Ella eligió el restaurante, como eligió el sitio, como me eligió a mí… Negué con la cabeza para apartar esa idea estúpida nacida de la nada.
La comida se pasó rápida, silenciosa, entre murmullos de gente hablando de todo y de nada y el ruido del cuchillo al cortar, del tenedor al pinchar. De vez en cuando le miraba. No podía evitarlo. Ese domingo no estaba siendo April, la April acosadora, sarcástica… No, en cierta manera, era otra. Quería decirle algo, pero cada vez que abría la boca me decía ‘¿Qué le digo?’.
Sus ojos miraban por la ventana directos al mar, grande, ancho, ilimitado… Azul. Una música algo fuerte me despertó de mi trance: mi móvil. Era demasiado extravagante para ese lugar, de ahí que tantas miradas cayeran sobre mi persona.
- ¿Diga?
- ¿Dónde santas narices estás? ¡Te llevo buscando hace rato!
Al otro lado del teléfono Paula gritaba. Ella se dio cuenta, me miró y puso cara de interesarle la conversación.
- Estoy… Lejos.
- ¿Lejos? ¿Y qué coño es ‘lejos’?
- Pues en… La ciudad.
- ¿Qué ciudad?- se extrañó- ¿En la ciudad, ciudad? ¿Qué haces tú en la ciudad sola?
Sola… No lo estaba. Tenía que pensar algo, algo rápido, creíble, con lo que le pudiera cortar y colgar.
- Verás, es que estaba cansada de siempre lo mismo, así que decidí cambiar y venir a entrenar un poco por la playa.
- ¿Por qué no me has avisado?
- A ti no te gusta correr.
- Pero sí me gusta la playa. Podrías haberme dejado en un sitio e irte tú a correr.
- No lo pensé.
- Llevas tiempo sin pensar- añadió molesta- Supongo que tendré que verte en la fiesta.
- Creo que… Sí, allí tendrá que ser.
- A este paso habrá que pedir audiencia para hablar contigo.
Colgó. Colgó antes de que dijera nada. Miré durante un rato el móvil, como si éste tuviera la culpa de las tonterías que estaba haciendo.
- Si has terminado, podemos irnos que ya he pegado la cuenta.
Le miré desganada. Algún día le tendría que decir a Paula lo que pasaba. Por más que lo alargara, tendría que decírselo, pero no me hacía el ánimo… Sabía que se pondría furiosa y con razón.
- ¿Dónde vamos ahora?
- Me ha gustado tu idea.
- ¿Qué idea?
- La playa- dijo sonriendo.
Paseamos por la playa como muchas otras personas que aprovechaban el buen día que hacía. De pronto April se giró.
- Oye, ¿te apetece jugar a Volleyball?
Me quedé parada. Al no hacer ni decir nada, ella me cogió de la muñeca y me llevó hasta un grupo de gente que estaban jugando.
- ¡Hola!- todos se dieron la vuelta- Nada, que iba paseando por aquí, he visto que sois impares, que algunos se van, etc y me preguntaba si podríamos jugar.- terminó con una gran sonrisa mientras el viento le revolvía el cabello.
Todos y todas se miraron unos a otros, después nos miraron a nosotras.
- Ehhh… Sí, ¿por qué no? Tú puedes ir con ellos y tu amiga con nosotros. ¿Te parece bien…?
- April. Y ella Cristel.
Era surrealista. Empezamos a jugar con aquellos chicos que tenían paciencia, porque no daba una al principio, pero luego remonté e incluso me lo pasé bien. Fue algo increíble ver a April así, de aquella manera tan… Suelta. Además de que no intentó ni una vez ligarse a nadie, cosa que me sorprendió, todo hay que decirlo.
A pesar de todo no acababa de fiarme y seguía pensando que corría demasiado.
- Frena un poco…
- Eres pesada, ¿eh? Ya llegamos.
