lunes, 16 de agosto de 2010

Capítulo 15: Una extraña visita llamada Alecc

April me miró desafiante, con su penetrante mirada. Movió la cabeza en busca de algo. En ese instante, un hombre pasó por su lado.
- Disculpe señor… Disculpe un momento.
El señor se paró y le miró de arriba a bajo.
- ¿Sí?
- ¿Le puedo hacer una pregunta?
- Er… Por supuesto- dudó el hombre.
- ¿Sabe quién es esta chica?
- ¿La que está a su lado?
- Sí, la que me acompaña…
Ella me miró. Le devolví la mirada repleta de dudas.
- Pues… No, siento decirle que no.
- ¿No la ha visto nunca? ¿Tampoco le suena?
- No, no me suena su cara tampoco.
April fijó sus ojos en los míos con una sonrisa maléfica.
- Pues verá, esa chica de ahí, es mi novia- me puse nerviosa, creo que hasta me ruboricé- ¿Qué le parece? Pero está algo molesta conmigo y no me permite que le de besos en público. ¿Usted que piensa?
El hombre me miró a mí y después a ella. Luego el horizonte, seguro que buscando la cámara oculta o algo que se le pareciera.
- El caso es que hay alguna cosa que me impulsa a estar con ella, no se qué es. Quizás es pura obsesión… ¿Qué me dice?- el hombre tenía los ojos como platos- No se que me incita a perseguirla, porque tampoco me la he follado, ¿sabe? Así que no tengo ni idea de cómo podría hacer para que me necesitara tanto como el aire que respira… ¿Se le ocurre algo, lo que sea?
- No…- titubeó el pobre hombre.
- Es que… Intento que no pueda estar sin mí, pero se resiste. Yo quiero pasármelo bien, divertirme… Y ella también. El problema es que su moral se lo impide. Cree que está mal lo que siente hacia mí. He de decir que soy un poco brusca a veces porque siento que no le controlo como hago con las demás, tal vez esa sea una de las causas que me lanzan a su encuentro. ¿Qué cree usted? La dejaría, pero no puedo sacármela de la cabeza, no soporto que se le acerquen, que le miren, ni siquiera que le rocen sin querer el brazo. Me desespero si no la encuentro cuando la busco, incluso me pongo nerviosa si me pongo a pensar que un día pueda decirme que no quiere nada conmigo…
- Muchacha, yo…
- Dígame, buen hombre- April le miró con una dulzura que no había visto antes en su rostro.
- Nada, que posiblemente lo que le pase es que esté enamorada.
- ¿Enamorada?- se carcajeó.
- Sí, pero usted se ha enamorado de la forma equivocada. De la forma más posesiva y dañina que pueda imaginar.
- ¿Eso cree?
- Eso creo.
- Siempre hago daño, señor. Directa o indirectamente. Ella es una luz que me deslumbra, solo que yo soy más lista, uso gafas de sol, y no me caigo porque cuento mis pasos.
- Señorita, cuán equivocada está usted. Cayó una vez, ¿cierto? ¿Qué le hace pensar que no caerá dos? ¿Qué le hace pensar que quizás la primera fue un intento en vano porque no debía suceder?
- La vida en su plenitud, da vueltas, está en continuo movimiento. Caí, me levanté, luché y seguí mi camino. A día de hoy, me siento bien conmigo misma, conozco cada parte de mi mente, cada trozo del pasado, del olvido, sé con seguridad que no fue en vano y que debía suceder. Todavía debe suceder.
- La magia, su magia, la que ella creó para usted, tan solo es una parte del egoísmo que le consumía por dentro. Era débil, sigue siendo débil, débil a su influjo, débil a su vuelta, a su regreso del pasado. ¿Saltará de nuevo al vacío, señorita? ¿No le dará la oportunidad a las buenas artes de premiarla con un regalo maravilloso hecho a su medida?
- ¿Quién es usted, señor?
- Soy un hombre corriente, de la vida. Pero usted habla más de la cuenta, solo hace falta prestarle atención. Su collar negro, ese que lleva al cuello tan apretado, es el que no le deja respirar esas noches que pronuncia su nombre en la oscuridad, en la nada. Sin embargo, ahí sigue, recordándole una y otra vez su destino, su razón de vivir.
- Solo es un collar.
- Que le recuerda su promesa. Aquella que sigue esperando con recelo que cumpla. Señorita, usted ha vivido más de la cuenta, sabe lo cruel, injusta, despiadada que es la vida. Lo ha sentido. Aun así, sigue buscando. Espera, espera que le encuentre para retomar todo donde lo dejaron, pero los tiempos han cambiado desde su desgraciado encuentro. Lo sabe. Todos estos años se ha estado preparando para ese dolor.
- ¿Quién es usted?
El hombre sonrió.
- Sabe, señorita, que se ahorró el sufrimiento por una maldición acertada.
- Me dio la vida. Su vida.
- No, le dio un pase para engañar a la muerte, para ir, volver, tantas veces como quisiera a cambio de esperar pacientemente. Eso, ella, le enfrió, le heló el corazón, le cerró los ojos. Le condenó.
April endureció su rostro de una manera que daba miedo.
- Alecc, si rondas por aquí quiere decir que estoy cerca. Muy cerca.
