Entré y lo que vi me dejó alucinada… Era una habitación enorme, con un ventanal inmenso por el cual los rayos del sol incidían dando luz a todo. Una cama, una vieja cama antigua, como la de los reyes de películas, yacía en medio de la sala. Miles de objetos tapados por una sábana blanca pasaban desapercibidos más o menos en el lado contrario del ventanal, donde estaba más oscuro. Me asomé por la ventana. Imposible. Una ventana así no pasaría inadvertida desde fuera… ¿Cómo era que nadie se había percatado?
- ¿Cómo has…?
- Planos, esas cosas que tanto te gustan. Encontré uno con años de antigüedad, así que lo compré pensando en que sería un ‘fail’, pero resultó que no.
- Espera… Los reyes tenían pasadizos para escapar. ¿Por qué una habitación en el piso más alto?
- Algunos reyes inteligentes, disfrazaban a soldados o bufones de ellos y les hacían ir por los pasadizos, para que el enemigo les siguiera. Mientras tanto, ellos se encerraban en habitaciones como estas. Si el enemigo les alcanzaba y los mataban, cuando se daban cuenta del equívoco pensaban que ya estarían lejos, con lo cual, dejaban de perseguirlos un tiempo.
- Es una pasada…
April caminó hacia la cama y se sentó.
- Si lo hubieras visto el primer día… Estaba todo lleno de polvo, las cosas tiradas de cualquier manera, la ventana ni se veía lo de fuera por la mierda que tenía…- pegó unos botes en la cama- Y el colchón, ni te imaginas.
- Pero esto estaría lleno de ratas… Cucarachas… Polillas… Pulgas… De… Aghs.
- Aghs- repitió ella- El doble de aghs, por eso traje a alguien para que lo hiciera.
- Bromeas.
- No, contraté a personas para que desinfectaran la habitación antes de ponerme a tocar nada.
- Entonces ya no es un secreto, se lo dirán a la gente.
- Cristel, creo que es hora de que aprendas una lección importante en tu vida: con dinero se paga o se consigue absolutamente cualquier cosa.
Callé. Tan solo levanté la cabeza y contemplé el estupendo techo que nos cobijaba, las paredes hechas de piedras, el suelo…
- ¿Hay más?
- Algunas… No son tan grandes, ni siquiera tienen ventanas.
- El ventanal.- dije mirándola.
- ¿Qué pasa con él?
- Desde fuera no se ve, ¿por qué?
- Efecto óptico.- me miró- Ya sabes, no todo es lo que parece. ¿Cómo crees que David Copperfield hizo desaparecer la Estatua de la Libertad?
- ¿Magia?
- Magia- rió- ¿Crees que existe la magia?
Me encogí de hombros. Ella tan solo volvió a mirarme.
- Ahora sabes dónde me he metido estos días y semanas.- se levantó y se dirigió hacia mí- Y desde dónde te vi aquel sábado.
Me agarró de la cintura, atrayéndome a su cuerpo. Sus ojos fijos en los míos me hacían estremecer. De nuevo mi cuerpo me jugaba una mala pasada haciéndome sentir tanto calor, haciendo que mi sangre ardiera por mis venas… Su aliento recorría mi cuello y mi respiración se aceleraba.
- Dime una cosa… ¿De verdad te gusta esa niña?
- No es una niña- me salió sin pensarlo.
- Da igual. Contesta a la pregunta.
- ¿Por qué te importa tanto?
Me miró, intentando que su cara no reflejara las ganas de saber.
- No me importa.
Besó mis labios. Un beso fuerte, decidido, que me dejaba sin fuerzas. ¿Cuánto más podría aguantar con cosas como éstas? Desconcertaba a mi mente, me desconcertaba a mí. Cada día era de una manera, cada situación actuaba distinta a la otra…
April me llevó hacia la cama, tendiéndome en ella. Por la cabeza me pasaban cientos de cosas, entre ellas levantarme e irme de allí, pero mi cuerpo no obedecía, tan solo sentía. La sentía. Sus besos de fuego que te dejaban sin respiración, su penetrante mirada que te dejaba sin aliento, sus inagotables susurros que no cesaban… Todo eso era demasiado para mí.
Intentaba no dejarme llevar manteniendo los ojos abiertos pero me resultaba imposible. Mientras me besaba, bajó sus manos hasta el botón de mi pantalón, dejándolo abierto y un escalofrío invadió mi cuerpo.
- Si creías que poniéndote un pantalón tan ajustado, ibas a impedirme algo…- dijo en un susurro, riendo.
Noté la presión de aquellas manos bajando unos centímetros el pantalón y luego un extraño sonido provinente de éste.
- ¿Qué llevas en el bolsillo?
Ante esa pregunta un flash vino de golpe. ¿En el bolsillo? En ese momento recordé… El primer día, el día de mi llegada, llevaba este mismo pantalón. Saludé a todos, reñí con mi padre, hablé con bastante gente. Después de hablar con Bayron, mi padre me dio… Me incorporé tan rápido cómo pude al grito de ‘¡No!’
Tarde. Ella ya lo tenía en sus manos. En ese instante sentí mi cara arder, más que nada de la vergüenza que en ese momento sentía.
- Yo…- acerté a decir.
