Nada más llegar a mi cuarto corrí a meterme bajo la ducha para tener un respiro. Pensé que quizás el agua fría podría despejarme un poco, pero no funcionaba… No paraban de venirme fragmentos de imágenes, trozos de conversaciones, todos entremezclados, y eso hacía que me doliera la cabeza. Aún dejando la mente en blanco, me daba la sensación de que ella estaba presente.
- Tengo que dejar de hacer esto- me dije a mí misma- Tengo que dejar de pensar que ella me controla… Esto es una locura transitoria. Sí, solo eso…
Mientras notaba el agua helada caer, escuché un sonido que venía de fuera. Cerré el grifo y agudicé el oído pero como no escuché nada, nuevamente lo abrí confiada de que eran imaginaciones mías. Entonces me asomé por la cortina para asegurarme de que todo iba bien.
- ¡¡Ah!!- grité con todas mis fuerzas- ¡Jo-der! ¡Jo-der!- volví a repetir tratando de retomar la respiración- ¿¡Tú qué pretendes apareciendo a lo ‘Psicosis’!? ¿¡Matarme!?
- He tocado a la puerta, luego te he llamado, pero no has contestado.
- ¡No has pensado que podía no estar!
- Te he visto entrar hace un rato. Creí que pasabas de mí, aunque aún así estabas tardando mucho en abrir.
- Qué bonito… ¿Ahora me dirás que te has preocupado por mí?- dije en tono de sorna.
April calló. Yo me metí en la ducha respirando casi a bocanadas y cuando conseguí tranquilizarme un mínimo, seguí a lo mío.
- Venía a traerte esto.
- Sea lo que sea, déjalo en la mesa.
- ¿No vas a ver qué es?
- Luego.
- ¿Estás enfadada?
- No.
- Tampoco tendrías por qué estarlo.
- Pues eso.
- Me estás poniendo nerviosa.- continué duchándome- Sabes mejor que nadie que no conviene ponerme nerviosa…
- Lo sé.
De fondo oí la puerta del baño cerrarse. Saqué con cuidado la cabeza, por si era otra jugarreta de ella para asustarme de nuevo, pero no la vi. Al rato la puerta del baño se volvió a abrir.
- ¡Vale, ya está bien! No conseguirás nada ignorándome, así que como no me prestes atención, me meto contigo en la ducha. ¡Tú eliges!
Nada más acabó la frase me giré tan rápido por si cumplía su amenaza, que casi me descalabro la cabeza.
- ¡Ni se te ocurra!- chillé sacando la cabeza entre las cortinas.
April descansaba apoyada en el lavabo, por suerte para mí, vestida. La contemplé extrañada.
- ¿Qué?- me increpó.
- ¿Eres consciente de que llevas el uniforme completo?
- ¿Y?
- Eso, que no es propio de ti… Te has puesto incluso la corbata. ¿De qué va todo esto?
- Son mis problemas.
- Genial.- dije metiendo la cabeza.
- ¡Cristel! ¡Sal de ahí!
- ¡Que me dejes! Estoy harta de tus idas y venidas y de esos cambios de humor tan raros que te gastas… ¡Así que olvídame!
- No…
- ¡No, nada! Esta mañana no me has hecho ni caso, es más, me has echado de allí sin pensarlo. Luego nos hemos cruzado en el pasillo, has pasado por mi lado y otra vez has pasado de mí. ¡Pues que sepas que no soy tu perrito faldero!
- ¿Has terminado?
- ¡No!...-saqué el brazo buscando la inexistente toalla- Pásame la toalla que no la encuentro…
April la cogió del suelo para después acercármela.
- En el pasillo no te he visto. Iba con la mente en otro lado.
- Sí claro. Ahora resulta que soy invisible. ¡Gracias por la aclaración!
- ¡Qué bajes la voz, caramba!
- Aparta de enmedio…-dije saliendo de la ducha con la toalla.
- Había quedado con la directora.
- ¿Con la directora? ¿Para qué?
- No sé, para tomar café, pastitas… ¡No te jode! ¿Para qué va ser?
- Bueno, vale… Si no querías contármelo no haberlo hecho.
- ¡Pero si eres tú la que insiste!
- ¿Ahora quién grita?
Ella resopló algo nerviosa, aunque estaba aguantando el tipo haciendo ver que no le importaba dar explicaciones. Siendo sincera, provocarla era bastante divertido.
- ¿Te expulsan?
- No. Me pondrá tan solo un castigo.
