jueves, 19 de agosto de 2010

Capítulo 17: La Fiesta

Aún cuando volví a levantar la cabeza, ella seguía contemplándome. Fue entonces cuando se escuchó de nuevo la melodía del restaurante. Miré la pantallita: Lara. ¿Lara? Ella no solía llamarme.
- ¿Lara?
- Soy… yo.- dijo hablando flojo.
- ¿Te pasa algo?
- Bueno… Más o menos. ¿Estás por aquí cerca?
- Sí, de hecho estoy en el internado.
- Pero si estás ocupada… Puedo llamar a Paula.
Dudé un instante. Su voz no era la de siempre, por lo tanto algo ocurría.
- No, dime dónde estás y voy a verte…
- Eh… Pues estoy en la… Nuestra habitación.
Le colgué. Ella me miraba con gesto frío, atenta a cada palabra que decía. De golpe me dio la sensación de que April había vuelto.
- Tengo que irme.
- De eso nada.
- Lara tiene un problema, tengo que ir a ver si está bien.
- Ha dicho que si estabas ocupada llamaría a Paula. Que vaya ella.
- No se dónde se encuentra, puede que esté lejos…
- O puede que no.- cortó tajante- Tú te quedas.
- Lo siento.- dije dirigiéndome a la puerta.
- No me vale un ‘lo siento’- contestó cogiéndome de la muñeca.
- April, suelta.
- Lo prometiste. Prometiste que iba a ser todo el domingo, por eso dejé que hoy fueras a la fiesta.
- ¿Qué, qué? Estarás de broma.- no, sabía que no lo estaba- Tú dijiste que el domingo estaría contigo y no te repliqué, hice lo que querías, pero ahora tengo que comprobar que a Lara no le pasa nada. Esto no lo he buscado yo.
- A mí me da igual como esté tu amiga. Si está mal, que vaya a la enfermería, que para eso tiene piernas.
- ¡A mí no me da igual!- no me podía creer que estuviera diciendo esas cosas- Si piensas que te antepondré ante mis amigos, familia o lo que sea… Estás equivocada. Muy equivocada.
Eso no le gustó nada. Apretó mi muñeca antes de soltarla. Su rostro se congeló, sus ojos se oscurecieron nuevamente… No estaba errada, la April de siempre había regresado.
- Si te marchas ahora, agárrate a las consecuencias. Porque las habrá, Cristel.
- ¿Y qué vas a hacer? ¿Liarte con medio internado? ¡Ah, no, espera! Que eso ya lo haces.- dio un paso hacia delante, desafiante, con mirada de hielo- No me importa. No me importa en absoluto. Haz lo que creas conveniente, yo me largo.
Por un momento me sentí bien. Luego tuve algo de miedo por su reacción, así que bajé las escaleras todo lo deprisa que pude y salí del despacho. Seguí bajando escaleras hasta llegar a mi habitación, la puerta de la cual abrí de golpe. En principio no vi nada ni a nadie. Me fijé mejor. Nada. Caminé hacia el baño, a ver si estaba allí. En el fondo, debajo del botiquín, estaba Lara acurrucada con bastante sangre en sus manos.
- ¿Pero qué te ha pasado?- pregunté incrédula.
- Lo más tonto del mundo: resbalarme. Me he dado con el canto del lavabo y después al apoyar la mano me he clavado el dichoso espejito este.
Me señaló un espejito de estos que se suele utilizar para revisarse una el maquillaje.
- ¡Uf! Pues lo que no te ha matado ahora, te matará después, porque el espejito era de Paula y le encantaba.
Lara medio rió, aunque después puso cara de dolor. Le ayudé a levantarse para sentarla en la cama mientras iba a buscar a alguien que avisara a Julia.
- Iba a ir yo sola en su busca, pero me he mareado y no podía levantarme y…
- No pasa nada, Lara.- dije mientras la sentaba en la cama- Todavía no se ni como has tenido la sangre fría de llamarme tan tranquila…
Sangraba aparatosamente por la cabeza. La sangre caía en un vendaje que ella misma se había hecho para taponar la herida con la mano buena, ya que la otra también estaba mal vendada por las heridas de los pequeños cristales. Julia no tardó en aparecer, ni tardó en llevársela, ni tardó en decir que con toda seguridad, tendría que pasar toda la semana en la cama de la enfermería, así que me iba a quedar sola.

