Hoy tendría una acompañante para el paseo matutino de cada fin de semana. Nada más llegué a la verja, ella apareció dando vueltas. Era obvio que no podía estarse quieta, era puro nervio.
- ¿Qué? ¿Preparada para la paliza de tu vida?
- Eso habrá que verlo- sentenció con su sonrisa.
Empezamos a correr. De momento, seguía mis pasos, claro que yo no iba al cien por cien. De pronto Karol empezó a aumentar el ritmo, tanto, que al final acabamos haciendo una carrera en toda regla y llegando al claro en un suspiro.
- Ha habido una vez que me he girado y no te he visto…- le miré mientras intentaba respirar- ¿Te has perdido o qué?
- No, lista… Solo te he dado ventaja para no dejarte mal.
Me reí dirigiéndome hasta el tronco caído para sentarme y reposar un rato. Ella se acercó e hizo lo mismo. Contempló cada espacio de aquel maravilloso claro sacado de una película.
- Sí que te tenías calladito lo de este sitio, ¿eh?
- No es cierto. Simplemente la gente no tiene ganas de despertarse un sábado o un domingo para venir hasta aquí.
- ¿Eso quiere decir que soy la primera a la que traes contigo?
Me puse a pensar. En cierta manera, sí, porque Paula en todos esos años dándole la tabarra, aun no se había dignado a ir y April… No, a April no la traje, ella vino solita.
- Bueno… Algo así.
El silencio del bosque, con sus ramas al viento, sus pájaros, sus hojas cayendo… Nos invadió a las dos. Sin darme cuenta, me reí yo sola.
- ¿De qué te ríes?
- Es que me he acordado de tu ‘me llamo Karolina, pero Karolina con ‘K’
- ¿Qué tiene de malo? Es más cool.
- Si tú lo dices…
- En verdad es Caroline, pero de esas hay muchas.
- Yo solo te conozco a ti.
- ¿Ves? Eso es a lo que yo llamo tener buen gusto.- reímos- Prefiero desentonar, ser diferente.
- No te hace falta. De por sí ya desentonas.- ella me miró- Quiero decir… Que no hay demasiada gente como tú… Digo que creo que ahora me callaré y olvidaremos que he intentado arreglar lo que he dicho…
Agaché la cabeza, pero pude ver de reojo como se levantaba de golpe. ¿Le habría sentado mal el comentario? Si es que era única para dar ánimos.
- Oye, que no quería…- dije levantándome.
- No te muevas.
- ¿Por qué?
- Hombre, si te gustaría llevarte la serpiente que tienes detrás como mascota adherida a tu pierna o cuello, allá tú.
- No me jodas…
Me giré todo lo lentamente que pude. Sí, ahí estaba, serpenteando a mí alrededor, con sus ojos saltones negros y su sibilina lengua saliendo, entrando, saliendo, entrando…
- Estate quieta que ya se irá.
- Claro, si quieres me quedo aquí a vivir.- me giré de nuevo- Pero mírala, que es que no se va.
Karol empezó a reír.
- Siento interrumpirte, pero si me explicaras la gracia que tiene esto, me podría reír contigo, ¿no crees?- le reproché algo mosqueada.
- Compréndeme, si estuvieras en mi lugar harías lo mismo- dijo entre risas- La serpiente no es venenosa, así que puedes…
- Ni de coña. ¿De qué me sirve que tú me digas que no es venenosa? A no ser que seas bióloga o algo, no me sirve de nada.
- ¿A que me marcho y te dejo aquí tirada?
- Venga, a ver si sabes el camino de vuelta.
Ella enarcó una ceja, sopló, se dio la vuelta y la perdí de vista entre árboles. Me sobresalté al ver que se iba… ¿Se iba de verdad? Como lo hiciera, en cuanto saliera de ahí la mataba con sus propias flechas.
- ¡Karol! ¡Que no iba en serio!
La serpiente subió el tronco, casi rozando uno de mis dedos. Al serpentear, giraba la cabeza hacia donde estaba yo al compás de su cuerpo. ¿Y si me levantaba de una? La serpiente me miró amenazante. ‘Mejor que no’, pensé para mí.
Escuché quebrarse una hoja, me di la vuelta y la vi. Resoplé un poco más tranquila. Karol se me acercaba con un palo en la mano.
- ¿Qué vas a hacer?
- Salvarte la vida- dijo con una enorme sonrisa.- Cuando cuente tres, le daré un golpe y te tendrás que levantar rápidamente.
- ¿Le vas a golpear con un palo?
- No, voy a fabricarme una flauta para hipnotizarla como en las películas… ¿Tú que crees?
- Es un ser vivo, no puedes azotarla como si tal cosa.
- Cris, es pura supervivencia. O tú, o ella.
La serpiente parecía emperrada en quedarse el tronco para ella solita. Cada vez estaba más cerca.
- ¿No puedes darle un empujoncito y ya?
Ella me miró poniendo los ojos en blanco.
- Como te vea alguna vez matando una mosca o un mosquito, te daré con este palo en la cabeza, Greenpeace de pacotilla…
Fue con sumo cuidado acercando aquel palo a ‘Serpi’, hasta que ella pasó por encima, cosa que aprovechó Karol para levantarla un poco en el aire, dándome tiempo a levantarme del tronco. Nada más me puse a su lado, tiró el palo a lo bestia, casi dándole a la serpiente, que silbó fuertemente mientras se alejaba de nosotras.
- ¡Ala! ¡Casi le das!
- Anda que no das por saco.
Le miré y le di un empujón.
- ¿Qué haces?
- Eso por reírte de mí.
Ella abrió la boca para decir algo, pero tan solo me devolvió el empujón.
- Eres peor que una niña. Si no llega a ser por mí, aun estarías en el tronco esperando ayuda de alguien.
- ¡Habló la adulta! Te ha faltado tiempo de salir corriendo.
- ¡He ido a por un palo!
- Cagada.
- Repítelo.
- Con sumo gusto. Ca-ga da- le acentué.
- Vas a ver si lo repites.
Todavía no se cómo lo hizo, pero me separó las piernas de un golpe seco y me tiró al suelo.
- ¡Ah! ¿No te había comentado que tengo un hermano mayor del que tenía que defenderme de pequeña?- dijo burlona mirándome con altivez.
Me incorporé un poco con gesto de enfado, a lo que ella respondió ofreciéndome la mano. La rechacé e intenté levantarme, hice como que me caía. Cuando Karol fue a parar el golpe, le agarré de la camiseta y la tiré a mi lado, quedando las dos tiradas completamente en ese suelo lleno de hojas caídas.
- Joder, casi me arrancas la camiseta de cuajo.
- A ver si así aprendes a respetar a tus mayores.
- Desgraciada…
Reí. Luego reímos las dos, quedándonos en esa posición un largo rato. Se pasó el tiempo volando… Cuando miré el reloj por última vez, no llegaban ni a ser las siete y diez. Ahora, de repente, eran cerca de las ocho y media.
No hay comentarios:
Publicar un comentario