April tan solo me devolvió la mirada antes de romper a reír.
- Me figuraba que andarías algo perdida, pero… Joder… ¡¿Esto?!- rió- Te aseguro que algo así no me había pasado en la vida.
Siguió riendo bajo mi atenta mirada. No me salían las palabras... Las palabras cobardes no salían de mi boca.
- ¿En serio no has visto ninguna película o serie, o algo?- dijo sin parar de reír.
- ¡Ya vale! ¿No?- le dije levantándome de la cama- ¡Deja de reírte!
- Es que no puedo…- dijo entre risas.
Ella siguió a lo suyo, riendo. A veces se ponía seria, pero al final volvía a las andadas. Al final tuve que acercarme donde estaba para quitarle el condón de la mano, aunque daba igual porque continuaba muerta de la risa.
- ¡Dame eso!
- Sí, será mejor tomar precauciones, no vaya a ser que te deje embarazada.- añadió de nuevo riendo.
- No me acordaba de que lo tenía aquí- dije en mi defensa.
- A otro perro con ese hueso.
- Si no paras, me voy- le amenacé pero ella seguía- No le veo la gracia.
- Porque no estás en mi posición...-vino hacia mí- Tienes que reconocer que la tiene.
- No para mí- le di la espalda.
- Madre mía…- rió de nuevo- Si esta es tu técnica para no acostarte conmigo, estoy deseando saber cual será la próxima.
Giré la cabeza con gesto de estar molesta. Lo estaba. Y avergonzada también, pero a ella no le importaba porque se estaba divirtiendo de lo lindo.
- Pues búscate a otra y déjame en paz.
- Ya te gustaría.- me abrazó por detrás pasando sus brazos por mi cintura- Ni en broma. Y menos por una cosa así- se le escapó una risa que en seguida disfrazó de seriedad- Aún te quiero para mí. Quiero ser la única en quién pienses.
- Claro, yo tengo que seguir tus reglas, pero sin embargo cada vez que venga aquí tendré que pedir turno.
- ¡Ah! ¿Qué ibas a venir tú solita sin que te obligara? Vaya… Eso no me lo esperaba.
- No he dicho eso…- dije titubeando.
- De todas maneras no tienes de qué preocuparte. Esta habitación es mía, por lo tanto tuya también. De nadie más.
- ¿Te has planteado ir al psicólogo? Porque esa manía con los posesivos no debe ser sana.
- Solo soy posesiva contigo. Por eso necesito tenerte, para que desaparezca esa cosa que me hace ser así. Sentirme así.
- Sentirte cómo.
- Celosa. Muy celosa. En clase, en gimnasia, por los pasillos… No puedo evitarlo.- me presionó contra ella- Y antes no me ocurría. Antes de ti todo era más fácil.
- ¿Por qué yo?- pregunté con un hilo de voz.
April se separó y fue caminando hasta una mesita que estaba enfrente de mí para apoyarse. Fijó sus ojos oscuros en los míos.
- Siempre te haces las preguntas equivocadas. La pregunta correcta es: ¿Por qué no?
- Soy igual que las demás y a las demás también les haces daño. ¿En qué me diferencio de ellas?
- Tú sabes en que te diferencias.
Movió uno de sus brazos. Otra vez vi los arañazos… Palabras, simples palabras. Pero a mí me daba lo mismo que me prometiera la luna. ¿No? Quité la vista de lo rasguños demasiado tarde.
- ¿Quieres saber cómo me hice el esguince?- me encogí de hombros- Fue moviendo el piano de allí. Cuando lo giré, el pie se quedó detrás.
- ¿Piano?
- Sí. Es un piano de cola bastante nuevo en comparación con otras cosas. La verdad, no tengo ni idea de donde habrá salido.- lo observé detenidamente- No irás a decirme que tocas el piano…
- Pues… Sí. Y el violín, un poco de trompeta, clarinete…
Ella me miró con cara divertida.
- Yo se tocarlo porque un día me aburría y no tenía nada más con qué entretenerme.
- Eso sí que no me lo esperaba.- contesté riendo.
Sonrió. ¿Quién era esta April que tenía enfrente?
- Y los arañazos…- me miró esperando algún gesto- Estos me los hice con aquel armario. Está astillado. Cada vez que metía la mano para sacar o meter algo, me llevaba uno de recuerdo.
También me quedé mirando el armario que estaba tapado por una sábana blanca. Mi aspecto se relajó, pero esperaba que ella no se hubiese dado cuenta.
- ¿De qué otra cosa creías que eran los arañazos?- la miré- Joder… Me va el sexo duro en determinadas ocasiones, pero vamos, que hasta yo tengo mis límites. Que me hice un esguince en el pie… Que duele.
No pude aguantar la risa que me produjo ese ‘que duele’ al poner su cara de lástima. Decididamente, alguien había cambiado la personalidad de April por otra muy diferente… ¿O es que acaso ella sería así de verdad? Ni yo misma sabía cómo contestarme.
muy guay, en serio y me ha hecho gracia lo del condón, es buenísimo¡¡¡
ResponderEliminarPD: escribes muy muy rápido...
jajajaja Gracias ^`
ResponderEliminarEn realidad tengo bastantes hojas escritas xD