Cómo no… En cuanto salí de la habitación, allí estaba ella esperando. Parecía una guardiana del tesoro o yo que sé.
- Vamos.
Hizo un gesto con la cabeza. Suspiré y le seguí en silencio. Bajamos las escaleras, salimos del internado, y April me guió hasta un coche azul metalizado bastante grande, amplio…
- Sube, que te llevo- dijo sonriendo.
- ¿Dónde?
- No sé- se encogió de hombros- Al cine, por ejemplo.
- A ti no te gusta el cine.
- ¿Cómo sabes eso?- preguntó.
‘Porque escuché tu conversación con aquella chica’, me dije a mí misma.
- Lo sé y punto.
- Pues iremos a otro sitio. Tienes tiempo para elegir o sino elegiré yo. Y sabes que si elijo yo, puede no gustarte.
Eso era verdad. Como eligiera ella, igual era capaz de llevarme a la otra punta del país.
- Me lo iré pensando.- contesté metiéndome dentro del coche.
Ella cerró la puerta. Rápidamente se sentó al volante y arrancó para irnos. A mitad de camino, se me encendió la luz.
- ¿Llevas los papeles en regla?
April rió. Después me surgió otra pregunta más importante.
- Pero… ¿Cuántos años tienes?
- ¿Qué más da eso?
- ¿Desde cuando eres mayor de edad?
- Técnicamente… Todavía no lo soy.
- ¿Qué?
- Tranquila, no creo que nos vayan a parar. Y si lo hacen, la culpa será mía, así que no tienes de qué preocuparte.
- ¿Qué no tengo de qué preocuparme? ¡Voy en el coche contigo!
- Tengo un carnet falso. En serio, relájate.
Resoplé intranquila, nerviosa… Iba en el coche con una loca con un carnet falso a… ¿Cuánto? ¿Cien? ¿Ciento veinte por hora? Encima ni se había dignado a decirme que tenía diecisiete años. Llevaba detrás de mí casi un mes y no conocía absolutamente nada, pero nada, de ella.
- ¿Cuándo pensabas decirme tus años?
- Cuando surgiera la conversación.
- Siempre mientes.
- No miento. La conversación no surgió. No le des más vueltas.
- Es que no te entiendo, de verdad…
- A ver, que dieras por hecho que tenía dieciséis no es culpa mía. Existen los repetidores, ¿sabes?
- Ves más despacio…
- ¿Para qué? Ya estamos llegando.
Llegamos a la ciudad demasiado rápido para mi gusto. Me sorprendí de una rotonda que antes no estaba… Hacía tiempo que no pasaba por allí, pero no creía que tanto. April aparcó el coche en el primer hueco que vio en un descampado. Bajamos de él. El sol me dio en plena cara. Por suerte o por desgracia, ese domingo el cielo estaba azul, repleto de nubes blancas. Ella se apoyó en el capó con las llaves en la mano.
- ¿Qué?
- Ni idea. Hacía tiempo que no venía por aquí.
- Es más tranquilo.
- ¿Tranquilo?- reí- Está repleto de gente, de coches, de motos… Incluso de aviones. ¿Dónde ves tú la tranquilidad?
- Míralo de esta manera: entre la multitud, pasamos desapercibidas.
Sonrió. El reflejo del sol se reflejaba en su pelo negro, pero no en sus ojos. Éstos no devolvían ese brillo que el sol les prestaba.
- Bueno, pues tendré que elegir yo. Mejor, me apetece ir a un sitio.
- ¿Cuál?
- Báh, ya lo verás.
Empezó a caminar. Fui hasta ponerme a su lado y seguir sus pasos. Mucho tiempo. La última vez que había pisado ese lugar fue cuando mi padre me quiso llevar a la playa el día de mi cumpleaños, hacía ya casi un año. El tiempo no pasaba en balde.
De vez en cuando le miraba de reojo e intentaba adivinar sus pensamientos, algo imposible de saber, claro. Caminaba con decisión, en completo silencio. Silencio sepulcrado entre el gentío que disfrutaba de un estupendo domingo. Después de llevar un rato de caminata, se paró en seco.
- Ya estamos.