- ¡Qué suerte! ¿Eh?- dije irónicamente.
- Lo que he podido comprobar ha sido la gran estima que todos parecen tenerte.
- ¿Eso a qué viene?
- Viene a que cuando he mencionado tu nombre, la loca se ha extrañado y ha puesto cara de: ¡Uó! Le vas a arruinar la vida a nuestra mejor estudiante…
Yo me quedé callada. Sus ojos se clavaron en mí, pero no le miré.
- ¿No dices nada?
- ¿Qué quieres que te diga?- pregunté encogiéndome de hombros.
- Creía que dirías algo. Cualquier cosa.
Abrí la boca sin que nada saliera de ella.
- ¿Piensas eso de verdad? ¿Qué te arruinaré la vida?
- No sé…
- Perfecto- dijo ofendida- Entonces ahora no tengo nada que perder…
Me agarró de la cintura e intercambió su lugar con el mío. April me miraba fijamente mientras me apretaba contra el lavabo y contra ella misma simultáneamente.
- No te haces a la idea de lo que me pone verte así… Empapada de arriba a… Bajo.
Intentó darme un beso, pero le quité la cara a tiempo.
- ¿Eres consciente de que en este momento podría quitarte la toalla y hacer lo que quisiera contigo?- preguntó fingiendo seriedad en la mirada.
- Si tuvieras valor…
- ¿Perdona?- preguntó sorprendida- ¿Me estás vacilando? O peor… ¿Me estás provocando? ¿Tú? ¿Tú a mí?
- Eres muy controladora, pero hoy me he dado cuenta de algo.
- ¿De qué?
- ¿Recuerdas esta mañana? Se porqué pasaste de mi cara.
- Ilumíname- añadió divertida.
- Simplemente te asustaste. Te echaste para atrás solo porque no fuiste tú la que decidió cuando y dónde. Porque no tenías planeado que fuese a verte. Porque sin tus planes de ante mano, te pierdes fácilmente.
- ¿Todo eso se te ha ocurrido a ti solita? ¡Wow!
- No voy a dejar que me controles. Si quieres poner tus reglas, adelante, pero no pienso cumplirlas.
Ella se acercó poco a poco hasta juntar su frente con la mía, sin dejar de mirarme.
- ¿No me digas que quieres probar el dulce sabor del control?
- No me hace falta saborearlo… Yo ya poseo el control.
- En serio, sea lo que sea que te estés metiendo, déjalo ipso facto- dijo riendo.
- ¿Ah, no? Entonces… ¿No soy yo la que elige el cuando?
Separó su rostro del mío sin bajar la vista ni un momento. Sonrió antes de acercar sus labios lentamente a mis labios, y sin casi rozarlos, susurró:
- No te haces a la idea de lo que me encanta jugar a este juego…
Me besó. En mi cabeza me preguntaba si estaba segura… ¿Segura de qué? No estaba segura de nada. Ella era una maniática del control capaz de cualquier barbaridad para conseguir lo que ansiaba… Sin embargo, eso, ella, me resultaba imposible de apartar, de dejarlo a un lado, de olvidarlo. ¿Pasaría algo si curioseaba dentro de todas estas sensaciones que ella me hacía sentir? Igualmente, era demasiado tarde para dar un paso atrás…
- Está bien… Tengo curiosidad por conocer tu juego… Si estás tan segura de lo que has dicho, no tendrás inconveniente en pasarte por la habitación esta misma noche… ¿Verdad, Cristel?
Un escalofrío recorrió mi cuerpo desde el cuero cabelludo hasta mis piernas, bajando por mi estómago el cual respondió con un espasmo, inadvertido por nadie que no fuera yo misma.
- Puede ser…- dije con un hilo de voz.
- Te doy la gran oportunidad de ser tú la que decida… Si hoy no vienes, no habrá segunda oportunidad y será entonces cuando yo elija. Elegiré el momento que más me guste… Y lo que me gusta no es siempre lo correcto.
Se separó de mí haciendo que notara aún más su ausencia, que extrañara su calor pegado al mío. Era tanto lo que me sucedía, que no podía describirlo.
Dio la vuelta sonriendo con una sonrisa triunfal, dirigiéndose a la salida a la vez que yo salía del baño y contemplaba como se alejaba, abría la puerta y desde fuera decía:
- Cristel, recuerda lo que hemos hablado. Hasta esta… Noche- acentuó cerrando la puerta del todo y guiñando un ojo a Karol, que se había parado enfrente de la misma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario