lunes, 30 de agosto de 2010

Capítulo 22: Tratando de arreglar las cosas (Primera Parte)

Decidí hacerlo. Decidí hablar con April aunque fuera para pedirle perdón por el golpe, lo único complicado sería buscarla… Pero sabía dónde estaría, así que en mitad de la clase con Anna, le dije que me encontraba mal para que me dejara salir.
Hice el mismo recorrido que aquel día, entré al despacho y moví la estantería. Toqué toda la pared. Rebusqué unas cuentas veces antes de dar con una especie de bulto en la pared. Al tocarlo de nuevo sonó un corto estruendo para dar paso a un agujero bastante pequeño. Caminé sin hacer ruido. No sabía porqué estaba nerviosa. ¿Cómo reaccionaría ella? Me pregunté delante de la puerta… Aun no entendía cómo la puerta aguantaba tanto sin caerse. Respiré y expiré. Resoplé y entré a la habitación.

Tal como esperaba, allí estaba, en la cama. Su espalda descansaba en el reposa cabezas. Tenía en las manos una libreta en la que estaba escribiendo algo, apoyada en una de sus piernas flexionada, haciendo de mesa. Iba en pijama y el cuarto olía a café…
Di unos pasos antes de frenar para tragar saliva. ¿Estaría a tiempo de dar la vuelta?
- ¿Vas a pasar o qué? Haces ruido- dijo molesta.
Caminé hacia ella. Esta vez no me miró ni una vez, solo siguió escribiendo.
- ¿Qué quieres?- preguntó mordiendo el bolígrafo.
- Quería… Hablar.
- Pues habla, pero rápido.
- En realidad…
- ¿A qué coño has venido?- bufó enfadada.
- Llevas demasiado tiempo desaparecida… Los profesores preguntan. Como sigas así tendrás problemas con la directora.
- ¿Eso es lo que tenías que decirme? Perfecto. Ya puedes irte.
- Es que…
- ¿Hablo chino? Necesito estar sola. Largo.
Fui hasta ella y me senté en la cama, dándole la espalda. April continuó escribiendo en su libreta.
- En verdad venía para hablar sobre la fiesta.
- Solo recuerdo una cosa de la fiesta y creo que no te gustará saber qué.
- ¿No tienes más amenazas que contarme tus escarceos sexuales?
- ¿No tienes una clase a la que acudir?
- No me vengas con esas…
- Me estorbas.
Giré la cabeza para encontrarme con su mirada, pero no fue así. Había venido a hablar con ella y eso haría. Como fuera. Subí a la cama y me arrastré hacia donde estaba, hasta ponerme encima de ella de rodillas. Ahora no tendría más remedio que prestarme atención.
- Haz el favor de escuchar lo que tengo que decirte.
- No me interesa lo que tengas que decirme.
- Te fastidias porque me vas a oír, te guste o no.
Siguió escribiendo, así que no me quedó más remedio que quitarle el cuaderno.
- ¡Eh! ¡Qué haces!
- ¿Vas a escuchar?- resopló intranquila- ¿Sí o no?
- Devuélvemelo.
- ¿Sí o no?
- ¡Dame!- de un movimiento lo trajo de vuelta a sus manos.
Cerró la libreta dando un resoplido de impaciencia. Aun después de todo eso, no conseguí que me mirara.
- Yo quería… Me parece que en la fiesta hice… Bueno, es que…
- ¿Sabes hablar como las personas?
Agaché la cabeza. Ella se cruzó de brazos, girando la cabeza a un lado. No, esta vez por muchas trabas que pusiera, le diría lo que le tuviera que decir. Estiré mi mano hasta posarla suavemente en su mejilla. No hizo amago de nada.
- Lo siento- balbuceé- Fue sin querer…
- ¿Esto es lo que te tenía tan preocupada?- dijo apartándome la mano de un manotazo- Vives en el pasado. ¿Crees que eso tuvo importancia para mí? No eres nadie para que le diera importancia.
- Me da lo mismo la importancia que le dieras… Solo venía a disculparme porque no debería haber ocurrido, nada más.
- Espero que tu conciencia te deje dormir esta noche- dijo con sorna.
- Se me fue la mano…- repetí.
- Deja de repetirlo. Ya sé que no fue aposta, sino te hubiese partido la cara allí mismo.
- ¿Qué te detuvo para no hacerlo?
Aquella pregunta le hizo sentir incómoda. Lo se porque se recolocó molesta en su sitio.
- Te lo he dicho. Sé que fue sin querer. Punto.
- Si todo te da igual como dices… ¿Por qué has estado aquí escondida?
- No me he escondido. Lo creas o no, tú no eres el centro del mundo.
- ¿Y por qué no me miras? ¿Por qué me evitas? ¿Por qué de repente no haces nada?
- Era lo que querías, ¿no?
- ¿Desde cuando te importa eso?
- He oído todas las burradas que has soltado. ¡Largo!
- ¿Sabes por qué pasó lo que pasó? En ese momento mi mente se llenó de cosas que no recuerdo… En ese instante creí que serías tú la que me…
- ¡Si se te pasó por la cabeza, aunque fuera un instante que yo fuera a infringirte algún daño…!- por fin sus ojos se fijaron en los míos- Baja de encima. ¡Ya!
- Me apretaste las muñecas, me empujaste contra la mesa… ¿Te extrañas de que creyera eso?
- ¡Que te bajes!
- Te da igual, sin embargo no te gusta oírlo.
- Si crees que te haré daño, baja ya mismo…
- ¿Soy yo o los papeles se han intercambiado? Pensaba que querías tenerme así, en una cama y… Contigo. ¿Ya no?
Ella me fusiló con la mirada. Notaba su rabia correr por su cuerpo pero seguía quieta, sin hacer absolutamente nada.
- Tampoco has pronunciado mi nombre… Siempre sueles hacerlo al menos una vez.
- Qué es lo que esperas de mí, ¿eh? Si me crees capaz de todo eso que dices…
- Nada. No espero nada, porque no se de qué eres capaz realmente.
- Lárgate. Por fin te he dejado en paz como querías. Vete.
- Estoy perdida… Ahora… Ya no se lo que quiero.
April miró hacia la ventana, evitando así el contacto visual. ¿Y si era yo la que quería que siguiéramos como antes? La razón iba perdiendo voz en mi cabeza. Tenía que cerciorarme de que se había acabado, de que todo volvería a su lugar… Acerqué lentamente mi boca a la suya hasta que la besé. Ella no correspondió de ninguna forma mi beso. Lo intenté una vez más besándole los labios suavemente, casi como una caricia para dar paso a otro beso intenso, fuerte, semejante a los que ella me daba o… Robaba, según se mire.
Me incorporé sin quitarle la vista de encima. ¿Cómo podía tener un orgullo tan grande? Y yo… ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Tratar de convencerla de qué? O estaba loca o era masoquista… Sea lo que fuere, se terminaba allí, en esa amplia habitación llena de objetos inanimados como testigos.
Aun cuando me fui de allí, ella ni se inmutó. Es más, siguió escribiendo como si no hubiésemos hablado de nada o como si nadie hubiese entrado en aquel lugar. Me daba rabia su indiferencia fingida… Pero me había cansado de quedar como una estúpida siempre.

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