miércoles, 4 de agosto de 2010

Capítulo 12: Quizás me viste, pero no te fijaste

El sábado madrugué como siempre, respiré el aire frío de la mañana, tranquila por el silencio y la paz de aquel pequeño bosque. Llegué al claro cuando aun los rayos del sol no habían traspasado las hojas de aquellos majestuosos árboles. Me senté a esperarlos en el tronco caído del suelo, como siempre… Al poco, con los ojos cerrados, noté esa cálida caricia provinente del sol madrugador y sentí por un momento que todo estaba bien, que hoy nada iba a arruinarme el día. Nada ni nadie con nombre propio.
Volví al internado, medio corriendo, medio caminando, disfrutando de ese día tan azul, tan hermoso. Por el camino me encontré con Karolina, que bajaba a la vez que yo subía. Me dedicó una espléndida sonrisa con un enérgico ‘Buenos días’.
- Buenas- respondí.
Llevaba a la espalda una mochila bastante alargada. Deduje que se iba a entrenar.
- Voy a relajarme un poco, a ver si puedo.
- ¿Dónde sueles ir? Porque no me suena haberte visto.
- Igual sí me viste, pero no te fijaste.- sus ojos se posaron suavemente en los míos- Es una zona apartada, detrás del todo. Es un rinconcito que Gabriel me ayudó a montar cuando conseguí que más personas se apuntaran a esto.
- ¿Haces de relaciones públicas?- reí.
- ¿De qué te ríes? Yo puedo ser muy persuasiva si quiero.- bajó el escalón que nos separaba- ¿Te quieres venir? Si no tienes nada que hacer ahora…
- Pues…
- ¿He mencionado ya que puedo ser muy persuasiva? Además, será divertido. Si te comportas, igual hasta te enseño algunos trucos.
- Nunca he tirado con arco.
- Bueno, quizás por eso el destino me puso en tu camino.
Nos miramos y reímos juntas. Era imposible decirle ‘no’ a aquella chica… O es que el no poder pronunciar esa palabra lo llevaba yo de serie.
- Está bien. Si eres capaz de esperarme diez minutos, enseguida me reúno contigo.
- De acuerdo, te espero.
Salió por la puerta. Al mismo tiempo subí las escaleras para ducharme. Lara aun dormía, así que hice el menor ruido posible. Cuando llegué dónde Karol me había indicado, estaba todo preparado. En la diana, a lo lejos, se podían ver unas cuantas flechas.
- Vaya, sí que eres buena…
- ¿Acaso dudabas?
- Puede.
- Pues muy mal. Yo nunca miento si a mí se refiere.- le sonreí- ¿Quieres probar? Es fácil, solo tiene unas posiciones básicas. No me dirás que tienes miedo de hacerlo mal…
- Oye, no te pases, ¿eh? Menuda flipada estás hecha, niña.
- De niña nada, que solo me llevas un año.
- Me da la impresión de que no te gusta tú edad…
- ¿Por qué lo dices?
- El otro día con Eric, cuando dije lo de ‘joven’ me miraste con cara de disgusto.
- No es que no me guste mi edad- me tendió el arco- Es simplemente que no me gusta que me digan esas cosas determinadas personas.
Cogí el gran arco entre mis manos. Era más pesado de lo que creía.
- A ver…- Karol se acercó a mí- Ahora separa las piernas y reparte el peso. Después con una mano agarra esto y con la otra forma un ángulo de 45 grados… Perfecto… Relaja las dos manos. Espera, los hombros tienen que estar bajos y alineados… Piensa que eres una T.
Ese comentario me hizo gracia. La verdad es que parecía mucho más fácil visto desde fuera… Visto desde fuera a Karol le quedaba incluso más artística la posición.
- … Para tirar debes fijar el objetivo y relajar la mano de la parte de la cuerda.
Ella se tiró hacia atrás, mirándome, contemplándome… No se si estaba más nerviosa por sus ojos clavados en mí o por el tirón que estaba sintiendo en el hombro.
- ¿A qué esperas para tirar?
Intenté dejar la mente en blanco, pero no funcionó. Tiré y la flecha se perdió a saber dónde.
- ¿Sabes qué me decían de pequeña cada vez que fallaba?
- ¿Qué?- pregunté curiosa.
- Que cada flecha que perdía entre los árboles mataba a un duendecillo del bosque o a un hada. Así hicieron que afinara mi puntería.
- ¿Lo dices en serio?
- Ajá… Pero no te preocupes, que a la velocidad que iba tu flecha no les harías ni un agujero en el culo… Y eso que ya está hecho.- me arrebató el arco de las manos- Como cupido, poco futuro te veo.
- ¿Pero se puede ser más borde? Es como si ahora te digo que mañana te vengas conmigo a correr y te exija que vayas a mi ritmo, tanto en la ida como en la vuelta- le dije mirándola desafiante.
- Vale, acepto tu oferta.
- ¿Qué oferta?- pregunté- Solo era un ejemplo.
- ¿Tienes miedo? Si es eso, entonces…
- Mañana a las seis en punto en la verja.
- ¿Por qué no a las cinco?
Me la quedé mirando. ¿Pero de qué iba? Si la mirabas bien, de niña no tenía ni los ojos. Era igual que yo de alta y su cara reflejaba algo de seriedad que ocultaba bajo esa gran sonrisa. Karol echó a reír.
- Es broma Cris. No soy tan prepotente. Pero la cara que has puesto era encantadora.
- ¿Encantadora?- repetí.
- Sí. ¿No te lo han dicho nunca?
- Nunca.
- Mejor, así te acordarás de mí con más facilidad.- sonrió con complicidad, clavando sus ojos verdes en los míos- Bueno, tengo que irme. Hasta luego, que tengas un estupendo sábado… Aunque claro, después de este rato conmigo… ¿Qué otra cosa puede mejorar tú día?
Se encaminó hacia el internado.
- ¡Acuérdate de mañana!- le grité.
Ella tan solo asintió desde lejos. Era increíble esa forma de ser tan espectacular que tenía. Te contagiaba su estado de ánimo, siempre encontraba la forma de sacarte una sonrisa… Sí había sido así en ese rato juntas, ¿cómo sería un día completo con ella? Decididamente no encontraba la explicación de haber pasado tan desapercibida ante mis ojos antes. Quizás Karol tenía razón: ‘me viste pero no te fijaste’.

No hay comentarios:

Publicar un comentario