domingo, 1 de agosto de 2010

Capítulo 11: El Producto de Salem

April estuvo casi toda la semana desaparecida y algunos profesores estaban empezando a quejarse. Quería buscarla, pero cuando ella desaparecía, lo hacía muy bien. Noté a Paula un poco arisca conmigo, aunque no entendía el motivo tampoco le pregunté por si acaso agrandaba el problema, fuese cual fuese.
- Tu estás algo extraña últimamente…- me dijo Lara- Antes no tenías tantos tachones en tus impolutos apuntes.
- Uy, disculpe si encima de vaga mi escritura no es de su agrado- le respondí irónicamente- Es que mandan huevos de que encima se me vayan quejando de que si no entienden la letra, que si esto y que si lo otro… Sino fuera por mí, de aquí no salía ni dios sin repetir cuatro veces seguidas.
Lara empezó a reírse.
- Es que tía, eres la única que toma apuntes. Y ya que eres mi amiga y compañera, tendré que aprovechar.
- Así me gusta, la amistad, cuando interesa, ¿eh?
Lara dio un respingo al mismo tiempo que decía ‘Ya decía yo que se me olvidaba algo’. Abrió su mochila y sacó un libro. La cubierta estaba algo estropeada, por lo que se podía deducir que era seminuevo pero sin embargo, las letras plateadas relucían con el título ‘El Producto de Salem: Brujas, símbolos, hechizos… En todo el mundo’
- Toma, que se me olvidó dártelo- lo contemplé medio embobada- Como sé que estas cosas te gustan un poco… Además, casi calló en mis manos, digo yo que será una señal.- añadió riendo- ¿Te gusta? Sino puedo traerte otro más nuevo. Es que nos tuvieron buscando por la parte vieja… Ahora que, mirándolo bien, ese libro no era de allí.
Me miró y se encogió de hombros.
- No… Está bien, gracias Lara. En cuanto tenga tiempo le echaré un vistazo y te cuento.
- Vale, sino te mola, lo devuelves y listo.
Ella siguió con sus cosas mientras que yo me tumbé en la cama para leer por encima el libro, que empezaba con la historia tan conocida de Las Brujas de Salem, pero antes de empezar con la historia, había un cachito que decía lo siguiente:

Científicos opinan que las Brujas de Salem tal vez sufrieran la enfermedad de Huntington

Escaso control de las extremidades, humor variable, problemas graves de movimiento y en la coordinación, visiones, gestos involuntarios y lagunas en la memoria. Todos estos son síntomas de la enfermedad de Huntington, un desorden neurodegenerativo fatal que provoca la destrucción de células cerebrales.