El rumor de lo de Lara se extendió como la pólvora. Tanto, que creo que en su vida había recibido tantas visitas. Además, visitas de gente que ni conocía.
- Menos mal que estabas tú aquí- me dijo Paula mientras cenábamos- Porque justo en ese momento, estaba ocupada en otros menesteres.
- ¿Menesteres? ¿Pero que tú sabes qué significa?
- Sí- dijo con cara de interesante- Igual quien no lo sabe eres tú y crees que te lo voy a decir porque así te harás la lista y me dejarás en mal lugar a mí, pero eso…
- A que no.
- No- dijo con los ojos fijos en el plato- ¿Pero a que ha quedado bien saliendo de mi boca?- añadió riendo.
Cómo no, durante la cena Eric vino unas tres veces a recordarnos la fiesta, el camino para ir a su casa, lo divertido que sería… Entre otras cosas que repetía como un loro.
- Me vienen a buscar unos amigos, ¿vosotras venís conmigo?
- Bayron y yo sí, Lara obviamente no puede y Cris me decía que vendría sobre la una.
- Ya no. Iré con vosotros si queda sitio.
- Para ti siempre hay sitio, princesa. Y si no lo hay, tranquila que tiramos a Paula.
Ésta le dio un golpe con la servilleta imitando el gesto de sentirse ofendida.
- Eres un baboso de los peores.- refunfuñó- Lo mejor es que ella pasa de ti.
- Por ahora- añadió él- Pronto Cris se dará cuenta de lo que se pierde por no quererme.
Se me escapó una carcajada que Eric tomó a mal, ya que al momento se fue.
- En verdad me da pena… ¿Por qué no te lías aunque sea un poco con él?
- ¿Eres tonta? Que no. Y deja de darme la tabarra.
Paula se vistió para la ocasión, mientras que yo, sin muchas ganas de fiesta, me arreglé lo justo. Los profesores veían demasiado movimiento y demasiadas autorizaciones que dejaban salir, así que fueron con pies de plomo comprobando cada una de las firmas por si alguna era falsa.

Eric nos esperó fuera para acompañarnos al enorme cochazo plateado con el que sus amigos pretendían llevarnos. ¿Y yo preguntaba si iba a caber? Ahí podrían entrar diez personas cómodamente, sin chafarse unas a otras.
El viaje se hizo corto. Cuando bajamos, se veía a lo lejos su casa iluminada por completo y algo de música se oía de fondo. Todavía no me lo explico, pero nada más entrar, ya había cientos de personas desconocidas, otras conocidas… Incluso algunos se suponían que no habían ido a clase por estar enfermos. Todos, cada uno de ellos, de pie, bebiendo e ‘intentando’ bailar.
- Ríete tú de las grageas de Harry Potter para provocar vómitos… Esta gente se hace el enfermo mejor que actores reconocidos.- dijo Paula entre risas.
- No se de qué te ríes, si tu eres igual que ellos.
Añadí al ver a uno que se suponía que debía de llevar escayola durante dos días más ‘por si acaso’, bailando como un mono en medio del salón.
La casa se fue llenando poco a poco. Según decía Eric ‘el aforo era ilimitado’ así que podría venir todavía más gente, porque un día era un día y si algo se rompía pues se compraba otro. Esa era su filosofía de vida: Carpe Diem.

Paula se fue a por bebida. Al momento apareció con Bayron, que había ido a visitar a Lara.
- Está mejor. Eso es lo que dice- dijo algo apenado- Aunque creo que solo quiere hacerse la dura para que nosotros lo pasemos bien.
- Lara es fuerte, si ella dice que está bien, me lo creo- dijo Paula intentando animarlo- Ahora te lo tienes que pasar el doble de bien: por ti y por ella.
Él sonrió un tanto desganado, pero como Paula no se rendía, al final acabó llevándoselo a bailar a rastras.
Yo me acoplé en una esquina para verlos mejor mientras bebía lo que ella me había traído. No sé que sería pero sabía a chuchería. Presentí a alguien a mi lado, y al notar una mano en mi hombro me giré.
- ¡Hola! Te he visto desde lejos. ¿Estás sola?
- Sola no, me han abandonado directamente.- Karol sonrió- Mis amigos que se han ido y me han dejado tirada.
- ¡Como se atreven!- gritó ofendida- No hay mal que por bien no venga, al menos tienes mi compañía.
- ¡Oh! ¿Me tengo que sentir halagada?
Karol rió y empezó a hablarme, a contarme cosas de cuando era pequeña, sus opiniones sobre el internado, miles de cosas que me hacían reír de lo lindo porque contaba las cosas con una gracia especial. De pronto vi a Bayron caminar con prisa y situarse detrás de mí.
- ¡Cris! ¡Sálvame de Paula! ¡Que no quiero bailar más!.
Paula apareció al minuto diciéndole de aburrido, rancio, hacia arriba.
- Encima que lo hacía para que ligaras…- dijo molesta- ¿Quién es?
Bayron no se había dado cuenta de la presencia de Karol hasta que Paula no hizo la pregunta. Al verla, salió de detrás de mí, tosió, sacó pecho y se apoyó en la pared diciendo:
- No quiero bailar con ella, claro, necesito a una chica más madura.
Las tres nos pusimos a reír, dejando su pobre moral por lo bajo.
- Karol, este es Bayron y ella Paula.
- Encantada.
- Vamos a bailar, Cris.- dijo Paula.
- Es que… No me apetece.
- A ver si eres tan lista de escaparte de ella- me susurró Bayron.
Paula le lanzó una mirada que Bayron entendió a la primera, así que se fue antes de que ella le dijera lo que pensaba de sus comentarios.
- ¿Pues sabes qué? Yo sí que quiero bailar. Luego nos vemos. Adiós K.
Dicho y hecho. Paula se perdió entre todo el gentío.
- ¿K?
- Claro, K de Karolina. Acostumbra a acortar los nombres, es muy ella.
Seguí charlando con ella. Al rato se acercó Eric, el cual había estado desaparecido durante bastante tiempo.
- ¡Hey! ¿Qué hay chicas?
- Pues aquí disfrutando de tu fiesta- dijo Karol.
- Y tú, ¿qué? ¿Dónde está tu gran amiga del alma?
- ¿Dónde crees que va a estar? Bebiendo, bailando, bebiendo, bailando…- contesté.
- Vale, lo he pillado, gracias.- Eric miró a Karol que estaba distraída- ¿Le has enseñado la casa? ¿Mí casa?- acentuó.
- Todavía no.- le miré- Enséñasela tú. ¿No eres el anfitrión?
- Creo que haré algo mejor.- arqueó una ceja- ¿Bailas conmigo?
- Em… No, gracias.
- Sabes que no te irás de aquí sin hacerlo, ¿verdad? Porque te lo voy a preguntar cada veinte minutos.
- Mejor cada media hora. Así será más fácil esconderme de ti.
- Ja, ja, ja. Por si acaso, no te alejes demasiado.
Hizo un gesto a Karol para que le acompañara. Ella me miró, se encogió de hombros y se fue con él. La bebida se estaba calentando por lo que decidí ir en busca de hielo, ya que nadie echaría de menos a la ‘chica de la esquina’. Me choqué con un montón de gente que ni conocía, de las cuales unas cinco me saludaron como si nada, después me empujaron otras que no sé ni qué hacían, luego me quedé estancada en una parte de la casa que estaba abarrotada. Vi un trozo de pasillo sin nadie. Aprovechando que no estaba ocupado y estaba un tanto aislado, me quedé ahí para tomar aliento antes de seguir.

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