun no me has contestado…
- ¿El qué?
- ¿Te vienes conmigo?- repitió de nuevo- Aquí hay mucha gente.
- ¿No tienes ninguna apuesta que ganar?
- Búf, este año anda mal la cosa… Las niñas son demasiado niñas o demasiado… Recatadas- añadió sacando la lengua- Además, tú me pones más.
- ¿Será porque soy la única que no ha besado el suelo por dónde pisas?
- Será…
Se acercó aun más, con sus ojos fijos en los míos.
- No será que…Eres bollera.
La coca-cola se me resbaló de las manos cayéndome casi encima y mojándole a él también.
- ¡Ala, venga! Que era una broma mujer…
- Sabes que no me gustan tus bromas.
- Si son muy divertidas.
- No- le corté y me di la vuelta para irme, pero me cerró el paso- Eric, no tiene gracia. ¿O eres de los que creen que cuando una chica dice ‘No’ quiere decir ‘Sí’? Déjame pasar.
- Quédate un poco. Solo un poco. Y te prometo que te dejo tranquila.
- Solo existe un modo de que me dejes tranquila y ni se me pasa por la cabeza.
- ¿Ves? Si hasta tú lo sabes. Soy un caballero, pregúntale a cualquiera. Además, ya es hora de que tu ‘papi’ deje de hacer el ridículo por tu ‘santidad’… ¿O no?
- Déjame en paz.
- Lo haría… Pero no puedo.
- Eric… Te lo digo muy enserio…
- Si me dices una, una sola razón que te impida hacerlo y yo me la crea, te juro que no me acerco a ti el resto del curso.
- ¿Cómo quieres que te diga que no me gustas? ¿En hebreo?
- ¿Ves? No tienes ni una sola razón, porque esa no se lo cree nadie.
- Te crees más de lo que eres.
- No. Me creo menos de lo que soy…- se arrimó un poco más a mí- Vale, se cuando me estoy poniendo pesado, así que te dejo en paz. Pero si quieres algo, no dudes en buscarme, señorita Brais- dijo sonriendo.
Intenté volver a lo mío, cogiendo las coca-colas, pero no hacían más que resbalarse de mis manos.
- Pues sí que…
Hacía un año que Eric no paraba de hacer eso… El caso es que no sabía si me molestaba o si me halagaba que un chico tan guapo, popular y esas cosas tratara de liarse conmigo.
- ¿Pero qué estoy diciendo?
- No me digas que ahora hablas sola…
Giré el cuello y vi a April a mi lado comiendo palomitas.
- Vaya, por lo visto no soy la única que espía conversaciones que no le atañen.
- Es que era más divertido esto que la película.
- ¿Te divierte reírte de mí?
- Bueno… Me reía de lo patético que resultaba él… Pero mentiría. Sí, me reía de ti.
- Agradezco tu sinceridad- le respondí, caminando ya hacia mis sitio.
- Espera un momento.
April dejó las palomitas, puso refresco en dos vasos de papel y se puso el cartón de las palomitas cerca de ella.
- ¿Qué vas a hacer?
- Suelta los vasos, cállate y observa.
Agarró un vaso, apuntó (o eso parecía) y se lo tiró a Eric a la cabeza. Antes de que este reaccionara, le tiró el otro. Cuando Eric reaccionó y empezó a cagarse en todos, le tiró la caja entera de palomitas, quedando todo pringado, con manchas y palomitas pegadas por todas partes, al igual que los pobres alumnos que habían tenido la mala suerte de sentarse a su lado.
- Ehhh… Mejor nos vamos.
April me arrastró con ella tirando de mi muñeca hasta que más o menos estuvimos bastante lejos de los ojos de los demás, pero lo suficiente cerca para escuchar los gritos insostenibles de Eric.
- ¿Por qué has hecho eso?
- ¿Y por qué no?- empezó a reír- No me digas que no te ha gustado. Ese imbécil se lo ha buscado.
Recopilé en mi mente todas las imágenes: la cara de Eric, el tropezón al intentar levantarse, su cara de no saber por dónde le venían los golpes… No pude evitarlo y reí con ella.
- La lástima es que los vasos eran de papel, así que no le habrán hecho gran cosa, pero ha estado bien…
- Sí…
- No creas que lo he hecho por ti. Simplemente quería jugársela.
- Como quieras.
Ella me miró y empezó a caminar, hasta que llegó a un punto en el cual, dándome la espalda, preguntó:
- A pesar de lo tonto que es ese chaval… ¿De verdad no te gusta?
- Eso no te incumbe- le respondí sin moverme.
- Solo era una pregunta, no te alteres. Es que me parece un tanto… raro.
- Puede parecerte lo que quieras, estás en tu derecho, pero ya te he contestado que no.
April se giró para contemplarme.
- No hace falta que seas tan borde.
- Habló el burro de orejas.
- Debería haber dejado que el tío te sobara un poco más.
- ¿No habías dicho que no lo hacías por mí?- le reproché.
- La verdad es que no parecía desagradarte mucho…
- ¿Pero a ti que te pasa? Estoy cansada de tu bipolaridad. No te pedí que me ayudaras, ¿vale? Si lo has hecho es porque has querido, así que no me vengas con cuentos.- grité mientras caminaba unos pasos- No sé qué coño quieres.
- ¿Sabes? Otra cosa que no me gusta es tener competencia- me miró una vez y volvió a mirar a la nada- Y si la tengo, me gusta tenerla en cuenta.
Aun no entiendo por qué aquel comentario me fastidió tanto. Caminé hasta donde estaba ella diciendo:
- Pues puedes estar tranquila, ya te he dicho que Eric no me gusta… Te lo regalo si quieres… ¡Todo para ti!
- Frena un poco…
- ¿O qué?
- Te caerás… ¿Por qué creías que me había parado aquí?
En efecto, al ir hablando no me había dado cuenta de los pasos que iba dando y justo debajo de mi pie, se encontraba un enorme boquete que me hizo perder el equilibrio. Me veía en el suelo cuando sentí un latigazo… April me había agarrado la muñeca, tirando de mí y apretándome contra ella.
- ¿Qué te ha hecho imaginar por un segundo que me refería a Eric, si apenas le conozco?- dijo sin quitarme el ojo de encima.
Aquel comentario me descolocó de una manera inimaginable. No podía apartar la mirada de sus ojos oscuros y mucho menos podía articular palabra. No podía sentirme así… No me gustaba sentirme así, como si fuera una marioneta en manos de alguien que solo quiere jugar. ‘Solo jugar’ me dije.
April me apretaba contra su pecho… Sentía que me ahogaba, que algo me aprisionaba la garganta y eso no era bueno.
- Suéltame…
Para mi sorpresa no vaciló al hacerlo, ni siquiera impidió que me deshiciera de ella. Nuestras miradas seguían cruzadas y yo seguía sin saber que hacer, qué decir… Sin embargo, podía ver en su rostro parte de la diversión que le causaba todo esto.
- Paula te estará buscando.
- Supongo…- me apresuré a decir a la vez que empezaba a caminar en dirección al cine. Pasé por su lado con algo de torpeza, y ella susurró con la voz justa para ser escuchada por mí:
- Esto solo es una pausa… El juego continúa. Mi pregunta es: ¿jugarás, Cristel?
Hice oídos sordos, aunque April sabía de sobra que me había hecho estremecer con esa pregunta.
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