No pasaron ni cinco minutos, cuando pasamos por la verja de vuelta al internado. Me daba la impresión de que habíamos llegado antes de lo que habíamos ido. Bajó del coche y se volvió a apoyar en el capó.
- Bueno, no ha estado mal, ¿verdad?
- Psché…
Ella me miró. Luego miró su reloj.
- Um… Solo son las seis.
- ¿Por qué será que hoy se me está pasando el día tan lento?- le pregunté con burla.
- Muy graciosa- clavó sus ojos en los míos- Ven, que tengo algo que enseñarte.
Entramos por la puerta principal, subimos las escaleras y llegamos al último piso. Seguimos el pasillo hacia la derecha, hasta que llegamos delante de una puerta.
- Este era el antiguo despacho de la directora- le dije.
- ¿Por qué no me sorprende que lo sepas?- le saqué la lengua- Esta puerta, una vez forzada, es fácil de abrir.
Puso la mano en el pomo, dio un giro con su mano y la puerta se abrió silenciosa. Era un despacho acogedor, con un escritorio de color caoba, una enorme silla muy cómoda, un sofá bastante holgado, una estantería con libros, un radiador algo sucio… Ese sitio no se utilizaba desde hacía tiempo.
April tomó asiento en la enorme silla que años atrás ocupó la directora.
- ¿Qué hacemos aquí?
- Nada en especial- registró por encima los cajones, distraída- ¿Sabes que hace unos años esto fue un castillo?
- Algo sé. Quedó mal parado por una guerra, restaurarlo costaba dinero y corría el peligro de que se derrumbara, así que alguien lo compró y lo reestructuró para luego hacer este internado. Puro negocio, vaya. El entorno era muy codiciado: el río está cerca, el bosque es una maravilla, está bien comunicado… Claro que el patrimonio y esas cosas se las pasan por el forro.- miré el techo- Aun así no lo hicieron del todo mal.
Ella aplaudió, con esa sonrisa fingida que tanto me molestaba que pusiera.
- Bravo.- se acercó hasta mí- Tanto estudiar acabará contigo.
- Para qué me has traído- le dije impaciente.
- También sabrás que algunos castillos disponían de pasadizos secretos por los que escapaban los reyes y reinas cuando veían que iban a perder.- asentí- Cuando se sentían amenazados o sentían que el enemigo estaba demasiado cerca, huían como ratas.
- ¿Qué tiene que ver todo eso con…?
No acabé la pregunta. Se dio la vuelta y caminó hacia la estantería.
- Tú, seguramente no lo sepas porque no has pisado este despacho en tu vida, pero esta estantería no estaba aquí. La puse yo. Nadie se ha percatado por la misma razón que el sillón, el escritorio y demás están aquí, porque no se preocupan. Igual que solo se preocupan de mirar, en vez de ver.
Empezó a empujar la estantería hasta que la llevó casi a al otro lado. Se puso delante de la pared, parecía que buscara algo, palpó un rato hasta que dio con algo que hizo ¡Clic! Y después un estruendo resonó en aquel pequeño cuarto.
Me giré, dándome de lleno con una obertura en una de las esquinas del lado contrario de la estantería.
- ¿Qué?
Ella se acercó iniciando la marcha hacia arriba, que eran hacia donde iban las escaleras. Más arriba. Le seguí, la curiosidad pudo conmigo. Era un pasillo algo estrecho, bajo y con demasiada pendiente. Al final del todo, una puerta medio roída medio carcomida colgaba de un marco hecho adrede, procurando intimidad. Estaba claro que lo que fuera, lo habían usado no hacía demasiado tiempo. Apartó la puerta y entré.
Además de que no intentó ni una vez ligarse a nadie, cosa que me sorprendió, todo hay que decirlo.
ResponderEliminarMe ha encantao esa frase, el capítulo muy chulo, bueno la mitad de capítulo, y se queda muy bien, y publicas muy rápido¡¡ espero la seugnda miad xD