Empecé a leerlo, era como una especie de novela o historia inventada, pero aferrada a la realidad. Contaba todo lo que ponía por Internet respecto a las brujas al mismo tiempo que envolvía el relato en una serie de personajes desconocidos, de los que ni siquiera se sabía ni la descripción… Empecé a leer y leer. Sino llega a avisarme Lara de que llegábamos tarde a gimnasia, aun estaría enganchada.
Cuando llegamos al gimnasio, Paula me recriminó:
- Tú y tus libros…
- Pues mira, un poco de cultura no te vendría del todo mal.
Me iba a arrear un golpe cuando el profesor nos obligó a calentar antes de empezar a correr.
- Esta tía es una flipada de la vida. Se la sopla todo y todos- miré hacia la puerta- Por mucho menos a nosotras nos hubieran echado.- dijo Paula algo molesta.
April pasó pausadamente entre toda la clase. No llevaba puesto ni el chándal, ni siquiera el uniforme lo llevaba completo. Se acercó a Gabriel con un papel, intercambiaron unas palabras y luego se sentó con nosotros en el suelo cuando él así lo quiso.
- Vamos a ver chicos, poneos por parejas que quiero que me hagáis unos abdominales… ¡Venga!
No se porqué pero mi reacción fue buscarla con la mirada. Ella se había puesto con una chica… Ni tan solo me miró. ¿Y eso qué importaba? Aparté ese pensamiento y ayudé a Paula sujetándole los pies, turnándonos cada diez o quince interminables abdominales.
Después nos mandó a correr a todos menos a April, a la cual mandaron a los vestuarios.
- Este tío está loco… Pero tú eres peor, que te gusta eso de correr.- añdió Paula medio jadeando.
- Paula, no tengo la culpa de que no puedas seguirme. Aunque te vendría bien hacer un poco más de deporte, ¿eh?
- ¿Cómo que me vendría bien?- se paró en seco- Lo que pasa es que tienes envidia de que a mí solo me guste sudar para una cosa.
De pronto se escuchó una voz detrás de Paula preguntando:
- ¿Y qué deporte es ese que le gusta tanto, señorita Evans?
Se sobresaltó y al girarse se encontró de frente con Gabriel.
- ¿Qué?- preguntó mirándome.
- Que cual es ese deporte que le hace sudar, ¿o es que no puede compartirlo con los demás?
- ¿Compartirlo? Bueno… Es- yo no sabía cuanto más iba a aguantar la risa de verla- Ya sabes Gabriel… Es como…Como los dobles: es cosa de dos…
- Entiendo. Supongo que en tu deporte tres son multitud. ¿O no?
Paula cada vez se estaba poniendo más nerviosa.
- Yo… Pues…
- Gabriel, es que Paula se ha explicado mal. Lo que ella quiere decirte es que no está cansada y que le gustaría ayudarte a guardar el material.
- ¿Sí? Vaya, esto solo pasa una vez en la vida… Puedes empezar recogiendo los conos.
- Claro…
Gabriel me sonrió y se marchó riéndose. En cuanto estuvo un poco lejos, no aguanté más e hice lo mismo.
- ¡Idiota! Ahora no me puedo escaquear…
- Eso es por ser tan bocazas- solté una carcajada- Si te hubieses visto la cara…
- Ya verás, ya… Cuando menos te lo esperes, te vas a enterar, desgraciada.
- Anda, cállate y recoge que es lo que tienes que hacer.
Paula produjo un gruñido dándome la espalda, al mismo tiempo que me iba al vestuario llorando de la risa. Entré esquivando a las de clase que iban y venían con peines, colonias, bolsas… Ya que quedaba poco tiempo para la siguiente clase. Miré a ver si conseguía ver a April, pero no hubo suerte, así que supuse que se habría ido a clase. Me duché en tiempo record, y aun así todavía había chicas invadiendo todo el espejo, por lo que me tocó esperar un poco más. Ellas se iban marchando, el tiempo se me venía encima, April no estaba y para colmo Paula tardaba demasiado como para esperarla. Salí andando deprisa con el pelo mojado, tratando de meter una cosa a presión en la bolsa, hasta que se me resbaló de las manos y salió volando hasta el suelo.
- Estupendo.
Haciendo malabarismos intenté agacharme pero una mano se me adelantó mientras decía:
- Mira que eres torpe…
Me levanté, fijando mis ojos en los suyos.
- Gracias- cogí el cacharro- Creo.
Ella me agarró la bolsa y sin ningún esfuerzo, lo metió, cerrando la cremallera rápidamente.
- Llevas un buen rato dentro.- dijo April sin mirarme.
- Ya sabes, las chicas tardan demasiado en arreglarse.
- Ni siquiera te has secado el pelo. Te vas a resfriar.
Paré de caminar. Suspirando le miré antes de reemprender el camino.
- ¿Qué?- preguntó.
- ¿Me voy a resfriar? Por favor… Eso no te pega.- le miré de reojo- ¿Por qué no has venido a clase?
- He estado ocupada.
- ¿Por qué no has hecho gimnasia?
- Porque no puedo.
- No me lo creo.
- Puede que tú no, pero Julia sí.- sacó el justificante- Sino te lo crees, aquí tienes.
- ¿Por qué hoy me das tantas respuestas?
- Y tú, ¿por qué preguntas tanto?
Nos miramos de nuevo envueltas en un silencio incómodo.
- Que no. Que no me lo trago. Precisamente tú no eres así.
- Así, ¿cómo?
- Así- sentencié- Según Julia, ¿qué tienes?
- Un pequeño esguince en el pie.
Cuando fui a coger el papel y me tendió la mano, pude ver algunos arañazos a lo largo de sus brazos. Sonreí sin coger el papel.
- Sabía que algo tramabas.- April me miró interrogativa- Era importante que me enterara de tu ‘esguince’… ¿Para qué? No se si crees que soy tan estúpida de caer en tu juego premeditado, pero no. No voy a caer.
Ella solamente rió.
- Piensas que eres una chica lista… Te equivocas. Tan solo quería hacerte saber que por esto no iba a dejar que el domingo no vinieras. ¿Qué otra cosa crees que intentaba?
Otra vez lo había hecho… Había barajado sus cartas y le había perdido de vista. ¿Cómo podía tener esa velocidad maquiavélica? La facilidad que tenía para darle la vuelta a las cosas, para que pensara, sintiera lo que ella quisiera, me ponía de los nervios. Porque lo conseguía. Conseguía que me pusiera a pensar dónde habría estado todos estos días, qué habría hecho para hacerse el esguince y por supuesto… Qué o quién le habría hecho esos arañazos.
- Llego tarde.
Enfilé el pasillo para perderme en él antes de que ella dijera o hiciera algo más. Odiaba esa sensación… La odiaba porque era desconocida para mí. Cada vez que daba a entender algo como lo de antes, el estómago se me cerraba y algo en mi garganta hacía que tragar me fuera un arduo trabajo. Todo eso pasaba por ella. Por April. Por una persona de la que no conocía absolutamente nada y que ejercía sobre mí ese poder que tanto me fastidiaba que tuviera… Pero yo tampoco hacía nada por evitar que lo usara.
Al rato de estar la clase empezada, entró como si tal cosa. Como si no hubiese pasado nada que el resto del mundo debiera saber. Temía que llegara el domingo. Sí, en cierta manera me daba miedo. ¿Pero miedo de qué exactamente? ¿De la situación que se creara? ¿De su influjo sobre mí? ¿De hacerme…? Daño. ¿Daño? ¿Podría llegar a hacérmelo? Me agité en la silla inquieta.
- ¿Te pasa algo?- preguntó Paula.
- Nada, solo es que estoy… Un poco mareada.
No dijo ni preguntó más. Solo me miró con gesto preocupado, al que yo correspondí con media sonrisa forzada.

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