Cuando entramos, no me lo podía creer. ¿Era aquí donde le apetecía estar a ella? ¿En una sala de juegos? Un montón de personas andaban de aquí para allá, jugando a todo tipo de juegos: encestar, futbolín, habían juegos de motos, coches…
- Emm… Qué prefieres, ¿billar o bolos?
Le miré. Lo decía totalmente en serio. ¿Pero qué? No, no me gustaba nada. Era otra April, una diferente a la que me había besado esa misma mañana, antes de salir.
- Ehh… ¿Bolos?- dije con poca voz.
- Me parece bien.
Fuimos al mostrador, nos asignaron una pista, unas zapatillas, escribimos nuestros nombres para que salieran en la pantalla y nos fuimos a sentar.
- A ver si eres medianamente buena o me voy a arrepentir de jugar contigo.
Me levanté, cogí la bola y la lancé todo lo recta que quiso ir. Siete bolos cayeron. Segunda tirada: le di a dos.
- No está mal.- me sonrió con su bola en la mano- Aprende.
La lanzó e hizo un pleno.
- Suerte- le dije con una mueca cuando pasó junto a mí.
Estuvimos un buen rato, la verdad es que la partida duraba bastante. Una de las veces que me tocaba a mí, April me dijo:
- Si quieres puedo enseñarte…
- Lo que tú quieres es agarrarme de la cintura.- le recriminé- Pues te vas a quedar con las ganas porque no necesito tu ayuda.
Tiré la bola con todas mis fuerzas. Nueve bolos cayeron. Uno se tambaleaba… Se tambaleaba…
- ¡Toma ya! ¡Pleno!
Me senté a su lado. Ella se levantó, pero acto seguido volvió a sentarse. Sin que me lo esperase, me cogió de la cintura y me acercó a ella.
- Ah, por cierto… No necesito ninguna excusa para agarrarte de la cintura- me susurró al oído.
A ese susurró le acompañó un beso, pero aquel no fue uno de sus besos habituales… Este fue más fugaz, más suave de lo normal. En cuanto se fue a tirar, pude notar a algunas personas mirándome. Nos miraron un rato, un rato que se hizo eterno para mí.
Acabó la partida, ganando April, por supuesto. Agaché la cabeza, crucé los brazos y salí de ese lugar a pasos largos. No estaba a gusto.
- ¿Por qué vas tan rápida?
- Por nada… Es que me apetecía salir de allí.
- Ya- ella me frenó- Deberías pasar de lo que la gente piense o hable o diga o incluso haga… Además, nadie te conoce. ¿Qué más da?
- A ti igual te da lo mismo, pero no a mí- le miré- Así que no vuelvas a hacerlo.
- ¿Me vas a prohibir que te bese dónde me de la gana?
- Sí- le repliqué.
- Si eres así…
- Soy así porque tú me haces serlo, ¿vale?
- Claro… Por eso tonteabas tanto esta mañana con tu nueva amiguita, ¿verdad?
- Qué sabrás tú…- me di la vuelta para seguir caminando.
- ‘¿No te han dicho nunca que eres encantadora?’- dijo imitando la voz de Karol.
Me giré para contemplar su cara.
- ¿Me espías?
- Tuve el magnífico placer de pasar por allí en ese momento.- sonrió con una sonrisa totalmente fingida.
- ¿Y qué? Es amable.
- Muy amable. Sobretodo al enseñarte a jugar a su jueguecito.
- Se llama tiro con arco.
- Se cómo se llama.- dijo molesta.- ¿Y esta mañana? Sino llego a estar por ahí seguro que ella…
- No me puedo creer que me estés diciendo esto precisamente tú- dije riendo.
- ¿Acaso crees que de verdad le interesaba saber si el imbécil de Eric tenía novia? Lo que ella quería saber era que tú no eras su novia… ¡Joder! Que pareces tonta.
- A todo le sacas punta. Todos son una amenaza… Dime, ¿hay alguien en este mundo que no esté en tu contra?
- No he dicho que nadie esté en mi contra… Solo te digo que no me trates como sino supiera de qué va la cosa.
- ¡Es que no va de nada! Tú te haces tus montajes, tus propios dibujos… Y en ellos me metes a mí. No me importa lo que la gente piense. Solo quiero irme de aquí, ¿o es que no lo ves?
- ¿No te importa?
- ¡No!
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