lunes, 12 de julio de 2010

Capítulo 3: Un desgraciado... ¿Accidente? Segunda Parte

Oí un pequeño ruido y cuando entré, la vi intentando bajar de la camilla patosamente, ya que por lo visto no podía apoyar bien el brazo izquierdo.
- ¿Qué haces?
- Bailar un zapateado… ¿Tú qué crees?
- No deberías levantarte todavía.
- ¿Has estudiado enfermería o qué?
- No me hace falta, es de sentido común… Si sabes qué es, claro.
Esa respuesta hizo que April fijara sus ojos en los míos.
- Si te han dejado en calidad de niñera, puedes largarte porque no lo necesito.
Me acerqué a ella y le di un buen apretón en el brazo haciendo que lo apartara de golpe.
- ¡Joder! ¿Estás loca?
- Te sangra el brazo.
- ¿Y qué? No es nada, no es tan aparatosa como la de la ceja.
- Da igual, te lo tienes que curar.
Me dirigí al botiquín, luego a uno de los cajones y por último hacia ella. Le dejé en equilibrio encima de la camilla el agua oxigenada y el algodón para que ella misma se curara.
- ¿Eso es todo? Pensaba que ibas a curarme tú- dijo en tono sarcástico.
- Como ves no todos estamos a tu disposición.
Dije esas palabras caminando hacia una de las sillas y sentándome en ella. Se quedó un buen rato mirando la botella, hasta que al final decidió abrirla para verter un poco en el algodón. Intentaba doblar el brazo pero no podía y su cara reflejaba que le dolía, sin embargo seguía haciéndolo una, dos, tres veces. Al final de verla, se me escapó la risa porque era demasiado cómico.
- Yo no le veo la gracia- dijo con cara de asesina.
- Yo sí. ¿Por qué no pides ayuda, si tanto te cuesta?
- Porque no me cuesta… Es solo que…
- Te duele y al dolerte no puedes- reí- Dame el algodón- April me miró dubitativa- Vamos.
Ella estiró el brazo, dejando caer el algodón en mis manos. Alargué mi otro brazo para cogerla de la muñeca, mientras que con la otra me dirigía a curarle la herida, pero nada más cogerla, sentí su piel arder.
- Estás ardiendo…- dije poniéndole la mano en la frente como acto reflejo- Seguramente tengas fiebre. Ahora cuando vuelva Julia…
- No hace falta- respondió cortante- Estoy bien, solo necesito descansar un poco. Esos es todo.
- Pero…
- Te he dicho que no- su semblante se puso de un serio que daba miedo, así que no volví a decir nada, tan solo me limité a curarle el codo. De reojo la miraba… April tenía la mirada perdida en algún punto de la ventana. Ni siquiera se inmutó cuando terminé de curarla y volví a sentarme en la silla del principio.

No se cuanto estuvimos envueltas en el silencio… Justo en el momento en que iba a decir algo, Gabriel entró con Julia.
- En fin April… Todo está perfecto, así que cuando quieras puedes irte.
- Ehh, Julia…- dije ante la atenta mirada de April.
- Dime.
- Antes me ha parecido que tenía un poco de fiebre…
- Ah… Pues en un momento lo compruebo, no está de más asegurarse.
Julia le tomó la temperatura con un termómetro de mercurio de los de toda la vida, así que el proceso tardó unos minutos.
- No es nada, solo unas décimas por encima de lo normal. De todas maneras llévate un paracetamol y si te duele o te molesta te lo tomas.
Julia le ayudó a bajar de la camilla, la acompañó hasta la puerta y se despidió de ella.
- Será mejor que te eches un rato a dormir. Ya te haré un justificante. Cuando te encuentres mejor vienes a buscarlo. – April asintió con la cabeza- Hasta luego chicas.
Me quedé quieta en el pasillo… ¿Unas décimas? Eso era imposible, si cuando la había tocado su piel ardía como unas brasas a punto de apagarse… Cuando bajé de mi mundo, me vi sola en el enorme pasillo.
- De nada, ¿eh?- añadí al ver que April ya se había ido.
A la hora del recreo Paula esperaba un informe con todo lo ocurrido desde que ella se había marchado de allí. Aunque no lo demostraba, yo sabía que andaba algo molesta por no haberla apoyado en su teoría del desmayo ‘voluntario’, así que traté de quitar hierro al asunto y le conté casi todo lo que había pasado rápidamente. De todas maneras era un tema para hablar una vez, no diez, por eso procuré que Lara y los demás estuvieran presentes porque no iba a repetirlo dos veces.

El resto del día se presentó aburrido y normal como de costumbre. A veces me sorprendía pensando en cómo estaría April, si se encontraría bien, pero al darme cuenta, borraba esos pensamientos de mi cabeza.
Por fin la semana terminó… Aunque con la de deberes, exámenes y demás, daba lo mismo que fuese viernes o lunes. Como era costumbre Paula ya había organizado una excursión al pueblo la semana siguiente y por si fuera poco, una sesión de cine el sábado por la noche, con ayuda de algunos profesores.
Como siempre, el sábado por la mañana me desperté pronto para ir a correr. Gracias a Anna conseguí que me dejaran salir del internado y poder prepararme corriendo los kilómetros que quería, siempre hasta el claro del bosque y volver, ya que más allá de ese claro resultaba más peligroso el lograr ubicarte.

Llegó la noche del cine al aire libre. Anna se encargó de que nos dejaran traer palomitas y bebidas y con suerte a algunos mayores de edad, cerveza sin alcohol o como mucho, cerveza con limón. Pero tuvimos que pagar un precio: Anna eligió la película. Menos mal que dentro de lo estricta que era, podía ser tan cabra loca como algunos de nosotros, así que en referente a las películas se podía decir que llegaba a acertar cinco o seis de diez.
No todos fueron a verla, porque a por algunos venían sus padres, otros preferían la juerga en el comedor y otros se iban de fiesta, siempre y cuando tuvieran autorización. La verdad es que era bastante divertido estar bajo el cielo encapotado, queriendo llover, viendo una película, escuchando de vez en cuando a los árboles moverse de un lado a otro… Pero divertido de verdad era cuando se daban estas circunstancias y lo que veíamos era una peli de miedo.
- Oye Cris… ¿Te queda coca-cola?
- No, ¿por?
- Es que tengo la garganta… ¡Ah! ¡Ya se quién es el de la perilla!
De fondo la gente empezó ‘Shhhh’
- ¿Quieres que vaya a por bebida?
- ¿Qué?
- Que si quieres que… Va, déjalo. Ahora vengo.
Eso era lo peor de ver una película con Paula. Se quedaba empanada que no era ni normal. Había veces que se enfadaba porque soltaba un comentario o se ponía a hablar y yo no estaba.
Caminé tratando de no molestar demasiado, pendiente de no pasar por delante del proyector no fuera que saliera mi sombra. De sopetón, una sombra ocupó un momento la pantalla y me quedé quieta creyendo que había sido yo así que mientras oía como la gente gritaba ‘¡Ehhhhh!’ llegué a la mesa de las bebidas. No sabía exactamente como me las ingeniaría para llevar los dos vasos hasta allí sin derramarlos en la cabeza de alguien… Y sin que ese alguien se molestara demasiado. Entonces fue cuando noté unas manos agarrándome de la cintura y un susurro:
- ¿Te vienes conmigo?

2 comentarios:

  1. Gracias por seguir mi Blog!
    Creo que con esto va a ir cobrando un poco mas de forma, te sigo! :)
    memorias-deuna-adolescente-lesbiana.blogspot.com

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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