- No volverá por ti. La conoces. Aprovecha la oportunidad de tener dónde agarrarte o también se esfumará. Como todo lo que conocías, se esfumará.
- ¿Cuántas veces te he dicho que no sirves para este trabajo?
El hombre frunció el ceño sin apartar su mirada.
- Déjala perdida en el tiempo. Si la liberas, ocurrirá de nuevo y las consecuencias serán mucho peor de lo que imaginas. Tú amiga, tú novia, tiene los días contados. Igual que los tuvo Clara.
A ella se le congeló el alma. Agarró con brusquedad la solapa del hombre que no dejaba de observarla con sus enormes ojos.
- No te atrevas, Alecc. Ni se te ocurra ir por ahí.- le amenazó- Porque un día me cansarás de verdad y te mataré, tenlo presente.
Le soltó. Él seguía atento a cada gesto, pero ni se inmutó, ni tan solo se le borró la sonrisa de la cara.
- El que avisa, no es traidor. Está en tu mano parar la masacre que comenzarás. Claro que, si quieres repetir la historia, ese es tu problema… Sabes que no te lo van a permitir.
- Nunca me importó lo que dijesen o lo que me permitieran hacer. ¿Por qué ahora iba a ser distinto?
- No vas a cambiar por muchas vidas que vivas.- negó con la cabeza- Te están ofreciendo una ofrenda de paz. Sin embargo, te empeñas en ignorarlo.
- Voy a encontrarla, le sacaré de ese infierno para que obtenga su venganza. Después ella…
- Sigues sin comprender… Cabeza hueca como siempre. Si la traes, se quedará. Y no habrá un ‘después’.
- ¿Ese es el futuro que han visto?- rió- A mí me han contado uno muy diferente.
- April… Solo buscándola has activado lo que no debías. Si continuas con esto, saldrás mal parada, como antes siempre salías.
- ¿Te importo? Vaya Alecc, eso no te pega en absoluto…- dijo con una sonrisa forzada.
- ¡Deja de comportarte como una niña! A mí me dieron una oportunidad, a ti también te la darán si dejas correr todo esto.
- ¡Tú te vendiste! Me abandonaste, me dejaste sola… Se suponía que debías defenderme, apoyarme…
- A ti sí. No a ella.
- ¡Éramos una! Tenías que haberlo hecho, era tu deber. Pero preferiste darme la espalda, no me vengas ahora con que quieres que deje esto a un lado porque crees que me hará daño… Ya no soy la misma. Cambié. Por dentro y por fuera.
- No te equivoques, ella te hizo cambiar. Lo sabes. Clara lo sabía…
- Te he dicho que no quiero escuchar ese nombre- dijo enfadada.
- Te acabarán matando- suspiró- Eres lo único que me queda y te acabarán mandando al infierno con ella. Entiende que no pueda permitirlo, entiende que vaya a intentar todo lo posible para que abras los ojos… No me guardes rencor, April.
- Para eso ya es tarde. Me dejaste en la estacada. Eso no se olvida, por muchos años, siglos o vidas que pasen.
- Te quiero.
- Alecc, vete. No vuelvas o tomaré medidas drásticas.
El hombre tenía la mirada perdida, triste… Totalmente decaída. Me miró durante unos segundos, hasta que ella se puso en medio.
- Ni lo intentes.
- ¿La matarías a ella también? ¿Serías capaz de derramar su sangre?
- Lárgate.
- Porque yo sí. Lo haré si es la única manera de hacerte recapacitar.
- No la toques, es mía… Si le haces algo, pagarás. Eso te lo juro.
- ¿Ella es tuya? ¡No me hagas reír! Ella es tan tuya como tú eres de…
- ¡No! No pronuncies su nombre, traidor.
- ¿Traidor? ¡Te salvé la vida! ¿Y para qué? Para dársela a esa estúpida engreída que solo le importaba ella misma.
- Esta conversación ha terminado, Alecc. Aléjate de mí. Aléjate de Cristel. No oses ni acercarte, porque como te sienta solo un poco, iré en tu busca.
- ¿Sabes lo peor? Que sé que eres capaz de matarme. Que sé que eres capaz de verter mi sangre… Tú sangre.
- Tú ya no eres mi sangre. Te lo dejé claro aquel día.
- Jamás olvidé aquel día…
- Yo sí. Y todo lo demás.
- Te volviste fría, calculadora, te guardaste bajo llave tus sentimientos, dejaste de sonreír como lo hacías cuando éramos pequeños…- le miró- ¿Y aun eres capaz de mirarme a la cara y decirme que ella no te cambió?
April refunfuñó. Esa conversación se estaba alargando mucho.
- No vuelvas a interponerte en mi camino.
- Ni siquiera antes tenías la mirada tan oscura- fue a cogerle la cara, pero ella se desprendió de su mano con un gesto- Tus ojos eran más claros, como los que tenía mamá.
- No se de quién hablas- cortó tajante- Alecc, olvídame. Déjame de una puñetera vez en paz.
- Me alejaré como he hecho todo este tiempo, pero no me digas que te deje en paz porque sabes que no lo haré. Eres mi hermana y por mucho que te duela, lo vas a seguir siendo pase lo que pase.
Hubo un enorme fogonazo que inundó la calle, a plena vista de todos, sin embargo, la gente estaba demasiado ocupadas en sus vidas para darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor.

El hombre seguía mirando a April, esta vez con cara de miedo.
- Muchacha, yo…
Ella le miraba, parecía perdida en su propio mundo, así que no me quedó mas remedio que muerta de la vergüenza, ir hacia donde estaba, agarrarle de un brazo y empujarla al mismo tiempo que le decía al señor:
- Discúlpela, es que está en tratamiento psicológico, probando un nuevo fármaco antes de que salga al mercado.
Aquel hombre no nos perdió de vista hasta que no giramos la esquina. Me apoyé en la pared, contemplándola… No decía nada, mantenía sus ojos fijos en la acera de esa desconocida calle. Asustaba. Asustaba porque no la había visto de esta manera: sin palabras, sin nada qué decir. Su mente estaba vacía de pensamientos. Era como si se hubiese alejado de todo para recuperar el aliento. Lo percibía… No se el qué, pero percibía que algo no andaba bien con ella, por mucho que disimulara.
Di un paso hacia delante, separándome de la pared, mirándola por el rabillo del ojo. Caminé unos pasos para colocarme enfrente de ella, pensando en qué iba a hacer para que bajara de ese mundo desconocido para mí.
- April…- le susurré al oído- Sea lo que sea, puedes…
- Estoy bien.- alzó sus ojos hasta los míos- Vamos, tengo hambre.
Fue más una orden que una sugerencia. Era imposible saber qué le había pasado, por supuesto, no iba a ser yo la que le preguntara, simplemente porque sería perder saliva.

1 comentario:

  1. Me ha encantado tanto este capítulo como todos los demás, me encanta tu libro y tu blog...Xd bueno pasate por el mío¡¡

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